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Pedro IV de Aragón

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Pedro IV de Aragón
Rey de Aragón

Rey de Aragón, Valencia y Cerdeña y Córcega y Conde de Barcelona
thum
1336-5 de enero de 1387
Predecesor Alfonso IV
Sucesor Juan I
Información personal
Otros títulos Señor de Molina
Coronación 1336
Nacimiento 5 de septiembre de 1319[1]
Balaguer, Cataluña
Fallecimiento 5 de enero de 1387 (67 años)
Barcelona
Sepultura Sepulcros Reales del monasterio de Poblet
Familia
Casa real Casa de Aragón
Padre Alfonso IV de Aragón
Madre Teresa de Entenza
Consorte María de Navarra
Leonor de Portugal
Leonor de Sicilia
Sibila de Fortiá
Hijos Constanza
Juana
Juan I
Martín I
Leonor
Isabel

Pedro IV de Aragón, llamado el Ceremonioso (Balaguer, 5 de septiembre de 1319Barcelona, 5 de enero de 1387),[1] fue rey de Aragón, de Valencia y de Mallorca (1344-1387); duque de Atenas (1380-1387) y Neopatria (1377-1387); conde de Barcelona (1336-1387) y de Ampurias (1386-1387), hijo de Alfonso el Benigno.

Juventud

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Nacimiento y camino al trono

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Pedro fue el hijo mayor del infante Alfonso de Aragón y de su primera mujer, Teresa de Entenza. Dado que Alfonso era un hijo segundón no destinado inicialmente a reinar se había acordado su matrimonio con una rica heredera que acumulaba el condado de Urgel, las baronías aragonesas de Entenza, Alcolea y Antillón en el este del reino de Aragón y otras posesiones. El matrimonio incluía provisiones para mantener separados el dominio real y estos estados feudales, algo que cobró relevancia cuando el infante y heredero real Jaime renunció a la corona llevando al padre de Pedro al puesto de heredero aparente.

Antes de ser escogido para el trono, el infante Alfonso había tenido ya dos hijos varones supervivientes: Pedro, por el que entonces prometía pasar la línea de sucesión real y Jaime, que en virtud de esos acuerdos pasó a ser el heredero a los estados de su madre. Sin embargo, el también infante Pedro, conde de Prades, había intentado ser designado heredero en lugar de su hermano Alfonso.[2] Para asegurar la situación de su hijo, el futuro Alfonso IV solicitó a su padre, el aún rey Jaime II de Aragón, que confirmara a Pedro como el siguiente heredero.[2] Finalmente fue proclamado heredero en las Cortes de Zaragoza, con apenas cinco años y la oposición de su tío.[2] Poco después falleció su abuelo, ascendiendo al trono su padre como Alfonso IV.

Príncipe heredero

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Pedro fue por ello educado entre aragoneses, aspecto concorde con la lengua más usual de su etapa como infante.[3] Como heredero, recaían en él el cargo de Procurador General de Aragón y la Lugartenencia de la Corona, con autoridad para suplir a su padre en caso de ausencia de este. Siendo aún infante residió en Zaragoza.

Su padre, que era viudo al ascender al trono, se casó de nuevo con Leonor de Castilla, con la que tuvo dos nuevos hijos varones, los infantes Fernando y Juan. Con pocas expectativas de que estos hijos heredaran el trono, la nueva reina se dedicó a asegurarles una parte de la herencia logrando que Alfonso IV les concediera amplias donaciones territoriales a costa de las tierras de realengo. Frente al partido de la reina, un sector de la nobleza aragonesa preocupado por la desmembración de las tierras de la corona se agrupó alrededor del infante y heredero Pedro. La respuesta del rey fue la ejecución de Lope de Concud, secretario del infante, y la expulsión de la corte de varios partidarios de su hijo opuestos a su madrastra.[4]

En respuesta, Miguel Pérez Zapata junto al ayo del infante Miguel de Gurrea y los caballeros García de Lóriz y Vidal de Vilanova acompañaron al infante y lugarteniente a Ejea y posteriormente a Jaca, alejándose de la justicia real y preparando una posible huida a Francia si fuera necesario.[4] También comenzaron las negociaciones para prometer a Pedro con Juana de Navarra, dado que el infante y los reyes de Navarra tenían un enemigo común en Castilla.[5]

Sin embargo debido a una enfermedad de Alfonso IV, el infante Pedro comenzó a ejercer de Lugarteniente de la Corona de Aragón, apoyado por el arzobispo de Zaragoza Pedro López de Luna, que tenía a su cargo la educación del infante real.[6] Eso lo puso ya a cargo de tareas como las negociaciones con las ciudades aragonesas para la aprobación de impuestos.[7]

Inicios del reinado

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La situación de partida

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Situación dinástica y geoestratégica

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La muerte de su padre en 1336 convirtió al infante Pedro en rey, si bien en una situación políticamente precaria. Su madrastra ante el cambio en fortunas políticas había comenzado a negociar con su hermano Alfonso XI de Castilla la entrega de castillos claves en la defensa de la frontera aragonesa con Castilla como Somet y Berdejo a cambio de que apoyara las reivindicaciones de sus sobrinos.[8] Siendo aún regente por enfermedad de su padre, Pedro tomó medidas para guarnecer dichos castillos con tropas leales antes de que pudiera tener lugar un golpe de mano.[8] Sin embargo, la reina viuda y sus hijos acumulaban amplios y estratégicos territorios en el reino de Valencia, Tortosa y la Serranía aragonesa de los que iba a ser problemático dislocarlos.[9]

No sólo se encontraba el nuevo rey con los problemas de su madrastra sino con una delicada situación dinástica y política. Su hermano Jaime heredaba con el condado de Urgel, el vizcondado de Ager y sus baronías en el Cinca un amplio estado autónomo tanto en Cataluña como en Aragón y era por fuero el heredero y el gobernador en nombre del rey en caso de que Pedro no estuviera disponible. Su tío Ramón Berenguer de Aragón era conde de Prades y barón de Entenza en Cataluña y su otro tío Pedro de Aragón y Anjou era conde de Ribargoza en Aragón y de Ampurias en Cataluña, engrosando la lista de grandes magnates interesados en limitar la autoridad real, cuando no en ejercer la regencia por su joven sobrino al que ya habían intentado desplazar en la línea sucesoria.

Además el Reino de Mallorca estaba gobernado por su cuñado y pariente lejano Jaime III de Mallorca, bisnieto de Jaime I el Conquistador. En enero de 1279 los dos hijos del Conquistador habían firmado el tratado de Perpiñán, por el que el rey mallorquín Jaime II había reconocido ser vasallo de Pedro III, vasallaje al que secretamente el rey mallorquín se opuso y que sólo se reconoció a raíz de la campaña de conquista de Alfonso III de Aragón (1285), que finalizó con el tratado de Anagni (1295), en el que un derrotado Jaime III volvía al vasallaje al tronco dinástico principal. Este vasallaje era sin embargo fuente de potenciales disputas, pues su reino de Mallorca y sus condados de Rosellón y Cerdaña lo convertían en otro gran magnate de la Corona, incluso acuñando moneda propia en el Rosellón y reclamando prerrogativas protocolarias de monarca en la corte de Pedro IV.[10]

En el reino de Sicilia gobernaba Federico II, otro miembro de la dinastía en teoría sin vasallaje alguno a Pedro según los términos de Anagni, pero en la esfera dinástica de la Corona de Aragón. A cambio de renunciar a la soberanía sobre Sicilia, el tratado de Anagni había concedido a la corona de Aragón el reino de Cerdeña. Sin embargo, pese a la campaña de conquista de su padre, el territorio insular y topográficamente complejo de Cerdeña era difícil de controlar. Pedro heredaba un control directo sobre Cagliari, Sassari y Gallura, pero casi la mitad de la isla conformaba un principado autónomo bajo Hugo II de Arborea[11] y aún quedaban posesiones genovesas y pisanas en el norte de Cerdeña.[12] Tanto Mallorca como Sicilia y Cerdeña servían de escala marítima en las rutas del Mediterráneo Occidental, poniendo en competencia a la Corona de Aragón con las repúblicas marítimas del Occidente italiano y marcando la política exterior que iba a poder desarrollar Pedro el Ceremonioso.[13][14] A cambio le ganaban un aliado en la República de Venecia, competidora de los enemigos aragoneses.[13]

A las amenazas derivadas de Castilla y la política mediterránea a se unía la política francesa, donde la Guerra de los Cien Años estaba incipiente y la Corona de Aragón aún tenía cierta exposición, principalmente a través de las posesiones del reino de Malloca en el Mediodía francés.

