Día de Muertos

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Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos
UNESCO logo.svg UNESCO-ICH-blue.svg
Nombre descrito en la Lista Representativa del PCI.
Catrinas 2.jpg
La «calavera garbancera» conocida como la «Catrina».
País Flag of Mexico.svg México
Tipo Cultural inmaterial
N.° identificación 00054
Región América Latina y Caribe
Año de inscripción 2003 (como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, y como PCI en el 2008, III sesión)
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El Día de Muertos es una celebración mexicana de origen mesoamericano[1] que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza desde el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.

Es una festividad que se celebra en México y en algunos países de América Central, así como en muchas comunidades de los Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana y centroamericana. La Unesco ha declarado la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.[2] Existe en Brasil una celebración similar conocida como Dia dos Finados, aunque esta festividad no tiene las mismas raíces prehispánicas que el Día de los Muertos.

El culto a la muerte en México no es algo nuevo, pues ya se practicaba desde fechas próximas al año 1800 a.C. Así mismo, en el calendario mexica que se localiza en el Museo de Antropología, se puede observar que entre los 18 meses que forman este calendario, había por lo menos 6 festejos dedicados a los muertos. Los evangelizadores cristianos de tiempos coloniales aceptaron en parte las tradiciones de los antiguos pueblos mesoamericanos para poder implantar el cristianismo entre dichos pueblos.

Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones por lo menos desde hace tres mil años. Entre los pueblos prehispánicos era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.

El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la "Dama de la Muerte" (actualmente relacionada con "la Catrina", personaje de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.

El paso de la vida a la muerte es un momento emblemático que ha causado admiración, temor e incertidumbre al ser humano a través de la historia. Por muchos años, en diversas culturas se han generado creencias en torno a la muerte que han logrado desarrollar toda una serie de ritos y tradiciones ya sea para venerarla, honrarla, espantarla e incluso para burlarse de ella. México es un país rico en cultura y tradiciones; uno de los principales aspectos que conforman su identidad como nación es la concepción que se tiene sobre la vida, la muerte y todas las tradiciones y creencias que giran en torno a ellas.

De cualquier modo, hay que destacar que esta celebración no es propia de todos los mexicanos puesto que, pasa a ser una fiesta que se ha convertido en un símbolo nacional y que como tal es enseñada (con fines educativos) en las escuelas del país, existen muchas familias que son más apegadas a celebrar el “Día de todos los Santos” como lo hacen en otros países católicos. Además, cabe mencionar la fuerte influencia de los Estados Unidos que, al menos en zonas fronterizas, se evidencia con la presencia de la fiesta conocida como Halloween, la cual se celebra cada año con más frecuencia y en un mayor número de hogares. De ahí también que exista una inquietud entre los propios mexicanos de querer preservar el Día de Muertos como parte de la cultura mexicana sobre otras celebraciones parecidas.

Sin embargo muchos mexicanos consideran que el Día de Muertos al ser una fiesta sincrética es capaz de convivir y adoptar otros festejos no tradicionales de manera sana, permitiendo el uso de los disfraces, sin restar su importancia cultural y ni poner en riesgo su existencia en México, continuando un proceso de transformación cultural que se ha venido desarrollando durante los últimos siglos.

La celebración en el mundo mesoamericano

Detalle de una ofrenda en ITESM CCM
Elaboración de calavera gigante para festividad del Día de muertos en el Museo Nacional de Las Culturas Populares, Coyoacán, Ciudad de México.
Parte de la «megaofrenda» en la UNAM.

Para los antiguos mesoamericanos, la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión católica, en la que las ideas de infierno y paraíso sirven para castigar o premiar. Por el contrario, ellos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en la vida.

De esta forma, las direcciones que podrían tomar los muertos son:

El Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. A este sitio se dirigían aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por efecto de un rayo, los que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía, la sarna o las bubas, así como también los niños sacrificados al dios. El Tlalocan era un lugar de reposo y de abundancia. Aunque los muertos generalmente se incineraban, los predestinados a Tláloc se enterraban, como las semillas, para germinar.

El Omeyocán, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban sólo los muertos en combate, los cautivos que se sacrificaban y las mujeres que morían en el parto. Estas mujeres eran comparadas a los guerreros, ya que habían librado una gran batalla, la de parir, y se les enterraba en el patio del palacio, para que acompañaran al sol desde el cenit hasta su ocultamiento por el poniente. Su muerte provocaba tristeza y también alegría, ya que, gracias a su valentía, el sol las llevaba como compañeras. Dentro de la escala mesoamericana de valores, habitar el Omeyocan era un privilegio.

