Autómata (mecánico)

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Autómata, del latín automăta y este del griego αὐτόματος autómatos, ‘espontáneo’ o ‘con movimiento propio’. Según la RAE, ‘máquina que imita la figura y los movimientos de un ser animado’. Un equivalente tecnológico en la actualidad serían los robots autónomos. Si el robot es antropomorfo se conoce como androide.

Origen de los primeros autómatas[editar]

Herón de Alejandría.

Históricamente los primeros autómatas se remotan en la Prehistoria donde las estatuas de algunos de sus dioses o reyes despedían fuego de sus ojos, como fue el caso de una estatua de Osiris, otras poseían brazos mecánicos operados por los sacerdotes del templo, y otras, como la de Memon de Etiopía emitían sonidos cuando los rayos del sol los iluminaba consiguiendo, de este modo, causar el temor y el respeto a todo aquel que las contemplara. Esta finalidad religiosa del autómata continuará hasta la Grecia clásica donde existían estatuas con movimiento gracias a las energías hidráulicas. Esos nuevos conocimientos quedan plasmados en el primer libro que trata la figura de los robots Autómata escrita por Herón de Alejandría (10 d. C.-70 d. C.) donde explica la creación de mecanismos, muchos basados en los principios de Philon o Arquímedes, realizados fundamentalmente como entretenimiento y que imitaban el movimiento, tales como aves que gorjean, vuelan y beben, estatuas que sirven vino o puertas automáticas todas producidas por el movimiento del agua, la gravedad o sistemas de palancas. También cabe destacar su “The automaton theatre” sobre su teatro de marionetas mecánicas que representaban la Guerra de Troya.

Aunque Heron es el primero en recopilar datos sobre los autómatas otros anteriores a él realizaron sus aportaciones como es el caso de Archytas (428 a. C.-347 a. C.) inventor del tornillo y la polea y famoso por su paloma mecánica capaz de volar gracias a vapor de aire en propulsión. O el terrible sistema descrito por Polibio (200 a. C.-118 a. C.) y utilizado por Nabis, tirano de Esparta, que consistía en un artilugio con forma de mujer con clavos en su pecho y brazos y que abrazaba mortalmente a todo aquel que incumplía sus pagos. Y otros aún más antiguos, pero de más difícil autentificación, como el mítico Trono de Salomón, descrito en la Biblia y otros textos árabes como un árbol de bronce con pájaros cantores, leones y grifos mecánicos además de ser móvil, pudiendo elevarse desde el suelo hasta el techo.

Edad Media y Renacimiento[editar]

La Edad Media supone un paso adelante en la creación de autómatas después de una época romana sin ninguna aportación importante. El problema es que en muchos casos la falta de fuentes o la poca consideración que se le ha dado a esta época ha hecho que muchos inventos y artilugios producidos en este período hayan quedado en el olvido.

Alberto Magno[editar]

Nacido en 1206 en Baviera, teólogo, filósofo y hombre de ciencia Alberto Magno es una de las figuras decisivas del pensamiento medieval. Se le han atribuido a lo largo de la historia multitud de obras tanto de carácter mágico como de creación de seres artificiales. En concreto dos, una de las llamadas “cabezas parlantes”, de las que se hablará más adelante, y de un autómata de hierro que le servía como mayordomo y en el que trabajó treinta años de su vida, era capaz de andar, abrir la puerta y saludar a los visitantes aunque otros autores afirman que además podía hacer más tareas caseras. Otra versión (que también se cuenta en la historia de la cabeza parlante) narra que Tomás de Aquino, discípulo suyo, al ver aquel ser decidió destruirlo ya que estaba convencido de que la mano del diablo había influido en su creación.

Al-Jazari[editar]

Reloj elefante creado por Al-Jazari.

Si hablamos de avances científicos, Auilicos y tecnológicos debemos hablar del mundo árabe y de Al-Jazari (1260) uno de los más grandes ingenieros de la historia. Inventor del cigüeñal y los primeros relojes mecánicos movidos por pesos y agua entre otros muchos inventos de control automático, estuvo también muy interesado en la figura del autómata creando una obra del mismo nombre (también llamada El libro del conocimiento de los ingeniosos mecanismos) y considerada una de las más importantes sobre historia de la tecnología. Dentro de esta vertiente cabe destacar su complejo reloj elefante, animado por seres humanos y animales mecánicos que se movían y marcaban las horas o un autómata con forma humana que servía distintos tipos de bebidas. Existe un ejemplar (a tamaño real) del complejo reloj elefante en el gigantesco centro comercial "Ibn Battuta", en dubaï.

