Juan II de Aragón

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Juan II de Aragón y I de Sicilia
Rey de Aragón, Rey de Sicilia y Navarra
Chuan II d'Aragón.jpg
Retrato imaginario del rey Juan II de Aragón, de Manuel Aguirre y Monsalbe. Ca. 1851-1854. (Diputación Provincial de Zaragoza).
Rey de Navarra
Royal Coat of Arms of Navarre (1425-1479).svg
1425-1479
(1425-1441: rey iure uxoris con Blanca I)
(1441-1479: rey de facto)
Predecesor Carlos III
Sucesor Leonor I
Rey de Aragón, Valencia, Mallorca y Cerdeña y Córcega
Royal arms of Aragon.svg
1458-1479
Predecesor Alfonso V
Sucesor Fernando II
Información personal
Nacimiento 29 de junio de 1398
Medina del Campo, Castilla
Fallecimiento 20 de enero de 1479 (80 años)
Barcelona
Entierro Sepulcros Reales del Monasterio de Poblet
Familia
Casa real Casa de Aragón[a]​-Casa de Trastámara
Padre Fernando I de Antequera
Madre Leonor de Alburquerque
Consorte Blanca de Navarra
Juana Enríquez
Descendencia véase Descendencia
Arms of the Aragonese Kings of Sicily(Crowned).svg
Escudo de Juan II de Aragón y I de Sicilia

Juan II de Aragón, el Grande o Juan sin Fe (Medina del Campo, Castilla, 29 de junio de 1398-Barcelona; 20 de enero de 1479) fue duque de Peñafiel, rey de Navarra (1425-1479), rey de Sicilia (1458-1468) y rey de Aragón, de Mallorca, de Valencia, de Cerdeña (1458-1479), hijo de Fernando I de Antequera y de Leonor de Alburquerque, condesa de Alburquerque. Fue padre, entre otros, de Fernando el Católico. Juan II fue uno de los monarcas más longevos del siglo xv. Según su principal biógrafo, el historiador Jaume Vicens Vives, «Juan II de Aragón aparece como el personaje de mayor fuerza en un siglo ya lleno de singulares personalidades políticas» ya que «centró en su persona los más candentes problemas que afectaban a los distintos reinos peninsulares: subversivismo nobiliar en Castilla, divisionismo social en Navarra, activismo revolucionario en Cataluña; y en política exterior, hundimiento de la potencialidad de los Señoríos italianos y retorno agresivo de la hegemonía medieval francesa. Por si ello no fuera bastante, queda aún vinculado a su persona el hecho del planteamiento de la unidad monárquica hispánica».[2]

Biografía[editar]

Nació el 29 de junio de 1398 en Medina del Campo (Reino de Castilla). Su padre era Fernando de Trastámara, segundo hijo del rey de Castilla y que cuando nació Juan contaba con dieciocho años de edad, y su madre Leonor de Alburquerque, tía de Fernando y sobrina del fundador de la dinastía Trastámara el rey Enrique II de Castilla. Fue el segundo de siete hermanos: Alfonso, Enrique, Sancho, Leonor, María y Pedro. Según Jaume Vicens Vives, «la circunstancia de que naciera en el corazón de Castilla y fuera segundogénito de un segundón, imprimió huellas indelebles en su carácter, su psicología y sus ambiciones. Fue un castellano de pura cepa, vinculado a Castilla por su nacimiento y por sus gustos y, asimismo por los intereses materiales que recibió en ella».[3]

Infante de Aragón[editar]

Al acceder su padre al trono de la Corona de Aragón en 1412 en virtud del compromiso de Caspe y convertirse su hermano mayor en el heredero del mismo, Juan, con sólo catorce años de edad y con el único título de señor de Castrojeriz, se convirtió en el futuro señor de las enormes posesiones de la familia en Castilla.[4]​ Con motivo de su coronación en Zaragoza en febrero de 1414, su padre el rey Fernando I le concedió el ducado de Peñafiel, como expresión de su jefatura en la representación de los intereses familiares castellanos.[5]

Escudo como Infante de Aragón y Duque de Peñafiel.

