Argos (Grecia)

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Coordenadas: 37°38′16″N 22°43′38″E / 37.63778, 22.72722

La ciudad moderna de Argos, y una parte de la excavación de la Argos antigua.

Argos (en griego antiguo, Άργος) es una ciudad griega del Peloponeso, en la prefectura de Argólida, situada cerca de la capital de la prefectura, Nauplia, que es su puerto histórico, estaba a unos 5 km de la costa y tenía una ciudadela llamada Larisa. Argos está considerada la ciudad más antigua de Grecia. Su fundación data del 2000 a. C. En el pasado fue una ciudad próspera, pero hoy en su lugar sólo existen ruinas.

Su nombre proviene de la raíz griega arg-, que significa «cualquier cosa brillante» (cf. argyros significa «plata»). La región de Argos es llamada Argólida.

Sus habitantes se llaman argivos. La ciudad moderna tiene unos 30.000 habitantes.

La ciudad fue la cuna de muchos héroes mitológicos que participaron en la Guerra de Troya.

Numerosos restos del pasado atraen a los turistas a la ciudad. También son característicos los cultivos de cítricos, que rodean la ciudad y llenan el valle en que se encuentra.

La ciudad moderna se sitúa al pie de una colina, y posee una serie de edificios modernos que se ven dominados por el castillo de Larisa a 300 metros por encima. Este castillo, (siglo XIII), visto desde abajo emociona y despierta la curiosidad; una vez en su interior es como algo utópico. Sólo perduran sus paredes exteriores y el armazón de un torreón, pero se aprecian maravillosas vistas de la costa y la ciudad en medio de extensos huertos de cítricos y olivares. También en el castillo se encuentra un museo donde se exhiben cerámicas, armas, mosaicos y una armadura de bronce del siglo VIII a. C. que nos remiten a la antigua ciudad.

Historia antigua[editar]

La leyenda atribuye su fundación al pelasgo Ínaco, a su hijo Foroneo o a su nieto Argos. Sus descendientes reinaron durante nueve generaciones y Gelánor, el último rey, fue derrocado por el egipcio Dánao.

A este le sucedió Linceo, y a éste, Abas. Los dos hijos se repartieron el territorio: Acrisio se quedó con Argos y Preto hizo lo propio con Tirinto.

Perseo, hijo de Dánae y nieto de Acrisio, fundó Micenas, que se convirtió en la capital del reino. Euristeo, nieto de Perseo, fue sucedido, como rey de Micenas, por Atreo, hijo de Pélope, que dejó como sucesor a su nieto Agamenón, que gobernó sobre buena parte del Peloponeso.

Homero describe a Micenas como la capital y a Argos como una ciudad subordinada, bajo el gobierno de Diómedes. El hijo de Agamenón, Orestes, unió los gobiernos de Micenas y de Argos, y más tarde el de Lacedemonia, por el matrimonio con Hermíone, hija de Menelao. Orestes volvió a establecer la capital en Argos; con su sucesor, Tisámeno, se produjo la invasión de los dorios, que lo expulsaron y se hicieron los amos de Argos.

Argos estaba considerada por los griegos como la ciudad más antigua de la Hélade. Fue habitada a finales del segundo milenio a.C. por pueblos pre griegos (pelasgos según la tradición) y más tarde, por los dánaos considerados como aqueos y de cultura micénica. Tras la invasión doria, llamada por los griegos "El Retorno de los Heráclidas", Argos se convirtió en una importante ciudad doria. Durante el período arcaico, se destacó la figura de Fidón, un rey legítimo de la casa Teménida que según la tradición se convirtió en tirano. Su gobierno aparece envuelto en una bruma cronológica pero grosso modo podría situarse entre 710 a. C. y 660 a. C. Su victoria sobre los espartanos en la batalla de Hisias le permitió ejercer una breve hegemonía sobre el Peloponeso y controlar los juegos olímpicos a través de los pisatas y en detrimento de los eleos.

