Mictlán

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"La vida y muerte van de la mano", descrito en el Códice Laud.

El Míctlān o Mictlán (náhuatl: mictlān, ‘'lugar de muertos'’mik- 'muerto'; -tlān locativo’)? según la mitología mexica es el nivel inferior de la tierra de los muertos. En él existen diferentes recintos a donde irían los difuntos muertos por muerte natural a través del "camino de los muertos", el rumbo del que llegarían por igual los nobles y plebeyos, sin distinción de rango ni riquezas, a excepción de aquellas personas que no morían ni en guerra, ni durante el parto (estos iban al Tonatiuhichan o Casa de Tonatiuh), ni por muerte relacionada con el agua, el rayo y los padecimientos como la hidropesía, las tumefacciones o enfermedades como la lepra, la gota y el herpes (estos iban al Tlalocán o Casa de Tláloc). Se creía necesario que para que el muerto llegase hasta el trono de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl debía hacer un extenso viaje de cuatro años a través de los nueve estratos subterráneos.[1] Al igual que con otros aspectos de la religión mesoamericana, nuestros conocimientos sobre el Mictlan proceden en su mayoría de fuentes coloniales[2] . La interpretación que diversos religiosos del siglo XVI hicieron sobre el Mictlan lo vínculan a la idea que del Infierno judeo cristiano tenían. Sin embargo, la característica principal del Infierno, el castigo por pecado, parece no estar presente en el Mictlan.

