Gentilicio

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El adjetivo gentilicio, también llamado a veces demónimo, es aquel que «denota la procedencia geográfica de las personas»,[1] ya sea por barrio, pueblo, ciudad, región, entidad política, provincia, país o cualquier otro lugar. El adjetivo gentilicio se puede sustantivar, es decir, se puede referir a una persona mencionándola únicamente por su gentilicio y así se puede decir correctamente el bruneano (en lugar de decir: el individuo bruneano), la francesa, etc.

Los gentilicios ordinarios del idioma castellano o español se forman con una variedad de sufijos: -a, -aco, -aíno, -án, -ano, -ar, -ario, -asco, -eco, -ego, -enco, -eno, -ense, -eño, -eo, -ero, -és, -esco, -í, -iego, -ino, -isco, -ita, -o, -ol, -ota, -uco y -uz —más sus correspondientes variantes femeninas—. Asimismo, el español reconoce un gran número de gentilicios particulares puesto que, además de los fundamentos lingüísticos, son igualmente válidos para determinar un gentilicio aquellos relacionados con la cultura, la historia, la tradición y el uso.

Denominaciones[editar]

En español, los gentilicios se escriben con minúscula inicial.[2] Sea adjetivo o sustantivo, el gentilicio denota el origen de las personas o de las cosas, no su residencia o ubicación. Una persona conservará su gentilicio no importa dónde viva. Así, un fiyiano, un kosovar, un lisboeta, un salmantino o un yucateco seguirán siendo fiyiano, kosovar, lisboeta, salmantino o yucateco respectivamente, sea que vivan en Nasáu, en Venecia o en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, si bien es cierto que el origen de una persona es inalterable, también es cierto que existe lo que puede llamarse el gentilicio por adopción; es decir, el gentilicio que, por cariño, adopta una persona que se establece en un lugar diferente de donde nació. También, por economía de lenguaje, se usa el gentilicio dominante en un toponímico para designar a todos los habitantes del lugar.

Hipocorístico[editar]

En algunos casos, para referirse a los nacidos en un lugar, se usa un hipocorístico —una designación cariñosa— que no sustituye al gentilicio. Por ejemplo, a los del Puerto de Veracruz (México) se les dice jarochos. Algunas de estas denominaciones tenían, originalmente, ánimo peyorativo, como es el caso de los oaxaqueños que en ocasiones se sustituye por oaxacos o el de que a los de la Ciudad de México se les decía chilangos o defeños en vez de capitalinos; pero, con el tiempo, la denominación adquire calidad de nombre amistoso, que incluso usan los propios habitantes del lugar en tono jocoso. No solo es un caso de México, también en otros países sucede lo mismo, como los habitantes de Costa Rica que en vez de decirse costarricenses, se les dice ticos; los de Madrid, a los que se llama gatos; o el de los habitantes de Bogotá, a quienes se llama cachacos de manera informal en vez de bogotanos.

Terminología[editar]

Según el diccionario de la lengua española de la Real Academia Española la palabra gentilicio proviene del latín gentilitius, sustantivo que proviene a su vez de la palabra, también latina, gens. Para los antiguos romanos, la gens era la cepa, la estirpe, el linaje, se podría decir incluso que es lo que corresponde a nuestros modernos apellidos. Así la gens Iulia era la gente Julia, o la familia a la que perteneció, por ejemplo, Julio César. Gens era también para los romanos una manera de llamar lo que hoy en día designan palabras como «nación», «pueblo» o «raza». De ahí que gens evolucionara hacia «gentilicio», palabra referente a los habitantes de un pueblo, una ciudad, una región, un país, una nación o un estado.

El gentilicio se forma con un sustantivo particular, por ejemplo "bilbilitano", o —cuando este no existe— con el sujeto seguido de la preposición "de" seguida del topónimo o nombre del lugar del que se quiere denotar la procedencia, por ejemplo: «mujer de Reus», «hombre de Liechtenstein». La formación del gentilicio considerada a partir del nombre del lugar presenta muchos casos (tanto irregulares como regulares), formándose los regulares más comunes con la raíz y sufijos como -ano, -co, -ense, -eño, -ero, -és o -ino (con algunas excepciones, como «argivo», originario de Argos). Existen también sufijos especialmente típicos en territorios como Asturias (-iego/-iegu) o Euskadi (-arra).

Género de las terminaciones[editar]

Al usar los gentilicios hay que tener en cuenta su género. La mayoría de las terminaciones cambian con el género (por ejemplo, la terminación -eño, cacereño para un hombre y cacereña para a una mujer); otras, en cambio, tienen la misma forma para el femenino y el masculino (por ejemplo, la terminación -ense: nicaragüense sirve para referirse a un hombre o a una mujer).

En el caso de México y Centroamérica hay gentilicios que provienen del náhuatl que derivan de tecatl o necatl y que además se usa en género masculino y femenino del idioma español, como el caso de los habitantes de Guatemala cuyo gentilicio es guatemalteco, a los habitantes de Yucatán que se les denomina yucatecos, a los de Chiapas que reciben el nombre de chiapanecos y los habitantes de Tlaxcala cuyo gentilicio corresponde al de tlaxcalteca en ambos sexos de igual modo que en náhuatl.

Etnonimia[editar]

Los gentilicios son generalmente derivados del nombre actual del lugar (de Inglaterra, «inglés») pero, cuando un gentilicio o etnónimo está compuesto de dos o más gentilicios distintos, se deja en su forma original al último gentilicio de la serie, se modifican los radicales de los demás componentes de la serie (añadiéndoles el sufijo "o") y se separan todos mediante guiones. Por ejemplo, una película italo-ruso-estadounidense, ejemplo en el que estadounidense (último término de la serie) no ha cambiado mientras que los demás han sido cambiados por sus radicales acabados en «o». En algunos casos son derivados de un antiguo topónimo o etnónimo (de Inglaterra: anglo-, de España: hispano-, de Portugal: luso-, de Japón: nipo-, de China: sino-, etc.). Algunos ejemplos de gentilicios que no siguen el nombre actual del lugar pueden ser Alcalá de Henares (complutense, de Complutum) o Ciudad Rodrigo (mirobrigense, de Miróbriga).

En caso de tratarse del nombre oficial de una institución, cada etnónimo debe ser iniciado con una mayúscula (por ejemplo: Instituto Franco-Alemán).

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «adjetivo gentilicio», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=adjetivo+gentilicio, consultado el 28 de julio de 2013 
  2. RAE (2005). «Diccionario panhispánico de dudas - Mayúsculas». lema.rae.es. Consultado el 1 de enero de 2014. «6. Casos en que no debe usarse la mayúscula inicial - 6.7. Los nombres de tribus o pueblos y de lenguas, así como los gentilicios: el pueblo inca, los mayas, el español, los ingleses».

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]