El Omeyocan era un lugar de gozo permanente, en el que se festejaba al sol y se le acompañaba con música, cantos y bailes. Los muertos que iban al Omeyocan, después de cuatro años, volvían al mundo, convertidos en aves de plumas multicolores y hermosas. Morir durante la guerra era considerada como la mejor de las muertes por los mexicas. Para ellos, a diferencia de otras culturas, dentro de la muerte había un sentimiento de esperanza, pues ella ofrecía la posibilidad de acompañar al sol en su diario nacimiento y trascender convertido en pájaro.

El Mictlán, destinado a quienes morían de muerte natural. Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.

El camino para llegar al Mictlán era muy tortuoso y difícil, pues para llegar a él las almas debían transitar por distintos lugares durante cuatro años. Luego de este tiempo, las almas llegaban al Chicunamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos. Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro llamado Xoloitzcuintle (raza canina sin pelo), el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume, algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas. Quienes iban al Mictlán recibían, como ofrenda, cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón.

Detalle de un altar de muertos.

Por su parte, los niños muertos tenían un lugar especial, llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba. De esta forma, de la muerte renacería la vida.

Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo. De esta forma, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, como ocarinas, flautas, timbales y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales (piedra, jade, cristal), braseros, incensarios y urnas.

Las fechas en honor de los muertos son y eran tan importantes que les dedicaban dos meses. Durante el mes llamado Tlaxochimaco se llevaba a cabo la celebración denominada Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos, alrededor del 16 de julio. Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.

En el décimo mes del calendario se celebraba la Ueymicailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente acostumbraba colocar altares con ofrendas para recordar a sus muertos, lo que es el antecedente del actual altar de muertos.[3]

Desde antes de la llegada de los españoles, antes de que la religión católica fuera impuesta en Mesoamérica, muchas de las culturas prehispánicas tenían la creencia de una vida después de la muerte. Por ejemplo, de acuerdo a Luis Ramos, en su libro Culturas Clásicas Prehispánicas en la cultura maya, cuando una persona moría, su alma iba al “inframundo” (conocido por ellos como Xibalbá). Según sus creencias, para llegar a este lugar, las almas debían de cruzar un río con la ayuda de un xoloitzcuintle; es por eso que dentro de los ritos funerarios de los mayas se encontraba el de enterrar a un perro de esta raza junto con la persona fallecida, de lo contrario, correría el riesgo de no llegar a Xibalbá y quedarse en el camino. Después, esta creencia se vio reafirmada con la introducción a la cultura de la religión católica; de acuerdo a la religión católica (religión predominante en México) existe la idea de un cielo y un infierno a donde las almas se dirigen cuando uno muere (dependiendo de su comportamiento en vida), es decir, la creencia de una vida después de la muerte.[4]

Transformación del ritual

Altar tradicional de Xantolo, en Hidalgo.
Altar indígena Chontal, en Tabasco.
Cempasúchil, flor tradicional usada para ornato.

Cuando llegaron a América los españoles en el siglo XVI trajeron sus propias celebraciones del Día de Muertos cristianas y europeas, donde se recordaba a los muertos en el Día de Todos los Santos. Al convertir a los nativos del nuevo mundo se dio lugar a un sincretismo que mezcló las tradiciones europeas y prehispánicas, haciendo coincidir las festividades católicas del Día de todos los Santos y Todas las Almas con el festival similar mesoamericano, creando el actual Día de Muertos.

Otros elementos influirían en la evolución de las actuales costumbres del Día de Muertos; por ejemplo, en el centro del país, las epidemias que durante siglos azotaron a la Ciudad de México llevaron a la creación de cementerios fuera de la ciudad y fue hasta 1961 que el gobierno se encargo de los entierros. Así mismo hacia 1859 se consolidó la costumbre de adornar las tumbas con flores y velas, visitar los panteones los días 1 y 2 de noviembre. La clase alta por las mañanas y los pobres por la tarde, la gente de dinero aprovechaba estos días para poder estrenar sus ropas negras que preparaban desde antes para poder lucirlas en los panteones, esta costumbre es de origen europeo.[cita requerida]

Xantolo

El Xantolo es un palabra huasteca que significa Fiesta de las ánimas, tiene un origen prehispánico en la Región Huasteca y que al paso de los años ha recibido influencias de otros orígenes, los huastecos ofrendan el culto en estos tiempos porque no solo recogen la cosecha del maíz y otros frutos, también es una fiesta de respeto a los que ya no están presentes porque acorde a su calendario, en estas fechas los parientes muertos visitan a los familiares. La esencia de sus espíritus están presentes y por ello el olor de las frutas, la música y la luz, recuerdan los momentos vividos en la tierra, in inframundo está presente todo el tiempo y es muy cercano al mundo de los vivos según los huastecos, el cuerpo regresa a la tierra pero su alma se queda entre los vivos.

