Deuterocanónicos

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Detalle de una página de la Biblia del Oso (Basilea, Suiza, 1569), de Casiodoro de Reina, reformador protestante español del Siglo XVI, conteniendo el principio y los encabezados del Libro de Tobías, uno de los libros deuterocanónicos.

Los deuterocanónicos son textos y pasajes del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana que no están incluidos en el Tanaj judío hebreo-arameo, pero que sí se incluyen en la Biblia Griega de los LXX, llamada Septuaginta —datada entre los años 280 y 30 a.C.—, el texto utilizado por las comunidades judías e israelitas de todo el mundo antiguo más allá de Judea, y luego por la iglesia cristiana primitiva de habla y cultura griegas.[1] [2]

Los deuterocanónicos son:


Etimología del vocablo[editar]

Del griego δευτεροκανονικός (déuteros : “segundo”, “posterior”; y kanonikós: “perteneciente a una regla o canon”, “canónico”). Nombre dado a ciertos libros, o adiciones de libros, que desde su origen no fueron considerados por todos como inspirados. Estos han sido rechazados por judíos y protestantes, pero incluidos y aceptados por la Iglesia Católica. Los términos protocanónicos y deuterocanónicos no aparecieron nunca antes de mediados del Siglo XVI. Fueron acuñados en el año de 1556[3] por Sixto de Siena, teólogo católico de origen judío, para referirse, respectivamente, a los textos propios del llamado Canon Palestinense del Tanaj judío –por considerarlo una “primera norma” o prescripción de textos del Viejo Testamento—, y a los textos propios del llamado Canon Alejandrino de la Biblia Griega —por considerarlo una “segunda norma” o prescripción de textos del Viejo Testamento—.[4]

La Enciclopedia Espasa define de esta manera este término:

"Nombre que se da a aquellos libros, o parte de libros de la Sagrada Escritura, que desde su origen no fueron considerados como inspirados por todos, y que hoy son rechazados del canon de la Sagrada Escritura por los judíos y protestantes. La Iglesia Católica, empero, los considera como verdadera y auténtica palabra de Dios, y han sido declarados como libros inspirados por los concilios de Trento y Vaticano."

Tomo 18, Pág. 721.

Entre los judíos del I siglo[editar]

Filón de Alejandría[editar]

A partir del siglo III a.C., tuvo lugar el encuentro de la fe judía con la filosofía griega en el contexto de la comunidad judía de Alejandría. Allí los intelectuales hebreos, muy especialmente Filón de Alejandría, concibieron una forma de profundizar en su fe bíblica con los instrumentos de la razón griega. Era una teología convencida de que la fe mosaica y la filosofía griega coincidían en su aspiración a la verdad.

"Filón es asimismo valioso para entender la iglesia primitiva y los escritos del Nuevo Testamento, especialmente los de Pablo, Juan y Hebreos. A veces se olvida que los documentos del Nuevo Testamento fueron escritos en griego por autores que eran judíos (desde luego ahora comprometidos a entender a Jesús como Cristo y Señor), quienes eran parte de la cultura helenística del mundo grecorromano. La mayor parte de las iglesias primitivas reflejadas y descritas en el Nuevo Testamento eran parte de la trama social del mundo helenístico grecorromano. Precisamente porque Filón es un judío helenístico, es esencial para los estudios del Nuevo Testamento. La Iglesia cristiana fue la preservadora primaria de los escritos de Filón, quien era virtualmente desconocido para la tradición judía desde luego de su propio tiempo, hasta el siglo XVI."

