Principado de Cataluña

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Cataloniae principatus novissima et accurata descriptio. Mapa publicado en 1608 en Amberes por J. B. Vrients.

El Principado de Cataluña' (en catalán, Principat de Catalunya, en latín, Principatus Cataloniae, en occitano Principautat de Catalonha) es un nombre histórico y tradicional de Cataluña, que se traduce como Soberanía de Cataluña, y es indirectamente expuesto en los Usatges de Barcelona, desde el Usatge 65 de 1064. Este usaje es tan antiguo como el Fuero de Jaca (entre 1063 y 1077), base de la ley en el vecino Reino de Aragón.[1] [2]

El término Principado de Cataluña se refiere a las actuales comunidad autónoma española de Cataluña y a la mayor parte del departamento francés de los Pirineos Orientales, así como a la entidad política que existió durante gran parte de la Edad Media y de la Edad Moderna en esos territorios. No se debe confundir, por tanto, el nombre de la entidad política llamada Principado de Cataluña, con un título nobiliario.

A menudo se ha utilizado el título nobiliario de príncipe por el heredero de una corona. En el caso de la Corona de Aragón, el heredero ostentaba el título de duque de Gerona, que más tarde fue cambiado a príncipe de Gerona.

Introducción[editar]

Hace unos tres mil años, la península ibérica estaba habitada por varios grupos étnicos, donde destacaban dos grandes grupos: los íberos y los celtas. Estos pueblos se organizaban en tribus que vivían en pueblos amurallados y en lugares elevados.

Los pueblos íberos vivían en la costa mediterránea, comerciaban con los griegos, fenicios y cartagineses. Se les daba muy bien la escritura y hacían esculturas bellas, algunos de sus asentamientos más reconocidos son Cástulo (Linares), Basti (Baza), Edeta (Líria), Barkeno (Barcelona)[3] y Salduie (Zaragoza). La mayoría se dedicaban a la ganadería, a la agricultura y también eran expertos artesanos.

Otros pueblos de origen íbero con influencias celtas o "celtizados" eran llamados celtíberos, algunos de sus asentamientos más reconocidos son Attakon, Bílbilis, Borjabudo, Calagurris, Clunia, Contrebia Belaisca, Contrebia Carbica, Contrebia Leucade, Nertobriga, Numancia, Tiermes, Secontia, Segeda y Uxama Argaela.

Los pueblos celtas habitaban tierras de la meseta y de la costa atlántica de la península ibérica, se dedicaban principalmente a la ganadería, eran especialistas en la fabricación de objetos de metal y algunos de sus asentamientos más reconocidos son Abándames, Baroña, Bisuldunum, Coaña, Cogotas, Llagú, Noega, Pendia, Pintia, Raso, Sámano, Segóbriga, Ulaca y Vieito. Mantenían pocas relaciones comerciales con otros grupos.

También, en la península ibérica destacaban los tartessos quienes vivían en la depresión del río Guadalquivir y eran expertos en trabajar metales, como bronce, plata y oro.

En el siglo VII a. C., fenicios y cartagineses aumentan el establecimiento de colonias en la costa sur de la península, mientras los griegos se sitúan en la costa este del mar mediterráneo, venden cerámica y compran sal, esparto y metales; después se iniciará un período de dominio cartaginés sobre las colonias griegas en la península ibérica.

En 226 a. C., los cartagineses y los romanos firman el llamado Tratado del Ebro, definiendo al río Ebro como límite norte o septentrional de la expansión cartaginesa.

En 218 a. C., los romanos vencen a los cartagineses e inician la conquista de la península ibérica, ya que luego vencerán a los diferentes grupos íberos y celtas, para empezar a gobernar el territorio que denominan Hispania.

En 197 a. C., los romanos dividen la administración de Hispania en provincias, bajo el mando de gobernadores que controlan todo, particularmente el cobro de impuestos; el territorio de la actual Cataluña y otros territorios del este quedan englobados en la provincia denominada Hispania Citerior con capital en Tarraco (Tarragona) que es gobernada por el pretor romano Cayo Sempronio Tuditano, y los territorios del sur quedan englobados en la provincia llamada Hispania Ulterior con capital en Corduba (Córdoba) que es gobernada por el pretor romano Marco Helvio Blasio, quienes luego se enfrentan a la denominada Revuelta íbera (197-195 a. C.), en el marco de las guerras celtíberas.

