Títeres

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Un prehistórico títere de dedo presentado en una jungla digital.

Títeres o títere, en un sentido amplio, puede referirse a cualquier objeto que cumpla estos dos requisitos:[nota 1] [1]

  • Que sea movido con un objetivo dramático o "en función dramática".[nota 2] Es decir, todo títere debe aspirar a convertirse en un personaje dentro de una trama y con una función dramática.
  • Que su movimiento se realice ante y para un público. Así lo corroboró el norteamericano Bil Baird cuando en 1965 definió al títere como "figura inanimada que cobra vida gracias al esfuerzo humano y lo hace ante un público".[2]

La definición de Sebastián de Covarrubias[editar]

Frente a la parquedad y ambigüedad de las definiciones académicas y de los diccionarios de uso,[nota 3] , los estudios, tanto de titiriteros como de investigadores especializados en teatro para niños y de títeres, prefieren la definición que, en 1611, dejó escrita Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, que explica el origen del término en la costumbre de los titiriteros de colocarse en la boca una lengüeta que usaban para deformar la voz, sonando el chirrido resultante una especie de 'ti-ti' metálico.[3] . El dramaturgo cubano Freddy Artiles informa de que esas lengüetas todavía se utilizan por titiriteros de diferentes lugares del planeta.

Uso del término "títere"[editar]

El uso desde hace cuatro siglos de este término, exclusivo del ámbito geográfico y cultural de la lengua española,[nota 4] lo convierte en un tesoro lingüístico que una vez más habla en favor de la riqueza de este idioma.

Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, fue uno de los primeros en dejar referencia escrita de la palabra "títere", al mencionar a un hombre de la comitiva de Hernán Cortés en su expedición a Honduras que "jugaba de manos y hazía títeres".[4]

Los primeros teatritos mecánicos que se mencionan, en 1539 según Varey, son los llamados retablos (por su parecido con las tablas pintadas o en relieve).[5] El término, de origen religioso, se aplicó poco después a los títeres manuales.[nota 5] Más tarde llegarían a diferenciarse ambos teatrillos, quedando el término retablo para los manuales, y los mecánicos empezaron a conocerse como totilimondi, mondinovi o mundinuevo. Covarrubias, en su definición, aclara que el mencionado retablo era la "caxa" (armazón del teatrillo) y no los títeres.[6]

Cervantes se refiere a esta forma teatral en dos ocasiones: en El retablo de las maravillas, entremés de 1615, y en los capítulos XXV y XXVI de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, publicada aquel mismo año.[7] Por su parte, Manuel de Falla compuso en 1923 El retablo de Maese Pedro (con títeres y escenografía de Hermenegildo Lanz y la colaboración de Manuel Ángeles Ortiz); además de otras colaboraciones con los títeres gaditanos de la Tía Norica (una de las más valiosas colecciones de títeres de cuerda de España. Poco después, en 1930, culminando sus trabajos para los populares títeres de cachiporra, Federico García Lorca escribió el Retablillo de Don Cristóbal.[8]

"Y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada y de un brinco se puso junto al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a este, destrozando a aquel, y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán."

Miguel de Cervantes. Capítulo XXVII de la Segunda Parte del Quijote: El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha.

Una opinión de Jovellanos[editar]

Gaspar Melchor de Jovellanos, uno de los más sensibles ilustrados españoles del siglo XVIII, dejó escrita en su Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos y diversiones públicas, su opinión sobre los títeres:[9]

"Acaso fuera mejor desterrar enteramente de nuestra escena un género expuesto de suyo a la corrupción y a la bajeza, e incapaz de instruir y elevar el ánimo de los ciudadanos. Acaso deberían desaparecer los títeres y matachines, los payasos, arlequines y graciosos del baile de cuerda, las linternas mágicas y totilimundis y otras invenciones que, aunque inocentes en sí, están depravadas y corrompidas por sus torpes accidentes. Porque ¿de qué serviría que en el teatro se oigan sólo ejemplos y documentos de virtud y honestidad, si entre tanto, levantando su púlpito en medio de una plaza, predica don Cristóbal de Polichinilea su lúbrica doctrina a un pueblo entero, que, con la boca abierta, oye sus indecentes groserías? Mas si pareciese duro privar al pueblo de estos entretenimientos, que por baratos y sencillos son peculiarmente suyos, púrguense a lo menos de cuanto puede dañarlo y abatirlo."