Patrimonio de la Humanidad

En ceremonia llevada a cabo en París, Francia el 7 de noviembre de 2003 la Unesco distinguió a la festividad indígena de Día de Muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. La distinción por considerar la Unesco que esta festividad es:

"...una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país."

Además en el documento de declaratoria se destaca:

"Ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados, desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad..."

además de:

"...aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial."

La celebración del Día de los Muertos tiene raíces prehispánicas y festeja la memoria de los difuntos con visitas a cementerios y coloridas ofrendas.

Calaveritas

Se les llama así tanto a las rimas, versos satíricos como a los grabados que ilustran calaveras disfrazadas o bien de dulce descritas a continuación:

  • Rimas: También llamadas "calaveras", son en realidad epitafios humorísticos de personas aún vivas que constan de versos donde la muerte (personificada) bromea con personajes de la vida real, haciendo alusión sobre alguna característica peculiar de la persona en cuestión. Finalizan con frases donde se expone que se lo llevará a la tumba. Es muy común dedicar las "calaveritas" a personajes públicos, en especial a políticos en el poder. En muchos casos la rima habla del aludido como si estuviera ya muerto.
  • Grabados: Litografías, generalmente del Maestro José Guadalupe Posada, que aunque no dibujó específicamente para Día de Muertos, sino eran caricaturas con que colaboraba en diferentes publicaciones de principios del siglo XX en México se usan en estas fechas por sus alusiones a la muerte festiva.
  • Calaveras de azúcar: Son dulces en forma de cráneo, generalmente realizadas de dulce de azúcar, chocolate, amaranto, gomita, entre otros. Generalmente son vendidas en los tradicionales mercados denominados "Todos Santos" además de tiendas comerciales, tianguis, etc.

Simbolismo de los elementos del altar de muertos

El pueblo de México ha creado un singular elemento subjetivo contra la muerte, con la colaboración de la misma. Para ello le basta colocarse, ayudado por la fantasía, en el terreno en que la gran niveladora barre a todos, ricos o pobres, humildes y poderosos, así como con la misma a través de fotos.

  • Las calaveras de dulce tienen escrito en la frente el nombre del difunto (o en algunos casos de personas vivas, en forma de broma modesta que no ofende en particular al aludido), y las consumen parientes o amigos.
  • El pan de muerto es una representación de la eucaristía, y fue agregado por los evangelizadores españoles. Es un panecillo dulce que se hornea en diferentes figuras, desde simples formas redondas hasta cráneos, adornado con formas de huesos hechas con el mismo pan; se le espolvorea azúcar y se elabora con anís.
  • Las flores. Durante el período del 1 al 2 de noviembre las familias suelen limpiar y decorar las tumbas con coloridas coronas de flores de rosas y girasoles, entre otras, pero principalmente de cempasúchitl, las cuales se cree atraen y guían las almas de los muertos. Casi todos los panteones reciben visita de muchas personas.

La flor de cempasúchitl es símbolo del resplandor del sol, que se consideraba el origen de todo. Cada flor representa una vida, y en el caso del difunto significa que este aún conserva un lugar dentro del Todo, y que no ha sido olvidado por sus amigos y familiares. Curiosamente, en el poblado de Huaquechula, en el estado de Puebla, no se utiliza la flor de cempasúchitl, sino que las tumbas se adornan con nube y gladiola.