Poco después, debido a la petición de una embajada del Parlamento de Sicilia de que designara a un miembro de su familia como nuevo rey de la isla, Fernando accedió a nombrar a su hijo Juan como lugarteniente real de Sicilia. Al mismo tiempo el rey Fernando concertó para su hijo el matrimonio con la reina Juana II de Nápoles que acababa de heredar el trono del reino de Nápoles tras la muerte en agosto de 1414 de su hermano el rey Ladislao de Anjou. Sin embargo, el proyectado matrimonio, que incluía una cláusula por la que si la reina moría antes que su esposo ―lo que era lo más probable pues era mucho mayor que él― el reino de Nápoles pasaría a este, acabó frustrándose ante el cambio de opinión de la reina napolitana que decidió casarse con el noble francés Jaime II de La Marche.[6]​ Al llegar a Sicilia en abril de 1415 Juan conoció a la reina Blanca de Navarra, viuda del rey Martín I de Sicilia y que había ostentando la lugartenencia real siciliana desde el acceso al trono de la Corona de Aragón de Fernando I. Al parecer el joven Juan, que contaba entonces con diecisiete años de edad, quedó prendado de su belleza. Sin embargo, Blanca, trece años mayor que él, enseguida abandonó Sicilia para volver junto a su padre el rey de Navarra.[7]

A la muerte de su padre Fernando I de Aragón en 1416 recibe la mayor parte de sus posesiones y títulos de Castilla, además del ducado de Montblanch, y abandona Sicilia, dejando el cargo de la lugartenencia real, que pasó a ser ocupado por el enviados del nuevo rey Alfonso el Magnánimo, Domingo Ram y Lanaja, obispo de Lérida, y el noble Antonio de Cardona.[8]​ A su vuelta a la península ―desembarcó en la playa de Murviedro el 21 de septiembre de 1416― se dirige a Castilla para ocuparse de las posesiones que le había legado su padre. Allí asistió a la ceremonia del matrimonio entre su hermana María y el rey Juan II de Castilla, celebrada en Medina del Campo el 20 de octubre de 1418, meses antes de que el 7 de marzo de 1419 fuera proclamada la mayoría de edad del rey por las Cortes de Castilla reunidas en Madrid. El enlace entre el rey y una infanta de Aragón, unido al fallecimiento el 1 de junio de 1418 de la regente la reina madre Catalina de Lancáster, afianzó el poderío en Castilla de los hijos de Fernando I, los infantes de Aragón.[9]

En 1418 llegaron a buen puerto los tratos del nuevo rey de Aragón Alfonso el Magnánimo con el rey de Navarra Carlos III el Noble —contando con la mediación de la reina viuda de Aragón Leonor de Alburquerque— para casar a la heredera al trono navarro, Blanca de Navarra, con Juan de Aragón, a quien había conocido en Sicilia. En diciembre de ese año llegó la dispensa papal para que el matrimonio pudiera celebrarse y los capítulos matrimoniales se firmaron el 6 de noviembre de 1419 en Olite. En ellos se estipuló que los derechos a la corona navarra de doña Blanca pasarían a su muerte al hijo que tuvieran ambos y que si ella fallecía antes que su esposo sin sucesión don Juan debería abandonar Navarra pues «como extranjero» no esperaba «la subcesión e herencia del dicho reyno de Navarra» más que en virtud de los derechos de su mujer. Sin embargo, nada se estipuló sobre qué papel tendría el futuro rey consorte de Navarra en el caso de la muerte de su esposa con hijos mayores de edad, lo que sería fuente de graves controversias en el futuro. Finalmente la boda se celebró el 10 de junio de 1420 en la catedral de Pamplona.[10]​ Sin embargo, sus intereses seguirían centrados en Castilla, pues, como ha destacado Jaume Vicens Vives, «castellano hasta la médula» «se quedó anclado en Castilla como si pesara sobre sus hombros el sacro legado testamentario de su padre».[11]