Argos fue la sede de una liga de ciudades dóricas: Cleonas, Fliunte, Sición, Epidauro, Trecén, Hermíone, y Egina. Esta liga era una anfictionía o liga sagrada, y estuvo vigente hasta el 514 a. C. Las luchas con Esparta fueron continuas y la causa principal fue la posesión del distrito de Cinuria o Tireátide, fronterizo entre Lacedemonia y la Argólide; una de estas batallas fue la de los Campeones, hacia 545 a. C., que según Heródoto fue disputada entre trescientos argivos y trescientos espartanos seleccionados.

En 514 a. C., encontramos a Egina y Sición, antiguos miembros de la anfictionía, que habían sido aliadas de Esparta contra Argos y fueron condenadas a pagar una multa. Con el rey Cleómenes I los espartanos consiguieron aplastar al ejército argivo en la batalla de Sepea (494 a. C.), donde murieron seis mil argivos y la leyenda dice que la ciudad se salvó por las mujeres, que dirigidas por la poetisa Telesilla rechazaron a los espartanos en las murallas. La sensible reducción del cuerpo cívico argivo como consecuencia de las pérdidas humanas obligó a integrar a población perieca e incluso, según Aristóteles, esclava.

Entonces Argos, ya sólo tuvo supremacía religiosa, y no participó en las guerras contra Persia por la falta de poder, declarándose neutral; en esta época, Micenas y Tirinto eran independientes y aliadas de Esparta. En 468 a. C., los argivos destruyeron Micenas y por la misma época Tirinto, Hisias, Midea, y otras ciudades de la región. Muchos ciudadanos de las ciudades cercanas fueron trasladados a la ciudad. La supremacía religiosa sobre regiones vecinas aún duraba al comenzar la Guerra del Peloponeso, en 432 a. C.

Mientras duró el poder dórico había tres clases de ciudadanos: los dorios de la ciudad divididos en tres tribus (más tarde cuatro) entre los cuales había algunos que no eran dorios; los periecos, antiguos habitantes aqueos; y los gimnetes, esclavos colectivos, equivalentes a los hilotas de Esparta. El rey era el jefe del estado y fue descendiente de Témenos hasta el rey Meltas, y después hubo otra dinastía la cual gobernaba en tiempos de las Guerras Médicas. El rey tenía el poder limitado por un Consejo. Pero al llevar allí nuevos habitantes, la estructura cambió y la monarquía fue eliminada y se estableció un gobierno democrático con un consejo, el cuerpo de los ochenta (probablemente de origen aristocrático) y los artynais, que eran los que dirigían el consejo. Una de las instituciones de la ciudad fue el ostracismo. también se establecieron cortes militares en las que los soldados juzgaban la conducta de sus jefes a la vuelta de una expedición militar.

En tiempos de Tucídides, Argos se alió con Atenas. Argos fue neutral durante los primeros diez años de la guerra del Peloponeso, la llamada Guerra arquidámica, porque tenía un tratado de tregua de treinta años con Esparta. Argos incrementó su riqueza, mientras Esparta se empobrecía con la guerra. La Paz de Nicias (421 a. C.) condujo a Argos a buscar la supremacía en el Peloponeso, por lo que se alió con Atenas, Mantinea y Élide en la llamada «Cuádruple Alianza». Para el enfrentamiento contra Esparta, Argos formó un cuerpo de un millar de hoplitas escogidos, entrenados y alimentados por el Estado. La derrota de los coaligados en la Batalla de Mantinea, en 418 a. C., supuso la desintegración de la alianza y, como corolario, un derrocamiento de la democracia argiva promovida por el cuerpo de élite de Los Mil. Al cabo de unos meses el pueblo se rebeló y expulsó a los oligarcas y el nuevo gobierno renovó la alianza con Atenas e inició la construcción de murallas que llegaron hasta el mar, pero que fueron destruidas por los espartanos antes de que pudieran acabarse de construir. Argos permaneció en la alianza ateniense durante el resto de la Guerra del Peloponeso, aunque de manera inefectiva, pues el ejército hoplítico argivo poco tenía que hacer en un escenario naval en el Egeo.

