Orden Trinitaria

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Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos
Signumordinis.gif
Signum Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum
Nombre latino Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum
Siglas O.SS.T
Tipo Orden religiosa de Derecho Pontificio
Regla Propia
Hábito Blanco con capucha y escapulario con cruz roja y azul sobre el pecho
Fundador San Juan de Mata y San Félix de Valois
Fundación 1193
Lugar de fundación Cerfroid, Flag of France.svg Francia
Aprobación 17 de diciembre de 1198, Inocencio III
Superior General Fr. Joseph Narlaly, Ministro General
Lema Gloria tibi Trinitas et captivis libertas
Religiosos 621 (en 2013)
Sacerdotes 407 (en 2013)
Curia Curia General: Via Massimi, 114/c, 00136 Roma, Flag of Italy.svg Italia
Presencia 22 países, 103 casas
Actividades Liberación de la persona de cualquier tipo de cautividad en continuidad con el carisma redentor histórico.
Sitio web Curia Generalizia [1]

La Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos' (en latín Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum, conocida también como Orden Trinitaria o Trinitarios, es una familia religiosa fundada por el francés San Juan de Mata (1154-1213), de origen provenzal, con Regla propia, aprobada por Inocencio III el 17 de diciembre de 1198 con la bula Operante divine dispositionis; a la que se unió la praxis de San Félix de Valois (cofundador de la Orden). Es la primera institución oficial en la Iglesia dedicada al servicio de la redención con las manos desarmadas, sin más armadura que la misericordia, y con la única intención de devolver la esperanza a los hermanos en la fe que sufrían bajo el yugo de la cautividad. Es también la primera Orden religiosa no monástica y una de las principales órdenes religiosas que se extendieron por España y Europa durante la Baja Edad Media.

Orígenes de la Orden[editar]

Detalle de un grabado de 1700, de los monjes fundadores de la Orden de los Trinitarios Calzados, con la versión de las cruces "patadas".

Según la tradición, la Orden Trinitaria fue fundada por inspiración divina. Todos los documentos de la época que así lo afirman toman como base la visión o revelación que San Juan de Mata tuvo en su primera misa, celebrada en París el 28 de enero de 1193, y a la que asistieron el obispo de París, Maurice de Sully, y el abad de San Víctor de París. En el momento de la consagración tuvo la inspiración de ver a Cristo Redentor en medio de dos cautivos, uno blanco con una cruz roja y azul, el otro negro, y Cristo los tomaba a ambos de las manos en actitud de intercambiarlos. Para distinguir a la Orden Trinitaria de todas las demás, Juan de Mata mandó imprimir unos sellos en los que grabó esta visión, y también mandó realizar un mosaico que colocó en la entrada de la Casa de la Santísima Trinidad de Roma, en el Monte Celio. Ininterrumpidamente, los trinitarios han usado este símbolo como sello propio y de sus ministros, hasta la actualidad.

La tradición trinitaria considera a san Félix de Valois cofundador de la Orden y compañero de Juan de Mata en el desierto eremítico de Cerfroid, en las cercanías de París. Allí se formó una comunidad de personas, sostenida y unida por el propósito y la intención de Juan de Mata de fundar una Orden. Se convirtió así en primera comunidad y casa madre de la Orden, y en ella fueron elegidos los Ministros Generales de la Orden hasta la Revolución Francesa, en que fue destruida.

La Regla Trinitaria[editar]

Con rasgos profundamente evangélicos, Juan de Mata funda un nuevo y original proyecto de vida religiosa en la Iglesia que conecta la Trinidad y la redención de cautivos: la orden es Orden de la Santísima Trinidad y de la redención de cautivos, los conventos se denominan Domus Trinitatis 'Casa de la Santísima Trinidad, y los religiosos son los hermanos de la Santa Trinidad.

La Regla Trinitaria, conservada en los Archivos Vaticanos, es el único escrito del fundador. En ella podemos ver el espíritu que movió a Juan de Mata a fundar la Orden, y al mismo tiempo nos sirve de estudio para conocer la vida de aquellos primeros trinitarios, sus anhelos e inquietudes. La Regla tiene influencias de una triple tradición de la vida religiosa: del monaquismo toma la vida claustral con su ideal de seguimiento evangélico de Cristo y de vida comunitaria; de los canónigos regulares de San Víctor toma el carácter clerical, el ministerio pastoral; y de las órdenes hospitalarias recibe su carácter caritativo-social orientado al rescate de los cautivos y a los hospitales para peregrinos y para los mismos cautivos. Y además le añade un elemento importante: la relación con la Santísima Trinidad, de la que se embebió en su formación con los victorinos de París, especialmente con Hugo y Ricardo de San Víctor.

Juan de Mata quiere para los trinitarios una vida religiosa auténtica, volviendo al Evangelio y a la vida apostólica, desde la sencillez de las relaciones, sin desigualdades; también un carisma liberador hacia todo cristiano, y no cristiano, y así la Regla está impregnada del ideal del servicio, la humildad y la entrega al pobre y cautivo, esté donde esté; y en tercer lugar, quiere una devoción especial a la Santísima Trinidad, como fuente de toda la vida cristiana, y así en nombre de la Santísima Trinidad se fundan casas, se levantan iglesias, se rescatan cautivos.

No es una Regla al estilo de las monásticas de San Basilio, San Benito o San Agustín, no está llena de exhortaciones y largas citas evangélicas, sino de principios breves y directos, porque según el estilo de la época, es el mismo Evangelio el que se toma como regla de vida. Tal vez el elemento más llamativo de la Regla Trinitaria es la Tertia Pars:

Omnes res, undecumque licite veniant, in tres partes dividant equales; et in quantum due partes sufficient, exequantur ex illis opera misericordie, cum sui ipsorum et eis necessario famulantium moderata sustentatione. Tercia ver pars reservetur ad redemptionem captivorum qui sunt incarcerati pro fide Christi a paganis: vel dato precio rationabili pro redemptione ipsorum ver pro redemptione paganorum captivorum, ut postea rationabili communatione et bona fide redimatur christianus pro pagano secundum merita et statum personarum.[1]

Actividad Redentora[editar]

El ambiente religioso de finales del siglo XII estaba imbuido en las cruzadas, que se habían convertido en seña de identidad de la defensa cristiana de los valores que comenzaban a formar la civilización occidental, frente a los valores musulmanes. En 1199, un año después de la aprobación de la Regla Trinitaria de Juan de Mata, Inocencio III proclama la Cuarta Cruzada, con el objetivo de retomar Egipto. Sin embargo cuando las tropas cristianas se disponían a embarcar en Venecia, el Dux envió un contingente contra los húngaros como acto de venganza personal y al resto contra el emperador Alejo III de Constantinopla, al que derrocó, lo que supuso el fin de los restos del Imperio de Oriente. El 12 de abril de 1204 pasó a la historia con la vergüenza del saqueo de Constantinopla por parte de los caballeros cruzados: miles de cristianos masacrados, entre ellos niños y mujeres, iglesias desvalijadas y saqueadas de reliquias, obras de arte, objetos litúrgicos, etc., que se llevaron como botín al centro de Europa, incluyendo el saqueo y destrozos en la basílica de Santa Sofía. Aquella cruzada fue todo un escándalo para la cristiandad, el mismo papa Inocencio III excomulgó a los caballeros cruzados, a los que no eran nobles, por supuesto.

