Desobediencia civil

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Activista cívico contra la guerra es arrestado por desobediencia civil en las escaleras de la Corte Suprema de Estados Unidos en Washington DC, en febrero de 2005.

Desobediencia o desobediencia civil se define como el acto de no acatar una norma de la que se tiene obligación de cumplimiento. La norma que debería obedecerse es, por lo general, una norma jurídica, o en todo caso cualquier norma que el grupo en el poder considera investida de autoridad en el sentido de que su transgresión acarreara inevitablemente un castigo.[1] La desobediencia puede ser activa o pasiva. El término "civil" hace referencia a los deberes generales que todo ciudadano debe reconocer, legitimando así el orden legal vigente. En otras palabras, "civil" indica que el objetivo principal de la desobediencia es traer cambios en el orden social o político que afectarían la libertad de los ciudadanos.

La desobediencia civil puede definirse como "cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando el autor tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos".

Para que un acto se clasifique como de desobediencia civil, se necesita que la acción se haga públicamente, que sea ilegal o que así lo clasifique el poder, y que al mismo tiempo quien cometa el supuesto delito esté consciente de sus acciones y motivos.

Definición[editar]

La desobediencia civil es una forma de disidencia política consistente “en una quiebra consciente de la legalidad vigente con la finalidad no tanto de buscar una dispensa personal a un deber general de todos los ciudadanos (objeción de conciencia), sino de suplantar la norma transgredida por otra que es postulada como más acorde con los intereses generales. Intereses que, no obstante, han de ser identificados a través de un procedimiento democrático de formación de la voluntad”.[2]

Los actos de desobediencia civil buscan no la afirmación de un principio en la esfera privada, sino una llamada de atención a la opinión pública sobre el hecho de que una ley o política sancionadas por las autoridades están conculcando un principio de índole moral. En adición, "la desobediencia civil se debe dar a conocer a los representantes de orden público de una manera que se sientan identificados sobre la cuestión por la que van a luchar y sus fines deben ser públicos y limitados. Su objetivo manifiesto no puede ser el beneficio particular o económico; debe guardar cierta relación con una concepción de la justicia o del bien común."[1]

Otra forma de definir la desobediencia al Derecho (aunque en el fondo con un sentido similar), sería la siguiente: "Entiendo por desobediencia civil en sentido amplio aquellas formas de insumisión al Derecho motivadas por consideraciones políticas o morales que, no obstante ilícitas, guardan una mínima lealtad constitucional, es decir, aceptan el sistema de legitimidad democrático como el más correcto para la adopción de las decisiones colectivas".[3]

En primer lugar, el término "civil" hace referencia a los fines perseguidos por los activistas: son fines políticos, de cambio social. La desobediencia civil es una acción deliberada e intencional. El progreso moral o político se perciben como la consecuencia, como el efecto buscado por los desobedientes. Y para ello es lógico que los activistas utilicen las tácticas y estrategias que mejor se ajusten a sus fines. Pero esta pretensión de cambio se enmarca en el reconocimiento de los deberes generales del ciudadano en una sociedad libre. Y en particular en la lealtad hacia las reglas del juego del orden constitucional: la desobediencia civil no es revolucionaria, ni pretende imponer su criterio a la mayoría, sino que respeta las reglas democráticas de cambio político.[4]

En segundo lugar los desobedientes actúan por motivos morales. Consideran que las normas que rechazan son normas arbitrarias u odiosas, que repugnan a la conciencia del ciudadano. La desobediencia civil es una expresión de responsabilidad personal por la injusticia, refleja el compromiso de no colaborar ni someterse a prácticas y normas injustas.[4]

En tercer lugar, la desobediencia civil es siempre pública y abierta. Los activistas buscan influir no sólo en sus gobernantes, sino también (y sobre todo) en la opinión pública. Por ello la desobediencia civil suele ser, asimismo, colectiva, y no individual. La publicidad es un medio de persuasión, y no de coacción. Es en este sentido que ha podido decirse (Rawls, Habermas) que la desobediencia civil es una forma de discurso público, con una función pedagógica.[5]