Situación interna

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Para afrontar estos retos, el nuevo rey tenía una capacidad de actuación bastante limitada. La Corona de Aragón era un estado compuesto con cortes diferentes para los reinos de Aragón, Valencia y el Principado de Cataluña, así como un sistema territorial fuertemente autónomo.

De acuerdo al Privilegio General de Aragón y al Privilegio de la Unión arrancados por los estamentos feudales a su bisabuelo, el monarca tenía unos poderes muy limitados en el reino de Aragón. Notablemente la Unión de Aragón agrupaba a la nobleza aragonesa e iba a ser un obstáculo para cualquier intento de consolidar el poder real. La Unión hacía de liga entre la pequeña nobleza aragonesa, que se reservaban una serie de cargos en la administración del reino y sus ciudades, y los magnates de la alta nobleza como las casas de Luna, Alagón, Cornel, Urrea, Híjar y Fernández de Heredia.

El Ceremonioso no sólo estaba limitado por la fuerza de la nobleza sino por la autonomía de las diferentes ciudades, muchas de las cuales tenían fueros dados por sus predecesores, y por la iglesia. Pedro López de Luna y Ximénez de Urrea, cercano al rey, había sido hace poco nombrado el primer arzobispo de Zaragoza, y tenía como sufragáneo al obispo de Segorbe-Albarracín, Sancho de Ull, al obispo de Tarazona, Beltrán de Cormidela, y al obispo de Huesca-Jaca, Pedro de Urrea.

Los caballeros hospitalarios también tenían amplias posesiones en el reino, dirigidas desde Zaragoza por el castellán de Amposta Sancho de Aragón, pariente lejano del rey. La Orden de Calatrava también tenía importantes posesiones en el reino, lideradas desde Alcañiz. Esta orden de Calatrava suponía una fuente de recursos para la guerra contra los musulmanes en el sur, dado que era capaz de movilizar tropas también desde sus posesiones en Castilla, pero aumentaba los riesgos de una injerencia del reino vecino. Sin embargo, a la llegada al trono de Pedro IV los calatravos estaban en medio de un cisma, con las encomiendas castellanas reconociendo a Juan Nuñez como maestre mientras las aragonesas reconocían a Alfonso Pérez de Toro, con cada monarca respaldando a su respectivo maestre.

Muchas de las grandes familias nobles aragonesas tenían posesiones o ramas también en el reino de Valencia como era el caso de los Alagón, los Jiménez de Urrea (barones de Alcalatén en una rama valenciana del linaje) o los Zapata (barones de Arenoso en su rama de los Zapata de Tarazona). Pedro, barón de Jérica era otro gran magnate con parentesco con el Ceremonioso. La Orden de Montesa, dirigida por Pedro de Thous, era otro gran poder feudal en el reino valenciano. Los calatravos, a su vez, tenían otra encomienda con base en Bejís.

Frente a esos poder nobiliarios en el reino de Valencia, los monarcas habían contado con las ciudades de realengo, constituidas en universidades. Habían igualmente fomentado los Fueros de Valencia, que restringían ciertos poderes nobiliarios y era reciente la resolución que el padre de Pedro había tomado denegando en sus dominios valencianos a los señores aragoneses el mismo grado de autoridad que tenían en sus tierras aragonesas. Sin embargo, la creciente autonomía municipal, especialmente en la ciudad de Valencia, y las amplias concesiones a sus hermanastros de ciudades reales en el sur del reino limitaban una vez más los poderes del nuevo rey.

Era en Cataluña donde el poder central era más fuerte, aunque de nuevo los Usatges de Barcelona daban gran autonomía municipal a las ciudades con instituciones como el Consejo de Ciento. El poder del monarca se diluía igualmente al alejarse de Barcelona. En el sur del principado la Cataluña Nueva tenía importantes vasallos como el marquesado de Tortosa de su hermanastro Fernando o el condado de Prades de su tío, limitando el control directo del soberano. Algo similar pasaba hacia el norte pues, además del condado de Urgel de su hermano Jaime o el condado de Ampurias de su otro tío, existían otras jurisdicciones feudales como los vizcondados de Cardona, Cabrera, Bas o Rocabertí y los condados de Pallars Sobirá y Pallars Jussá. Eso generaba un subgrupo de la nobleza catalana muy reducido en número pero significativamente influyente.[15]

El arzobispo de Tarragona Arnau Sescomes era otro de los grandes poderes en los estados de Pedro el Ceremonioso. De él dependían los obispos de Barcelona, Ferrer Abella, Valencia, Ramón de Gastón, Tortosa, Berenguer de Prat, Lérida, Ferrer Colom, Urgel, Arnau de Llordat, y Vic, Galcerán Sacosta. Los caballeros hospitalarios tenían igualmente su Gran Priorato de Cataluña, con diversas posesiones.

Situación económica

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Todas estas condiciones limitaban fuertemente no solo la capacidad administrativa del rey, sino su margen de maniobra económico. Para el comienzo de su reinado, por ejemplo, la mayoría de ciudades catalanas habían recomprado los impuestos debidos a la Corona (questia), lo que dejaba al monarca casi sin ingresos recurrentes en el Principado.[16] En el reino de Aragón, las amplias concesiones territoriales logradas por los nobles y las exenciones de impuestos de los fueros de las ciudades limitaban igualmente los ingresos derivados del impuesto feudal equivalente, las pechas. La mayoría de las pechas todavía debidas al rey en Aragón estaban ya adjudicadas en caballerías de honor a la pequeña nobleza a cambio de su servicio militar.[17] En el reino de Valencia la importante ciudad de Valencia tenía una excepción de ese impuesto (ahí llamado peita) por su fuero.[17]

Por ello, en muchos sitios la recaudación con la que Pedro el Ceremonioso podía contar recurrentemente quedaba reducida a las cenas, ciertos peajes como los de la navegación en el Ebro, tasas indirectas en las ciudades (sisas y derechos sobre las alhóndigas, almodís, comercio de la sal...) y las contribuciones de las aljamas musulmanas y judías de realengo, de las que había que descontar las concesiones de sus predecesores para dotaciones religiosas y urbanas y más pagos de caballerías de honor. A estos ingresos sumaba, cuando lograba que se aprobaran, las impopulares contribuciones en las ciudades mediante las tallas. Para poder pedir levas o contribuciones feudales excepcionales, el rey debía típicamente aducir una guerra defensiva o negociar con los estamentos feudales (por cada territorio o en cortes generales comunes a los tres territorios).