Ante la inoperancia de tantos intentos por recuperar los territorios sagrados se extendió la idea de que Dios pedía almas puras para esos enfrentamientos de sangre. Así fue como en 1212 un niño de 12 años predicó en Francia una nueva cruzada, llamada de los niños. Embarcaron en Marsella miles de niños y jóvenes que fueron interceptados en el mar, capturados y vendidos como esclavos. Hay bastante de leyenda en torno a este episodio, según afirman los historiadores más serios nunca llegaron a embarcarse, pero esas correcciones no importaban tanto entonces y en toda Europa se creyó el escándalo de miles de niños hechos esclavos por los musulmanes a causa de la poca valentía de sus mayores. Así fue como en 1213, el mismo año en que moría Juan de Mata, el papa Inocencio III proclamaba la Quinta Cruzada, con el objetivo de retomar Egipto. Esta vez sí llegó a la antigua tierra de los faraones, si bien los resultados no fueron del todo satisfactorios para las tropas cristianas.

Cuando Juan de Mata y los primeros hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad y de los Cautivos comienzan a movilizarse en torno a la misión que sienten como propia, se habían dado en la Iglesia, especialmente en España, muchos episodios de intercambio y liberación de esclavos. Santo Domingo de Silos fue en el siglo anterior el gran libertador de cautivos cristianos en el norte de África. Lo que diferencia a la empresa de los hermanos trinitarios es la voluntad de diálogo, de comprensión, de liberación mutua: Cristo nos libera a todos, cristianos y musulmanes. Poco tiempo después de conseguir la aprobación de la Regla Trinitaria, Juan de Mata recibe de Inocencio III una carta dirigida “al ilustre Miramamolín, rey de Marruecos y a sus súbditos” fechada el 8 marzo de 1199. Acababa de heredar el califato almohade marroquí Muhammad An-Nasir, hijo de Yusuf II al-Manşūr. El Papa llama al califa Miramamolín, que se ha tomado comunmente como nombre propio pero que es en realidad la latinización del árabe Amir ul-Muslimīn 'Príncipe de los Creyentes'. La carta justifica el empeño de Juan de Mata como una de las obras de misericordia que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus fieles en el evangelio…, la redención de cautivos.

Unos hombres, entre los que se encuentran los portadores de esta carta, divinamente inspirados, han fundado hace poco una Regla y una Orden, por cuyos estatutos deben emplear, para la redención de los cautivos, la tercera parte de todos sus bienes, tanto de los que tienen actualmente como de los que podrán obtener en el futuro. Y como para cumplir mejor su propósito muchas veces resulta más fácil que sea liberados de las mazmorras de la cautividad por conmutación que por rescate, se les permite que puedan redimir cautivos paganos del poder de los cristianos que luego deberán ser conmutados para liberar cristianos. Y dado que la obra que hemos expuesto conviene tanto a los cristianos como a los paganos, hemos determinado comunicaros esto por medio de una carta apostólica. El que es camino, verdad y vida os inspire para que, conocida la verdad, que es Cristo, os apresuréis a llegar a Él cuanto antes. Dado en Letrán, el 8 de marzo, en el segundo año de nuestro pontificado[2]

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Tanto en la Regla como en la carta del papa al rey de Marruecos destaca especialmente la práctica del intercambio o canje, y aquí adivinamos la mano personal de Juan de Mata, que personalizaba de este modo la visión que tuvo en su Primera Misa y que le llevó a la fundación de la Orden: la redención de Cristo llega a todos y para ello debe previamente materializarse la liberación de la persona. Podemos adivinar que no tuvo que ser nada fácil introducir esta idea en la sociedad belicista y antimusulmana de la época, pero ambos documentos nos confirman que el hermano Juan consiguió imponer esta importante cuña, no sólo con miras a los fines de la Orden, sino seguramente también a rebajar la tensión socioreligiosa del momento, recordemos el ambiente de desilusión general a causa del fiasco de la Cuarta Cruzada.

Sin embargo esta intuición estaba llamada a no durar demasiado, pronto los decretos papales y de los nobles cristianos que donan entusiasmados sus bienes y herencias a la nueva Orden, van olvidando la tradición del canje de cautivos en pro de las campañas de recogida de dinero. Urbano IV en 1263 en la bula Ad hoc ordo vester, afirma “Es cosa bien sabida que vuestra Orden, ya desde el comienzo de su saludable institución, volcó completamente sus afanes y su eficaz ayuda y empleó su labor para que los defensores de la fe cristiana, que, por reivindicar la injuria inferida a nuestro Redentor, exponiendo sus personas a los peligros de la muerte, eran apresados por los enemigos de esa misma fe y retenidos en sus cárceles como rehenes, fuesen rescatados, en honor del mismo Redentor, con los bienes de dicha Orden.”[3] Pero la práctica del canje no se dejó nunca, siguió constituyendo un signo de identidad de la Orden y algunos mandatarios en siglos posteriores incluso la preferían frente a la colecta de fondos. En 1682 los redentores españoles Miguel de Jesús María, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección dieron la libertad a 211 cautivos, recogidos en Mequínez, Fez y Tetuán, y rescataron a su vez 17 imágenes sagradas (15 esculturas y dos cuadros) que estaban en las mazmorras musulmanas, una de ellas adquirió gran fama una vez llegó a España, al adoptarla los reyes, y particularmente la casa ducal de Medinaceli, como especial protector: Jesús Nazareno Rescatado. Para el rescate de las quince imágenes, el rey de Fez exigió el canje de quince moros cautivos en Ceuta y Málaga, los trinitarios pagaron por los moros y los enviaron a Fez, consiguiendo así la redención de las imágenes.[4]

En varias ocasiones quienes se intercambiaban por los cautivos cristianos eran los mismos religiosos. En el siglo XVII recorrió España como la pólvora la noticia de los trinitarios Bernardo de Monroy, Juan del Águila y Juan de Palacios, que murieron en las mazmorras de Argel después de pasar varios años esperando su liberación; se habían intercambiado por varios cautivos cristianos para cuya liberación no llegaba el dinero. El mejor resumen de este heroico canje lo hace Miguel de Cervantes en su novela La española inglesa (1613): “Trujéronnos a Argel, donde hallé que estaban rescatando los padres de la Santísima Trinidad; hablélos, díjeles quién era; y movidos de caridad, aunque yo era extranjero, me rescataron en esta forma: que dieron por mí trescientos ducados, los ciento luego, y los doscientos cuando volviere el bajel de la limosna a rescatar al padre redentor, que se quedaba en Argel empeñado en cuatro mil ducados, que había gastado más de lo que traía, porque a toda esta misericordia y liberalidad se extiende la caridad de estos Padres, que dan su libertad por la ajena y se quedan cautivos por rescatar cautivos”'[5] '

Es ampliamente conocido, porque lo relató él mismo en varias ocasiones, el rescate más famoso que los trinitarios realizaron en toda su historia: el 19 de septiembre de 1580, Fr. Juan Gil, Redentor General, consiguió reunir los 500 ducados de oro exigidos por el rey de Argel para liberar al cautivo Miguel de Cervantes Saavedra, que después ganaría fama como escritor. El rescate se completó gracias al dinero que dieran su madre y su hermana, que se completó con fondos de la Tertia Pars de los mismos trinitarios y limosnas pedidas a los mercaderes cristianos de la ciudad.

