Miguel Grau Seminario

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Miguel Grau Seminario
M Grau(2).jpg
Gran Almirante del Perú.
Almirante AP
Lealtad Bandera del Perú Perú
Condecoraciones Título de Gran Almirante del Perú otorgado por el Congreso de la República del Perú
Mandos Comandante del Monitor Huáscar, comandante de la Escuadra Peruana, comandante de la Marina de Guerra del Perú
Participó en

Guerra del Pacífico


Nacimiento 27 de julio de 1834
Piura, Flag of Peru.svg Perú
Fallecimiento 8 de octubre de 1879
Punta Angamos, Bolivia
(hoy Chile)
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Miguel María Grau Seminario (Piura, Perú, 27 de julio de 1834-Punta Angamos, Bolivia, 8 de octubre de 1879) fue un marino peruano, almirante de la Marina de Guerra del Perú y destacado patriota de la República del Perú. Se le conoce también como El caballero de los mares.

Antes de participar en la guerra del Pacífico, logró una curul en el parlamento peruano como representante de Paita-Piura. Es considerado héroe máximo de la Marina de Guerra del Perú y de la nación peruana.

El 10 de octubre de 1868, junto a Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, Lizardo Montero, entre otros, fundó el Club de la Unión; un importante club social peruano. Fue también miembro ilustre del tradicional Club Nacional.

Nacimiento[editar]

Miguel María Grau Seminario nació en la ciudad de Piura, en una casona de la calle Mercaderes, hoy Tacna N.º 662. Fue bautizado el 3 de septiembre de 1834, en la parroquia de San Miguel, por el presbítero Santiago Angeldonis, siendo sus padrinos Manuel Ansoátegui y Rafaela Angeldonis. Su partida fue asentada con el número 953, en el libro respectivo. Consta en dicho documento que al momento de su bautizo era de «un mes y siete días de nacido», por lo que se ha determinado que su nacimiento fue el 27 de julio de 1834.[1] [2] [n 1]

Sin embargo, en la ciudad portuaria de Paita está muy arraigada la creencia de que el nacimiento de Miguel Grau se produjo en dicho puerto, aunque solo se ha dado como sustento una serie de indicios dispersos y especulativos, mas nunca un documento probatorio. También se ha postulado a Sullana como otro presunto lugar de su nacimiento. Los defensores de Paita como la cuna del héroe, dicen, por ejemplo, que la partida de bautismo solo corrobora el lugar donde fue bautizado, más no el de su nacimiento; que Grau fue electo diputado por la provincia de Paita, y no por la de Piura; y que, cuando Grau, en su foja de servicios o en su partida de matrimonio, anota haber nacido en Piura, suponen que solo está aludiendo al departamento, más no a la ciudad; entre otras especulaciones de ese talante.[3] En respuesta, el historiador Miguel Seminario Ojeda señala que, de haber nacido en Paita o en Sullana, en su partida de bautismo debió figurar la claúsula ex licencia parroquia (es decir bautizado con licencia de su parroquia, sea la de Paita o la de Sullana, según el caso).[4] Además, este mismo historiador, investigando en los archivos, ubicó el censo realizado en Piura en 1840, donde aparece registrada la familia Grau (el padre y sus cuatro hijos), donde Miguel figura con el número 228, y como nacido en la ciudad de Piura.[5] En cuanto a la diputación por la provincia de Paita (que Grau ganó en 1876), se debe señalar que, de acuerdo a la Constitución vigente entonces (la de 1860, artículo 47), no era requisito obligatorio que el candidato hubiera nacido en la provincia a la que postulaba, sino que bastaba con ser del departamento en general (en este caso, el de Piura, erigido en 1861).[6] Se entiende, ciertamente, el afecto que Grau tenía por Paita, ya que fue en ese puerto donde forjó su vocación de marino, lo que marcaría toda su existencia.[7]

Fueron sus padres el teniente coronel grancolombiano (más tarde nacionalizado peruano) Juan Manuel Grau Berrío, natural de Cartagena de Indias, que llegó al Perú formando parte del ejército del Libertador Bolívar, y de María Luisa Seminario y del Castillo, piurana de nacimiento, hija del alcalde provincial ordinario de Piura. Fue el tercero de cuatro hermanos; los mayores se llamaron Enrique Federico y María Dolores Ruperta; y la menor, Ana Joaquina Jerónima del Rosario.[8] La unión de sus padres era extramarital, pues María Luisa estaba casada con el capitán colombiano Pío Díaz (que por entonces se hallaba en su país de origen), con el que tuvo tres hijos legítimos: Roberto, Emilio y Balbina.[2] Hay que señalar que, en la partida de bautismo del héroe no figura el nombre de María Luisa Seminario como el de su madre, sino el de Josefa Castillo, lo que ha motivado algunas especulaciones sobre su verdadera filiación; al respecto, se ha sugerido que Luisa Seminario ocultó su nombre pues deseaba mantener encubierta su relación con Juan Manuel Grau. Siguiendo la costumbre de la época, Miguel Grau nunca usó ni mencionó su segundo apellido (Seminario), y solo aparece en su partida de matrimonio, cuando menciona a Luisa Seminario como su madre (1867).[9] [n 2]

Por entonces, el Perú vivía una época de inestabilidad e intrigas políticas que ocasionaban sublevaciones e intentos de golpe de estado. El país acababa de salir de la primera guerra civil de su historia republicana (enero-abril de 1834). En los años siguientes se desató la guerra por el establecimiento de la Confederación Perú-Boliviana, y tras un breve periodo de calma, surgieron las guerras entre restauradores y confederados, que culminaron con el triunfo de los primeros en la batalla de Yungay (1839). Se produjo entonces la Restauración en el Perú, asumiendo el poder el mariscal Agustín Gamarra. Éste, obsesionado por anexar Bolivia al Perú, invadió dicha república, pero fue derrotado y muerto en la batalla de Ingavi (1841). Sucedió entonces la contraofensiva de los bolivianos, que invadieron el sur peruano.[10]

Fue entonces cuando el teniente coronel Juan Manuel Grau Berrío (padre de Miguel Grau), entonces retirado del servicio y dedicado al comercio, juzgó que debía retornar al ejército peruano para defender a su segunda patria. Escribió a Lima a su viejo jefe y amigo, el general Antonio Gutiérrez de la Fuente, ex vicepresidente de la República que ejercía el mando del Ejército del Norte, pidiéndole una colocación en filas. La respuesta fue favorable. El general Gutiérrez de la Fuente, en carta del 6 de enero de 1842, expresó al teniente coronel Grau que aceptaba sus servicios con entusiasmo y lo llamó a la capital.[11]

En julio de 1842, el padre de Grau se incorporó a la Secretaría del general Gutiérrez de la Fuente, quien lo destinó a Ayacucho.[12] En junio se celebró la paz con Bolivia, pero una vez más, en el Perú se desató la guerra civil y la anarquía. El sucesor de Gamarra, Manuel Menéndez (presidente del Consejo de Estado), fue derrocado por el general Juan Crisóstomo Torrico. Éste a su vez fue derrotado por el general Francisco de Vidal (segundo vicepresidente del Consejo de Estado), en la batalla de Agua Santa, el 17 de octubre. En el mar, la barca Limeña y la corbeta Yungay se batieron a la vista de Paita.[13]

En noviembre de 1842, el general Vidal, ya como presidente del Perú, nombró a Juan Manuel Grau, vista de aduana en Paita, puerto estrechamente ligado con la ciudad de Piura.[13] Fue pues, en 1842, cuando Miguel Grau empezó a vivir en Paita, junto con su padre y sus tres hermanos, pero sin su madre, que permaneció en Piura.[14] Su casa estaba ubicada en la parte baja de la ciudad, que en ese entonces contaba con poco más de 5000 habitantes, pero ya había visto nacer a grandes héroes peruanos como los hermanos Manuel y Raymundo Cárcamo, que pelearon en el combate del 2 de Mayo. Según cuenta la leyenda, dicha casa fue destruida totalmente por las fuerzas chilenas de Patricio Lynch cuando entraron al puerto y en el saqueo lo quemaron en su totalidad.[cita requerida]

Carrera militar[editar]

Primeros contactos con el mar[editar]

Retrato de Miguel Grau.

En Paita la actividad marítima civil era grande. Todos los navíos que hacen el tráfico entre Panamá y el Callao tocaban en su rada. Funcionaba en el puerto la escuela náutica fundada por el presidente Agustín Gamarra en 1833, destinada a formar a pilotos civiles. Al pequeño Miguel, que sólo tenía ocho años, le fascinó la inmensidad del océano. Su vocación naval comenzó a despertar a partir de ese momento.[15]

No debió ser sencilla la vida de Juan Manuel Grau y sus cuatro hijos, sobre todo por la ausencia de la madre.[7] Miguel Grau siguió en Paita los primeros cursos de su formación escolar. El muchacho, listo y resuelto, había sido educado con dureza por el padre para conseguir con ello templar su carácter y acerar su voluntad.[16]

Atraído por la vida marítima, Miguel, que solo tenía nueve años, obtuvo en marzo de 1843 el permiso paterno para embarcarse en el Tescua, un bergantín de la marina civil dedicado al cabotaje entre Paita y otros puertos del litoral peruano y de los países del norte hasta Panamá. El capitán del buque era Manuel Francisco Herrera, compatriota y gran amigo de Juan Manuel Grau. Fue el punto de partida de la carrera naútica de Miguel, pero se truncó inesperadamente. El buque naufragó frente a la isla Gorgona y el aspirante a grumete se salvó milagrosamente, debiendo retornar a la vida hogareña y escolar en Paita.[16] [17]

En 1844, Grau consiguió nuevamente la autorización de su padre para embarcarse. Esta vez quedó definitivamente enrumbada su carrera marina, navegando en diferentes buques, a veces con transitorios retornos a la patria.[18] En esos viajes recorrió todos los mares y los puertos más importantes del mundo, viajando por el Extremo Oriente, Europa y Norteamérica, así como las costas de Sudamérica en varias oportunidades.[19] El mismo Grau ha dejado una relación concisa de estos viajes, que se sucedieron entre marzo de 1843 y agosto de 1853.[20] [21]

Guardiamarina[editar]

Durante esos viajes que realizó en la marina mercante, Grau se adiestró en la ciencia y el arte de la navegación[22] y se inició en el conocimiento del idioma inglés.[23] Embarcado en Paita como aspirante a grumete en 1843, regresó al Perú en 1853, convertido en piloto de primera. Tenía 19 años; había recorrido durante 10 años, en 12 distintos buques, por varios y distantes rumbos, aunque con breves intervalos de estadía en tierra.[24]

Se instaló en Lima, con miras a ingresar a la Marina de Guerra del Perú. Su hermano Enrique Grau Seminario, que también había servido en la marina mercante, tenía la misma vocación. El padre pidió la incorporación de sus dos hijos a la Marina, mediante solicitud firmada en Lima, el 18 de agosto de 1853, dado que aquellos eran todavía menores de edad.[25] Mientras tanto, Miguel se inscribió como estudiante libre en el colegio del poeta Fernando Velarde, donde estuvo hasta que se verificó su ingreso a la Marina,[26] que se produjo el 14 de marzo de 1854, en calidad de guardiamarina. Gobernaba entonces en el Perú el general José Rufino Echenique.[27]

Por esa época, el padre de Miguel consiguió que, en atención a sus méritos militares y leales servicios prestados al Perú, las Cámaras Legislativas le asignasen a su favor una pensión de gracia, de por vida, de cuarenta pesos mensuales (1853).[22] [28]

Por entonces, la Marina de Guerra del Perú se había incrementado y profesionalizado, bajo el incentivo del presidente Ramón Castilla (primer gobierno, 1845-1851), militar muy preocupado porque su país tuviera la hegemonía marina en Sudamérica. La armada peruana contaba con su primer buque a vapor, el Rímac, construido en Nueva York, de 1300 toneladas y armado con cuatro cañones; la fragata Mercedes, los bergantines Guise y Gamarra y las goletas Peruana y Héctor. Castilla adquirió también la fragata Amazonas, de 1300 toneladas y 33 cañones, que llegó en el gobierno de su sucesor, José Rufino Echenique (1851-1856). Este continuó la política de fortalecimiento del poderío naval con la adquisición en Inglaterra de la fragata mixta Apurímac y las goletas Loa y Tumbes.[29]

Casa de Grau en Lima.

El guardiamarina Grau sirvió sucesivamente en el vapor Rímac (6 meses y 18 días, de abril a septiembre de 1854); el pailebot Vigilante (10 meses y 21 días, de octubre de 1854 a noviembre de 1855); y el vapor de ruedas Ucayali (4 meses y 12 días, de diciembre de 1855 a febrero de 1856).[30] [31]

El Guardiamarina Miguel Grau desempeña eficientemente sus obligaciones. Destaca entre sus compañeros como excelente práctico y verdadero conocedor de todo lo relacionado con la navegación. Posee además los mejores atributos del marino experto. Es un hombre franco, sincero, de reposado temperamento, con la tranquilidad de la propia suficiencia, competente y hábil, valeroso, decidido y enérgico. Se distingue asimismo por su carácter reflexivo, moral austera y acendrados principios religiosos.

Geraldo Arosemena Garland[30]

Estando de servicio en el Vigilante, Grau tuvo su primera experiencia especialmente dura:

El 10 de junio de 1855, cuando el pailebot navegaba rumbo a Paita, entre Máncora y Punta Sal, con mar gruesa y el horizonte nublado, el aspirante de marina Manuel Bonilla, que se hallaba en el castillo de proa de la nave, cayó al agua. Grau, que en esos momentos se desempeñaba como oficial de guardia, dispuso que el buque se detuviera de inmediato y se echaran al agua algunos cabos y un bote, en el que se lanzó con seis tripulantes, con la decisión, que resultó infructuosa, de salvar al náufrago. En el parte que Grau pasó ese mismo día al Comandante del buque, el capitán de Fragata don Emilio Díaz, dando cuenta de tan lamentable suceso, expresa que «todos sus esfuerzos resultaron inútiles, pues el mencionado pilotín no sabía nadar». Y agrega: «Sin embargo de esto me mantuve en su busca tres horas, por si conseguía siquiera su cadáver». Concluye el parte con las siguientes palabras, que traducen su pesar por esa desgracia: «después regresé a bordo sin ninguna esperanza».

