Lengua vehicular

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Una lengua vehicular o lengua franca (también en italiano lingua franca) es el idioma adoptado para un entendimiento común entre personas que no tienen la misma lengua materna. La aceptación puede deberse a mutuo acuerdo o a cuestiones políticas, económicas, etc.

En Europa, durante una parte de la Antigüedad, se adoptaron como lenguas francas el griego y el latín. También han tenido esa característica el ruso en los países soviéticos, el alemán en el centro de Europa, el portugués, el español y el francés en sus respectivos imperios, el hindi o hindustaní en el subcontinente indio, el chino mandarín o el árabe. En Mesoamérica antes de la llegada de los españoles la lengua franca fue el náhuatl. Actualmente, se considera en general que la lengua vehicular o el lenguaje internacional es el inglés, que tiene más de 1.400 millones de hablantes en total (idioma materna o segundo).[1]

Existen asimismo idiomas completamente artificiales creados con el mismo propósito, como es el caso del esperanto y del ido o interlingua; no obstante, hasta el momento no han conseguido una aceptación masiva.

Lengua franca se llamó originalmente a la lengua tudesca (teutsch) hablada en tiempo de Carlomagno. Luego se llamó así al latín y más recientemente al sabir, una lengua mezcla de francés, italiano, español, árabe, turco y algo más, hablada en Oriente y en el norte de África para entenderse los habitantes de estos países con los europeos en sus relaciones comerciales. En general se aplica la denominación de «lengua franca» a toda aquella que está formada por la mezcla de dos o más lenguas, como un punto de encuentro entre todas ellas, y es apta para entenderse entre sí los hablantes de las distintas lenguas.

Índice

Historia [editar]

Origen del término [editar]

Lengua franca (del latín lingua franca) se llamó originalmente a la lengua tudesca (fráncico) (en alemán teutsch) hablada en tiempo de Carlomagno; luego se llamó así al latín.

Lenguas vehiculares en Europa [editar]

Históricamente, la lengua más usada como lengua franca o segunda lengua en Europa había sido hasta el siglo XIV el latín. Este ha sido utilizado por la Iglesia Católica (en el Vaticano es idioma oficial), en Derecho (se sigue utilizando hoy en día), en Medicina y en la clasificación biológica (hongos, bacterias, plantas y animales, con su nombre científico). El latín tuvo un uso tan extendido que fue conocido como la lengua vulgar (del vulgo, del pueblo). Por esta razón, a la traducción que San Jerónimo hizo al latín de la Biblia en el siglo V se la conoce como Vulgata.

Desde el Renacimiento hasta finales del siglo XIX se llamó lingua franca a una lengua empleada por los marineros y mercaderes del Mediterráneo. Era una lengua popular y hablada, de la que hoy se conservan muy pocos textos. Era una mezcla principalmente de italiano, árabe y griego, aunque tenía palabras de los orígenes más diversos. Los capitanes de los barcos, diplomáticos, etc. no solían hablar en lingua franca por el desprestigio social, y se entendían entre ellos en francés y en inglés principalmente. A finales del siglo XIX cae definitivamente en desuso y es sustituida por el inglés en la marina, por la importancia que tenía el Imperio Británico, aunque los diplomáticos de carrera prefirieron seguir usando el francés.

El francés[2] fue la lengua franca de la aristocracia europea del siglo XVII hasta finales del siglo XIX, coincidiendo con el surgimiento de Francia como potencia europea dominante tras el fin de la Guerra de los Treinta Años y sus primeros signos de debilidad económica como potencia colonial, en la postrimerías del siglo XIX (así, los niños de las principales familias reales de Europa fueron criados en francés y los aristócratas rusos se escribían con frecuencia en francés). Más tarde, la influencia de este idioma fue extendiéndose con la colonización del imperio francés, hasta el continente asiático y americano. Todavía se utiliza en la diplomacia internacional y en los principales organismos internacionales.

También han existido lenguas francas en Oriente y el norte de África para que los habitantes de esos países se pudieran entender con los europeos en sus relaciones comerciales.

Lenguas vehiculares en Oriente Medio y Lejano oriente [editar]

En los primeros Estados de Mesopotamia y Oriente Medio, aproximadamente entre los siglos XX a. C. y XV a. C., el idioma akkadio fue ampliamente usado en las relaciones diplomáticas, mientras que el sumerio fue estudiado por un período similar como lengua de cultura en ciertas áreas del conocimiento. Posteriormente el arameo reemplazó a ambas lenguas como segunda lengua en la zona. En el Lejano Oriente, el sánscrito fue una segunda lengua importante tanto en India como en el sudeste asiático e Indonesia. Y más al norte el chino clásico fue una segunda lengua estudiada por los eruditos de Vietnam, Corea y Japón como segunda lengua.