Junto a la obra redentora, los trinitarios ejercen una importante labor de mediación y diálogo con el mundo musulmán. El hermano trinitario es en sí mismo un signo de diálogo y mediación, no se deja nada al azar, su presencia personal: cabalgadura, hábito, cruz trinitaria, así lo demuestran. Entre las menciones documentales de trinitarios como mediadores destaca la bula del papa Gregorio X en 1272 en la que relata cómo por mediación de un hermano de la Orden de la Santa Trinidad de la Casa de San Juan de Acre, el sultán de Egipto había mandado liberar a las mujeres cautivas con sus hijos, apresados todos ellos en los pueblos cercanos y en las costas de Italia, si bien posteriormente el mismo sultán revocó el mandato de liberación de los niños para así impedir un futuro ataque cristiano.[6]

El historiador francés Guy Turbet-Delof[7] relata la redención en Trípoli el año 1700 de 64 cautivos y dos imágenes por parte de los redentores franceses. El historiador llama a este viaje turismo diplomático: el hermano Philemon de la Motte, de la casa de San Mathurin en Paris, recibe los elogios de las autoridades locales: Yusuf, general de la milicia, alaba mucho su tolerancia y buena voluntad.

Anexo:Redentores de la Orden Trinitaria

¿Cuántos cautivos rescataron los trinitarios?[editar]

Es una buena pregunta pero nada fácil de responder al ser muy poca la información de la que se dispone, sobre todo en los siglos XIII, XIV y XV, e incompleta del siglo XVI. En ese período de las provincias de Francia sólo se han podido registrar diecisiete redenciones desde 1198 a 1544, y no se conoce el número de cautivos en nueve de ellas, en una del resto se rescataron 204 y en las otras siete una media de 50 por expedición. Casi nada se sabe de las redenciones de la Provincia de Castilla en los siglos XIII y XIV. Desde 1404 a 1546 se conocen veinticuatro redenciones, y de ellas se desconoce el número de rescatados en catorce, en las otras diez se liberaron 7.445 cautivos. También se desconoce el número de redenciones realizadas por las dos provincias de Inglaterra y Escocia hasta que fueron suprimidas en el siglo XVI. No se tiene noticia de las redenciones de la Provincia de Aragón durante los tres primeros siglos, después su actividad redentora fue prácticamente nula, obstaculizada por el monopolio que ejercían los mercedarios aragoneses. De la Provincia de Portugal son pocas las noticias en ese mismo período de tiempo; desde 1461 a 1557 los reyes les prohibieron realizar rescates, y sólo a partir de 1558 conocemos las redenciones efectuadas. Según el estudio exhaustivo realizado por el historiador trinitario fr. Bonifacio Porres[8] este sería un buen resumen de las redenciones realizadas y cautivos liberados, si bien ya sabemos que incompleto:

Provincias o naciones Período Redenciones Cautivos
Francia 1198-1544 17 254
Castilla 1404-1546 24 +7.445
Francia s. XVII 19 1.155
Francia s. XVIII 20 1.405
Descalzos de Francia s. XVII 5 170
Castilla y Andalucía 1580-1769 34 6.818
Portugal 1558-1778 42 8.634
Descalzos de España 1625-1769 24 4.865
Descalzos de Italia 1706-1793 27 607
Descalzos de Polonia 1688-1770 15 444
Descalzos de Austria 1691-1783 31 3.923

La Cruz Trinitaria[editar]

Cruces trinitarias históricas

El símbolo de la Orden es la Cruz Trinitaria, que presenta 2 versiones:

- Una primera versión de cruz patada, cuyos extremos presentan unos ensanches que semejan "patas", con la misma disposición vertical roja solapada a la horizontal azul.

- Una segunda versión de cruz de franjas sencillas, que consiste en una franja roja vertical, superpuesta a otra azul horizontal, ambas del mismo tamaño.

Aunque la segunda versión de la cruz se considera más actualizada por representar a los reformados de la Orden de Trinitarios (los Descalzos), parece ser, según algunas fuentes, que la forma de franjas sencillas era el primer modelo de sus fundadores, a la cual quisieron retornar los reformadores.

Respecto a los colores, existe, no obstante, un tercer color, que pasa desapercibido muchas veces a las fuentes hagiográficas, que es el blanco, como fondo donde se traza la cruz bicolor. Este es el sentido que presentaban los primeros hábitos de la Orden, que se acompañaban de un escapulario de color blanco, que disponía de una abertura para introducir la cabeza y dejaba caer hacia la espalda y hacia el pecho sus extremos; en la parte delantera figuraba la cruz bicolor.

Los tres colores de la cruz, de base provenzal, se ha identificado por algunos autores con los 3 colores de la bandera francesa, como símbolos inconfundibles del país galo; si bien, es evidente, que sería en todo caso al revés. Son muchas las explicaciones que se han dado a esos colores, desde las simples que los asocian a cada una de las personas de la Trinidad a las más teológicas que quieren descubrir en la cruz trinitaria un icono-resumen de la historia de la salvación. Lo cierto es que ninguna de las explicaciones se ha impuesto a las otras, seguramente porque de este modo la cruz trinitaria puede seguir siendo un signo de liberación.

Cuando los trinitarios liberaban a los cautivos les imponían un pequeño escapulario con la cruz trinitaria. De este modo era más fácil diferenciar los liberados de los que aún no lo habían sido. Al mismo tiempo era todo un símbolo de los que quedaban "marcados" o "comprados" por Dios Trinidad para ser definitivamente libres en él. La mayoría de los cautivos liberados no se volvían a quitar ese escapulario en toda su vida, para así recordar mejor a Dios que había ido a buscarles en las mazmorras del horror y a los frailes trinitarios que sirvieron de manos de Dios, esos mismos frailes que llevaban también siempre sobre su pecho la cruz tricolor y con ello pregonaban a todos que Dios nos ama hasta el extremo.

Pero lo que es indudable es su simbolismo hagiográfico de lo que representan los 3 colores: el blanco (fondo o englobante), el azul (horizontal o yacente) y el rojo (vertical o descendente); colores identificadores de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, respectivamente, como elementos fundamentales de la Orden. Observando, que las 2 aspas que se cruzan, no se funden en el centro, sino que se solapan entre sí y sobre el fondo, indicador de que las 3 Personas son distintas y se diferencian; pero todas forman un mismo Dios.

Reforma de la Orden de los Trinitarios Descalzos[editar]

Convento de los Padres Trinitarios S. XVI. Valdepeñas.

La reforma de la Orden Trinitaria fue obra de San Juan Bautista de la Concepción (1561-1613). Nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el 10 de julio de 1561 y fallecido en Córdoba el 14 de febrero de 1613. Fue canonizado por Pablo VI el 25 de mayo de 1975, y propuesto a la Iglesia como un santo de la renovación. En Valdepeñas (Ciudad Real) se establece la primera comunidad de trinitarios descalzos. Con el breve Ad militantes Ecclesiae (1599) el papa Clemente VIII da validez eclesial a la Congregación de los hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad, instituida para observar con todo su rigor la Regla de san Juan de Mata.

