Antonio Nariño

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Antonio Nariño
Antonio Nariño

19 de septiembre de 1811-29 de agosto de 1813
Predecesor Jorge Tadeo Lozano
Sucesor Manuel Benito de Castro

Sucesor José Ramón de Leyva

Sucesor Camilo Torres Tenorio, como Presidente del Congreso

Sucesor José María del Castillo y Rada

19 de septiembre de 1811-29 de agosto de 1813
Predecesor Jorge Tadeo Lozano
Sucesor Manuel Benito de Castro

Datos personales
Nacimiento 9 de abril de 1765
Santafé, Nueva Granada Bandera del Imperio Español
Fallecimiento 13 de diciembre de 1823 (58 años)
Bandera de la Gran Colombia Villa de Leyva, Colombia Bandera de España
Cónyuge Magdalena Ortega de Nariño
Profesión Periodista, Político, Militar
Tratamiento Su Excelencia, don

Antonio Amador José de Nariño y Álvarez del Casal (Santafé, 9 de abril de 1765Villa de Leyva, 13 de diciembre de 1823) fue político y militar neogranadino de destacada actuación en los albores de la independencia del Virreinato de Nueva Granada. Junto al generalísimo Francisco de Miranda, Pedro Fermín de Vargas, José Cortés de Madariaga y Eugenio Espejo se le considera precursor de la emancipación de las colonias americanas del Imperio español.

Del matrimonio contraído en Santafé el 8 de septiembre de 1758 por Vicente de Nariño y Vásquez con la distinguida dama criolla Catalina Álvarez del Casal (en 1739, Santafé) nacieron ocho hijos entre los cuales Antonio fue tercero. Por su cuna perteneció a ilustres e influyentes familias virreinales de inmediato origen español y lo adornaron cualidades de buen porte, simpatía personal, temperamento alegre y mente abierta a las novedades. Por un tiempo fue becario real en el Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé y a sus 16 años de edad, como abanderado de un batallón de milicias creado para contener a los comuneros de 1781, hubo de presenciar el terrible espectáculo del tormento y ejecución de José Antonio Galán y sus compañeros en la Plaza Mayor de Santafé. Insaciable curiosidad intelectual lo llevó a acrecentar su biblioteca que, en buena parte heredada de su padre, llegó a contener de más de dos mil volúmenes lo que era una rareza y un privilegio en su época. Fascinado por el movimiento europeo de la «Ilustración» se convirtió en entusiasta propagador de esas ideas durante las frecuentes tertulias en su «Arcano de la Filantropía». Antonio Nariño viaja hacia Santafé y se lleva la sorpresa de que a los criollos no se les es tratado justamente, por lo cual él siendo el único personaje que tenía una imprenta en esa época traduce del francés los derechos del hombre y del ciudadano y los reparte por todas las casas a la madrugada, lo que lo llevó a estar preso un tercio de toda su vida; por lo cual, se le considera uno de los patriotas más valientes.

Primeras ocupaciones[editar]

Atraído hacia las actividades comerciales especulativas no menos que por atender necesidades de salud viajó muy joven a Cartagena de Indias donde emprendió algunas aventuras que más tarde, ya de regreso en su natal Santafé, alternó con brillante carrera civil. Alcalde de primer voto en 1789, tesorero de diezmos del arzobispado, regidor y alcalde mayor provincial, 1791-1793. Su fulgurante carrera lo llevó rápidamente a convertirse en el mayor exportador de quina, café y té de la capital neogranadina. Se casó en 1784 con Magdalena Ortega de Nariño (Santafé, 1762 - Santafé, 1811), hija de José Ignacio de Ortega y Gómez de Salazar y de Petrona de Mesa y Moreno. El matrimonio tuvo seis hijos: Gregorio (n 1786), Francisco (n 1787), Antonio (n 1791), Vicente (n 1793), Mercedes (n 1798), Isabel (n 1801). Al enlazar las fechas en las que fueron concebidas Mercedes e Isabel, en las que Nariño se encontraba preso, se han creado conjeturas alrededor de una posible infidelidad de parte de su esposa, doña Magdalena, pero esto carece de pruebas históricas así como no hay siquiera indicios de que doña Magdalena tuviera algún tipo de relación afectiva con otro hombre distinto a Nariñocatalina steffany hernandez cruz .

Comienzan los problemas de Antonio Nariño. Primeras prisiones[editar]

La vida de Antonio Nariño fue larga y accidentada. La traducción y publicación clandestina (al parecer el 15 de diciembre de 1793) de la «Declaración de los Derechos del Hombre»[1] , incendiario documento originado en Francia cuya circulación había sido prohibida en las colonias españolas por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, lo llevó a prisión en Santa Fe (29 de agosto de 1794) y posteriormente al exilio como reo de alta traición (30 de octubre de 1795). Aprovechando un descuido a su llegada a Cádiz, escala de un viaje con destino final en África, se dio a la fuga para permanecer por corto tiempo en Europa antes de regresar en secreto a Santa Fe (abril de 1797), en donde después de un constante acoso a sus familiares por algunos meses convino en entregarse voluntariamente (julio de 1797) al virrey Pedro Mendinueta, confiado en que pronto obtendría su libertad a cambio de la información que ofreció proporcionar. Esta información hacía relación a la conspiración que él con varios socorranos y antiguos miembros de la insurrección comunera ocultos en la Provincia de Casanare habían coordinado,