La ausencia de Juan de Aragón de Castilla para celebrar su boda en Pamplona con Blanca de Navarra, fue aprovechada por la facción nobiliaria castellana encabezada por el infante Enrique de Aragón para llevar a cabo el golpe de Tordesillas, que consistió en el secuestro del joven rey Juan II para tenerlo bajo su control y para conseguir que autorizara el matrimonio entre el infante Enrique y la hermana del rey, la princesa Catalina de Castilla. El también llamado atraco de Tordesillas tuvo lugar el 14 de julio de 1420, un mes después de la boda celebrada en Pamplona.[12]

Don Juan tuvo noticia del golpe de Tordesillas por una carta que le envió a Pamplona el arzobispo de Toledo e inmediatamente convocó a sus partidarios en Peñafiel a donde se dirigió él personalmente, dejando a su esposa en Navarra. A continuación ordenó que las huestes de sus partidarios se concentraran en Olmedo a donde acudieron 3.300 lanzas.[13]​ Entonces don Enrique decidió sacar al rey de Ávila, a donde lo había conducido desde Tordesillas, y llevárselo al sur, a los territorios de la Orden de Santiago, de la que él era maestre.[14]​ Pero los planes de don Enrique se vinieron abajo cuando el rey ayudado por don Álvaro de Luna logró escapar de su cautiverio en Talavera de la Reina el 29 de noviembre, refugiándose en el castillo de la Puebla de Montalbán. Don Enrique dirigió sus huestes hacia allí pero el 10 de diciembre levantó el cerco al no poder tomar al asalto el castillo y ante la amenaza de la llegada de las fuerzas comandadas por su hermano Juan quien desde Olmedo había cruzado la Sierra de Guadarrama y establecido su campamento en Móstoles. Don Enrique se dirigió entonces a Ocaña, una de las fortalezas de la Orden de Santiago, mientras que su hermano don Juan se reunía con el rey el 23 de diciembre para ponerse a su servicio contra cualquier tentativa de volver a limitar su libertad, «las faciendas e los cuerpos a todo peligro».[15]

Tuvo una actuación destacada en la puesta en libertad del infante don Enrique, detenido por orden del rey Juan II el 14 de junio de 1423, ya que requerido por el rey de la Corona de Aragón Alfonso el Magnánimo, como cabeza de los infantes de Aragón para que interviniera, consiguió la autorización del rey para salir de Castilla y negociar un acuerdo con el rey aragonés. El resultado de las conversaciones fue el tratado de Torre de Arciel, firmado el 3 de septiembre de 1425,[16]​ en el que se satisficieron todas las reclamaciones de Alfonso el Magnánimo, ya que no solo se acordó la puesta en libertad del infante don Enrique sino que recobró su cargo como maestre de la Orden de Santiago, además de los bienes patrimoniales y rentas que le fueron confiscados tras su detención.[17]

Una semana después de la liberación de don Enrique el 10 de octubre de 1425 se reunió con él en Ágreda sellando su reconciliación. Días más tarde el rey Alfonso el Magnánimo le otorgó el condado de Ribagorza por los servicios prestados a la familia. Mes y medio antes don Juan se había convertido en rey consorte de Navarra por el fallecimiento el 7 de septiembre del rey Carlos III el Noble.[18]

Rey consorte de Navarra[editar]

A la muerte de Carlos III en 1425, su hija Blanca y el infante Juan fueron proclamados conjuntamente reyes de Navarra. En ese mismo año, el día 29 de noviembre fue investido conde de Ribagorza en Valencia.[b]