En cuarto lugar, los desobedientes están dispuestos a asumir las consecuencias legales de sus actos, y a aceptar el castigo previsto para ellos. Quien acepta pacífica y disciplinadamente la sanción que conlleva su comportamiento ilegal está afirmando con ello su respeto por el conjunto del ordenamiento constitucional y por las reglas del juego democrático. La aceptación voluntaria del castigo sirve, además, para diferenciar la desobediencia moralmente motivada de la infracción interesada u oportunista.[6]

En quinto lugar, la desobediencia civil es pacífica y no violenta. Esta condición debe entenderse como una voluntad de minimizar los daños y de restringir el uso de la fuerza en todo lo posible. El uso descontrolado y masivo de la fuerza física es incompatible con la desobediencia civil.[5]

"Los actos de desobediencia civil son parte de un estado de derecho democrático que se desarrollan en sociedades maduras", que logran crear conflictos dejando saber que las leyes e instituciones que están establecidas legalmente pueden fallar en algún momento. Esto abre espacio a la creación de interpretaciones distintas a las existentes, que intentan exponer para que ser consideradas justas.[7] Desde la perspectiva de la desobediencia civil, es discutible la opinión de que todo acto que vaya en contra de la ley es siempre un acto ilegal que merece ser castigado.[1]

Tal vez una de las razones por las cuales el tema de la desobediencia despierta la sensibilidad y suspicacia de vastos sectores (especialmente de aquéllos vinculados a los diferentes ámbitos del poder), sea el hecho de que se encuentra ampliamente extendida esa conceptualización que define a la relación política como una relación de “mando y obediencia” en donde la pregunta por el fundamento de la legitimidad del poder queda desplazada por el énfasis en la consideraciones como un hecho desprovisto de valoraciones.[8]

Características[editar]

Rasgo característico de la desobediencia civil es su ejecución de forma consciente, pública, pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad con el fin de rectificar los errores que ésta haya cometido, a juicio de quienes protestan.

En un sistema democrático, el desobediente civil viola la norma como medio de apelación a la mayoría para que ésta rectifique, aunque siempre recurriendo, en la expresión de la protesta, a los mismos principios constitucionales a los que la mayoría recurre para legitimarse. En el marco de sistemas no democráticos, la desobediencia al derecho con motivación política se hace, más bien, al amparo del derecho de resistencia.

Un gesto de “desobediencia civil”, de quiebra consciente de la legalidad, de insumisión, de rechazo público, pacífico y notorio contra un Decreto-Ley que no puede obligar, por su ilegalidad. Ante un Gobierno controlado por los especuladores, capaz de responder con armas a las discrepancias con trabajadores desarmados, cabe la desobediencia civil de quienes promueven una sociedad solidaria contra las leyes y normas que combaten la crisis empobreciendo a la población (y disminuyendo su salud).[9]

Historia[editar]

Origen[editar]

El ensayista estadounidense Henry David Thoreau describió estos principios en su obra Desobediencia civil (1849), que influyó en personajes como León Tolstoy, Gandhi y Martin Luther King. Thoreau era considerado como una persona excéntrica, de ácidas reflexiones e ingenio inagotable: "Elaboró su reflexión a partir de su rechazo a pagar un impuesto del gobierno de la época destinado a financiar la guerra de Texas contra México, decisión por la cual fue encarcelado y de donde sólo salió cuando sus amigos cancelaron la deuda”. En concreto, Thoreau fue detenido y encarcelado en Concord, en el verano de 1846, pasando una sola noche en prisión.

