Misiones Pedagógicas

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Retrato de Manuel Bartolomé Cossío (hacia 1920), por el fotógrafo José Padró (1900-1931), en su estudio de la calle Huertas de Madrid. Conservado en la Casa Museo de Unamuno (Repositorio Documental de la Universidad de Salamanca).

Las Misiones Pedagógicas fueron un proyecto de solidaridad cultural patrocinado por el Gobierno de la Segunda República Española a través del Ministro de Instrucción Pública y desde las plataformas del Museo Pedagógico Nacional y la Institución Libre de Enseñanza. Creadas en 1931, se desmantelaron al final de la guerra civil.[1]

Convocados por Manuel Bartolomé Cossío, presidente del Patronato de las Misiones Pedagógicas, se llegarían a reunir más de quinientos voluntarios de diverso origen: maestros, profesores, artistas, y jóvenes estudiantes e intelectuales. Entre ellos se encontraban: la filósofa María Zambrano, el dramaturgo Alejandro Casona, el cineasta José Val del Omar, el poeta Luis Cernuda, el pintor Ramón Gaya, el músico Eduardo Martínez Torner, y una nutrida infantería de entre la que más tarde saldrán los nombres de Rafael Dieste, Maruja Mallo, Diego Marín, Antonio Sánchez Barbudo, Pedro Pérez Clotet o la académica Carmen Conde y su marido Antonio Oliver.[nota 1] [2]

Entre 1931 y 1936, la labor del Patronato (y a pesar de los intentos de sabotaje durante el Bienio Negro), llegó a cerca de 7.000 pueblos y aldeas, a través de 196 circuitos de Misiones Pedagógicas, con la participación aproximada de 600 "misioneros". Hasta el 31 de marzo de 1937, se repartieron 5.522 bibliotecas, que en conjunto sumaban más de 600.000 libros. El Teatro y Coro realizó 286 actuaciones, y las Exposiciones Circulantes de Pintura del Museo del Pueblo, pudieron verse en 179 localidades.[3]

"Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas como en otro tiempo. Porque el gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que vengamos, ante todo, a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas y abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie hasta ahora ha venido a enseñároslo; pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros".[4]

Manuel Bartolomé Cossio, diciembre de 1931.

Introducción[editar]

Debido al retraso de la reforma educativa de España en comparación con algunos países europeos, con una tasa de analfabetismo en torno al 44% agudizada en el ámbito rural, el Gobierno de la Segunda República desarrolló las llamadas "Misiones pedagógicas". Siendo Presidente Niceto Alcalá-Zamora y Ministro de Instrucción Pública Marcelino Domingo, el 29 de mayo de 1931, se creó por Decreto el Patronato de Misiones Pedagógicas con el encargo de «difundir la cultura general, la moderna orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares, con especial atención a los intereses espirituales de la población rural».

Dicho Patronato dependía del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y estaba dirigido por una Comisión Central, cuya sede se instaló en el Museo Pedagógico Nacional, en activo desde 1882 como una de las aplicaciones de la Institución Libre de Enseñanza. Puede decirse que Patronato e Institución, parejos en objetivos y compartiendo medios y equipo de colaboradores fueron la pieza fundamental del proceso de renovación de la Enseñanza Pública que culminó en los años de la Segunda República. Ya en 1881 Francisco Giner había propuesto una serie de reformas que incluían la idea de unas Misiones Ambulantes,[5] cuyos servicios no se materializaron hasta la creación de las Misiones Pedagógicas: el servicio de biblioteca, el museo del pueblo, el cine, el coro y el teatro del pueblo (con una sección de títeres bautizada como retablo de fantoches).

Entre los días 17 y 25 de diciembre de 1931 se realizó la primera de esas Misiones Pedagógicas en la localidad segoviana de Ayllón.