Geraldo Arosemena Garland[32] [33]

Por aquella época, Ramón Castilla volvió al poder, luego de derrotar en la batalla de La Palma, el 5 de enero de 1855, al general José Rufino Echenique.

Alférez de fragata[editar]

El 4 de marzo de 1856 Grau recibió su primer ascenso, como alférez de fragata, y se integró de modo formal al cuerpo de oficiales de la Marina de Guerra. Fue destinado al Apurímac, el mejor buque de la escuadra, que estaba bajo el comando del capitán de navío José María Salcedo (natural de Chile), y cuyo segundo comandante era el teniente Emilio Díaz Seminario (hermano materno de Grau).[34]

Se hallaba Grau en el sur, a bordo del Apurímac, cuando estalló en Arequipa, el 10 de noviembre de 1856, la revolución a favor del general Manuel Ignacio de Vivanco, ex mandatario y enconado rival del presidente Castilla. La insurrección era de tendencia conservadora, opuesta a la Constitución liberal (promulgada el mes anterior) y a toda reforma liberal, en especial a las de carácter anticlerical.[35]

El movimiento de Vivanco se extendió por Moquegua. Pronto, la Marina de Guerra se sumó a los rebeldes. El levantamiento a bordo del Apurímac ocurrió en la rada de Arica el 16 de noviembre de 1856, siendo atizada por el teniente segundo Lizardo Montero Flores, marino muy inclinado a la política. Es probable que Grau se sumara a la rebelión bajo influjo de Montero, que era su amigo y paisano. Al Apurímac se unieron poco después el Tumbes, el Loa, el Guise y el Izcuchaca.[36]

En oficio fechado en Arica, el 20 de noviembre de 1856, el comandante del Apurímac, José María Salcedo, dio parte a la Comandancia General de Marina , relatando los pormenores de la rebelión y mencionando al alférez de fragata Miguel Grau como uno de los que la secundaron.[37] Las primeras acciones de los rebeldes fueron liberar a los presos políticos que se hallaban en los pontones Caupolicán y Highlander, y proclamar al general Vivanco supremo regenerador de la República.[38]

La revolución adquirió los caracteres de una guerra civil, una de las más largas y cruentas de la historia republicana peruana. La escuadra vivanquista llegó frente al Callao en enero de 1857. La Apurímac se quedó allí, en una especie de bloqueo al puerto, mientras que el resto de la escuadra siguió hacia el norte, para alentar a la ciudadanía a levantarse. Los vivanquistas tomaron Trujillo y luego Chiclayo, pero, perseguidos por Castilla, continuaron más al norte, para embarcarse en Paita y caer en el Callao el 22 de abril, donde libraron enconada lucha en las calles del puerto. Derrotado Vivanco, se retiró al sur y se atrincheró en Arequipa, ciudad que resistió un largo asedio, para finalmente ser tomada sangrientamente, entre el 5 y 6 de marzo de 1858. Así finalizó la guerra civil, con el triunfo de las fuerzas gobiernistas.[38] [39]

Uno tras otro, los buques rebeldes se fueron rindiendo. La última en rendirse fue la fragata Apurímac, que fondeó en el Callao el 25 de marzo de 1858 y se puso a disposición del Gobierno.[38] Los marinos amotinados fueron separados del servicio activo y borrados del escalafón oficial.[40]

Separación del servicio. Otra vez en la marina mercante[editar]

Retrato de Grau.

Separado de la marina de guerra, Miguel Grau regresó a la marina mercante. De abril de 1859 a marzo de 1862 sirvió en el bergantín goleta María Cristina, de propiedad de José Antonio García y García, con el que navegó entre los puertos peruanos, hasta Guayaquil, por el norte. En marzo de 1862, pasó al mando del bergantín Apurímac, con el que hace viajes desde el Callao, hasta Lambayeque, Paita y Guayaquil, siendo el último realizado en esa ruta en septiembre de 1862, antes de enrumbar a la Polinesia.[41]

El viaje a la Polinesia tenía como fin traer bajo contrato mano de obra barata al Perú, la que escaseaba tras la abolición de la esclavitud dada por Castilla en 1854. Miguel Grau no participó de este negocio, sino solamente era el capitán del buque contratado para tal labor. Partió del Callao a fines de septiembre de 1862, haciendo una travesía normal, hasta que, al llegar a la isla Humphrey, sufrió un fuerte temporal que hizo encallar a la nave (12 de noviembre de 1862). Grau y su tripulación se salvaron con grandes esfuerzos, refugiándose en la isla, siendo acogidos hospitalariamente por sus habitantes. Pocos días después fueron recogidos por el bergantín Trujillo, a bordo del cual retornaron al Perú. Es de remarcar que Grau no logró traer a ningún canaca o polinesio, debido al siniestro de su nave. Si lo hicieron otros buques, cuyos capitanes no dudaron en usar el engaño y el secuestro para cubrir sus cuotas.[42] A los isleños, hombres y mujeres, se les hacía firmar documentos de trabajo para luego embarcarlos y traerlos al Perú donde dicho contrato no era respetado y en la práctica se convertían en esclavos.[43] Para contextualizar este episodio, es de saber que este proyecto de inmigración polinesia auspiciado por el gobierno peruano, duró solo siete meses; en todo ese tiempo participaron 33 buques, entre ellos 27 peruanos, 4 chilenos, un español y uno de Tasmania. Realizaron 38 viajes y trasladaron a 3634 personas. El proyecto concluyó el 28 de abril de 1863, por decisión del mismo gobierno peruano, que suspendió las licencias otorgadas y aprobó la repatriación de los sobrevivientes a su lugar de origen.[42]

Mientras Grau navegaba en buques mercantes, el Perú y Ecuador enfrentaban un conflicto (1858-1860), que culminó cuando el presidente Castilla ocupó Guayaquil y celebró con el gobierno local el Tratado de Mapasingue. En el plano interior, Castilla convocó un Congreso Constituyente que dictó, en noviembre de 1860, la moderada Constitución de 1860, que suprimió algunas de las reformas liberales de la anterior Carta de 1856. Esta Constitución rigió en el Perú, salvo breves interrupciones, hasta 1920.[44]

Reincorporación a la Marina de Guerra[editar]

El 11 de abril de 1861 el Congreso de la República expidió la «ley de reparación de los separados o indefinidos del servicio militar», que ordenaba reinscribir en el escalafón a los borrados tras el triunfo de la revolución de 1854-1855. Por otra ley dada el 25 de mayo de 1861, quedaron comprendidos en los efectos de esa ley los «Generales, Jefes y Oficiales, que hallándose o no en servicio, tomaron parte de la revolución que terminó el año 1858». Entre los beneficiados por esta última ley estaba Miguel Grau, que por recurso fechado el 6 de diciembre de 1861, pidió que se declaren los goces que le correspondían como indefinido.[45] El 24 de abril de 1862 se resolvió favorablemente su solicitud, ordenándose inscribir al «alférez de fragata Miguel Grau» en el «Escalafón General de la Armada» con «7 años y 27 días de servicios» y, a la vez, se le expidió «cédula de licencia indefinida».[46] [47]

De esa manera, Grau solucionó su situación en la Marina de Guerra, quedando en calidad de oficial con licencia indefinida. Mientras tanto, a la espera de su readmisión en el servicio activo, continuó en la marina mercante. Por entonces, concluyó el segundo gobierno de Castilla, que el 24 de octubre de 1862 dio pase al gobierno del mariscal Miguel de San Román. En noviembre de ese año, Grau se hallaba en el ya mencionado viaje a la Polinesia. Tras el naufragio de su nave, retornó al Perú, arribando al Callao a principios de 1863.[48] Presentó al capitán de puerto un detallado informe de su frustrado viaje, según consta en el diario El Comercio de Lima, con fecha del 7 de enero de 1863.[49]

Poco después, ocurrieron cambios en el gobierno. El presidente San Román falleció el 4 de abril de 1863, siendo reemplazado interinamente por el segundo vicepresidente, general Pedro Díez-Canseco, hasta el 5 de agosto de ese año, cuando regresó de Europa el primer vicepresidente, general Juan Antonio Pezet. Al mes siguiente, Grau retornó al servicio activo en la Marina de Guerra y fue ascendido a teniente segundo (13 de septiembre de 1863), siendo destinado a la dotación del vapor Lerzundi. Poco tiempo después fue ascendido a teniente primero graduado (4 de diciembre de 1863).[50]

En comisión a Europa[editar]

Fotografía de Miguel Grau.

Grau permaneció a bordo del Lerzundi cuatro meses y dos días, tiempo en el que estrechó una amistad perdurable con el comandante del buque, el capitán de corbeta Aurelio García y García. Ambos jefes debieron suspender repentinamente sus servicios a bordo y viajar a Europa, comisionados por el gobierno para negociar la adquisición de modernas unidades navales. Ello, debido a que urgía reforzar la escuadra nacional, ante la alarma desatada por la presencia de la escuadra española del Pacífico, que camuflada bajo el nombre de Expedición Científica, surcaba amenazante las costas peruanas desde julio del año anterior. El incidente de Talambo, ocurrido en agosto, en el que murió un trabajador español, fue la excusa para que los españoles, amparados por los cañones de su escuadra, insistieran en entablar negociaciones con el gobierno peruano para recibir satisfacciones por supuestos agravios.[51]

Grau y García partieron del Callao el 12 de enero de 1864.[52] Días antes, el 8 de enero, se concedió a Grau la efectividad del grado de teniente primero.[53] En febrero, ambos marinos se hallaban ya en Londres, punto central de las negociaciones que debían llevar a cabo. De inmediato, tomaron contacto con autoridades y empresas constructoras navales. Las negociaciones tuvieron resultados positivos.[52] El 30 de marzo de 1864, se firmó en Londres, con la casa J. A. Samuda & Brothers, la construcción de la fragata Independencia, cuyo costo se estipuló en 108 000 libras esterlinas. Los firmantes por Perú fueron el cónsul, Enrique Kendall, y el capitán de fragata Aurelio García y García.[54]

El 12 de agosto de 1864, admitió el Perú la propuesta de la casa Laird de Birkenhead, frente a Liverpool, para construir un buque sólido con aparejo de bergantín. Ese otro blindado era el monitor Huáscar, cuya construcción fue vigilada por el capitán de navío José María Salcedo y el capitán de corbeta Aurelio García y García.[55] [56]

Mientras tanto, en el Perú se agrava el conflicto con España. El gobierno peruano se negó a recibir a Eusebio Salazar y Mazarredo como comisario extraordinario enviado por la corte española, pues el Perú ya no era colonia de España. En respuesta, el 14 de abril de 1864, la Escuadra Española del Pacífico ocupó las islas Chincha (productoras del guano peruano), desatando un grave incidente internacional. El presidente Pezet apeló a la diplomacia para solucionar el conflicto, lo que no era sino una forma de ganar tiempo para armar adecuadamente al Perú. Por lo que se hacía necesario agilizar las adquisiciones bélicas en Europa.[57]

En efecto, el gobierno peruano nombró ministro especial y extraordinario a Federico L. Barreda (ante París y Londres), quien actuando con gran celeridad y eficiencia, logró cerrar el contrato de compra sobre dos corbetas francesas que habían sido construidas por encargo del gobierno de los Estados Unidos durante la guerra de Secesión,[58] pero, al no ser canceladas, fueron embargadas y puestas en remate. Se trataba de las corbetas Shangay (surta en Saint Nazaire) y San Francisco (surta en Nantes). Una vez formalizada la compra se les rebautizó, llamándolas Unión y América, respectivamente. Las corbetas pasaron a poder del Perú entre noviembre y diciembre de 1864 e inmediatamente se aprestaron para partir hacia su nuevo destino. Al respecto, en la correspondencia de Barreda se menciona a Miguel Grau y a Aurelio García y García como los oficiales encargados de inspeccionar las naves, y cuyos informes decidieron la compra de las mismas.[59]

Grau, nombrado comandante de la Unión, se dirigió inmediatamente a Saint-Nazaire y se hizo cargo del buque el 15 de diciembre de 1864. Por su parte, el capitán de corbeta Juan Pardo de Zela Urizar se hizo cargo del mando de la América.[60]

Arresto en Inglaterra[editar]

La corbeta Unión, bajo el mando de Grau, salió de Saint-Nazaire enarbolando pabellón peruano el 18 de diciembre de 1864, y fondeó en el Támesis el 22 de ese mes. Continuando su viaje, tocó Greenhithe y el 17 de enero de 1865 estaba ya en Plymouth. Es aquí donde Grau sufrió arresto por orden de las autoridades británicas, bajo sospecha de haber violado la ley que regulaba el enrolamiento de personal para el servicio de las naves. El que expidió la orden de arresto fue el juzgado de Dartford, en el condado de Kent, hacia donde fue trasladado el detenido. El segundo comandante de la Unión, teniente Felipe Pardo, dirigió una nota al ministro Barreda dando cuenta del incidente, ocurrido cuando Grau se retiraba de la casa del almirante jefe del apostadero de Plymouth, a quien acababa de saludar.[61] [62] [63]

Informado del suceso, Barreda, que se encontraba en París, se trasladó a Londres encargando la defensa de Grau al abogado británico Tilfourd Slater, a quien pidió que se presentara ante el juzgado de Dartford para exigir que Grau fuera puesto en libertad sin condiciones. Por su parte, Barreda dirigió al canciller británico John Russell, una nota de protesta por la arbitraria prisión de Grau, reclamando su inmediata libertad.[64] [65]

