Libro de Habacuc

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El Libro de Habacuc es un libro profético que toma su nombre de su autor y probablemente significa “uno que abraza” (Hab.1-1; 3-1). Al final de la profecía, este nombre se vuelve apropiado conforme el profeta se aferra a Dios independientemente a su confección por los planes de Dios hacia su pueblo.

Como con muchos de los profetas menores, nada se conoce del profeta excepto por lo que puede ser inferido del libro. En el caso de Habacuc, la información interna casi no existe, lo que hace que las conclusiones de su identidad y vida sean conjeturas. Su simple introducción como “el profeta Habacuc” puede implicar que él no necesitaba presentación debido a que era un profeta conocido de sus días.

Fue contemporáneo de Jeremías, Ezequiel, Daniel y Sofonias. La mención de los caldeos (Hab.1-6) sugiere una fecha a finales del siglo VII a. C., poco antes de que Nabucodonosor comenzara su marcha militar a través de Nínive (612 a. C.). El amargo lamento de Habacuc (Hab.1: 2-4) puede reflejar un período poco después de la muerte de Josías (609 a. C.), días en lo que la reforma del rey piadoso (cp. 2 R. 23) fueron rápidamente cambiadas por su sucesor, Joacim (Jer. 22: 13-19).

Contexto Histórico[editar]

Habacuc profetizo durante los días finales del Imperio Asirio y el principio del dominio de Babilonia a escala mundial bajo Nabopolasar y su hijo Nabucodonosor. Cuando Nabopolasar ascendió al poder en el 626 a. C., inmediatamente comenzó a expandir su influencia al N y al O. bajo el liderazgo de su hijo, el ejército babilónico venció a Ninive en el 612 a. C., forzando a la nobleza asiria a refugiarse primero en Harán y después en Carquemis. Nabuconodosor los persiguió, venciendo Harán en el 609 a. C. y a Carquemis. En el 605 a. C.

El rey egipcio Necao, viajando por Judá en el 609 a. C. para ayudar a al rey asirio que huía, fue confrontado por el rey Josías en Meguido (2 Cr. 35; 20-24). Josia murió en la batalla que se llevó a cabo, dejando su trono a una sucesión de tres hijos y un nieto. Antes, como resultado de descubrir el Libro de la ley en el templo (622 a. C.), Josías había instituido reformas espirituales significativas en Judá (2R. 22-23), aboliendo muchas de las prácticas idólatras de su padre Amón (2R. 21:20-22) y su Abuelo Manasés (2R. 21:11-13). No obstante, cuando murió la nación rápidamente regresó a sus malos caminos (cp. Jer.22:13-19), causando el silencio de Dios y aparente falta de acción para castigar (Hab.1:2-40) y así purificar su pueblo de pacto.

Temas Históricos y Teológicos[editar]

Los versículos de aperturas revelan una situación histórica semejante a los días de Amos y Miqueas. Esencialmente, la justicia había desaparecido de la tierra; la violencia y la impiedad se encontraban por todos lados, existiendo sin frenos. En medio de estos días oscuros, el profeta clamó por intervención divina (Hab, 1:2-4) La respuesta de Dios de que Él estaba enviando los caldeos para juzgar a Judá (Hab, 1:5-11) crea un dilema teológico aún más grande para Habacuc. ¿Por qué Dios no purifico a su pueblo y restauro su justicia? ¿Cómo podía Dios usar a los caldeos para juzgar a un pueblo más justo que ellos (Hab, 1:12-2:1)? La respuesta de Dios de que también juzgaría al los Caldeo (Hab, 2:2-20), no satisfizo en su totalidad el dilema teológico del profeta: de hecho, únicamente lo intensificó.

En la mente de Habacuc el asunto que clamaba por resolución ya no era la respuesta justa por parte de Dios hacia el mal (o falta de bien), sino la defensa de la persona y pacto de Dios con su pueblo (Hab, 1:13). Al igual que Job, el profeta discutió con Dios y a través de esa experiencia alcanzó un entendimiento más profundo de la persona soberana de Dios y una fe más firme en Él (cp, job. 42:5-6; Is.55:8-9). Finalmente, Habacuc se dio cuenta que Dios no debía ser adorado simplemente por las bendiciones temporales que Él otorgó, sino por lo que Él es (Hab, 3:17-19).

Retos de Interpretación[editar]

Las preguntas del profeta representan unas de las más fundamentales en toda la vida, con las respuestas que proveen piedras cruciales de fundamento sobre las cuales edificar un entendimiento apropiado de la persona de Dios y sus caminos soberanos en la historia. La esencia en su mensaje yace en el llamado a confiar en Dios (Hab, 2:4): “el justo por su fe vivirá”.

Las referencias del NT dan importancia poco común teológicamente a Habacuc. El escritor de Hebreos cita a Habacuc. (Hab, 2:4) para aclarar la necesidad del creyente de permanecer fuerte y fiel en medio de la aflicción y las pruebas (He.10:38). El apóstol Pablo, por otro lado, emplea el versículo dos veces (Rom.1:17; Gá 3:11) para acentuar la doctrina de justicia por la fe.

No hay conflicto de interpretación alguna, ya que el énfasis tanto de Habacuc como en las referencias del NT va más allá del acto de la fe para incluir la continuidad de la fe. La fe no es un acto único, sino una manera de vivir. El verdadero creyente, declarado justo por Dios, habitualmente persevera en la fe a lo largo de toda su vida (cp. Col.1:22, 23; He.3; 12-14). El confiara en Dios soberano que solo hace lo justo.

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