Primeros actos de gobierno

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La Aljafería de Zaragoza fue la sede del gobierno de Pedro el Ceremonioso cuandó accedió al trono.

El Ceremonioso, que en el momento de la muerte de su padre estaba ejerciendo la lugartenencia de la Corona en Zaragoza, se trasladó pronto al castillo de la Aljafería.[9] Fue desde su reinado que este castillo-palacio comenzó a ser el palacio real principal en Zaragoza en vez del Palacio de la Zuda. Se reunió en él con sus leales, incluyendo al ya mencionado arzobispo de Zaragoza y los caballeros que como Pérez de Zapata o García de Lóriz le habían apoyado contra su madrastra.[9] El abad de Montearagón (otra de las grandes instituciones religiosas del reino de Aragón) y el señor de Segorbe Lope de Luna entraron en ese círculo como parientes cercanos de miembros de la corte del infante, así como algunos miembros de la antigua administración de su padre.[18] El nuevo rey trató de ganarse también a nobles aragoneses de las casas de Urrea, Cornel y Alagón, que sin embargo también eran cortejados otros partidos.[18]

Pedro IV decidió coronarse en Zaragoza argumentando la preeminencia protocolaria del título real aragonés,[a] aunque sus tíos los condes Pedro de Ribagorza y Ampurias y Ramón Berenguer de Aragón, conde de Prades le aconsejaban que debía primero ir a Barcelona a jurar los Usatges. Rechazar la propuesta de Barcelona en favor de permanecer en Zaragoza ha sido visto en la historiografía como una maniobra política para prevenir los intentos de sus tíos de controlar su corte.[20] Así, sus tíos habían criticado abiertamente en una carta el coste de la corte de su sobrino Pedro, a lo que el nuevo rey les dio una respuesta pública que mandó leer en las ciudades del reino.[21] La decisión sobre el lugar de la coronación supuso sin embargo una división entre la nobleza catalana, que mayoritariamente retornó a Barcelona sin quedarse a la misma, y la nobleza aragonesa, que reclamaba la coronación en Zaragoza que finalmente tuvo lugar.[22]

Apoyándose en el arzobispo de Zaragoza, al que nombró canciller, Pedro el Ceremonioso comenzó a crear así una corte fiel al monarca y en la que inicialmente predominaron nobles aragoneses. Una de las primeras misiones de este canciller fue el retomar el proyecto de una boda entre el nuevo rey y una princesa de Navarra. La negociaciones fueron ahora por la mano de la hija menor de los reyes de Navarra, María. El matrimonio, además de ser necesario para proporcionar herederos, prometía neutralizar las posibles intervenciones de Navarra y Francia, que tenía oportunidades de expansión gracias a la complicada situación política aragonesa.[5] Eso junto a una paz con Génova mediada por la Iglesia aseguraban a corto plazo la situación de la Corona de Aragón.[23]

A continuación comenzó a recibir los homenajes de sus súbditos feudales en Aragón. La continuación de estos homenajes volvió a abrir un debate político sobre si el rey debía jurar a continuación los fueros en el Reino de Valencia o los Usatges en Barcelona.[24] Pedro el Ceremonioso decidió jurar los Usatges pero en Lérida para de ahí continuar a Valencia.[24] La tensión en Valencia era problemática, pues Pedro de Jérica apoyaba a la reina viuda y la posibilidad de una intervención castellana era amenazante.[8] El rey de Castilla le reclamaba al de Aragón el cumplimiento de las donaciones de su padre Alfonso IV a la reina viuda y los infantes habidos con ella. Esto incluía plazas como Játiva, Guadalest, Calatayud y Albarracín.[25] Significativamente, daba la oportunidad al monarca castellano de discutir la inclusión de Albarracín y su tierra en el reino de Aragón en vez de ser un estado independiente.[26]

La respuesta del Ceremonioso fue mixta, reconociendo el derecho de su madrastra y hermanastros a la herencia que les había concedido su padre, pero usando una cláusula que permitía intercambiar localidades concretas por otras de igual valor económico para justificar sus actos, además de reiterar la pertenencia de Albarracín al reino de Aragón.[27] El estallido de una guerra entre Castilla y Portugal hizo que sin embargo Pedro el Ceremonioso pudiera negociar con Castilla.[28] No sólo Portugal era un riesgo para el rey castellano, sino que la nobleza de su reino era igualmente problemática y en particular Don Juan Manuel y su principado en la frontera con Aragón hacían que el monarca castellano tuviera sus otras preocupaciones más acuciantes.

Campaña contra Pedro de Jérica

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Pedro el Ceremonioso libró entonces una campaña contra Pedro de Jérica para someter a los nobles valencianos afectos a la reina.[29] Pedro de Jérica recibió el respaldo de Castilla y fue nombrado por Alfonso XI, adelantado mayor de Murcia, toda vez que el conflicto entre los hermanastros aragoneses sumado al conflicto entre la corona de Castilla y don Juan Manuel prometía reabrir la cuestión del reparto del reino de Murcia acordada en el tratado de Elche.[30] El rey de Aragón respaldó a su vez al infante castellano.[31]

Aunque las cortes valencianas de 1337 insistieron en la confiscación de las donaciones a la reina viuda y sus hijos, el infante Pedro de Ribagorza medió y se logró un acuerdo.[31] Pedro de Jérica fue perdonado y se concedieron territorios a los hijos de Leonor, si bien con algunas modificaciones con respecto al diseño original de Alfonso el Benigno. El infante Fernando quedó como marqués de Tortosa en Cataluña y señor de Albarracín en Aragón además de recibir un amplio territorio en la frontera del reino de Valencia con el de Murcia que incluía Orihuela, Alicante, Callosa, Guardamar, Montforte, Elda, La Mola, Novelda y Aspe. El infante Juan recibió Elche y Crevillente,[32] lo que completaba el control por los hermanos de la frontera sur con Castilla. La reina viuda Leonor retuvo la baronías de Fraga y Ayerbe que le había concedido su difunto marido.

Como consecuencia de la campaña, el Ceremonioso también ganó para el bando real a gobernadores de las órdenes religiosas en el Maestrazgo.[33]

Consolidación en el trono

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Cambios políticos y primer matrimonio

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A partir de 1338, Pedro de Ribagorza consiguió echar temporalmente a Pedro López de Luna de sus cargos públicos, y ocupar la cancillería real comenzando a tener un ascendiente decisivo sobre el rey, que pasó de tener una idea política «continentalista» cercana a los intereses aragoneses a una más proclive a la mediterránea, que beneficiaba a los catalanes.[34][35] Ese viraje en la política de Pedro el Ceremonioso permitió relajar las relaciones con Castilla, dado que Pedro de Ribagorza era partidario de llegar a un entendimiento con el partido de la reina viuda para poder centrarse en temas como la cuestión de Mallorca.[35]

El otro gran miembro de su consejo que pasó a influir en su política exterior fue Bernat de Cabrera, que algunos consideran su principal ministro y representante de la visión más agresiva en lo que respecta a la política exterior.[36]

En Cerdeña, Pedro el Ceremonioso creó el condado de Goceano para Mariano de Arborea, hermano del juez de Arborea, lo que mantenía la isla atada a la Corona a través de nobles leales.[37]

El 1338 el Ceremonioso contrajo finalmente matrimonio con María de Navarra, lo que facilitaba las alianzas con las casas francesas que aspiraban a arrebatar Montpellier al rey de Mallorca.[5] María, además de ser princesa de Navarra, pertenecía a la Casa de Évreux, con lo que el Ceremonioso emparentaba con importantes familias francesas en medio del comienzo de la guerra de los Cien Años.

