Desaparecidos durante el Proceso de Reorganización Nacional

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Desaparecidos por la dictadura argentina es el nombre con que se conoce a las personas que fueron víctimas del crimen de desaparición forzada durante el gobierno militar de la Argentina autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).

Definición[editar]

La Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas [1], firmada en 1994, lo considera como un delito de lesa humanidad imprescriptible y lo define del siguiente modo:

Se considera desaparición forzada la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes.

Contexto[editar]

Los gobiernos militares del período de 1976 a 1983 impulsaron la persecución, el secuestro, la tortura y el asesinato de manera secreta y sistematizada de personas por motivos políticos y religiosos en el marco de lo que se conoce como el Terrorismo de Estado en Argentina. Esas prácticas fueron usadas en otras dictaduras de América Latina en el marco de la Operación Cóndor en Sudamérica y la Operación Charlie en Centroamérica.

La razón de que un Estado totalitario recurra a este método es que busca la impunidad al dificultar la prueba del cuerpo del delito, el desconocimiento del destino de los desaparecidos infunde terror en las víctimas y en la sociedad y la falta de certeza acerca de lo sucedido dificulta la acción de los ciudadanos y favorece su división. La desaparición es lo que vuelve al opositor un homo sacer, es decir unas personas que pueden ser asesinadas impunemente (Agamben,1998).

El procedimiento de hacer desaparecer a los opositores es un método represivo que se basa fundamentalmente en la producción de desconocimiento. Por eso, saber que pasó, recuperar la memoria y exigir la verdad, se volvieron reclamos principales de las víctimas y de las organizaciones de derechos humanos. Una de las consignas que refleja esta preocupación, cantada en las marchas de protesta contra el gobierno militar, decía: "¡¡Los desaparecidos, que digan donde están!!"

La "desaparición" de personas genera una situación de agravamiento de la represión y las heridas, debido a las dificultades para los familiares de "dar por muerto" a sus seres queridos y eventualmente dar por finalizada la búsqueda de sus restos y la averiguación de lo que realmente les sucedió.

La desaparición de personas como método represivo fue introducida en la Argentina por la escuela militar francesa desde los últimos años de la década del '50, transmitiendo las tácticas que había utilizado y perfeccionado durante la guerra de independencia de Argelia. A partir de la década del '60 se generalizó a través de la Escuela de las Américas.

La influencia del Decreto de Noche y Niebla de Hitler[editar]

El sistema de desaparición de personas fue racionalizado por primera vez por el nazismo, a partir del Decreto Noche y Niebla (Decreto Nacht und Nebel) de Hitler, del 7 de diciembre de 1941, cuyo texto fue reconstruido por el Tribunal de Nuremberg. Los ideólogos del nazismo sostenían que el Decreto daba inicio a una "innovación básica" en la organización del Estado: el sistema de desapariciones forzadas.

La orden básica del Decreto de Noche y Niebla de Hitler era:

Los actos de resistencia de la población civil en los países ocupados sólo se castigaran por una corte marcial, cuando: a) había certeza de que se aplicara la pena de muerte y, b) cuando la sentencia se pronunciase dentro de los ocho días posteriores al arresto.

Según palabras textuales de Hitler, el resto de los opositores debían ser detenidos durante "la noche y la niebla" (por el Decreto Nacht und Nebel) y llevados clandestinamente a Alemania sin dar otra información que el hecho de su detención.

Entre los fundamentos del Decreto se explica que:

El efecto de disuasión de estas medidas... radica en que: a) permite la desaparición de los acusados sin dejar rastro y, b) que ninguna información puede ser difundida acerca de su paradero o destino.