Hoy la única rama de trinitarios existente es la fundada por Juan Bautista de la Concepción, pues los trinitarios calzados desaparecieron en 1897, con el fallecimiento de su último superior general, padre Antonio Martín y Bienes.

Juan Bautista de la Concepción fundó 18 conventos de religiosos y uno de religiosas de clausura. Vivió y transmitió a sus hijos un intenso espíritu de caridad, oración, recogimiento, humildad y penitencia, poniendo especial interés en mantener viva la entrega solidaria a los cautivos y a los pobres. La relación de los trinitarios con la Trinidad, como centro vital y fuente de la caridad que redime, es un tema central en sus vivencias y enseñanzas.

Aunque poco conocido, Juan Bautista de la Concepción está en la constelación de los grandes escritores místicos españoles del siglo de Oro. La Biblioteca de Autores Cristianos (la BAC) ha publicado tres grandes volúmenes de su obra y tiene en prensa el cuarto. Se trata de un autor con una deuda histórica, pues si bien tiene el puesto que se merece en los altares, no se le ha colocado aún en la hornacina del altar de la literatura espiritual que le corresponde.

En la obra literaria del Reformador trinitario se encuentra toda clase de materias espirituales. Su personal vivencia de la unión mística le dicta profundos tratados sobre la unión con Cristo, los dones del Espíritu Santo, la experiencia de la cruz y el conocimiento espiritual. Su doctrina espiritual se orienta a la unión personal con Dios Trinidad, presente en lo más profundo del alma. Para él la perfección está en abandonarse al amor transformante de Dios. La santificación del creyente es el proceso de asimilación a Cristo crucificado. Cristo es nuestro ideal, nuestro camino; su cruz, nuestra cruz, es la fragua de la santidad. Juan Bautista de la Concepción es un escritor original y profundo en las ideas, popular y rico en la expresión. Tiene una prosa armoniosa, con largos periodos, tintada de humor, de anécdotas, de ejemplos y referencias al reino vegetal, mineral y animal. Domina y conoce a los santos padres de la Iglesia y la Biblia y es su referencia obligada y constante. Quien se adentra en los surcos de su obra literaria fácilmente descubre una simbiosis de Cervantes y Juan de la Cruz.

Los trinitarios en la actualidad[editar]

A partir de la reforma colectiva que supuso para la Iglesia el Concilio Vaticano II, en la Orden Trinitaria se inicia un fuerte proceso de renovación, de búsqueda de la propia identidad, de recuperación del carisma del fundador y de respuesta a los signos y a los retos del último cuarto del siglo XX.

Las nuevas Constituciones, aprobadas por el capítulo general de 1983 y confirmadas por Roma en 1984, recogen y traducen el carisma fundacional, plasmado en la Regla, a la nueva situación histórica y a sus retos, definiendo los elementos esenciales de la identidad trinitaria:

■ la unidad originaria, carismática, de mística trinitaria y servicio de redención y misericordia. La Santísima Trinidad como fuente de la caridad que se traduce en el servicio de la redención y misericordia: "Gloria a la Trinidad y a los cautivos libertad".

■ la vivencia de la Trinidad sintiendo la vocación trinitaria como llamada a ser signos del misterio del Dios cristiano dando testimonio personal y colectivo de que el Dios de Jesús es amor, libertad, comunión, Trinidad, el Dios de los hermanos en cautividad.

■ el servicio de liberación realizado en formas diversas: escuchando las nuevas cautividades desde donde vuelven a oírse los gemidos que llegaron al corazón del fundador.

La Orden Trinitaria, junto con toda la Familia Trinitaria, celebró, del 17 de diciembre de 1998 al 17 de diciembre de 1999, el VIII Centenario de su Fundación (1198-1998) y el IV Centenario de la Reforma (1599-1999). Ochocientos años de historia de un proyecto evangélico propio iniciado en la Iglesia a finales del siglo XII por el francés Juan de Mata.

En su primera misa Dios le muestra su voluntad: ve a Cristo redentor manteniendo en sus manos a dos cautivos. Dios le quiere dedicado a la obra de la redención de los cautivos: ofrecerá a la Iglesia un carisma evangélico nuevo cuyos elementos esenciales se definen en los términos: Trinidad y Redención. Sus miembros se llamarán "hermanos de la casa de la Trinidad", se dedicarán a las obras de misericordia, y de modo especial al rescate de los cautivos cristianos, a cuyo fin destinarán la tercera parte de todos sus bienes.

En una época de fragor de espadas y de guerras santas, San Juan de la Mata propone una alternativa evangélica diferente, basada en la caridad, en la tolerancia, en la pacífica convivencia y en la solidaridad cristiana. Su obra es muy bien acogida por el Papa Inocencio III y en muy pocos años se extiende por toda Europa. Ahora se cumplen ochocientos años de acción redentora. Una larga historia digna de ser recordada y celebrada, no sólo por los trinitarios, sino también por las trinitarias y el laicado trinitario, pues el proyecto original de Juan de Mata se ha desarrollado a través de la historia dando origen a nuevos institutos religiosos y a nuevas formas del laicado. Todos ellos constituyen la Familia Trinitaria.

Nuestras celebraciones son dobles, pues se cumplen también los cuatrocientos años de la concesión papal del Breve de la Reforma Trinitaria, llevada a cabo por san Juan Bautista de la Concepción (1561-1613). El santo reformador infundió nuevo vigor y espíritu al carisma de Juan de Mata. "Volver al fervor de los principios" fue el fin de la Reforma.

En el ambiente de preparación del Jubileo del año 2000, sacudidos por el fuerte viento del Espíritu que se respira en estas celebraciones centenarias, toda la Familia Trinitaria vuelve su mirada hacia sus orígenes evangélicos y carismáticos. Desde una fidelidad madura, creativa y dinámica a su carisma original, quiere lanzarse con nuevos bríos a cumplir su misión de caridad y redención en favor de las víctimas de persecución, martirio y opresión. Las nuevas esclavitudes interpelan de modo especial a las trinitarias y trinitarios de nuestro tiempo.

En la comunión de un mismo carisma, los miembros de la Familia Trinitaria, desde distintas partes del mundo, proclaman la verdadera libertad para los que carecen de ella, promueven la dignidad de los pobres y oprimidos, acogen a los refugiados, emigrantes y transeúntes, ayudan a los más necesitados, anuncian el evangelio en tierras de misión, son solidarios con los perseguidos a causa de su compromiso con el evangelio y ejercen el ministerio pastoral según la índole propia de su carisma.

Trinitarias y trinitarios, nacidos "para gloria de la Trinidad y la redención de los cautivos", son hoy en la Iglesia y para el mundo testigos del Dios Trinidad y apóstoles de la redención.

La Orden Trinitaria, en la actualidad, está dividida en siete provincias religiosas, tres vicariatos y dos delegaciones. Está hoy presente en: Italia, España, Francia, Alemania, Austria, Estados Unidos, Canadá, México, Guatemala, Puerto Rico, Colombia, Brasil, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, India, Madagascar, Polonia y Congo.

Al celebrarse el 110º Capítulo General de la Orden en Madrid, del 19 de mayo al 2 de junio de 2013, se presentaron las siguientes estadísticas: 621 religiosos profesos solemnes, de los que 407 son sacerdotes; 103 casas trinitarias en 22 países.

