Hécate

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Escultura romana de Hécate triple, copia de un original griego (Museo Chiaramonti).

Hécate (en griego antiguo Ἑκάτη Hekátē o Ἑκάτα Hekáta) fue originalmente una diosa de las tierras salvajes y los partos, nacionalizada primero en la Grecia micénica[1] o en Tracia, pero originada entre los carios de Anatolia,[2] la región donde se atestiguan la mayoría de sus nombres teofóricos, como Hecateo o Hecatomno,[3] y donde Hécate permaneció como Gran Diosa hasta tiempos históricos, en su inigualable[4] lugar de culto en Lagina. William Berg señala que «dado que los niños no son bautizados en honor de espectros, es seguro asumir que los nombres teofóricos carios que incluyen hekat- aluden a una deidad importante libre de los oscuros y desagradables lazos con el inframundo y la brujería que tuvo Hécate en la Atenas clásica».[5] Los monumentos a Hécate en Frigia y Caria son numerosos pero tardíos.[6] Los cultos populares que la veneraban como diosa madre hicieron que fuese integrada en la mitología griega. En la Alejandría ptolemaica terminaría adquiriendo sus connotaciones de diosa de la hechicería y su papel como «Reina de los Fantasmas», bajo cuyo aspecto triplicado fue transmitida a la cultura post-renacentista. Uno de sus aspectos es representado en la Trivia romana.

Las inscripciones más antiguas se han encontrado en el Mileto arcaico tardío, cerca de Caria, donde Hécate es una protectora de las entradas.[7]

Representaciones[editar]

Las primeras representaciones griegas de Hécate son simples y no triples. Lewis Richard Farnell afirma:

La evidencia de los monumentos sobre el carácter y la importancia de Hécate es casi tan completa como la de la literatura. Pero sólo fue en el periodo tardío cuando llegó a expresar su naturaleza múltiple y mística. Antes del siglo V hay pocas dudas de que solía ser representada bajo una forma simple como la mayoría de las demás divinidades, y que fue así como el poeta beocio (Hesíodo) la imaginó, pues nada en sus versos alude a una diosa triple.
El monumento más antiguo conocido es una pequeña terracota hallada en Atenas con una dedicatoria a Hécate en el estilo de escritura del siglo VI. La diosa aparece sentada en un trono con una corona de flores alrededor de su cabeza, careciendo totalmente de atributos y personalidad, siendo el único valor de esta obra, que evidentemente es de un tipo bastante general y recibe una referencia y nombre especiales sólo por la inscripción, el demostrar que la forma simple era la original y que su conocimiento en Atenas era anterior a la invasión persa.[8]

Triple Hécate y las Cárites, Ática, siglo III a. C. (Gliptoteca de Múnich).

El viajero del siglo II a. C. Pausanias afirmó que Hécate fue representada triple por vez primera por el escultor Alcámenes en el periodo griego clásico de finales del siglo V a. C. Las convenciones antropomórficas del arte griego se resistían a representarla con tres caras: una escultura votiva del siglo III a. C. procedente del Ática la muestra como tres imágenes diferentes contra una columna, alrededor de la cual bailan las Cárites. Algunos retratos clásicos la muestran como una diosa triple sosteniendo una antorcha, una llave y una serpiente. Otros continuaron mostrándola en su forma simple.

En los escritos esotéricos griegos de inspiración egipcia relacionados con Hermes Trimegisto y en los papiros mágicos de la Antigüedad Tardía era descrita con tres cabezas: una de perro, otra de serpiente y otra de caballo. La triplicidad de Hécate se expresaba de una forma más helénica, con tres cuerpos en lugar de cabezas, como aparece tomando parte en la batalla con los Titanes en el vasto friso del gran altar de Pérgamo (actualmente en Berlín). En la Argólida, cerca del altar de los Dioscuros, Pausanias vio el templo de Hécate frente al santuario de Ilitía: «La imagen es obra de Escopas. Es de piedra, mientras las de bronce de enfrente, también de Hécate, fueron hechas respectivamente por Policleto y su hermano Naucides, hijo de Motón».[9]