El texto reconstruido precisa que:

Una intimidación efectiva y duradera solo se logra por penas de muerte o por medidas que mantengan a los familiares y a la población en la incertidumbre sobre la suerte del reo” y "por la misma razón, la entrega del cuerpo para su entierro en su lugar de origen, no es aconsejable, porque el lugar del entierro podrá ser utilizado para manifestaciones... A través de la diseminación de tal terror toda disposición de resistencia entre el pueblo, será eliminada.[1]

Las técnicas nazis de terrorismo de Estado, procesadas a través de la doctrina de la contrainsurgencia fueron aprendidas por los militares argentinos en primer lugar a través de la escuela francesa que estaba instalada como cuerpo docente permanente de la Escuela Superior de Guerra de Argentina, desde fines de la década de 1950[2] [3] y luego de la Escuela de las Américas.

Un camionero testigo de los vuelos de la muerte declaró que le preguntó a un militar sobre el destino de los cadáveres que traía, y este contestó: “Van a la niebla de ninguna parte”.[4]

Práctica de la desaparición forzada de personas[editar]

El propio general Videla argumentaba en un reportaje realizado por la periodista María Seoane:

No, no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante, traicionera, no se hubiere bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil. No había otra manera. Había que desaparecerlos. Es lo que enseñaban los manuales de la represión en Argelia, en Vietnam. Estuvimos todos de acuerdo. ¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero ¿qué es lo que podíamos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo.[5]

Decía el general Videla en la televisión norteamericana el 14 de septiembre de 1977:

Debemos aceptar como una realidad que en la Argentina hay personas desaparecidas. El problema no está en asegurar o negar esa realidad, sino en saber las razones por las cuales estas personas han desaparecido. Hay varias razones esenciales: han desaparecido por pasar a la clandestinidad y sumarse a la subversión; han desaparecido porque la subversión las eliminó por considerarlas traidoras a su causa; han desaparecido porque en un enfrentamiento, donde ha habido incendios y explosiones, el cadáver fue mutilado hasta resultar irreconocible. Y acepto que puede haber desaparecidos por excesos cometidos durante la represión. Esta es nuestra responsabilidad; las otras alternativas no las gobernamos nosotros. Y es de esta última de la que nos hacemos responsables: el gobierno ha puesto su mayor empeño para evitar que esos casos puedan repetirse.

Existe también una histórica declaración de Videla, transcrita por Clarín el 14 de diciembre de 1979:

¿Qué es un desaparecido? En cuanto éste como tal, es una incógnita el desaparecido. Si reapareciera tendría un tratamiento X, y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tendría un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido. (oír grabación)

Los operativos de detención eran realizados comúnmente por militares o paramilitares fuertemente armados que se movían en automóviles en grupos de entre cuatro o cinco personas. Previamente, acordaban con las fuerzas de seguridad la liberación de la zona donde iban a actuar. Atrapaban a las víctimas en la calle, en bares, cines, en sus casas o en el lugar donde se encontraran en ese momento.

Una vez detenidos eran trasladados a un centro clandestino de detención (se estima que funcionaron hasta 610[6] ) donde se los interrogaba mediante un régimen de tortura sistemática. Finalmente, en la mayoría de los casos, fueron asesinados y sus cuerpos hechos desaparecer mediante los denominados vuelos de la muerte, sepultados en fosas comunes, o como N.N.

Durante los primeros años, si bien los medios no daban información directa sobre lo que estaba ocurriendo, a veces publicaban noticias sobre la detención de personas o la aparición de cadáveres.

Habrían sido secuestradas tres personas en la ciudad de Luján. Además, habrían sido violados los domicilios del abogado Raúl Castro y del estudiante José Luis Caldú. Los hechos habríanse perpetrado entre las 21 del martes y las 3 del miércoles por un grupo de entre 10 y 12 desconocidos que se identificaron como integrantes de un grupo comando.[7]

Aparecen tres cuerpos en la costa uruguaya del Río de la Plata, frente a la ciudad de Juan Lacaze. Estaban atados de pies y manos y con signos de haber sido torturados y golpeados. Se han hallado 17 desde el 22 de abril, generalmente mutilados y desnudos.[8]

Es secuestrada una joven frente a la Facultad de Ciencias Médicas de La Plata, cuando se hallaba con otras muchas personas esperando el microómnibus en la parada de Paseo del Bosque.