Después de la guerra, Argos estuvo siempre al lado de los enemigos de Esparta. En 395 a. C. fue aliada de Atenas, Beocia y Corinto contra Esparta en la llamada Guerra de Corinto, que se cerró con la Paz del Rey en 386 a. C.. Durante la misma, los argivos tuvieron aspiraciones de controlar, tal vez anexionarse, Corinto, pero fueron frustradas. En 362 a. C., Argos combatió con Tebas, atacada por Esparta, que tenía como aliada a Atenas. Por este tiempo, los oligarcas intentaron recuperar el poder y el pueblo se vengó con disturbios (llamados Skutalismos o Club de la ley) que causaron la muerte de más de mil oligarcas y demócratas moderados.

El rey Pirro de Epiro, quiso sorprender a la ciudad y murió a sus puertas. En esta época, Argos fue gobernada por tiranos ayudados por los reyes de Macedonia, que duró hasta que Arato, después de derrocar a los tiranos de Sición y Corinto, convenció a Aristómaco, tirano de Argos, de renunciar al poder. Entonces Argos se unió a la Liga Aquea (229 a. C.), a la que permaneció unida hasta la conquista romana en 146 a. C. con la excepción de la ocupación de la ciudad por los espartanos bajo Cleómenes III, y después bajo Nabis, tirano de Esparta, y su mujer. Bajo los romanos fue cabecera del distrito de Argolis (Argólida).

Mitología y cultura[editar]

La deidad local fue Hera, de origen aqueo. El templo de Hera era el centro de culto de todo el distrito.

En el siglo VI a. C., fue sede de una escuela de escultura, en la que destacaron Agéladas y sus tres discípulos, Fidias, Mirón y Policleto, tres de los más grandes escultores antiguos. En el mismo tiempo destacó el músico y poeta Sacadas (hacia el 590-580 a. C.). La poetisa Telesilla fue también un personaje destacado. Pirro fue enterrado en el templo de Deméter cerca de Argos.

Dominio bizantino y aragonés[editar]

La ciudad perteneció al Imperio bizantino, en el que tuvo cierta importancia. En 1248 pasó al Ducado de Atenas y, cuando fue conquistada por la Corona de Aragón al duque franco, este retiró la señoría de Argos y Nauplia. El territorio fue vendido por la última señora María de Enghieu a República de Venecia en 1388. En 1394 pasó a los déspotas de Mistra. En 1460 fue conquistada por los otomanos. En el año 1540, fue conquistada por los turcos y reconquistada por los vencianos en el año 1688.[1]

Ciudad moderna[editar]

Bajo los otomanos fue una pequeña ciudad provincial. Durante la guerra de independencia de Grecia fue quemada por los turcos (1825) y defendida por Ypsilandis de los ataques otomanos.

Bibliografía[editar]

  • César Fornis, La stasis argiva del 417 a. C., Polis 5, 1993, 73-89.
  • César Fornis, Corinto, Beocia y la alianza argiva tras la Paz de Nicias, Habis 26, 1995, 47-66.
  • César Fornis, Estabilidad y conflicto civil en la guerra del Peloponeso, British Archaeological Reports I.S. 762, Oxford, Archaeopress, 1999.
  • César Fornis, Clases de edad y elites militares: los Mil argivos, en Mª M. Myro, J.M. Casillas, J. Alvar y D. Plácido (eds.), Las edades de la dependencia durante la Antigüedad, Actas del XXIV Coloquio Internacional del GIREA, Madrid, Ediciones Clásicas, 2000, 139-153.
  • César Fornis, Identidad corintia e identidad argiva en la `unión´ de 392-386 a. C., en P. López Barja y S. Reboreda (eds.), Fronteras e identidad: III Reunión de Historiadores del Mundo Griego Antiguo, Santiago de Compostela-Vigo, Universidad de Santiago-Universidad de Vigo, 2001, 207-226.

Referencias[editar]

  1. Guía Total: Grecia p. 48. Juan Ignacio Luca de Tena, Grupo Anaya, 2003.

Enlaces externos[editar]