El 20 de enero, el abogado Slater llegó a Dartford, donde encontró a Grau preso, enterándose que todo se había originado cuando dos operarios, contratados para trabajar como carboneros a bordo de la Unión, se habían quejado de malos tratos. Durante la audiencia, se puso al descubierto que Grau había despedido a esos dos operarios por insubordinados. Ventilado el juicio y sentada la protesta del Gobierno del Perú por el atropello cometido, el juez expresó que «encontraba el testimonio insuficiente para la formación de causa» y declaró «que no había lugar para la detención», por lo que ordenó la inmediata libertad de Grau. La prisión del comandante peruano solo había durado 48 horas.[66]

Ahora se sabe que tras este incidente estuvo el manejo oculto de la diplomacia española, que trataba a toda costa impedir la llegada a su destino de los buques de guerra adquiridos por el Perú, en momentos en que se agravaba el conflicto peruano-español en aguas peruanas. Lo atestigua una comunicación de la legación de España en Londres dirigida al primer secretario de Estado español, fechada el 19 de enero de 1865 con carácter de reservado. Allí dice claramente el diplomático español a su superior, que el arresto del comandante peruano en Plymouth fue el «resultado de las gestiones indirectas y reservadas que tenía entabladas con autorización de V. E.»[67]

Grau, en carta fechada el 23 de enero de 1865 y dirigida a Barreda, explicó todas las incidencias acaecidas en torno a su detención.[68] Solucionado el incidente, Grau continuó el viaje al Perú.[69]

La revolución restauradora[editar]

Mientras que en Europa los representantes del gobierno peruano gestionaban y agilizaban las compras de buques y armamentos, en Lima se negociaba diplomáticamente el impasse surgido por la ocupación española de las islas de Chincha. Al fin, el 27 de enero de 1865, el general Manuel Ignacio de Vivanco, como representante del presidente Pezet, concluyó con el almirante español José Manuel Pareja el llamado Tratado Vivanco-Pareja, por el cual, el Perú, si bien recuperaba las islas Chincha, se comprometía a pagar tres millones de pesos como indemnización por los gastos de la escuadra española. El acuerdo fue rechazado por un mayoritario sector de la ciudadanía peruana que lo consideraba humillante y contrario a los intereses del país. Tampoco fue aprobado por el Congreso. El 28 de febrero de 1865 estalló revolución restauradora encabezada por el coronel Mariano Ignacio Prado, en Arequipa. Otro de los jefes revolucionarios era el general Pedro Díez-Canseco, en su calidad de segundo vicepresidente del Perú. Pronto fueron apoyados desde el norte por el coronel José Balta. Parte de la armada, al mando del capitán de fragata Lizardo Montero se unió también a la revolución.[70]

Mientras tanto, Grau, al mando de la Unión dejaba el Reino Unido, el 5 de febrero de 1865. Le acompañaba la América, comandada por el capitán de corbeta Juan Pardo de Zela Urizar.[71] De los 147 hombres que conformaban la tripulación de la Unión, solo cuatro eran peruanos: el comandante Grau; el teniente Felipe Pardo y Lavalle (hermano de Manuel Pardo y Lavalle), que era el segundo comandante; y los guardiamarinas Ricardo Vera y José Correa. El resto eran británicos.[72]

El 15 de febrero, las corbetas peruanas tocaron Funchal[72] (isla de Madeira) y el 20 de febrero Cabo Verde. El 6 de marzo arribaron a Río de Janeiro, donde Grau se dedicó a reparar la máquina de la Unión que había sufrido desperfectos en la travesía. El 26 de marzo partieron en convoy la Unión y la América pero, al siguiente día, tras navegar más de 100 millas, fueron sorprendidos por un furioso temporal. La Unión sufrió graves daños en su arboladura, por lo que tuvo que ser remolcada por la América, de regreso a Río de Janeiro. Allí, debido a las dificultades ocasionadas por las lluvias, las reparaciones de la Unión se prolongaron por dos meses, por lo que la América optó por continuar sola el viaje.[71]

Por fin, el 6 de junio, Grau y la Unión se hicieron a la mar; un mes después, el 6 de julio, fondeaba en Valparaíso. Dos meses atrás, el 31 de marzo, el presidente Pezet había ascendido a Grau al grado de capitán de corbeta. Enterado de la guerra civil que se había desatado en el Perú, Grau anunció su propósito de sumarse a las fuerzas revolucionarias de Prado.[73] Su anciano padre, Juan Manuel Grau, viajó a Chile con el exclusivo propósito de entregarle un mensaje personal del presidente Pezet, en el que le pedía que se mantuviera leal al régimen constitucional. Pero Grau, fiel a sus convicciones políticas, rehusó amablemente el pedido, y al mando de la Unión se unió a la escuadra rebelde, que estaba comandada por su amigo y paisano Lizardo Montero.[74] [72] Juan Manuel Grau, que se encontraba enfermo, falleció pocos meses después, estando todavía en Valparaíso, el 30 de noviembre de 1865.[74]

Grau, como comandante de la Unión, apoyó desde el mar a las fuerzas revolucionarias que combatían en tierra. Patrulló las costas, trasladó tropas, vigiló puertos, transmitió informes, entre otras diversas comisiones. En plena revolución, el 22 de julio de 1865, fue ascendido a la clase de capitán de fragata por el segundo vicepresidente de la República, el general Pedro Díez-Canseco, que se encontraba en ese entonces en la sierra central, junto con el coronel Mariano Ignacio Prado, después de dominar todo el sur.[73] [75] En el parte escrito por el mismo Miguel Grau y elevado a la Comandancia General de Marina el 5 de octubre de 1865, estando al ancla en el puerto chinchano de Tambo de Mora, se consigna una declaración de dicho ascenso.[76]

El gobierno de Lima, por su parte, dio de baja a Grau, junto con otros jefes y oficiales que se habían sumado a la revolución (16 de agosto).[77]

El desarrollo de la guerra civil se inclinó a favor de los revolucionarios. El coronel Balta ganó el norte del país, de donde partieron gran cantidad de tropas para unirse con los revolucionarios del sur en Chincha y emprender en conjunto el avance sobre la capital. Los ejércitos revolucionarios entraron en Lima el 6 de noviembre y obligaron a capitular a las fuerzas de Pezet. Tras un corto gobierno en Lima del general Pedro Díez-Canseco, se instaló la dictadura presidida por coronel Mariano Ignacio Prado, el jefe de la revolución triunfante (26 de noviembre). El país se encaminó firme y seguro hacia la guerra con España. El 5 de diciembre el Perú firmó con Chile (en guerra con España desde el 6 de octubre), un tratado de alianza ofensiva y defensiva, al que después se adhirieron Bolivia y Ecuador. El 14 de enero de 1866 el Perú declaró la guerra a España.[78]

Guerra hispano-sudamericana[editar]

En víspera de la declaratoria de guerra a España, el gobierno del Perú apresuró la formación de una división naval, bajo el mando del capitán de navío Manuel Villar Olivera e integrada por las fragatas Amazonas y Apurímac y las corbetas Unión y América, recién llegadas de Europa. Grau seguía como comandante de la Unión, mientras que el capitán de fragata Manuel Ferreyros lo era del América.[79]

El combate naval de Abtao.

A fines de diciembre de 1865 la flota peruana salió hacia el sur para unirse a la escuadra chilena, compuesta por la Esmeralda y la Covadonga, esta última capturada recientemente a los españoles. La misión de la escuadra peruana era dirigirse al Estrecho de Magallanes, donde debía montar guardia en espera de la llegada de los recién construidos blindados peruanos Independencia y Huáscar,[79] que venían de Europa, al mando de los comandantes Aurelio García y García y José María Salcedo, respectivamente.[80]

El 15 de enero de 1865, en el apostadero de Chayahué, al abrigo de la isla de Abtao en Chiloé, se unieron las flotas peruana y chilena. La división naval del Perú sufrió una sensible pérdida cuando la fragata Amazonas varó en un bajío arenoso de Abtao.[79]

El 7 de febrero, los dos barcos más poderosos de la escuadra española, la Villa de Madrid y Blanca, avanzaron resueltamente hacia Abtao, formando línea de combate, seguros de derrotar a la flota aliada, de menor poderío. La fragata Apurímac, comandada por Manuel Villar, abrió fuego, retando así a la temible potencia de los cañones españoles. Los barcos peruanos, gracias a su menor calado pudieron maniobrar con mayor soltura entre los peligrosos canales de Abtao y mantuvieron a raya a los buques españoles, tan es así que estos se vieron obligados a retirarse con algunas averías, tras dos horas de combate. Claudio Alvargonzález, comandante de la Villa de Madrid, en el parte del combate reconoció la capacidad de los marinos peruanos, diciendo textualmente: «Los tiros más certeros, de más alcance y de más efecto fueron los de las dos corbetas peruanas América y Unión».[81] Por su parte, Juan Williams Rebolledo, el jefe de la escuadra chilena (y a la vez de toda la flota aliada), felicitó a Manuel Villar por el triunfo de Abtao.[82]

Monumento a Miguel Grau en Genova, Italia.

Después del combate de Abtao, la flota aliada pasó a Huito, que tenía mejores defensas. Las corbetas Unión y América salieron con rumbo al Estrecho de Magallanes, en búsqueda de los blindados peruanos que venían de Europa. Pero al no encontrarlos, enrumbaron a Valparaíso, que días antes había sido bombardeada por la flota española. La Unión regresó a Huito, donde permaneció dos meses, hasta que el 15 de mayo partió nuevamente a Valparaíso. Luego se reunió con el resto de la flota aliada en Ancud, a la espera de la llegada de la Independencia y el Huáscar.[80]

Mientras tanto, la guerra continuaba. La flota española se dirigió a las costas del Perú, dispuesta a escarmentar al Callao, como lo hiciera con Valparaíso. Pero el puerto peruano se hallaba preparado para responder el ataque. El 2 de mayo de 1866 se libró el combate del Callao. Después de más de cuatro horas de intenso bombardeo, la escuadra española se retiró definitivamente, sin haber cumplido sus objetivos. En dicho combate murió el ministro de Guerra y Marina del Perú, José Gálvez.[83]

Finalmente, la Independencia y el Huáscar arribaron el 7 de junio de 1866 a Ancud. Reunida pues, toda la flota peruana, el 11 de junio salieron todos con rumbo a Valparaíso, puerto en el que permanecieron anclados cerca de dos meses, a órdenes del capitán de navío Lizardo Montero.[84]

Arresto en la isla de San Lorenzo[editar]

Los "Cuatro Ases de la Marina": Grau, Montero, García y García, Ferreyros.

El gobierno de Mariano Ignacio Prado, entusiasmado por la victoria sobre España, y habiendo sido reforzada la escuadra aliada con dos acorazados, proyectó una expedición naval a Filipinas para liberarla del dominio español. Pero tomó una decisión inesperada: con la idea de dar mayor solidez a la comandancia naval, contrató al contralmirante retirado de la marina estadounidense, John R. Tucker, quien arribó a Valparaíso a principios de julio de 1865 y asumió el mando de la escuadra,[85] [86] , en reemplazo de Montero.[87]

Los jefes y oficiales peruanos, enterados con anticipación de que se le daría el mando de la escuadra a un extranjero, escribieron al gobierno de Lima para protestar por esa decisión, pues dejaba de lado a muchos jefes peruanos capaces y de reconocidos méritos. Solicitaron que el nombramiento de Tucker fuera revocado o, en su defecto, que se aceptara sus renuncias al servicio. Entre esos marinos estaban Lizardo Montero, Miguel Grau, Aurelio García y García y Manuel Ferreyros. En respuesta, el gobierno de Lima envió a Valparaíso al Secretario de Hacienda y Comercio, Manuel Pardo y Lavalle (futuro presidente del Perú), investido de amplias facultades para solucionar el incidente.[88]

Pardo partió a bordo del transporte de guerra Callao, donde también se embarcaron los jefes y oficiales de la Marina designados para reemplazar a los renunciantes, en caso que estos persistieran en su actitud.[88] Como estos, efectivamente, se mantuvieron firmes en renunciar a sus puestos si no se revocaba a Tucker, Pardo les remitió la siguiente orden circular, fechada el 5 de agosto de 1866:[89]

Que los jefes, oficiales y guardiamarinas se presenten en 24 horas a bordo de los buques a donde harán renuncia, por el conducto regular, los que no quisieran continuar en el servicio. Los que no cumpliesen con venir quedarán declarados desertores de la armada al frente del enemigo.

Luego, ordenó a los marinos renunciantes que se embarcaran en el transporte Callao, que les debía trasladar al puerto chalaco. Todos ellos obedecieron y entregaron los buques a los marinos venidos a bordo del mismo transporte. Grau dejó la Unión al capitán de corbeta Camilo N. Carrillo.[89]

Los marinos renunciantes arribaron al Callao el 15 de agosto, siendo trasladados a la isla San Lorenzo, frente al Callao, en condición de arrestados. Eran más de treinta. Fueron sometidos a juicio, acusados de insubordinación, deserción y traición.[90] Cabe señalar que la reclusión en San Lorenzo no fue severa y que a varios de los marinos se les podía ver en las calles del Callao, comprometidos bajo palabra a no salir de los límites del puerto.[91]

El juicio duró seis meses. El 24 de enero de 1867 los jefes y oficiales detenidos fueron llevados de la isla San Lorenzo al puerto del Callao. Al día siguiente, entró en funciones el Consejo de Guerra, presidido por el mariscal Antonio Gutiérrez de la Fuente e integrado por los generales de división, Manuel Martínez de Aparicio, y José Rufino Echenique y por los generales de brigada, Pedro Cisneros, Baltasar Caravedo, Luis La Puerta y Nicolás Freire.[85]

Grau tuvo como defensor a Luciano Benjamín Cisneros (hermano del poeta Luis Benjamín Cisneros), conspicuo representante del foro limeño. La defensa de Cisneros fue muy brillante y se basó en que no hubo insubordinación, por cuanto Grau había acatado las órdenes del gobierno al embarcarse en el transporte Callao; que no hubo rebelión, por cuanto no había desobedecido órdenes sino sólo había planteado su renuncia; y finalmente, que no podía ser desertor, por cuanto el Gobierno era quien lo había separado de su cargo. Además, el hecho de indisciplina quedaba descartado, al haber presentado su petición de renuncia antes de que Tucker se hiciera cargo del mando de la escuadra.[85]

La defensa de Cisneros, toda una joya de la oratoria forense, contenía las siguientes conmovedoras palabras:[92]

Los marinos no han cometido ni la más ligera falta. Si alguna hay, será efecto de un noble patriotismo, pero ¡las exageraciones del patriotismo se disimulan, no se penan... ¡No hay delito señores, no hay delincuentes; solo hay mártires de la convicción y del deber que vienen a reclamar con perfecto derecho, el derecho de ser solemnemente absueltos!