Las ideas e intenciones de Thoreau iban más allá del egoísmo individualista (es decir, no era sólo por no querer pagar ese impuesto), sino que cuestionaba la conformidad del gobierno para cobrar impuestos que financiaban una guerra que él consideraba injusta, máxime cuando ese mismo gobierno avalaba la esclavitud.[10]

Thoreau creó "un cierto tipo de resistencia no violenta pero contumaz, ni mucho menos pasiva, que tenía mucho de renuncia". Suya es la afirmación de que “Bajo un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es también la prisión” (Thoreau, 1849). En fin, Thoreau es considerado hoy como uno de los padres de la desobediencia civil. Sin embargo, no es precisamente innovador cuando reconoce que el gobierno puede estar equivocado y que es legítimo por parte del pueblo rebelarse: El gobierno por sí mismo, que no es más que el medio elegido por el pueblo para ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de originar abusos y perjuicios antes de que el pueblo pueda intervenir (Thoreau 1849).[11]

La desobediencia civil como forma de participación política[editar]

El término de desobediencia civil fue popularizado por el famoso ensayo de Thoreau; sin embargo, el concepto es el resultado de diferentes interpretaciones en la historia del pensamiento y de la acción del hombre.[1] Durante el marco histórico de la humanidad se presentan tres desobedientes ilustres. Estos son Henry David Thoreau en Estados Unidos; Mahatma Gandhi en India y Nelson Mandela en Sudáfrica. Los tres tenían en común el fin de articular sus discursos y asumirlos como ejemplos de participación política y como movimientos de cambio social, tanto en sociedades no demócratas e incluso demócratas, como en sociedades democráticas mas no consideradas legítimas.[12]

El hindú Mahatma Gandhi usó esta estrategia en la India, siendo ésta todavía una colonia del Imperio Británico, con el objetivo de lograr la independencia de forma no violenta. Gandhi llamó a boicotear al gobierno colonial inglés, mediante huelgas, movilizaciones y violando la autoridad impuesta, con el objetivo de mostrar que de manera pacífica obtendrían mejores resultados que con la violencia, en donde la superioridad de los ingleses aplastaba cualquier lucha armada. En adición, entre muchos de los teóricos de la desobediencia civil, Mohandas K. Gandhi se destaca en la historia de las campañas masivas. El primer movimiento de masas auténtico de la desobediencia civil, dirigido por Gandhi, fue la marcha al Transvaal en noviembre del 1913, para protestar contra leyes discriminatorias. Algunas de estas leyes eran, por ejemplo, el impuesto anual a todos los indios que permanecían en Sudáfrica después de finalizado el contrato de trabajo que les había llevado allí, así como la ley que invalidaba todos los matrimonios no cristianos.[1]

Otra personalidad destacada en la práctica de la desobediencia civil fue Martin Luther King, líder del Movimiento por los Derechos Civiles, quien predicaba la transgresión pública de las leyes racistas impuestas en su país, Estados Unidos, contra los afroamericanos.

Otro antecedente significativo lo ofrece el movimiento sufragista. En 1913 más de mil mujeres habían pasado por las cárceles inglesas acusadas de cometer actos ilegales, públicos y no violentos en el marco de la lucha por el sufragio femenino. Cientos de ellas realizaron huelgas de hambre. El Gobierno británico respondió con la alimentación forzosa, y con leyes que permitían el cumplimiento escalonado de las penas.[13]

Referencias[editar]