Tras la firma del tratado de Torre de Arciel de 1425 se puso al frente, junto con su hermano el infante don Enrique, de una coalición de la alta nobleza castellana que se oponía a don Álvaro de Luna y a su política de reforzamiento de la monarquía castellano-leonesa. Reunidos en Valladolid le exigieron al rey que desterrara de la corte a don Álvaro de Luna. La presión hizo efecto y el 5 de septiembre de 1427 Juan II ordenaba su destierro y el de sus partidarios durante año y medio.[20]​ Sin embargo, el alejamiento forzado de la corte solo duró cinco de meses y el 6 de febrero de 1428 don Álvaro ya estaba de vuelta ante las divisiones que habían surgido en la facción que encabezaban los infantes de Aragón lo que les había impedido llevar la gobernación del reino castellano-leonés. Pocos meses después, el 21 de junio, el rey Juan II ordenaba a los infantes don Juan y don Enrique que abandonaran la corte: al primero para que se dirigiera a la frontera con el Reino nazarí de Granada; al segundo para que volviera al Reino de Navarra, pues «non era honra de ningún rey, que otro rey alguno, por muy cercano e debdo que fuese, ficiese morada nin estoviese en otro reino».[21]​ A continuación el rey Juan II consiguió que las Cortes de Castilla reunidas en Illescas en enero 1429 aprobaran un tributo de cuarenta millones de maravedíes para reclutar un ejército que hiciera frente a los infantes de Aragón, aunque el motivo oficial era que estaba destinado a atacar al reino nazarí de Granada. Seis meses después estallaba la guerra castellano-aragonesa de 1429-1430.[22]

Incluso antes de que el rey Juan II de Castilla declarara la guerra el 24 de junio, el ejército real atacó las posesiones de don Juan y las de sus partidarios. El 29 de mayo tomaba Portillo, un lugar bajo el señorío del conde de Castro, y más tarde ocupaba Medina del Campo, Olmedo y Cuéllar. El 25 de junio iniciaba el sitio de Peñafiel y el 27 era rendido por su defensor el conde de Castro.[23]​ Lo mismo sucedió poco después con las posesiones del infante don Enrique, que junto con las de don Juan, fueron repartidas entre la alta nobleza castellana. Fue la recompensa por haberse puesto del lado del rey y de su valido don Álvaro de Luna, incluida la que había formado parte de la facción encabezada por los infantes de Aragón, un hecho que resultó decisivo en el desenlace de la guerra favorable a Castilla.[24]

El acuerdo al que finalmente se llegó, denominado treguas de Majano y que se firmó el 16 de julio de 1430, supuso una completa derrota de las pretensiones de don Juan y de su hermano el rey de Aragón pues no le serían devueltas sus posesiones ni percibirían ni don Juan ni don Enrique una renta equivalente en metálico por las mismas, sino que solo se llegó al compromiso de que al finalizar la tregua que duraría cinco años ―período de tiempo durante el cual los infantes de Aragón no podrían entrar en Castilla― unos jueces resolverían las reclamaciones de los infantes. Estos términos tan duros fueron aceptados por don Juan y por su hermano el rey de Aragón, debido a su inferioridad militar.[25]

En 1434 viajó a Sicilia donde se encontraban sus hermanos el rey Alfonso el Magnánimo y los infantes de Aragón don Enrique y don Pedro. Aunque su propósito era intentar conseguir que el rey de Aragón volviese a la península ibérica para que se ocupase de sus asuntos en Castilla una vez que estaba a punto de cumplirse el plazo de cinco años estipulado en las treguas de Majano que habían puesto fin a las hostilidades de la guerra castellano-aragonesa de 1429-1430,[26]​ acabó participando en la batalla naval de Ponza donde resultó hecho prisionero junto con sus hermanos el rey Alfonso y el infante don Enrique.[27]​ Fueron conducidos a Génova y desde allí a Milán, que entonces ostentaba la soberanía sobre la República de Génova. Pero en Milán el duque Felipe María Visconti no los trató como enemigos sino que selló una alianza con Alfonso el Magnánimo, cuyo primer resultado concreto fue la puesta en libertad del don Juan quien el 2 de noviembre embarcó en Porto Venere rumbo a Barcelona a donde llegó el 30 de diciembre. Poco después era puesto en libertad Alfonso el Magnánimo y casi al mismo tiempo el infante don Pedro conseguía tomar la codiciada la plaza de Gaeta. Este éxito indujo al rey Alfonso a continuar en Italia por lo que el 20 de enero de 1436 nombró a su hermano Juan lugarteniente real en los reinos de Aragón y de Valencia y colugarteniente en el Principado de Cataluña.[28]​ La batalla de Ponza dio pie a una obra satírica del marqués de Santillana, La comedieta de Ponza.

