Epístola de Santiago

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Destaca en esta epístola su contenido social; así Santiago 1:27 habla de visitar a las viudas y los huérfanos.

La Epístola de Santiago es un libro bíblico atribuido a Santiago el Justo.[1] En algunas culturas confundido e identificado con Santiago el Menor (ver diferencia).

Origen[editar]

Una minoría se la atribuye a Santiago el Mayor, pero todo esto es difícil de saber, ya que, se tienen las fechas de muerte de los posibles autores pero no en si la data de la epístola en disputa. Se dice que el autor más fuertemente probable es Santiago el Justo el hermano del Señor, ya que, Santiago el Mayor que en si era más importante pues era discípulo directo de Jesús murió el año 44 (ver muerte de Santiago el Mayor) y desde entonces Santiago el Justo tomó el liderazgo de la Iglesia Primitiva siendo “una de las tres columnas”, como dijo Pablo, y quedándose en Jerusalén hasta su muerte.

Con todo, la epístola esta dirigida a “todas las tribus de Israel en la dispersión”, de hecho, por esta razón se le considera como el Obispo, por que está en la ciudad donde nace el cristianismo, Jerusalén, y le escribe a los dispersos; su preocupación era tal, que dice uno de los historiadores, Hegesipo, que pasaba horas orando intercediendo por su pueblo (ver referencia). Se puede notar aquí como empieza su epístola: “Siervo de Dios y del Señor Jesucristo”, donde, ya no reconoce a Jesús como su hermano de sangre (En la biblia no se hace mención que sea hijo de María la madre de Jesús pero tampoco que no lo sea), sino espiritualmente, donde se hace su siervo.

A la muerte de Santiago el Mayor,[2] Pablo sólo le llama “Santiago”, ya que ya no hay que diferenciarlo como lo hizo en Hechos 12:2 (Santiago hermano de Juan), porque, es el único que queda en Jerusalén hechos 12:17, ver que las referencias son del mismo capítulo 12, donde el primero muere y luego habla de Santiago el Justo. hasta su muerte.

Contenido[editar]

La epístola está dirigida a “las doce tribus dispersas entre las naciones” (los judíos que vivían entre gentiles). Su mensaje se centra en el debatido pasaje que declara que “la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:14-26), así como la palabra sin “práctica” (Santiago 1:21-27), “como cuando un hermano está desnudo y necesitado de alimento diario ¿de qué servirá que alguno le diga «id en paz, cuidaos del frío y comed a satisfacción», si no le dáis lo necesario para el sustento del cuerpo?”.

Se preocupa por consiguiente por los contrastes tan comunes entre la predicación de las iglesias y su realidad. En particular rechaza la discriminación contra los pobres, reclama la justicia social redistributiva (Santiago 5:1-6) y unas relaciones humanas de amor. Amonesta a quienes oran en beneficio de sus intereses egoístas de prosperidad personal (Santiago 4:3) y éxito mundano, sin tener en cuenta que “quien quiere ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios”. Como Jesús (Mateo 5:33-37), rechaza el juramento y llama a decir con sencillez la verdad (Santiago 5:12). Aconseja a los enfermos solicitar a los líderes de su iglesia que oren por ellos que y vayan a ungirlos con aceite (Santiago 5:14).

Termina con un llamado a orar por quienes en la comunidad estén enfermos o hayan cometido faltas, a “confesarse mutuamente los pecados y orar mutuamente los unos por los otros”, “porque mucho vale la oración perseverante del justo” y “quien logra que se convierta el pecador de su camino equivocado, salvará un alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados”.

En resumen, la carta de Santiago reclama una fe viva, que se proyecte en todas las situaciones, de las sociales y personales, y que supere las pruebas (Santiago 1:12).

Contenido[editar]

La Sociedad Bíblica griega del Nuevo Testamento, divide la carta en las siguientes secciones:

  • Saludo (1:1)
  • La fe y la sabiduría (1:2-8)
  • La pobreza y Riqueza (1:9-11)
  • Juicio y Tentación (1:12-18)
  • Oír y hacer la Palabra (1:19-27)
  • Advertencia contra la parcialidad (2:1-13)
  • La fe y las obras (2:14-26)
  • La Lengua (3:1-)
  • La sabiduría de arriba (3:13-18)
  • Amistad con el Mundo (4:1-10)
  • Juzgar un Hermano (4:11-12)
  • Advertencia contra la jactancia(4:13-17)
  • Advertencia a los ricos (5:1-6)
  • La paciencia y la oración (5:7-20)

La epístola fue dirigida a “las doce tribus dispersas en el extranjero” (Santiago 1:1), que generalmente se da en el sentido de un público judío cristiano.

El objetivo del escritor es la práctica de hacer cumplir los deberes de la vida cristiana. Los vicios contra los que se les advierte: formalismo, que hace que el servicio de Dios consista en lavados y ceremonias, mientras que él les recuerda (1:27), que consiste más bien en el amor activo y pureza; fanatismo, que, bajo el manto de celo religioso, estuvo destrozando a Jerusalén en pedazos(1:20); fatalismo, que arrojaron sus pecados en Dios (1:13); mezquindad(2:2); falsedad, que ha hecho las palabras y juramentos como cosas de juego(3:2-12); partidismo (3:14); hablar mal (4:11), jactancia (4:16), la opresión (5:4). La gran lección que enseña a los cristianos es la paciencia, paciencia en el proceso (1:2), paciencia en las buenas obras (1:22-25), paciencia bajo la preocupación (3,17), la paciencia en virtud de la opresión (5:7) , La paciencia en virtud de la persecución (5:10), él tiene paciencia porque espera la venida del Señor(5:8).

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]