Desde el 17 de diciembre de 2012 al 14 de febrero de 2014 toda la Orden Trinitaria celebra un Año Jubilar con motivo de los 800 años de la muerte del fundador, San Juan de Mata, y 400 de la muerte del Reformador, San Juan Bautista de la Concepción. El papa Benedicto XVI declaró tres iglesias de la Orden como templos jubilares: el de Santo Tomás in Formis en Roma (lugar donde murió San Juan de Mata), la parroquia San Juan de Mata en Salamanca (donde se guardan las reliquias del Fundador) y la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia en Córdoba (donde murió y se conservan las reliquias de San Juan Bautista de la Concepción.

Anexo:Ministros Generales de la Orden Trinitaria

La Familia Trinitaria[editar]

La Familia Trinitaria está integrada por los hermanos, las hermanas y los laicos que llevan el nombre de la Trinidad como titular y reconocen como padre a Juan de Mata. Todos participan de su mismo carisma trinitario redentor y prolongan en la historia su misión de: la gloria de la Trinidad y la redención de los cautivos de nuestro tiempo.

Son miembros de la Familia Trinitaria: los religiosos trinitarios, las monjas trinitarias contemplativas, las religiosas trinitarias de Valence (Francia), las hermanas trinitarias de Roma, las religiosas trinitarias de Valencia (España), las hermanas trinitarias de Madrid (Urquijo), las religiosas trinitarias de Mallorca, las madres trinitarias de Sevilla (Beaterio), las oblatas de la Santísima Trinidad (Roma) y el laicado trinitario.

Madres Generales y Vicario General de la Orden. Congreso Trinitario de Córdoba 2013

Trinitarias Contemplativas - Monjas de la Orden de la Santísima Trinidad[editar]

Desde comienzos del siglo XII se encuentran en las casas de los trinitarios las llamadas "sorores" dedicadas al culto de la Santísima Trinidad y al cuidado de los enfermos del hospital anejo al convento. El primer convento solo para contemplativas es en Avingaña (Lérida (provincia)|Lérida), fundado en 1236.

El deber de la propia santificación, la comunión con Dios Trinidad, el trato de hermanas, la igualdad, el espíritu de diálogo, la corrección evangélica, la solicitud por las hermanas enfermas y por los cautivos, fueron elementos que configuraron nuestra identidad.

A finales del siglo XVI, se fundaron los primeros conventos de monjas trinitarias contemplativas calzadas. Los pioneros en La Mancha, fueron los conventos de San Clemente (Cuenca), en 1588; y el de La Roda (Albacete), en 1598. Para este último, está ampliamente documentado que su fundador fue D. Esteban Galiano, vecino de la villa de Lezuza, y Presbítero de La Roda, nombrando como primera priora a Dª. Francisca Sánchez, procedente del convento trinitario de San Clemente, junto a un pequeño grupo de religiosas que formaron el claustro inicial. Se sabe además, que a esta fundación, bajo la vocación de San Esteban, su tutor le otorgó prendas, rentas, fondos, y varios censos; una casa de morada, y unas copiosas heredades que el fundador tenía en Oncebreros (finca de 500 almudes, en el actual término municipal de Balazote), y en Valdelara (otros 600 almudes de las actuales pedanías de Valdelaras de Arriba y Valdelaras de Abajo, del t.m. de Lezuza), de donde era oriundo.

En el año 1852, se clausuraba definitivamente el convento de trinitarias de La Roda, marchándose a San Clemente las tres religiosas que aún permanecían en él (al lugar de origen, después de más de tres siglos). Así, sobre la base de las normas de la Ley Desamortizadora General de 1836, el convento se dividía en dos partes: una para el poder del Estado, como cuartelillo de la Guardia Civil, y una segunda para el Ayuntamiento, para la instalación de escuelas, en 1858. No obstante, parece ser que la Administración Estatal intentó de nuevo su venta global en libre subasta, ordenando tasación en mayo de 1873, pero el municipio logró al final consolidar toda la propiedad, cuya antigua construcción se conservó a duras penas hasta el siglo XX, cuyo solar es hoy ocupado por el Colegio Público José Antonio.

En 1609, San Juan Bautista de la Concepción, Reformador de la Orden, después de haberse reencontrado personalmente con la Regla Primitiva, con toda la ilusión del que ha encontrado un tesoro, la comenta detenidamente y la aplica a las hermanas calzadas, adaptando a su momento histórico, a partir de los elementos esenciales de la Regla, la figura de la monja trinitaria descalza.

Concretamente en la aplicación del amor a los pobres propone gestos sumamente innovadores y comprometidos con el espíritu de la Regla y sugerentes para aquella época.

De este proyecto surgen en 1612 las trinitarias descalzas.

Algunos años más tarde, 1680, Sor Ángela María de la Concepción renueva el empeño de vivir la Regla Primitiva, y desde el amor y cercanía a la Descalcez se adentra, no sin dificultades, en el espíritu original de San Juan de Mata. Es la fundadora, en El Toboso (Toledo) de la Recolección trinitaria femenina, naciendo así la tercera rama de trinitarias contemplativas.

Secundando las directrices de la Iglesia, emanadas de documentos como el Perfectae Caritatis y Ecclesiae Sanctae, en 1966, un veinte de agosto, desaparecieron los viejos apellidos de las trinitarias contemplativas para renacer con un solo nombre y con una identidad más clara y nítida, una comunión reforzada en el modelo y origen -la Trinidad-, y puesta al servicio de la redención a través de una vida íntegramente contemplativa.

El origen de esta identidad no hubo duda en encontrarlo en San Juan de Mata y en su Regla, pero también se pudo percibir, y se acogió como regalo y don de la Trinidad, la influencia del espíritu renovador de San Juan Bautista de la Concepción y de la Venerable Sor Ángela María de la Concepción.

Comenzaron a llamarse Trinitarias contemplativas.

Actualmente, las trinitarias contemplativas se encuentran presentes en tres continentes con un total de veinte casas; quince en Europa: todas en España; cuatro en América: Perú, Chile, Guatemala, Ecuador; una en África: Madagascar.

Con su vida de oración, alabanza, silencio y sacrificio, unidas diariamente al sacrificio redentor de Cristo, no sólo son alabanza de gloria para la Santísima Trinidad, sino también instrumentos de redención, pues están presentes y actuales en los lugares donde trinitarios y trinitarias trabajan y libran por la redención de los hombres. Las trinitarias contemplativas, corazón de la Familia Trinitaria, son en la obra de la redención los brazos en alto que arrancan de la Santísima Trinidad la eficacia de la acción redentora para toda la Familia Trinitaria. Son también un signo luminoso y un reclamo permanente a vivir la dimensión contemplativa, para experimentar el amor de la Trinidad y para oír mejor su voz en el grito de los pobres y de los esclavos de nuestra sociedad.

Actualmente, las Trinitarias Comtemplativas están presentes en cuatro continentes con un total de veintiuna casas: quince en Europa: todas en España, destacando los Conventos de Martos y Andújar en Jaén, Fuensaldaña (Valladolid), El Toboso y Quintanar de la Orden en Toledo, Suesa y Laredo (Cantabria), Burgos, Fuensaldaña (Valladolid), Madrid: cuatro en América: Perú, Chile, Ecuador, Guatemala; una en África: Madagascar y una en la India.