  • La ofrenda y la visita de las almas. Se cree que las almas de los niños regresan de visita el día primero de noviembre, y que las almas de los adultos regresan el día 2. En el caso de que no se pueda visitar la tumba, ya sea porque ya no existe la tumba del difunto o porque la familia está muy lejos para ir a visitarla, también se elaboran detallados altares en las casas, donde se ponen las ofrendas, que pueden ser platillos de comida, el pan de muerto, vasos de agua, mezcal, tequila, pulque o atole, cigarros e incluso juguetes para las almas de los niños. Todo esto se coloca junto al retrato de los difuntos, rodeados de veladoras.
  • Altar y ofrenda de muertos
Altar de muertos católico
Ofrenda mixteca del Día de Muertos

Los materiales comúnmente utilizados para hacer una ofrenda para el Día de Muertos tiene un significado, y son entre otros los siguientes:

  • Retrato de la persona recordada: El retrato del difunto sugiere el ánima que los visitará la noche del 2 de noviembre. . Dicha imagen honra la parte más alta del altar. Se coloca de espaldas y frente a ella se coloca un espejo para que el difunto solo pueda ver el reflejo de sus deudos y estos vean a su vez únicamente al difunto.
  • Pintura o cromo de las Ánimas del Purgatorio: La imagen de las ánimas del purgatorio sirve para pedir la salida del purgatorio del alma del difunto por si acaso se encontrara ahí.
  • Doce cirios: Aunque pueden ser menos, tienen que ser en pares, y preferiblemente de color morado, con coronas y flores de cera. Los cirios, sobre todo si son morados, son señal de duelo. Los cuatro cirios en cruz representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa aparte de agua y sal.
  • Flor de cempazúchitl (o flor de cuatrocientos pétalos): Su color representa la luz como los rayos del sol y al regarla en forma de camino y por su aroma, sirve de guía a las almas para indicarles el rumbo por el cual llegar al que fuera su hogar.
  • Cruz: Utilizada en la mayoría de los altares, es un símbolo introducido por los evangelizadores españoles, con el fin de incorporar el catecismo a una tradición tan arraigada entre los indígenas, como la veneración de los muertos. Para recordarle su fe, ya que el Miércoles de Ceniza se le dice la frase: "Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás", con lo que se le recuerda que regresa a la tierra de la que salió. La cruz va en la parte superior del altar a un costado de la imagen del difunto y esta puede ser de sal, ceniza, tierra o cal.
  • Calabaza en tacha: La calabaza (Cucurbita moschata) ocupa un lugar privilegiado tanto en la cocina tradicional prehispánica como en la actual. Es parte de la tetralogía alimenticia del país, al lado del maíz, el frijol y el chile, con los que se cultiva en la misma milpa. De ella se aprovecha todo: tallos, guías, flores, frutos y semillas. En el altar se prepara como dulce, llamado calabaza en tacha porque el recipiente usado en la fabricación del azúcar se le llama “tacho”; la calabaza se confitaba en las calderas en que se fabricaba el azúcar: cocida con azúcar, canela, tejocotes, trozos de caña de azúcar o con otros ingredientes, según el gusto de quien cocine. La preparación de la calabaza en tacha consiste en introducir dicho fruto en un cesto de palma que se confita en las calderas donde se fabrica el azúcar. Esta es la forma tradicional, pues en las antiguas máquinas de los ingenios se hacía la concentración del guarano o jugo de caña en dos calderas cónicas, colocadas sobre un solo horno (la mancuerna); una de las calderas era la malera, y la otra la tacha. En la actualidad se prepara cocida en miel de piloncillo o panela, antiguamente llamada también tacha para bendecir las casas.[5] [6] El dulce cristalizado se llama calabazate.
  • Papel picado: También se suelen adornar las ofrendas con papel picado que es una artesanía mexicana que se elabora con papel de china recortado con figuras de esqueletos y calaveritas, este es considerado como una representación de la alegría festiva del Día de Muertos y del viento.
  • Vara de tejocote: con esa se abrirá paso el alma que regresa a visitar a sus parientes, por eso no se le deben de quitar las espinas.
  • Arco de caña y flores: en algunos lugares de México se acostumbra a realizar este arco, el cual simboliza el paso a una vida de purificación y el abandono del cuerpo terrenal
  • Copal e incienso: El copal es un elemento prehispánico que limpia y purifica las energías de un lugar, santificando el ambiente.
  • Agua: El agua tiene gran importancia ya que, entre otros significados, refleja la pureza del alma, el cielo continuo de regeneración de la vida y de las siembras y en la ofrenda se representa con un vaso lleno de agua que sirve para que el espíritu mitigue su sed después del viaje desde el mundo de los muertos.
  • Comida: Se coloca el alimento tradicional o el que era del agrado de los fallecidos se coloca para que el alma lo disfrute.
  • Bebidas alcohólicas: Son bebidas que fueron del gusto del difunto denominados “trago”, generalmente son “caballitos” de tequila, pulque, cerveza y mezcal.