Un relieve en mármol del siglo IV a. C. en Cranón (Tesalia) le fue dedicado por el dueño de un caballo de carreras.[10] Muestra a Hécate, con un perro a su lado, poniendo una corona sobre la cabeza de una yegua. Su ayudante y representación animal era la perra, y la forma más común de ofrenda era dejar carne en las encrucijadas. Algunas veces incluso se le sacrificaban perros (una buena indicación de su origen no helénico, pues los perros, como los burros, muy rara vez jugaban este papel en el genuino ritual griego).

En las Argonáuticas, una épica alejandrina del siglo III a. C. basada en material más antiguo, Jasón aplaca a Hécate mediante un ritual prescrito por Medea, su sacerdotisa: tras bañarse a medianoche en una corriente de agua y vestido con una toga oscura, Jasón cava un pozo y ofrece una libación de miel[11] y sangre de la garganta de una oveja, que se quema en una pira junto al pozo como holocausto, retirándose entonces del lugar sin mirar atrás.[12] Todos estos elementos señalan los ritos observados a una deidad ctónica.

Mitología[editar]

En contra de la creencia popular, Hécate no fue originalmente una diosa griega. Sus raíces parecen estar entre los carios de Asia Menor.[13] Aparece en el himno homérico a Deméter y en la Teogonía de Hesíodo, donde es fuertemente promocionada como una gran diosa. El lugar de origen de su culto es incierto, pero se cree que tuvo numerosos seguidores en Tracia.[2] Su santuario más importante estaba en Lagina, una ciudad-estado teocrática en la que la diosa era atendida por eunucos.[2] Lagina, donde el famoso templo de Hécate atraía grandes reuniones festivas cada año, quedaba cerca de la colonia originalmente macedonia de Estratonicea, ciudad de la que era patrona.[14] En Tracia desempeñó un papel similar al del menor Hermes, es decir, gobernadora de los puntos liminares (tránsitos o umbrales) y de lo salvaje, guardando poco parecido con la vieja paseante nocturna en la que se convirtió. Adicionalmente, esto llevó a su papel como ayudante de las mujeres en los partos y la crianza de los jóvenes.

Hécate, ilustración de Stéphane Mallarmé.

También había un templo consagrado a Hécate en el recinto del templo de Artemisa en Éfeso, donde oficiaban los sacerdotes eunucos o megabyzi.[15] Hesíodo registra que estaba entre la descendencia de Gea y Urano, la Tierra y el Cielo. En la Teogonía le atribuyó tan amplios y fundamentales poderes que resulta difícil resistirse a verla como una figuración de la Gran Diosa, aunque como buen olímpico Hesíodo atribuye sus poderes a un «regalo» de Zeus:

Hécate, a la que Zeus Crónida honró sobre todos y le procuró espléndidos regalos, la suerte de participar en la tierra y el mar estéril. Ella también obtuvo en lote la dignidad que confiere el estrellado cielo y es especialmente respetada por los dioses inmortales. [...] En nada la maltrató el Crónida ni tampoco le quitó nada de lo que recibió en suerte entre los primeros dioses, los Titanes; sino que sus atribuciones son las mismas que tuvo desde el principio.

Sus regalos a los humanos abarcan todo, según cuenta Hesíodo:

Al que ella quiere, grandemente le asiste y ayuda; en el juicio se sienta junto a los venerables reyes, y en el ágora hace destacar entre la gente al que ella quiere. O cuando armados de coraza marchan los varones hacia la guerra destructora de hombres, allí la diosa asiste a los que quiere decididamente concederles la victoria y encumbrarles de gloria. Es capaz de asistir a los nobles que quiere y con igual capacidad, cuando los jóvenes compiten en juegos, allí los asiste y ayuda la diosa; y el vencedor en fuerza y capacidad, fácilmente y contento se lleva un magnífico premio y proporciona gloria a sus padres. A los que trabajan en el mar intransitable y elevan sus súplicas a Hécate y al resonante Ennosigeo, fácilmente la ilustre diosa les concede pesca abundante y fácilmente se la quita cuando parece segura si así lo desea su corazón. Es capaz de aumentar el ganado en los establos junto con Hermes, y en cuanto a las manadas de bueyes, los extensos rebaños de cabras y las majadas de lanudas ovejas, si así lo desea en su corazón, multiplica los pequeños y disminuye los numerosos.