The Works of Philo- Complete and unabridged. Transl. C.D. Yonge; New Updated Version. Peabody: Hendrickson, 1993, pp. XIII

En sus escritos se encuentra un gran número de citas bíblicas. La mayor parte de sus citas bíblicas provienen del Pentateuco, aunque también cita Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías, los profetas menores Oseas y Zacarías, los Salmos, Job, Proverbios y el rollo de Crónicas-Esdras-Nehemías. Se cuentan aproximadamente mil citas de las Escrituras, lo cual da una idea de la intensidad del empleo de estos textos por parte suya. Filón, contemporáneo de Jesús de Nazaret, que vivió precisamente en Alejandría, jamás cita ninguno de los libros deuterocanónicos.[5]

"Es frecuente suponer que Filón y los judíos helenistas no compartían el parecer de los rabinos de Palestina, según el cual el espíritu de profecía había cesado hacía siglos... De hecho las obras de Filón no citan ni una sola vez los libros apócrifos, lo cual invalida toda la hipótesis de un canon helenístico. Por otra parte, sería bien extraño que un libro como 1 Mac[abeos], que insiste en que la profecía había cesado hacía tiempo (4,46; 9,27; 14,41) pudiera formar parte de un supuesto canon helenístico, cuya existencia se apoya precisamente en la afirmación de que la profecía no ha cesado todavía, en una época incluso posterior. La teoría del canon alejandrino tenía otros dos soportes que se han venido igualmente a tierra. El primero era que el judaísmo helenístico y el judaísmo palestino eran realidades distintas y distantes. El segundo era que los libros apócrifos fueron compuestos en su mayoría en lengua griega y en suelo egipcio."

Julio Trebolle Barrera[6]

Flavio Josefo[editar]

Flavio Josefo no busca la asimilación del mundo hebreo al grecorromano, sino el reconocimiento de su dignidad. Sin embargo, no hay la menor indicación de que Josefo esté dando un punto de vista sectario. Por el contrario, habla como representante autodesignado de los judíos en general. Este autor destaca la exactitud y confiabilidad de los registros hebreos, que no descansaba sobre la simple voluntad humana, sino de la inspiración de Dios. Sobre su método nos dice: «…yo creo que si lo que interesa es extraer la verdadera interpretación de los hechos a partir de los hechos mismos, y no seguir vanas opiniones, lo adecuado es todo lo contrario [no despreciar los testimonios de los pueblos no griegos]» (Antigüedades judías, 6).

“...porque no tenemos decenas de miles de libros discordantes y en conflicto, sino sólo veintidós (canon hebreo), conteniendo los registros de todos los tiempos, los cuales han sido justamente considerados como divinos. Y de estos, cinco son los libros de Moisés ... Luego, los Profetas que siguieron, compilaron la historia del período desde Moisés hasta el reino de Artajerjes sucesor de Jerjes, rey de Persia, en trece libros, [sobre] lo que se hizo en sus tiempos. Los restantes cuatro libros comprenden himnos a Dios e instrucciones prácticas para los hombres.”

Flavio Josefo[7]

“Desde el tiempo de Artajerjes hasta el nuestro propio cada suceso ha sido registrado; pero los registros no han sido considerados dignos del mismo crédito que los de época más temprana, porque la exacta sucesión de profetas no fue continuada. Pero qué fe hemos puesto en nuestros propios escritos se ve por nuestra conducta; pues aunque ha transcurrido tanto tiempo, nadie se ha atrevido a agregarles nada, ni a substraer nada de ellos, ni a alterar nada.”

Flavio Josefo[7]

Libro pseudoepigráfico: 4 Esdras[editar]

Autores como Vence, Charles, Wellhausen y Gunkel, consideran que el texto original del Apocalipsis de Esdras fue escrito en hebreo. Algunos, como Guy,[8] consideran que fue escrito en arameo. Peredejordi considera que no puede ponerse en duda que el autor era judío, por los frecuentes hebraísmos en el texto y porque "el autor adorna sus discursos con ficciones muy próximas a los talmudistas y rabinos”.[9] A pesar de todo, presenta un valor histórico, pues refleja tradiciones considerablemente más antiguas.

"Y aconteció que cuando se cumplieron los cuarenta días, el Altísimo habló conmigo, y me dijo: Los veinticuatro libros (canon hebreo) que habéis escrito primero, hazlos públicos para que quienes son dignos y quienes no son dignos puedan leer de allí; pero los [otros] setenta los guardarás y se los entregarás a los sabios de tu pueblo."

Apocalipsis de Esdras 14:45-46[10]

Jamnia[editar]

Tras la caída de Jerusalén y su Templo en el 70, un grupo de rabinos fundó una escuela en Jamnia. Allí sucedieron varias discusiones sobre los libros del Tanaj.