Trinitarias de Valence[editar]

Las Religiosas Trinitarias, conocidas como Trinitarias de Valence, nacen en 1660 en Francia. Tienen su origen en un grupo de terciarias trinitarias de san Nizier en Forez (Lyon), que tomaron como Regla de Vida la regla de las monjas trinitarias reformadas de España, aprobada por Urbano VIII en 1634.

Leon XIII aprobaba sus propias constituciones en 1891. La espiritualidad trinitaria une a esta congregación con la Orden Trinitaria mediante vínculos mantenidos a lo largo de tres siglos. Muchas procesiones de esclavos liberados por los trinitarios hicieron un alto en los hospitales de las religiosas. Desde su origen la congregación ha sido hospitalaria y enseñante, con atención especial a los pobres, y, en lo que va de siglo, también misionera.

Están presentes en Francia, Bélgica, España, Inglaterra, Cánada, Irlanda, Italia, Suiza, Gabón, Camerún, Madagascar, China, Corea del Sur, Filipinas y Colombia.

Trinitarias de Roma[editar]

El Instituto de las Hermanas Trinitarias de Roma tiene su origen en 1762. La fundadora, Teresa Cucchiari, nace en Roma donde frecuenta la iglesia de San Carlino de los trinitarios españoles y forma parte de los laicos de la Orden tercera.

Bajo la protección del cardenal Marco A. Colonna, Teresa funda una congregación cuya finalidad es la glorificación de la Santísma Trinidad y la educación de la juventud débil, pobre y marginada. Viven el carisma redentor en la escuela acogiendo a los niños y jóvenes más desfavorecidos; en los institutos educativos asistenciales donde tratan de desarrollar una sólida pastoral familiar; y en las parroquias desarrollando la labor catequética y tomando parte en todos sus gremios.

Realizando su gran labor evangelizadora, educativa y asistencial en Italia, Estados Unidos, Madagascar y Filipinas.

Trinitarias de Valencia[editar]

El Instituto Santísima Trinidad, conocido como Trinitarias de Valencia, fue fundado por Rosa Cuñat, Salvadora Cuñat, Tomasa Balbastro, Ana María Gimeno, y Rosa Campos, nace en 1885 integrado en la Orden Trinitaria e inicia su historia con el deseo de manifestarse al mundo como comunidad que diera mucha gloria a la Trinidad, redimiendo a niños y jóvenes pobres a través de la educación. La gloria de la Trinidad, la comunión fraterna y la caridad redentora dan sentido a la vida de este instituto trinitario. Desde un principio ejercen sus misión liberadora entre los sectores más necesitados: recogen en sus casas a los niños huérfanos, a los que no tienen escuela y a las niñeras que pasan el día en las calles con peligro de perderse; dan catequesis a niños, jóvenes y adultos; acogen a personas mayores que viven solas, etc.

Con casas en España y Austria y Madagascar, y con una fuerte presencia en Latinoamérica, fundamentalmente en Argentina, Bolivia, Colombia, Puerto Rico.

Trinitarias de Madrid[editar]

Las Hermanas Trinitarias, conocidas como Trinitarias de Madrid, nacidas para ayudar a las jóvenes que se abren camino en la vida y encuentran dificultades para su realización personal, fueron fundadas por Francisco Méndez Casariego y María Ana Allsop en 1885. Su misión apostólica, enraizada en la experiencia de Dios Trinidad como fuente de la caridad redentora, comprende la búsqueda, acogida y evangelización de aquellas jóvenes necesitadas de ayuda para preservarse de cualquier peligro y de aquellas que habiendo caído en él, quieren liberarse. Con presencia en España, Italia, México, Guatemala, Argentina, Uruguay e India.

Trinitarias de Mallorca[editar]

Las Religiosas Terciarias Trinitarias, conocidas como Trinitarias de Mallorca nacen en 1810 en Felanich (Mallorca), fundadas por el trinitario mallorquín padre Miguel Ferrer Bauzá, quien redactó la primera Regla de Vida del instituto, inspirada en la regla de san Juan de Mata.

Ejercen su misión liberadora en: la educación integral de niños y adolescentes a través de escuelas de iniciativa social, la educación en la fe a todos los niveles mediante las catequesis parroquiales, la acogida a la infancia marginada en hogares infantiles y distintas obras sociales, la ayuda a las mujeres participando en organizaciones de países del tercer Mundo.Con presencia en España, Perú y Bolivia.

Trinitarias de Sevilla[editar]

La Congregación de las religiosas del beaterio de la Santísima Trinidad de Sevilla fue fundada en 1719 por la madre Isabel de la Santísma Trinidad, bajo el impulso del trinitario padre Chacón, para cuidar niñas huérfanas, adoptando la regla de las monjas trinitarias.

Está afiliada a la Orden Trinitaria desde 1879. Desde mediados del siglo XX se ha dedicado a la enseñanza y al cuidado de niñas huérfanas. Sin afán de extenderse se han mantenido en Sevilla (España), hasta el 2 de febrero de 2013, fecha en la que oficialmente se han fusionado con la congregación de Hermanas Trinitarias de Madrid.

Oblatas de la Santísima Trinidad[editar]

Las Oblatas de la Santísma Trinidad, fundadas en 1960 por el trinitario padre Luigi Cianfriglia, junto con un grupo de terciarias trinitarias, viven y trabajan según el estilo propio de los institutos seculares.

Se comprometen de modo especial en la santificación de los sacedotes y consagrados, procuran que las familias cristianas se renueven a imagen de la Trinidad, promueven la inhabitación de la Trinidad en las almas y participan en las obras de liberación y solidaridad en favor de los cristianos que sufren a causa de su fe. Esta joven congregación ha estado presente en Italia y Madagascar, pero actualmente se ha visto reducida considerablemente, prácticamente está desaparecida.

Laicado Trinitario[editar]

Desde sus orígenes, el laicado trinitario está ligado a la vida y al carisma de la Orden Trinitaria. Los laicos participaban en la misión de los religiosos, formaban cofradías que vivían de su espiritualidad y ayudaban en las obras caritativas, principalmente en la redención de cautivos, con sus recursos y participación personal.

Los laicos trinitarios, en virtud de su bautismo y como discípulos de Juan de Mata, hacen su experiencia de la Trinidad y del Cristo Redentor junto al pobre, al cautivo y a los marginados del mundo actual, colaborando en las obras de apostolado de las comunidades de trinitarios y trinitarias.