En esa oportunidad descendieron de un automóvil Torino tres de sus cuatro ocupantes, quienes tomaron a la muchacha. Esta comenzó a dar gritos de auxilio y alcanzó a asirse de una columna de alumbrado público. Varios de los que presenciaban la escena se aprestaron a intervenir, ante lo cual los tres secuestradores los amedrentaron, extrayendo armas de fuego y efectuando varios tiros al aire. Seguidamente introdujeron a la chica en el vehículo y partieron velozmente.

En el lugar, según algunos testigos, se le cayó a uno de los secuestradores una credencial de suboficial de policía, que posteriormente fue entregada a las autoridades para la verificación de su autenticidad.
[9]

Las detenciones las llevaban a cabo las fuerzas militares y policiales, a veces con colaboración activa de funcionarios civiles o de las autoridades de las empresas, colegios o universidades a las que pertenecían las víctimas. Ningún organismo brindaba información sobre el paradero de las víctimas a los familiares. Los jueces no daban curso a los habeas corpus presentados y en muchos casos, los abogados que presentaban esos recursos resultaban ellos mismos desaparecidos.

Número de víctimas[editar]

Marcha con fotos de desaparecidos durante el trigésimo aniversario del golpe de Estado de 1976.

La CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), creada al finalizar la dictadura por el gobierno constitucional de Raúl Alfonsín, tuvo por misión principal recibir denuncias en forma directa de víctimas y allegados, y elevarlas a la Justicia civil. La cantidad de desapariciones relevada por ese método fue de 7.380 y después que cesara al cabo de ocho meses una vez presentado su informe, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación continuó recibiendo denuncias que elevaron esa cifra a 8.961 personas.[10] [11]

Grupos defensores de los derechos humanos como las Madres de Plaza de Mayo y el Servicio Paz y Justicia, afirman que hubo 30.000 desaparecidos. El agente de la inteligencia chilena DINA, Enrique Arancibia Clavel en un informe enviado en 1978 afirmó que el número de desaparecidos era de 22.000 personas entre 1975 y julio de 1978.[12] [13] Hasta 2003 la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina tenía registrados 13.000 casos.[14]

El Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, CONADEP, puso de manifiesto que la mayoría de las víctimas eran jóvenes menores de 35 años, de profesión obrero o estudiante, y que fueron detenidos preferentemente en su domicilio durante la noche.

Procesos judiciales[editar]

En Argentina[editar]

Apenas asumida la presidencia, el 10 de diciembre de 1983, Alfonsín (19831989), firmó los decretos de creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas para investigar las violaciones a los derechos humanos ocurridas entre 1976 y 1983. Su investigación, plasmada en el libro Nunca más fue entregada a Alfonsín el 20 de septiembre de 1984.

El gobierno radical ordenó el juzgamiento de los principales responsables del terrorismo de estado en el llamado Juicio a las Juntas, con la participación destacada del fiscal, Julio César Strassera. Su sentencia condenó a los integrantes de las Juntas Militares a penas por delitos de lesa humanidad, incluyendo la reclusión perpetua de los principales reponsables. Era la primera vez que se enjuiciaba a quienes detentaron la suma del poder público sin más armas que las leyes. Se los enjuició por los mismos tribunales que pueden enjuiciar a cualquier ciudadano, aplicando el código penal vigente en la república desde 1922. Éste fue un hecho único en el mundo que sentó precedentes para que se incluyera en el Código Penal la figura de la desaparición forzada de personas, imitada por varios países y que logró a la vez que la ONU la declarara delito de lesa humanidad.

Sin embargo, cediendo a las presiones de sectores militares (y también de algunos sectores civiles) el Congreso de la Nación aprobó las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, propuestas por el gobierno de Raúl Alfonsín, las cuales extinguieron las acciones penales contra los mandos intermedios participantes del Terrorismo de Estado.

Los condenados permanecieron presos hasta que en 1990 el presidente justicialista Carlos Menem los indultó permitiendo la liberación de los que no estaban procesados por otros crímenes no alcanzados por el indulto, como la apropiación de hijos nacidos durante el cautiverio de sus padres.