El Día de Muertos en otras regiones de México

Estado de México

En el Estado de México la celebración de día de muertos inicia desde la tarde del 31 de octubre, los panteones se van llenando poco a poco de personas que van a decorar y limpiar las tumbas de los infantes que fallecieron. Cargados de flores, juguetes, dulces, comida y globos, los familiares van acomodándose para poder pasar el resto de la tarde y noche junto a sus pequeños angelitos. Al día siguiente es el turno de decorar los mausoleos y lápidas de los adultos fenecidos, es común ver mariachis y tríos ofreciendo sus servicios para poder alegrar el rato. Pero no sólo los panteones se cubren del característico color naranja de la flor de cempasúchitl, sino también las calles del centro de la ciudad, los altares se colocan en portales alrededor de la ciudad, de tal manera que las familias oriundas del Estado de México y turistas nacionales e internacionales puedan pasear por las calles admirando cada uno de ellos. Comerciantes ofrecen una enorme variedad de calaveritas de dulce, hechas de azúcar, amaranto y chocolate, además de otros dulces típicos. Todos y cada uno de los municipios del Estado de México organizan programas culturales para celebrar este día, es el caso del municipio de Metepec que convoca a toda la población a colocar la ofrenda colectiva monumental en la escalinata del Calvario, posteriormente se realiza el encendido “Unidos en la Luz”, que consiste en encender todas las veladoras de la escalinata. Toluca por su parte organiza un desfile, amenizado por monumentales figuras de Catrinas, Adelitas y Quetzalcóatl, mojigangas y cabezones creados por artesanos de San Pablo Autopan. Teotihuacan no se queda atrás, siendo esta la zona arqueológica más visitada del país, la celebración a la muerte data desde las culturas prehispánicas.

Teotihuacan

Como aquí se mencionó el Día de Muertos es una tradición que se remonta a los tiempos de los antiguos mesoamericanos, que consiste en rendir homenaje y culto a las personas fallecidas, recordando sus aniversarios luctuosos el 1° de noviembre para los infantes y el 2° del mismo mes para los adultos. Es menester hacer mención que las culturas prehispánicas que habitaban en el territorio mexicano tenían una concepción distinta sobre la muerte, sin embargo la gran mayoría creía en la existencia de una vida después de la muerte. En tiempos prehispánicos, las culturas mesoamericanas (entre ellas la cultura teotihuacana), celebraban seis fiestas dedicadas a los muertos, destacándose dos de ellas: La primera, data del 12 al 31 de julio para pequeños difuntos y los veinte días siguientes eran destinados para los adultos. La celebración actual del día de muertos en las fechas del mes de noviembre surgieron a raíz de la evangelización de los españoles hacia los indígenas debido a que no pudieron erradicar sus ideas sobre la muerte, decidiendo santificar dicha concepción filosófica, combinándola con principios religiosos pertenecientes a la Iglesia Católica. El pueblo teotihuacano acostumbraba hacer ofrenda en honor a los fallecidos casi todo el tiempo, practicando cansados e intensos rituales con el propósito de que el difunto llegase con bien a uno de los cuatro paraísos según su forma de muerte, conteniendo comida, copal, vasijas, cuchillos, piedras de jade y semillas; utilizaban a los perros xoloescuintles para que les ayudasen a ser la luz en el paso por el inframundo y no se perdieran sin antes llegar al paraíso, sacrificándolos y enterrándolos junto con la persona fallecida. Los teotihuacanos consideraban subsectores a donde se dirigían sus difuntos según su edad:

  • Subsector I: En este recinto se encontraban los difuntos jóvenes y aquellos que no alcanzaron a nacer. Se les enterraba en posición fetal en la tierra.
  • Subsector II: A éste sector se dirigían los adolescentes, encontrándose en sus ofrendas distintos vegetales y huesos pertenecientes a animales.
  • Subsector III: En éste lugar pertenecían los adultos, tantos varones y mujeres. A éstos difuntos se les colocaba en vasijas grandes de barro prosiguiendo con el crematorio. Se creía que en este lugar prevalecía la abundancia y la paz eterna. En su ofrenda se encontraban cañas de azúcar y comidas típicas.
  • Subsector IV: A éste lugar se dirigían los adultos mayores (ancianos), colocándose hogueras de madera para la cremación de los cuerpos. Se creía que los ancianos regresaban a la Tierra después de la muerte en forma de animales.