"El resultado de sus debates [de Yohanan ben Zakkai y otros] fue que, pese a las objeciones, Proverbios, Eclesiastés, Cantares y Ester fueron reconocidos como canónicos; Eclesiástico no fue reconocido (Talmud de Babilonia Shabbat 30 b; Mishná Yadaim 3:5; Talmud de Babilonia Magillah 7 a; Talmud de Jeusalén Megillah 70 d). Los debates de Jamnia «no tienen que ver con la aceptación de ciertos escritos dentro del Canon, sino más bien con su derecho a permanecer allí» (A. Bentzen, Introduction to the Old Testament, i [Copenhagen, 1948], p. 31). Hubo alguna discusión previa en la escuela de Shammai acerca de Ezequiel, que ya hacía mucho estaba incluido entre los Profetas, pero cuando un rabino ingenioso mostró que realmente no contradecía a Moisés, como se había alegado, se allanaron las dudas (Talmud de Babilonia Shabbat 13 b)."

F.F. Bruce[11]

Canonicidad[editar]

Siglos II y III[editar]

El primer autor cristiano del cual tenemos referencia que habló del canon del Antiguo Testamento fue el obispo de Sardes, Melitón. En una carta, menciona los libros del canon hebreo a excepción de Ester.[12]

A mediados del III siglo, Orígenes afirmaba:

"No se ha de ignorar que los libros testamentarios, tal como los han transmitido los hebreos, son veintidós, tantos como número de letras hay en entre ellos"

Orígenes[13]

Los veintidós libros a los que se refiere Orígenes corresponden a los del canon hebreo (contando a algunos libros como Jueces-Rut, Samuel, Crónicas, Esdras-Nehemías y los Profetas menores). Hay que reconocer, sin embargo, que en la práctica, Orígenes se negó a excluir totalmente los apócrifos, porque se los empleaba en la Iglesia, como él mismo lo explica en su Carta a Julio Africano.

Siglos IV y V[editar]

Atanasio en una de sur cartas pascuales da una lista muy parecida a la de Orígenes y al canon hebreo, con la diferencia de que incluye Baruc y la Carta de Jeremías, separa a Jueces y Rut, además de omitir a Ester.

"Pero para mayor exactitud debo ... añadir esto: hay otros libros fuera de éstos, que no están ciertamente incluidos en el canon, pero que han sido desde el tiempo de los padres dispuestos para ser leídos a aquellos que son convertidos recientes a nuestra comunión y desean ser instruidos en la palabra de la verdadera religión. Estos son la Sabiduría de Salomón, la Sabiduría de Sirá [Eclesiástico], Ester, Judit y Tobit ... Pero mientras los primeros están incluidos en el canon y estos últimos se leen [en la iglesia], no se ha de hacer mención a los libros apócrifos. Son la invención de herejes que escriben según su propia voluntad ..."

Atanasio[14]

Cirilo sigue la opinión de Orígenes, pero excluye Baruc.[15] Gregorio Nacianceno da una lista de libros canónicos en verso, en donde reconoce veintidós libros; omite Ester.[16] Anfiloquio sigue la línea de Gregorio, pero añade: "Junto con éstos, algunos incluyen Ester". Epifanio da una lista de 22 libros similar a la de Melitón, pero añadiendo Ester. [17] En otra parte añade como apéndice al Nuevo Testamento a la Sabiduría de Salomón y a la de Sirá.[18]

Jerónimo hizo una revisión de los Salmos y los Evangelios de la Vetus Latina por petición de Dámaso, obispo de Roma. Al morir el papa, Jerónimo hizo un peregrinaje a Belén en el 386. Comenzó con una nueva revisión del Salterio en latín conforme a la Septuaginta (LXX), pero luego decidió trabajar a partir del texto hebreo. En el 405 completo su traducción. En el prólogo escribió:

"Este prólogo a las Escrituras puede servir como un prefacio con yelmo [galeatus] para todos los libros que hemos vertido del hebreo al latín, para que podamos saber -mis lectores tanto como yo mismo- que cualquiera [libro] que esté más allá de estos debe ser reconocido entre los apócrifos. Por tanto, la Sabiduría de Salomón, como se la titula comúnmente, y el libro del Hijo de Sirá [Eclesiástico] y Judit y Tobías y el Pastor no están en el Canon."

