Filóxeno de Citera

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Filóxeno de Citera (435 a.C. — 380 a.C.) fue un poeta ditirámbico griego, famoso por su obra perdida Galatea (también llamada Cíclope), en la que presentaba por primera vez el amor frustrado del cíclope Polifemo por la nereida Galatea, tratado posteriormente por Teócrito, Ovidio y Luis de Góngora, entre otros. Se le considera un poeta muy renovador por su defensa de la «nueva música», un movimiento que revolucionó el género del ditirambo e influyó en los coros de Eurípides.

Vida[editar]

Filóxeno nació hacia el año 435 antes de Cristo en la isla de Citera, al sur del Peloponeso. Cuando los atenienses tomaron la isla durante la Guerra del Peloponeso (en los años 426-410), fue conducido como esclavo a Atenas, donde el poeta ditirámbico Melanípides lo compró, lo educó y le dio la libertad.

Filóxeno residió más tarde en Sicilia, en la corte del tirano Dionisio. Tenía este prohombre veleideades poéticas, que eran muy aplaudidas por los cortesanos. Filóxeno se negó a adular al tirano, porque consideraba que sus versos no tenían valor alguno. Además, trató de seducir a Galatea, una flautista de la corte por la que el tirano sentía cierto interés. Dionisio lo condenó por ello a realizar trabajos forzados en las latomías (canteras) de Siracusa. En ellas compuso el poeta su obra más conocida, el ditirambo Cíclope o Galatea.

Filóxeno logró escapar de Sicilia y viajó por Grecia, Italia y Asia, recitando sus ditirambos, y murió en Éfeso.

Obra[editar]

Según la Suda, enciclopedia bizantina compilada en el siglo X, Filóxeno compuso veinticuatro ditirambos y un poema lírico sobre los descendientes de Éaco. Se le atribuyen también algunos nomos (himnos a Apolo).

En sus manos, el ditirambo pasó a ser una suerte de ópera cómica, cuya música componía él mismo.

Su obra maestra es Cíclope o Galatea, compuesta hacia el año 390 a.C.[1] Según la tradición, Filóxeno se venga en ella del tirano Dionisio, presentando a este (que, al parecer, era ciego, total o parcial, de un ojo) como el cíclope Polifemo, enamorado de la nereida Galatea (trasunto de la flautista de la corte). Ulises, que es aquí una máscara del poeta, seduce a Galatea.[2] El coro de la obra eran las ovejas y cabras del Cíclope, y este, que tocaba la cítara, era el corego. Da fe de la popularidad de la obra el hecho de que Aristófanes la parodie en su comedia Pluto (408 a.C.), versos 290-321. La parodia aristofánica cita también a Circe, por lo que es probable que Filóxeno compusiera también una obra sobre este personaje, en la que el coro serían los compañeros de Ulises, convertidos en cerdos.[3]

Otra obra importante de Filóxeno es la llamada Deipnon («Cena»), probablemente una sátira del lujo de la corte siciliana. Ateneo nos ha conservado fragmentos de esta obra en su Banquete de los eruditos.

Antífanes, poeta cómico ateniense, se refiere en una de sus obras a Filóxeno como «muy superior a todos los poetas, (...) un dios entre los hombres, conocedor de la verdadera música» (fr. 207 K.-A.). Alejandro Magno ordenó que le enviaran sus poemas cuando estaba de campaña en Asia. Los gramáticos alejandrinos le hicieron un sitio en su canon, y en la época de Polibio los jóvenes de la Arcadia solían aprender sus obras y representarlas una vez al año.

Innovaciones[editar]

Según la obra Sobre la música atribuida a Plutarco, Filóxeno introdujo monodias en los cantos corales (Ps.Plut. De musica 1142a; Aristoph. fr. 641 K.).

Fuentes[editar]

  • Los fragmentos de Filóxeno, junto con las noticias que conservamos sobre su vida, fueron editados por G. Bippart en 1843. Theodor Bergk los incluye también en sus Poetae lyrici graeci.
  • En español, Francisco Rodríguez Adrados ha traducido los fragmentos de Galatea en su obra Lírica griega arcaica (poemas corales y monódicos, 700-300 a.C.), Gredos, 1980, pp. 456-7. Adrados habla sobre Filóxeno en su introducción a los poetas menores (pp. 432-3).
  • Albin Lesky habla de Filóxeno en el tomo I de su Historia de la literatura griega, pp. 650-1.

Notas[editar]

  1. Ambos títulos aparecen en las fuentes, como señala A. Sancho Royo, «Análisis de los motivos de composición del Cíclope de Filóxeno de Citera», Habis 14 (1983): 33-50. La obra se consideraba ya en la Antigüedad la mejor de las suyas: Ael. Var. Hist. 12, 44.
  2. Ateneo 1, 6e-7a.
  3. Antonio Melero, en López Férez (ed.), Historia de la literatura griega, p. 427.