Liberalismo

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Figuras alegóricas del Monumento a la Constitución de 1812 en Cádiz.
El Agreement of the People (1647) era un manifiesto por un cambio político, propuesto por los Niveladores durante la Revolución inglesa. Se llamó a la libertad de culto, celebración frecuente del parlamento y la igualdad ante la ley.
John Locke fue el primero en desarrollar una filosofía liberal, incluido el derecho a la propiedad privada y el consentimiento de los gobernados.

El liberalismo es una filosofía política que defiende la libertad individual, la iniciativa privada y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural.[1] Asimismo, se identifica como una actitud que propugna la libertad y la tolerancia en las relaciones humanas, fundamentada en el libre albedrío (vid. Escuela de Salamanca). Promueve, en suma, las libertades civiles y económicas, y se opone al absolutismo, al despotismo ilustrado y al conservadurismo. Constituye la corriente en la que se fundamentan tanto el Estado de derecho, como la democracia participativa y la división de poderes.

Desde sus primeras formulaciones, el pensamiento político liberal se ha fundamentado sobre tres grandes ideas:[2]

  1. Los seres humanos son racionales y poseen derechos individuales inviolables, entre ellos, el derecho a configurar la propia vida en la esfera privada con plena libertad, y los derechos a la propiedad y la felicidad. Esto se basa en los tres derechos naturales de John Locke: vida, libertad y propiedad privada.
  2. El gobierno y, por tanto, la autoridad política, deben resultar del consentimiento de las personas libres, debiendo regular la vida pública sin interferir en la esfera privada de los ciudadanos.
  3. El Estado de Derecho obliga a gobernantes y gobernados a respetar las reglas, impidiendo el ejercicio arbitrario del poder.

Aboga principalmente por:[cita requerida]

El liberalismo surgió de la lucha contra el absolutismo, inspirando en parte en la organización de un Estado de derecho con poderes limitados —que idealmente tendría que reducir las funciones del gobierno a seguridad, justicia y obras públicas— y sometido a una constitución, lo que permitió el surgimiento de la democracia liberal durante el siglo XVIII, todavía vigente hoy en muchas naciones actuales, especialmente en las de Occidente.

El liberalismo europeo del siglo XX ha hecho mucho hincapié en la libertad económica, abogando por la reducción de las regulaciones económicas públicas y la no intervención del estado en la economía. Este aspecto del liberalismo ya estuvo presente en algunas corrientes liberales del siglo XIX opuestas al absolutismo y abogó por el fomento de la economía de mercado y el ascenso progresivo del capitalismo. Durante la segunda mitad del siglo XX, la mayor parte de las corrientes liberales europeas estuvieron asociadas a la comúnmente conocida como derecha política.

En Estados Unidos una parte del liberalismo ha estado históricamente ligada a movimientos sociales y comúnmente asociadas a la izquierda política. Debe tenerse en cuenta que el liberalismo es diverso y existen diferentes corrientes dentro de los movimientos políticos que se autocalifican como "liberales"

Características[editar]

Sus características principales son:[cita requerida]

  • El individualismo, que considera al individuo primordial, como persona única y en ejercicio de su plena libertad, por encima de los aspectos colectivos.
  • La libertad como un derecho inviolable que se refiere a diversos aspectos: libertad de pensamiento, de culto, de expresión, de asociación, de prensa, etc., cuyo único límite consiste en no afectar la libertad y el derecho de los demás, y que debe constituir una garantía frente a la intromisión del gobierno en la vida de los individuos.
  • El principio de igualdad ante la ley, entendida referida a los campos jurídico y político. Es decir, para el liberalismo todos los ciudadanos son iguales ante la ley y ante el Estado.
  • El derecho a la propiedad privada como fuente de desarrollo e iniciativa individual, y como derecho inalterable que debe ser salvaguardado y protegido por la ley.
  • El establecimiento de códigos civiles, constituciones e instituciones basadas en la división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), y en la discusión y solución de los problemas por medio de asambleas y parlamentos.
  • La libertad de cultos y la separación del estado y la iglesia en un Estado laico.

Liberalismo social y económico[editar]

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga en 1831, quienes intentaron sin éxito acabar con la política absolutista de Fernando VII. Óleo de Antonio Gisbert Pérez (1834-1901).

El liberalismo normalmente incluye dos aspectos interrelacionados: el social y el económico. El liberalismo social es la aplicación de los principios liberales en la vida política de los individuos, como por ejemplo la no intromisión del Estado o de los colectivos en la conducta privada de los ciudadanos y en sus relaciones sociales, existiendo plena libertad de expresión y religiosa, así como los diferentes tipos de relaciones sociales consentidas, morales, etc.

Esta negativa permitiría (siempre y cuando sea sometida a aprobación por elección popular usando figuras como referendos o consultas públicas, ya que dentro del liberalismo siempre prevalece el Estado de derecho y éste en un Estado democrático se lleva a su máxima expresión con la figura del sufragio) la libertad de paso, la no regulación del matrimonio por parte del Estado (es decir, éste se reduciría a un contrato privado como otro cualquiera), la liberalización de la enseñanza, etc. Por supuesto, en el liberalismo hay multitud de corrientes que defienden con mayor o menor intensidad diferentes propuestas.