Jerónimo[19]

"Como la Iglesia lee los libros de Judit y Tobit y Macabeos, pero no los recibe entre las Escrituras canónicas, así también lee Sabiduría y Eclesiástico para la edificación del pueblo, no como autoridad para la confirmación de la doctrina."

Jerónimo[19]

En una extensa carta a Laeta, quien le había consultado sobre la crianza de su hija Paula, Jerónimo da una serie de consejos; entre ellos, que la instruya en las Escrituras, sugiriendo el orden en que ha de leerlas, añadiendo:

"Que [Paula] evite todos los escritos apócrifos, y si ella es llevada a leerlos no por la verdad de la doctrinas que contienen sino por respeto a los milagros contenidos en ellos, que ella entienda que no son escritos por aquellos a quienes son adjudicados, que muchos elementos defectuosos se han introducido en ellos, y que requiere una discreción infinita buscar el oro en medio de la suciedad."

Jerónimo[20]

Agustín reconocía la importancia de las lenguas originales, no sabía hebreo, e instó en su correspondencia con Jerónimo a que éste realizase su nueva versión a partir de la Septuaginta. Da una lista del canon del Antiguo y Nuevo Testamentos en Sobre la Doctrina Cristiana 2 (8):13, en el cual incluye los deuterocanónicos. Pero admite:

"Desde el tiempo de la restauración del templo entre los judíos no hubo ya reyes, sino príncipes, hasta Aristóbulo. El cálculo del tiempo de éstos no se encuentra en las Santas Escrituras llamadas canónicas, sino en otros escritos, entre los cuales están los libros de los Macabeos, que no tienen por canónicos los judíos, sino la Iglesia..."

Agustín[21]

Inocencio I en una carta al obispo de Tolosa, Exuperio, da en 405 una lista de libros del AT que incluye los deuterocanónicos (con 1 Esdras). Rufino en su Comentario al Credo de los Apóstoles da luego del Concilio de Cartago del 397 una lista de libros del Antiguo Testamento que corresponde exactamente al canon hebreo:

"Pero debiera saberse que hay también otros libros que nuestros padres no llaman canónicos, sino eclesiásticos, es decir, Sabiduría, llamado Sabiduría de Salomón, y otra Sabiduría, llamada la Sabiduría del hijo de Sirá, el último de los cuales los latinos llaman por el título general de Eclesiástico... A la misma clase pertenecen el libro de Tobit, y el libro de Judit, y los libros de los Macabeos... todos los cuales se han leído en las Iglesias, pero no se apela a ellos para la confirmación de la doctrina. A los otros escritos les han llamado «apócrifos»;. Estos no han admitido que se lean en las Iglesias."

Rufino[22]

Siglos VI y VII[editar]

Gregorio Magno escribió acerca de la distinción entre los libros canónicos y los deuterocanónicos:

"Con referencia a tal particular no estamos actuando irregularmente, si de los libros, aunque no canónicos, sin embargo otorgados para la edificación de la Iglesia, extraemos testimonio. Así, Eleazar en la batalla hirió y derribó al elefante, pero cayó debajo de la misma bestia que había matado"

Gregorio Magno[23]

Los obispos africanos Jumilius y Primasius siguen a Jerónimo; Anastasio de Antioquía y Leoncio, reconocen el canon hebreo.

Juan Damasceno, en su Exposición de la Fe Ortodoxa (4:18) defiende asimismo el canon hebreo, el cual explica con cierto detalle, y agrega:

"Está también el Panaretus, esto es la Sabiduría de Salomón, y la Sabiduría de Jesús, publicada en hebreo por el padre de Sirá y posteriormente traducido al griego por su nieto, Jesús hijo de Sirá. Estos son virtuosos y nobles, pero no son contados ni fueron depositados en el arca."