Mientras se encontraban en Italia su esposa Blanca I de Navarra, junto con la de Alfonso el Magnánimo María de Aragón, consiguió que el rey Juan II de Castilla prorrogara ocho meses las treguas de Majano, lo que le permitió negociar la paz definitiva de la guerra castellano-aragonesa de 1429-1430, llegándose al acuerdo de la Concordia de Toledo firmado el 22 de septiembre de 1436.[29]​ Como garantía de este «contrato de paz y concordia» se estableció el matrimonio del príncipe de Asturias don Enrique con la infanta navarra doña Blanca, hija mayor de don Juan. Este le donó como dote una parte de las posesiones castellanas que le habían sido confiscadas en 1430. Sin embargo en la paz de Toledo no se mencionaban el resto de sus posesiones que habían sido repartidas entre la nobleza castellana.[30]

En la guerra civil castellana de 1437-1445 acabó encabezando, junto con su hermano don Enrique, la facción nobiliaria que se había rebelado contra el valido de Juan II de Castilla don Álvaro de Luna. Aunque en los primeros años de la guerra obligó al rey Juan II a que desterrara a su valido de la corte en dos ocasiones, la primera por seis meses (Acuerdo de Castronuño) y la segunda por seis años (Sentencia de Medina del Campo), tuvo que recurrir al secuestro del rey (golpe de Rámaga) para evitar que siguiera apoyando al bando del condestable. Finalmente fue derrotado en la decisiva y final batalla de Olmedo que supuso la pérdida definitiva de todas sus posesiones castellanas. En el transcurso de la guerra y para sellar la alianza entre los infantes de Aragón y los líderes de la Liga nobiliaria que encabezaban se acordó el matrimonio del infante don Enrique con doña Beatriz de Pimentel, hija del conde de Benavente, y la de don Juan, que acababa de enviudar al haber muerto en el mes de mayo su esposa Blanca I de Navarra, con doña Juana Enríquez, hija del almirante de Castilla.[31]

La vuelta de don Juan a Navarra motivó el enfrentamiento entre el rey y su hijo primogénito Carlos de Viana, fruto de su matrimonio con la fallecida reina Blanca. En efecto, Juan se aprovechó del testamento de su esposa por el que su hijo, que como príncipe de Viana era el legítimo heredero, no debía asumir el título real sin su consentimiento, asumiendo sólo la lugartenencia del reino.[32]​ Esto provocó un fuerte descontento en Navarra, que llevó a la guerra civil en 1451.

Guerra Civil de Navarra[editar]

El descontento de Carlos de Viana y las cada vez más graves diferencias con su padre, desembocaron en una guerra civil entre los beamonteses, partidarios de Carlos, y los agramonteses, defensores de la causa de Juan. Ambos se enfrentaron el 23 de octubre de 1451 en la batalla de Aibar, donde Carlos fue derrotado y hecho prisionero junto a su condestable Luis de Beaumont. Juana Enríquez, en avanzado estado de gestación, abandonó Estella y se trasladó a Sos (Aragón), donde dio a luz a su hijo Fernando. Decidida a que su hijo fuera el futuro rey de Aragón, mostró toda su aversión hacia Carlos, que fue declarado por su padre, junto a su hermana Blanca, como «inhábiles e indignos de la sucesión (...)» para ostentar el gobierno. El príncipe de Viana, una vez liberado tras la Concordia de Valladolid, y a petición de las Cortes de Lérida, marchó a Nápoles en busca de la protección de su tío Alfonso V, que obligó a su hermano a anular el desheredamiento.

Rey de la Corona de Aragón[editar]

Sepulcros reales del Monasterio de Poblet, donde fue enterrado Juan II de Aragón.