Aguascalientes

En Aguascalientes se celebra año con año el tradicional "Festival de Calaveras", inspirado en la obra de José Guadalupe Posada, nacido en esta ciudad y creador de la mundialmente famosa "Calavera Garbancera", bautizada por Diego Rivera como "La Catrina". Durante 10 días la ciudad capital y sus municipios se transforman, y sus habitantes toman caracterización de singulares "calaveras vivientes". Las más de 180 actividades de este festival incluyen un particular desfile con más de 3,000 participantes en comparsas y carros alegóricos, una caminata con más de 5,000 participantes denominada "Ilumínale los Pies al Cerro del Muerto", pabellones gastronómicos, artesanales e infantiles, altares, conciertos, rituales, disfraces, corridas de toros, obras teatrales, expresiones artísticas y culturales.

La particularidad de este festival es que tiene una celebraciones menos prehispánicas y en un contexto más relacionado al último siglo, y que más allá de representaciones fúnebres, hace alusión a la forma tan peculiar que tiene el mexicano de entender e incluso reírse de la muerte.

Zacatecas

En Zacatecas, se acostumbra consumir el pan de muerto y muchas familias visitan las tumbas de sus seres queridos dejando en ellas arreglos florales, principalmente elaborados con flor de cempasúchil. También existe una suerte de mezcla entre la celebración del Día de Muertos y la celebración estadounidense del Halloween donde en la noche del 2 de noviembre los niños salen a las calles con disfraces alusivos a la muerte y seres de ultratumba, tocando de puerta en puerta pidiendo «el muerto» a través de unas pequeñas rimas cantadas:

"El muerto pide camote, sino se le cae el bigote. La viuda pide una ayuda, para su pobre criatura".

Si los habitantes de la casa solicitada dan "el muerto", que generalmente suele ser dulces que depositan en bolsos que llevan los niños, estos últimos pueden recitar una bendición:

"Esta casa está bendita porque si nos dieron comidita".

O bien una "maldición" si no se atiende a su canto:

"Esta casa está embrujada porque no nos dieron nada".

Oaxaca

En la región de Acaquizapan se conmemora el día de muertos con la ofrenda de los “angelitos”. Dicha ofrenda se compone de canastas pequeñas, llevando en cada una de ellas, hojas de zapote, manzanas, naranjas, mandarinas, pan de “estrella” y pan de “conejo”.

Terminando esto se cubre la canasta con las hojas de zapote, se dice que estas hojas son para los muertos su servilleta, al terminar de cubrirlas se le ponen las velas, y a cada vela se le asigna el nombre de un angelito, estas velas son la luz que los acompaña en su camino.

Chiapas

El Estado de Chiapas cuenta con una gran gama de tradiciones y folklore. El día de muertos suele durar dos días, el primero lo utilizan para llamar y recibir a sus ancestros y el segundo para que las almas regresen a su lugar. Sin embargo el día de muertos es más que la celebración del 1 y 2 de noviembre, ya que desde mediados del mes de octubre todos los familiares comienzan a prepararse para la llegada de sus familiares finados.

Para el pueblo tzotzil una de las tradiciones más importantes es el día primero de noviembre en el cual todos los familiares llaman a sus difuntos y los invitan a disfrutar de la celebración, por último los despiden, deseándoles un buen regreso al lugar a donde pertenecen que es llamado K'atin Bak, o lugar de los huesos ardientes.

En las mismas fechas en San Juan Chamula, comunidad cercana a San Cristóbal de las Casas, se realiza una pequeña ofrenda de alimentos que corresponden en orden y número a los difuntos que se esperen. Se pasa a la Iglesia del Santo Patrono y ahí los lugareños tratan de despertar a sus familiares con el repique de las campanas.

Una vez pasado el festín es de vital importancia ayudar a regresar a las almas, para ello se dan tres vueltas al rededor del cementerio y se les invita a devolverse al lugar de las almas “K'atin Bak” diciéndoles "ya pasó tu fiesta, ya pasó tu celebración, ya te traje a tu casa". Finalmente se les encienden velas y cirios encima de las tumbas para que las almas se encuentren iluminados en su trayecto. En ésta, como en otras comunidades se puede ver claramente el sincretismo cultural de la zona. A las personas que visiten esta comunidad se les pide que respetuosamente se adentren en sus costumbres, ya que es un legado de suma importancia para ellos.

Michoacán

En Janitzio, Michoacán, se acostumbra erigir un altar sobre la tumba y las mujeres se sientan resignadas y llorosas a contemplar las llamas de los cirios y hacer oraciones por los muertos. A intervalos se arrodillan ante la cruz que indefectiblemente preside el rito, y quedan pensativos como evocando a los difuntos añorando su presencia.