Juan Damasceno[24]

Siglos IX a XVI[editar]

Numerosos autores de este tiempo apoyaron la opinión de Jerónimo y el canon hebreo, tales como Beda, Alcuino, Nicéforo de Constantinopla, Rabano Mauro, Agobardo de Lyon, Pedro Mauricio, Hugo y Ricardo de San Víctor, Pedro Comestor, Juan Belet, Juan de Salisbury, el anónimo autor de la Glossa Ordinaria, Juan de Columna, Nicolás de Lira, William Occam, Alfonso Tostado y el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (editor de la famosa Políglota Complutense, el mayor monumento a la erudición bíblica católica del siglo XVI):

"El cardenal Ximénez de Cisneros produce en España su monumental Biblia políglota llamada Complutense (1514–1517), con el texto latino de la Vulgata en el centro, el griego de la Septuaginta de un lado y el hebreo masorético del otro, que representan respectivamente la Iglesia Griega y la Sinagoga, y dice que el texto latino se imprime en medio «como Jesús fue crucificado entre dos ladrones». Pero en cuanto a los deuterocanónicos, que van incluidos en la Complutense, explica en su Prefacio que son recibidos por la Iglesia para edificación, más bien que para fundamentar doctrinas, por lo que se ve que el dictamen de San Jerónimo sigue todavía en vigencia."

Gonzalo Báez-Camargo[25]

"En la Iglesia latina, a través de toda la Edad Media hallamos evidencia de vacilación acerca del carácter de los deuterocanónicos. Hay una corriente amistosa hacia ellos, otra distintamente desfavorable hacia su autoridad y sacralidad, mientras que oscilando entre ambas hay un número de escritores cuya veneración por estos libros es atemperada por cierta perplejidad acerca de su posición exacta, y entre ellos encontramos a Santo Tomás de Aquino. Se encuentran pocos que reconozcan inequívocamente su canonicidad. La actitud prevalente de los autores occidentales medievales es substancialmente la de los Padres griegos."

George J. Reid[26]

"Aquí concluimos nuestros comentarios sobre los libros históricos del Antiguo Testamento. Pues el resto (esto es, Judit, Tobit, y los libros de Macabeos) son contados por Jerónimo fuera de los libros canónicos. Y son puestos entre los apócrifos. Junto con Sabiduría y Eclesiástico, como es evidente del Prólogo con Yelmo. Y no te preocupes, como un erudito principiante, si hallan en cualquier parte, sea en los sagrados concilios o los sagrados doctores, estos libros reconocidos como canónicos. Pues las palabras tanto de los concilios como de los doctores han de ser reducidas a la corrección de Jerónimo. Ahora, según su juicio, en la carta a los obispos Cromacio y Heliodoro, estos libros (y cualesquiera como ellos en el canon de la Biblia) no son canónicos, esto es, no son de la naturaleza de una regla para confirmar asuntos de fe. Empero, ellos pueden ser llamados canónicos, esto es, de la naturaleza de una regla para la edificación de los fieles, como habiendo sido recibidos y autorizados en el canon de la Biblia para este propósito. Con ayuda de esta distinción tú puedes ver tu camino claramente a través de los que dice Agustín, y lo que está escrito en el Concilio provincial de Cartago."

Cardenal Tomás de Vío[27]

En el Concilio de Trento, en 1546, obispos occidentales (mayormente italianos) declararon por vez primera como artículo de fe para todos los cristianos que los libros apócrifos eran Escritura sin distinción con el canon hebreo en cuanto a su canonicidad ni inspiración.

“Se gestó considerable debate sobre si debía hacerse una distinción entre dos clases de libros (Canónicos y Apócrifos) o si debían identificarse tres clases (Libros Reconocidos; Libros Disputados del Nuevo Testamento, luego generalmente reconocidos; y los Apócrifos del Antiguo Testamento). Finalmente el 8 de abril de 1546, por un voto de 24 a 15, con 16 abstenciones, el Concilio sancionó un decreto (De Canonicis Scripturis) en el cual, por vez primera en la historia de la Iglesia, la cuestión del contenido de la Biblia fue hecho un artículo absoluto de fe y confirmado con un anatema.”