El Patronato de las Misiones Pedagógicas tuvo como indiscutible presidente y alma ideológica a un ya anciano, enfermo y aún carismático y entusiasta Manuel Bartolomé Cossío,[6] pero con la ayuda y eficacia de Luis Álvarez Santullano como Secretario. En la Comisión Fundadora del Patronato figuran los nombres de: José Ballester Gozalvo, Domingo Barnés (vicepresidente), Francisco Barnés Salinas, Luis Bello, Amparo Cebrián, Óscar Esplá, Rodolfo Llopis, Ángel Llorca, Antonio Machado, Lucio Martínez Gil, María Luisa Navarro Margothi, Marcelino Pascua, Enrique Rioja Lo Bianco, Pedro Salinas y Juan Uña Shartou.[7]

"La reforma legal sólo puede sostenerse y afianzarse sobre la reforma del corazón."[8]

Bartolomé Cossío

Precedentes[editar]

El bajo nivel de la educación en España al final del siglo XIX, intentó atajarse con la creación, el 18 de abril de 1900, del Ministerio de Instrucción Pública y de Bellas Artes. La gran demanda social presentada hizo necesarios su reestructuración y replanteamiento. Faustino Rodríguez-San Pedro creó entonces la Junta Central de Primera Enseñanza, por real decreto del 18 de noviembre de 1907, para que asumiese las funciones del anterior organismo, además de dirigir y organizar instituciones complementarias de la escuela, clases de adultos, conferencias y "misiones pedagógicas". Dicha Junta estaba formada por renombrados personajes de la política española, como José Canalejas, Eduardo Dato, Carlos María Cortazo, Melquíades Álvarez, entre otros, y respaldada por la Institución Libre de Enseñanza y el Museo Pedagógico Nacional. Un nuevo Real Decreto del 20 de diciembre de 1907 incluyó en el programa a las Juntas provinciales de Instrucción Pública, para que apoyasen los siguientes objetivos: atender a las misiones pedagógicas, fomentar la creación y desarrollo de museos escolares y bibliotecas públicas, organizar conferencias para adultos con la intervención de personas competentes, fomentar cajas escolares, asociaciones protectoras de la infancia, colonias de vacaciones y todas aquellas instituciones que pudieran competer con la difusión de la enseñanza primaria y darle un carácter de solemnidad a la fiesta escolar. Así quedó recogido en el Real Decreto del 7 de febrero de 1908.

Los continuos cambios políticos y la precaria situación presupuestaria arrojó resultados lamentables (bajos sueldos, edificios ruinosos, mobiliario anticuado e insuficiente y escaso material escolar) hasta la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. Se pusieron en marcha las Misiones Pedagógicas con los siguientes objetivos:

Objetivos[editar]

  • Fomentar la cultura general mediante bibliotecas populares, organización de lecturas, sesiones cinematográficas para conocer otros pueblos, sesiones musicales de coros y orquestas, audiciones por radio, exposiciones de arte con museos itinerantes.
  • Orientación pedagógica con visitas a escuelas para conocer su situación con la posterior celebración de una semana o quincena pedagógica y cursillos para maestros, en los cuales les muestran o enseñan cómo dar clases a los niños y los materiales de los que disponen.
  • Convocatoria de reuniones en los pueblos para revisar la estructura del estado y sus poderes.

Organización[editar]

Albarán firmado por Cossío hacia 1932. Se recogen cifras de la concesión de ayuda económica y facturación de gastos para la puesta en marcha de las Misiones Pedagógicas; también figura el nombre del Secretario del Patronato de las Misiones: Luis Álvarez Santullano.

La Comisión Central y la Comisión Provincial debían estar formadas por personas cualificadas en la enseñanza y fuera de ella. Los gastos de los servicios y material correrían a cargo del Ministerio de Instrucción Pública. Manuel Bartolomé Cossío, heredero espiritual de Francisco Giner de los Ríos, en cuyas ideas se basaban las mismas Misiones,[nota 2] fue nombrado Presidente del Patronato; con Luis Álvarez Santullano como Secretario y Constantino Suárez en la Secretaria Técnica; como vocales se nombró a fajados institucionistas como Antonio Machado, Pedro Salinas, Amparo Cebrián y María Luisa Navarro (Orden del 6 de agosto de 1931).[9]

Para la asignación de una misión a una determinada localidad, era necesario que ésta realizase una propuesta acompañada de un informe que recogiera datos sobre la geografía, economía, distribución de la población, situación cultural y escolar, ambiente social, comunicaciones, itinerario posible y cualquier otra peculiaridad de la comarca que pudiera ser útil para la organización de la futura misión. A pesar de las dificultades iniciales, a los pocos meses las solicitudes eran tantas que fue imprescindible una selección, dando preferencia a los pueblos más pequeños y aislados.

