Castidad

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Alegoría a la Castidad.

Castidad es el comportamiento voluntario a la moderación y adecuada regulación de placeres o actos sexuales.

Punto de vista de las religiones[editar]

La castidad vista desde el cristianismo[editar]

El Cristianismo considera la castidad como virtud que ayuda a cumplir con las funciones sexuales con las que los humanos nacen. Sostiene que ayuda a la procreación junto a la razón. Considera que por la castidad la persona adquiere dominio de su sexualidad, todo ello para ser feliz. Para el cristianismo no es una negación de la sexualidad sino un fruto del Espíritu Santo y consiste en el dominio de sí mismo, en la capacidad de orientar el instinto sexual hacia causas que han definido como más morales ligadas al crecimiento espiritual y corporal de las personas según sus enseñanzas.

Para el cristianismo la castidad es una virtud necesaria en los distintos estados situacionales de la vida, y para la gran mayoría es contradictoria:

  • Los casados: Castidad significa ser fiel.
  • Para los no casados que aspiren al matrimonio, la castidad requiere abstención. Castidad significa abstinencia.

Los principales elementos que no componen la castidad son:

  • La lujuria, ya que para la iglesia es vista como un deseo o un goce "desordenado" del placer venéreo. Ante la moral cristiana, el placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo.
  • La fornicación vista como relaciones sexuales fuera del matrimonio. Para el cristianismo las relaciones sexuales deben ser realizadas únicamente cuando los involucrados estén casados y entendiendo siempre estas relaciones sexuales como un acto de unión de los cónyuges, que no debe ser nunca separado de la finalidad reproductiva de las mismas (lo que justifica la oposición al uso de métodos anticonceptivos en los católicos).
  • La pornografía, según la iglesia y la moral cristiana "desnaturaliza la finalidad del acto sexual".


La castidad ofrece en el cristianismo una preparación espiritual para el sacerdocio, el matrimonio, la vida religiosa o el celibato. Los ministros consagrados (sacerdotes, obispos) se comprometen a vivir en celibato. El voto de castidad es obligatorio para los miembros de órdenes religiosas tanto masculinas como femeninas. Sin embargo este voto absoluto no es requerido en otras confesiones cristianas, tales como las protestantes.

Según la moral cristiana la castidad eleva el amor en la vida consagrada a Dios. Aunque en el matrimonio, se estima el amor corporal porque contribuye a fortalecerlo en los esposos.

Para la fe cristiana la castidad como virtud verdadera no es posible para el hombre con sus solas fuerzas o determinaciones. Es decir, el hombre y la mujer necesitan de la gracia de Dios para poder realizar esta virtud, obtenida por medio de los sacramentos y la oración. Es así como lo expresa San Agustín en sus confesiones.

Los diversos regímenes de la castidad[editar]

Todo cristiano es llamado a la castidad. El cristiano se ha "revestido de Cristo" (Ga 3, 27), modelo de toda castidad. Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad en la castidad.

Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, otra de la virginidad.

En el cristianismo las parejas de novios deben practicar la castidad, en este caso, la abstinencia sexual. En estos términos, las relaciones sexuales son castas sólo dentro del matrimonio.

Las ofensas a la castidad[editar]

Dentro de esta moral cristiana que exalta la castidad existen los elementos los cuales juegan un papel de antítesis. Entre otros se pueden nombrar:

  • La lujuria, ya que para la iglesia es vista como un deseo o un goce "desordenado" del placer venéreo. Ante la moral cristiana, el placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo.
  • La fornicación vista como relaciones sexuales fuera del matrimonio. Para el cristianismo las relaciones sexuales deben ser realizadas únicamente cuando los involucrados estén casados y siempre con fines reproductivos (lo que justifica la oposición al uso de métodos anticonceptivos en los católicos).
  • La pornografía, según la iglesia y la moral cristiana "desnaturaliza la finalidad del acto sexual".
  • La prostitución, atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo (véase 1 Corintios 6:15-20). La prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.
  • La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más grave todavía es la violación cometida por parte de los padres (que se llama incesto) o de educadores con los niños que les están confiados.


Y otras implicaciones no explicitadas aquí.

Castidad católica y Concilio de Letrán I[editar]

La decisión de castidad por parte de la Iglesia Católica sobre el cuerpo de sacerdotes, diáconos, subdiáconos y monjes, parte de una clara intención recaudatoria y de control sobre sus miembros. Al carecer estos de familia y gastos y distracciones consecuentes, los convertía en almas dedicadas al servicio de la congregación, sin más preocupación que esta, y con la regulación propia de sueldos y alojamientos. Todo esto ocurre en el Concilio de Letrán I, convocado por el papa Calixto II en 1123.

Castidad católica y homosexualidad[editar]

La postura de la Iglesia Católica respecto a los homosexuales es que éstos deben vivir en castidad, debiéndose apoyar para ello en la oración y los sacramentos.

Castidad vista desde otras religiones[editar]

Islam[editar]

Los valores del Islam son semejantes al cristianismo en muchos puntos, pero también existen diferencias. Para los musulmanes la virginidad masculina y femenina antes del matrimonio es importante. Una mujer u hombre que no es casto (ya sea por prostitución, sexo prematrimonial o infidelidad) degrada generalmente su estatus social. La homosexualidad para el Islam es un acto contra natura. Por ello en muchos países aún existe la pena capital para quienes no lleven a cabo las reglas propias de la castidad musulmana.

Castidad desde el punto de vista social[editar]

El término castidad y los límites de ésta son muy variables entre sociedades. Existen muchos factores que influyen en la visión de la castidad y la sexualidad: religión, valores, tradiciones, educación sexual. También estas opiniones van cambiando a través del tiempo.

Iconología[editar]

Iconología de la castidad

Los romanos habían divinizado la castidad y la representaban vestida como una matrona romana, teniendo un cetro en la mano y a sus pies dos palomas blancas. De este modo se ve representada en el reverso de una medalla de la joven Faustina.

En otras partes, está vestida de blanco y velada apoyándose en una columna y con un ramo de cinamomo en la mano. Tiene además una criba o cernero lleno de agua aludiendo a aquella vestal romana que se dice que hizo esta experiencia en justificación de su castidad. Cochin añade algunas monedas a sus pies, una serpiente cuya cabeza aplasta y carbones encendidos sobre los cuales camina.

Otros iconologistas la han dado por símbolo el armiño, con un cinturón sobre el cual se leían estas palabras: Me castigo: yo me reprimo. Al pie de la figura suele ponerse un Amor con el arco roto y los ojos vendados.[1]

Véase también[editar]

Fuentes[editar]

  • Sagrada Congregación para la educación católica: Pautas de educación sexual, nº 18. Revista ECCLESIA, 2155 (24-XII-83)23
  • Conferencia Episcopal Española: Ésta es nuestra fe, 2ª, III, 7,

2, 1, b. EDICE. Madrid, 1986.

  • Global Sex Survey 2005, Durex. [1]
  • Yoga para toda la vida 1ª.ed. Buenos Aires: Âgama, 2004. Cuerpo y Alma.ISBN: 987 - 1088-21-3. pág. 12

Referencias[editar]