La batalla del estrecho de Gibraltar

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Sin embargo, la "cuestión de los estrechos" preocupaba en la Corte. Desde el año previo circulaban los rumores de la preparación de un nuevo desembarco de tropas musulmanas del norte de África en sus cabezas de playa en la península ibérica.[38][39] El auge naval mariní era una amenaza contra las Baleares y su comunicación con el resto de la Corona de Aragón, así como para el comercio naval catalán y valenciano.[40] Pedro el Ceremonioso negoció a principios de 1339 en Barcelona con las ciudades catalanas un subsidio para poder responder a esta amenaza.[41] Meses después se dedicó a atender el estado defensivo del reino de Valencia, el más expuesto a un posible ataque musulmán.[39]

En 1339, se produjo la entrevista de Daroca entre Pedro el Ceremonioso y Alfonso XI de Castilla, lo que fue seguido por el tratado de Madrid. Ambos monarcas acordaron su colaboración contra Abu ul-Hasan ben Uthmán, del sultanato meriní. El monarca castellano ofreció subvencionar la flota aragonesa a cambio de su cooperación en la guerra en el estrecho de Gibraltar. Alfonso XI también recuperó la promesa de Almería del tratado de Alcalá de Henares (1308) si la Corona de Aragón se unía a la campaña contra los musulmanes, algo que sin embargo el Ceremonioso evitó.

Además de aducir la existencias de treguas firmadas con los granadinos, Pedro el Ceremonioso afirmó la necesidad de sus tropas para apoyar a su vasallo mallorquín de estallar una guerra en Francia. Así, Pedro el Ceremonioso tuvo también en el periodo entrevistas con su pariente y vasallo mallorquín, incluyendo una vista conjunta al papado de Aviñón en 1339[42] y llegó en 1341 a prometerle un apoyo contra Francia que tampoco cumplió.[43] El intento del Ceremonioso de lograr nuevas contribuciones de todos los estamentos feudales catalanes para rearmar la Corona había fracasado en las Cortes de Barcelona de 1340, obteniendo solo contribuciones de las ciudades.[44] Similar pasó en Valencia, donde las cortes valencianas de 1340 aprobaron subsidios a pagar principalmente por la ciudad de Valencia.[45]

El Ceremonioso envió finalmente una flota al mando de Jofre Gilabert de Cruilles para asistir a las operaciones castellanas alrededor de Algeciras y Gibraltar. Limitado en fondos, Pedro el Ceremonioso no llegó a cumplir términos del tratado en cuanto a número de naves.[46] Después de que en 1340 los musulmanes derrotaran al almirante de Castilla Alonso Jofre Tenorio y la flota conjunta castellano-aragonesa, Castilla adelantó el dinero para que el Ceremonioso reconstruyera su armada,[40] dado que el Ceremonioso necesitaba negociar de nuevo con sus cortes para poder fletar nuevos barcos.[47]

El Ceremonioso logró la aprobación de nuevas contribuciones de las ciudades catalanas y valencianas,[48] aunque su aplicación tuvo que vencer la oposición local en varias ciudades como Gerona, Manresa, Lérida y Barcelona.[49] Finalmente, otra flota aragonesa al mando de Ramón de Moncada participó en la campaña del Salado permaneciendo en la zona hasta 1342. Su intervención fue muy conservadora por las órdenes reales de evitar poner en riesgo la nueva armada dada superioridad numérica de la flota mariní,[50][39] y probablemente fueran motivo de desavenencia con Castilla.[51]

Conquista de Mallorca

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Uno de los motivos de cautela de Pedro el Ceremonioso para evitar ser arrastrado a una guerra más abierta era el riesgo de que estallara otro conflicto involucrando al reino de Mallorca. Con la Guerra de los Cien Años en Francia, Jaime III había adoptado una posición anglófila que amenazaba con arrastrar a Pedro el Ceremonioso a una guerra en el sur de Francia si se invocaba el deber de protección del soberano hacia su vasallo,[52] algo que había sido desastroso para la Corona de Aragón en Muret. Además, la extensión del fenómeno de las grandes compagnies preocupaba entre los nobles catalanes con vínculos con el Rosellón.[53]

Pedro IV empleó las quejas de los súbditos de su vasallo para convocar un proceso en su contra,[54] con el apoyo de su consejo, incluyendo tanto a su tío Pedro de Ribagorza, como a su hermano Jaime de Urgel, al arzobispo de Zaragoza Pedro de Luna, nobles como Lope de Luna y Bernardo de Cabrera y representantes de las ciudades.[55][56] Ante la negativa de Jaime III a asistir al proceso abierto en su contra en Barcelona, Pedro IV declaró al rey mallorquín culpable en 1343 y, en cumplimiento de la sentencia, mandó convocar hueste (princeps namque).[57] Las ciudades de la Corona de Aragón, ya endeudadas por las campañas previas, hubieron de recurrir a innovaciones financieras en el crédito para financiar la campaña.[58] Las imposiciones aprobadas para la guerra en el estrecho fueron prorrogadas para la nueva expedición a Mallorca.[59]

El Ceremonioso invadió la isla de Mallorca con el ejército real[60] y derrotó a las tropas de Jaime III en Santa Ponsa.[61] Marchó a continuación contra Palma de Mallorca. Aunque lugares de la isla como Andrach se apresuraron a tomar partido por Pedro el Ceremonioso, la capital se mantuvo inicialmente leal a Jaime III.[62] Políticamente, la isla estaba dividida entre un partido aragonés partidario de la reintegración de Mallorca en la Corona y otro bretón o mallorquín defensor de su autonomía o incluso independencia.[63] Finalmente al ver llegar el ejército real dispuesto a plantar sitio a la ciudad, capituló también Palma de Mallorca.[64]

Tras la toma de Mallorca el consejo real decidió continuar la campaña en el Rosellón.[65] El rey pasó por Cataluña para organizar la campaña[66] mientras se rechazaba un intento de rendición de Jaime III.[67][68] La financiación de la guerra puso a prueba el tesoro real, que debió introducir innovaciones financieras para adelantar dinero a costa de las contribuciones de las ciudades catalanas, ya endeudadas por haber soportado el grueso de los costes de las campañas navales de los últimos años.[69]

Tras reducir uno a uno diversos castillos en el Rosellón y rechazar un intento de romper el sitio de Perpiñán, la Corona se hizo también con el condado.[70] Con intervención eclesiástica, se aceptó la rendición de Jaime III poniendo fin a la campaña.[71] El Ceremonioso proclamó entonces la reincorporación del reino de Mallorca a la Corona de Aragón, como parte inalienable de esta.[72] Se le respetó al depuesto Jaime III la señoría de Montpellier, desde donde intentó en los años siguientes recuperar la Cerdaña y el Conflent.

Reorganización de la administración regia

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Pedro IV de Aragón, quien se intitulaba a sí mismo Pedro Tercero, mandó canonizar la ceremonia de la coronación de los reyes de Aragón en aragonés en la Ordinacion feyta por el muyt alto e muyt excellent Princep e Senyor el Senyor Don Pedro tercero Rey dAragon, de la manera como los Reyes dAragon se faran consagrar e ellos mismos se coronaran.

El nacimiento en 1344 de su primera hija, Constanza de Aragón y Navarra, llevó a Pedro el Ceremonioso a replantearse su sucesión y la administración real. Por derecho tradicional de sus territorios, su hermano Jaime actuaba como Procurador, Lugarteniente y Gobernador en todos los estados de su hermano Pedro, lo que le daba las funciones típicas del heredero de la corona. Constanza, además de recién nacida, era mujer, lo que le limitaba el ejercicio de esas atribuciones asociadas al estatus de heredero al trono.