En 1454, Juan II, fue nombrado por su hermano Alfonso V lugarteniente de Aragón y Cataluña, mientras este gobernaba el reino desde el sur de Italia y Sicilia. En Cataluña, en concreto, el nuevo lugarteniente se mostró partidario de apoyar a los grupos menos favorecidos, los campesinos y los menestrales, dado que estos sectores de la población compartían enemigos con su autoridad: los nobles laicos y eclesiásticos y los altos oligarcas urbanos que controlaban las instituciones y discutían el poder real.[33]

Cuatro años más tarde se produjo la muerte de Alfonso, quien carecía de herederos directos y Juan le sucedió en el trono de Aragón, si bien se vio obligado a entregar a su hijo Carlos el gobierno de Cataluña. El 25 de julio de 1458 otorgó a su hijo Fernando el título de duque de Montblanc y de conde de Ribagorza con el señorío de la ciudad de Balaguer.[c]

En 1460, Carlos de Viana es arrestado por orden de su padre, lo cual fue aprovechado por los sectores contrarios al poder real para iniciar un conflicto civil en tierras catalanas. La Biga, las oligarquías urbanas, la nobleza y una gran parte de la jerarquía eclesiástica catalana se alzaron contra el monarca.[35]​ Las Cortes, reunidas en Lérida en 1460, pidieron a Juan II que liberara a su hijo y le obligaron a acatar en 1461 la Capitulación de Villafranca del Penedés, donde se le prohibió entrar en Cataluña sin permiso de las instituciones locales y se limitaba notablemente su autoridad real (la jefatura administrativa y el poder ejecutivo -en ausencia del soberano- quedarían en manos de Carlos de Viana, aunque en la práctica quien gobernaría sería la Generalitat). En 1461, el monarca reconoce abiertamente la legitimidad de su primogénito, pero de una forma ambigua que se presta a posibles revocaciones.[36]

Carlos muere el 23 de septiembre de 1461 a consecuencia de una enfermedad pulmonar (o envenenamiento, como se llegó a especular, señalando a su madrastra, la reina Juana Enríquez). Tras su muerte, la situación se mantuvo, con Juan II alejado, la autoridad teórica residiendo en el nuevo heredero a la corona, su hijo Fernando, y la Generalitat gobernando. Pero la entrada del rey en Cataluña, incumpliendo lo pactado en Villafranca del Penedés desencadenó la guerra civil catalana, que coincidió con la revuelta del campesinado, iniciada en febrero de 1462 (conocida como la revuelta de los payeses de remensa). El rey logró mantener la fidelidad de Aragón, Valencia y Sicilia frente a la revuelta de Cataluña, donde se le consideró desposeído de la Corona. En Cataluña, el bando realista estaba integrado principalmente por los campesinos, algunos mercaderes y el pueblo menudo urbano (la Busca).

A comienzos de 1462, el conde Gastón IV de Foix, yerno del rey aragonés, maniobró el acercamiento entre su suegro y el rey Luis XI de Francia. La boda de Gastón de Foix, hijo del conde, con Magdalena de Francia, hermana del rey francés, posibilitaría a Luis XI someter al futuro rey de Navarra al vasallaje del francés.[37]​ En este sentido, el tratado de Olite de abril, garantizó el reconocimiento de Juan II como rey de Navarra y de Gastón IV como su sucesor. A comienzos de mayo, los reyes de Aragón y Francia se entrevistaron en Sauveterre de lo que resultó el tratado de Bayona, por el que el rey Luis XI mandaría a Gastón IV al frente de un ejército francés para aplastar la sublevación en Cataluña, y Juan II tuvo que hipotecar Rosellón y Cerdaña como pago de la deuda de 200 000 escudos para financiar el ejército francés.[38]​ Rosellón y Cerdaña serían devueltos a la Corona de Aragón por el Tratado de Barcelona (1493).