Leonardo da Vinci[editar]

Leonardo da Vinci (1452-1519), hombre por excelencia del Renacimiento diseñó al menos dos autómatas de los que se tenga constancia. El primero se considera también uno de los primeros con forma completamente humana, vestido con una armadura medieval. y fue diseñado alrededor del año 1495, aunque como muchos otros inventos de Leonardo no fue construido. Este mecanismo fue reconstruido en la actualidad según los dibujos originales y podía mover los brazos, girar la cabeza y sentarse. El segundo, mucho más ambicioso, se trató de un león mecánico construido a petición de Francis I, Rey de Francia (1515) para facilitar las conversaciones de paz entre el rey francés y el papa León X , el animal, mediante diversos trucos de artificio, anduvo de una habitación a otra donde se encontraba el monarca, abrió su pecho y todos pudieron comprobar que estaba lleno de lirios y otras flores, representado así un antiguo símbolo de Florencia (el león) y la flor de lis que Luis XII regaló a la ciudad como señal de amistad.

Juanelo Turriano[editar]

Gran ingeniero del siglo XVI que trabajó en España a las órdenes de Carlos V como relojero de la corte. Inventor de multitud de mecanismos, siendo el más famosos el llamado “artilugio de Juanelo” una obra de ingeniería capaz de llevar el agua desde el Tajo al Alcázar de Toledo, aunque jamás le pagaron por aquella obra. En esa ciudad se le atribuye a Juanelo Turriano la creación de un autómata (entre otros muchos como danzarines, guerreros o pájaros voladores) llamado “El Hombre de Palo” (del que queda constancia en el nombre de una calle de Toledo), un sirviente autómata que se diferenciaba del resto por estar hecho de madera y que recorría las calles pidiendo limosna para su dueño haciendo una reverencia cuando la conseguía. Otros autores más conservadores solo consideran a este autómata un muñeco de palo estático, que se colocó en la ciudad para recoger fondos para la apertura de un hospital.

René Descartes[editar]

Uno de los más famosos casos de creación de un autómata humano, pero también donde es más difícil separar la historia de la ficción, es la historia de René Descartes (1596-1650) y su hija autómata. Una de las principales ideas cartesianas era la consideración de todos los animales como complejos autómatas, seres privados de todo estado mental, que solo actuaban por supervivencia y que en la práctica su carne y huesos funcionaban como la mecánica de un artilugio. Pero cuentan que tras la muerte de su hija ilegítima Francine, de cinco años de edad, se sintió tan deprimido que se propuso construir una muñeca autómata lo más parecida a la fallecida uniéndose tanto a aquella figura que según describen la trataba como “mi hija Francine”. Su inseparable unión hizo que la llevara de viaje cruzando el mar de Holanda. La tenía guardada en un cofre dentro de su camarote. El capitán del barco, intrigado por su contenido, consiguió entrar en el camarote y abrir el cofre. Cual fue su espanto al comprobar que aquella muñeca se levantaba y movía. El capitán, horrorizado, la tiró por la borda. Entonces Descartes, que solía destacarse por su mal humor, mató al capitán y lo tiró por la borda, al igual que había hecho con la muñeca.

Época de esplendor: siglo XVIII[editar]

Con la entrada en el siglo XVIII y los consiguientes avances en materia de relojería se llega a la que se considera la época donde mejores y más perfectos autómatas se realizaron de la historia. Su desarrollo, dominado por el carácter científico, ponía de relieve la obsesión por intentar reproducir lo más fielmente posible los movimientos y comportamientos de los seres vivos.

Jacques de Vaucanson[editar]

El canard digérateur de Jacques de Vaucanson, aclamado en 1739 como el primer autómata capaz de hacer la digestión.