La vida e identidad del laicado están reguladas en el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario. Los diversos grupos, nacidos en torno a las comunidades trinitarias, se organizan por zonas, regiones y naciones. Están representados en el Consejo Internacional del Laicado Trinitario, compuesto por ocho miembros, delegados de España, Italia, Francia, Estados Unidos, Canadá, América Central, América del Sur y Madagascar


Santos Trinitarios[editar]

La semilla trinitaria sembrada por San Juan de Mata ha dado abundantes frutos de santidad a la Iglesia Católica:

  1. San Félix de Valois, santo (?-1212), íntimo colaborador de San Juan de Mata, uno de los ermitaños que constituyeron la primera comunidad trinitaria de Cerfroid, cofundador de la Orden Trinitaria.
  2. San Juan Bautista de la Concepción, santo (1561-1613), nacido en Almódovar del Campo (Ciudad Real), místico y escritor, reformador de la Orden Trinitaria, maestro de vida espiritual, testimonio de vida de oración, penitencia y apostolado. Sus restos descansan en el convento de los Padres Trinitarios de Córdoba.
  3. Santa Laura de San Pedro, santa (1420-1453), mártir en Constantinopla junto a 53 religiosas trinitarias más y un número indeterminado de religiosos trinitarios.
  4. Beato Marcos Criado, beato (1522-1549), nacido en Andújar (Jaén), predicador de la fe cristiana por tierras andaluzas, mártir del Evangelio.
  5. San Simón de Rojas, santo (1552-1624), nacido en Valladolid, una vida dedicada a la enseñanza y al gobierno de sus hermanos. Consejero de grandes personajes de la Corte Española, gran apóstol de la devoción a la Virgen María, fundador de la Congregación del Ave María para el servicio de pobres y enfermos; institución que aún existe en la Plaza del Doctor Cortezo de Madrid.
  6. Tomás de la Virgen, venerable (1587-1647), nacido en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), consejero de papas, obispos y gobernates, modelo de esperanza desde el misterio del dolor, hizo de su larga enfermedad lugar de anuncio de Cristo crucificado. Sus restos descansan en la Iglesia de los trinitarios de Valdepeñas (Ciudad Real).
  7. San Miguel de los Santos, santo (1591-1625), nacido en Vich (Barcelona), figura señera de la mística española, maestro de literatura espiritual, patrono de la juventud trinitaria y de la diócesis de Vich, considerado por la devoción popular abogado contra el cáncer.
  8. Ángela María de la Concepción, sierva de Dios (1649-1690), reformadora de las trinitarias de clausura, fundadora del Monasterio de Trinitarias Descalzas de El Toboso, escritora mística.
  9. Teresa Cucchiari, venerable (1734-1801), terciaria trinitaria, fundadora de las religiosas trinitarias de Roma, una vida entregada a la educación de las niñas pobres.
  10. Ana María Taigi, beata (1769-1837), esposa y madre de familia, terciaria trinitaria, mujer de gran vida mística, ejerció admirables obras de caridad con los pobres e indigentes, patrona de la Acción Católica Femenina Italiana.
  11. Isabel Canori Mora, beata (1775-1825), esposa y madre de familia, terciaria trinitaria, mártir del amor fiel en la vida de matrimonio, exponente cumbre de la vida mística.
  12. Francisco Méndez Casariego, venerable (1850-1924), sacerdote diocesano de Madrid, fundador de la congregación de Hermanas Trinitarias de Madrid, vida entregada a la liberación de la juventud necesitada.
  13. Mariana Allsop, sierva de Dios (1854-1932), confundadora de las Hermanas Trinitarias de Madrid, una vida de madre entregada a las chicas abandonadas y sin hogar.
  14. Ángela Austch, sierva de Dios (1900-1944), religiosa trinitaria de Valencia, testigo de la caridad heroica en los campos de concentración de Ravensbrück y Auschwitz, donde murió.
  15. Giuseppe Di Donna, venerable (1901-1952), misionero obispo, dedicado con celo a la evangelización de Madagascar, miembro del primer grupo de misioneros trinitarios llegados a la isla malgache en 1926.
  16. Domingo Iturrate, beato (1901-1927), nacido en Dima (Vizcaya), testigo joven del amor de Dios en el cumplimiento perfecto de los actos sencillos de la vida ordinaria de comunidad, modelo de vida religiosa.
  17. Félix de la Virgen, venerable (1902-1951), modelo de religiosa humildad, formador de religiosos, predicador popular.
  18. Isabel de la Trinidad (1693-1774), fundadora del Beaterio de la Santísima Trinidad de Sevilla para la atención de las niñas huérfanas, Trinitarias de Sevilla.
  19. Beato Mariano de San José y compañeros mártires, mártires españoles del siglo XX.
  20. Beata Francisca de la Encarnación, religiosa contemplativa de Martos, Jaén, mártir española del siglo XX.

Trinitarios ilustres[editar]

Presentamos un listado de religiosos trinitarios ilustres a lo largo de la historia, que se complementa con el listado anterior de santos, beatos y venerables.

