Literatura infantil

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Ilustración de una casa, de un estilo que podría aparecer en una obra de literatura infantil

Se entiende por literatura infantil la literatura dirigida hacia el lector infantil, más el conjunto de textos literarios que la sociedad ha considerado aptos para los más pequeños, pero que en origen se escribieron pensando en lectores adultos (por ejemplo Los viajes de Gulliver, La isla del tesoro, El libro de la selva o Platero y yo). Podríamos definir entonces la literatura infantil (y juvenil) como aquella que también leen niños (y jóvenes).

En otro sentido del término, menos habitual, comprende también las piezas literarias escritas por los propios niños. Por otro lado, a veces se considera que el concepto incluye la literatura juvenil, escrita para o por los adolescentes; pero lo más correcto es denominar al conjunto literatura infantil y juvenil o abreviado LIJ.

Sobre la definición de literatura infantil[editar]

El concepto de literatura infantil y juvenil ha hecho correr mucha tinta desde los inicios de la literatura científica sobre este género. En un principio, estudiosos como Juan Cervera, trataron de incluir en su definición el corpus que se estaba utilizando para la investigación en LIJ y así, concibieron la definición integradora, en la que se incluía prácticamente todo lo que en algún momento se podía haber llamado literatura: "En ella se integran todas las manifestaciones y actividades que tienen como base la palabra con finalidad artística o lúdica que interesen al niño”.

Otros investigadores como Nodelman, han preferido una definición que se ajustara a las características formales que presenta la LIJ. Pero los críticos aducen que las características formales no son inmutables y que lo que en una época se consideraba LIJ, puede no serlo en otra. Por otra parte, algunos rasgos como “sencillez” resultan difíciles de definir ya que una sencillez formal puede no corresponderse con una sencillez conceptual y viceversa. También existe una serie de ensayos que con mayor o menor fortuna, niegan la propia existencia de la LIJ. En nuestro país son famosas las declaraciones de Rafael Sánchez Ferlosio, Josep Maria Carandell o Lolo Rico aunque no han tenido un sustento sólido en la investigación académica. En el ámbito anglosajón, la obra emblemática de Jacqueline Rose ha tenido algunos seguidores ya que, en vez de la apreciación simplista de que la literatura no requiere apellidos, también añade la paradoja de que la LIJ se escribe para niños por adultos que imaginan estos niños que se configuran como constructos de los mismos adultos.

La línea que parece tener mayor aceptación es la de considerar que, siguiendo los postulados del postestructuralismo, la literatura se define sobre todo por su uso y su consideración social. Es decir, la literatura es aquello que las instituciones consideran literatura. Se debería añadir la importancia de las obras que dan importancia al lector como las de Umberto Eco o la Estética de la recepción. Desde este punto de vista la LIJ es aquella literatura que se dirige a un lector infantil.

Xavier Mínguez realiza una síntesis de estas aportaciones y establece una definición basada en un triángulo en cuyo principal vértice estaría la literatura, en otro el lector modelo (el/la niño/a) y en otro la función educativa, principalmente, la función que ejerce la LIJ en la educación literaria de niños y jóvenes. Descarta las definiciones formalistas, las integradoras y, evidentemente, también la negación de su existencia.

Esta definición es más restrictiva ya que no incluye la literatura ganada, es decir, la literatura no dirigida inicialmente a los niños pero que tradicionalmente se ha considerado como tal. Tampoco incluye la literatura de base oral ya que tampoco era escrita necesariamente para un público infantil. Este autor incluye estas obras, junto con otras como los dibujos animados, dentro de los ámbitos de estudio de la literatura infantil.

Breve historia de la literatura infantil[editar]

La crítica literaria moderna considera esencial el carácter de "literatura" dentro de este tipo de escritos, por lo que hoy se excluye, de la producción actual los textos básicamente morales o educativos, aunque todavía siguen primando estos conceptos en toda la LIJ dado el contexto educativo en el que se desarrolla su lectura. Esta es una concepción muy reciente y casi inédita en la Historia de la Literatura.