Nacido un 24 de febrero de 1709, Jacques de Vaucanson, excelente relojero pero con amplios conocimientos de música, anatomía y mecánica, quería demostrar mediante sus autómatas la realización de principios biológicos básicos, tales como la circulación, la digestión o la respiración, sobre esta última función versó su primera creación “El Flautista” figura con forma de pastor y de tamaño natural que tocaba el tambor y la flauta con un variado repertorio musical. Vaucanson lo presentó en la Academia de Ciencias de Francia cosechando un gran éxito. Más tarde, en 1738, crea su segundo autómata llamado “El Tamborilero” como una versión mejorada del primero. En esta ocasión la figura tocaba la zampoña de Provenza y el tamboril con veinte melodías distintas. El tercero y más famoso fue “El pato con aparato digestivo” transparente y compuesto por más de cuatrocientas partes móviles y que batía las alas, comía y realizaba completamente la digestión imitando al mínimo detalle el comportamiento natural del ave. Aunque en realidad el pato era un engaño, pues lo que comía no era lo mismo que defecaba, sino que al interior del pato había un compartimento en el que se depositaba el grano que comía y del que salía algo parecido a un excremento. Pasados los años, Vaucanson, cansado de su propia obra, vendió las figuras en 1743.

Friedrich von Knauss[editar]

Inventor del siglo XVIII (1724-1789) y creador de uno de los primeros autómatas escritores. Esta compleja creación la formaba una esfera sostenida por dos águilas de bronce, en ella la figura de una diosa sirve de musa al autómata que con su largo brazo escribe en una hoja en blanco lo que previamente se le ha ordenado realizar. El sistema de funcionamiento es capaz de hacer que el autómata moje la pluma en la tintero para poder escribir y cuenta con un sistema para pasar la página cuando esta ha quedado escrita.

Pierre Jaquet-Droz[editar]

«La pianista» de Jaquet-Droz.

Posiblemente el mejor y más conocido creador de autómatas de la historia. Pierre Jaquet-Droz, suizo nacido en 1721, es el responsable de los tres autómatas más complejos y famosos del siglo XVIII. Sus tres obras maestras («La pianista», «El dibujante» y «El escritor») causaron asombro en la época llegando a ser contemplados por reyes y emperadores tanto de Europa como de China, India o Japón.

El primero de ellos, «La pianista», es un autómata con forma de mujer que toca el órgano, con la particularidad de que es la propia figura la que interpreta las obras pulsando las teclas con sus dedos sin tener el sonido pregrabado o procedente de otro lugar. Compuesta por 2.500 piezas podía mover los ojos dirigiendo la mirada del piano a los dedos, inclina el cuerpo, respira y al finalizar cada tema hacía una reverencia.

«El dibujante», por otra parte, estaba compuesto por unas 2.000 piezas, tenía forma de niño sentado en un pupitre y podía realizar hasta cuatro dibujos distintos. Al igual que el anterior imita el comportamiento mientras realiza la tarea moviendo los ojos, las manos o incluso soplando en el papel para eliminar los restos del polvo del lápiz.

El último, y más complejo de los tres autómatas, es «El escritor», compuesto por más de 6.000 piezas. Podía escribir utilizando la pluma gracias a una rueda donde se seleccionaban los caracteres uno a uno pudiendo escribir así pequeños textos de unas cuarenta palabras de longitud. Como los anteriores, realizaba movimientos propios de un ser humano como mojar la tinta y escurrir el sobrante para no manchar el papel, levantar la pluma como si estuviera pensando, respetando los espacios y puntos y aparte, además de seguir con la mirada el papel y la pluma mientras escribe.

Los tres autómatas se pueden contemplar en el Musée d’Art et d’Histoire de Neuchâtel, Suiza.

Jean Eugène Robert-Houdin[editar]

La fama de los autómatas de Von Knauss y Jaquet-Droz llevó a muchos ilusionistas y prestidigitadores a incorporar trucos con autómatas en sus espectáculos. Es el caso de Robert-Houdin que creó varios autómatas que, aunque mecánicos, estaban más cerca del mundo de la magia. Cabe destacar un busto cantante donde se mostraba un sistema de engranajes con el que se decía que la figura cantaba, aunque la realidad es que detrás de ese mecanismo se encontraba una cantante auténtica. También fue responsable de un autómata escritor que dibujaba lo que el público le pedía o el truco del autómata llamado “El Pastelero del Palais Royal” que traía al mago todos los platos y bebidas que este le pedía, entre otros muchos.

El Papamoscas[editar]

El Papamoscas de la catedral de Burgos.

De estas fechas data el famoso autómata de la catedral de Burgos, el Papamoscas, cuya misión es la de tocar las campanas señalando la hora: lo hace moviendo su brazo derecho (con el que mueve, a través de una campana, un badajo) al mismo tiempo que abre y cierra la boca. Si bien el mecanismo actual es del siglo XVIII, sustituye a un artilugio parecido de fecha anterior.