en derrocar el régimen virreinal apoyando y facilitando la invasión de un ejército británico, que entraría por el río Orinoco, se asentaría en Trinidad en la Provincia de Casanare y desde allí atacaría a Santa Fe de Bogotá, teniendo en cuenta que las tropas virreinales se ubicaban protegiendo las fronteras en Darién, Caribe y Riohacha, y no había fuerzas significativas que protegieran el flanco oriental de los Llanos.[2]  Contra lo que esperaba, se le mantuvo en prisión por varios años hasta cuando finalmente el virrey accedió a mejorar sus condiciones temiendo su próxima muerte y permitió que se trasladara con su familia a una hacienda en inmediaciones de Santa Fe (mayo de 1803). Allá permaneció en reclusión domiciliaria hasta que en noviembre de 1809 fue nuevamente apresado bajo sospechas de hacer parte de una conspiración contra el gobierno. Remitido a Cartagena,  quedó confinado en prisión hasta principios de junio de 1810, cuando la junta provincial de gobierno establecida desde el 22 marzo anterior atendió su solicitud de libertad bajo fianza gracias a las gestiones del comisionado regio Antonio Villavicencio y a la ayuda de su amigo y favorecedor Enrique Somoyar en la consecución de fiadores. 

En diciembre de 1810, (cuando ya se había dado el grito de independencia), Nariño regresó a Santa Fe a tiempo para participar en la organización del Congreso de las Provincias de la Nueva Granada que se instaló el día 22 del mismo mes y del que fue designado secretario. En tal condición contribuyó a contener las aspiraciones separatistas de Cartagena.

El 17 de abril de 1811, Nariño presentó al Tribunal del Gobierno de Santa Fe, la siguiente nota que contenía la traducción de los Derechos del Hombre que él publicó años atrás:

"Para que el público juzgue los 17 artículos de 'Los derechos del hombre' que me han causado los 16 años de prisiones y de trabajos que se refieren en el antecedente escrito, los inserto aquí al pie de la letra, sin necesidad de advertir que se hicieron por la Francia libre y Católica porque la época de su publicación lo está manifestando. Ellos no tenían ninguna nota que hiciese la aplicación a nuestro sistema de aquel tiempo; pero los tiranos aborrecen la luz y al que tiene los ojos sanos".[3]

Triunfos pasajeros y nueva prisión[editar]

El 30 de agosto de 1811, a los diecisiete años del día de su captura por la traducción e impresión de la Declaración de los Derechos del Hombre Nariño se recibió de corregidor de la ciudad. El 19 de septiembre, sus críticas provocaron la dimisión del primer presidente del Estado de Cundinamarca Jorge Tadeo Lozano (electo en abril del mismo año) y Nariño fue proclamado en su lugar, y en permanente antagonismo con Camilo Torres, presidente del Congreso de las Provincias Unidas.

Durante casi seis años, el antiguo Reino de Nueva Granada (actual Colombia), vive una época que la historia conoce con el nombre de la Patria Boba. Cada provincia proclama sus autoridades, cada aldea tiene su Junta independiente y soberana, la palabra federalismo se convierte en la soberbia doctrina de la impotencia. Tras participar en lo que se ha llamado la primera guerra civil de la Nueva Granada, que lo opuso a otras figuras de la Independencia como Francisco de Paula Santander, Antonio Baraya o Atanasio Girardot,[4] Nariño propuso a los federalistas que se unieran para así evitar la reconquista española.

En septiembre de 1813 delegó la presidencia en su tío Manuel de Bernardo Álvarez para salir a la cabeza de las fuerzas combinadas de Cundinamarca y las Provincias Unidas a tratar de contener el avance de fuerzas españolas dirigidas desde Quito en una campaña militar en el sur. La campaña, inicialmente exitosa, hizo que el general Juan de Sámano retrocediera y pudieron llegar así entonces a Popayán, donde Nariño y sus hombres tuvieron que parar a descansar y a replantear su estrategia. La división interna de su ejército auspiciada por los partidarios de Camilo Torres Tenorio hizo que el ejército tuviera numerosas deserciones además de las enfermedades que atacaron a los soldados a causa de lo inhóspito de los caminos recorridos.