Pedro el Ceremonioso desarrolló sin embargo en 1344 unas Ordenaciones Reales reestructurando la administración real. Notablemente, creó un nuevo rango de gobernador general, al que se debían someter sobrejunteros, merinos, zalmedinas, justicias y otras figuras locales. Eso no solo potenciaba la administración real con un nuevo sistemas de corte de apelaciones, sino que hacía de portavocías o vicegerencias territoriales de la gobernación general de su hermano bajo supervisión real.[73]

El Ceremonioso comenzó designando un gobernador general para el Rosellón y la Cerdaña, recientemente conquistados. Agrupando veguerías en Cataluña creó tres gobernaciones generales más para Barcelona, Lérida y Gerona, mientras que el reino de Aragón fue repartido en otras tres gobernaciones generales de Huesca, Zaragoza y la Serranía.[74] Mallorca y Cerdeña, por su carácter insular, recibieron una gobernación general cada una mientras que el reino de Valencia quedó dividido en dos gobernaciones, con sede en Valencia y Orihuela.[75] El Ceremonioso puso en estas gobernaciones a hombres de su máxima confianza, algunos parte de su consejo desde sus tiempos de infante. Así Miguel Pérez Zapata fue nombrado gobernador de la Serranía (luego extendida a todo Aragón) y García de Loriz de Valencia.

La reforma iba más allá de las meras gobernaciones. Creó los cargos de Bayle general de Aragón, Batle General del Reino de Valencia y Batle General de Cataluña para un mayor control de las finanzas regias, que sustituyeron a los merinos para operaciones por encima de un límite y supervisaban a estos para el resto. Estos bailes generales y algunos cargos financieros con elevado peso como el merino de Zaragoza pasaron a reportar al Maestre racional, que supervisaba las finanzas globales de toda la Corona.

Pedro IV también reguló la organización de la corte, creando tres mayordomos (uno para Aragón, otro para Valencia y otro para el Principado) para la gestión cortesana mientras que reguló el senescal como cargo militar. Es por estas regulaciones que Pedro se ganó el sobrenombre de el Ceremonioso. Consolidó igualmente el título de canciller de la Corona de Aragón, haciéndolo acompañar por un vicecanciller de cada uno de los estados de la Corona.[76]

Si bien las gobernaciones quedaban como tribunales de segunda instancia para asuntos civiles y criminales, para temas mercantiles el Ceremonioso desarrolló el concepto de Consulado del Mar. El primer caso de esta institución en la Corona de Aragón tenía su sede en Valencia y durante el reinado de Jaime III se había creado un segundo consulado en la ciudad de Mallorca. Pedro IV creó en 1347 un tercer consulado con sede en Barcelona y confirmó la independencia de estas entidades.

Guerra de la Unión

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Preliminares

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Las políticas de centralización de Pedro IV no pasaron desapercibidas y reactivaron la Unión de Aragón, a la que en 1347 se sumó una Unión de Valencia. El foco formal para el descontento político fue la política sucesoria pues en abril, la reina María falleció durante el parto de un nuevo hijo, Pedro de Aragón, que falleció poco después. La decisión de Pedro el Ceremonioso de designar oficialmente heredera a su hija Constanza pese a ser mujer, remplazando a su hermano Jaime, fue vista por muchos como contraria a la tradición. Sin embargo, más allá de las cuestiones sucesorias las Uniones de Aragón y Valencia canalizaban el descontento de nobles de esos reinos con la priorización de la política mediterránea que había traído a la corte el partido de Pedro de Ribagorza.[77]

Los genoveses, mientras, aprovecharon los problemas internos del Ceremonioso para incrementar la presión contra Cerdeña.[78] Los Doria se rebelaron en la isla y derrotaron a las tropas reales en Aidu de Turdu. La batalla fue una importante derrota para el Ceremonioso, con la muerte de su gobernador en Cerdeña y los rebeldes poniendo sitio a Sassari.[79] Jaime III, exiliado en Montpellier, empezó igualmente a recaudar fondos para retomar Mallorca. Pedro IV recibió esas noticias durante unas complicadas cortes en Zaragoza, que le obligaban a vender propiedades reales[80] y reclamar más servicio militar alos nobles que habían recibido feudos en Cerdeña.[79]

El prematuro fallecimiento de Jaime de Urgel empeoró la situación pues dejaba como candidato varón al infante Fernando, marqués de Tortosa. La muerte de su hermano Jaime tuvo lugar mientras el Ceremonioso estaba en Cataluña, organizando la nueva campaña sarda.[81] Las Uniones de Aragón y Valencia apoyaron los derechos como gobernador de su hermanastro el infante Fernando de Aragón y lograron el apoyo de ciudades como Valencia, Zaragoza o Huesca. Estas ciudades y su influente oligarquía urbana acumulaban fuertes deudas por las continuas contribuciones solicitadas en años previos y un fuerte descontento por las sisas y tallas impuestas para equilibrar sus presupuestos.[82]

El Ceremonioso logró sin embargo evitar que se formara otra liga en Cataluña. Sus fuerzas en Cerdeña lograron levantar mientras el sitio de Sassari.[83] Envió también un embajador a Génova y el norte de Italia para tratar de lograr una solución diplomática a la cuestión sarda o, como alternativa, contrapesar a los genoveses mediante alianzas con otros estados italianos.[78] Frente a las Uniones en Aragón y Valencia, Pedro sumó el respaldo de las fraternidades realistas en Aragón y Valencia, que coaligaron a ciudades como Orihuela, Alicante, Burriana, Morella, Teruel, Daroca y Calatayud en respaldo del monarca. La orden de Montesa fue otra importante baza en favor del rey en el reino de Valencia, donde igualmente logró el apoyo del gobernador, Pedro de Jérica.

El rey también maniobró para atraer a su bando al prestigioso noble Lope de Luna, al que llegó a prometer el cargo de gobernador de Aragón.[84] Confirmó igualmente una enajenación de Huesa y El Castellar del patrimonio real a favor de Lope de Luna que había estado en disputa.[85] A través de Lope de Luna, el bando real logró ganarse a algunos de los grandes magnates del reino de Aragón y a Galcerán de Tarba, cabeza de una facción política urbana en Zaragoza.[86]

Guerra

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Liderado por Lope de Luna, el ejército real aplastó a la Unión aragonesa en la batalla de Épila (1348), capturando al infante rebelde y matando a varios de los líderes de la Unión. Lope, fue en recompensa nombrado conde de Luna en el primer título condal concedido fuera de la dinastía reinante, si bien no obtuvo el título de gobernador de Aragón, que permaneció en manos de Miguel Pérez Zapata. Otros nobles leales al Ceremonioso, como Juan López de Sesé o Pedro Jordán de Urriés también fueron recompensados con donaciones y cargos en la administración real. Por el contrario, las ramas de los Jiménez de Urrea de Biota y Aladrén vieron confiscadas sus propiedades por haberse significado como comandantes del bando unionista. Numerosos miembros de la pequeña nobleza fueron despojados de sus caballerías de honor o aislados de la corte, haciendo sitio para los partidarios del rey.[87] El infante Fernando fue exiliado al reino castellano de su tío Sancho XI.

Escudo de armas de Pedro el Ceremonioso, con el dragón alado sobre la corona y el yelmo. Relieve de las Torres de Serranos de Valencia.