Jovellanos, 11 de junio de 1796

La clasificación de Mane Bernardo[editar]

La directora de teatro y titiritera argentina Mane Bernardo propuso un interesante orden o clasificación general para distinguir los diversos tipos de muñecos que componen el universo de los títeres, en constante expansión.

Bernardo ordenó los muñecos en función de su situación respecto al titiritero y el lugar donde se coloca éste para manipularlos. Así, el títere puede ser ajeno al titiritero (como la marioneta y el títere de sombra) o formar parte de él, como los títeres de guante y los de varilla. En el segundo aspecto básico de clasificación, la colocación del manipulador, éste puede operar desde arriba (marioneta), desde abajo, (varilla y guante) o desde un lateral (títeres 'a la planchette' y títeres acuáticos); un caso diferente pero también a mencionar es el del bunraku japonés, cuyos operadores, manipuladores o titiriteros se colocan detrás del muñeco, a la vista del público.[10]

Técnicas de manipulación[editar]

Hay cuatro técnicas mayores en la manipulación de títeres:

  • Títeres de guante, también llamados de "funda", de guiñol, de cachiporra, fantoche o títeres habitables, de manipulación directa y desde abajo. Existen muchas variantes y es sin duda la técnica que mejor a subsistido, como lo demuestra el éxito en televisión de los shows de Jim Henson.
Títeres de cuerda (más tarde conocidos como "marionetas") en el Capítulo XXVI del Quijote, según la ilustración hecha por Gustavo Doré en la segunda mitad del siglo XIX.
  • Títeres de varilla o títeres javaneses, de origen oriental (indonesio), considerados un paso intermedio entre el guante y la marioneta. El titiritero usa las dos manos para un solo muñeco, una introducida en él y otra para manipular desde abajo las varillas de los brazos.
  • Títeres de sombra, o por lo general de varillas, son figuras planas articuladas (de cuyas articulaciones salen finas varillas para su manipulación), traslúcidas, opacas o coloreadas. El titiritero se sitúa tras una pantalla blanca iluminada por una luz posterior, y pegando la figura a la tela le trasmite movimientos que los espectadores verán como sombras chinescas. Es una de las técnicas más imaginativas y la que más estimula la creatividad del público. Se les atribuye origen indostánico y han arraigado en la tradición cultural popular de países como Indonesia, Turquía, China y la India.
  • Marionetas, muñecos manipulados desde arriba por medio de cuerdas o hilos, que partiendo de su cabeza y extremidades van hasta el aspa de mando que permite al operador jugar con diferentes movimientos dando vida al ser inanimado. Se requiere una gran destreza y habilidad en la ejecución.[nota 6]

Existen todo tipo de espectáculos mixtos donde se mezclan estas cuatro grandes técnicas titiriteras entre sí y con otras menos conocidas.[11]

Otros tipos de títeres[editar]

Además de los cuatro tipos más conocidos, de guante, de varilla, de sombra y marioneta (títere articulado movido por cuerdas o hilos), hay otras variedades que pueden funcionar de modo independiente o integrándose en los ya mencionados, como recursos del titiritero.[12]

  • Títere bufón o marotte, quizá inspirado en el cetro de los bufones medievales; sencillo, primitivo e infantil: una cabeza atada a un palo cubierto por un largo faldón. Su máxima expresión, por tamaño y dificultad de manejo, sería la Marotte a la cintura.
  • Títeres digitales (el títere dedal para Mane Bernardo), solo recomendable en espacios reducidos pero de un gran juego pedagógico.
Títere plástico gigante ideado por el ruso Nikolai Zykov.
  • Títere mimado en el que la mano del titiritero que no sujeta el palo, aparece como mano del propio muñeco.
  • Títere de peana o pelele de piso (suelo), del tipo de títeres esperpento, finalmente relacionados con el «body-puppet» o Títere pelele.
  • Títeres de mecanismos, más comunes en Europa, cuyos muñecos, manipulados desde abajo con varillas internas (que mueven no sólo los brazos sino también la boca, los ojos, las cejas), requieren la sincronía de varios titiriteros ocultos en el armazón del retablo.
  • Títeres plásticos, una de las nuevas vías para el universo del títere, con el concurso de las nuevas tecnologías.