  1. a b c d e Bay, Christian (1974). Desobediencia Civil Enciclopedia internacional de las ciencias sociales vol. 3. Madrid: Aguilar: p. 633-45
  2. Juan Carlos Velasco: “Tomarse en serio la desobediencia civil”, en Revista Internacional de Filosofía Política, nº 7 (1996), pág. 165
  3. Marina Gascón Abellán. Obediencia al Derecho y objeción de conciencia. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales; 1990. pág. 42
  4. a b Garzón Valdés, Ernesto (1981). "Acerca de la desobediencia civil". Sistema 42: pp. 79-92
  5. a b Almoguera Carreres, Joaquín (2002). "Obligación de obediencia al Derecho y desobediencia civil" en Díaz, Elías, y Colomer, J.L. (eds.) Estado, justicia, derechos. Madrid: Alianza. ISBN 84-206-8677-8: págs. 333-339.
  6. García Cotarelo, Ramón (1987). Resistencia y desobediencia civil. Madrid: Eudema. ISBN 84-7754-002-0: págs. 154-157.
  7. Estado de Derecho y Desobediencia civil. POLIS, Revista de la Universidad Bolivariana, 27(9), pág. 501-521. 11 de octubre de 2011. Pressacco, Carlos F. Diciembre 2010
  8. Estado de Derecho y Desobediencia civil. POLIS, Revista de la Universidad Bolivariana, 27(9), pág. 501-521. 11 de octubre de 2011. Pressacco, Carlos F. Diciembre 2010
  9. Gérvas J. Desobediencia civil (contra el estado de alarma). Salud, enfermedad y bajas laborales. 2010/12.
  10. http://www.scielo.cl/scielo/php?script=sci_arttext&pid=S0718-65682010000300023&lang=pt. Estado de Derecho y Desobediencia civil. POLIS, Revista de la Universidad Bolivariana, 27(9), pág. 501-521. 11 de octubre de 2011. Pressacco, Carlos F. Diciembre 2010.
  11. http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=29916202#. La desobediencia civil como forma de participación política (cuando la rebeldía es un deber porque la discrepancia no es un derecho), Theoria Vol. 16(2), pág. 9-23. 19 de octubre de 2011. Massó Guijarro, Ester. (2007)
  12. http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=29916202#. La desobediencia civil como forma de participación política (cuando la rebeldía es un deber porque la discrepancia no es un derecho), Theoria Vol. 16(2), pág. 9-23. 19 de octubre de 2011. Massó Guijarro, Ester. (2007)
  13. Anderson, B.S., y Zinsser, J.P. (1991). Historia de las mujeres. Una historia propia, vol. 2. Barcelona: Crítica: pp. 410 y ss.

Bibliografía[editar]

  • Arendt, Hannah (1973). "Desobediencia civil", en Crisis de la República (págs. 59-108). Madrid: Taurus. ISBN 84-306-1106-1.
  • Bobbio, Norberto (1982). "Desobediencia civil", en Bobbio, N., y Matteucci, N. (eds.): Diccionario de Política. Vol. 1. Madrid: Siglo XXI, págs. 534-539.
  • Bedau, Hugo Adam (1991). Civil disobedience in focus. Londres: Routledge.
  • Dworkin, Ronald (1984). "Los derechos en serio", en Los derechos en serio (capít. VII). Barcelona: Ariel. ISBN 84-344-1508-9.
  • Dworkin, Ronald (1984). "La desobediencia civil", en Los derechos en serio (cap. VIII).
  • Estévez Araujo, José Antonio (1994). La Constitución como proceso y la desobediencia civil. Madrid: Trotta.
  • Fernández Buey, Francisco (2005). "Desobediencia civil". Madrid: Bajo Cero.
  • Garzón Valdés, Ernesto (1981). "Acerca de la desobediencia civil", en Sistema, nº 42, págs. 79-92.
  • Habermas, Jürgen (1988). “La desobediencia civil. Piedra de toque del Estado democrático de Derecho”, en Ensayos políticos. Barcelona: Península.
  • López Martínez, Mario (2006). Política sin violencia. La noviolencia como humanización de la política. Bogotá: Uniminuto (esp. capítulo III), ISBN 978-958-8165-28-8
  • Malem Seña, Jorge F. (1988). Concepto y justificación de la desobediencia civil. Barcelona: Ariel.
  • Pérez, José Antonio (1994). Manual práctico para la desobediencia civil. Pamplona: Pamiela.
  • Rawls, John (1995). Teoría de la Justicia (págs. 331-355). México, FCE, 2ª ed. ISBN 968-16-4622-3.
  • Rödel, Ulrich; Frankenberg, Günter y Dubiel, Helmut (1997). “Replantamiento de la cuestión democrática: la desobediencia civil como praxis simbólica”, en idem, La cuestión democrática, Huerga & Fierro, Madrid, págs. 53-87.
  • Singer, Peter (1985). "La desobediencia civil", en Democracia y desobediencia. Barcelona: Ariel.
  • Thoreau, Henry David: An essay on civil disobedience. Nueva York: Signet Classics, 150 Anniversary Edition.
  • Velasco, Juan Carlos (1996). “Tomarse en serio la desobediencia civil”, en Revista Internacional de Filosofía Política, n.º 7, págs. 159-184.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]