Durante esta campaña se desató la peste negra en los estados de Pedro el Ceremonioso. Además de provocar profundas pérdidas demográficas en la Corona de Aragón, la epidemia causó en sus comienzos la muerte de la reina Leonor de Portugal (1348) con la que Pedro se había casado un año antes tras enviudar de María de Navarra.

Tras Épila, las fuerzas realistas tomaron las bases rebeldes en el Bajo Aragón y el Maestrazgo. En octubre de 1348 el rey dio revocó formalmente el Privilegio de la Unión en Zaragoza en un acto dramatizado, rasgándolo personalmente con un puñal en el convento de los dominicos en la capital. Pese a ello, el Ceremonioso confirmó el Privilegio General de Aragón.

La guerra continuó por el reino de Valencia y el ejército real derrotó en diciembre a la Unión de Valencia en la batalla de Mislata. Para finales de año Pedro el Ceremonioso realizó una entrada triunfal en Valencia, marcando la consolidación de su autoridad. En Valencia, la ciudad y los rebeldes hubieron de pagar fuertes multas para obtener el perdón real, que se sumaban al impacto económico de las continuas campañas de los años previos.[82] Igualmente, los unionistas se vieron purgados del gobierno municipal en favor de partidarios del bando realista.

Política mediterránea

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Estabilización de la situación dinástica

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En 1349 Pedro contrajo un nuevo en matrimonio con Leonor de Sicilia, con la que llegó a tener tres hijos: Juan, Martín y Leonor, esposa de Juan I de Castilla. El matrimonio no solo fue significativo no solo porque Leonor fue la madre de sus sucesores en el trono, sino porque sentó las bases de la posterior reincorporación de Sicilia y la expansión mediterránea del Ceremonioso en las décadas siguientes. Implicó igualmente rechazar la propuesta de Alfonso XI de Castilla de que Pedro el Ceremonioso o su hermanastro Fernando se casaran con su hija Juana Alfonso de Castilla, dado que podría haber dado a Castilla más oportunidades de intervenir en la corona de Aragón.[88]

Ese mismo año Jaime III intentó recuperar Mallorca en 1349 pero fue vencido de forma definitiva en la batalla de Llucmajor en la que murió. Tras la muerte de Jaime III, Pedro permitió que Jaime IV (preso hasta 1362) conservara este título de forma puramente formal, pero a su muerte en 1375, el propio Pedro IV asumió la corona de las islas Baleares. Al hacerlo, amplió el "Estatuto de Unión" de Jaime II, por el que quienquiera fuese Rey de Aragón, ese sería además Rey de Valencia y conde de Barcelona, convirtiéndolo en "Estatuto de Unión e Incorporación", convirtiendo así en perpetua la incorporación del Regnum Maioricarum a la Corona de Aragón.

No solo en Mallorca se reabrían antiguos conflictos. El infante Fernando, exiliado en Castilla, corría el riesgo de ser usado por su primo Pedro I de Castilla para tratar de renegociar las fronteras entre ambas coronas y para 1350 hubo una escalada de tensiones.[89] El infante Fernando usó la amenaza de una guerra para tratar de pedir la restitución de su estatus previo a la guerra de la Unión, así como el perdón de los partidarios de esta.[90] Sin embargo Pedro I pronto se ganó el epíteto de "el Cruel", y tras asesinar a su madrastra hizo que su hermano Tello de Castilla se refugiara en Aragón, dando al Ceremonioso un bando castellano que apoyar contra el rey.[90]

En 1350 estalló una nueva guerra veneciano-genovesa, con lo que los venecianos se aprestaron a mandar un embajador a Perpiñán a ganar la alianza de Pedro el Ceremonioso.[91] Alentado una vez más por Bernat de Cabrera, que seguía encabezando el ala más dura del consejo real, el rey firmó una alianza en la que Venecia se comprometía a subsidiar la flota aragonesa contra Génova.[92] Además de con los venecianos, Pedro IV mandó embajadas a Milán, Verona y Montferrato para tratar crear una liga antigenovesa.[93]

En diciembre de 1350, Pedro el Ceremonioso tuvo su primer hijo varón, el infante Juan de Aragón. Pedro pronto trato de resalzar su posición como nuevo heredero, creando para él un ducado de Gerona en las cortes de Perpiñán de 1351. Sin embargo el desarrollo de este título fue complejo, pues las ciudades del nuevo ducado pidieron y obtuvieron del monarca la concesión de no ser separadas del condado de Barcelona. El título ducal de Gerona se convirtió así en el primer paso para la creación de un título para el heredero formal. Por el contrario, el hecho de que por la juventud del nuevo príncipe Juan de Aragón no iba a poder ejercer como Procurador y Lugarteniente General hasta dentro de muchos años, hizo que su padre tuviera que delegar esas funciones en otros miembros de la dinastía. Sin embargo, su mera existencia hizo que las reivindicaciones del infante Fernando quedaran fuertemente heridas y que Pedro el Ceremonioso de Aragón y Pedro el Cruel de Castilla llegaran a un acuerdo confirmando los tratados previos entre ambas coronas.[94]

Guerra con los genoveses

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Situación aproximada de Cerdeña al comienzo de la guerra.

Para 1351 estaba ya activa en el Mediterráneo Oriental una flota aragonesa al mando de Ponce de Santa Pau. Mientras, otras fuerzas aragonesas retomaron plazas en Cerdeña perdidas frente a los genoveses en los años previos.[95] Sin embargo, la batalla del Bósforo de 1352 fue una victoria pírrica venecianoaragonesa, con bajas masivas entre la flota aragonesa incluyendo la muerte del almirante Santa Pau, el vicealmirante y otros altos mandos.[96] El Ceremonioso hubo de recurrir a los obispos y pagar a Venecia para reconstruir rápidamente su flota ante la amenaza que una flota genovesa sin oposición podía suponer contra Mallorca y Cerdeña.[97]

Un parlamento catalán en Villafranca aprobó nuevos subsidios para una campaña de Bernat de Cabrera en Cerdeña.[98] Con esos fondos se organizó una nueva campaña y en agosto Cabrera venció a los genoveses en la batalla naval de Alguer o de Porto Conde, levantando el sitio de Sassari.[99] Los reductos genoveses en el norte de la isla de Alguer y Castelgenovese cayeron en poder del Ceremonioso tras la victoria de Cabrera.[100] Con apoyo milanés, los genoveses sin embargo movilizaron una nueva flota.[101]

La situación cambió sin embargo drásticamente cuando Mariano IV de Arborea, que tras deponer a su hermano había heredado también Arborea y era el principal noble de la isla, se sublevó en septiembre. La nobleza sarda había visto siempre con recelo el sistema feudal más centralizado de origen catalán y recelaba del autoritarismo del Ceremonioso después de aplastar la resistencia de las Uniones de Aragón y Valencia.[102] La actitud del rey, siempre ambiguo en los conflictos entre su gobernado, Riambau de Corbera, y su vasallo arborense, acentuaba el problema.[103] Así, mientras que el rey mantenía una postura diplomática con su vasallo, su gobernador había fortificado posiciones clave entre los feudos de Arborea.[104] En respuesta Mariano había buscado el control de castillos clave para la seguridad de plazas reales como Sassari.[105] La guerra le había dado la ambición de apoderarse de Alguer, algo que Pedro el Ceremonioso rechazó para evitar que se consolidara aún más como el principal magnate de la isla y pudiera circunvalar las medidas del gobernador.[106]