Hécate era cuidadosamente servida:

Todavía ahora, cuando alguno de los hombres de la tierra los propicia, celebrando magníficos sacrificios según costumbre, invoca repetidamente a Hécate. Muy fácilmente obtiene gran honor aquél cuyas súplicas acepta complaciente la diosa, y le concede prosperidad puesto que está en su mano.

Hesíodo enfatiza que Hécate era la única hija de Asteria, una diosa de las estrellas que era hermana de Leto, a su vez madre de Artemisa y Apolo. La abuela de estos tres primos era Febe, la anciana titánide que personificaba la luna. Hécate era una reaparición de Febe, y por tanto diosa lunar, que se manifestaba en la oscuridad de la luna.

La inclusión y alabanza de Hécate en la Teogonía son problemáticas para los investigadores, ya que Hesíodo parece elogiar en demasía sus atributos y responsabilidades en el antiguo cosmos a pesar de ser en aquella época una diosa relativamente menor y extranjera. Se ha propuesto que en la población de origen de Hesíodo hubo una devoción substancial hacia Hécate y que su inclusión en la Teogonía fue su propia forma de promover a la diosa local entre el público no familiarizado.[16]

A medida que su culto se extendió a zonas de Grecia se presentó un problema, dado que el papel de Hécate ya estaba cubierto por otras deidades más prominentes del panteón griego, particularmente Artemisa, y por personajes más arcaicos como Némesis.

Emergen entonces dos versiones de Hécate en la mitología griega. La menos conocida es un claro ejemplo de intento por integrarla sin disminuir a Artemisa. En ella,[16] Hécate es una sacerdotisa mortal comúnmente asociada con Ifigenia, que desdeña e insulta a la diosa, lo que la lleva finalmente a suicidarse. Artemisa adorna entonces el cadáver con joyas y susurra para que su espíritu se eleve y se convierta en la diosa Hécate, que actúa de forma parecida a Némesis como espíritu vengador, pero únicamente para mujeres heridas. Este tipo de mitos en el que una deidad local patrocina o «crea» a una deidad extranjera era popular en las culturas antiguas como forma de integrar sectas extranjeras. Adicionalmente, a medida que la adoración de Hécate crecía, su figura fue incorporada al mito posterior del nacimiento de Zeus como una de las comadronas que escondieron al niño,[16] mientras Crono consumía la roca falsa que le había dado Gea.

La segunda versión ayuda a explicar cómo Hécate se ganó el título de «Reina de los Fantasmas» y su papel como diosa de la hechicería. De forma parecida a como las hermas (tótems de Hermes) se ponían en las fronteras como protección frente al peligro, imágenes de Hécate, como diosa liminar, podían también jugar dicho papel protector. Se hizo común poner estatuas de la diosa en las puertas de las ciudades, y finalmente en las puertas de las casas. Con el tiempo, la asociación con el alejamiento de espíritus malignos llevó a la creencia de que ofender a Hécate también los atraía. Así surgieron las invocaciones a Hécate como gobernadora suprema de las fronteras entre el mundo normal y el de los espíritus.[16]

La transición de la figura de Hécate puede seguirse hasta la Atenas del siglo V. Aparece como una gran diosa en dos fragmentos de Esquilo. En Sófocles y Eurípides se ha convertido en la señora de la brujería y las Keres.

El poder de Hécate terminó pareciéndose al de la hechicería. Medea, que era una de sus sacerdotisas, practicaba la brujería para manipular con destreza hierbas mágicas y venenos, y para poder detener el curso de los ríos[cita requerida] o comprobar las trayectorias de las estrellas y la luna.