La literatura para niños ha pasado de ser una gran desconocida en el mundo editorial a acaparar la atención del mundo del libro, donde es enorme su producción, el aumento del número de premios literarios de LIJ y el volumen de beneficios que genera. Esto se debe en gran parte al asentamiento de la concepción de la infancia como una etapa del desarrollo humano propia y específica, es decir, la idea de que los niños no son, ni adultos en pequeño, ni adultos con minusvalía, se ha hecho extensiva en la mayoría de las sociedades, por lo que la necesidad de desarrollar una literatura dirigida y legible hacia y por dicho público se hace cada vez mayor.

La concepción de infancia o niñez, no emerge en las sociedades hasta la llegada de la Edad Moderna y no se generaliza hasta finales del siglo XIX. En la Edad Media no existía una noción de la infancia como periodo diferenciado y necesitado de obras específicas, por lo que no existe tampoco, propiamente, una literatura infantil. Eso no significa que los menores no tuvieran experiencia literaria, sino que esta no se definía en términos diferenciados de la experiencia adulta. Dado el acaparamiento del saber y la cultura por parte del clero y otros estamentos, las escasas obras leídas por el pueblo pretendían inculcar valores e impartir dogma, por lo que la figura del libro como vehículo didáctico está presente durante toda la Edad Media y parte del Renacimiento. Dentro de los libros leídos por los niños de dicha época podemos encontrar los bestiarios, abecedarios o silabarios. Se podrían incluir en estas obras algunas de corte clásico, como las fábulas de Esopo en las que, al existir animales personificados, eran orientadas hacia este público.

Llegado el siglo XVII, el panorama comienza a cambiar y son cada vez más las obras que versan sobre fantasía, siendo un fiel reflejo de los mitos, leyendas y cuentos, propios de la trasmisión oral, que ha ido recopilando el saber de la cultura popular mediante la narración de estas, por parte de las viejas generaciones a las generaciones infantiles. Además de escribir estas obras o cuentos, donde destacan autores como Charles Perrault o Madame Leprince de Beaumont, destaca la figura del fabulista, como Félix María de Samaniego o Tomás de Iriarte. En esta época, además, ocurren dos acontecimientos trascendentes para la que hoy se conoce como Literatura Infantil, la publicación, por un lado, de Los viajes de Gulliver-Jonathan Swift- y, por otro, de Robinson Crusoe -Daniel Defoe-, claros ejemplos de lo que todavía hoy, son dos temas que reúne la LIJ: los relatos de aventuras y el adentrarse en mundos imaginados, inexplorados y diferentes.

Una vez llegado el siglo XIX con el movimiento romántico, arriba el siglo de oro de la literatura infantil. Son muchos los autores que editan sus obras con una extraordinaria aceptación entre el público más joven. Son los cuentos (Hans Christian Andersen, Condesa de Ségur, Wilhelm y Jacob Grimm y Oscar Wilde en Europa, y Saturnino Calleja y Fernán Caballero en España) y las novelas como Alicia en el país de las maravillas -Lewis Carroll-, La isla del tesoro -Robert L. Stevenson-, El libro de la selva de Rudyard Kipling, Pinoccio -Carlo Collodi-, las escritas por Julio Verne o Las aventuras de Tom Sawyer entre otras, las que propiciaron un contexto novedoso para la instauración de un nuevo género literario destinado al lector más joven en el siglo XX, donde la ingente producción de LIJ coexiste con las obras del género adulto.