Mariano IV logró expulsar a las tropas reales de la mayoría de sus posiciones, pues su territorio controlaba importantes caminos internos en la isla y los aragoneses quedaron sitiados de nuevo en Cagliari.[107] Alguer volvió a manos genovesas gracias a una combinación de sublevación interna y apoyo de Arborea[108] mientras que los Doria vendían a Arborea otros castillos que poseían en la isla.[109] La caída de Alguer ponía de nuevo a Sassari en una situación precaria.[108] Miguel Pérez Zapata fue pronto destinado con un cuerpo expedicionario a socorrer las fuerzas reales en la isla.[110]

Campaña de Alguer

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Preparación

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Mientras Perez Zapata hacía de avanzadilla, Pedro el Ceremonioso organizó una nueva campaña contra Cerdeña, destinada a tomar Alguer. La armada y viatge fue presidida por el rey en persona,[111] y planteada como el sometimiento de otro vasallo rebelde.[112] Las expectativas del Ceremonioso, como en otras campañas previas contra vasallos rebeldes en Mallorca o contra la Unión de Aragón, era una victoria decisiva contra Mariano de Arborea que colapsara la oposición al rey.[112]

A tal fin se celebraron nuevos parlamentos catalanes en Barcelona para aprobar nuevos subsidios[98] mientras que el bayle general de Aragón, Pedro Jordán de Urriés, recibió instrucciones para organizar la contribución del reino de Aragón.[113] Mientras que en Cataluña la contribución económica de las ciudades fue predominante, en Aragón y Valencia fue principalmente la nobleza la que aportó fondos.[114] Órdenes militares, obispos y aljamas judías de realengo realizaron igualmente aportaciones.[113] El recientemente reincorporado reino de Mallorca realizó también una importante contribución.[115]

Se trató de una movilización significativa, con 10 000 infantes y 1 500 soldados de caballería,[116] además de una flota de 100 naves[111] y maquinaria de asedio.[117] El gobernador de Mallorca requisó barcos para organizar una flota de apoyo logístico,[118] siendo el abastecimiento de caballerías un punto crítico dada su poca disponibilidad en Cerdeña.[119] Sin embargo, las limitaciones presupuestarias hicieron difícil el pagar la campaña, lo que supuso problemas con la calidad de las tropas.[117]

El sitio de Alger

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La expedición desembarcó junto a Alguer, como en la campaña precedente, dejando la población sitiada.[112] La localidad era crítica para la logística de operaciones posteriores, como había probado la experiencia del año previo.[120] Sin embargo el sitio se enconó: la ciudad resistió las máquinas de asedio y enfrentados a Arborea era difícil el abastecer a los asediantes.[121] Los sardos, mientras, mantuvieron una guerra de desgaste rehuyendo una batalla frontal.[122] El fracaso en una rápida toma de Alguer hizo descarrilar la campaña planeada.[123]

El rey hubo de permanecer en el sitio, gobernando sus estados en la península ibérica a través de correos a sus gobernadores.[124] Significativamente, en el reino de Castilla había estallado una revuelta nobiliaria en la que sus hermanastros Fernando y Juan de Aragón se habían sumado a la liga contra Pedro I de Castilla. El Ceremonioso siguió el tema por correspondencia, siendo favorable al rey castellano pero evitando enfrentarse a sus hermanos los infantes de Aragón mientras estos tuvieran el respaldo de la nobleza castellana.[125]

Moneda sarda del rey Pedro IV.

Siguiendo mientras con su reorganización de la administración real, el Ceremonioso dividió el reino de Cerdeña en dos nuevas gobernaciones generales, Cagliari y Gallura y Logudoro y celebró cortes sardas.[126] Sitiando aún Alguer, estalló una epidemia de malaria que cobró numerosas víctimas entre los sitiadores[126] y Pedro IV llegó a caer enfermo.[127]

La victoria final del monarca castellano sobre los nobles rebeldes trajo nuevos problemas para Pedro IV, pues el infante Fernando concedió como rehenes de su buen comportamiento castillos que poseía en el lado aragonés de la frontera, en lo que era un desaire diplomático y una amenaza geoestratégica.[128] Poco después venecianos y genoveses firmaron la paz.[101] Abandonado por su aliado que a cambio de pagarle una indemnización se desentendió de la alianza previa,[129] y con la amenaza de un ataque frontal de Arborea, que por fin acudía a levantar el sitio,[130] el Ceremonioso procedió a negociar con Arborea su perdón a cambio de su vuelta a la obediencia real. En 11 de junio de 1355, Pedro el Ceremonioso y Mariano de Arborea firmaron la paz de Sanluri.[131][126] Alguer finalmente se rindió y fue repoblada posteriormente con catalanes, lo que explica que en la ciudad sarda aún se hable catalán.[132]

Unas nuevas cortes en Lérida aprobaron una nueva extensión de los impuestos para sufragar la vuelta del Ceremonioso,[131] mientras se preparaba la confiscación de los castillos del infante Fernando antes de que cayeran en manos castellanas.[128] Pese a la paz de Sanluri, pronto se reanudaron las hostilidades en Cerdeña y para 1356 el rey tuvo que organizar una nueva campaña en la isla contra el castillo de Casteldoria, que estaba en manos del rebelde Mateo Doria.[133]

Guerra de los Dos Pedros

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Igualmente se enfrentó con Pedro I el Cruel de Castilla en la conocida como "guerra de los dos Pedros". Pedro I quería recuperar los territorios murcianos que habían pasado al Reino de Valencia. El conflicto terminó con la paz de Almazán en 1375 sin vencedores ni vencidos. Los desastres de esta guerra se sumaron a la peste negra y a otros desastres naturales como la sequía o las plagas de langostas.

Política interior

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Durante su reinado se instituyó la Diputación del General de Cataluña en las Cortes celebradas en Barcelona, Villafranca del Panadés y Cervera en 1358-1359. Castilla había invadido Aragón y Valencia, lo que dio lugar a diversos enfrentamientos bélicos que ocasionaron grandes gastos a la corona. Por eso, las Cortes designaron doce diputados con atribuciones ejecutivas en materia fiscal, así como unos "oyentes de cuentas" que controlaban la administración bajo la autoridad de Berenguer de Cruïlles, considerado el primer presidente de la Diputación del General.

Mandó construir los Sepulcros Reales del monasterio de Poblet.

Últimos años

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Ducados de Atenas y Neopatria

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Pedro el Ceremonioso fue un monarca enérgico y duro que reorganizó la corte, la administración y el ejército, que tras haber dirigido sus actividades a incrementar el poder real en el interior de su reino y procedió así a aumentar sus dominios en el mar Mediterráneo, cosa que logró con la expedición de los almogávares, al conquistar estos los ducados de Atenas y Neopatria. Como muestra de su interés por la cultura clásica, mandó que en la Acrópolis de Atenas quedara una guardia permanente de once ballesteros, haciendo constar que el monumento era «la más hermosa joya que exista en el mundo, tal que ni siquiera todos los reyes cristianos juntos podrían hacer algo semejante».[134]

Matrimonios y descendencia

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Casó en 1338 con María de Navarra (1326-1347), hija de los reyes de Navarra Felipe III y Juana II. Descendencia:

En 1347 casó con Leonor de Portugal (1328-1348), hija del rey de Portugal Alfonso IV. Murió al año siguiente de la Peste Negra.