La implacable Hécate ha sido llamada «la de tierno corazón», un eufemismo quizás para enfatizar su preocupación por la desaparición de Perséfone, cuando se dirigió a Deméter con dulces palabras en un momento en que la diosa estaba afligida. Más tarde se convirtió en la asistente de Perséfone y su íntima compañera en el Inframundo.

Aunque nunca fue incluida entre los dioses olímpicos, la compresión moderna de Hécate procede de la cultura helenística sincrética de Alejandría. En los papiros mágicos del Egipto ptolemaico, se le llama la Perra, y su presencia era indicada por los ladridos de los perros. Mantuvo un gran número de seguidores como diosa de la protección y los partos. En la imaginería posterior también tiene dos perros fantasmales como sirvientes a su lado.

En la época moderna Hécate se ha hecho popular en las religiones neopaganas de inspiración feminista y la wicca gracias en gran parte a su asociación como diosa de la hechicería.

Relaciones en el panteón griego[editar]

Hécate es una diosa ctónica preolímpica, y no fue fácilmente asimilada en el panteón posterior de la Grecia clásica. Más allá de la Teogonía, las fuentes griegas no ofrecen una historia sobre su parentesco, ni de sus relaciones en el panteón: a veces es considerada una titánide, hija de Perses y Asteria, y una poderosa ayudante y protectora de los humanos. Su presencia continua se explicaba asegurando que, debido a que fue la única titánide que ayudó a Zeus en la Titanomaquia, no fue desterrada a los dominios del Inframundo tras su derrota por los olímpicos, en lo que supone otro indicio de la persistencia de los cultos en los que era adorada.

También se contaba que era la hija de Deméter o Ferea. Hécate, como Deméter, era una diosa de la tierra y la fertilidad. Una versión poco difundida la hacía incluso la hija menor de Zeus, un rasgo que sin embargo comparte con Atenea y Afrodita, como aspectos de antiguas deidades que tampoco pudieron ser eclipsadas por los olímpicos debido a que su adoración era tan dominante.

Un mito cuenta que había robado el pote de carmín de su madre y huido a una casa donde una mujer estaba de parto. Zeus la envió al reino de Hades para ser purificada. En él gozaba de gran autoridad, pues era conocida como la reina invencible y presidía las ceremonias de penitencia y purificación de las sombras en las que se permitía concertar las malas acciones de sus vidas pasadas.

Por lo demás, su papel en los mitos es secundario: ayudó a Deméter a parir cuando Perséfone fue raptada (en algunas versiones del mito fue ella quien la rescató del Inframundo), y se opuso a Heracles cuando éste intentó enfrentarse a Cerbero.

Consortes y descendencia[editar]

Como muchas antiguas diosas madre o de la tierra, Hécate permaneció sin casarse y no tuvo consorte habitual, diciéndose a menudo que se reproducía por partenogénesis.

Se consideraba que todos los grandes magos y hechiceros mitológicos eran descendientes suyos, especialmente los hermanos Circe y Eetes, hijos suyos y, por tanto, abuela de Medea.

Por otra parte, es la madre de muchos monstruos, como Escila, que representaba los aspectos pavorosos de la naturaleza que producían miedo y sobrecogimiento.

Otros nombres y epítetos[editar]

  • Ctonia (Χθονια, ‘de la tierra’)
  • Crateis (‘poderosa’)
  • Enodia (Ενοδια, ‘de los caminos’)
  • Antania (‘enemiga de la humanidad’)
  • Curótrofa (Κουροτροφος, ‘niñera de los jóvenes’)
  • Artemisa de las encrucijadas
  • Propylaia (‘[la que está] delante de la puerta’)
  • Propolos (‘la que dirige’)
  • Phosphoros (‘que trae la luz’)
  • Soteira (‘salvadora’)
  • Prytania (‘reina de los muertos’)
  • Trioditis (griego) o Trivia (latín, ‘de los tres caminos’)
  • Klêidouchos (‘guardiana de las llaves’)
  • Tricéfala o Tríceps (‘de tres cabezas’)
  • Triformis (‘de tres formas’)

Diosa de las encrucijadas[editar]

Hécate tenía un papel especial en las encrucijadas de tres caminos (o trivios), donde los griegos situaban postes con máscaras de cada unas de sus cabezas mirando en diferentes direcciones.