Las misiones no tenían una duración fija, que podía oscilar entre uno y quince días, dependiendo de las actividades programadas en cada lugar y del itinerario pendiente. El equipo misionero, encargado de llevar a cabo las actividades, disponía de proyectores, gramófonos, escenarios de sencillo y rápido montaje, proyecciones de películas educativas o de recreo; representaciones teatrales, musicales o corales; conferencias seguidas de coloquios; charlas sobre temas profesionales, sanitarios y de educación cívica, etc. Una vez terminada la visita, se entregaba al maestro una pequeña biblioteca para instalar en la escuela y, en ocasiones, un gramófono con un pequeño lote de discos. Estas modestas bibliotecas, pese a ubicarse normalmente en las escuelas, estaban dirigidas al conjunto de la población para despertar su afición por la lectura y elevar su nivel cultural. Éste era el único servicio que permanecía, una vez que la misión marchaba a otro lugar.

Servicios prestados[editar]

Bibliotecas en las misiones pedagógicas[editar]

La administración de la biblioteca correspondía al Consejo Local de Primera Enseñanza, que redactaría un reglamento, aprobaría su presupuesto, organizaría lecturas públicas y conferencias, y celebraría fiestas y colectas. También tramitaría el intercambio de libros con otras bibliotecas y propondría al inspector de primera enseñanza las nuevas adquisiciones. A su vez, los inspectores, en sus visitas por las escuelas, debían de informar sobre el estado de las bibliotecas. Se encomendó la gestión de las bibliotecas rurales en su mayoría a maestros y en ciertas circunstancias a personas de instrucción. En cada biblioteca, el maestro realizaba la gestión del catálogo de libros, llevaba la contabilidad, el registro de los libros prestados y elaboraba un informe al final del año, en el cual indicaba el movimiento de la biblioteca y la situación de caja. Todo ello, sin recibir ninguna retribución a cambio.

Sello del Patronato de las Misiones Pedagógicas.

El Servicio de Bibliotecas, coordinado por los bibliotecarios María Moliner y Juan Vicens de la Llave, y con la ayuda de un joven Luis Cernuda, fue sin duda el más importante de los siete que puso en marcha el Patronato; a él se destinó casi el 60 % del presupuesto general en sus tres primeros años de funcionamiento, lo que permitió la creación de 5.522 bibliotecas. El ritmo de creación de bibliotecas no fue siempre el mismo, pues tras el gran impulso de los primeros años, los recortes presupuestarios que en 1935 finalmente consiguieron ejecutar los partidos de la confederación de derechas católicas en el poder (a los que Américo Castro calificó de dinamiteros de la cultura), minaron la efectividad del proceso. A pesar de las dificultades en su etapa final, las Misiones Pedagógicas fueron capaces de establecer una biblioteca en el 11,3% del total de escuelas primarias existente en España, en tan sólo cinco años de vida.

Las bibliotecas se instalaron en localidades menores de 5.000 habitantes, donde residía más del 40% de la población española, y preferentemente en aldeas de 50, 100 y 200 personas. Se trataba de pequeños núcleos mal comunicados con los municipios a los que pertenecían, y en los que no se contaba con ningún medio de acceso a la cultura. Aunque el Patronato intentó que la distribución de bibliotecas entre las distintas provincias resultase equilibrada, no fue posible debido al desigual número de peticiones y a que en algunas provincias había muy pocas localidades con menos de 5.000 habitantes, mientras que en otras sólo la capital de la provincia superaba este número. De esta forma es comprensible que en provincias como Oviedo, León, Pontevedra, Huesca, Soria y Salamanca se crearan más de 150 bibliotecas, y sin embargo en Córdoba, Sevilla, Cádiz, Huelva, Guipúzcoa, Álava, Teruel y Ciudad Real no se llegase a las 50. Cada biblioteca recibía una caja que contenía una colección de 100 volúmenes de sólida encuadernación, acompañados de talonarios para el préstamo, fichas especiales para la estadística, hojas de papel para forrar los libros y registros con indicaciones para el cuidado de los libros. Dichas colecciones podían organizarse:

  • Lecturas para adultos: se trataba de obras de literatura española y universal pero también incluía tratados sobre ciencia, técnica, sanidad, historia, etc.
  • Lecturas para niños: en lotes de menores dimensiones y compuestos en su mayoría por cuentos o adaptaciones de grandes obras de literatura, libros de aventuras y obras de consulta.

