Azulejo

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Fotografía de un panel de azulejos en la entrada de la ciudad de Toledo, España.

El azulejo, del árabe الزليج az-zulaiŷ (piedra pulida), es una pieza de cerámica de poco espesor, generalmente cuadrada, en la cual una de las caras es vidriada, resultado de la cocción de una sustancia a base de esmalte que se torna impermeable y brillante. Esta cara puede ser monocromática o policromática, lisa o en relieve. El azulejo se usa generalmente en gran cantidad como elemento asociado a la arquitectura en revestimiento de superficies interiores o exteriores o como elemento decorativo aislado.

Los temas oscilan entre los relatos de episodios históricos, escenas mitológicas, iconografía religiosa y una extensa gama de elementos decorativos (geométricos, vegetales, etc.) aplicados en paredes, pavimentos y techos de palacios, jardines, edificios religiosos (iglesias, conventos), de habitaciones y públicos.

Con diferentes características entre sí, este material se convirtió en un elemento de construcción divulgado en diferentes países. El azulejo trascendió para algo más que un simple elemento decorativo de poco valor intrínseco. Este material convencional se usa por su bajo costo, por su gran posibilidad de realzar estéticamente un edificio de modo práctico. Pero en él se refracta, además de la luz, el repertorio de la imaginación del artista. Actualmente se busca más el azulejo por sus características impermeabilizantes que por su valor decorativo, siendo muy usado en cocinas, baños y demás zonas húmedas domésticas.

Etimología[editar]

Los árabes españoles usaban la palabra zulech y con el artículo azzulech para referirse a la losa barnizada que usaban de pavimento o friso en sus habitaciones.[1]

Historia[editar]

Desde los tiempos más remotos los orientales adornaron el interior de sus casas con losas de tierra cocida, pintadas por la parte exterior y después barnizadas. Los descubrimientos últimamente hechos en Ninive, Nemrud y Persépolis prueban que era ya una costumbre entre los antiguos asirios: costumbre que debió luego extenderse a los árabes y otras naciones orientales, quienes por no usar nunca en lo interior de sus habitaciones el mismo calzado con que salen a la calle, pueden impunemente pisar sobre pavimentos de este género.

Los orientales, al entrar en una casa depositan en la puerta el calzado que llevan puesto y entran descalzos en ella y los nichos que aún se ven a la entrada de los alicatados salones de la Alhambra, no tenían otro objeto que servir de receptáculo para el calzado de los visitantes.

Este género de ornamentación tan común entre nosotros, vino a Europa, concretamente a España, donde los árabes lo emplearon con profusión, adornando con ellos, así los patios y frisos de sus mezquitas, como los regios alcázares de Córdoba y Granada. Desde el espléndido y brillante sofeysafa con que los califas cordobeses adornaron las paredes del mihrab, hasta los rudos pavimentos que aun hoy día se usan en Andalucía, compuestos de las piedrecitas de colores, toscamente unidas y formando dibujos, todo revela un origen arábigo y por otra parte las relaciones entre Francia y España, durante los siglos medios fueron demasiado frecuentes para que un arte tan necesario y ventajoso no se propagase rápidamente por Europa.[1] En el ressto de Europa se piensa que tuvo su origen en el siglo XIII y se introdujo al tiempo de las Cruzadas o poco después por artistas venidos de Oriente; y esto se prueba con los fragmentos que aún se conservan y ninguno de los cuales es anterior al año 1400. Se cree asimismo que este enlosado reemplazó en todas partes al pavimento de mosaico usado por los romanos.

Técnica y terminología de la azulejería[editar]

Azulejo alicatado en El-Hedine, Marruecos.

Por tipo de producción[editar]

  • Azulejo mudéjar (o hispano-morisco)

Técnica desarrollada por los moros en la Península Ibérica y seguida en España con asimilación de gusto por la decoración geométrica y vegetal, en lo que se denomina como horror vacui, horror al vacío.

