Galatea

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El triunfo de Galatea, obra de Jean-Baptiste van Loo.

En la mitología griega, Galatea (en griego antiguo Γαλάτεια Galateia, ‘blanca como la leche’) es el nombre de dos personajes femeninos.

Galatea, Polifemo y Acis[editar]

La primera es una nereida de Sicilia amada por el cíclope Polifemo. Sus padres eran Nereo y Doris. Cuando Galatea rechazó al cíclope en favor de Acis, un pastor siciliano, Polifemo, celoso, lo mató arrojándole un canto rodado. Desesperada por el dolor, Galatea transformó su sangre en el río Acis (en Sicilia). Según el historiador Apiano, Galatea terminó siendo madre con Polifemo de Celto, Ilirio y Gala, dioses epónimos de los celtas, los ilirios y los gálatas, respectivamente.[1]

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Fuentes[editar]

En su ditirambo Cíclope o Galatea, el poeta de los siglos V. / IV a.C. Filóxeno de Citera trató por primera vez el amor desdichado de Polifemo por Galatea. Los comediógrafos Nicócares y Antífanes compusieron sendas obras sobre el tema, y otro tanto hizo el poeta lírico Timoteo.[2] Le siguió el poeta griego de Sicilia Teócrito, quien en torno al año 275 a. C. escribió sobre dicho amor dos idilios (VI y XI). Posteriormente, Ovidio retomó la trama en sus Metamorfosis, introduciendo al personaje de Acis, amado de Galatea.

Galatea y Pigmalión[editar]

Se llama también Galatea a la estatua erigida por el rey de Chipre Pigmalión, cuya historia narra Ovidio en el libro décimo de sus Metamorfosis.[3] Al rey no le gustaban las mujeres porque las consideraba quisquillosas e imperfectas, y llegó a la conclusión de que no quería casarse nunca y vivir sin ningún tipo de compañía femenina. Con el paso del tiempo, el rey se sintió solo, y comenzó a esculpir una estatua de marfil muy bella y de rasgos perfectos. De tanto admirar su obra, se enamoró de ella. En una de las grandes celebraciones en honor a la diosa Venus que se celebraba en la isla, Pigmalión suplicó a la diosa que diera vida a su amada estatua. La diosa, que estaba dispuesta a atenderlo, elevó la llama del altar del escultor tres veces más alto que la de otros altares. Pigmalión no entendió la señal y se fue a su casa muy decepcionado. Al volver a casa, contempló la estatua durante horas. Después de mucho tiempo, el artista se levantó, y besó a la estatua. Pigmalión ya no sintió los helados labios de marfil, sino que sintió una suave y cálida piel en sus labios. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose perdidamente de su creador. Venus terminó de complacer al rey concediéndole a su amada el don de la fertilidad. De esa unión nació Pafo, que dio su nombre a la ciudad de Pafos.

Galatea en el arte[editar]

Notas[editar]

  1. Apiano: Ilir, 2.
  2. Antonio Sancho Royo, «Análisis de los motivos de composición del Cíclope de Filóxeno de Citera», Habis 14 (1983): 33-50.
  3. Ovidio no da nombre al personaje. Jean-Jacques Rousseau lo llamó Galatea en su comedia musical de 1762 Pigmalión, scène lyrique. Desde entonces, es habitual referirse así a ella. Cf. Vicente Cristóbal, «Pigmalión y la estatua: muestras de un tema ovidiano en la literatura española», Cuadernos de Filología Clásica. Estudios latinos 23 (2003): 63-87. Referencia a Rousseau en p. 81.

Enlaces externos[editar]