  1. Itzcuintlán (náhuatl: itzcuintlān, ‘el lugar de los perros’itzcuin(tli), filoso (de mordida filosa) perro; -tlān, lugar donde abunda algo’)? lugar habitado por los perros Xoloitzcuintle, donde el difunto tendría que cruzar el río ancho Apanohuáyan (náhuatl: apanoayān, ‘el lugar donde se tiene que cruzar el agua’ā(tl), agua; panoa, cruzar; -hua, que tiene; -yān, lugar’)? que para atravesarlo, éste necesitaba la fuerza del perro Xoloitzcuintle; que en vida se criaba sólo para tal menester y al que le ponían un hilo flojo de algodón en su pescuezo para cuando el difunto llegase a la ribera del Apanohuáyan. Si el perro lo reconocía como su verdadero amo, lo cruzaba a cuestas nadando, despojándolo de sus vestimentas mortales, pero si en vida, el sujeto no había tratado bien a algún perro, como castigo, el cadáver del muerto permanecía ahí por toda la eternidad sin liberar el tonalli.[3]
  2. Tépetl Monamicyan (náhuatl: tepētl monāmicyān, ‘el lugar de los cerros que se juntan’tepētl, cerro; mo-nāmic 'estrecharse, apretarse, juntarse'; -yān, lugar’)? lugar donde existían dos cerros que se abrían y se cerraban chocándose de entre sí y de manera continua para que los cadáveres de los muertos debieran cruzar de entre ellos sin ser triturados.
  3. Itztépetl (náhuatl: itztépētl, ‘el cerro de obsidiana’itz(tli) 'cuchillo, navaja, obsidiana'; tepētl, cerro’)? lugar donde se encontraba un cerro cubierto de filosos pedernales que desgarraban a los cadáveres de los muertos cuando éstos tenían que escalarlo para cumplir su trayectoria.
  4. Itzehecáyan (náhuatl: itzehēcayān, ‘el lugar del viento de obsidiana’itz-, cuchillo, navaja, obsidiana; ehēca- 'viento'; -yān, lugar’)? lugar desolado de hielo y piedra abrupta, una sierra con aristas cortantes compuesta de ocho collados en los que siempre caía nieve llamados Cehuecáyan (náhuatl: cehuecayān, ‘.El lugar que tiene nieve’cēc-, nieve; -hui, que tiene; -ca; -yān, lugar’)?.
  5. Pancuecuetlacáyan (náhuatl: pancuecuetlacayan, ‘el lugar donde la gente vuela y se voltea como banderas’pan- 'pendón, bandera'; [cue]cuepa, voltear; tlāca-, persona; yan, lugar’)? lugar que se ubicaba al pie del último collado o colina del Itzehecáyan. Ahí empezaba una zona desértica de ocho páramos donde existían vientos congelantes que cortaban los cadáveres de los muertos con múltiples puntas de pedernal al recorrerlo.
  6. Temiminalóyan (náhuatl: temiminaloyan, ‘el lugar donde la gente es flechada’te, persona; mitl, flecha; mi, tirar, echar; mina, tirar flechas; lo, a; yan, lugar’)? lugar donde existía un extenso sendero en cuyos lados manos invisibles enviaban puntiagudas saetas para acribillar a los cadáveres de los muertos que lo atraviesan; saetas perdidas durante batallas que el muerto debía evitar para no ser flechado y desangrarse.
  7. Teyollocualóyan (náhuatl: teyollocualoyan, ‘el lugar donde se come el corazón de la gente’te, persona; yolotli, corazón; cua, el que come; yan, lugar’)? lugar donde habitaban fieras salvajes que abrían los pechos de los muertos para comerles el corazón, ya que sin este órgano el difunto caía en el río Apanuiayo (náhuatl: apanuiayo, ‘él que tiene que venir desde el agua’alt, agua; pam, desde; hui, que tiene; yotl, el que viene’)? fosa llena de aguas negras en el que estaría la lagartija gigante Xochitónal, paraje del que debatiéndose por largo rato en aguas negras, lograría al fin salir. Pero allí no acaba su sufrimiento, pues habría de atravesar un valle lleno de hondos ríos, que en total serían nueve, llamados Chicunahuapan, y por fin llegar al Mictlán.
  8. Itzmictlán Apochcalocán (náhuatl: itzmictlan apochcalocan, ‘el lugar de la muerte por obsidiana y del templo que humea con agua’itztli, cuchillo, navaja, obsidiana; micqui, muerto; titlan, lugar; alt, agua; poctli, humear, nevar; calpulli, templo; can, lugar’)? lugar lleno de niebla grisácea que enceguecía a los muertos, y así perdiéndose durante su traslado a través de un valle lleno de nueve hondos ríos conocido como Chicunahuápan (náhuatl: chihunahuapan, ‘desde las nueve aguas’chicu, cinco; nahui, cuatro; alt, agua, pam, desde’)?.
  9. Mictlán (o alternativamente Chicunahuápan), lugar donde habitaban Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, los señores de la muerte, que tras una larga trayectoria, los muertos se liberaban finalmente de su "tonalli", una suerte de alma,[4] logrando así el descanso anhelado recibiendo una grata compensación, porque al caer la tarde, el atardecer, desaparecía el astro Sol desde el horizonte, por lo que cada noche, Tonatiuh bajaba a iluminar el Mictlán.

En ocasiones Chicunahuápan es puesto como el noveno estrato subterráneo, y el Mictlán al final como el último recinto sagrado de los señores de la muerte, Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, o bien también como el espacio total del inframundo. Por otra parte, también existían otros sitios donde los difuntos iban tras su forma de morir, Tonatiuhichan, Tlalocán y Cincalco.

Referencias[editar]

  1. SAHAGÚN, Bernardino de. Historia General de las Cosas de Nueva España. Madrid, Alianza Editorial, 1988, p. 221 (Edición preparada por Alfredo López Austin)
  2. OLMOS, Andrés de. Tratado de hechicerías y sortilegios. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996. (Edición y paleografía de Georges Baudot).
  3. Cecilio Agustín Robelo (1905). Biblioteca Porrúa. Imprenta del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. ed (en Español). Diccionario de Mitología Nahua. México. ISBN 978-9684327955. 
  4. AULEX

Véase también[editar]