Son muchas las obras de renombre por citar de la LIJ, como es el caso de Peter Pan, El Principito, El viento en los sauces, Pippi Calzaslargas o la colección de relatos sobre la familia Mumin; en todas ellas destaca una nueva visión que ofrecer al pequeño lector, donde, además de abordar los temas clásicos como las aventuras o el descubrimiento de nuevos mundos, se tratan la superación de los miedos, la libertad, las aspiraciones, el mundo de los sueños y los deseos, como actos de rebeldía frente al mundo adulto. Esta producción aumenta considerablemente en las décadas de los 70, 80 y 90, con autores como Roald Dahl, Gianni Rodari, Michael Ende, René Goscinny (El pequeño Nicolás), (Christine Nöstlinger, Laura Gallego García o Henriette Bichonnier entre otros. En este siglo XX, además, aparecen nuevos formatos de la LIJ gracias a las técnicas pictóricas y la ilustración de las historias, donde las palabras son acompañadas de imágenes que contextualizan la narración y aportando nexos de unión a la historia, es la aparición del libro-álbum o álbum ilustrado, género en el que destacan autores como Maurice Sendak, Janosch, Quentin Blake, Leo Lionni, Babette Cole, Ulises Wensell o Fernando Puig Rosado.

Ya, en el siglo XXI, la LIJ se encuentra muy consolidada dentro de los países occidentales, donde las ventas son enormes y la producción literaria vastísima. Una fuente básica de información sobre el tema en España es la revista CLIJ, Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil

Elección de textos para niños de 3 a 6 años[editar]

Los textos que se le ofrecen a los niños y niñas de 3 a 6 años están basados en el folklore. El folklore es algo que el niño/a ha vivido y sentido desde su nacimiento, por lo tanto es algo muy cercano a él. Servirá como instrumento de trabajo y al ser textos pertenecientes a la colectividad, al surgir de su propio contexto cultural, el niño/a verá en él algo suyo, no ajeno, por lo que no le inducirá a rechazarlo.

Aunque el folclore es ante todo oral, no impide que se trasvase al escrito. Si se tratase aparte, estaríamos fragmentando arbitrariamente la relación existente entre lengua oral y escrita. El Folklore constituye la base primordial de lo que debe ser la Literatura en estas edades.

Los textos en verso tienen ventajas, por su fijeza y por su mayor capacidad para el juego y la memorización. Los textos en prosa fundamentalmente cuentos, tienen su mayor oportunidad para la audición, aunque revisten menor fijeza lingüística que los versos, y gozan de más facilidad para la adaptación por parte del narrador.

En estas edades lo visual juega un papel muy importante en lo que se refiere a los cuentos. El niño observa las ilustraciones y re-crea el texto que acompaña a esa ilustración.

Literatura para niños de 6 a 9 años[editar]

Niños leyendo.

Concebimos a la didáctica de la literatura como un campo particular cuya finalidad prioritaria es desarrollar los modos de acercamiento al fenómeno literario y, por consiguiente, conlleva una práctica de enseñanza específica en la que se relaciona a la literatura como actividad comunicativa- relacional y la didáctica como práctica comunicacional. Cada una integra modos de comunicación particular que se intersecan en el acto de enseñar.

Además se la considera como una disciplina teórico-práctica qué, en un contexto específico de enseñanza-aprendizaje, orienta a partir de diversos procesos comunicativos, el aprendizaje de lo literario y, en consecuencia la construcción del conocimiento centrándose básicamente en el trabajo sobre el texto, contribuyendo así con el desarrollo de la capacidad crítica y creadora en los alumnos. Consideramos más conveniente la propuesta para la enseñanza de literatura que se trabaja en el [“Colegio Rosario”] y se basa de la siguiente manera; Ejemplo: Antes de la lectura de un cuento es necesario analizar lo que se presenta en la tapa realizando preguntas, como: ¿Qué se representa en la imagen? ¿De que se tratará el cuento? ¿Quién/es será/n el/los protagonistas?... Luego de la lectura que puede ser realizada por los alumnos o en el caso de primer grado por la docente, se le pide que contrasten lo que ellos habían pensado antes con lo que el cuento trataba en sí. Y que comenten cuál fue el problema que se presentó y cómo fue solucionado. Un cuento pude ser trabajado con muchos objetivos pero es necesario que todo lo anterior sea trabajado, más halla de los objetivos a desarrollar. Si la finalidad es enseñar su estructura, la tarea podría ser que cambien el final del mismo o directamente no dar el final para que cada niño lo elabore en base a su imaginación, dando lugar de esta manera al desarrollo de la capacidad creativa. En el caso de trabajar un fonema se puede presentar un cuento corto con imágenes que tenga en la mayoría de las palabras el fonema que se pretende enseñar, luego de la lectura charlar sobre las acciones que realiza el personaje, pedir que identifiquen el fonema que más se repite y que marquen donde suena. A partir de esto se puede presentar un esquema combinando el fonema con cada una de las vocales en sus cuatro grafías. Como actividades se puede dar imágenes para que completen su nombre, entre otras, y como tarea se puede pedir la elaboración de oraciones que tengan palabras que lleven el fonema enseñado. Afirmamos que de esta manera se incentiva a que el alumno desarrolle su creatividad (estimulando su imaginación), realizando un reconocimiento gráfico-verbal (que consiste en relacionar grafemas con fonemas), y además se favorece a la ampliación del léxico (adoptando nuevas palabras). En este proceso el docente juega un papel primordial, ya que debe tener presente todos los aspectos a la hora de programar, temporalizar, seleccionar contenidos, etc.logrando una integración significativa y secuenciación de los contenidos apropiada al grupo-clase. Procurando que el alumno encuentre sentido a aquello que el docente como guía, le va mostrando; creemos que ésta es una manera de favorecer a que el niño pueda integrar los conocimientos nuevos en estructuras cognitivas coherentes.