El ejército de la Generalidad de Cataluña, bajo el mando del conde Hugo Rogelio III de Pallars Sobirá sitió a la reina Juana Enríquez y a su hijo Fernando, en su fortaleza de Gerona. Pero la reina supo defenderse, durante cuatro meses, hasta que llegaron las tropas del rey que, apoyadas por tropas francesas, obligaron a levantar el cerco. Durante esta larga guerra, los catalanes ofrecieron el gobierno de su territorio a quien mejor ayuda quisiera ofrecerles. Su sobrino Enrique IV de Castilla fue nombrado conde de Barcelona, pero la intervención diplomática del rey francés -que quería asegurar la victoria realista para obtener el pago a su ayuda- y la formación en Castilla de la Liga nobiliaria, apoyada por Juan II de Aragón, para apartar la influencia de Beltrán de la Cueva, le forzaron a abandonar Cataluña.[35]​ La misma oferta recibió el condestable Pedro de Portugal en 1463, pero dos años después este moriría a consecuencia de las heridas sufridas en la batalla que el infante Fernando, de trece años, le ganó en Calaf. Posteriormente, los catalanes repetirían la oferta a Renato de Anjou, en 1466.

Juan II continuó su acoso, ciego y con setenta años, ayudado por su hijo Fernando y en 1472 consiguió entrar en Barcelona, cuando a la Generalitat se le habían acabado los recursos, y obligó a los rebeldes a rendirle obediencia. Por razones de Estado, se mostró clemente con los vencidos, renunció a la venganza y concedió el perdón. En octubre de ese mismo año la guerra acababa con la Capitulación de Pedralbes (1472). Su última acción militar fue el intento fallido de recuperar el Rosellón y la Cerdaña, territorios de los que se había apoderado Luis XI durante la guerra de Cataluña a cambio de su apoyo en el conflicto.

En 1469, Juan II concertó el matrimonio, celebrado ese mismo año en Valladolid, de su hijo y heredero Fernando con su sobrina Isabel de Castilla, (hija de Juan II, su primo hermano), heredera, por su parte, del trono de Castilla. Dada la cercanía de parentesco entre los contrayentes, se tuvo que emplear una bula papal que más tarde se comprobó falsa, aunque luego el casamiento fue ratificado y no hubo ninguna consecuencia.

Su hija Leonor, hija de su primer matrimonio, heredó el reino de Navarra y Fernando, hijo de su segunda unión, que ya era rey consorte de Castilla por su matrimonio con Isabel, heredó el reino de Aragón y los condados catalanes.

Murió por causas naturales en Barcelona el 19 de enero de 1479, a los 80 y 7 meses años de edad y fue enterrado en el Monasterio de Poblet.

Ancestros[editar]

Descendencia[editar]

De su primer matrimonio con Blanca de Navarra:

De su segundo matrimonio con Juana Enríquez:

Habidos fuera de matrimonio: De Leonor de Escobar, hija de Alfonso Rodríguez de Escobar, caballero hidalgo de Tierra de Campos, alcaide mayor de los dominios del rey Juan II de Aragón en Castilla:[39]

De una señora castellana de apellido Avellaneda:

De una joven natural de Navarra, Catalina Álvarez, de la familia de los Ansas, tres bastardos:


Predecesor:
Carlos III
Escudo de reino de Navarra (esferillas).svg
Rey de Navarra

1425-1479
Iure uxoris con Blanca I hasta 1441
De facto desde 1441
(1451-1461 contra Carlos IV, 1461-1464 contra Blanca II -reyes de iure-
)
Sucesor:
Leonor I
Predecesor:
Alfonso V
thum
Rey de Aragón y Valencia
Conde de Barcelona

1458-1479
Sucesor:
Fernando II
Predecesor:
Alfonso I de Sicilia
Rey de Sicilia
1458-1468
Sucesor:
Fernando II
Predecesor:
Alfonso de Aragón el Joven
Conde de Ribagorza
1422-1458
Sucesor:
Fernando II

En la ficción[editar]