El 9 de febrero de 1867 culminaron las defensas y el Consejo pasó a sesión secreta. El 11 se dictó sentencia y, por unanimidad de votos, fueron declarados inocentes todos los procesados.[93]

En cuanto a la proyectada expedición libertadora a Filipinas, esta no llegó a concretarse, debido sobre todo a la renuencia de Chile a comprometerse en el plan. El contralmirante John Tucker cesó en el mando de la escuadra, recibiendo a cambio una comisión para explorar los ríos de la selva amazónica peruana.[94]

Otra vez en la marina mercante. Matrimonio[editar]

Dolores Cabero Nuñez, esposa de Grau.

Repuesto en sus prerrogativas e incólume su honor de marino, Grau pidió licencia a la Comandancia General de Marina, en oficio de 30 de marzo de 1867, para dedicarse a la marina mercante «en ejercicio de su profesión naval». El 2 de abril la licencia le fue concedida y, cuatro días después, Grau solicitó permiso para contraer matrimonio con la dama limeña Dolores Cabero y Núñez,[95] hija de Pedro Cabero Valdivieso (vocal del Tribunal Mayor de Cuentas) y Luisa Núñez Navarro.[96] Otorgada la autorización, el enlace se realizó en la parroquia del Sagrario en Lima el 12 de abril. Apadrinaron la boda el general Miguel Medina y la señora Luisa Núñez de Cabero. Los testigos eran tres íntimos amigos de Grau, marinos también: Manuel Ferreyros, Aurelio García y García y Lizardo Montero.[97] A todo ese grupo de amigos ya se les conocía como los Cuatro Ases de la Marina, pues era común verlos departiendo juntos.[98]

Entre 1867 y 1868, Grau se dedicó a la marina mercante, comandando buques de la Compañía Inglesa de Vapores, que surcaban el Pacífico sudamericano: primero, el vapor Callao (cuyo mando asumió el 13 de mayo de 1867, es decir, al día siguiente de su matrimonio), y luego, el vapor Quito, terminando su actividad mercante el 22 de febrero de 1868. No era común que un marino no británico asumiera el mando de un buque de una compañía inglesa. Los capitanes ingleses se tenían por los mejores del mundo y su sociedad era muy cerrada; el hecho que aceptaran a Grau es un indicativo de que tenían en muy alta consideración las dotes náuticas del marino peruano.[99] De otro lado, esa labor mercante le permitió a Grau conocer minuciosamente la costa entre Chile y Perú.[87]

Miguel Grau en el monitor Huáscar[editar]

Mientras Grau se hallaba en la marina mercante, se produjeron cambios políticos en el Perú. Mariano Ignacio Prado, cuya dictadura debía ser solo temporal, quiso mantenerse en el poder y se hizo presidente constitucional, proclamando la Constitución de 1867. Ese mismo año estalló una revolución, acaudillada en el sur por el general Pedro Díez-Canseco y en el norte por el coronel José Balta, en defensa de la Constitución de 1860. Tras sangrientos combates, triunfó la causa revolucionaria y Prado se vio obligado a renunciar al poder. El 22 de enero de 1868, el general Pedro Díez-Canseco asumió por tercera vez la Presidencia interina de la República, y fue bajo su mandato que Miguel Grau fue llamado a reincorporarse a la Marina.[100]

El 27 de febrero de 1868, Grau fue nombrado comandante del monitor Huáscar, con el grado de capitán de fragata, cargo en el que se mantuvo durante más de ocho años consecutivos y que sólo dejará en 1876 cuando se incorpore al Congreso como diputado por Paita, para reasumirlo después en 1879, al empezar la Guerra del Pacífico. Fue precisamente estando al mando del Huáscar, cuando Grau recibió el 25 de julio de 1868 su ascenso a capitán de navío graduado, por decisión del mismo presidente Diez Canseco. Tenía tan solo 34 años de edad.[100] Una semana después, José Balta asumió la Presidencia Constitucional de la República, y confirmó a Grau en el mando del Huáscar. Grau y Balta eran amigos de tiempo atrás, desde los días de la revolución restauradora de 1865.[101]

Grau ya gozaba de prestigio internacional, como experto marino y hombre de solvente criterio, a tal punto que fue designado árbitro para pronunciarse sobre las responsabilidades derivadas de una colisión entre dos buques de guerra extranjeros, el británico Glaid Maiden y el estadounidense Kit Carson. El diario El Comercio de Perú dio cobertura a este suceso en sus ediciones de 5 y 12 de noviembre de 1868 y publicó el fallo de Grau, que a la letra dice:[102]

Que los capitanes de ambos buques han tenido omisiones y descuidos en procedimientos y maniobras y no han obrado con el acierto que debían; que aunque los daños que se derivan de la colisión son recíprocos y mayores los de un buque respecto del otro, dichos daños no son sin embargo imputables al uno más que al otro capitán; y que cada uno reporte sus propias averías por haber sido, recíprocamente, causantes de los daños. Y por esta sentencia, en justicia, así lo resuelvo, pronuncio y firmo, en el Callao a 10 de noviembre de 1868. Miguel Grau, Comandante del Huáscar.

El 26 de enero de 1869, Balta promulgó la ley de gratitud nacional a los vencedores del 2 de Mayo y Abtao. Grau, que participó en este último combate como comandante de la Unión, recibió el título de benemérito a la patria en grado heroico. La condecoración era de oro, esmaltada, con la siguiente inscripción en el anverso: «Fue uno de mis defensores»; y, en el reverso: «7 de febrero de 1866» (fecha del combate de Abtao). El 22 de octubre de ese mismo año, Balta expidió una resolución en donde se reconoció a Grau como abono a su tiempo de servicios, el tiempo que estuvo navegando en buques mercantes, adicionando tres años y cinco meses más a su favor.[103]

Durante el gobierno de Balta, a Grau se le encomendó diversas comisiones, entre ellas, el estudio de las condiciones hidrográficas de la caleta Garita de Moche, donde se pensaba habilitar un nuevo puerto, en reemplazo del puerto de Huanchaco.[104] Formó también parte de la comisión encargada de la instalación de faros en quince puntos de la costa y presentó, a la Junta Consultiva de Marina, un proyecto de Reglamento interior de los buques de la escuadra.[105]

Grau se preocupó también por la formación militar de la tripulación del buque a su mando, el monitor Huáscar, haciendo diariamente ejercicios.[106]

En junio de 1870, Grau recibió la comisión de viajar a Chile con su buque. Recorrió los puertos del sur del litoral peruano y la costa boliviana, arribando a Valparaíso. La misión consistía en escoltar al bergantín francés Lucie, que traía cargamento de armas para Perú, adquiridas por el gobierno de Balta. Retornó al Callao el 27 de julio. Estando en Chile, observó el ambiente belicista que existía en esa república y ya de retorno al Perú dió sus personales informes al presidente Balta.[107]

Balta fue un presidente muy preocupado por la Marina de Guerra. Durante su mandato se repararon varios buques de la escuadra, y se retubaron las calderas de los monitores Manco Cápac y Atahualpa, adquiridos por el gobierno de Mariano Ignacio Prado.[108] Estos monitores, recién llegados al Perú en 1870, en remolque desde los Estados Unidos, estaban diseñados para la navegación fluvial, por lo que fueron una mala adquisición y solo se usaron como pontones o baterías flotantes.

Al enterarse que Chile había contratado en Inglaterra la construcción de dos poderosos buques blindados, Balta se reunió con su consejo de ministros el 14 de febrero de 1872 y acordó contratar en Europa la construcción de dos buques blindados, de mayor poder que los chilenos, así como dos cañoneras guardacostas. El comandante Manuel Ferreyros fue comisionado a Inglaterra para negociar la contratación de los blindados peruanos. Sin embargo, esta operación se frustró, al negarse la Casa Dreyfus a proporcionar los fondos necesarios, si antes no se solucionaban las cuentas pendientes que con ella tenía el Estado peruano (que había contraido una serie de empréstitos con dicha Casa a cuenta de la ganancia del guano, por el llamado contrato Dreyfus). No obstante, Balta, consciente del peligro que entrañaba la superioridad naval de Chile, insistió en las negociaciones, hasta poco antes de su trágica muerte. Si bien estas continuaron, ya no tuvieron el impulso que Balta les había dado, siendo finalmente suspendidas por el gobierno de su sucesor Manuel Pardo y Lavalle.[109] De las negociaciones de Balta solo se concretaron la adquisición de las dos cañoneras, que fueron la Chanchamayo (naufragada en 1876 en Punta Aguja) y la Pilcomayo.

La revolución de los Gutiérrez[editar]

En las elecciones generales de 1872, resultó elegido Manuel Pardo y Lavalle, el primer presidente civil de la historia republicana del Perú. Pero antes de que se realizara el cambio de mando, el coronel Tomás Gutiérrez, a la sazón ministro de Guerra y Marina, dio un golpe de Estado, apoyado por sus tres hermanos, los coroneles Silvestre, Marceliano y Marcelino Gutiérrez. El presidente Balta fue apresado y confinado en un cuartel de Lima. El Congreso fue disuelto. Tomás Gutiérrez se autoproclamó Jefe Supremo (22 de julio de 1872).

Para someter a la Escuadra, Tomás Gutiérrez envió una orden al Comandante General de Marina, capitán de navío Diego de la Haza, que decía así: [110]

Señor Comandante General de Marina. Ordene Ud., que la Escuadra secunde el movimiento que se ha hecho en Lima. Se ha botado al Congreso y don José Balta está preso. Su afecto amigo Tomás Gutiérrez. Lima, julio 22 de 1872.

El mensaje fue rechazado por los jefes de la Armada, y lo mismo ocurrió con otro enviado por un insistente Tomás Gutiérrez. Miguel Grau, que había ordenado encender las calderas de su buque, indignado por la trasgresión a la Constitución perpetrada por los Gutiérrez, sugirió que los comandantes de los buques se juntasen a bordo del vapor Marañón, para deliberar sobre la acción a tomar. En dicha reunión se acordó movilizar la Escuadra y zarpar rumbo al cabezo de la isla San Lorenzo, para tomar, con amplia libertad, la decisión definitiva.[111]

El día 23 de julio, los jefes y oficiales de la Escuadra, entre ellos Grau, suscribieron una proclama contra el golpe revolucionario y reafirmaron su decisión de luchar por el restablecimiento del orden y la ley. Firmaron este documento los siguientes marinos: Aurelio García y García, Samuel M. Palacio, Miguel Grau, Camilo N. Carrillo, Carlos Ferreyros, Julio Sagasti, Amaro G. Tizón, Manuel Melitón Carvajal, Manuel A. Villavicencio, Ezequiel Otoya, Simón Cáceres, Carlos Arrieta, Francisco M. Frías, Manuel Carrasco, Rómulo G. Tizón, Ruperto Martínez, M. Espinosa, José C. Valencia, Ramón Freire, Juan José Raygada, Enrique Carreño, Darío Gutiérrez, Eugenio Raygada, Salomé Porras, Ezequiel G. Mendoza, Serapio Tejerina, Pedro R. Salazar, Antonio Jimeno, Andrés Rey, Manuel Dávila, Bernabé Carrasco, Miguel Rodamonte, A. Gerardo Carrillo, Carlos B. Colmenares, Manuel C. de la Haza, Agustín Arrieta, Froylán Miranda, Francisco León, Federico Delgado, José Melitón Rodríguez, Máximo Tafur, Manuel Valderrama, Tomás M. Cárdenas, Manuel Aparicio, Ezequiel Fernandini, Juan Flores, Francisco Martínez, Arístides de la Haza, Miguel Espinoza, Pedro Pérez de León, Zenón Guerrero, Ricardo A. Ortiz, J. Antonio Cañote, Wenceslao Alvarado, Alberto de la Barrera, José Rosas, Luis Felipe Salaverry, Manuel L. Gómez, Cristóbal Lastres, Octavio Cavero, Carlos Heros, Fermín Diez Canseco, J. Manuel Ontaneda, Aurelio Gaviria, José de la Quintana, Eduardo Hidalgo, Eulogio Saldías, Rafael Egúsquiza, Juan Francisco Balta, Rosendo Pardo, Federico Barredo, P. López, Fortunato Salaverry, Federico E. Matos.[112]

Firmada la proclama, se la hizo circular por el Callao y Lima. La Escuadra se retiró del Callao y fondeó el 24 de julio en las islas Chincha. Continuando el viaje al sur, el 26 llegó a Islay. Ese día, el presidente Balta fue asesinado vilmente en el cuartel San Francisco, en donde estaba detenido. Enterado el pueblo de este crimen, su reacción fue tremenda. Los coroneles Gutiérrez cayeron muertos uno tras otro, a manos de la furia popular, a excepción de uno de ellos, que se puso a resguardo.[113]

Mientras en Lima ocurrían esos sucesos, Miguel Grau, desde el Huáscar, fondeado en Islay, dirigía una extensa circular a los prefectos de Arequipa, Cuzco, Puno, Moquegua y Tacna, a los subprefectos de Arica e Islay, a los Presidentes de las Cortes Supremas de Arequipa, Puno y Moquegua y a los alcaldes municipales de Tacna y Tarapacá. La circular daba cuenta de los hechos ocurridos en Lima y la posición de rechazo a la dictadura asumida por la Escuadra.[114]

El 1 de agosto, ya restablecido el orden y la normalidad en el país, el comandante Grau envió al ministro de Guerra y Marina, el informe detallado de los sucesos acaecidos en la Armada Peruana, desde el 22 de julio en que estalló la revolución. En ese informe Grau dio cuenta que el día 29 de julio, a las siete de la tarde, en el puerto de Pisco, se enteró del asesinato del presidente Balta y del restablecimiento del orden en la capital, por lo que zarpó inmediatamente con destino al Callao.[115]

El 5 de agosto, restablecido el orden constitucional y estando ya en funciones el presidente Manuel Pardo, Grau envió al Mayor de Órdenes del Departamento, capitán de navío Ezequiel Otoya, la nómina de todos los jefes, oficiales y tripulantes de los buques de la Escuadra, que se embarcaron en el Huáscar, la noche del 22 de julio, dispuestos a luchar contra los golpistas.[116]

El papel desempeñado por Grau en la debelación de la revolución de los Gutiérrez, fue muy importante, pues influyó para que la rebelión no se propagara en la Marina y en el resto del país. Su figura ya empezaba a ser reconocida incluso en el extranjero; un periodista argentino, Héctor F. Varela, publicó en El Americano de París un artículo donde alababa el comportamiento de la Marina peruana, y en especial, hacía el retrato de Grau, con encomiásticas expresiones:[117] [118]

Noble, franco, leal, inteligente, bondadoso y bravo como todos los hombres de convicciones, el comandante Grau que manda el magnífico acorazado “Huáscar”, es un oficial que hace honor a su patria

Dicho artículo fue reproducido íntegramente en la edición de El Comercio de Lima del 17 de agosto de 1872.

