Hieros gamos

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Hierogamia de Zeus y Hera.
Gran zigurat de Ur.
Anunciación de Fra Angelico.
Hermes Trismegisto presenta la coniunctio de Sol y Luna.
Representación del estadio de la fermentatio ("fermentación") como hieros gamos en un grabado del siglo XVIII para ilustrar el Rosario de los filósofos.
Representación del yin-yang en la Notitia Dignitatum.

Hierogamia, Hieros gamos o Hierosgamos, es un concepto teológico de varias religiones que se refiere a la existencia de algún tipo de matrimonio sagrado, bodas santas o bodas espirituales. Se utiliza también en contextos simbólicos y en psicología analítica.[1]

Etimológicamente proviene de la composición hierós- (del griego ἱερός, "sagrado"), y -gamos (del griego γάμος, -γαμος, "unión" o "matrimonio").

Como resultado de la antropomorfización característica de todas las religiones, las antiguas incluyen entre sus mitos un papel central a la unión carnal entre dioses; por ejemplo, en la religión egipcia, entre Isis y Osiris, incestuosa, como muchas de las hierogamias.

Además de las de ese tipo, en la religión mesopotámica la unión carnal de dioses o diosas con mortales era un tema muy repetido, tanto en la literatura (Epopeya de Gilgamesh) como en ritos específicos que tenían lugar en el etemenanki, un espacio destacado del zigurat, donde el dios (encarnado para la ocasión en un sacerdote) yacía con una mujer. El ritual es descrito de forma escéptica por las fuentes griegas (Heródoto, que lo compara con otros similares de Tebas y Licia).[2]

Algo similar se incluye en la tradición devadasi del hinduismo y en ciertos cultos dionisíacos (Antesterias).

En la mitología grecorromana es abundantísima la referencia a todo tipo de contactos carnales entre todo tipo de seres sobrenaturales. Se describen relaciones legítimas (Zeus y Hera -cuya unión se celebraba en el Heraion de Samos-), ilegítimas (Afrodita y Ares, Deméter y Yasión) y frustradas (Apolo con Dafne, Pan con Siringa y Pitis, Orfeo con Eurídice); y sobre todo las que se establecen entre dioses y mortales (metamorfosis de Zeus), que engendraban a los héroes (telegonía).

La prostitución ritual de ciertas hetairas griegas se realizaba en determinados templos, y se le atribuía un carácter sagrado.

Las fuentes romanas describen rituales hierogámicos de la religión celta (el Lugnasad o "bodas de Lug"), que tras la cristianización pasaron a considerarse paganos. Con el Concilio de Nicea I fueron condenados y se procuró su erradicación como parte de la labor evangelizadora. Incluían bailes y cánticos que celebraban la unión sexual entre la mujer y el hombre; interpretados posteriormente como un acto de veneración a la mujer y su capacidad "divina" de dar vida a un ser humano, en el contexto del revival de lo celta (celtismo, new age, neopaganismo, wicca) que otorga un especial interés a ese tipo de rituales, relacionándolos con un anacrónico concepto de "matriarcado" y todo tipo de mixtificaciones, como el papel que pudieran cumplir en ciertas sociedades secretas (Dan Brown, El código Da Vinci).

En el cristianismo se utiliza el simbolismo de Cristo y la Iglesia como esposo y esposa respectivamente (sponsus et sponsa); y en la mística se desarrolló especialmente el tema de la unión del alma con Dios en un matrimonio místico, expresado a veces de forma muy explícita en la literatura (Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz), por contraste con la castidad de los matrimonios de la Virgen María: el enlace sobrenatural con el Espíritu Santo (que sigue a la Anunciación y con el que se realiza la Encarnación) y el enlace terrenal con San José.

La unificación que puede simbolizarse con un matrimonio sagrado es un arquetipo que se da también en otros ámbitos, muy diversos, como pueden ser los mitos de la reencarnación, las religiones mistéricas y la alquimia (que hablaba de la unificación o coniunctio -"conjunción"- de Sol y Luna); o el principio, aún más genérico, de la concordia oppositorum ("concordia de los opuestos"), yin y yang (filosofía oriental) o yab-yum (budismo tántrico).

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Jung, C. G.; Jaffé, Aniela (1964/2005 [7ª edición]). Recuerdos, sueños, pensamientos. p. 475. ISBN 978-84-322-0829-4.  Texto « publicación: Barcelona: Editorial Seix Barral » ignorado (ayuda);
  2. Historias, I, 181-183, refiriéndose al templo de Marduk en Babilonia: Este templo, que todavía duraba en mis días, es cuadrado y cada uno de sus lados tiene dos estadios. En medio de él se va fabricada una torre maciza que tiene un estadio de altura y otro de espesor. Sobre esta se levanta otra segunda, después otra tercera, y así sucesivamente hasta llegar al número de ocho torres. Alrededor de todas ellas hay una escalera por la parte exterior, y en la mitad de las escaleras un rellano con asientos, donde pueden descansar los que suben. En la última torre se encuentra una capilla, y dentro de ella una gran cama magníficamente dispuesta, y a su lado una mesa de oro. No se ve allí estatua ninguna, y nadie puede quedarse de noche, fuera de una sola mujer, hija del país, a quien entre todas escoge el Dios, según refieren los Caldeos, que son sus sacerdotes. Dicen también los Caldeos (aunque yo no les doy crédito) que viene por la noche el Dios y la pasa durmiendo en aquella cama, del mismo modo que sucede en Tébas del Egipto, como nos cuentan los egipcios, en donde duerme una mujer en el templo de Júpiter tebano. En ambas partes aseguran que aquellas mujeres no tienen allí comunicación con hombre alguno. También sucede lo mismo en Pátara de la Licia, donde la sacerdotisa, todo el tiempo que reside allí el oráculo, queda por la noche encerrada en el templo.

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