Autómatas en China y Japón[editar]

Karakuri japonés.

La cultura asiática, especialmente China y Japón, ha tenido una gran tradición de autómatas que se ha mantenido desde tiempos muy antiguos hasta la actualidad. Ya en el año 2000 a. C. se cuentan leyendas chinas sobre autómatas. Como la creada por el hijo del rey Tach`uan, hecho de madera, y tan semejante al hombre que confundían a todos los que lo veían, hasta que descubren su naturaleza y es destruido. En tiempos más cercanos se habla de varios emperadores chinos que, curiosos por estos inventos, apoyaron la creación de todo tipo de autómatas, desde los que poseían forma animal (pájaros, caballos, gatos, monos etc.) hasta otros con forma humana y que andaban, bailan o tocaban instrumentos.

En el Japón de los siglos XVIII y XIX los autómatas consiguieron un alto grado de importancia y complejidad. Se les llamaba “karakuri”, que se podría traducir como “aparatos mecánicos para producir la sorpresa en una persona” y distinguían tres tipos de figuras: las “Butai Karakuri” que se usaban en el teatro, las “Zashiki Karakuri” más pequeñas y con las que se jugaba en las habitaciones y las “Dashi Karakuri” que se utilizaban en las festividades religiosas. Su mayor tarea era la representación de mitos y leyendas tradicionales aunque existían de todo tipo como algunos que servían el te o lanzaban flechas con un arco. Ya entrados en el siglo XX y XXI vemos como la tradición del karakuri se mantiene en los modernos robots japoneses, con la creación de complejísimos robots antropomorfos como ASIMO, QRIO o Repliee Q1 o mascotas robóticas como Aibo, descendiente directo de los autómatas animales de siglos pasados.

Última época: 1848-1914[editar]

Caja de pájaro cantor autómata fabricada hacia 1890 por la casa francesa Bontems. Caja de carey con autómata finamente elaborado compuesto por plumaje iridiscente de colibrí y pico de hueso.

A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se siguieron creando autómatas de todo tipo, pero la realidad es que no fueron tan elaborados como sus antecesores y estuvieron más guiados al mundo del espectáculo. Entre los más importantes caben destacar “La pareja” de Alexander Nicolas Theroude, los autómatas animales de Blaise Bontems, las figuras que realizaban pequeños trucos de magia o la encantadora de serpientes de Roullet & Decamps, el fumador turco de Leopold Lambert, los escarceos con el mundo de los autómatas de científicos como Nikola Tesla y su robot sumergible con mando a distancia o el autómata caminante de George Moore con forma humana y movido por la fuerza del vapor que podía recorrer distancias a casi 9 millas por hora. Finalmente, con el estallido de la Primera Guerra Mundial la industria de los autómatas desaparece y no renacerá hasta la llegada de los modernos robots.

Algunos tipos de autómatas[editar]

Cabezas y máquinas parlantes[editar]

Dentro de los autómatas hay un grupo que ha tenido una gran difusión a lo largo de la historia, las cabezas parlantes, seres que se creían entre la mecánica y la magia que hablaban, aconsejaban a sus dueños o predecían el futuro. La leyenda y el mito han influido mucho en este tipo de mecanismos encontrándose las primeras versiones en antiguos cuentos árabes. Uno de los ejemplos más famosos es la cabeza con forma de hombre de Roger Bacon (1214-1294), hecha de latón y que podía responder a preguntas sobre el futuro, la de Alberto Magno con forma de mujer, la de Valentín Merbitz que decían que hablaba varios idiomas, otros dicen que gracias a un ventrílocuo, la cabeza parlante del Papa Silvestre II que respondía aleatoriamente “sí” o “no” a las preguntas que se le hacían, o la figura de la santa que hablaba de Atanasio Kircher, además de su libro “Misurgia Universalis” donde describe con detalle la creación de figuras que pueden mover los ojos, labios y lengua.