Lenguas vehiculares en América [editar]

En América del Norte se usó una lengua de señas como medio de comunicación intergrupal entre los pueblos de las grandes praderas principalmente. En Mesoamérica, poco antes de la llegada de los europeos y durante un tiempo tras la llegada de estos, el náhuatl se utilizó ampliamente como lengua vehicular. Y en América del Sur el quechua se expandió básicamente como segunda lengua de entendimiento en el imperio inca, ya que la lengua original de los primeros incas parece haber sido el pukina, que la conservaron en un contexto reducido para usar en la esfera pública el quechua clásico.

Durante la colonización de Brasil, la escasez de mujeres europeas llevó a muchos portugueses a tomar como esposas a mujeres autóctonas, cuya lengua era el tupí. El resultado es que hasta principios del siglo XVIII la lengua predominante fue la língua geral, que era básicamente un forma de tupí con abundante influencia del portugués. A partir del siglo XVIII hubo un intento consciente por dar exclusividad al portugués, aunque la língua geral siguió siendo la lengua vehicular predominante en muchas áreas del Amazonas hasta casi el siglo XX.

Actualidad [editar]

Actualmente, el inglés es la lengua que se presenta con mayor frecuencia como segunda lengua entre los hablantes multilingües, y en la práctica sirve de lingua franca global, tras el final de la Segunda Guerra Mundial en Septiembre 1945. Esto se debe a factores socioecónomicos y geopolíticos, debidos tanto a la influencia histórica de los países anglosajones como al hecho de que el inglés, especialmente desde el siglo XX, ha sido la principal lengua de la diplomacia y la publicación de trabajos científicos. Eso ha hecho que exista una mayor cantidad de información recientemente publicada (física y digitalmente) en este idioma que en cualquier otro.

Igualmente, algunos países promueven el aprendizaje de sus lenguas nacionales en el extranjero, bien sea para promocionar su cultura y relaciones económicas (comercio, turismo, eventual migración laboral, etc.), o bien por las posibilidades y aficiones de las personas por aprender una nueva lengua. Ello ha permitido que existan numerosos hablantes no nativos de una lengua distinta al inglés, aunque globalmente no esté tan extendida. Lo hacen mediante recursos varios, tales como instituciones educativas dedicadas a la enseñanza de la lengua (de iniciativa estatal, privada, o mixta), promoviendo el turismo académico (que implica el traslado temporal de estudiantes al país con el fin de aprender la lengua nativa, a través de una institución de enseñanza y la vida cotidiana), mediante comunidades que viven en el extranjero con un fuerte arraigo con el país del que proviene la lengua a enseñar, y también gracias a las nuevas tecnologías (Internet, cursos de enseñanza multimedia en Cds, DVDS, etc.). Como sea, con excepción de lenguas tan extendidas -y hasta necesarias- como el inglés, la diversidad de recursos ha permitido que muchas personas elijan aprender una segunda, inclusive una tercera o más lenguas, por afición por las mismas y como una extensión de su formación educativa.

Lenguas auxiliares [editar]

Especialmente desde el siglo XIX, la necesidad de una lengua internacional llevó a varios eruditos a proponer crear una lengua construida como medio de comunicación entre hablantes de lenguas diferentes. En general, estas lenguas auxiliares construidas, con pretensiones de servir como lengua franca internacional, han tenido en la práctica escaso éxito para ese propósito. Uno de los ejemplos que alcanzó mayor popularidad fue el caso del esperanto, que a finales del siglo XX se calculaba que tenía alrededor de dos millones de hablantes, como segunda lengua y un pequeño número de hablantes que tenían dicha lengua como lengua materna. El esperanto a principios del siglo XXI continúa sumando hablantes, sobre todo gracias a la popularización de internet. Otros ejemplos menos exitosos de lenguas artificiales son el volapük, la interlingua, el ido, etc.

Véase también [editar]

Referencias [editar]

Bibliografía [editar]

  • LA LINGUA FRANCA: une langue méditerranéenne à travers les siècles (una lengua mediterránea a través de los siglos), Roberto Rossetti. Universidad de Nantes, 22/23 abril de 2002, Cátedra Du Bellay de l’Académie de la Méditerranée (Academia del Mediterráneo).
  • Nicholas Ostler: Empires of the Word: A Language History of the World, HarperCollins, 2005, ISBN 978-0-06-621086-5.

Enlaces externos [editar]