La función de Hécate en las encrucijadas proviene de su esfera original como diosa de las tierras salvajes y las zonas inexploradas. Esto llevaba a realizar sacrificios para viajar con seguridad por estos territorios. Este papel tiene relación con el de Hermes, dios de las fronteras.

Hécate es la versión griega de la Trivia (‘tres caminos’) de la mitología romana. En el siglo VII, Elegio acostumbraba a recordar a su recién convertida congregación de Flandes que «ningún cristiano debería prestar o guardar devoción alguna a los dioses de los trivios, donde tres caminos se cruzan, a los fanos o las rocas, o fuentes o arboledas o esquinas».

Hécate era la diosa que aparecía con más frecuencia en textos mágicos como los papiros mágicos griegos y las defixios, junto con Hermes.

Reina de las brujas[editar]

En los oráculos caldeos que fueron editados en Alejandría, fue también asociada con un laberinto serpentino alrededor de una espiral, conocido como rueda de Hécate (el «Strophalos de Hécate», verso 194 de la traducción de 1836 de Isaac Preston Cory). El simbolismo alude al poder de la serpiente para renacer, al laberinto de conocimiento a través del cual Hécate guía a la humanidad y a la llama de la propia vida: «Los senos productores de vida de Hécate, esa Llama Viviente que se viste a sí misma de Materia para manifestar la Existencia» (verso 55 de la traducción de Cory de los oráculos caldeos).

En El evangelio de las brujas compilado por Charles Leland (1899) se describen los remanentes de una tradición de brujería italiana, incluyendo un culto a Diana parecido al de Hécate. Es discutible si la Diana representada en la obra de Leland es en realidad Hécate o no. Aunque Diana suele ser muy identificada con Artemisa, no se representa en El evangelio como la del culto romano. Por ejemplo, dice que «Diana siempre tiene un perro a su lado»,[17] siendo Hécate famosa por su relación con los perros.

Reina de los muertos[editar]

«Reina de los Fantasmas» es un título asociado con Hécate debido a la creencia de que podía tanto evitar que el mal saliese del mundo de los espíritus, como también permitir que dicho mal entrase.[16] Hécate, pues, tenía un papel y poder especial en los cementerios.[cita requerida] Guarda los «caminos y senderos que se cruzan».[cita requerida] Su asociación con los cementerios también tuvo mucha importancia en la idea de Hécate como diosa lunar.[cita requerida]

Las hojas del álamo negro son oscuras por una cara y claras por la otra, simbolizando el límite entre los mundos. El tejo ha estado asociado desde hace mucho en el Inframundo.

Animales[editar]

La perra es el animal más comúnmente asociado a Hécate, quien a veces es llamada la «perra negra»,[cita requerida] y alguna vez se sacrificaron perros negros a ella en rituales de purificación. En Colofón (Tracia) Hécate podía manifestarse como perro. Los ladridos de los perros eran la primera señal de su cercanía en la literatura griega y romana.

La rana, significativamente una criatura que puede cruzar dos elementos, está también consagrada a Hécate.[18]

Como diosa triple, a veces aparece con tres cabezas: de perro, caballo y oso, o de perro, serpiente y león.