El liberalismo económico es la aplicación de los principios liberales en el desarrollo material de los individuos, como por ejemplo la no intromisión del Estado en las relaciones mercantiles entre los ciudadanos, impulsando la reducción de impuestos a su mínima expresión y reducción de la regulación sobre comercio, producción, etc. Según la ideología liberal, la no intervención del Estado asegura la igualdad de condiciones de todos los individuos, lo que permite que se establezca un marco de competencia justa, sin restricciones ni manipulaciones de diversos tipos. Esto significa neutralizar cualquier tipo de beneficencia pública, como aranceles y subsidios.

La disolución del gobierno y el derecho a la resistencia: Locke, Kant y Rawls[editar]

Para Locke la sociedad es una creación humana, es decir por consentimiento, debido a ello puede elegir a quien(es) gobierne(n). Sin embargo, como los miembros de la sociedad o dicho de otro modo, los miembros del cuerpo político decidieron a quien elegir, por cuanto tiempo y bajo qué condiciones, si quienes gobiernan contravienen los principios del gobierno y los derechos del pueblo, el poder debe regresar a sus manos originarias.

El pueblo no está obligado a obedecer cuando se infringen las normas “Locke se refiere en todo momento a la pérdida de autoridad, a la ilegalidad como condición de posibilidad de la disolución del gobierno, ante la cual se habilita la resistencia en forma legítima"[3] la pregunta es ¿podrá el pueblo sublevarse por cualquier cuestión que considere importante? La respuesta es NO, “Locke insiste en que el pueblo no se subleva por nimiedades, y es capaz de tolerar un gran número de injusticias. Sólo cuando las violaciones a la ley o a los fines de la sociedad se perpetúan en el tiempo los pueblos se resisten"[4] .

Otro pensador clásico, liberal, fue Immanuel Kant, quien también estudia la conformación de la sociedad, la libertad y la sujeción al gobierno. Para Kant la libertad  está directamente relacionada con el derecho del individuo de obedecer solo aquellas leyes en las que vea reflejada su propia voluntad legisladora.[5] Hasta este punto parece estar de acuerdo con Locke, pero si bien el pueblo es una suma de voluntades que pactan para una mejor forma de vida,  “las ideas de voluntad general y de contrato no implican, en este marco, el reconocimiento de derechos inalienables del pueblo, sino que son asumidas, en todo caso, como criterios que permiten al legislador dictar leyes tales que hubiesen podido ser aceptadas por la voluntad unida de todo un pueblo” .[6]

Si bien el pueblo tiene derechos, estos se pueden y deben enajenar en el momento que se conforma un gobierno, mismo que se vuelve su representante que puede diseñar y ejecutar leyes pensando en el bienestar del mismo. De ahí que “Para que una ley sea considerada legítima (y pueda reclamar el consentimiento de aquellos que se someten a ella), no es preciso que sea el pueblo reunido en asamblea quien dicte tal ley, ni tampoco es necesario que éste preste su consentimiento efectivo: si una ley es de tal índole que resulte imposible que todo un pueblo pueda otorgarle su aprobación, entonces no es legítima, pero con que sea solo posible que alguna vez el pueblo prestara su conformidad a dicha ley establecida, entonces ésta puede ser considerada justa”.[7]

Luego entonces, para poder contar con un gobierno justo quienes lo eligen, deben conocer las cualidades y capacidades de sus elegidos, porque de acuerdo a Kant, una vez electos, no hay marcha atrás. ¿Perdió algo el liberalismo? Así es, la posibilidad de desobediencia civil.

Ahora bien, ¿Es aplicable la desobediencia civil en nuestros tiempos? ¿Qué dicen los nuevos abanderados del liberalismo?

Actualmente vivimos inmersos en la injusticia, la pobreza y la desigualdad se han extendido de una manera vertiginosa, de ahí que los estudiosos de las ciencias sociales regresen al liberalismo como salida o resolución de un problema que se está agravando. Ellos sostienen "que las situaciones de pobreza extrema y miseria existentes en los países del mundo subdesarrollado constituyen un problema de justicia económica global”[8] una de las propuestas de John Rawls, máximo exponente del liberalismo actual, es la implementación de políticas de asistencia social, pero de ninguna manera cambiar el sistema económico.[9]

Según Rawls, los problemas sociales actuales nada tienen que ver que las estructuras económicas internacionales, más bien son problemas locales, que los gobiernos internos han sido incapaces de resolver.[10]

Contrario a la mayoría de los pensadores clásicos, que procuran explicar las condiciones sociopolíticas de su tiempo, pensadores contemporáneos como Rawls buscan justificar el sistema económico actual. Así pues, nos encontramos con dos posturas: una que defiende la posición del pueblo y otro que defiende la posición del gobierno.

Liberalismo benthamiano y paretiano[editar]

Monumento a los liberales del siglo XIX situado en el barrio Agra del Orzán, La Coruña, España.