Al salir hacia Pasto el ejército iba mermado y el recorrido estuvo acompañado por constantes ataques de guerrillas y por territorios selváticos que dificultaban el paso a los soldados patriotas. Cuando llegaron a Pasto fueron recibidos por el ejército realista y lucharon todo el día. Nariño había dejado 500 hombres en la retaguardia para posible refuerzo; en Pasto el ejército se divide en tres para contrarrestar el ataque enemigo y casi con la victoria segura Nariño y dos de las partes del ejército se atrincheran para descansar. En esto los emisarios de la tercera parte no encontraron restos a sus compañeros y pensando que habían sido acabados dieron la noticia que todos habían perecido. Fue allí cuando el temor se apodera de todos y regresan a la base con la noticia de que todos en Pasto habían muerto y que el General Nariño también, entonces toda la retaguardia y los soldados que habían llegado de pasto se retiraron. Al anochecer Nariño piensa en volver a su base y recoger a los soldados que estaban allí para acabar con los Realistas de una vez, pero cuando llegaron a buscarlos como refuerzo no encontraron nada y el ejército que acompañaba a Nariño lo abandona y decide volver a Popayán. Nariño envía a su hijo con ellos con la excusa de llevar una razón, pero en realidad era para que se salvara. El General Nariño había quedado completamente solo en medio de las montañas sin comida y decepcionado, ya que todos lo habían abandonado, entonces en un acto de valentía sin precedentes decide entregarse en vez de huir. Nariño fue puesto prisionero el 10 de mayo de 1814. El pueblo pastuso pedía su cabeza ya que la región de Pasto era muy fiel a la corona española, y aunque Nariño al principio era no grato en esa región, a su salida prisionero a Quito el pueblo salió a las calles en silencio a despedirlo como símbolo de respeto y admiración, después Nariño es enviado a Cádiz, parte de su ejército siguió hasta Popayán pero ante la presión del ejército español los granadinos debieron retirarse hacia territorios del Valle del cauca en octubre del mismo año.

Regreso a la patria: Vicepresidencia y Congreso[editar]

Luego de disfrutar por un corto lapso de su libertad en Europa, Nariño reapareció en Angostura a mediados de febrero de 1821. El Libertador lo acogió con amabilidad y lo designó vicepresidente interino de la recién formada unión colombiana con el preciso y urgente encargo de acudir a instalar el Congreso Constituyente en Villa del Rosario de Cúcuta, lo que verificó en 5 de mayo de ese año. Diversas circunstancias llevaron a Nariño a renunciar a su alta investidura apenas dos meses más tarde (5 de julio) para proseguir a Santafé.

Entre tanto, el mismo congreso lo eligió en ausencia al término se sus deliberaciones (el 9 de octubre de 1821) como senador para sus próximas sesiones que se iniciarían en Santafé a partir del primer día de 1823; pero su curul fue sorpresiva e inmediatamente impugnada por un par de jóvenes políticos por considerarlo indigno de ella. El congreso de Cúcuta acordó mantener la elección, pendiente de la defensa que tendría que hacer el impugnado al iniciar las sesiones en la capital.

Debido a la acusación de traición a la patria por diversas acciones de su pasado, el 14 de mayo de 1823 Nariño compareció en Santafé ante el pleno del congreso para defenderse públicamente de las acusaciones de que había sido objeto en Cúcuta al momento de su elección como senador.[5] De una manera emotiva, y mediante una documentada exposición de argumentos incontestables dejó sin piso las tres acusaciones en su contra, que fueron:

  1. Haber quedado deudor fallido de las sumas que resultaron a su cargo en 1794 mientras se desempeñaba como tesorero de diezmos del arzobispado en Santafé
  2. Haberse entregado voluntaria y cobardemente al enemigo a las puertas de Pasto en inexplicable corolario de la exitosa campaña militar que hasta ese mismo día había conducido desde Santafé
  3. Haber permanecido por su gusto ausente del país hasta pocos meses antes de su elección como senador en Cúcuta.

El 20 del mismo mes, Nariño resultó absuelto incondicionalmente y su derecho a posesionarse como senador le fue reconocido sin objeciones. Desde ese día asistió a las sesiones del congreso a tiempo que su salud desmejoraba visiblemente.

Últimos años[editar]

Documento De Enfermedad Antonio Nariño
Vivienda en la que habitó Antonio Nariño los últimos meses de su vida, convertida en un museo.

Luego de su liberación y estadía en Europa, regresó a Bogotá a finales de 1821, donde a pesar de su precario estado de salud se mezcló en la vida política del país.

En agosto de 1823 cayó seriamente enfermo y se le aconsejó por parte de los médicos se trasladada a un clima más cálido.

Nariño se vio en la necesidad de solicitar una licencia para trasladarse a un mejor clima tras la clausura de las sesiones ordinarias del congreso el 6 de agosto.

El general Nariño vuelve a visitar la población de Pacho, en Cundinamarca; se dice de la existencia de una carta suya que data del 27 de octubre de 1823 de Villa de Leyva dirigida al H. Manuel Mejía Quijano, en la que se lee: "En Pacho me eché una infusión acuosa de ruda, y aquí solo me he bañado con agua y un poco de agua de colonia".

Eligió la población de Villa de Leyva donde mejoró su salud durante algunos meses, sin embargo a principios de diciembre fue víctima de una afección pulmonar que lo llevó rápidamente a la muerte el 13 de diciembre de 1823 a la de edad de 58 años.[6]

Sus restos se encuentran en la Catedral Primada de Bogotá.

Nariño, periodista[editar]

Acuarela de Ricardo Acevedo Bernal.

Desde su infancia Nariño se aficionó a la lectura, inicialmente bajo la orientación de sus padres con el propósito de suplir la educación que no podía recibir en el colegio debido a sus problemas de salud. Durante toda su vida conservó el apego a los libros y, por extensión, a los impresos que por la época de su primera juventud debieron ser muy escasos. Enrique Santos Molano, documentado biógrafo de finales del siglo XX, postula que las primeras incursiones de Nariño en el periodismo acaso se remonten a la aparición de los primeros impresos de esa naturaleza que circularon en la capital virreinal.