El 15 de abril de 1998, por la ley 24.952, se derogaron las leyes de Punto Final (N.º 23.492) y Obediencia Debida (N.º 23.521), que posteriormente, el 2 de septiembre de 2003, fueron declaradas «insanablemente nulas» (Artículo 1.º) por la Ley 25.779. El 14 de junio de 2005, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró la inconstitucionalidad de las leyes mencionadas anteriormente, además de establecer la validez de la ley de nulidad. En la actualidad se encuentran en proceso de apelación para su revocación los indultos de 1990.

Actualmente -diciembre de 2012- todavía hay familiares -en algunos casos nucleados en Abuelas de Plaza de Mayo que buscan a sus nietos, hijos de desaparecidos, que fueron robados y criados por otras familias, en algunos casos, de los mismos militares involucrados en la desaparición de sus padres.

El 4 de agosto de 2006 se condenó por primera vez a un responsable directo de las desapariciones. Se trata del ex suboficial de la Policía Federal Argentina Julio Simón, también conocido como "Turco Julián", que fue condenado a 25 años de prisión [2]. Simón había sido beneficiado por las Leyes de Obediencia Debida y de Punto final que evitaron el inicio de nuevos juicios a represores.

En el exterior[editar]

Durante más de 25 años normas como las de Ley de Obediencia Debida y Ley de Punto Final impidieron en Argentina llevar ante los tribunales penales a todos los acusados de delitos de secuestros, desaparición forzada, torturas, asesinatos en los años de la dictadura militar. Por este motivo, los organismos de derechos humanos y de familiares de los desaparecidos buscaron ayuda en el exterior, para alcanzar la verdad y la justicia. Desde 1985 se abrieron procesos judiciales en Italia, por los ciudadanos de origen italiano desaparecidos en Argentina. El primer juicio concluyó en Roma el 6 de diciembre del 2000 con la condena a cadena perpetua de los generales Carlos Guillermo Suárez Mason y Omar Riveros. En ese juicio el Tribunal de Roma también condenó a 24 años de cárcel a Juan Carlos Gerardi, José Luis Porchetto, Alejandro Puertas, Héctor Oscar Maldonado y Roberto Julio Rossin, culpables del delito de homicidio en el caso de Martino Mastinu.

También en Francia se desarrolló un juicio contra la dictadura argentina, por el secuestro y asesinato de dos monjas ciudadanas de ese país. En este juicio se sentenció al Teniente de Fragata Alfredo Astiz, alias "Ángel de la Muerte", a prisión perpetua. Años después también se presentaron denuncias penales contra miembros de la dictadura militar Argentina en España, Alemania, Suiza y Suecia. En España los juicios empezaron en 1996 y después de más de 8 años determinaron el 19.04.05 la sentencia a prisión perpetua del ex capitán de fragata Adolfo Francisco Scilingo, quien había descrito en Argentina los vuelos de la muerte.

En Alemania el 11 de julio del 2001, el Tribunal de Nuremberg emitió órdenes de captura internacional contra el general Carlos Guillermo Suárez Mason por su responsabilidad en el asesinato de la socióloga alemana Elisabeth Käsemann en mayo de 1977 en Buenos Aires. Más tarde, el 21 de diciembre de 2001 el mismo Tribunal de Núremberg emitió órdenes de captura contra el Almirante Emilio Eduardo Massera, el Coronel Pedro Alberto Durán Saenz, y el General Juan Bautista Sasiain, por sus responsabilidades en el asesinato de Elisabeth Käsemann. Los pedidos de extradición a Alemania de estos acusados fueron rechazados por el poder judicial de Argentina. El 28 de noviembre del 2003, a pedido de la Fiscalía de Nuremberg, el Tribunal de esa ciudad emitió órdenes de captura contra el ex Presidente de la Junta Militar Jorge Rafael Videla, el ex Almirante Emilio Eduardo Massera, también integrante de la Junta de Gobierno de la dictadura militar, y el ex General Carlos Guillermo Suárez Mason, por su responsabilidad en los homicidios de los ciudadanos alemanes Elisabeth Käsemann y Claus Zieschank, en Argentina.