La biblioteca se instalaba en la escuela, bajo la vigilancia del maestro, pero los lotes de libros eran fruto de una concienzuda selección a cargo del Patronato, que iba ampliando la colección en función de los gustos o peticiones de los lectores de aquella época.

La Biblioteca estaba a disposición de los niños durante todo el día y como complemento de la docencia, durante la jornada laboral; una vez terminada, se abrían las puertas de la Biblioteca para el resto de la vecindad, pudiendo consultar obras o disponer de los libros en casa en forma de préstamo. La acogida de las Bibliotecas resultó sorprendente, recogiéndose un progresivo número de lectores entre 1931 y 1933, que alcanzó los 269.325 usuarios. El proyecto, sin embargo, contó en muchas ocasiones con la oposición y a veces el sabotaje de algunas autoridades civiles, miembros de partidos conservadores y curas rurales.[10]

Precedente de las Bibliotecas Populares[editar]

Las ya existentes bibliotecas populares habían sido el único precedente de lo que fueron las bibliotecas creadas por las Misiones Pedagógicas, en particular las de Cataluña y Madrid, por sus fondos y número de lectores. Un caso especial fue la Biblioteca Popular Circulante de Castropol, fundada en 1922, que llegó a contar con quince sucursales diseminadas por su comarca, desarrollando un amplio programa de extensión cultural: teatro popular, folklore local, conferencias, proyecciones cinematográficas, publicación de boletines, exposiciones.

Música[editar]

La música se añadió a todos los programas, tanto de adultos como de niños. Además del canto gregoriano, pasajes de zarzuela y música lírica regional española, se incluyeron obras de Bach, Beethoven, Schubert, Mozart, Haendel, etc. Los niños escuchaban la música en la escuela, mientras que los adultos lo hacían por las noches o en días festivos. Algunos maestros se desplazaban a los pueblos vecinos dejando un gramófono y una colección de discos que se iba renovando cada cierto tiempo.

Cine y proyecciones fijas[editar]

En muchos de los pueblos a los que se acudió con los equipos de cine, se mostraban por primera vez las imágenes en movimiento. Para las proyecciones fijas, se disponía de un epidiáscopo, un episcopio, y dos proyectores de diapositivas. En algunos, al no haber electricidad se utilizó un generador autónomo de gasolina. Las diapositivas podían ser retratos artísticos, históricos, geográficos, y cuadros de Van Gogh, Fra Angélico, Van Dyck, Rubens, Velázquez, etc. Se dispuso de un total de 2.395 proyecciones cinematográficas. Fue determinante la experiencia del joven cineasta Val del Omar.[11]

Teatro y Coro del pueblo[editar]

Las Misiones pedagógicas también contaron entre sus herramientas educativas con proyectos de teatro itinerante. El más importante fue el "Teatro ambulante" o Teatro del pueblo, dirigido por Alejandro Casona y formado por jóvenes estudiantes universitarios, en algunos casos antiguos alumnos de la Institución Libre de Enseñanza.[12] El proyecto fue contemporáneo al de la compañía de teatro universitario La Barraca de Federico García Lorca y Eduardo Ugarte. El Teatro del pueblo se desarrolló junto con el Coro del pueblo que dirigía el investigador y compositor Eduardo Martínez Torner.

El "Teatro del pueblo" era un teatro "elemental, ambulante, de fácil montaje, sobrio de fondos y de ropajes" que a menudo se representaba al aire libre, como hicieron en su día los cómicos de la legua. Lo formaban jóvenes actores aficionados, de ambos sexos. Las escuelas o el ayuntamiento les servían de vestuario y para desplazarse utilizaban los autobuses de línea. A medida que su labor se fue conociendo, su llegada a los pueblos, recibida inicialmente con desconfianza, fue acogida cada vez con más entusiasmo y alegría. Sin embargo, a pesar de la colaboración de maestros e incluso párrocos y alcaldes, algunos sectores de la población consideraron su presencia como "actividad propagandística de intelectuales y rojos tendente a malear al pueblo".[nota 3]