Miembro de la Comisión Consultiva de la Marina[editar]

El presidente de la República, Manuel Pardo, a pocos días de asumir el mando, decidió asesorarse por expertos consejeros en todo lo relacionado con las necesidades del Ejército y la Marina. Con ese fin, el 14 de agosto de 1872 expidió un decreto supremo, por la que creaba las Comisiones Consultivas de Guerra y de Marina. La Comisión de Marina quedó integrada por ocho marinos, uno de ellos fue el capitán de navío Miguel Grau.[119] Esta Comisión se instaló el 26 de agosto y la conformaban los siguientes oficiales: contralmirante Domingo Valle Riestra, capitanes de navío Manuel J. Ferreyros, Aurelio García y García, Miguel Grau, José R. Carreño, Camilo N. Carrillo, Juan Pardo de Zela y José Elcorrobarrutia. También concurrió como invitado especial el capitán de navío Lizardo Montero, senador por Piura.[120]

El Huáscar, rumbo al sur[editar]

Miguel Grau con uniforme naval de la Marina de Guerra del Perú, con insignias de capitán de navío. Museo Naval del Perú en el Callao

El 1 de septiembre de 1872, el Huáscar, al mando de Miguel Grau, salió del Callao con rumbo sur, acompañado del transporte Chalaco y llegó a Iquique el día 5. Grau llevaba instrucciones del gobierno, en el sentido de buscar fidedignas informaciones sobre los sucesos que, por cuestiones limítrofes, ocurrían por entonces entre las repúblicas de Bolivia y Chile.[121]

Las dificultades limítrofes entre Bolivia y Chile provenían de la explotación del guano y el salitre por compañías chilenas, en los desiertos bolivianos de Atacama. En 1866, tras el fin de la guerra hispano-sudamericana, ambos países firmaron un tratado de límites, que fijó el paralelo 24ºS como línea divisoria entre ambos países y establecieron que entre los paralelos 23°S y 25°S los Estados signatarios se repartirían las ganancias del guano y los minerales explotados en partes iguales (zona de beneficios mutuos). Gobernaba entonces en Bolivia el dictador Mariano Melgarejo, muy amigo de Chile. A la caída de Melgarejo, en enero de 1871, el gobierno de su sucesor, general Morales, anuló los actos de la administración depuesta y resolvió modificar el tratado de límites de 1866, muy impopular entre los bolivianos porque confería derecho a Chile para intervenir en el territorio de Bolivia y explotar sus riquezas. A fin de resolver diplomáticamente la tensa situación creada entre ambos países, el gobierno boliviano envió como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario en Santiago a Rafael Bustillo, quien se mostró intransigente en defender los derechos bolivianos sobre el territorio en disputa, lo que condujo a un entrampamiento en las negociaciones. Chile, deseoso de llegar a un arreglo con Bolivia que no alterase las bases sustanciales del tratado de 1866, y viendo que no lo lograría con Bustillo, envió a La Paz, como su ministro, a Santiago Lindsay, para que reanudara las conversaciones. Estando Bustillo por regresar a Bolivia, en julio de 1872, el general boliviano Quintín Quevedo, partidario de Melgarejo, armó en Valparaíso una expedición y desembarcó en Antofagasta avanzando hasta Tocopilla, donde las fuerzas bolivianas lo rechazaron. Quevedo y sus hombres se refugiaron en la corbeta chilena Esmeralda, anclada en el puerto. Todo indicaba que el gobierno de Chile apoyaba las intentonas revolucionarias de Quevedo, aunque lo negara oficialmente.[122]

Desde Iquique, Grau escribió una nota el 6 de septiembre de 1872 al ministro de Guerra y Marina, informándole sobre los sucesos en torno a la expedición de Quevedo y dejando en ella constancia que la mayoría de los expedicionarios eran chilenos y que la Escuadra de Chile se encontraba en Mejillones.[123] [124]

Sin tener más noticias importantes de qué informar, Grau emprendió el regreso al Callao, arribando el 30 de setiembre de 1872.[125]

Mientras tanto, en La Paz continuaron las gestiones entre el ministro chileno Lindsay y el canciller boliviano Casimiro Corral, para determinar las nuevas bases de arreglo sobre las cuestiones pendientes del tratado de 1866. El 5 de diciembre de 1872, ambos diplomáticos suscribieron el protocolo conocido con el nombre Lindsay-Corral, por el cual se confirmó el paralelo 24 como límite de Chile y Bolivia y se determinó que la partición por mitad de los derechos de exportación se referían, aparte de los metales, a las sustancias inorgánicas como el salitre, bóraxy sulfatos. El acuerdo suscitó igualmente el rechazo de la opinión pública boliviana, que consideraba excesivas las ventajas obtenidas por Chile. La Asamblea de Bolivia rechazó aprobar el protocolo, lo que mantuvo pendiente el problema.[126]

Crucero por el litoral boliviano[editar]

Al temerse un conflicto armado entre Chile y Bolivia, el gobierno peruano ordenó a Grau que zarpara nuevamente al sur con el Huáscar, con la finalidad de conocer de cerca la situación, así como para prevenir otras perturbaciones de índole política que amenazaran a la República peruana. El 4 de marzo de 1873 el monitor zarpó del Callao, rumbo a aguas bolivianas.[127]

El 13 de marzo, desde Iquique, Grau envió un informe al Ministro de Guerra y Marina, haciéndole saber de la tranquilidad en el litoral, al no hallar «nada que pueda amenazar una perturbación en el orden político»y agregando que «no descuidaré medida alguna conducente al mejor desempeño de mi comisión».[127]

El 24 de marzo, el Huáscar llegó al puerto de Cobija, donde permaneció tres días. El 28, ya en Iquique, Grau escribió nuevamente al Ministro de Guerra, informándole de la afectuosa acogida que tuvo de parte las autoridades bolivianas:

Conforme indiqué a V. S., en mi oficio del 24 del presente he permanecido tres días en el puerto de Cobija, habiendo regresado a éste en la tarde de ayer.[127] Durante mi permanencia en esas aguas me ha sido muy satisfactorio el recibimiento hecho por las autoridades bolivianas, las que me han dispensado toda clase de atenciones, no omitiendo circunstancia alguna para manifestar sus sentimientos de adhesión al Gobierno y pueblo del Perú.

El 4 de abril, desde Iquique, Grau envió otro informe al ministro de Guerra, donde aseguraba «que el sur continúa sin novedad». El gobierno peruano le autorizó entonces a efectuar los reconocimientos al sur del litoral de la República cuando lo juzgara conveniente y expidió la resolución legislativa del 23 de abril de 1873, por la que asciendió a Grau a capitán de navío efectivo.[128]

El 28 de mayo el Huáscar llegó nuevamente a Cobija. Al día siguiente escribió a la Comandancia General de Marina, dando cuenta de su llegada a ese puerto e informando que toda la costa se encontraba en orden. El 2 de junio le escribió al ministro de Guerra, poniéndole al tanto sobre la desfavorable acogida dispensada al protocolo Corral-Lindsay por parte del pueblo boliviano; además, le informó del cordial recibimiento que tuvo:[129]

Por lo demás, la recepción hecha tanto por ese funcionario, como por las autoridades de este puerto, y las diversas circunstancias que he tenido la ocasión de hacerles atenciones cariñosas y agasajos, en cuanto me ha sido posible, no han hecho más que estrechar los vínculos y afecciones que dichas autoridades y pueblo boliviano manifiestan sinceramente por el Gobierno y pueblo del Perú, no omitiendo la ocasión de probarlo prácticamente, una vez que han tenido la oportunidad de hacerlo.

Cabe señalar al respecto, que el 6 de febrero de 1873 se había suscrito en Lima, con carácter de secreto, el Tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia, por lo que es de suponer que el cordial recibimiento que disfrutó Grau en Cobija de parte de las autoridades bolivinas obedecía en parte a instrucciones del gobierno de La Paz.[130]

De regreso en Iquique, Grau fue encomendado a hacer un estudio de la rada del puerto, a fin de facilitar el desarrollo de las actividades portuarias.[130] En julio de 1873, el Huáscar arribó al Callao, terminando así su segundo crucero a lo largo del litoral boliviano, que había durado en total cuatro meses. Para entonces ya se había apaciguado la disputa boliviana-chilena, tranquilizándose el ambiente internacional. Sin embargo, el Huáscar no permaneció mucho tiempo en el Callao, ya que a fines del mes siguiente fue comisionado nuevamente hacia la costa sur peruana, regresando en septiembre del mismo año.[131]

Jefe de la escuadra de evoluciones[editar]

El 10 de junio de 1874, Grau fue nombrado Jefe de la Escuadra de Evoluciones. Esta figura consistía en que los buques de la escuadra pusieran en práctica los movimientos de la táctica naval, consignados en el manual respectivo de la Escuela Naval.[132] A decir del historiador Melitón Carvajal Pareja, esta forma de trabajo con la escuadra tendría su origen en las inquietudes del mismo Grau. Integraron dicha escuadra: el monitor Huáscar, la fragata Independencia, los monitores Atahualpa y Manco Cápac, la corbeta Unión y el transporte Chalaco. Para asumir el mando de la Escuadra, Grau debió dejar momentáneamente el comando del Huáscar al capitán de corbeta Leopoldo Sánchez.[133]

La escuadra de evoluciones desarrolló sus actividades de 12 de junio de 1874 a 22 de enero de 1875. Salió del Callao el 18 de junio y recorrió el litoral peruano, tocando las islas Chincha, San Juan, Islay, Arica, Ilo, Pisco, Mollendo, entre otros puntos.[134] En ejercicio de su alto cargo, Grau ordenó la ejecución de toda clase de maniobras para adiestrar a las tripulaciones en conocimientos de táctica naval y manejo de la artillería. Ya por entonces, Grau intuía la amenaza que entrañaba el armamentismo que desarrollaba Chile, que había mandado a construir dos poderosos blindados en el Reino Unido; consideraba por ello necesario hacer ese tipo de ejercicios para mantener siempre preparado al personal de la Marina.[132]

De otro lado, Bolivia y Chile parecieron zanjar sus diferencias al firmar un nuevo tratado limítrofe, el 6 de agosto de 1874. La frontera se mantuvo en el paralelo 24°S y continuó el sistema de explotación y venta de común acuerdo entre los paralelos 23°S y 24°S. Asimismo, Bolivia se comprometía a no incrementar los impuestos a las personas, capitales y negocios chilenos durante 25 años. El incumplimiento por parte de Bolivia de esta última cláusula sería el detonante de la posterior Guerra del Pacífico.[135]

La firma del tratado de 1874 hizo que se disiparan momentáneamente los peligros de guerra entre Bolivia y Chile. En octubre de ese año, el gobierno peruano se enteró de la presencia en aguas peruanas del Talismán, pequeño navío fletado en Inglaterra, y en el cual, según se afirmaba, venía Nicolás de Piérola (el ex ministro de Hacienda de José Balta), con un grupo de revolucionarios, cuyo plan era el derrocar al presidente Manuel Pardo (la célebre Expedición del Talismán).[136]

Grau y la Escuadra de Evoluciones recibieron la misión de capturar al Talismán, que de acuerdo con las informaciones del gobierno, había intentado desembarcar en Pacasmayo. Luego de una activa búsqueda, el Talismán fue apresado por el Huáscar en la bahía de Pacocha, cerca de Ilo, la mañana del 2 de noviembre de 1874. La tripulación fue apresada y buena parte del cargamento confiscado, pero Piérola logró escapar hacia Moquegua; posteriormente sería derrotado por las tropas gobiernistas en el combate de Los Angeles.[137] [138]

Grau envió al Talismán a Mollendo, bajo el mando del capitán de corbeta Leopoldo Sánchez, y elevó un parte al Ministro de Guerra y Marina, fechado en Pacocha, dando cuenta de los hechos.[137] [139]

Cumplida su misión, el Huáscar partió de inmediato al sur para seguir resguardando el orden. En diciembre de 1874, la Escuadra de Evoluciones llegó a Iquique y luego regresó al Callao, poniendo fin a su entrenamiento. El 20 de enero de 1875, Grau cesó en el mando de la escuadra y continuó como comandante del Huáscar.[140]

Diputado por Paita[editar]

En 1875 Miguel Grau es requerido por el pueblo de Paita, donde él nació y residiera los años de su niñez, para representar a la provincia en el Parlamento Nacional. El marino acepta esta distinción confiando en que podrá servir igualmente a su patria en el recinto de las leyes como lo ha hecho en la cubierta de los buques.