Una división menos famosa pero más rigurosa es la que distingue entre el liberalismo predicado por Jeremías Bentham y el defendido por Wilfredo Pareto. Esta diferenciación surge de las distintas concepciones que estos autores tenían respecto al cálculo de un óptimo de satisfacción social.

En el cálculo económico se diferencian varias corrientes del liberalismo. En la clásica y neoclásica se recurre con frecuencia a la teoría del homo œconomicus, un ser perfectamente racional con tendencia a maximizar su satisfacción. Para simular este ser ficticio se ideó el gráfico Edgeworth-Pareto, que permitía conocer la decisión que tomaría un individuo con un sistema de preferencias dado (representado en curvas de indiferencia) y unas condiciones de mercado dadas. Es decir, en un equilibrio determinado.

Sin embargo, existe una gran controversia cuando el modelo de satisfacción se ha de trasladar a una determinada sociedad. Cuando se tiene que elaborar un gráfico de satisfacción social, el modelo benthamiano y el paretiano chocan frontalmente.

Según Wilfredo Pareto, la satisfacción de que goza una persona es absolutamente incomparable con la de otra. Para él, la satisfacción es una magnitud ordinal y personal, lo que supone que no se puede cuantificar ni relacionar con la de otros. Por lo tanto, sólo se puede realizar una gráfica de satisfacción social con una distribución de la renta dada. No se podrían comparar de ninguna manera distribuciones diferentes. Por el contrario, en el modelo de Bentham los hombres son en esencia iguales, lo cual lleva a la comparabilidad de satisfacciones y a la elaboración de una única gráfica de satisfacción social.

En el modelo paretiano, una sociedad alcanzaba la máxima satisfacción posible cuando ya no se le podía dar nada a nadie sin quitarle algo a otro. Por lo tanto, no existía ninguna distribución óptima de la renta. Un óptimo de satisfacción de una distribución absolutamente desigual sería, a nivel social, tan válido como uno de la más absoluta igualdad (siempre que estos se encontrasen dentro del criterio de óptimo paretiano).

No obstante, para igualitaristas como Bentham no valía cualquier distribución de la renta. El que los humanos seamos en esencia iguales y la comparabilidad de las satisfacciones llevaba necesariamente a un óptimo más afinado que el paretiano. Este nuevo óptimo, que es necesariamente uno de los casos de óptimo paretiano, surge como conclusión lógica necesaria de la ley de los rendimientos decrecientes.

Véase también[editar]

Principales obras[editar]

Referencias[editar]

  1. Real Academia Española (2014). «liberalismo». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. Consultado el 30 de julio de 2015. 
  2. Sodaro, Michael J. Sodaro: política y ciencia. Mcgraw-Hill / Interamericana De España, S.A. p. 21. ISBN 9788448143749. Consultado el 30 de julio de 2015. 
  3. Severo Chumbita, Joan (Mayo, 2014). «La configuración del pueblo en la resistencia. Un abordaje contemporáneo sobre la obra de John Locke». Revista SAAP. Publicación de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político. Consultado el 24 de agosto de 2016. 
  4. Severo Chumbita, Joan (Mayo, 2014). «La configuración del pueblo en la resistencia. Un abordaje contemporáneo sobre la obra de John Locke». Revista SAAP. Publicación de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político. Consultado el 24 de agosto de 2016. 
  5. Beade, Ileana P. «CONSIDERACIONES ACERCA DE LA CONCEPCIÓN KANTIANA DE LA LIBERTAD EN SENTIDO POLÍTICO». Revista de filosofía 65: 25-41. doi:10.4067/S0718-43602009000100002. ISSN 0718-4360. Consultado el 24 de agosto de 2016. 
  6. Beade, Ileana P. «CONSIDERACIONES ACERCA DE LA CONCEPCIÓN KANTIANA DE LA LIBERTAD EN SENTIDO POLÍTICO». Revista de filosofía 65: 25-41. doi:10.4067/S0718-43602009000100002. ISSN 0718-4360. Consultado el 24 de agosto de 2016. 
  7. Beade, Ileana P. «CONSIDERACIONES ACERCA DE LA CONCEPCIÓN KANTIANA DE LA LIBERTAD EN SENTIDO POLÍTICO». Revista de filosofía 65: 25-41. doi:10.4067/S0718-43602009000100002. ISSN 0718-4360. Consultado el 24 de agosto de 2016. 
  8. Cortés Rodas, Francisco (Abril, 2010). «Una crítica a las teorías de justicia global: al realismo, a Rawls, Habermas y Pogge». Ideas y Valores 59: 93-110. ISSN 0120-0062. Consultado el 24 de agosto de 2016. 
  9. Rodas, Francisco Cortés (1 de enero de 2010). «Una Crítica a Las Teorías De Justicia Global: Al Realismo, a Rawls, Habermas Y Pogge». Ideas y Valores. Consultado el 29 de agosto de 2016. 
  10. Rodas, Francisco Cortés (1 de enero de 2010). «Una Crítica a Las Teorías De Justicia Global: Al Realismo, a Rawls, Habermas Y Pogge». Ideas y Valores. Consultado el 29 de agosto de 2016. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]