Adaptadas por el propio Casona, se seleccionaron, entre otras piezas: una Égloga de Juan del Encina; La Carátula, El Convidado y Las Aceitunas de Lope de Rueda; Los Alcaldes de Daganzo y El Juez de los Divorcios de Cervantes; y El Dragoncillo de Calderón de la Barca. En los intermedios se cantaban romances tradicionales, cantigas y otras formas musicales populares. Al final se repartían copias de romances como: El Conde Olinos; La Loba Parda; El Pastor Desesperado; La Condesita y Misa de Amor.[13]

Tras una primera actuación en un pueblo toledano en 1932, se recorrieron 115 pueblos de Madrid, Ávila, Segovia, Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Guadalajara.

Museo circulante[editar]

Con el "museo circulante" se intentó acercar al pueblo llano la obra de grandes genios de la pintura, por medio de copias, algunas de ellas, de tamaño similar al de los originales. La idea era que tomasen conciencia de que aquel tesoro nacional también era suyo, aunque en condiciones normales nunca tuviesen la oportunidad de disfrutarlo.

Se llegaron a completar dos colecciones circulantes: la primera estaba integrada por catorce copias de cuadros del Museo del Prado, realizadas en su mayor parte por Bonafé, Gaya y Vicente. En la segunda, que incluía grabados de Francisco de Goya, y otras copias de obras de la Real Academia de San Fernando y el Museo Cerralbo, participaron además los pintores Ismael González de la Serna y Luis Blesa. La coordinación estuvo a cargo del murciano Ramón Gaya.

Los cuadros, bien embalados, eran transportados en un camión hasta los pueblos donde días antes se habían anunciado con carteles. Algunos miembros voluntarios preparaban el local para la exposición, y mientras duraba esta se daba información sobre los autores de las obras, y se atendían las preguntas o dudas de los asistentes. Por la mañana se visitaba el "museo" y por la noche se hacían proyecciones de otros cuadros. Cuando había presupuesto, se regalaban fotografías de los cuadros en fototipia o huecograbado. Se intentaba que las exposiciones coincidiesen con fiestas o ferias locales y alcanzasen al menos una semana duración.

Guiñol y retablo de "fantoches"[editar]

Gracias a misioneros como Miguel Prieto Anguita o Diego Marín, el guiñol pudo suplir la dificultad del Coro y el Teatro del pueblo para llegar hasta lugares lejanos y de comunicación complicada. La primera función de teatro de títeres se dio en una aldea de La Coruña. En dos tardes y en pésimas condiciones, los misioneros construyen los fantoches y el teatrillo con recortes de papel.

El segundo guiñol se representó en León con mejores materiales y más tiempo de preparación. Para las marionetas se usaron papel, pasta, yeso y cola, y en pocos días dispusieron de dieciocho cabezas. Más tarde y con la ayuda de una costurera y un carpintero se puso en marcha otro guiñol en pueblos leoneses y castellanos.

Los argumentos de las farsas eran creación de los propios participantes con la consigna de “despertar en el pueblo emociones regocijadas y primitivas, pero también fecundas, dignas y limpias”. La primera farsa para Guiñol se titulaba: El dragón y su paloma.

Cursos para maestros[editar]

Por falta de personal directivo, se montaron dos cursos para dar cumplimiento a la legislación. El primer curso se realizó en San Martín de la Vega (Madrid) en 1932. Asistieron cuatro maestros y tres maestras. Cada sesión empezaba a las 9 de la mañana, hasta diferentes horas de la tarde o noche. Los temas eran Literatura y Geografía, con participación de maestros y prácticas sobre educación moral y cívica. El curso estuvo a cargo de Modesto Medina y Alejandro Rodríguez.

El Segundo curso se impartió en el Centro de Colaboración Pedagógica de Fuentepelayo (Segovia) en 1933. Acudieron diez maestros y diez maestras (Dolores Ballesteros, López Velasco, Pablo de A. Cobos, Gutiérrez Moreno y Vicente Valls). Las prácticas fueron de diferentes materias, en sesiones de mañana y tarde, contando con la participación de los niños.