Bruce M. Metzger[28]

Situación actual en la cristiandad[editar]

La canonicidad de los libros deuterocanónicos es distinta para los diversos grupos que tienen como sagrados a los textos hebreos. La comunidad judía y algunas de las organizaciones cristianas de origen protestante no aceptan los libros deuterocanónicos en su canon. La Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa los consideran de segundo canon; o sea que no son tomados como parte del primer canon, sin embargo se les reconoce autoridad. Los judíos llaman Canon Palestinense al Tanaj al que se le añaden los deuterocanónicos.

Las iglesias cristianas ortodoxas, e iglesias orientales, incluyen en el canon de la Biblia, en adición a ellos, algunos otros textos, como el Salmo 151, la Oración de Manasés, 3 y 4 Esdras, y 3 y 4 Macabeos; los cuales aparecen en códices antiguos de la Septuaginta, así como de otros antiguos textos bíblicos; algunos de los cuales contenían, asimismo, el Libro de las Odas y el Libro de los Salmos de Salomón. En adición a ellos, la Iglesia copta también acepta el Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos, y algunos otros más.

Hay evidencia histórica y neotestamentaria de que los libros deuterocanónicos eran usados por la iglesia cristiana primitiva.[¿cuál?] Sin embargo, siglos más tarde, Lutero reparó en ellos precisamente por su aparente apoyo a la doctrina del purgatorio, a la cual se oponía. Lutero afirmó en su proposición 37 que la doctrina del purgatorio no se apoya en ninguna escritura canónica. Los libros de los Macabeos, como otros que la iglesia católica romana llama actualmente deuterocanónicos, o sea de segundo canon, y que siempre han estado en su canon, fueron incorporados en la traducción al griego de la Septuaginta, una versión griega de la biblia hebrea que ha tenido una posición dominante en las iglesias ortodoxas, e incluso en la católica, antes de la Vulgata latina de Jerónimo. Según los protestantes, es un canon que prácticamente ninguna tradición judía hebrea acepta, pero fue el más usado en los tiempos apostólicos, y existen referencias a deuterocanónicos en múltiples pasajes del Nuevo Testamento.[¿cuál?] Hay evidencia histórica de que el canon amplio de los judíos alejandrinos comprendía los libros deuterocanónicos. También existen pruebas de que entre los judíos palestinos pudieron haber circulado los libros deuterocanónicos: En Qumrán, la evidencia bíblico-arqueológica más antigua, han sido encontrados algunos fragmentos de tres libros deuterocanónicos: del Eclesiástico (gruta 2), de Tobías (gruta 4) y de Baruc (gruta 7).

Los argumentos en contra y a favor de los deuterocanónicos como parte del canon son muchos, variados y complejos. El mayor argumento de sus opositores, y el único de fondo, ha sido su omisión del canon del Tanaj judío palestinense, o tal vez su posible supresión en el mismo de un canon consensual aún más antiguo, como algunos autores proponen. Pero algunos autores sostienen que el canon del Tanaj representa posturas fariseas, y fue elaborado por judíos expresamente opositores al cristianismo (la escuela de Yabné o Yamnia), mientras que es posible encontrar referencias a algunos deuterocanónicos como textos sagrados en escritos judíos de distintas corrientes, y 300 de las 350 referencias al Antiguo Testamento que se hacen en el Nuevo Testamento son tomadas de la versión alejandrina. Por otra parte, se debate sobre la lengua de los textos originales de algunos de estos libros, es decir, el griego; aunque estas cuestiones no afectan a los textos escritos en hebreo de forma original, como el Eclesiástico[cita requerida].

Realidad histórica[editar]

Desde una perspectiva estrictamente histórica, a través de la historia, los deuterocanónicos han estado presentes en las Biblias de todas las facciones cristianas anteriores a la reforma protestante del Siglo XVI. También están presentes en todas las versiones bíblicas protestantes anteriores al año de 1826, y también en al menos algunas ediciones posteriores de esas mismas Biblias.[29] Además de las Biblias cristianas ortodoxas y católicas romanas, actualmente se siguen incluyendo en las Biblias luteranas, anabaptistas, anglicanas y episcopalianas.