El 5 de julio de 1876 Grau deja el comando del Huáscar, que ha tenido durante más de 8 años y se apresta a ir al Parlamento. Pero la separación no será larga; a los tres años Grau volverá a la Armada Peruana, al mando del Huáscar.

El 2 de agosto de 1876 inicia su gobierno constitucional el general Mariano Ignacio Prado, que ha sucedido a Manuel Pardo. El día 4 se reconocen y califican las credenciales de Grau como diputado por Paita. Al día siguiente, Grau se dirige por oficio al Mayor de Órdenes del Departamento, informando de que va a ocupar su curul en la Cámara de Diputados y pide se le otorgue la consiguiente licencia. El mismo día 5 de agosto, Grau presta juramento de ley en la Cámara de Diputados y pasa a formar parte de la Comisión de Marina. Su actividad como diputado es grande y eficaz, análoga a la que ha desplegado en la escuadra. Presenta interesantes proyectos que cuentan con la aprobación de su Cámara.

Luchó contra las intenciones piuranas de convertir a Paita en el distrito de Piura esbozando su frase: «No solo como representante de Paita, sino como hijo de ella, lucharé por la permanencia de Paita como provincia», quedando así como el más férreo opositor de las intenciones piuranas e incluso ganándose enemigos políticos piuranos, pero ganando a cambio el corazón de todo Paita.

Concluida la legislatura Grau se desempeña por pocos días como agregado al Departamento de Marina y, en enero de 1877, pide licencia por dos meses a su Superioridad para dirigirse a Valparaíso: va a traer los restos de su padre, el teniente coronel Juan Manuel Grau y Berrío, fallecido en ese puerto el 30 de noviembre de 1865. Para cumplir esta misión, se embarca en el vapor británico Eten, llevando consigo a su primogénito.

Cumplida su misión, Grau, al retornar al país, cumple con informar al Gobierno su honda preocupación ante el poderío naval de Chile, que ha podido comprobar in situ en las aguas de Valparaíso, donde se encuentran fondeados los dos blindados Almirante Blanco Encalada y Almirante Cochrane, buques de guerra chilenos, inmensamente superiores a los peruanos. Ha apreciado, igualmente, los aprestos bélicos de las fuerzas militares de ese país.

Apenas regresa Grau de Chile, se le designa el 7 de marzo vocal de la Junta Revisora de las Ordenanzas Navales, cargo que ejerce en el curso de ese mes y los de abril y mayo, hasta el 30, en que es nombrado comandante general de Marina.

Comandante general de la Marina de Guerra del Perú[editar]

El 1 de junio de 1877, Miguel Grau se hace cargo de la Comandancia General de Marina. Grau cumplió lo más satisfactoriamente y dentro de las posibilidades presupuestales de que dispuso, el muy importante cargo confiado a su capacidad y competencia. Desde un principio se preocupa porque los buques de la Armada se encuentren en las mejores condiciones. Ordena se reparen en la factoría del puerto todas las deficiencias de las naves de guerra y que se limpien sus fondos. Asimismo, trata de proveerlas de pertrechos y de los elementos necesarios para su adecuado armamento y poderío; pero no pudo conseguir lo que con tanta vehemencia anhelaba, que se adquieran acorazados, para equiparar el poderío naval peruano con el chileno.

Además de la preocupación de mantener siempre con todo su poderío a la Escuadra, Grau interviene y cumple las funciones administrativas del cargo con eficiencia. En uno de sus oficios al Ministerio de Guerra y Marina, resalta la alta preparación de alumnos y profesores de la Escuela Naval, cosa que contrasta con la falta de modernas y potentes unidades que garantizaran la integridad del territorio peruano ante la eventualidad de un conflicto armado, cosa que Grau vislumbraba cada día como más cercano.

Debiendo Grau incorporarse nuevamente el Parlamento, el 28 de julio de 1878, pone su cargo a disposición del Gobierno, con oficio del 10 de ese mes, nombrándose en su reemplazo al contralmirante Antonio A. de la Haza, al que entrega la Comandancia el 13 de julio. Nuevamente en la Cámara de Diputados, en julio de 1878, Grau formula otras importantes proposiciones en la Comisión de Marina, de la que sigue formando parte. En febrero de 1879, concluida la legislatura, Grau pasa nuevamente a servir en el Ministerio de Guerra y Marina en condición de agregado, pero el cargo lo desempeña 50 días, pues corren vientos de guerra en el sur. El 28 de marzo y en cumplimiento de una resolución del día 24 de ese mes, Grau se hace cargo nuevamente del Huáscar, en reemplazo de su anterior comandante, el capitán de fragata Gregorio Pérez.

Al mes siguiente, la Cámara de Diputados, en sesión del 28 de abril, presidida por Ricardo W. Espinosa, después de leerse y aprobarse el acta de la sesión anterior, toma nota de un oficio de Grau en donde expresa que no puede concurrir a la Cámara por haberse hecho cargo del comando del Huáscar. El 5 de abril de 1879, Chile había declarado la guerra al Perú.

Guerra del Pacífico[editar]

La Guerra del Pacífico (1879-1884) fue un conflicto armado que enfrentó a la República de Chile contra la República Peruana y la República de Bolivia. También se le ha denominado Guerra del Salitre.

Combate de Angamos, óleo de Teófilo Castillo. Representa el enfrentamiento entre el monitor Huáscar y los blindados Cochrane y Blanco Encalada.

La escuadra peruana y la chilena[editar]

Debido a las características del litoral boliviano y del extremo sur peruano, en el que se extiende el desierto de Atacama, y teniendo en cuenta las experiencias de la Guerra de la Independencia y contra la Confederación, Chile conocía que era necesario sortear por mar este territorio para poder trasladar a sus tropas e invadir el territorio peruano. Para ello tendría que lograr el dominio del mar. El Perú, por su parte, también comprendió que esta era la maniobra lógica que adoptaría Chile. De ese modo, ambas naciones dieron inicio a la campaña naval como la primera parte de la guerra.

La escuadra peruana, al mando del capitán de navío Miguel Grau, estaba conformada por el blindado tipo monitor Huáscar, la fragata Independencia, la corbeta Unión, la cañonera Pilcomayo y los transportes Chalaco, Oroya, Limeña y Talismán. Estos últimos habrían de cumplir una función muy importante durante el conflicto, manteniendo abierta la ruta de abastecimiento peruana con continuos viajes entre el Callao y Panamá, así como a otros puntos del litoral, transportando tropas, pertrechos y municiones, burlando a la poderosa escuadra enemiga. A ellos se sumaban los monitores Manco Cápac y Atahualpa de casi nulo desplazamiento, lo que los convertía en baterías flotantes.

La escuadra chilena, al mando del contralmirante Juan Williams Rebolledo, estaba compuesta por los blindados Almirante Blanco Encalada y Almirante Cochrane, las corbetas Chacabuco, O'Higgins, Abtao y Esmeralda y las cañoneras Magallanes y Covadonga, además de varios transportes armados como el Loa y Amazonas. Completaban su flota veloces transportes que aseguraban la logística de sus tropas acantonadas en Antofagasta y de su escuadra, como el Itata, Lamar, Rímac, Copiapó y el carbonero Matias Cousiño. El equilibrio de poder era favorable a la marina chilena, dado que sus naves, sobre todo los dos blindados, tenían mejor artillería, mayor velocidad y coraza, en comparación a las naves peruanas.

El planteamiento fue muy claro en ambos lados. La escuadra chilena era superior materialmente a la peruana, no sólo en número sino también en la calidad de sus buques. Debía entonces buscarla y destruirla lo más pronto posible. La escuadra peruana, por su parte, dada su inferioridad en medios, debía prolongar lo más posible su presencia como una amenaza efectiva en el mar, no tanto para la escuadra chilena sino para el tráfico marítimo de ese país, entablando combate únicamente cuando estuviera en superioridad de condiciones o cuando éste fuese inevitable. El tiempo que se ganara en ello sería en provecho de la preparación de las defensas en el sur peruano y la adquisición de nuevas naves y armamento.

La campaña naval y el monitor Huáscar[editar]

La primera acción tuvo lugar apenas siete días después de declarada la guerra, el 12 de abril de 1879, cuando la corbeta Unión y la cañonera Pilcomayo atacaron y persiguieron a la corbeta chilena Magallanes frente a Punta Chipana. Por su parte, la escuadra chilena en el Perú bombardeó Mollendo, Pisagua, Mejillones e Iquique, antes de dirigirse hacia el Callao con el propósito de destruir la escuadra peruana.

Sin embargo, fracasó en este intento debido a que los buques peruanos habían zarpado días antes de su arribo, dirigiéndose a la ciudad peruana de Arica con el director supremo de la guerra, el general Mariano Ignacio Prado.

Combate naval de Iquique[editar]

Combate Naval de Iquique, de Thomas Somerscales (1842-1927).
Representación del enfrentamiento entre el monitor peruano Huáscar, al mando del capitán de navío Miguel Grau, y la corbeta chilena Esmeralda, al mando del capitán de fragata Arturo Prat.

El 17 de mayo la flota peruana puso rumbo a Arica, donde desembarcó el Presidente Prado para dirigir la guerra desde ese puerto peruano. Casi de inmediato fueron despachados a Iquique el monitor Huáscar y la fragata Independencia, con instrucciones de levantar el bloqueo de ese puerto, sostenido en ese momento por la corbeta chilena Esmeralda, la cañonera Covadonga y el transporte Lamar.

El 21 de mayo de 1879 el monitor Huáscar al mando del capitán de navío Miguel Grau, y la Independencia al mando del capitán de navío Juan Guillermo More Ruiz, ingresaron a la bahía de Iquique y se enfrentaron a los ya mencionados buques de madera chilenos comandados, respectivamente, por Arturo Prat Chacón (Esmeralda) y por Carlos Condell de la Haza (Covadonga). El transporte Lamar izó bandera estadounidense y puso rumbo al sur, siendo seguido por la cañonera Covadonga que fue perseguida por la Independencia. Mientras tanto, el Huáscar en Iquique cañoneaba a la Esmeralda, buque que maniobró para colocarse delante de la población, ante la imposibilidad de doblegar al enemigo, y ya que el combate se extendía con gran número de bajas chilenas, el comandante Grau decidió utilizar el espolón 3 veces. En el segundo ataque al espolón, el comandante chileno Arturo Prat realiza un abordaje frustrado, principalmente, por la confusión reinante que dificultó que su orden fuese escuchada y por las importantes bajas en su tripulación, la Esmeralda tenía varios daños antes del combate. Prat murió en el intento, pues jamás llegó a ver a Grau.

Hundimiento de la Esmeralda.

Finalmente logra Grau hundir a la nave chilena, cuyos sobrevivientes, fueron rescatados por los marinos peruanos. En este combate murió el teniente primero Jorge Velarde, primer héroe naval peruano de la contienda.

Mientras tanto, la Independencia, conducida por Moore, había encallado en Punta Gruesa, al sur de Iquique en el afán de espolonear al buque chileno y tan pronto se percató de esto, el comandante Condell de la Covadonga, volvió sobre sus aguas y ordenó disparar sobre la fragata varada dado que aún mantenía su bandera al tope, indicación que seguía en combate, Condell le disparó seis tiros contra la cubierta poniendo su nave en el ángulo muerto de los cañones peruanos al escorarse la "Independencia". Cuando la Covadonga vio acercarse al Huáscar y huyó del lugar, mientras el Huáscar procedía a recoger a los sobrevivientes e incendiar los restos.

Posteriormente Grau, en un gesto de caballerosidad, escribió a Carmela Carvajal, viuda del héroe naval chileno Arturo Prat Chacón, comandante de la Esmeralda, muerto en la cubierta del Huáscar, una carta en la que elogiaba la actuación de su esposo y le enviaba algunas de sus prendas personales, entre ellas su espada. A su vez, en la respuesta a esta carta, la viuda de Prat agradece tal gesto, asegurando que dada la hidalguía mostrada por Grau al asociarse a su dolor, ella comprende que la muerte de su esposo fue consecuencia de la guerra y que de haber estado en manos del capitán del Huáscar, jamás habría tenido lugar.

Combate naval de Angamos[editar]

Combate de Angamos, óleo de Salaverry. Colección particular. Lima

La incapacidad de los mandos navales chilenos frente a las continuas incursiones del Huáscar fueron motivo de protestas populares, interpelaciones en el congreso y la censura del gabinete ministerial. Todo ello se agudizó con la captura del transporte Rímac, luego de lo cual se produjeron renuncias de ministros y se efectuaron inevitables cambios en las jefaturas del ejército y la escuadra. Los conductores de la guerra, ante la imposibilidad de iniciar la campaña terrestre para invadir el sur peruano, determinaron que el hundimiento del Huáscar era prioritario e indispensable para llevar a cabo sus planes.

Una de las primeras medidas fue el relevo del contralmirante Juan Williams Rebolledo en el mando de la Escuadra chilena por el capitán de navío Galvarino Riveros, quien dispuso que sus buques fueran sometidos a reparaciones de calderas y carena para limpiar sus fondos y prepararse a dar caza al Huáscar. Para dicho propósito, elaboraron un plan para capturarlo, organizando a su escuadra en dos divisiones, la primera, integrada por el Almirante Blanco Encalada, la Covadonga y el Matías Cousiño, y la segunda, compuesta por el Almirante Cochrane, el Loa y la O'Higgins. La idea era tenderle un cerco al Huáscar, en el área comprendida entre Arica y Antofagasta.