Tiene además, un nombre y celebridad debidamente conquistado por la celebración de "Noche de Muertos", el día 1 al 2 de noviembre, aunque las celebraciones son las mismas en toda la región lacustre, se le han otorgado a esta Isla por antonomasia. Y refieren una historia tradicional indicando que durante esa noche, surge la sombra de Mintzita corazón, hija del Rey Tzintzicha, y la de Itzihuapa, hijo de Taré y Príncipe heredero de Janitzio: Locamente enamorados, no pudieron desposarse por la inesperada llegada de los conquistadores. Preso ya el Rey padre de Mintzita, por Nuño de Guzmán quiso la princesa rescatarlo ofreciéndole el tesoro fabuloso que se encontraba bajo las aguas, entre Janitzio y Pacanda. Y cuando el esforzado Itzihuapa se apresaba a extraerlo, se vio atrapado por veinte sombras de los remeros que lo escondieron bajo las aguas y que fueron sumergidos con él. Itzahuapa quedó convertido en el vigésimo primer guardián de tan fantástica riqueza. Pero en la noche del día de muertos despiertan todos los guardianes del tesoro, al lúgubre tañer de los bronces de Janitzio, y suben la empinada cuesta de la isla. Los dos Príncipes, Mintzita e Itzihuapa se dirigen al panteón para recibir la ofrenda de los vivos a las luces plateadas de la Luna, los dos espectros se musitan palabras cariñosas y, a las llamas inciertas de los cirios, se ocultan de las miradas indiscretas. En Janitzio las flores son inspiración y gozo que se cantan en las pirekuas como Tzitziki Canela (Flor de Canela). Tzitziki Changunga (flor de Changunga), son cantos en los que se compara a la mujer con las flores por su delicadeza, finura y exquisitez. Nadie interrumpe sus coloquios amorosos, mientras tanto las estrellas fulguran interesantemente en las aventuras, las campanas tocan desesperadamente y el lago gime como una alma en pena.

Hacia las 12 de la noche del 1o. de noviembre la mujeres y los niños se desplazan con solemnidad, localizan los lugares de reposo de sus seres queridos, ponen hermosas servilletas bordadas sobre las tumbas y depositan ahí los manjares que en vida fueron del agrado de sus distintos difuntos, colocan ofrendas florales enmarcadas por las luces de numerosas velas, y así transcurre la noche entre alabanzas, rezos y cantos de las mujeres y niños, mientras los hombres de lejos, en las afueras del cementerio, observan atentos todo lo que sucede en el interior del panteón. Una campana colocada en el arco de la entrada del panteón, suena discretamente toda la noche, llamando a las ánimas a que se presenten a la gran ceremonia.

En toda la Isla hacen eco los cantos purépechas de dulce y musical cadencia que imploran el descanso de las almas de los ausentes y la felicidad de los que quedan en la tierra. Participar en esta fiesta es cumplir con un deber sagrado para los muertos, que hacen honor a quienes lo practican. En Michoacán, la conmemoración del Día de Muertos es una tradición solemne que aún conserva esa genuina manifestación de un profundo respeto y veneración a los seres que materialmente ya no existen, y a los que a través de la ofrenda se les rinde tributo

Norte de México

Originalmente, el Día de Muertos como tal no era celebrado en el norte de México, donde era incluso desconocida hasta hace poco tiempo, todavía a principios del siglo XX, principalmente en el noreste de México la tradición era rechazada por sus habitantes y la iglesia debido al intentar sincretizar elementos paganos con la religión, y en su lugar era celebrado el tradicional Día de Todos los Santos de igual manera que el resto de los católicos en el mundo; esto debido a la escasa influencia mesoamericana en esta región del país. Sin embargo, hoy en día su presencia se debe a las políticas educativas implementas por el gobierno mexicano y la SEP a partir de la década de 1960, en sus esfuerzos por expandir la tradición en el norte del país.[7] [8] [9]