Los juicios en Europa cumplieron un importante rol de presión al poder judicial y al gobierno argentino, que finalmente, tras casi 30 años después del Golpe de Estado, anularon las leyes de impunidad, para juzgar en el propio país a los acusados por los delitos de derechos humanos durante la época de la dictadura militar, y así evitar tener que extraditarlos al exterior, como lo venían reclamando tribunales de España, Italia, Francia y Alemania.

Explicación Antropológica[editar]

La figura del desaparecido, como enigma del cuerpo, ha despertado veneración y temor en casi todas las culturas del globo. La muerte deja un triste mensaje a la existencia humana, mensaje que debe ser rememorado ritualmente siguiendo pautas establecidas y rígidas de sepelio. El problema central al duelo se da cuando el cuerpo se encuentra irrecuperable. La mayoría de las religiones se fundan en un cuerpo desaparecido, del héroe mítico primigenio.[15] Maximiliano E Korstanje considera que las personas elaboran formas de resilencia frente a eventos traumáticos. Anteponiendo el ejemplo de los desastres naturales, Korstanje argumenta que la víctima de un desastre reconoce que a pesar de su dolor, no todo está perdido. Este sentimiento permite la elaboración de un discurso de ejemplariedad en donde el sobreviviente se atribuye facultades, habilidades ético-morales y específicas vinculadas al poder, la resistencia y la virtud. Esta forma de reacción, típica de las sociedades sedentarias frente a cualquier desastre, adquiere un aspecto positivo y otro negativo. Por un lado, permite que la comunidad no se disgregue y pueda ponerse de pie nuevamente, empero esta forma cerrada de ver el mundo puede llevar a expresiones embriagantes de nacionalismo, en donde las causas del verdadero desastre son ignoradas y en consecuencia, posibles de repetirse. Los desaparecidos y sus descendientes pueden ser catalogados como víctimas de una situación de violencia extrema, de las cuales no han deseado ser parte. Los descendientes de desaparecidos, en ciertos contextos pueden conformar círculos exclusivos de pertenencia que bajo ciertas circunstancias generen formas hegemónicas de poder. La tesis de Korstanje es que el sobreviviente, figura central de toda tragedia humana, compensa su dolor por medio de la idea de excepcionalidad. A pesar de la pérdida, el destino lo ha tocado de originalidad. La destrucción masiva se ha llevado a sus seres queridos, pero él continúa viviendo. Al darse cuenta que no todo está perdido, la comunidad elabora un proceso de resiliencia en donde el sentimiento de superioridad es una opción necesaria, pero de persistir en el tiempo se convierte en patológica ya que el involucrado cree poder solucionar todas las frustraciones a través del sufrimiento.[16] [17] [18] [19]

Impacto en la cultura[editar]

One hundred thousand disappeared
lost in the jails of South America
Cuddle up baby
Cuddle up tight
Cuddle up baby
keep it all out of sight
undercover
Keep it all out of sight
Undercover of the night
.............................................
Cien mil desaparecidos,
Perdidos en las cárceles de Sudamérica.
Acurrúcate, cariño,
Acurrúcate fuerte.
Acurrúcate, cariño,
Mantén todo fuera de la vista
Encubierto
Mantén todo fuera de la vista
Encubierto de la noche.

Rolling Stones: "Undercover of the Night"
Álbum Undercover (1983)

Numerosas obras artísticas han tomado como tema central la desaparición forzada de personas en Argentina. A continuación se realiza una breve lista de algunas de las más destacadas:

Los amigos del barrio pueden desaparecer,
los cantores de radio pueden desaparecer,
los que están en los diarios pueden desaparecer,
la persona que amas puede desaparecer.
Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire,
los que están en la calle pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.[20]

Otras obras artísticas mencionan la desaparición forzada en otros lugares del mundo.