Continuando los acontecimientos, Grau recibió órdenes de zarpar con la Unión y el Rímac rumbo al sur, con la finalidad de hostigar los puertos chilenos entre Tocopilla y Coquimbo, en tanto que las dos divisiones chilenas habían partido hacia el norte en búsqueda del Huáscar llegando a Arica en la mañana del 5 de octubre, no hallando allí a su objetivo.

El Huáscar, mientras tanto, luego de dejar al Rímac en Iquique, arribó en compañía de la Unión a la caleta de Sarco. Ahí capturaron a la goleta Coquimbo, para posteriormente llegar al puerto del mismo nombre y proseguir hacia el sur, hasta la caleta de Tongoy, localidad cercana al importante puerto de Valparaíso. Cumplido el objetivo de esta expedición, Grau y sus naves iniciaron su retorno a aguas peruanas.

Mientras los barcos peruanos navegaban hacia el norte de regreso, ignoraban los movimientos de los buques chilenos. Las dos divisiones enemigas avanzaban desde diferentes direcciones, en posición abierta, dispuestas a cercar a su objetivo.

Al amanecer del 8 de octubre de 1879, el Huáscar fue avistado por la primera división chilena, lo que obligó a Grau a virar hacia el suroeste para luego volver al norte, a la máxima velocidad posible tratando de dejar atrás a sus enemigos. Poco después, el Huáscar y la Unión se encontraron con la segunda división chilena frente a Punta Angamos. Al percatarse de que el Huáscar no podría evadir el combate por su escaso andar, la Unión, de mayor andar, a expresa orden del almirante, se abrió paso hacia el norte.

Luego, a las 9:40 horas, siendo inevitable el encuentro, el monitor peruano afianzó su pabellón de combate disparando los cañones de la torre sobre el Almirante Cochrane a mil metros de distancia. Los artilleros del monitor eran británicos, y su puntería no era del todo efectiva. La Covadonga y el Almirante Blanco Encalada en esos momentos se hallaban a una distancia de seis millas con dirección al Huáscar, mientras que la O'Higgins y el Loa se dirigían a cortar el paso a la Unión. El Almirante Cochrane no contestó inicialmente los disparos, sino que acortó distancias gracias a su mayor velocidad, estando a 500 metros, una andanada del Monitor golpeó la banda del acorazado chileno haciéndolo bandearse por unos instantes, pero sin mayor daño y cuando estuvo a 200 m por babor del Huáscar, hizo sus primeros disparos, perforando el blindaje del casco y dañando el sistema de gobierno.

Grau en su torre, presintiendo lo inevitable y agachándose hacia la rejilla del piso, se despidió de Diego Ferré en un fraternal saludo de manos. Mientras tanto, las alzas de los cañones chilenos apuntaban hacia las partes vitales del monitor. Diez minutos después un proyectil proveniente también del Almirante Cochrane impactó en la torre de mando y al estallar hizo volar al contralmirante Miguel Grau y dejó moribundo a su acompañante teniente primero Diego Ferré. Entonces tomó el mando del buque el capitán de corbeta Elías Aguirre, quien continuó el combate con las naves chilenas, hasta que también cayó muerto por un disparo del contendor. Uno tras otro, los oficiales peruanos se fueron sucediendo a cargo de la nave, que recibía una y otra vez los impactos de la artillería chilena, hasta que habiendo recaído el mando en el teniente primero Pedro Gárezon Thomas de solo 28 años de edad, este oficial, viendo que ya no era posible continuar la lucha por las condiciones en las que se hallaba el buque, con sus cañones inutilizados, roto su timón, y con parte de su tripulación muerta o herida, dio la orden de abrir las válvulas de fondo para inundar al monitor antes de entregarla rendida, orden que fue cumplida por el alférez de fragata Ricardo Herrera de la Lama y de esta forma impedir la captura de la nave peruana.

A las 10:55 el Almirante Cochrane y el Almirante Blanco Encalada suspendieron el cañoneo y al ver que el Huáscar pronto se iría a pique, enviaron una dotación armada en lanchas para tomarlo. Cuando los marinos chilenos ingresaron a bordo, el Huáscar ya tenía 1,20 m de agua y estaba a punto de hundirse por la popa. Revólver en mano, los oficiales chilenos ordenaron a los maquinistas cerrar las válvulas y posteriormente obligaron a los prisioneros a apagar los fuegos que consumían diversos sectores de la nave. La nave, ya incapacitada para la defensa, había sufrido el abordaje del enemigo. La lucha había concluido y el Huáscar capturado.

Los restos de Grau[editar]

Después del combate de Angamos, el teniente primero Pedro Gárezon Thomas, último comandante del "Huáscar", no quiso abandonar el monitor hasta no haber agotado la búsqueda de los restos del almirante Grau. Al ver su insistencia, el teniente chileno Goñi le permitió hacer dicha búsqueda en la torre de mando, que se hallaba destrozada. Garezón entró por un gran boquete abierto por las bombas y tras una búsqueda exhaustiva, halló finalmente entre los escombros el único resto de Grau: «un trozo de pierna blanca y velluda, solo desde la mitad de la pantorrilla al pie, que estaba calzada con un botín de cuero». Gárezon certificó que se trataba de un auténtico resto del almirante. Colocado en una caja, fue conducido a Mejillones, donde se le honró con una misa oficiada por monseñor Fontecilla. Luego, el 14 de octubre, por orden expresa del gobierno chileno, fue trasladado a Valparaíso, a bordo del Blanco Encalada. El capitán de fragata Óscar Viel, que era concuñado y compadre de Grau, obtuvo de su gobierno el permiso para sepultar los restos de Grau en el mausoleo de su familia en Santiago, donde permaneció por algunos años.[141]

Los restos de Grau, junto con los pertenecientes a otros combatientes peruanos caídos en la guerra, retornaron al Perú durante el primer gobierno de Andrés A. Cáceres. Llegaron al Callao a bordo del crucero Lima, el día 13 de julio de 1890, siendo sepultados en una tumba provisional en el Cementerio Presbítero Maestro de Lima. En 1908 fueron trasladados a la Cripta de los Héroes de la Guerra del Pacífico, inaugurada por el presidente José Pardo y Barreda en dicho cementerio.

En Chile permaneció un fragmento de la tibia de Grau que era exhibido en un Museo de Santiago, junto con una gorra y otros enseres personales del héroe. Este resto fue devuelto al Perú el 20 de marzo de 1958, en solemne ceremonia realizada en Santiago con la presencia del presidente de Chile, Carlos Ibáñez del Campo. Al día siguiente, llegaron vía aérea a Lima, donde fueron recibidos por el presidente Manuel Prado Ugarteche, quien, en parte de su discurso ceremonial expresó lo siguiente:

La figura de nuestro ínclito Almirante, personifica una de las glorias legítimas que enaltecen no solo nuestros anales y los de América, sino del mundo entero. Su vida y sacrificio son paradigmas de caballerosidad y abnegación.

Luego, los restos fueron conducidos al edificio de la antigua Escuela Naval en La Punta, donde fueron depositados en un salón.

Finalmente, el 7 de octubre de 1976, los restos óseos de Grau fueron trasladados en solemne ceremonia al Cenotafio construido en la Cripta de la Escuela Naval, donde permanecen con guardia de honor permanente. El 25 de julio del 2003 fueron depositadas allí la espada y las condecoraciones del héroe.[142]

Familia[editar]

Ancestros[editar]

Matrimonio y descendencia[editar]

Miguel Grau se caso con Dolores Cabero y Nuñez, el 12 de abril de 1867 en la catedral de Lima.[144] El matrimonio tuvo diez hijos:

  • Miguel Gregorio (Lima, 9 de marzo de 1869-Valparaíso, 15 de julio de 1877), fallecido en un accidente en Chile mientras su padre repatriaba los restos de Juan Manuel Grau.[145]
  • Oscar (Lima, 3 de febrero de 1871-Ib., 31 de julio de 1929), fue prefecto por Piura, cargo al que renunció como protesta tras el asesinato de su hermano Rafael.[146]
  • Ricardo Florencio (Lima, 12 de febrero de 1872-Chanchamayo, 7 de marzo de 1899), ingeniero de profesión, falleció en un accidente mientras construía un puente y su cuerpo fue arrastrado por el río. Nunca fue encontrado.[147] [148]
  • María Luisa (Lima, 5 de marzo de 1873-Ib., 8 de diciembre de 1973), permaneció soltera. Heredó la espada obsequiada a su madre por las damas peruanas radicadas en Europa. Posteriormente la donó al gobierno peruano.[148]
  • Carlos Pedro (Lima, 30 de abril de 1874-París, 1940).[148]
  • Rafael (Lima, 20 de enero de 1876-Cotabambas, 4 de marzo de 1917), político peruano y uno de los fundadores del partido Unión Cívica, fue vicepresidente de la Cámara de diputados y posteriormente Ministro de instrucción, justicia y culto. Además fue varias veces alcalde de El Callao. Siendo diputado por Cotabambas, Apurímac, y en medio de su campaña reeleccionista fue asesinado por Santiago Montesinos, su contendiente electoral.[149] La provincia de Grau, en Apurímac, recibió este nombre en su honor por pedido de su hermano Miguel.[150]
  • Victoria (Lima, 21 de enero de 1877-París, 19 de mayo de 1914), murió soltera.[150]
  • Elena (Lima, 21 de enero de 1877-Ib., 24 de diciembre de 1877), melliza de Victoria, murió a los 11 meses de edad.[151]
  • Miguel (Lima, 23 de enero de 1879-Ib., 31 de octubre de 1976), fue senador por Amazonas en 1917 y por Callao en 1919 y posteriormente cónsul del Perú en Bruselas.[152] Además, acusó al presidente José Pardo y Barreda como el causante indirecto de la muerte de su hermano al no haberle brindado garantías para su vida a pesar de haberlas pedido. Propuso además que se llame Grau a la provincia de Cotabambas en honor a su hermano. Reconciliado con Pardo, postuló como su segundo vicepresidente en los comicios de 1936, sin embargo las elecciones fueron anuladas y el presidente Óscar R. Benavides extendió su mandato por otros tres años.[153]

Homenajes[editar]

La carta que Grau, caballerosamente, envió a la viuda del capitán Prat, fue tallada en un monumento en un parque del centro de Santiago de Chile.

Autores peruanos, de las más variadas ideologías y condiciones sociales, han recitado el elogio sobrecogido del héroe de Angamos, considerado como el primer héroe nacional del Perú.

Épocas hay en que todo un pueblo se personifica en un solo individuo: Grecia en Alejandro, Roma en César, España en Carlos V, Inglaterra en Cromwell, Francia en Napoleón, América en Bolívar. El Perú de 1879 no era Prado, La Puerta o Piérola: era Grau…

Humano hasta el exceso, practicaba generosidades que en el fragor de la guerra concluían por sublevar nuestra cólera. Hoy mismo, al recordar la saña implacable del chileno vencedor, deploramos la exagerada clemencia de Grau en la noche de Iquique. Para comprenderle y disculparle, se necesita realizar un esfuerzo, acallar las punzadas de la herida entreabierta, ver los acontecimientos desde mayor altura. Entonces se reconoce que no merecen llamarse grandes los tigres que matan por matar o hieren por herir, sino los hombres que hasta en el vértigo de la lucha saben economizar vidas y ahorrar dolores.

Manuel González Prada, “Grau”, 1885.

Miguel Grau Seminario fue un hombre comprometido con su tiempo, con su país y sus valores. Fue honesto y leal con sus principios, defendió el orden constitucional y fue enemigo de las dictaduras. El héroe de Angamos siempre estuvo en la línea de afirmación de las normas morales y las tradiciones de la república. Honrado en el camarote y en la torre de mando, lo es también en el salón y en el hogar.

Jorge Basadre Grohmann

Como del carbón sale el diamante, así de la negrura de esta guerra sale Grau. La posteridad ha indultado a su generación infausta porque a ella perteneció el comandante del Huáscar (...) Al estudiar lo que hizo, preciso es recordar con qué elementos trabajó y cabe preguntar qué hubiera sido del Perú con Grau en un barco como el Cochrane o el Blanco Encalada..."

Jorge Basadre Grohmann, “Efigie de Grau”, inserta en Historia de la República del Perú.

Grau fue y será, por ello, el símbolo del Perú, el héroe peruano por excelencia, porque tuvo, entre sus virtudes cardinales algunas que eran suyas, como brote milagroso del genio heroico —salud, fortaleza, tenacidad, prudencia, robustez del cuerpo y del alma—, y otras que eran la impronta de nuestro espíritu y nuestro sino y cristalizaron en su mezcla de bravura y nobleza, en su humildad y ternura para el niño o para el enemigo, en su incapacidad para la violencia destructora y la saña vandálica, y, sobre todo, en su peruanísima lección de vencer sin odio y perder con honra.

Raúl Porras Barrenechea
Tú eras la patria sobre el mar,
bajo el cielo
y más allá del horizonte,
y unías la leyenda y el cantar
al ejemplo
como un nuevo Quijote.
Reflejo azul de la bondad divina,
por ti, la roja guerra tuvo;
hundías barcos y salvabas vidas;
aún al enemigo distes amor,
y entre la sangre y la metralla
puro pasaste, el alma erguida
por la mano de Dios.

¡Tenías que caer!
Como en un mito griego,
se hizo de sangre todo el horizonte,
y se alzaron como unos semidioses
los que contigo al holocausto fueron.
¡Tenías que caer!
¡Se hizo de sangre todo el horizonte,
pero el mar, como nunca, fue el color de laurel!.
José Gálvez Barrenechea, “Oda a Grau”.
Imagen de Grau en su camarote personal, en el museo Monitor Huáscar, Talcahuano, Chile.