Notas y referencias[editar]

  1. KELLY, John Norman Davidson; Early Christian Doctrines; Pág. 53; Continuum; Londres, Inglaterra, 1958; ISBN 0-8264-5252-3.
  2. El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, La extensión del canon de las Escrituras
  3. A. Paul, p. 46; Bruce, p. 105.
  4. DÍEZ MACHO, Alejandro-BARTINA, Sebastián; Enciclopedia de la Biblia; Lion Publishing; Barcelona, España, 1966; ISBN 84-7151-351-X.
  5. The Works of Philo- Complete and unabridged. Transl. C.D. Yonge; New Updated Version. Peabody: Hendrickson, 1993, pp. 913-918
  6. Julio Trebolle Barrera, La Biblia judía y la Biblia cristiana. Madrid: Trotta, 1993, p. 241-242.
  7. a b Antigüedades de los judíos 9:12
  8. Citado por Bierre-Narbonne, jean (19339 Les Prohéties Messianiques VI.
  9. Paredejordi, Juli (1987) "Introducción"; Apocalipsis de Esdras. Barcelona: Ediciones Obelisco, p.p. 11-40.
  10. The Apocalypse of Ezra. Transl. G.H. Box. London: SPCK, 1917; 14:45-46, p. 113
  11. F.F. Bruce, Tradition Old and New. The Paternoster Press, 1970, p. 133
  12. Eusebio, Historia Eclesiástica IV, 26:12-14
  13. Eusebio,Historia Eclesiástica VI, 25: 1-2
  14. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 4:551-552
  15. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 7:27
  16. Himno 1.1.72.31
  17. Sobre pesos y medidas, 23
  18. Panarion 76:5
  19. a b Vulgata de Jerónimo de Estridón
  20. Epístola 107:12 (Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, vol. 6, p. 194)
  21. La Ciudad de Dios, XVIII:36
  22. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 3:558
  23. Library of the Fathers of the Holy Catholic Church, 2:424
  24. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 9:89-90
  25. Breve historia del Canon bíblico, 1980, p. 56
  26. Canon of the Old Testament, en The Catholic Encyclopedia, 1913
  27. Sobre el último Capítulo de Ester, Tomás Cayetano
  28. Bruce M. Metzger, The Canon of the New Testament- Its origin, development, and importance. Oxford: Clarendon Press, 1987, p. 246
  29. Usted puede tener acceso, por ejemplo, a los textos completos de la Biblia de Casiodoro de Reina, llamada Biblia del Oso (1569), en formato de archivo escanográfico, en el sitio de Clásicos Digitales de la Universidad Conimbricense. También puede tener acceso al grueso de los textos de la Biblia de Cipriano de Valera, llamada Biblia del Cántaro (1602), en formato de archivo PDF, en el sitio de Libros de Google.es. Los gruesos de los textos de al menos algunas de las numerosas Biblias protestantes inglesas con “Apocrypha” se encuentran disponibles para su descarga en los sitios de e-Sword, y de The Unbound Bible, de Biola University.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

  1. Historia del Canon del Viejo Testamento en Apologética.org
  2. “Del Viejo Testamento a la antropología cristiana: la importancia decisiva de los Libros Deuterocanónicos” en el Depósito Académico Digital de la Universidad de Navarra
  3. “¿Qué hay con esos libros ‘extra’ de la Biblia?” en The David MacDonald’s Official Web Site
  4. El Canon de las Escrituras en Apologética Católica
  5. Historia del Canon Bíblico, Parte 3 de 7 en Biblia Esfera.
  6. Historia del Canon Bíblico, Parte 4 de 7 en Biblia Esfera.
  7. Historia del Canon Bíblico, Parte 5 de 7 en Biblia Esfera.
  8. Historia del Canon Bíblico, Parte 6 de 7 en Biblia Esfera.
  9. Canon of the Old Testament en New Advent
  10. “Defending the Deuterocanonicals” en Eternal Word Television Network