  • They Dance Alone (1988), canción escrita por el músico británico Sting, centrada principalmente en las madres de los desaparecidos chilenos.
  • Desapariciones (1984), escrita por el músico panameño Rubén Blades, la canción no referencia puntualmente a la situación política/geográfica, fue escrita en referencia a los casos de desapariciones en Panamá, pero fue interpretada por la banda argentina Los Fabulosos Cadillacs con enorme éxito.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Dieterich, Heinz (2003). Chile y la "innovación básica" del Fuehrer, Rebelión
  2. Robin, Marie-Monique. «La doctrina francesa y el terror en América Latina». Archivado desde el original el 17 de noviembre de 2010. Consultado el 7 de septiembre de 2011.
  3. Balza, Martín Antonio (24 de febrero de 2005). «Memorias de un general retirado». II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo. Colombia: Universidad Sergio Arboleda. Archivado desde el original el 28 de septiembre de 2007. Consultado el 7 de septiembre de 2011.
  4. El País, 1 de enero de 2006
  5. Seoane, María (2001), El dictador, Buenos Aires: Sudamericana, pag. 215
  6. (Seoane 2001, 227/228)
  7. La Razón, viernes 12 de marzo de 1976
  8. La Prensa, martes 7 de septiembre de 1976
  9. Diario La Razón, 26 de septiembre de 1976. La joven fue identificada ex post como Marlene Katherine Kegler, 22 anos, estudiante de medicina, desaparecida el 24/9/76
  10. Informe Nunca más.
  11. Ver detalle: estadísticas de la CONADEP sobre las detenciones.
  12. Un informe de EE.UU. dice que hubo 22.000 desaparecidos Diario Clarín, 25/03/2006
  13. «Los memos de una asociación ilícita». Página 12. 12-11-2000. http://www.pagina12.com.ar/2000/00-11/00-11-12/pag18.htm. Consultado el 24-03-2011. 
  14. Una duda histórica: no se sabe cuántos son los desaparecidos Diario Clarín, 06/10/2003.
  15. Korstanje, M. E. (2011). El Culto K en la era contemporánea: Crónica, génesis y apoteosis del proceso Kirchnerista. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 233-268.
  16. Korstanje, M. E. (2011). El Culto K en la era contemporánea: Crónica, génesis y apoteosis del proceso Kirchnerista. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 233-268.
  17. Korstanje, M. E. (2011). Sobre la Violencia. Seis reflexiones marginales (En respuesta a S. Zizek). Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 30(2), 367-381.
  18. Korstanje, M., & Korstanje, M. (2009). El Discurso Racializador: Discriminación Y Autoctonía En La Argentina Del Bicentenario. Contribuciones a las Ciencias Sociales, (2009-08).
  19. Korstanje Maximiliano: Estado Política y Religión, reflexiones para comprender la Argentina. 2012, Editorial Académica Española, subsidiaria de Lap Lambert Academic Publishing. Saarbrucken, Germany
  20. Los dinosaurios, Charly García
  21. Los libros que la dictadura militar no pudo destruir, La Capital, 14 de marzo de 2004

Bibliografía[editar]

  • Agamben, Giorgio (1998). Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-Textos. 84-8191-206-9. 
  • Dieterich, Heinz (2003). «Chile y la "innovación básica" del Fuehrer». Rebelión. [3]. 
  • Lázara, Simón (1987). «Desaparición forzada de personas, Doctrina de la seguridad nacional y la influencia de los factores económico-sociales». Crimen contra la Humanidad. Buenos Aires: Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. 
  • Lopresti, Roberto P. (1998). Constitución Argentina Comentada. Buenos Aires: Unilat. ISBN 987-96049-3-8. 
  • Robin, Marie-Monique. «La doctrina francesa y el terror en América Latina». Archivado desde el original el 17 de noviembre de 2010. Consultado el 7 de septiembre de 2011.
  • Balza, Martín Antonio (24 de febrero de 2005). «Memorias de un general retirado». II Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo. Colombia: Universidad Sergio Arboleda. Archivado desde el original el 28 de septiembre de 2007. Consultado el 7 de septiembre de 2011.

Enlaces externos[editar]