En cualquier caso, la mayoría de ellas conseguían la “voz” a través de diversos sistemas. El primero con base documental en conseguirlo fue Kratzenstein que con un sistema de tubos de órgano podía reproducir las vocales. Más tarde Wolfrang von Kempelen explicaba en una de sus obras como fabricar y manipular una de estas máquinas para que pueda pronunciar algunas frases breves a través de una especie de fuelle por el que pasaba el aire y se modulaban los sonidos. O las creadas por el abate Mical, de tamaño natural y que, exhibidas de dos en dos, se contestaban la una a la otra. Ya en el siglo XIX Joseph Faber ideó la versión más perfecta de estas máquinas, bautizada como Euphonia, que se utilizaba como el órgano de una iglesia y que podía desde recitar el alfabeto hasta responder preguntas, susurrar o reír.

Jugadores de ajedrez[editar]

"El Turco" tal y como lo veía el público.
Posible funcionamiento real de "El Turco".

Wolfgang von Kempelen inventor, como se ha señalado anteriormente, de una de las primeras máquinas parlantes fue también creador de uno de los más famosos autómatas de la historia, que a su vez, fue uno de los mayores fraudes de su tiempo pero que, a pesar de ello, impulsó la creación de autómatas jugadores de ajedrez hasta casi nuestros días. Hablamos de El Turco.

Construido en 1769, “El Turco” estaba formado por una mesa donde estaba colocado un maniquí con forma humana vestido con ropajes árabes. Una puerta en la parte frontal se abría y dejaba ver el supuesto mecanismo de funcionamiento del autómata. Este jugador fue una de las mayores atracciones de la época ya que, según contaban, era invencible. Viajó a lo largo de Europa aún después de la muerte de su creador, pasando a manos de Johan Maezel, llegando a derrotar al mismísimo Napoleón Bonaparte durante la campaña de la Batalla de Wagram. Después de viajar por Estados Unidos aterriza en Cuba donde muere William Schlumberger, ayudante de Maezel, y posible encargado de introducirse dentro del autómata para jugar las partidas, ya que después de esta muerte “El Turco” dejó de exhibirse hasta acabar destruido en 1845 en el gran incendio de Filadelfia. Más tarde se dijo que, a lo largo de su historia, el autómata había tenido varios operadores que movían el mecanismo gracias a un tablero de ajedrez secundario. Cada pieza del tablero principal contenía un imán, así el operador podía saber que pieza había sido movida y dónde. El operador hacía su movimiento mediante un mecanismo que podía encajarse en el tablero secundario, indicando al maniquí donde mover.

La fama de este autómata hizo que se crearan otras muchas réplicas con el mismo truco de funcionamiento, algunas de ellas en el siglo XIX como es el caso de “Ajeeb” presentado por Charles Hooper en 1868 o “Mephisto” nacido en 1876 consiguiendo ganar un torneo de ajedrez en Londres sin que nadie se percatara del artificio.

Sin embargo, sí existió un autómata cuyo funcionamiento era totalmente real. Su creación se debe al español Leonardo Torres Quevedo, ingeniero y matemático, inventor de “El Ajedrecista” presentado en la feria de París de 1914. Funcionaba utilizando unos electroimanes bajo el tablero, jugando automáticamente hasta el final con un rey y una torre contra un rey desde cualquier posición sin ninguna intervención humana.

Así, podemos considerar a estos autómatas, tanto los falsos como los reales, como pioneros de los modernos juegos de ajedrez informáticos y de ordenadores como Deep Blue que mantienen el mismo espíritu y objetivos que sus predecesores: conseguir que una máquina pueda vencer a la mente humana.

Autómatas en la ficción[editar]

En la mitología[editar]

  • Prometeo, según la mitología griega, creador del ser humano.
  • Pigmalión, ser de la mitología griega que esculpió la estatua de una joven a la que llamó Galatea, tan hermosa que se enamoró de ella, deseando que tuviera vida.
  • Hefesto ser mitológico que creó mujeres mecánicas construidas en oro que le ayudaban en sus labores de herrería.
  • Los Argonautas, crearon un perro autómata para que custodiara su nave.
  • El Gigante de Talos, hecho de bronce.
  • El Golem, según el folclore judío, ser creado de arcilla por el rabino Löw introduciéndole en la boca el shem, una inscripción mágica en hebreo que contenía el nombre de Yahveh.