Aviso del terremoto fue una publicación efímera pero pionera en el periodismo neogranadino. Su primer número apareció a continuación del desastre natural (ocurrido el 16 de julio) con noticias lo acaecido en la capital en los días precedentes. El modesto impreso debió gozar de buena acogida entre el escaso público lector de aquellos días pues al cabo de otro par de entregas (25 de julio y 18 de agosto) que presumiblemente agotaron el tema que le dio origen fue seguida por la «Gazeta de Santa Fe», cuyo primer número salió el 31 de agosto y parece haber sido seguido por siquiera otros dos números al final de cada uno de los meses subsiguientes.

De allí en adelante la publicación de impresos se suspendió por varios años en Santa Fe, hasta que a fines de 1790 se produce la llegada del periodista cubano Manuel del Socorro Rodríguez traído por el virrey José de Ezpeleta para dirigir la Real Biblioteca instituida desde 1777. Editado por ese mismo funcionario, el miércoles 9 de febrero de 1791 empieza a circular el semanario «Papel periódico de Santa Fe», impreso con licencia del superior gobierno en la Imprenta Real. A partir del segundo número aparecerá los viernes y para su número cuatro ya contaba con una lista de 150 suscriptores encabezados por el virrey y la virreina. Desde un principio Nariño se convirtió en colaborador asiduo del nuevo periódico, y el mismo biógrafo recién citado lo supone promotor y principal aportante para la subvención de los costos de impresión no cubiertos por las suscripciones basado en la circunstancia de que cuando la vieja imprenta de los jesuitas pronto se dañó irreparablemente fue Nariño quien importó desde España, en 1792, los nuevos equipos y elementos requeridos para que el periódico pudiera seguir apareciendo. En cualquier caso, el primer artículo identificable como de Nariño que allí aparece publicado es el breve ensayo «Los frutos del árbol noble» inserto en el tercer número del periódico, correspondiente a febrero 25 de 1791. Frecuentes colaboradores del mismo periódico fueron, además del director y Nariño, los entrañables amigos de este último Pedro Fermín de Vargas y Francisco Antonio Zea.

A comienzos de 1794, Nariño al fin pudo hacer realidad una idea que rondaba su mente de tiempo atrás pero cuya puesta en ejecución había tenido que diferir a causa de sus múltiples ocupaciones y responsabilidades. En un salón de su casa en la plazuela de San Francisco, especialmente acondicionado y decorado para el efecto, estableció sede para las tertulias habituales de un grupo de intelectuales y personalidades de la sociedad santafereña que se congregarían allí ostensiblemente con el propósito de ilustrarse mutuamente con el producto de sus lecturas y el recuento de diversas experiencias y viajes a ultramar. A usanza de una época en que se carecía de medios de comunicación social, estas reuniones constituían lo que por entonces se conocía como un casino literario al que el propio Nariño asignó el apelativo de «Arcano de la Filantropía» y cuya plana de fundadores incluía, además del anfitrión, a sus amigos José María Lozano, heredero del marqués de San Jorge y hermano mayor de Jorge Tadeo, José Antonio y Juan Esteban Ricaurte, Luis y José Luis de Azuola, Francisco Antonio Zea, Joaquín Camacho, Francisco Tovar y el doctor Iriarte.

Por los mismos días de fines de 1793 o principios de 1794 Nariño procedió a imprimir su propia versión al castellano del texto francés relativo a los derechos humanos, al que se hizo alusión arriba, en temeraria o imprudente acción que habría de ser causa de interminables problemas.

Años más tarde, el domingo 14 de julio de 1811, casual o intencionalmente en coincidencia con el aniversario de la toma de la Bastilla (1789, París), Antonio Nariño inició en Santa Fe la publicación de un semanario al que llamó «La Bagatela». Era un periódico de crítica política que se proponía divulgar y hacer más efectiva su tarea de oposición a las ideas federalistas del incipiente gobierno al propio tiempo que propender por la declaración de la independencia absoluta de la Nueva Granada y la instauración de una república democrática. El nuevo periódico salió de la misma Imprenta Real, ahora regentada por Bruno Espinosa de los Monteros, que más de dos décadas atrás había impreso el «Aviso del Terremoto» y la «Gazeta de Santa Fe». La pluma de Nariño se demostró tan demoledora que a poco andar (el 19 de septiembre del mismo año) originó una conmoción popular que derribó el gobierno de Jorge Tadeo Lozano, primer presidente de Cundinamarca, para instalar al periodista en el poder. Nariño ejerció dicha presidencia por espacio de dos años, hasta cuando en septiembre de 1813 salió a la cabeza de la expedición militar al sur que pretendía detener el avance de tropas realistas enviadas desde Quito.