Antes de trabajar un texto es necesario realizar un análisis sobre el mismo teniendo en cuenta la correspondencia entre la edad de los alumnos y la lectura a presentar, además es necesario el conocimiento de los intereses del alumnado y de su nivel intelectual. A medida que la competencia lingüística y literaria crezca se le irán presentando distintos textos y trabajando de manera más compleja sobre los mismos. Desde el diseño del programa hasta el acto didáctico, la enseñanza debe ser concebida primordialmente, como la reunión de un grupo de lectores en la medida en que su finalidad prioritaria ha de ser la formación literaria de los educandos a partir del contacto con el texto; en una palabra, desarrollar no sólo el conocimiento sino el placer por el texto. De este modo, la tarea del maestro es la de orientador, de guía que despierta la sensibilidad, la imaginación, la creatividad en este proceso comunicativo de enseñar-aprender, en el que ambos son partícipes.

En este nivel también podemos hablar de una estructura comunicativa que el maestro y el alumno comparten y en la que ambos tienen la función de emisor y receptor. Ésta se organiza a partir de ciertos componentes mediados por la conducta de cada uno, la actividad lingüística oral y escrita, así como el contexto y el contenido que les permite o bien ser transmisores o bien productores de textos. Para ello, es necesario que las actividades sean programadas para aprender a analizar textos y para producirlos, teniendo en cuenta que la literatura es tanto un proceso creativo como un objeto de enseñanza que tiene sus leyes propias, que impone procedimientos específicos para la lectura, la escritura, la enseñanza y la investigación. Los procesos psicológicos implicados en la adquisición del saber, se basan en; cómo el alumno, sujeto de conocimiento, selecciona, asimila, adopta, transforma e incorpora los contenidos a su propia estructura cognoscitiva. Así, el aprendizaje de lo literario se logra no sólo a partir del conocimiento de los textos sino, especialmente, del planteamiento de nuevas preguntas que, a su vez, permiten la formulación de los problemas de manera diferente.

El aprendizaje escolar, centro de toda actividad didáctica, aparece como resultado de la interacción de tres elementos: el alumno, quien construye significados, los contenidos de aprendizaje, sobre los que el alumno construye los significados, y el docente, quien actúa como mediador entre el contenido y el alumno. Pensamos que en la manera planteada sobre el desarrollo de la enseñanza de la literatura se destacan todas estas cuestiones.

La literatura para niños como mecanismo de educación social[editar]

La literatura para niños ha tenido, tradicionalmente, un foco muy marcado en la transmisión de una moral específica. Con el pasar de los años, estas "morales" se han ido adaptando y es por ello que en muchos cuentos tradicionales, se han alterado los finales o incluso su núcleo argumental.

Jean Piaget ha demostrado que el niño "crea" como mecanismo natural para descubrir su entorno.