El Día de Muertos en la ficción

  • La historia narrada en la novela Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, se escenifica en México durante este día.
  • La trama de la película Macario (1959), protagonizada por Ignacio López Tarso, tiene lugar durante la víspera de un Día de Muertos.
  • En el juego de computadora Grim Fandango de Tim Schafer (1998), el personaje Manny Calavera habita en la tierra de los muertos y debe realizar un largo viaje lleno de aventuras para alcanzar el descanso, e incluye muchas alusiones visuales y temáticas a la celebración. De hecho, el título original del juego era "Deeds of the Dead" (Voluntad de los muertos).
  • El clímax de la película Érase una vez en México se ubica en medio de un desfile durante el Día de Muertos.
  • La novela Days of the Dead, de Barbara Hambly, se desarrolla un Día de muertos, en 1835.
  • En la novela El árbol de la noche de brujas, de Ray Bradbury, los personajes contemplan la forma en que se celebra el Día de Muertos.
  • En la película The Crow: City of Angels, segunda parte de El Cuervo, se maneja la trama durante la celebración del Día de Muertos.
  • En un episodio de la serie animada Maya y Miguel se hace referencia al Día de Muertos.
  • La película mexicana de animación La leyenda de la Nahuala narra una historia que tiene lugar el 1 de noviembre de 1807.
  • En la película Blood in Blood Out (Sangre por sangre), la matanza que desatan los chicanos contra los blancos y los negros en la cárcel, por el control de ésta lo hacen a partir de esa fecha en honor a los muertos.
  • El cortometraje Hasta los huesos, de René Castillo, hace alusión al culto de la muerte en México.
  • La serie animada El Tigre: las aventuras de Manny Rivera, transmitida por la cadena Nickelodeon, tiene un capítulo especial dedicado al Día de Muertos.
  • La serie animada Mucha Lucha, tiene un capítulo especial dedicado al Día de Muertos.
  • El episodio de inicio de la telenovela La Reina del Sur muestra la celebración del Día de Muertos.
  • La película animada Scooby-Doo y el monstruo de México, los personajes principales son invitados a celebrar el Día de Muertos en Veracruz.
  • En el videojuego Little Big Planet hay un nivel llamado la ceremonia de la boda, basada en el Día de Muertos.
  • La trama de la película All souls Day (Día de los Muertos) de Jeremy Kasten, transcurre íntegramente en México durante la celebración del Día de los Muertos.
  • The Walt Disney Company anunció en 2012 que trabajaba en una película animada con la temática del día de muertos e intentó patentar el nombre "Día de los Muertos" en 2013 para comercializar la película, juguetes y hasta alimentos.[10] [11] Sin embargo desistió de esta última acción días después.
  • En la serie Mentes Criminales se pueden ver referencias en dos capítulos. El capítulo 19 de la primera temporada, "Machismo" transcurre en México y en el capítulo 6 de la novena temporada, "En la sangre", Penélope prepara un altar de muertos en el que participa todo el equipo.

Véase también

Referencias

  1. http://diadelosmuertos.yaia.com/historia.html
  2. «Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos». UNESCO Culture Sector. Consultado el 18-08-2010.
  3. Día de Muertos en México Mexico-Tenoch
  4. [Ramos, L. (1988) Culturas clásicas prehispánicas: las raíces de la América indígena Madrid : Anaya
  5. [1]
  6. Procuraduría Federal del Consumidor. «Calabaza en tacha». Consultado el 29 de octubre del 2014.
  7. * Mexico and the United States, Marshall Cavendish, 2002, ISBN 0761474021 
  8. [2] Diariocultura.MX
  9. [http://www.milenio.com/monterrey/velorio-penas-pan_0_182981745.html
  10. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2013/05/08/18920134-renuncia-estudios-disney-al-proyecto-de-registrar-201cdia-de-muertos201d
  11. http://www.cnnexpansion.com/negocios/2013/05/09/disney-intenta-patentar-dia-de-muertos

Bibliografía

  • Revista Disfruta Xochimilco, ayer y hoy. Especial de Día de Muertos. No. 5, octubre de 2004. Xochimilco, México, D.F.
  • CHIN/RCIP Festividades de los Días de Muertos
  • Ramos, L. (1988). Culturas clásicas prehispánicas: Las raíces de la América indígena. Madrid: Anaya.
  • W Radio (noviembre de 2009). Sandra Lorenzano habla sobre el libro Idea de la muerte en México' de Claudia Lomnitz (consultado el 1 de noviembre de 2009)
  • Ochoa, J. (1974). La muerte y los muertos. México: SepSetentas.
  • Universidad Nacional Autónoma de México (1998). Ofrenda de Muertos. México: UNAM.
  • Florescano, E. (1995). Mitos mexicanos. México: Aguilar Nuevo Siglo.
  • Almeida, A. (2009). Altar de Muertos: una tradición

Enlaces externos