En la literatura[editar]

Ilustración original de Enrico Mazzanti para "Las Aventuras de Pinocho".
  • En el Satiricón de Petronio se describe un esclavo con esqueleto de plata articulado que sirve los platos y las bebidas..
  • En El Hombre de Arena E. T. A. Hoffmann habla de Nataniel y su amor por la autómata Olimpia. Su fin será el suicidio al descubrir la verdadera naturaleza de su amada. Este mismo autor hablará en el cuento "Los Autómatas" de "El Turco Parlante", inspirado en el falso autómata de Von Kempelen.
  • Frankenstein, obra escrita por Mary Shelley en 1818 y que cuenta la historia del Doctor Frankenstein, obsesionado con crear un ser vivo a partir de diferentes partes del cuerpo de cadáveres diseccionados.
  • El jugador de ajedrez de Maezel de Edgar Allan Poe donde intenta descifrar el auténtico funcionamiento de El Turco.
  • El Maestro Zacarías, de Julio Verne cuenta la historia de un relojero que transfiere su alma a sus autómatas.
  • La Eva Futura de Villiers de L´Isle Adam describe a Hadaly, la mujer artificial ideal, pero a la vez critica los excesos de las invenciones tecnológicas representadas por Edison.
  • Las Aventuras de Pinocho de Carlo Collodi con la historia de Gepeto y su marioneta de madera que cobra vida gracias a la intervención de un hada madrina.
  • Los Robots Universales de Rossum, escrita en 1920 por el checo Karel Čapek y primera obra donde es utilizado el término moderno "robot".

Literatura española[editar]

La presencia de autómatas es muy frecuente, sobre todo en novelas de género (literatura juvenil, literatura fantástica, ciencia ficción, etc.), pero también hay citas en libros realistas y en los clásicos, como en los libros de caballerías[1] y, por su influencia, en Don Quijote de la Mancha, capítulo 62 de su segunda parte, en el que Don Quijote se encuentra con una cabeza parlante, qque cree hecha por medio de la brujería, cuando en realidad era un truco de feria.

Otros ejemplos son El jardín de los autómatas de Armando Boix, donde aparece Schrade, un inventor de autómatas. En Juanelo o el hombre nuevo Jesús Ferrero recrea la construcción del homúnculo Juanelo, obra del inventor Gianello Turriano[2] Autómata de Adolfo García Ortega trata sobre el descubrimiento de un artilugio mecánico de tiempos de Felipe II de España, cuyo cometido era defender el estrecho de Magallanes. En varias novelas de Óscar Esquivias aparecen autómatas, como el chubesqui Capablanca en La ciudad del Gran Rey o los fabricados por el relojero Breguet en Étienne el traidor. El cuento steampunk "Aria de una muñeca mecánica" de Care Santos trata sobre el negocio de autómatas.[3] [4]

En el cine[editar]

  • Le Joueur d'echecs (The Chess Player) (1927) dirigida por Raymond Bernard, película antibélica basada en la novela de Henri Dupuy-Mazuel, el cual se inspiró en la historia del jugador de ajedrez autómata "El Turco", creado por el barón húngaro Wolfgang von Kempelen.
  • Metrópolis (1927) dirigida por Fritz Lang, donde el científico Rotwang CA crea un robot antropomorfo con forma de mujer (o gynoide).
  • El mago de Oz (1939) dirigida por Victor Fleming, donde aparece el personaje el hombre de hojalata, que viaja a Oz en busca de un corazón.
  • 2001: Una odisea del espacio (1968) dirigida por Stanley Kubrick, en la que aparece el personaje HAL 9000, una computadora con inteligencia artificial que eventualmente enloquece, intentando matar a los tripulantes de la nave Discovery 1.
  • Westworld (1973) dirigida por Michael Crichton y protagonizada por Yul Brynner, donde los robots de un parque temático que simulaba el antiguo oeste americano se rebelan en contra de los visitantes.
  • Las mujeres perfectas (1975 y remake en 2004). En la ciudad de Stepford los hombres han sustituido a sus mujeres por autómatas que obedecen todas sus órdenes.
  • Blade Runner (1982) dirigida por Ridley Scott, donde aparecen los “Replicantes”, idénticos a seres humanos pero con una esperanza de vida limitada, utilizados como trabajadores.
  • The Terminator (1984) dirigida por James Cameron. En el futuro las máquinas han esclavizado al hombre y envían al pasado a un autómata de apariencia humana para que elimine a la futura madre del que será líder de la rebelión contra las máquinas.
  • Eduardo Manostijeras (1990) dirigida por Tim Burton, cuenta la historia de Eduardo, un autómata con unas afiladas cuchillas por manos, que quedó incompleto al morir prematuramente su creador.
  • Toy Story (1995) dirigida por John Lasseter, recupera el mito de que los seres inanimados, como los juguetes, tienen vida propia en ausencia de sus dueños.
  • Inteligencia Artificial (2001) de Steven Spielberg, narra la historia de David, un robot único en su género capaz de amar.
  • El hombre bicentenario (1991) dirigida por Chris Columbus, es una película que narra la historia de un autómata capaz de pensar y sentir.
  • Hugo (película) (2011) Película dirigida por Martin Scorsese basada en el libro "La Invención de Hugo Cabret" donde el gran cineasta Georges Méliès crea un autómata por el cual se desata la trama de esta historia