En el Malleus maleficarum (1486) se afirma que Hécate fue adorada por brujas que adoptaron partes de su mito como su diosa de la hechicería. Debido a que Hécate ya había sido muy difamada a finales del periodo romano, a los cristianos de la época les resultó fácil envilecer su imagen. De esta forma todas sus criaturas fueron también consideradas «criaturas de la oscuridad»; sin embargo, la historia de animales tales como cuervos, búhos nocturnos, serpientes, escorpiones, asnos, murciélagos, caballos, osos y leones como criaturas suyas no es siempre oscura y aterradora.[19]

Plantas y hierbas[editar]

El tejo, el ciprés,[20] el avellano, el álamo negro, el cedro y el sauce estaban consagrados a Hécate.[cita requerida]

El tejo tiene fuertes asociaciones con la muerte y el renacimiento. Un veneno preparado a partir de sus semillas se usaba en las flechas,[cita requerida] y su madera se usaba comúnmente para fabricar flechas y empuñaduras de dagas. La poción del caldero de Hécate contiene «esquejes de tejo». Las bayas del tejo llevan el poder de Hécate, y pueden dar sabiduría o la muerte. Las semillas son muy venenosas, pero las carnosas bayas rojas que las rodean no.

Muchas otras hierbas y plantas están asociadas a Hécate, incluyendo el ajo, las almendras, la lavanda, el tomillo, la mirra, la artemisia, el cardamomo, la menta, el diente de león, el eléboro, el milenrama y la celidonia menor. Varios venenos y alucinógenos están vinculados a Hécate, incluyendo la belladona, la cicuta, la mandrágora, el acónito (conocido como hecateis) y el opio. Muchas de las plantas de Hécate eran aquellas que podían ser usada por los chamanes para lograr diversos estados de consciencia.

Lugares[editar]

En diversos momentos se han asociado con Hécate las zonas salvajes, bosques, fronteras, murallas y puertas de las ciudades, encrucijadas y cementerios.

A menudo se afirma que la luna está consagrada a Hécate, contra lo que argumentó Farnell:

Algunos de los antiguos escritores sobre mitología, tales como Cornuto y Cleomedes, y algunos de los modernos, como Preller, el del diccionario de Roscher y Petersen, explican las tres figuras como símbolos de las tres fases de la luna. Pero muy poco puede decirse en favor de esto, y muchísimo en contra. En primer lugar, la estatua de Alcámenes representó a Hécate Επιπυργιδια, a quien el ateniense de ese periodo consideraba la guardiana de la puerta de su Acrópolis, y como tal relacionada en este punto particular con las Cárites, deidades de la vida que florece y da fruto. Ni en este lugar ni ante la puerta de las casas de la ciudad aparecía como una diosa lunar.
También podemos preguntar: ¿por qué deberían darse a una divinidad a veces considerada como lunar pero con muchas otras y más importantes conexiones tres formas para señalar las tres fases de la luna, y por qué la escultura griega ha sido en este insólito caso culpable de un frígido simbolismo astronómico, mientras Selene, que era obviamente la luna y nada más, nunca tratada de esta manera? De esta misma forma Helios debería haber recibido doce cabezas.[21]

Sin embargo, en los papiros mágicos del Egipto grecorromano[22] se conservan varios himnos que identifican a Hécate con Selene y la luna, ensalzándola como suprema diosa, madre de los dioses. De esta forma, como diosa triple, Hécate sigue teniendo seguidores en algunas tradiciones neopaganas.[23]

Fiestas[editar]

Hécate era adorada tanto por los griegos como por los romanos, y tenían sus propias fiestas dedicadas a ella. Según Ruickbie,[24] los griegos guardaban dos días consagrados a Hécate, uno el 13 de agosto y otro el 30 de noviembre, mientras los romanos consideraban el 29 de cada mes consagrado a ella.

Paralelismos en otras culturas[editar]

Hécate, por William Blake.

La figura de Hécate puede relacionarse a menudo con la Isis egipcia, gracias principalmente a su papel de hechicera.[cita requerida] Ambas eran símbolos de los puntos liminares. Lucio Apuleyo asocia a Hécate con Isis en su obra El asno de oro:

Aquí me ves, Lucío, en respuesta a tu plegaria. sepas que yo soy madre y natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y relina de todos los difuntos, primera y única gola de todos los dioses y diosas del cielo, que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí sola y una diosa honra y sacrifica todo el mundo, en muchas maneras de nombres. [...] Otros me llaman Juno, otros Bellona, otros Hecates, otros Ranusia. Los etíopes, ilustrados de los hirvientes rayos del sol, cuando nace, y los arrios y egipcios, donde nació mi doctrina, cuando me honran y sacrifican con mis propios ritos y ceremonias, me llaman mi verdadero nombre, que las reina Isis.[25]