En 1349 casó con Leonor de Sicilia (1325-1375), hija del rey Pedro II de Sicilia. Descendencia:

En 1377 casó con Sibila de Fortiá (1350-1406), hija del noble ampurdanés Berenguer de Fortiá. Descendencia:


Predecesor:
Alfonso IV
thum
Rey de Aragón y Valencia
Conde de Barcelona

1336-1387
Sucesor:
Juan I
Predecesor:
María de Sicilia
Duque de Atenas y Neopatria
1381-1387
Sucesor:
Juan I
Predecesor:
Jaime III de Mallorca

Rey de Mallorca

1343-1387
Sucesor:
Juan I

Ancestros

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Notas

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  1. En una carta enviada por Pedro IV al papa en 1345 escribe:[19]
    La esgleya de Saragoça [...] és cap de nostre regne et en la qual tots nostres predesseçors e nós havem presa corona de nostra reyal dignitat.
    ['La iglesia de Zaragoza (...) es cabeza de nuestro reino y en la cual todos nuestros predecesores y nosotros hemos tomado corona de nuestra dignidad real'.]
    Pere III, Epistolari, ed. de R. Gubern, Barcelona, Barcino, 1955, vol. I (único publicado), pág. 98.

Referencias

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  1. 1 2 Real Academia de la Historia. «Diccionario Biográfico electrónico - Pedro IV de Aragón».
  2. 1 2 3 Zurita y Castro, 1562, pp. 111-112.
  3. González Ollé, 2007, p. 304.
  4. 1 2 Zurita y Castro, 1562, p. 175.
  5. 1 2 3 García Arancón, 1987, p. 582.
  6. González Ollé, 2007, pp. 293-294.
  7. Sánchez Martínez, 2010, p. 55.
  8. 1 2 3 Recuero Lista, 2013, pp. 230-231.
  9. 1 2 3 Cantos Carnicer, 2023, p. 3.
  10. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafos 5 y 25.
  11. Orsi Lázaro, 2008, pp. 928-931.
  12. Orsi Lázaro, 2015, p. 97.
  13. 1 2 Cabezuelo Pliego, 2006, pp. 254-258.
  14. Orsi Lázaro, 2008, pp. 926-928.
  15. Bertran Roige, 1998, p. 744.
  16. Sánchez Martínez, 2016, pp. 55-56.
  17. 1 2 Sánchez Martínez, 2010, p. 54.
  18. 1 2 Cantos Carnicer, 2023, pp. 3-4.
  19. González Ollé, 2007, pp. 295.
  20. Cantos Carnicer, 2023, p. 7.
  21. Cantos Carnicer, 2023, pp. 8-12.
  22. Cantos Carnicer, 2023, pp. 6-7.
  23. Cabezuelo Pliego, 2006, p. 258.
  24. 1 2 Cantos Carnicer, 2023, p. 20.
  25. Zurita y Castro, 1562, p. 203-204.
  26. Zurita y Castro, 1562, p. 204.
  27. Zurita y Castro, 1562, pp. 204-205.
  28. Recuero Lista, 2013, pp. 231-232.
  29. Zurita y Castro, 1562, pp. 207-210.
  30. Lafuente Gómez, 2009, pp. 114-115.
  31. 1 2 Lafuente Gómez, 2009, p. 115.
  32. Lafuente Gómez, 2009, p. 116.
  33. Zurita y Castro, 1562, p. 210.
  34. González Ollé, 2007, pp. 293-296.
  35. 1 2 Simón Ballesteros, 2011, pp. 258-259.
  36. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafo 11.
  37. Orsi Lázaro, 2015, pp. 99-100.
  38. Sánchez Martínez, 2016, pp. 57-58.
  39. 1 2 3 Sánchez Martínez y Gassiot Pintori, 1991, p. 224.
  40. 1 2 López Fernández, 2007, p. 4.
  41. Sánchez Martínez, 2016, p. 58.
  42. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafo 26.
  43. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafo 12.
  44. Sánchez Martínez, 2016, p. 59.
  45. Baydal Sala, 2023, p. 5.
  46. López Fernández, 2007, p. 5.
  47. Sánchez Martínez y Gassiot Pintori, 1991, p. 226.
  48. Sánchez Martínez y Gassiot Pintori, 1991, pp. 226-228.
  49. Sánchez Martínez y Gassiot Pintori, 1991, p. 230-234.
  50. López Fernández, 2007, pp. 8-9.
  51. López Fernández, 2007, p. 10.
  52. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafo 5.
  53. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafo 9.
  54. Zurita y Castro, 1562, pp. 265-266.
  55. Zurita y Castro, 1562, p. 266.
  56. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafos 10-11.
  57. Zurita y Castro, 1562, p. 267.
  58. Sánchez Martínez, 2010, p. 60.
  59. Sánchez Martínez y Gassiot Pintori, 1991, pp. 234-235.
  60. Zurita y Castro, 1562, pp. 267-268.
  61. Zurita y Castro, 1562, pp. 267-269.
  62. Zurita y Castro, 1562, pp. 270-272.
  63. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafo 20.
  64. Zurita y Castro, 1562, pp. 272-273.
  65. Zurita y Castro, 1562, pp. 274-275.
  66. Zurita y Castro, 1562, pp. 275-277.
  67. Zurita y Castro, 1562, pp. 277-279.
  68. Ensenyat Pujol, 2018, Párrafo 13.
  69. Sánchez Martínez, 2016, pp. 60-61.
  70. Zurita y Castro, 1562, pp. 279-282.
  71. Zurita y Castro, 1562, pp. 282-283.
  72. Zurita y Castro, 1562, pp. 285-287.
  73. Cabezuelo Pliego, 1995, pp. 574-575.
  74. Cabezuelo Pliego, 1995, p. 576.
  75. Cabezuelo Pliego, 1995, pp. 576-577.
  76. Lafuente Gómez, 2009, pp. 74-75.
  77. Simón Ballesteros, 2011, p. 263.
  78. 1 2 Cabezuelo Pliego, 2006, pp. 259-260.
  79. 1 2 Sánchez Martínez, 1995, pp. 790-791.
  80. Sánchez Martínez, 1995, pp. 793-798.
  81. Sánchez Martínez, 1995, p. 791.
  82. 1 2 Baydal Sala, 2023, pp. 10-11.
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  84. Simón Ballesteros, 2011, pp. 257-258.
  85. Simón Ballesteros, 2011, pp. 254-255;258.
  86. Simón Ballesteros, 2011, p. 254.
  87. Lafuente Gómez, 2009, pp. 124-125.
  88. Lafuente Gómez, 2009, pp. 118-119.
  89. Lafuente Gómez, 2009, pp. 129-130.
  90. 1 2 Lafuente Gómez, 2009, pp. 130-131.
  91. Cabezuelo Pliego, 2006, pp. 261-263.
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  93. Cabezuelo Pliego, 2006, p. 271.
  94. Lafuente Gómez, 2009, pp. 130-133.
  95. Cabezuelo Pliego, 2006, p. 287.
  96. Cabezuelo Pliego, 2006, pp. 278-279.
  97. Cabezuelo Pliego, 2006, pp. 280-281.
  98. 1 2 Sánchez Martínez, 2005, p. 493.
  99. Cabezuelo Pliego, 2006, p. 288.
  100. Orsi Lázaro, 2008, p. 932.
  101. 1 2 Cabezuelo Pliego, 2006, p. 289.
  102. Orsi Lázaro, 2015, pp. 95-96.
  103. Orsi Lázaro, 2015, p. 102.
  104. Orsi Lázaro, 2015, pp. 109-110.
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  111. 1 2 Orsi Lázaro, 2008, p. 942.
  112. 1 2 3 Orsi Lázaro, 2008, p. 945.
  113. 1 2 Bertran Roige, 1998, p. 739.
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Bibliografía

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