Museos[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. María del Rosario Aguilar Perdomo, Artificio, maravilla y técnica. Hacia una tipología de los autómatas en los libros de caballerías, en Amadís de Gaula: quinientos años después. Estudios en homenaje a Juan Manuel Cacho Blecua, Alcalá de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pp. 15-42.
  2. Crítica de Ángel Basanta en El Cultural (14/06/2000)
  3. Félix J. Palma, Steampunk: antología retrofuturista (ed. Fábulas de Albión, 2012), página 11.
  4. http://www.koult.es/2012/06/steampunk-el-futuro-es-ayer/

Bibliografía[editar]

  • La quimera del autómata matemático. Del calculador medieval a la máquina analítica de Babbage, V. Guijarro y L. González, Ed. Cátedra, 2010.
  • Le monde des automates, 1928.
  • Los falsos adanes. Historia y mito de los autómatas. Ceserani, G.P. Editorial Tiempo Nuevo, 1971.
  • De Autómatas y otras maravillas, Vid. Alvar, C.
  • Historia de Monstruos, Juan Jacobo Bajarlía.
  • Máquinas de amar. Secretos del cuerpo artificial, Pilar Pedraza. Ed. Valdemar, 1998.
  • Juego y Artificio. Autómatas y otras ficciones en la cultura del Renacimiento a la Ilustración, Alfredo Aracil.
  • El Turco: La Vida y Época de la Famosa Máquina Jugadora de Ajedrez del Siglo XVIII, Tom Standage, Editorial Walker & Company, 2002.
  • Secretos Medievales, Jesús Callejo, Editorial Temas de Hoy, 2006.
  • From music boxes to street organs R.DEWAARD 1967.
  • La familia del Dr. Frankenstein. Materiales para una historia del hombre artificial, Jesús Alonso Burgos, Alcalá Grupo Editorial, 2007.
  • THE JAQUET-DROZ MECHANICAL PUPPETS EDMONDO DROZ 1971.
  • ENCYCLOPEDIA of Automatic Musical Instruments Q.David Bowers 1972.
  • CLOKWORK MUSIC W.J.G.ORD-HUME 1973.
  • Silver Anniversary Collection MUSICAL BOX SOCIETY INTERNATIONAL 1974.
  • The Marvelous World of Music Machines Heinrich Weiss-Stauffacher 1976.
  • MUSIC AND THE BRAIN MACDONALD CRITCHLEY & R.A.HENSON 1977.
  • MUSICAL INSTRUMENTS OF THE WORLD the Diagram Group 1976.
  • BARREL ORGAN W.J.G.ORD-HUME 1978.
  • ANDROIDS The Jaquet-Droz automaton F.M. Ricci 1979.
  • Musical Box W.J.G.ORD-HUME 1980.
  • The Musical Box Handbook Cylinder Boxes Graham Webb 1984.
  • Von der Aolsharfe zum Digitalspieler Jan _Brauers 1984.
  • Le MONDE des AUTOMATES ETUDE HISTORIQUE ET TECHNIQUEⅠⅡ A.Chapuis E.Gelis 1984.
  • THE WONDERLAND OF MUSIC BOXES AND AUTOMATA Daniel Troquet 1989.
  • Clock and watch museum Geneva 1990 Musee d’art et d’histoire.
  • Museums of Horology La Chaux-de-Fonds Le Locle Francois Mercier 1991.
  • All’epoca dell Scatole musicali.
  • AUTOMATES ET MUSIQUES Pendules Anne Winter-Jensen M.E.L.D.L. Geneve 1987.
  • L'Oregue de Barbarie Helmut Zeraschi Payot Lausanne 1980.
  • Faszinierende Welt der Automaten Annette Beyer Callwey Verlag Munchen 1983.
  • Automaten Chrisian Bailly Hirmer.

Enlaces externos[editar]