Entre 82 a. C. y 72 a. C., los romanos en la península ibérica experimentan un conflicto interno denominado la guerra de Sertorio o «guerra sertoriana» como una consecuencia de la primera guerra civil romana, que enfrenta a los llamados populares liderados por el general romano Quinto Sertorio, autoproclamado procónsul (gobernador) de la Hispania Citerior, contra los llamados optimates liderados por los generales romanos Quinto Cecilio Metelo Pío y Cneo Pompeyo Magno.

Entre 27 a. C. y 19 a. C., el primer emperador romano Augusto redefine las provincias de Hispania, y se engloba el territorio de la actual Cataluña y otros territorios dentro de la provincia Tarraconense con capital en Tarraco (Tarragona), los territorios del sur se engloban en la provincia Bética con capital en Corduba (Córdoba); y también se constituye la provincia de Lusitania con capital en Augusta Emerita (Mérida).

Entre 297 y 314 (Laterculus Veronensis), el emperador Diocleciano reorganiza en Hispania, la llamada Diócesis Hispaniarum, donde incluye a la provincia norafricana de Mauretania Tingitana, y segrega de la provincia Tarraconense algunos de sus territorios (conventus iuridicus) para crear las provincias de Carthaginense y de Gallaecia.

Cerca de 340, el emperador Constantino II agrega una nueva provincia dentro de la llamada Diócesis Hispaniarum o Hispania, al crear la provincia de Balearica en otro territorio (conventus iuridicus) que es segregado de la provincia Tarraconense; en 425 la provincia romana de Balearica es saqueada por los vándalos procedentes de la península ibérica; en 455 la provincia romana de Balearica, junto con Córcega, Cerdeña y Sicilia, son conquistadas por los vándalos procedentes del norte de África (Cartago); en 534 todas estas islas son tomadas por el Imperio bizantino; en 707 el líder musulmán en el norte de África Musa ibn Nusayr envía a su hijo Abd Allah ibn Musa a una expedición a los territorios imperiales insulares de Sicilia, Cerdeña y las islas Baleares donde firma tratados de sumisión con sus gobernantes, y se lleva entre otros rehenes de los distintos territorios, a los malik de Mallorca y Menorca (seguramente gobernadores bizantinos) hacia Damasco, para ratificarlos ante el califa omeya al-Walid; en 799 los gobernantes de las islas Baleares envían embajadas a la corte del rey Carlomagno de los francos, a solicitar ayuda debido a los continuos ataques musulmanes en las islas Baleares, ofreciendo el sometimiento de las islas Baleares a los carolingios, lo cual es aceptado; en 848 los gobernantes de las islas Baleares firman tratado de sumisión con el emir de Córdoba Abderramán II; en 859 una expedición vikinga asalta las islas Baleares; entre 892 y 897 son formuladas unas pretensiones del obispado de Gerona sobre el control de las islas de Mallorca y Menorca; en 903 las islas Baleares son conquistadas por el Califato de Córdoba.

En 411, según relata Hidacio, dos años después de su entrada en la península ibérica, los pueblos suevos, vándalos y alanos llegan al acuerdo con el Imperio romano de poner fin al saqueo y al pillaje al que habían sometido hasta entonces a las provincias romanas de Hispania y se asientan de forma estable en ellas; a los alanos les corresponde la Lusitania y la Cartaginense; a los vándalos silingos le corresponde la Bética; a los vándalos asdingos le corresponde el interior de la Gallaecia —región de Lugo y Astorga— y a los suevos le corresponde la Gallaecia colindante con el océano Atlántico; en total, sumarían unas 200 mil personas, contando mujeres y niños, frente a unos cinco millones de hispanorromanos.[4]

Entre 416 y 418, el Imperio romano firma un foedus con el rey Walia del pueblo visigodo, para controlar los territorios cedidos a suevos, vándalos y alanos; las fuerzas visigodas penetran en la península ibérica con la autoridad conferida por el Imperio romano, y recuperan el control sobre las provincias más ricas y romanizadas de Hispania: Bética, Lusitania, Tarraconense y Cartaginense,[5] territorios que les son asignados para que se asienten como pueblo federado, optando al reparto de tierras en el sur de la Galia y en Hispania, sentando las bases del futuro Reino visigodo de Tolosa; los suevos conservaron el control de su territorio hasta 585 que es ocupado por los visigodos.