Las ocurrencias y vicisitudes de los años siguientes silenciaron a Nariño. En abril de 1820, recién salido de su última prisión (Cádiz, 1816-1820) y desde un pasajero refugio en la inmediata Isla de León, denunció los excesos de Pablo Morillo en el proceso de pacificación de Costa Firme y Nueva Granada entre 1815 y 1820. Bajo el seudónimo de Enrique Somoyar, Nariño escribió sus célebres cartas «Cartas de un americano a un amigo suyo», presuntamente suscritas por su antiguo benefactor en Cartagena (para entonces difunto). Por los mismos días, Nariño redactó una «Representación al rey de varios individuos americanos de Costa Firme y Suramérica residentes en Cádiz» suscrita por Juan Miguel de Quiroga con otros veintiocho patriotas, comunicación seguida por otra originada en la Sociedad Patriótica de Isla de León que presidía el mismo Nariño.

Algunos años después, de regreso en Santa Fe y cuando ya se acercaba al final de su vida, en respuesta a múltiples y reiterados ataques de que venía siendo objeto, agudizados tras la aparición del periódico gobiernista «El Patriota» el 26 de enero de 1823, Nariño publicó, el 5 de marzo, la primera entrega de un periódico llamado «Toros de Fucha» mediante el cual criticaba el gobierno centralista del Vicepresidente Santander, en oposición a su otra lucha de 1812 en favor de esta forma de gobierno.[7] Esta publicación causó estragos a la imagen del gobierno del vicepresidente Francisco de Paula Santander. Una aparente queja allí contenida sobre mordazas a la libre expresión llevó al Santander a pedirle explicaciones, de manera más bien conminatoria, según lo narró la segunda entrega del papel, el 7 de abril.

En esta última publicación acuñó la afortunada expresión de patria boba, para referirse a los años iniciales de nuestra nacionalidad (1810-1816) al presentar su posición en torno a las tesis encontradas de federalismo y centralismo.

Nariño, político[editar]

Mimado por lo más selecto de la sociedad santafereña a la que pertenecía por nacimiento, insuperablemente ilustrado entre sus contemporáneos a través de constantes y variadas lecturas, y siempre en los mejores términos con las autoridades virreinales, Antonio Nariño se encaminó desde muy temprano a actividades políticas que supo combinar con exitosas especulaciones financieras y comerciales que lo llevaron a acumular una fortuna en el transcurso de pocos años.

Alcalde de segundo voto elegido por el cabildo de Santafé para el año de 1789 como segundo de su entrañable amigo el mayorazgo de la casa del marqués de San Jorge, José María Lozano de Peralta, a quien la misma corporación confirió la primera vara. Tesorero interino de diezmos del arzobispado, designado en julio del mismo año por el virrey Francisco Gil y Lemos en deliberada ignorancia del privilegio del cabildo eclesiástico para proveer tal cargo, fue confirmado acto seguido por el nuevo virrey José de Ezpeleta y Galdeano. Presumiblemente no habría en la Santafé de esos momentos otro personaje --aparte del virrey, el arzobispo y los oidores de la Real Audiencia-- comparable en rango, poder y distinción con Antonio Nariño. Acaso envanecido con esos logros y la preeminencia que ellos conferían, a fines de 1793 o comienzos de 1794 Nariño tuvo la audacia o la imprudencia de traducir y poner a circular el texto aprobado por la Asamblea Nacional de Francia a comienzos de la revolución (4 de agosto de 1789) consagratorio de derechos del hombre y del ciudadano que entraban en manifiesta contradicción con cuanto siglos de tradición habían consagrado como ley de la tierra en la totalidad de los reinos europeos. Esta acción de Nariño marcó el comienzo de su ruina personal y determinó que a través de altos y bajos su vida transcurriera de aquí en adelante mayormente en prisión.

Entre el momento de su captura en su casa de habitación en Santafé el 29 de agosto de 1794 y su liberación en Cartagena el 2 de junio de 1810, un lapso de casi dieciséis años, Nariño estuvo preso salvo el breve intervalo que pasó oculto en Europa y América entre el momento de su fuga en Cádiz (17 de marzo de 1796) y su entrega voluntaria en Santafé (19 de julio de 1797). A poco de este último hecho y ante las críticas que el encumbrado e ilustrado prisionero hacía al gobierno, el virrey Pedro Mendinueta le pidió que las formulara por escrito y propusiera soluciones, a lo que este se avino y en noviembre de 1797 sometió a consideración del representante del rey un informe que fue remitido por este a la corte en Madrid.