Esta técnica necesita de un barro homogéneo y estable, donde, después de una primera cocción, se cubre con el esmalte, geralmente líquido, que hará el vidriado. Los diferentes tonos cromáticos se obtienen a partir de óxidos metálicos: cobalto (azul), cobre (verde), manganeso (castaño, negro), hierro (amarillo), estaño (blanco). Para la segunda cocción las placas se colocan horizontalmente en el horno asentadas en los atifles, pequeños trípodes de cerámica de apoyo. Estas piezas dejan tres pequeños puntos marcados en el producto final, hoy en día importantes en la certificación de autenticidad.
Patrón de azulejos.
Inicialmente el azulejo no tuvo una dimensión normalizada, pero en Portugal, a partir del siglo XVI hasta el siglo XIX, y como consecuencia del aumento de la producción por el mayor número de pedidos, el azulejo pasa a tener una medida cuadrada variable de entre 13,5 y 14,5 cm.
  • Alicatado: técnica para revestimentos en la que se agrupan pedazos de cerámica vidrada cortados en diferentes tamaños y formas geométricas con la ayuda de un alicate. Cada pedazo es monocromático forma parte de un conjunto de varios colores que puede ser más o menos complejo, semejante al trabajo con mosaicos. Esta técnica estuvo de moda en los siglos XVI y XVII, pero por su morosidad acabó siendo sustituido por otras técnicas posteriores.
  • Cuerda seca: técnica que nació en Al-Ándalus a finales del siglo X, durante el final del periodo califal. En esta técnica, la separación de los colores (motivos decorativos) se realiza abriendo surcos en la pieza que se rellenan con una mezcla de aceite de linaza, manganeso o grasa, que evita que haya mezcla de colores (hidro-solubles) entre los distintos compartimentos, durante la aplicación del cocido. Posteriormente se llenan con los colores predeterminados los espacios que quedan entre la líneas.[2]
  • Arista (o Cuenca): técnica del período de la cuerda-seca en que la separación de los colores se hace levantando aristas (pequeños muros) en la pieza, que surgen al presionar el negativo del éstandar (molde de madera o metal) en la arcilla todavía suave. Este proceso más simplificado reduce el precio del procduto acabado y permite una mayor variedad de figuras, aunque el acabado no sea siempre perfecto. Con los mayores centros de producción en Sevilla y Toledo esta técnica fue también empleada en Portugal, en donde se desarrollan variedades en alto-relieve (azulejo relevado) con figuras de parras. Existen también los raros ejemplos de azulejo de “lustre”, en que para su reflejo metálico final se coloca una liga de plata y bronce sobre el vidriado, que después se cuece una tercera vez a baja temperatura.
  • Mayólica: Técnica originaria de Italia e introducida en la Península Ibérica a mediados del siglo XVI. Ahora es simple aclarar el origen del término; tal vez una locución italiana para designar a Mallorca, puerto de donde eran exportados los azulejos, o una metamorfosis del término Opera di Mallica usado desde el siglo XV para designar la mercancía italiana exportada del puerto de Málaga. El término loza de barro, utilizado a partir del siglo XVII, originado en el centro italiano Faenza donde era producida esta cerámica.
    La mayólica viene a revolucionar la producción del azulejo pues permite la pintura directa sobre la pieza ya vidriada. Después de la primera cocción o bizcochado, se pone sobre la placa un líquido espeso (blanco opaco) a base de esmalte estañífero (estaño, óxido de plomo, arena rica en cuarzo, sal y soda) que vitrifica en una segunda cocción. El óxido de estaño ofrece en la superficie (vidriada) una coloración blanca opaca, en la cual es posible aplicar directamente el pigmento soluble de óxidos metálicos en cinco escalas de color: azul cobalto, verde bronce, castaño manganeso, amarillo antimonio y rojo hierro (que por ser de difícil aplicación surge poco en los ejemplos iniciales). Los pigmentos son inmediatamente absorbidos, lo que elimina cualquier posibilidad de corrección de la pintura (decoración designada a fuego alto). El azulejo entonces se coloca nuevamente en el horno con una temperatura mínima de 850 °C revelando, solo después de la cocción, los respectivos colores utilizados. Esta técnica cuando se aplica en los azulejos se denomina en Andalucía y sobre todo en la alfarería de Triana como "pisana". En la actualidad para evitar la dificultad añadida de los trazos, y poder rectificar se somete los azulejos a una cocción intermedia, a una temperatura baja, (sobre los 750ºC) donde el esmalte de base no funde totalmente pero si permite trabajar con comodidad, y rectificar si es necesario, como inconveniente a esta variación a la técnica es que hay que someter a una cocción más las piezas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Bastús, Joaquín El Trivio y el cuadrivio, 1868 En Google Books. Consultado el 19 de enero de 2012
  2. Momplet Miguez, Antonio E. El arte hispanomusulmán. Ediciones Encuentro. ISBN 84-7490-715-2. 

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]

  • CALADO, Margarida; PAIS DA SILVA, Jorge Henrique, Dicionário de Termos da Arte e Arquitectura, Editorial Presença, Lisboa, 2005, ISBN 20130007
  • KOEPF, Hans; BINDING, Günther (Überarbeitung), Bildwörterbuch der Architektur, Alfred Kröner Verlag, Stuttgart, 1999, ISBN 3-520-19403-1
  • MECO, José, O Azulejo em Portugal, Lisboa, Publicações Alfa, 1993.
  • SABO, Rioletta, FALCATO, Jorge Nuno, Azulejos in Portugal – Fliesendekor in Palästen, Gärten und Kirchen, Hirmer Verlag, München, 1998, ISBN 3-774-7640-4
  • VASCONCELOS, Flórido de, A Arte em Portugal 2, Verbo, 1984
  • CASTALDO, Lluis, Miró al llindar de la modernitat, revista: Estudis Baleàrics 47-48. Institut d'Estudis Baleàrics, Setembre-Desembre de 1993 / Gener-Abril de 1994