El escritor argentino Julio Cortázar dice al respecto:

Es verdad que si a los niños los dejas solos con sus juegos, sin forzarlos, harían maravillas. Usted vio cómo empiezan a dibujar y a pintar; después los obligan a dibujar la manzana y el ranchito con el árbol y se acabó el pibe.

La literatura para niños, ha funcionado como un mecanismo formativo-rector de adaptación del niño a su contexto social.

Tipos de Literatura Infantil[editar]

La literatura de niños puede ser dividida en muchas maneras, entre ellas por género.

Los géneros, en la Literatura infantil, pueden ser determinados por la técnica, el tono, el contenido, o la longitud. Nancy Anderson, profesora asociada en el Colegio de Educación en la Universidad del Sur Florida en Tampa, ha delineado seis categorías principales de literatura de niños, con algunos subgéneros significativos:

  • Los libros ilustrados, incluyendo libros de consejo (tabla), libros de concepto (la enseñanza de un alfabeto o el conteo), modelan libros, y libros mudos.
  • Literatura tradicional: hay diez características de literatura tradicional: (1) Autor desconocido, (2) introducciones convencionales y conclusiones, (3) vagos ajustes, (4) personajes estereotipados, (5) antropomorfismo, (6) causa y efecto, (7) final feliz para el héroe, (8) magia aceptada como normal, (9) breves historias con argumentos (complots) simples y directos, (y 10) repetición de acción y modelo verbal. La mayor parte de la Literatura tradicional consiste en cuentos tradicionales, que transportan las leyendas, la aduana, supersticiones, y las creencias de personas en veces pasadas. Este género grande puede ser descompuesto en subgéneros: mitos, fábulas, baladas, música folklórica, Leyendas, cuentos de hadas, fantasía, ciencia ficción, comedia, romance, etc.
  • Ficción, incluyendo los subgéneros de fantasía y ficción realista (tanto contemporánea como histórica). Este género también incluiría la historia de la escuela, un género único a la literatura de niños en la cual el internado es un ajuste común.
  • Biografías, incluyendo autobiografías.
  • Teatro infantil: teatro para niños(realizado por adultos y destinado a un público infantil que es tan sólo espectador-receptor) y teatro de los niños (creado para ser escenificado por los pequeños. Él se convierte en el emisor.)Autores importantes fueron: Barrie, Maeterlink, Benavente, Lorca, Valle-Inclán, Elena Fortún, M. Donato, Carmen Conde, etc.

Objetivos[editar]

  • Incentiva la creatividad (estimula la imaginación).
  • Reconocimiento gráfico-verbal (relaciona grafemas con fonemas).
  • Ampliación del léxico (adopción de nuevas palabras).
  • Fomenta el gusto por la lectura.

Funciones[editar]

  • Transmisión de valores.
  • Transmisión de la cultura.
  • Incentivar la creación.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

.Ahumada Zuaza Luis 2008. "El teatro para niños de Carmen Conde". Cuadernos de literatura infantil y juvenil. Número 216.

  • Bravo-Villasante, Carmen. 1959. Historia de la literatura infantil española. Madrid: Escuela Española.
  • Bravo-Villasante, Carmen. 1971. Antología de la literatura infantil universal. Madrid: Doncel.
  • Bravo-Villasante, Carmen. 1985. Diccionario de autores de la literatura infantil mundial. Madrid: Escuela Española.
  • Cervera, Juan 1991. Teoría de la literatura infantil. Bilbao: Mensajero
  • Garralón, Ana. 2001. Historia portátil de la literatura infantil. Madrid: Anaya
  • González, Luis Daniel. 2006. Bienvenidos a la fiesta. Madrid.
  • Mínguez-López, Xavier 2012. "La definición de la LIJ desde el paradigma de la Didáctica de la lengua y la literatura". Anuario de Investigación en Literatura Infantil y juvenil (AILIJ). Número 10.
  • Nodelman, Perry 2008 The hidden adult :Defining children's literature. Baltimore:John Hopkins University Press.

Enlaces externos[editar]