Antes de que llegase a estar asociada con la mitología griega, tuvo muchas similitudes con Artemisa (tierras salvajes, vigilancia de las ceremonias de boda)[26] y Hera (crianza de los niños, protección de los adolescentes o héroes, y vigilancia de las ceremonias de boda).[cita requerida]

En la literatura[editar]

Hécate es un personaje de la tragedia de William Shakespeare Macbeth, representada por vez primera sobre 1606, donde manda sobre las tres Nornas, aunque no se sabe si ella es una bruja, un demonio o una diosa. Hay algunas evidencias que sugieren que el personaje y las escenas o partes de las mismas en las que aparece (Acto III, Escena V y una parte del Acto IV, Escena I) no fueron escritos por Shakespeare, sino que añadidos durante una revisión de Thomas Middleton,[27] quien usó material de su propia obra The Witch, producida en 1615. La mayoría de las ediciones modernas de Macbeth indican estas interpolaciones.

Notas[editar]

  1. Berg, W. (agosto 1974). «Hecate: Greek or 'Anatolian'?». Numen 21 (2):  pp. 128–40. 
  2. a b c Burkert (1987) p. 171.
  3. Kraus, T. (1960). Hekate: Studien zu Wesen u. Bild d. Göttin in Kleinasien u. Griechenland. Heidelberg: Winter. OCLC 73509931.  Kraus ofrece la primera discusión exhaustiva moderna de Hécate en monumentos y cultura material.
  4. Berg (1974) p. 128 señala el apoyo de Hécate a la hegemonía romana en su representación sobre el pedimento de Lagina solemnizando un pacto entre un guerrero (Roma) y una amazona (Asia).
  5. Berg (1974) p. 129.
  6. Kraus (1960) p. 52; lista pp. 166 y sig.
  7. Kraus (1960) p. 12.
  8. Farnell (1896).
  9. Pausanias ii.22.7.
  10. Museo Británico, pieza n.º 816.
  11. La miel fermentada era un enteógeno más antiguo que el vino.
  12. Argonáuticas, iii.
  13. Kraus (1960); Ruickbie (2004) p. 16.
  14. Estrabón, Geografía xiv.2.25; Kraus (1960).
  15. Estrabón, Geografía xiv.1.23.
  16. a b c d e Johnston (1991).
  17. Leland, Charles (1899). «A Spell to Win Love». Aradia or Gospel of the Witches. 
  18. Varner, Gary R. (2007). Creatures in the mist: little people, wild men and spirit beings around the world: a study in comparative mythology. Nueva York: Algora Pub. p. 135. ISBN 9780875865454. 
  19. Rabinowitz (1990).
  20. Freize, H.; Dennison, W. (1902). Virgil's Aeneid. Nueva York: American Book Company. p. N111. 
  21. Farnell (1896) p. 4.
  22. Betz, H. D. (1986). The Greek magical papyri in translation, including the Demotic spells. Chicago: University of Chicago Press. ISBN 978-0-226-04444-6. 
  23. Pike, Sarah M. (2004). New Age and neopagan religions in America. Nueva York: Columbia University Press. pp. 131–2. ISBN 9780231124027. 
  24. Ruickbie (2004) p. 19.
  25. Lucio Apuleyo, El asno de oro xi.1.
  26. Heidel, William Arthur (1929). The Day of Yahweh: A Study of Sacred Days and Ritual Forms in the Ancient Near East. Nueva York: The Century Co. p. 514. OCLC 250956462. 
  27. Gary, Taylor; Lavagnino, John (2007). Thomas Middleton and early modern textual culture: a companion to the collected works. Oxford: Clarendon Press. pp. 384–5. ISBN 9780198185703. 

Fuentes[editar]

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]