Tras su liberación en Cartagena, Nariño regresó a Santafé a tiempo para colaborar en la organización del primer congreso neogranadino del cual es designado secretario conjuntamente con Crisanto Valenzuela al inicio de sesiones en 22 de diciembre de 1810. Tras los sucesos del 20 de Julio el nuevo gobierno provisional había invitado a las provincias que integraban el antiguo virreinato de la Nueva Granada a enviar representantes a la capital con el fin de conformar un gobierno general que reemplazaría a la junta suprema de Santafé. Las provincias no vieron con buenos ojos el espíritu de preponderancia que desde un comienzo acusó la antigua capital virreinal --cuya junta, para general insatisfacción, se autodesignó «suprema». Desde un comienzo las opiniones se dividieron entre quienes desde Santafé proponían un modelo centralista de gobierno y los que desde las provincias, con la de Cartagena a la cabeza, propugnaban por uno federalista. El congreso se instaló con asistencia de representantes de las provincias de Santafé, Nóvita, Pamplona, El Socorro, Mariquita, y Neiva. Las demás provincias (Cartagena, Santa Marta, Medellín, Popayán, Pasto, entre ellas) se abstuvieron de concurrir para manifestar su aversión a las orientaciones de Santafé, a cuya junta acusaban de pretender imitar a la junta central de Sevilla para constituir un gobierno monstruoso y tan favorable a la capital como opuesto a los intereses de las provincias. La instalación corrió por cuenta del vicepresidente de la junta suprema de Santafé, el alcalde ordinario José Miguel Pey, quien tomó a los representantes juramento de defender la religión católica, sostener los derechos de Fernando VII contra el usurpador Napoleón Bonaparte y no reconocer autoridad distinta a las de las juntas provinciales y el congreso que se estaba instalando con expresa exclusión del Consejo de Regencia de España. Al cabo de un par de meses y sin haber decidido nada sustancial, distinto a decretar privilegios para sí mismo y disputar con la junta de Santafé, el congreso se disolvió sin pena ni gloria dejando burlados los anhelos del patriotismo. Los representantes por Pamplona y Mariquita se habían retirado antes de la clausura de sesiones.

En vista del fracaso en las tentativas para armar un gobierno general, Cundinamarca se propuso establecer el suyo particular. A partir del 27 de febrero de 1811 se reunió un Colegio Constituyente presidido por Jorge Tadeo Lozano, quien fue también designado primer presidente del nuevo Estado de Cundinamarca, con propósito de redactar una Constitución que en 30 de marzo logró aprobación a partir del proyecto del mismo Lozano y Luis Eduardo de Azuola con algunos apartes del propuesto por José María del Castillo y Rada, sobre dos bases fundamentales: profesión solemne de la fe católica y reconocimiento de Fernando VII por «rey de los cundinamarqueses» con sujeción a la misma Constitución. De espíritu federal pero sin abandonar la idea de un gobierno centralista para el antiguo virreinato, el código previó la eventual agregación de otras provincias que, en tal caso, se sujetarían a la misma carta fundamental. Antonio Nariño, centralista declarado, pasó a hacer oposición al nuevo gobierno desde su periódico «La Bagatela» cuyo primer número circuló, como quedó dicho, el 14 de julio de 1811.

La oposición de Nariño terminó pronto por tumbar al gobierno de Lozano (19 de agosto) y aquel fue aclamado popularmente por presidente. Por casi dos años se mantuvo Nariño en la presidencia de Cundinamarca, siempre enfrentado al Congreso de las Provincias Unidas que bajo la presidencia de Camilo Torres Tenorio se esforzaba en vano por lograr que se generalizara el sistema federal. Mientras tanto, tropas realistas dirigidas desde la presidencia de Quito invadieron el sur de la república y, tomada Popayán, amenazaban con avanzar hacia la capital. La emergencia hizo que Nariño y Torres concordaran en la necesidad de emprender una campaña militar conjunta que enfrentara y derrotara a los invasores. Nariño se ofreció a comandar los ejércitos combinados de Cundinamarca y las Provincias Unidas pero antes de partir pidió y obtuvo que Cundinamarca declarara su independencia absoluta respecto de España y de cualquier gobierno que no fuera el propio (16 de julio de 1813). Dejó las riendas del gobierno de Cundinamarca en manos de su tío Manuel de Bernardo Álvarez e investido del rango de teniente general salió de Santafé en 21 de septiembre de 1813.

Antes de la marcha al sur, el general Antonio Nariño autorizó a Don Jacobo Wiesner para que acometiera una exploración en la región de Pacho;en Cundinamarca, en busca de plomo, mineral cuya necesidad urgía para la época. En 1.814 no solamente fue hallado el tan anhelado plomo, si no "una gran mina de hierro, y aparente para acero" según consta en documentos públicos. Luego de esto el General Nariño en persona visita la región y con su característica visión de los negocios, examina las minas de cobre encontrándolo comercialmente explotable. Con el mineral extraído por Nariño de la mina "Algodonales" se fundé más tarde, las campanas de las iglesias de Pacho y Vergara y algunas piezas del conocido reloj de la casa consistorial de Pacho.


Una marcha inicialmente victoriosa terminó inesperadamente en fracaso al verse Nariño precisado a entregarse al jefe militar de Pasto en 14 de mayo de 1814. Los siguientes seis años los pasó de nuevo en prisión. De Pasto pasó a Quito y de allí a Guayaquil, en donde se le embarcó para Cádiz y allá permaneció preso hasta el 23 de marzo de 1820.

Nariño regresó a América por el Caribe y Venezuela. En 20 de febrero de 1821 se reportó al Libertador Simón Bolívar desde Angostura y este lo recibió con afecto e invitó a que se le reuniera en los llanos del Apure. Allí lo puso al tanto de las dificultades para instalar el congreso constituyente convocado en la Villa del Rosario de Cúcuta por el fallecimiento (en 9 de marzo) del vicepresidente interino, el jurista venezolano Juan Germán Roscio, y la grave enfermedad de su reemplazo, el general neogranadino Luis Eduardo de Azuola (quien falleció en 13 de abril). En consecuencia, Bolívar pidió a Nariño que se dirigiera sin tardanza a esa villa para, con igual rango de vicepresidente interino, proceder inmediatamente después de su llegada a instalar el congreso. Así lo verificó este último el 6 de mayo.