Hay una tumba sin cruces en Punta de Angamos. Un recuerdo de luz que un puñado de marinos erigió por siempre para gloria de su patria. Más allá del valor y de límites tangibles escribistes Almirante, una oda de nobleza que hace honor a la guerra y sombra a sus trofeos. Tu pueblo, agradecido pronuncia con respeto el nombre de aquel buque de inmenso memorar: Huáscar.

Contralmirante Fernando Casaretto Alvarado, Los peruanos de Angamos (Obra teatral, 1976).

Miguel Grau es recordado no solo en el Perú, sino también en Chile y en Bolivia. Su nombre está presente en calles de Santiago de Chile como reconocimiento a su hidalguía. Por esta razón, se le conoce como El caballero de los mares, título acuñado por todos los implicados, por sus alturados valores, su coraje y pese a la guerra, la humanidad, temple y gallardía que mostraba ante sus enemigos en alta mar.

En Talcahuano, Chile, se conserva el Monitor Huáscar y en el, la figura de Grau está presente en un sitial de honor en su camarote y sala de oficiales.

En el piso bajo del hemiciclo del Congreso del Perú, ubicado en la parte central de la mesa directiva y frente a todo el hemiciclo se encuentra una réplica del escaño que ocupara en el siglo XIX Miguel Grau en su calidad de diputado nacional. Grau, siendo parlamentario, solicitó licencia para servir al Perú en la Guerra con Chile y como falleció en esta durante el Combate de Angamos, jamás se reintegró al parlamento. Como una señal de respeto y un homenaje, el nombre de Miguel Grau es el primero que se llama al momento de pasar lista a los congresistas.

Ascenso a la alta clase de Almirante[editar]

Al momento de estallar la guerra con Chile, Grau ostentaba la clase de capitán de navío. Por su destacado accionar en la campaña marítima fue ascendido a contralmirante, por ley del Congreso de la República del 26 de agosto de 1879, pero él nunca quiso hacer uso de la insignia de dicho grado, pues deseaba permanecer como comandante del Huáscar. Así se mantuvo hasta su gloriosa muerte en el combate de Angamos.

De manera póstuma, el Congreso de la República del Perú expidió la Ley N.º 10869, que fue promulgada el 26 de octubre de 1946 por el presidente Constitucional de la República José Luis Bustamante y Rivero, por la cual, por voluntad nacional, se ascendió al contralmirante Grau a la alta clase de Almirante.

Monumentos a la gloria del Almirante Grau[editar]

Vista de la Plaza Grau; al fondo la vía expresa del Paseo de la República, Lima.
Estatua de bronce en el Callao en homenaje al Caballero de los Mares.

El 21 de noviembre de 1897, el presidente Nicolás de Piérola inauguró en el Callao la hermosa columna que el escultor italiano Fabio Lanzarini modeló en Génova. La base y el capitel son de mármol y el conjunto es coronado por la estatua de Grau, de pie y con el brazo extendido señalando hacia el sur.[154] En su discurso, Piérola expresó lo siguiente:

El trozo de granito y bronce que circundamos en este instante y que el benemérito pueblo chalaco ha levantado en este pórtico del hogar nacional, conmemora una gloria verdaderamente peruana; pero como en las grandes cosas, brillante y amplia, vivificadora y fecunda, duradera, con la duración sin medida de los tiempos.

Nicolás de Piérola, 1897.

En enero de 1940, el presidente Manuel Prado Ugarteche encargó al escultor peruano Luis F. Agurto, la ejecución de un monumento en honor a Grau, destinado a elevarse en la plaza principal de Piura. Dicho monumento se inauguró el 8 de octubre de 1943.

Prado también encargó otra obra escultórica del héroe al artista catalán Victorio Macho, para ser elevada en el centro de Lima. Dicho monumento lo inauguró el presidente José Luis Bustamante y Rivero, el día 28 de octubre de 1946, en la plaza que desde entonces lleva su nombre, ubicado entre el Paseo de la República, la Avenida Grau y el Paseo Colón. Es un bello conjunto de granito y bronce, en cuyo frontis se puede leer la leyenda: «A la gloria del Almirante del Perú Miguel Grau». El presidente Bustamante leyó en tal ocasión un discurso, que culminaba así:

Almirante:

La dimensión de vuestra hazaña se ha agrandado con el tiempo. En la lejana perspectiva es Angamos un símbolo de gigantes contornos y de presentes enseñanzas. Disponíais de medios limitados y frágiles; mas vuestro aliento supo darles eficacia y grandeza. Vuestra nave minúscula ha crecido, Almirante; y hay un sutil poder de fuego que envidian los cañones en el silencio austero de las cubiertas desmanteladas. No fue infructuoso vuestro sacrificio ni un vano gesto de inmolación de quienes con vos cayeron en la brega. Vuestra sombra augusta preside nuestros mares; y hay un altar para vuestro busto en cada nave de nuestra flota; y un rincón de emoción en cada pecho de nuestros marinos. La Armada del Perú cifra su orgullo en vuestra memoria y la Nación, espiritualmente congregado al pie de este monumento, os dice con acento de estremecida gratitud:

¡Gloria a vos, Almirante!.”

José Luis Bustamante y Rivero, 1946.

Orden Gran Almirante Grau[editar]

La Orden Gran Almirante Grau, fue creada el 13 de agosto de 1969 por Decreto Supremo, durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado, como condecoración de la Marina de Guerra del Perú. La orden es concedida mediante Resolución Suprema por el presidente de la República en los grados de "Gran Cruz Especial" y "Gran Cruz" y por el Ministerio de Defensa, como Canciller de la Orden, en los demás grados. El 29 de marzo del 2010, la Casa de Gobierno emitió un comunicado por el que se modificaba la concesión de los grados de la orden.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. El 27 de julio de 1834 es la fecha que generalmente se acepta como su nacimiento, sin embargo Reynaldo Moya Espinoza es de la opinión que este realmente ocurrió el 26 de julio:

    El cálculo de la fecha de nacimiento del héroe de Angamos se ha determinado por su partida de bautismo, cuyo acto se realizó el 3 de setiembre de 1834, en la que se decía que el niño tenía un mes y / días de nacido, es decir que pudo haber tenido 37 o 38 días. El cálculo es el siguiente:

    Del 27 al 31 de julio 5 días
    Un mes 30 días
    Del 1º al 2 de setiembre 2 días

    Pero resulta que agosto tiene 31 días, de tal manera que si consideramos un mes de 31 días, su nacimiento habría sido el 26 de julio, y no el 27 como generalmente se acepta.



  2. En el estudio de Ella Dunbar Temple, titulado El Victorial de Miguel Grau, se transcribe la partida bautismal del héroe:

    "Miguel María Grau. Año del Señor del 1834, a los tres de setiembre yo el Inter de la Matriz. D. Juan Blanco puse Óleo y Crisma a Miguel María a quien en caso de nesesidad [sic] le Bautizó el presbítero don Santiago Angeldonis, de un mes y siete días de nasido [sic], hijo natural de D. Juan Manuel Grau y de doña Josefa Castillo, fueron sus Padrinos don Manuel Anzoátegui y doña Rafaela Angeldonis a quienes advertí sus obligaciones y Espiritual parentesco y para que conste lo firmo. Juan Blanco" (Cf. Archivo Parroquial de la Catedral de Piura. Libro de Bautismos, n.° 19, fol. 80 vta., partida n.° 953).



Referencias[editar]

  1. Arosemena Garland, 1979, p. 2.
  2. a b De la Puente Candamo, 2003, p. 16.
  3. Moya Espinoza, 2003, pp. 30-33.
  4. «Miguel Seminario Ojeda: "Grau nació en Piura y no en Paita"». El Regional Piura. 9 de noviembre de 2014. Consultado el 27 de junio de 2016. 
  5. De la Puente Candamo, 2003, pp. 24-25.
  6. «Miguel Grau Seminario: Un día como hoy, hace 180 años, nació el héroe nacional». La República. 27 de julio de 2014. 
  7. a b De la Puente Candamo, 2003, p. 37.
  8. De la Puente Candamo, 2003, p. 22.
  9. Moya Espinoza, 2003, pp. 36-37.
  10. Arosemena Garland, 1979, pp. 5-6.
  11. Carta de respuesta del general Gutiérrez de La Fuente al coronel gran colombiano Manuel Grau y Berrío.
  12. Arosemena Garland, 1979, p. 6.
  13. a b Arosemena Garland, 1979, p. 8.
  14. De la Puente Candamo, 2003, pp. 35-37.
  15. Arosemena Garland, 1979, pp. 8-9.
  16. a b Arosemena Garland, 1979, p. 9.
  17. Congrains Martin, 1975, p. 37.
  18. Arosemena Garland, 1979, pp. 9-10.
  19. De la Puente Candamo, 2003, p. 39.
  20. Arosemena Garland, 1979, p. 10-11.
  21. El relato que el propio Grau hace de estos viajes, está en Relación de los buques en que ha navegado Miguel Grau. El Comercio de Lima, en su edición del 13 de marzo de 1954 incorporó una copia fotográfica de esta relación.
  22. a b Arosemena Garland, 1979, p. 12.
  23. De la Puente Candamo, 2003, p. 49.
  24. De la Puente Candamo, 2003, pp. 42-44.
  25. De la Puente Candamo, 2003, p. 59.
  26. Congrains Martin, 1975, pp. 39-40.
  27. Arosemena Garland, 1979, p. 14.
  28. Dictamen del Senado de la República del Perú a favor del coronel gran colombiano Juan Manuel Grau y Berrío.
  29. Arosemena Garland, 1979, p. 14, 16.
  30. a b Arosemena Garland, 1979, p. 15.
  31. De la Puente Candamo, 2003, pp. 61, 532.
  32. Arosemena Garland, 1979, pp. 15-16.
  33. El parte al que se hace referencia corre en original en el Archivo del Ministerio de Defensa, Comandancia General de la Marina, año 1855, que se conserva en el Museo Naval del Callao
  34. De la Puente Candamo, 2003, pp. 60-61.
  35. Arosemena Garland, 1979, p. 16.
  36. Arosemena Garland, 1979, p. 16-17.
  37. De la Puente Candamo, 2003, p. 64.
  38. a b c Arosemena Garland, 1979, p. 17.
  39. Basadre Grohmann, 2005, p. T.4, 271-272.
  40. Congrains Martin, 1975, p. 41.
  41. De la Puente Candamo, 2003, pp. 83-84.
  42. a b De la Puente Candamo, 2003, pp. 92-93.
  43. Slavers in Paradise: The Peruvian Slave Trade in Polynesia, 1862-1864.
  44. Arosemena Garland, 1979, p. 18.
  45. Solicitud de Miguel Grau pidiendo los goces que le corresponden como indefinido
  46. En el libro V, titulado Nombramientos y ascensos (1854–1864), del archivo del ex Ministerio de Marina, que se conserva en el Museo Naval del Perú, en el Callao, aparece en la página 17 el asiento N.º 102 que contiene el texto de dicha licencia.
  47. Arosemena Garland, 1979, pp. 18-19.
  48. Arosemena Garland, 1979, p. 20.
  49. De la Puente Candamo, 2003, p. 91.
  50. Arosemena Garland, 1979, pp. 20-21.
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  57. Basadre Grohmann, 2005, p. 208-209.
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  59. Arosemena Garland, 1979, pp. 25-26.
  60. Arosemena Garland, 1979, pp. 26-27.
  61. Carta del teniente segundo AP Felipe Pardo al ministro del Perú en Inglaterra y Francia
  62. Arosemena Garland, 1979, p. 29.
  63. De la Puente Candamo, 2003, pp. 110-111.
  64. Nota de protesta del ministro plenipotenciario del Perú en Inglaterra y Francia, embajador Federico L. Barreda
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  66. Arosemena Garland, 1979, p. 31-32.
  67. De la Puente Candamo, 2003, pp. 111-112.
  68. Carta de Miguel Grau al ministro Barreda explicando la forma cómo fue detenido
  69. Arosemena Garland, 1979, p. 33.
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  76. Original en el archivo del ex Ministerio de Marina: Parte elevado por Miguel Grau a la Comandancia General de Marina el 5 de octubre de 1865.
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  124. Nota del 6 de septiembre de 1872 de Miguel Grau al Ministro de Guerra y Marina del Perú
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  141. Memorando del teniente primero AP Pedro Gárezon Thomas sobre el combate naval de Angamos. Fechado el 4 de septiembre de 1890.
  142. Contralmirante José García Valdivieso (2004): «Repatriación de los restos del Almirante Grau y traslado a la Cripta de la Escuela Naval del Perú». En: Revista del Instituto de Estudios Históricos-Marítimos del Perú. Lima, N.º 23-24, pp. 187-203.
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  153. Moya Espinoza, 2003, pp. 442-444.
  154. Diario El Comercio de Lima, suplemento El Dominical del 4 de agosto de 1996, página 12.

Bibliografía[editar]

  • Arosemena Garland, Geraldo (1979). El Almirante Miguel Grau (7 edición). Lima-Perú: Banco de Crédito del Perú. 
  • Basadre Grohmann, Jorge (2005). Historia de la República del Perú (1822-1933) (9 edición). Lima-Perú: Empresa Editora El Comercio S. A. ISBN 9972-205-66-5. 
  • Casaretto Alvarado, Fernando (2003). Alma Mater: historia y evolución de la Escuela Naval del Perú. Lima: Imprenta de la Marina de Guerra del Perú. 
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  • De la Puente Candamo, José Agustín (2003). Miguel Grau. Lima-Perú: Instituto de Estudios Históricos-Marítimos del Perú. ISBN 9972-633-02-0. 
  • Thorndike, Guillermo (1979). Guerra del Salitre. Promoinvest. 1879 (Tomo I); Viaje de Prado (Tomo II); Vienen los chilenos (Tomo III); La Batalla de Lima (Tomo IV). 
  • VV.AA. (1979). Miguel Grau. Lima: Centro Naval del Perú. 
  • Moya Espinoza, Reynaldo (2003). Grau. Lima: Megabyte. 

Enlaces externos[editar]