Títeres en iberoamérica[editar]

El panorama es amplísimo; entre los titiriteros y creadores pioneros, y las compañías que continúan activas se podrían citar: Mané Bernardo, la familia Cueto, Wilberth Herrera, Javier Villafañe, Roberto Lago, Frederik Vanmelle, Silvina Reinaudi, Fredy Reyna, los hermanos Rosete Aranda, Eduardo Di Mauro y un largo etcétera.

Museos[editar]

Algunos museos dedicados al títere son:

Teatros[editar]

Algunos teatros de títeres con gran tradición son:

Festivales[editar]

De la larga lista de festivales de títeres y marionetas, pueden mencionarse aquí:

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Esta entrada desarrolla en esencia una de la 6 acepciones que la voz «títere» tiene en el DRAE, la referida a los títeres en el medio teatral y artesanal.
  2. Así lo definió el dramaturgo y titiritero argentino Ariel Bufano en "El hombre y su sombra", artículo en la revista Teatro, año 4, nº 13, 1983, p. 10 (citado por Artiles, ver sección de bibliografía).
  3. Para esta entrada se han consultado las del Diccionario de la RAE, la del Diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares y la del Diccionario de teatro de Manuel Gómez García (ver bibliografía).
  4. Los romanos usaban las voces 'pupa - pupae' para denominar a los objetos que ideológicamente podían tratarse como muñecos. Y así, en lenguas de la familia del latín, como el italiano y el rumano, los títeres se nombran con palabras de raíz latina: "pupo" (títeres italianos) y "pupazzo" (títeres rumanos). Curiosamente, lenguas lejanas del latín como el inglés y el alemán también usan esa raíz latina: "puppet" (títeres ingleses) y "puppen" (títeres alemanes).
  5. Un ejemplo muy posterior del término es el Retablillo de Don Cristóbal, escrito por Federico García Lorca en 1930, para títeres de cachiporra.
  6. El término marioneta, del francés «marionnette», pudo tener su origen, en la Francia medieval, en María (madre de Jesús), por su posible relación con unas figuritas articuladas usadas en festividades religiosas que representaban a la Virgen, las «petites Maries» o «Marion», que se convirtieron en «Mariottes» y finalmente en "marionnettes". Artiles da la referencia del artículo "Idea general", publicado en Cuadernillos de Teatro Infantil y de la juventud, editado en La Habana, CNC, 1965, p. 13 (ver bibliografía).

Referencias[editar]

  1. «títere», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=t%C3%ADtere 
  2. Bil Baird en The Art of the Puppet, New York, Macmilla, 1965, p. 13 (citado por Artiles).
  3. Definición de Covarrubias. Consultado el 27 de septiembre de 2013
  4. J.E. Varey en el artículo "Historia de los títeres en España", aparecido en 1957 en la Revista de Occidente, p. 93 (citado por Artiles).
  5. Historia de los títeres en España: Desde sus orígenes hasta mediados del Siglo XVIII; Madrid: Revista de Occidente, 1957.
  6. John E. Varey, "Historia de los títeres en España", pp. 83 - 87
  7. Análisis de los capítulos XXV y XXVI en el CVC. Consultado el 28 de septiembre de 2013
  8. García Lorca, Federico (1963). Obras completas. Madrid, Aguilar S.A.. p. 723. 
  9. Jovellanos, Gaspar Melchor (1997). Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas. Madrid, Cátedra. p. p. 203. ISBN 9788437615561. 
  10. Freddy Artiles, "Títeres", p. 118
  11. Clasificación suplementaria en titerenet. Consultado en diciembre de 2013
  12. Freddy Artiles, "Títeres", pp. 124 - 128

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]