Diversos problemas precipitaron la renuncia del vicepresidente Nariño apenas al cabo de dos meses (en julio 5) y este, bastante afectado en su salud, se encaminó hacia la capital adonde llegó en los primeros días del mes de enero de 1822. De vuelta en su tierra natal tras una ausencia de más de ocho años, envejecido y enfermo buscó refugio en su casa de Fucha en donde permaneció en reposado aislamiento hasta cuando en octubre el gobierno del vicepresidente Francisco de Paula Santander lo designó comandante general de armas de la provincia de Cundinamarca y presidente de la comisión de repartimiento de bienes nacionales. Por esos mismos días el congreso de Cúcuta lo había elegido senador para sus próximas sesiones en Santafé a partir del primer día de 1823 pero su curul fue sorpresivamente impugnada por dos jóvenes políticos que lo consideraron indigno de ocuparla. Al cabo de los debates suscitados por la singular situación se convino en mantener la elección de Nariño, pendiente de la defensa que haría el impugnado al inicio de las sesiones en la capital.

En 3 de diciembre de 1822, próxima la fecha establecida para instalar las sesiones del congreso el primer día de 1823, Nariño fue oficialmente notificado de su elección como senador en Cúcuta y de la impugnación de la misma por tres cargos que se le hacían, a saber: haber quedado deudor fallido de las sumas que resultaron a su cargo en 1794 mientras se desempeñaba como tesorero de diezmos del arzobispado en Santafé; haberse entregado voluntaria y cobardemente al enemigo a las puertas de Pasto en inexplicable corolario de la exitosa campaña militar que hasta ese mismo día había conducido desde Santafé; y, haber permanecido por su gusto ausente del país hasta pocos meses antes de su elección como senador en Cúcuta. Por delicadeza, Nariño procedió al día siguiente de esa notificación a renunciar su empleo de comandante de armas de Cundinamarca aduciendo que la circunstancia en que lo dejaba la comunicación recibida le impidía seguir desempeñando cualquier función pública. Su renuncia fue reiterada en 1 de enero de 1823, fecha en que el congreso ante el que había de defenderse hubiera debido instalarse, y todavía en 1 de febrero. Pero apenas le fue aceptada en 12 de febrero y en ese mismo día Nariño entregó el cargo al general José María Cordova para dedicar casi todo su tiempo y empeño a la preparación de su defensa.

Apenas el 8 de abril de 1823 se instaló finalmente el congreso. Había natural expectativa de favorecedores y contrincantes políticos sobre la defensa que correspondía hacer al precursor Antonio Nariño sobre su derecho a ocupar la curul por Cundinamarca para la que había sido elegido por el mayor número de votos al cierre del congreso constituyente en Villa del Rosario (9 de octubre de 1821), pero algunos debates previos fueron dando largas a la iniciación de la intervención del impugnado. Nariño, por su parte, optó por abstenerse de concurrir a sesiones hasta poder iniciar su defensa, lo que ocurrió en mayo 14 cuando compareció ante el pleno del congreso para defenderse públicamente de las acusaciones de que había sido objeto en Cúcuta al momento de su elección como senador. Así el día 20 del mismo mes Nariño resultó absuelto incondicionalmente y su derecho a posesionarse como senador le fue reconocido sin objeciones. Desde ese día asistió a las sesiones del congreso hasta que solicitó licencia para trasladarse a un mejor clima tras la clausura de las sesiones ordinarias en 6 de agosto.

Nariño, militar[editar]

Antonio Nariño, 1765-1823.
Acuarela de Ricardo Acevedo Bernal
Jockey Club, Bogotá

Antonio Nariño no fue militar de carrera pues sus primeros pasos en esa dirección terminaron recién iniciados cuando a la temprana edad de su alto rango militar, cuando siendo presidente de Cundinamarca en septiembre de 1813 se ofreció para comandar en jefe las fuerzas unidas del Estado que gobernaba con aquellas de las Provincias Unidas de Nueva Granada, aportadas desde Tunja por su acérrimo rival político Camilo Torres Tenorio, con el fin de marchar al sur para recuperar a Popayán y evitar que tropas realistas avanzaran hacia el interior de la república en un empeño de invasión ordenado desde la presidencia de Quito.

El éxito inicial de la campaña, que Nariño condujo victoriosamente hasta las puertas de la ciudad de Pasto, se vio sorpresivamente interrumpido en 11 de mayo de 1814 cuando de manera inexplicable la avanzada que el mismo general en jefe comandaba resultó superada por un tropel de paisanos que, sin instrucción militar alguna ni armas diferentes a palos y piedras, pusieron en apresurada y desordenada fuga a los presuntos invasores.