  1. Jean Halboud de Troyes (?-1439), trinitario francés, Ministro General, decano de Teología de la Universidad de París, astrónomo.
  2. Antonio Cerdá y Lloscos (1390-1459), trinitario español, teólogo consultor de Pío II, arzobispo de Mesina, cardenal, inquisidor supremo, embajador papal.
  3. Simón de Camargo (1415-1477), trinitario español, Redentor General, Ministro Provincial de Castilla, capellán de Juan II de Castilla, Enrique IV de Castilla y los Reyes Católicos.
  4. Roberto Gaguin (1433-1501), trinitario francés, humanista, Ministro General.
  5. Diego de Gayangos (Ca. 1460-1522), trinitario español, Ministro Provincial de Castilla, Ministro de Burgos y Salamanca, Redentor General, electo obispo de Jaén.
  6. Juan de la Vega (Ca. 1520-1579), trinitario español, destacó como predicador, confesor y teólogo. Fue nombrado predicador de Felipe II.
  7. Pedro de la Puente (?-1545), trinitario español, obispo auxiliar de Valencia, Conde del Palatino, Inquisidor de Mallorca.
  8. Juan Gil (1535-1587), trinitario español, Redentor General, entre otros redimió a Miguel de Cervantes.
  9. Roque del Espíritu Santo (1525?-1590), trinitario portugués, Redentor General, Ministro Provincial de Portugal.
  10. Ignacio Tavares (?-1592), trinitario portugués, Redentor General que acabó su vida cautivo en Marrakech tras realizar cuatro redenciones en la misma ciudad.
  11. Antonio de la Concepción (1549-1589), trinitario portugués, Redentor de cautivos, murió entre los cautivos auxiliándolos en las mazmorras.
  12. Pablo Aznar (1550-1624), trinitario calzado español, Maestro de novicios, murió con fama de santidad.
  13. Juan del Águila (trinitario) (1552-1613), trinitario calzado español, Redentor General, murió mártir como cautivo en las mazmorras de Argel.
  14. Antonio de los Ángeles (1555-1614), trinitario calzado portugués, Ministro Provincial de Portugal, poeta, renunció a ser obispo de Cabo Verde y de Ceuta.
  15. Paulino de la Presentación (?-Ca.1622), trinitario calzado portugués, Ministro de varias Casas y Ministro Provincial, Redentor General, participó en ocho redenciones de su provincia.
  16. Bernardo de Monroy (1559-1622), trinitario calzado español, Redentor General, murió mártir como cautivo en las mazmorras de Argel.
  17. Juan de Palacios (1560-1616) trinitario calzado español, Redentor General, murió mártir como cautivo en las mazmorras de Argel.
  18. Martín Agudo de la Rosa (?-1641), trinitario calzado español, Ministro de Talavera, Redentor General que realizó seis redenciones, muriendo cuando preparaba la séptima.
  19. Rafael Díaz de Cabrera (1565-1630), trinitario calzado español, Ministro Provincial de Castilla, Obispo de Mondoñedo
  20. Baltasar Paes (1570-1638), trinitario calzado portugués, orador insigne, Ministro Provincial de Portugal.
  21. Hortensio Félix Paravicino (1580-1633), trinitario calzado español, orador insigne y poeta.
  22. Lucien de Hérault (?-1645), trinitario calzado reformado francés, redentor de cautivos y mártir en Argel.
  23. Damián López de Haro (1581-1648), trinitario calzado, obispo de San Juan (Puerto Rico).
  24. Ricardo Goldeo (?-1652), trinitario descalzo irlandés, embajador de Felipe IV para el casamiento de la infanta Doña María, preconizado arzobispo de Limerick.
  25. Cornelio O'Connor (?-1645), trinitario calzado irlandés, mártir de la persecución religiosa en Irlanda.
  26. Juan de Andrade (1588-1655), trinitario calzado portugués, Ministro Provincial de Portugal, redentor, examinador de las Órdenes Militares, Obispo de Ceuta y Tánger.
  27. Luis de Córdoba y Ronquillo (1590-1640), trinitario calzado español, Ministro Provincial de Andalucía, Obispo de Cartagena de Indias (Colombia).
  28. Leandro del Santísimo Sacramento (1592-1663), trinitario descalzo español, Ministro Provincial de la Provincia del Espíritu Santo y Ministro General de la Orden (1656-1663).
  29. Diego Vallejo (1590-1642), trinitario calzado español, era hijo de Fernando Vallejo, secretario de Felipe II, fue Redentor General y murió envenenado tras una redención de cautivos en Tetuán.
  30. Jerónimo de San José (trinitario) (1599-1662), trinitario descalzo español, primogénito del Vizconde de Zoliña, resobrino de San Francisco Javier, defensor de los pobres de Pamplona.
  31. Juan de Almoguera (1605-1676), trinitario calzado español, Redentor General, Obispo de Arequipa (Perú), Arzobispo de Lima (Perú), defensor de los derechos de los indígenas.
  32. Marcela de San Félix (1606-1687), trinitaria contemplativa descalza española, poetisa, hija de Lope de Vega.
  33. Pedro Garrido (1611-1667), terciario trinitario portugués, murió mártir en Argel.
  34. Juan de Jesús María (1620-1672), trinitario descalzo español, redentor y mártir.
  35. Martín Ibáñez de Villanueva (1620-1695), trinitario calzado español, orador insigne, obispo de Gaeta, arzobispo de Reggio Calabria
  36. Alonso Bernardo de los Ríos y Guzmán (1626-1692), trinitario calzado español, obispo de Santiago de Cuba, obispo de Ciudad Rodrigo y arzobispo de Granada.
  37. Luis da Silva Telles (1626-1703), trinitario calzado portugués, obispo de Ticiópolis (armenia), asociado al oficio de Capellán Real del rey Pedro II de Portugal, obispo de Lamego, obispo de Guarda (Portugal) y arzobispo de Évora.
  38. Manuel Guerra y Ribera (1638-1692), trinitario calzado español, orador insigne, teólogo y catedrático de filosofía en la Universidad de Salamanca.
  39. Diego Morcillo Rubio de Auñón (1640-1730), trinitario calzado español, Predicador Real de Carlos II, teólogo consulto, obispo de Nicaragua, obispo de La Paz (Bolivia), arzobispo de La Plata (Bolivia), arzobispo de Lima, Virrey del Perú.
  40. José Delgarte (1644-1724), trinitario calzado portugués, Predicador General de la Provincia de Castilla, obispo de Maranhão y Pará.
  41. Bartolomé Serrano (1630-1691), trinitario calzado español, Redentor General.
  42. Juan de Bonilla Vargas (1648-1711), trinitario calzado español, Ministro Provincial de Castilla, Predicador Real, Vicario General de la Orden, obispo de Almería y obispo de Córdoba (España)
  43. Miguel de Santa María (?-1717), trinitario descalzo español, Redentor General para todo el este europeo.
  44. Juan Muñoz de la Cierva (1660-1728), trinitario calzado español, Predicador Real de Carlos II, Ministro Provincial de Castilla, Redentor General, obispo de Orense
  45. Pedro de Fajardo (1664-1729), trinitario calzado español, obispo de Buenos Aires.
  46. José Manuel Miñana (1671-1730), trinitario calzado español, pintor y escritor.
  47. Antonio de San Juan Bautista Wielhorski (1673-1729), trinitario descalzo polaco, primer Ministro Provincial de Polonia.
  48. Miguel de San José (1682-1757), trinitario descalzo español, Ministro General, obispo de Guadix
  49. Antonio de la Chica Benavides (?-1765), trinitario calzado español, autor del primer periódico de Andalucía Gazetilla Curiosa, publicado en Granada.
  50. Lorenzo Reinés (1709-1786), trinitario calzado español, Procurador General para España, Cronista General de la Orden, historiador.
  51. Alonso Cano Nieto (1711-1780), trinitario calzado español, Redentor General, Ministro Provincial de Castilla, Administrador General de la Redención, obispo de Segorbe, familiar directo de Melchor Cano
  52. Juan de la Natividad (1750-1808), trinitario descalzo español, Ministro Provincial, Redentor General y Ministro General de la Orden. Murió mártir de la invasión francesa en España.
  53. Miguel Ferrer Bauzá (1770-1857), trinitario calzado español, fundador de las Religiosas Terciarias Trinitarias, escritor, periodista y defensor de los derechos humanos.
  54. Antonio Martín Bienes (1792-1894), trinitario calzado español, último Ministro General de los trinitarios calzados.
  55. Xavier Pellerin (1858-1934), trinitario descalzo francés, Ministro General, escritor.
  56. Antonino de la Asunción (1867-1943), trinitario descalzo español, Ministro General, Consultor de las congregaciones romanas de Ritos, de los Santos y de Religiosos, historiador, escritor

Notas y referencias[editar]

  1. "Todos los bienes, de dondequiera que lícitamente provengan, los dividan en tres partes iguales; y en la medida en que dos partes sean suficientes, se lleven a cabo con ellas obras de misericordia, junto con un moderado sustento de sí mismos y de los que por necesidad están a su servicio. En cambio, la tercera parte se reserve para la redención de los cautivos que a causa de su fe en Cristo han sido encarcelados por los paganos: ya sea pagando un precio razonable por su rescate, ya por el rescate de cautivos paganos, para que después, mediante un canje razonable y de buena fe, sea rescatado el cristiano a cambio del pagano, según los méritos y el estado de las personas Regla Trinitaria 2, Archivo Secreto Vaticano, Reg. Vat. vol 4, ff.126v-128r
  2. Carta Inter opera misericordia de Inocencio III, papa. Reg. Vat, vol 4, f.148r-v.
  3. Bula Ad hoc ordo vester de Urbano IV, 15 de mayo de 1263. París. Arch. Nat, J445,n.10
  4. Porres, B., Libertad a los cautivos, Córdoba, 1997, 508-513.
  5. Cervantes, M., Novelas Ejemplares, Espasa Calpe, Madrid, 1985, 279.
  6. Bula Adaperiat Dominus de Gregorio X, de 25 de agosto de 1272. Arch. Mun de Narbona, HH 83
  7. Turbet-Delof, G., L’Afrique Barberesque dans la littérature française aux XVI et XVII siècles, Geneve, 1973
  8. B. Porres, Libertad a los cautivos (Córdoba 1997)


Enlaces externos[editar]