En 422, los vándalos establecidos en la provincia Bética, liderados por su rey Gunderico, incursionan en los demás territorios de Hispania y en la Mauretania Tingitana; en 427, Bonifacio Comes Africae (conde de la diócesis de África) rechaza una orden de cese enviada por el emperador Valentiniano III y derrota a un ejército enviado en su contra; en 428 es vencido por una segunda fuerza enviada en su contra, por lo que Bonifacio invita al norte de África al líder vándalo Genserico, sucesor de Gunderico, y en 429 le proporciona una flota que traslada a los vándalos a Tingis, quienes luego de cruzar el estrecho de Gibraltar rechazan cualquier control y arrasando todo a su paso en el noroeste de África, marchan hacia Cartago que consiguen tomar (capturando a la flota imperial romana arrimada en el puerto); en 461 los vándalos logran el dominio del mar mediterráneo occidental al vencer a una nueva flota romana en las costas de Hispania (en la batalla de Cartagena); en 474 los vándalos acuerdan la paz perpetua con el Imperio bizantino (Constantinopla) que reconoce la soberanía vándala sobre los territorios del noroeste de África, las islas Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia.

En 476, cae el Imperio romano, el emperador Rómulo Augústulo es depuesto en Roma por Odoacro, rey de los hérulos, que se proclama rey de Italia; mientras el rey visigodo Eurico asume como primer rey independiente del Reino visigodo de Tolosa.

En 507, según la Crónica Gallica, en Vouillé, el rey franco Clodoveo, con la ayuda de sus aliados burgundios, derrota a las fuerzas visigodo-romanas del rey Alarico del Reino visigodo de Tolosa, que muere en el combate, luego Tolosa es saqueada por los francos, y los visigodos se retiran a Narbona y después a Barcelona donde establecen su corte entre 508 y 511, para luego trasladarse hacia Toledo, donde se formaliza el Reino visigodo de Toledo por 200 años, hasta la conquista musulmana.

En 533, el general Belisario del Imperio bizantino vence a los vándalos en el norte de África, que ocupa en nombre del emperador Justiniano I de Bizancio; luego entre 552 y 564, el Imperio bizantino conquista territorios en el sur de Hispania y establecen la provincia de Spania, que unifican con las posiciones del norte de África de la antigua Mauretania Tingitana, dando a todo el territorio el nombre de Mauretania Secunda, organizando un Dux Mauretania (duque de Mauretania), que controla Tingis (la actual Tánger) y Septem (la actual Ceuta), y los territorios entre Cádiz y Elche de la provincia de Spania, con capital en Cartago Spartaria (la actual Cartagena), hasta que son ocupados en 624 por los visigodos.

En 711, fuerzas musulmanas procedentes del norte de África inician la conquista de la península ibérica, sometiendo a los gobernantes visigodos en los diferentes territorios; las primeras incursiones musulmanas al nororiente de la península ibérica empiezan entre 712 y 713, procedentes de Valencia ocupan el actual Baix Ebre y el Montsià, y desde Zaragoza, ocupan la actual Lleida, Balaguer y el valle del Segre, luego asedian Tarragona, que resiste hasta 716, después Barcelona, Girona y el Empordà son conquistadas en 718.

En 719, los musulmanes cruzan los Pirineos, llegan a Narbona y ocupan gran parte de la región de Septimania.

En 731, el valí bereber Uthman ibn Naissa de Narbona y de la región de Cerdaña, llamado "Munuza" por los francos, emparentado por matrimonio con el duque Odón el Grande de Aquitania, se rebela contra el valí de al-Andalus en Córdoba, pero es derrotado y muerto.

En octubre 732 en la batalla de Poitiers, los musulmanes al mando del valí de Córdoba, Al-Gafiqi, son vencidas por Carlos Martel, entre Tours y Poitiers, cortando el avance musulmán por Europa occidental.

En 796, el Wali musulmán Sadun al-Ruayni gobernaba Barcelona, y estaba opuesto al emir Alhakén I del Emirato de Córdoba.

En abril de 797, el Wali Sadun al-Ruayni de Barcelona se presenta en Aquisgrán y ofrece al rey franco Carlomagno, someter la ciudad de Barcelona, a cambio de sostenerle como gobernante y ayudarle en su lucha contra el emir Alhakén I del Emirato de Córdoba.

En la primavera de 800, Carlomagno convoca a una Asamblea en Toulouse y decide enviar a su hijo Luis el Piadoso hacia Barcelona, con un ejército al mando de varios nobles, entre ellos el conde Rostan de Gerona, Ademar de Narbona y Guillermo I de Tolosa, pero el Wali musulmán Sadun al-Ruayni de Barcelona, no cumple su palabra y se niega a entregar Barcelona a los francos, que inician un largo asedio.