Nariño optó por quedarse solo luego de despachar de regreso a Popayán (capital provincial que había retomado para los patriotas desde el 2 de enero) en procura de refuerzos a los oficiales de su entorno inmediato, entre quienes se contaba su propio hijo homónimo Antonio Nariño y Ortega. Cansado de deambular por los montes circundantes por unos días, el día 14 de mayo un hambriento y fatigado Nariño se entrega a merced de su oponente realista de las jornadas precedentes, mariscal Melchor Aymerich. Enemigo noble, Aymerich recibió a Nariño por prisionero pero dispuso que se le diera tratamiento correspondiente a sus muy elevados empleo y rango; y, para abundar en deferencias, denegó la solicitud del prisionero sobre ser enviado a Quito en la certeza de que el presidente Toribio Montes no le guardaría las mismas consideraciones y le haría fusilar sin vacilación. Se limitó a autorizarle que se dirigiera a él por escrito mientras que por su parte al día siguiente Aymerich ofició al general patriota José Ramón de Leyva en Popayán para notificarle la prisión del presidente de Cundinamarca.

Meses más tarde, en 4 de julio, desde su prisión en Pasto el presidente Nariño envia al gobierno de Cundinamarca su propuesta para un armisticio con Quito. El presidente encargado Manuel de Bernardo Álvarez pasó la propuesta al congreso para su consideración y este respondió favorablemente a la iniciativa que, sin embargo, no encontró acogida entre los realistas.

El día 15 de julio de 1815, Nariño fue remitido desde Pasto con destino a Quito por orden del presidente Montes. Al parecer hubo algunos intentos inútiles de patriotas granadinos para liberarlo a la fuerza en el trayecto. Llegado a su destino, fue despachado a Lima para ser embarcado con destino a Cádiz, adonde llegó a principios de marzo de 1816 para ser recluido en la cárcel pública donde permaneció los siguientes cuatro años; fue liberado en marzo 23 de 1820.

Véase también[editar]

Antes de la marcha al sur, el general Antonio Nariño autorizó a Don Jacobo Wiesner para que acometiera una exploración en la región de Pacho;en Cundinamarca, en busca de plomo, mineral cuya necesidad urgía para la época. En 1.814 no solamente fue hallado el tan anhelado plomo, sino "una gran mina de hierro, y aparente para acero" según consta en documentos públicos. Luego de esto el General Nariño en persona visita la región y con su característica visión de los negocios, examina las minas de cobre encontrándolo comercialmente explotable. Con el mineral extraído por Nariño de la mina "Algodonales" se fundé más tarde, las campanas de las iglesias de Pacho y Vergara y algunas piezas del conocido reloj de la casa consistorial de Pacho.

Referencias[editar]

  1. «Derechos del Hombre y del Ciudadano (Traducción) Por: Antonio Nariño». usergioarboleda.edu.co. Consultado el 10 de enero de 2014.
  2. "Los Comuneros Olvidados: La insurrección en 1781 en Los Llanos del Casanare", Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, Vol. XXXIII de 1996. Editado en 1997. Consultado en agosto de 2010 en [1]
  3. La traducción de los Derechos del Hombre y la Defensa de Nariño: las palabras derechos y libertades circulan como “noticia histórica”
  4. Samper Pizano, Daniel (10 de enero de 2012). «Un triste aniversario: 200 años de la primera guerra colombiana». Consultado el 4 de febrero de 2012.
  5. Antonio Nariño (mayo de 1823). «Discurso ante el Senado». Consultado el 8 de mayo de 2011.
  6. «Enfermedad y muerte de Nariño 1823». Biblioteca Luis Ángel Arango. Consultado el 8 de mayo de 2011.
  7. «Nariño vuelve á Bogotá y defiende ante el Senado su conducta de los ataques de sus enemigos». Biblioteca Luis Ángel Arango. Consultado el 8 de mayo de 2011.

Fuentes bibliográficas[editar]

  • Posada, Eduardo , Pedro María Ibáñez. El Precursor. Documentos sobre la vida pública y privada del general Antonio Nariño. Bogotá: Imprenta Nacional, 1903.
  • Acosta de Samper, Soledad. Biografía del general Antonio Nariño. Pasto: Imprenta del Departamento de Nariño, 1910.
  • Henao, Jesús María + Gerardo Arrubla. Historia de Colombia para la enseñanza secundaria. Bogotá: Librería Colombiana. Camacho Roldán & Cía., 1929.
  • Rivas, Raimundo. El Andante Caballero Don Antonio Nariño. Bogotá: Imprenta de la Luz, 1936.
  • Vergara y Vergara, José María. Vida y Escritos del General Antonio Nariño. Bogotá: Ministerio de Educación Nacional, 1946.
  • Vejarano, Jorge Ricardo. Nariño. Su vida, sus infortunios, su talla histórica. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1978.
  • Santos Molano, Enrique. Antonio Nariño. Filósofo Revolucionario. Bogotá: Planeta Colombiana Editorial, S. A., 1999.
  • Michelena, Carmen L.,Luces revolucionarias:De la rebelión de Madrid (1795) a la rebelión de La Guaira (1797),Caracas: CELARG, 2010

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Jorge Tadeo Lozano
Presidente de Cundinamarca
19 de septiembre de 1811 al 21 de septiembre de 1813
Sucesor:
Manuel de Bernardo Álvarez


Predecesor:
Juan Germán Roscio
Vicepresidente de la Gran Colombia
4 de abril al 5 de julio de 1821
Sucesor:
José María del Castillo y Rada

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