Misioneros[editar]

De la larga lista de precursores, promotores, colaboradores y participantes en el proyecto de las Misiones Pedagógicas, resulta interesante entresacar algunos nombres:

Final[editar]

"No comprendo por qué odian de esa manera a las Misiones. Las Misiones no hacen más que educar. Y a España la salvación ha de venirle por la educación."

Manuel Bartolomé Cossío. (Publicado en el diario Heraldo de Madrid del 3 de septiembre, a raíz de su fallecimiento en la madrugada del día anterior).

En 1935, el proyecto de las Misiones se modificó, para paliar el recorte radical en la asignación conseguido por los grupos de derecha en el gobierno, agrupados en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), coalición de partidos políticos católicos de derechas; unos costes dicho sea de paso que no podían ser muy importantes considerando que el personal era voluntario y muchos de los materiales fueron donados o regalados por familias republicanas a través de las bibliotecas populares. Para compensar el desgaste, se dio mayor peso a las delegaciones locales, que se habían ido creando a medida que se fue disponiendo de grupos comprometidos en distintas partes del país.

El 18 de julio de 1936 un golpe militar desencadenó la guerra civil. Entre julio y septiembre de ese año, con los misioneros que quedaban en Madrid, por no haberse incorporado a las unidades de combate o de servicios, se formaron catorce equipos de tres personas que llegaron a concluir algunas actividades. En octubre de 1936 se nombró una Comisión de Propaganda Cultural dentro del propio Patronato de la Misiones Pedagógicas, de modo que sus actividades, en especial el archivo gráfico y fílmico, se orientaron en defensa de la República.[nota 4] La infraestructura del sistema bibliotecario de las Misiones Pedagógicas continuó activa en la medida de lo posible hasta el final de la guerra, siendo coordinada desde Valencia, donde se había instalado el gobierno republicano.

Los casi seiscientos españoles que habían colaborado directamente con las Misiones Pedagógicas sufrieron toda clase de destinos. Algunos "misioneros" murieron asesinados nada más estallar la guerra; otros se enrolaron en las Milicias de la Cultura o en las Brigadas Volantes; y muchos de ellos fueron encarcelados, expedientados o exiliados. También se dio el caso de algunos que se integraron en las filas franquistas.

Tras la guerra civil española, dentro del proceso de depuración del magisterio español, la Institución Libre de Enseñanza fue saqueada, defenestrada y declarada ilegal y "altamente perniciosa".[nota 5] [16]

Difusión en Hispanoamérica[editar]

El modelo de las Misiones Pedagógicas desarrollado por la Segunda República Española tuvo cierta continuación en América. Así lo intentaron: Cristóbal Simancas, en Colombia, y otro "misionero", Herminio Almendros, en Cuba.