El personaje de Juan II de Aragón aparece en la TV movie Carles, princep de Viana, interpretado por José María Pou, y en las temporadas primera y segunda de la serie televisiva Isabel, interpretado por Jordi Banacolocha.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. «El breve reinado de Fernando I no supuso de ninguna manera una nueva etapa para la Corona, ni siquiera se puede hablar de un cambio de dinastía. La Casa Real de Aragón seguirá en el trono, al menos durante el siglo xv».[1]
  2. «Pero en Aragón el asunto no llegó a consecuencias tan fatales y tres años después, el 29 de noviembre de 1425, el infante don Juan era investido conde de Ribagorza en la ciudad de Valencia, tal como don Pedro lo había recibido de su padre, el rey Jaime II, en 1322».[19]
  3. «Ello hizo primero que el rey Juan II se negara a reconocer a su hijo Carlos, príncipe de Viana, sus derechos a la herencia y que este se levantase en armas contra su padre; y, segundo, que el rey el mismo día que juró como de costumbre los fueros y privilegios del reino de Aragón (25 de julio de 1458) en la iglesia del Salvador de Zaragoza "dio al infante Don Hernando su hijo título de duque de Montblanc y de conde de Ribagorza con el señorío de la ciudad de Balaguer"; contaba este tan solo 6 años de edad».[34]
  4. Zaragoza, 13 de agosto de 1468. Carta de Juan II de Navarra en que mandó que todos los atrasos de la pensión de cien florines vitalicios que debía cobrar Catalina Álvarez (...) «la bien amada nuestra» desde 1468 y sucesivos se diesen a doña Leonor de Aragón, la hija que tuvo de aquella señora, situándolos sobre la aljama de los judíos de Tudela.[41]

Referencias[editar]

  1. Sesma Muñoz, 2011, p. 224.
  2. Vicens Vives, 2003, p. 4.
  3. Vicens Vives, 2003, p. 9. ”Jamás podremos soslayar de su mirada la penetrante dirección hacia ese interior peninsular, que para él encerraba la cima de un poder ambicionado desde su niñez y el arca de los tesoros ampliamente disfrutados en su juventud”
  4. Vicens Vives, 2003, p. 18.
  5. Vicens Vives, 2003, p. 20.
  6. Vicens Vives, 2003, p. 21-24.
  7. Vicens Vives, 2003, p. 24-25.
  8. Vicens Vives, 2003, p. 27; 29-30. ”Fabulosa herencia que, según declaró el infante años más tarde, estimaba más que el reino de Navarra, aun añadiéndole las rentas aragonesas y catalanas”
  9. Vicens Vives, 2003, p. 30-31.
  10. Vicens Vives, 2003, p. 32-33.
  11. Vicens Vives, 2003, p. 38.
  12. Vicens Vives, 2003, p. 34.
  13. Vicens Vives, 2003, p. 39-40.
  14. Vicens Vives, 2003, p. 41-42.
  15. Vicens Vives, 2003, p. 42-43.
  16. Vicens Vives, 2003, p. 54-56.
  17. Vicens Vives, 2003, p. 56.
  18. Vicens Vives, 2003, p. 56-57.
  19. Iglesias Costa, 2001, p. 273.
  20. Vicens Vives, 2003, p. 57-63.
  21. Vicens Vives, 2003, p. 64-65.
  22. Vicens Vives, 2003, p. 66-68.
  23. Vicens Vives, 2003, p. 68-69.
  24. Vicens Vives, 2003, p. 69-71.
  25. Vicens Vives, 2003, p. 73-74.
  26. Vicens Vives, 2003, p. 84-85.
  27. Vicens Vives, 2003, p. 85-86.
  28. Vicens Vives, 2003, p. 86-88.
  29. Vicens Vives, 2003, p. 89-91.
  30. Vicens Vives, 2003, p. 91.
  31. Vicens Vives, 2003, p. 95-137.
  32. Martín Rodríguez, 2004, p. 33.
  33. Martín Rodríguez, 2003, p. 114.
  34. Iglesias Costa, 2001, p. 274.
  35. a b Guerrero Navarrete, 2006, p. 32.
  36. Fernández Conde, 2004, p. 134.
  37. Álvarez Palenzuela, 2008, p. 788.
  38. Suárez Fernández, 1985, p. 59.
  39. Biva-Weinholtz Possolo de Azevedo, 1997, p. 45.
  40. González Doria, 2000, p. 274.
  41. Falcó y Osorio Berwick, 1898, p. 68.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]