En Uruguay, en 1945 los estudiantes normalistas de Montevideo organizaron la primera misión pedagógica al pueblo de Caraguatá.[17] [18] [19]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Exposiciones en el 75 aniversario de la fundación de las Misiones Pedagógicas Consultado en marzo de 2014
  2. Tudela, Mariano (1984). Aquellas tertulias de Madrid. Madrid: El Avapiés. pp. 105–107. ISBN 8486280087. 
  3. Las Misiones Pedagógicas, 1931-1936. Catálogo General de la Exposición. Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Madrid, 2006 ISBN 978-84-95078-53-7
  4. "Ramón Gaya y el Museo del Pueblo de las Misiones Pedagógicas", por Nigel Dennis. University of St Andrews, Reino Unido. (página 17) Consultado en abril de 2014
  5. Antecedentes de la Misiones Pedagógicas en la Exposición permanente en la Residencia de Estudiantes (Madrid). Consultado en marzo de 2014
  6. Otero Urtaza, Eugenio.M., Manuel Bartolomé Cossío: trayectoria vital de un educador(1994); portal CSIC. (Para documentación sobre las Misiones Pedagógicas ver pp. 377-382) Consultado en marzo de 2014
  7. "Misioneros", reportaje visual en la Exposición permanente en la Residencia de Estudiantes (Madrid). Consultado en marzo de 2014
  8. Carbonell Sebarroja, Jaume (1985). Ministerio de Educación y Ciencia, ed. Una antología pedagógica. Madrid. p. 11. ISBN 9788436912616. 
  9. "Las Misiones Pedagógicas durante la II República Española: la transmisión de los legados culturales en los territorios fronterizos de la Pedagogía Social", estudio de Cosme Sánchez Alber. Consultado en marzo de 2014
  10. "Las misiones pedagógicas educación y tiempo libre en la Segunda República" Consultado en marzo de 2014
  11. Sáenz de Buruaga, Gonzalo, Val del Omar y las Misiones Pedagógicas. Murcia: Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, 2003
  12. Gómez García, Manuel (1997). Diccionario del teatro. Madrid, Ediciones Akal. p. 165. ISBN 8446008270. 
  13. Semblanza biográfica de Alfonso López Alfonso en el sitio digital de la "Sociedad canguesa de amantes del país". Consultado en enero de 2014
  14. María Zambrano, tras su viaje como misionera a Navas del Madroño, dejó escrita esta impresión: "Llegamos a las cuatro de la tarde aproximadamente. Nos esperaba una emoción imborrable y ciertamente inesperada. El recibimiento cordialísimo, ferviente, respetuoso que nos hizo la casi totalidad del pueblo, la gran atención de escuchar de aquellas encantadoras gentes nos conmovió profundamente".
  15. Exposición dedicada al Museo del Pueblo en el centro de interpretación de las Escuelas Viajeras de Navas del Madroño. Consultado en abril de 2014]
  16. Antonio Jiménez-Landi, Breve historia de la Institución Libre de Enseñanza (1896-1939). Tébar, 2010. ISBN 978-84-7360-350-8
  17. Misiones Socio - Pedagógicas de Uruguay (1945 - 1971)- documento para la memoria. Consejo de Formación en Educación. ANEP. Montevideo, 2012.
  18. Cronología de las Misiones Pedagógicas en el Uruguay
  19. Primer Núcleo Escolar Experimental de la Mina" Uruguay

Notas[editar]

  1. Y junto a ellos otros menos conocidos: pintores como Miguel Prieto Anguita, Cándido Fernández Mazas, Eduardo Vicente, o universitarios institucionistas como Gonzalo Anaya, Enrique Azcoaga, Carmen Caamaño, Leopoldo Fabra (más tarde comandante médico del ejército republicano), Diego Marín, Eugenio Mediano Flores, Gonzalo Menéndez-Pidal, Carmen Muñoz, Eugenia Serrano, Cristóbal Simancas, Natalia Utray (la joven inspiradora de la obra de Casona Nuestra Natacha, nieta de Agustín Sardá, cofundador de la ILE, y que tras la guerra civil se casaría con Leopoldo Fabra), y un largo etcétera.
  2. En su origen es claro el influjo de la Escuela Nueva, fundada en 1910, creada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos y promovida por una burguesía culta y progresista, que supuso una profunda renovación de la pedagogía en España.
  3. "Nuestros muchachos hacían su trabajo un poco misioneramente, evangélicamente, artísticamente, sin ninguna pretensión ni ambición más. No había intención de tipo social, ni nada de prédica política. El teatro de las Misiones Pedagógicas, el teatro del Pueblo, teatro y coro, lo formaban unos cincuenta muchachos y muchachas, estudiantes de las distintas universidades, facultades y escuelas. No cobraban nada, y además, se llevaban la comida de casa. Ha habido mucha gente que creía que iban a divertirse." Entrevista de Alejandro Casona con Marino Gómez-Santos, publicada en el diario "Pueblo" con el título de "Alejandro Casona cuenta su vida", el 15, 16 y 17 de agosto de 1962.
  4. Los miembros de la Comisión de Propaganda tenían un perfil más político: Ramón J. Sender, Rafael Alberti, Alberto Jandez o César Arcona, y las bibliotecas desaparecieron como entidad autónoma, integrándose en las Bibliotecas del consejo central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico, organismo creado en abril de 1937.
  5. Una poderosa fuerza secreta. La Institución Libre de Enseñanza. Editorial Española. San Sebastián. Obra conjunta, publicada en 1940, en el que bajo la dirección de Fernando Martín-Sanchez Juliá se intentó demostrar la "diabólica conjura" entre la Institución Libre de Enseñanza y la masonería.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]