En el otoño de 800, el Wali musulmán Sadun al-Ruayni de Barcelona intenta escapar hacia el Emirato de Córdoba pero es capturado, siendo sucedido por el Wali musulmán Harun de Barcelona.

En abril de 801, la población está muy afectada por el hambre, y los visigodos cristianos de Barcelona que apoyan al gobierno musulmán, se deciden por entregar al Wali musulmán Harun y rendir Barcelona a los francos, entrando Luis el Piadoso al día siguiente, luego un hijo de Guillermo I de Tolosa, llamado Bera, que había participado en la conquista de Barcelona junto a su padre, es investido como el primer conde de Barcelona, con título de marqués al gobernar un condado fronterizo en la llamada Marca Hispánica del imperio carolingio.

En 844, según los historiadores árabes, los vikingos hacen una primera incursión en la península ibérica, citando que hormigueaban sus navíos en las costas como «pájaros marinos rojinegros»;[6] los Annales Complutenses, del siglo XVII,[7] hacen referencia a un desembarco cerca de Gijón, realizado ese año por vikingos que habían llegado en 54 naves y que subieron después, por la cercana ría de Arosa;[8] más tarde, Ramiro I de Asturias les venció en La Coruña; de allí, la flota atacó las ciudades de Lisboa, Cádiz y Sevilla, todas ellas bajo el control de los omeyas del Emirato de Córdoba.

En 859, una expedición vikinga incursiona en las costas de la península ibérica, en Galicia asaltan Iria Flavia y asedian Santiago de Compostela, siendo rechazados,[9] pasando posteriormente a saquear Algeciras[10] y luego de atravesar el estrecho de Gibraltar, atacan la ciudad de Nador, el castillo de Orihuela[11] y las islas de Mallorca, Formentera y Menorca; en el invierno se establecieron en la zona de Camarga, saqueando el valle del Ródano, apoderándose en el Rosellón, de Elna, Santa María de Arles, San Genís de Fontanes y asolando Ampurias,[12] llegando hasta Bañolas;[13] en la primavera atacaron Valence, después navegaron hacia el este, destruyendo la ciudad de Luna al norte de Italia, Fiesole, Pisa y Florencia; ya de regreso en 861 son rechazados por la flota andalusí, que consigue hundirles dos embarcaciones; después los vikingos saquean Pamplona, donde capturan al rey García Íñiguez de Pamplona, que liberan tras el pago de un rescate.[14]

En 878, el rey Luis II de Francia (Francia Occidental) desposee a Bernardo de Gothia de sus honores de conde de Barcelona, marqués de Gothia y de Septimania; luego es investido Wifredo el Velloso, conde de Barcelona, Gerona, Osona y Besalú, siendo el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca y el primero que lega sus estados a sus hijos.

En 897, muere Wifredo el Velloso y el núcleo formado por los condados de Barcelona, Gerona y Osona se mantuvo indiviso.[15] De esta forma, se crea la base patrimonial de la casa condal de Barcelona, lo cual ha sido considerado por sectores de la historiografía catalana como el inicio de la independencia de la Marca Hispánica de estos condados, que se aglutinarían en el siglo XIV en el Principado de Cataluña. Los condes que sucedieron a Wifredo el Velloso al frente del condado de Barcelona mantuvieron su lealtad a la Dinastía carolingia, incluso frente a los intentos de diversos usurpadores de ocupar el trono franco. Así, durante el reinado de Carlos III de Francia se mantuvo la cronología según sus años de reinado en los documentos del condado, pero esta costumbre se interrumpe en 923 durante el período del rey Raúl I de Francia, aunque es restaurada en 936 al retornar los carolingios al poder con Luis IV de Francia. De todos modos, no consta que el conde Suñer I fuese a rendirle homenaje personalmente ni que le jurase fidelidad, aunque sí acudieron diversos clérigos y magnates del condado.[16]

En 960, el conde Borrell II de Barcelona se proclama "príncipe de Tarragona" en uno de los primeros intentos de ejercer un dominio cristiano sobre la antigua ciudad de Tarraco, que en 1116 es conquistada al Imperio almorávide por el conde Ramón Berenguer III de Barcelona, quien en 1118 entrega la región de Tarragona "destruida y desierta, sin cultivos, ni inquilinos" al eclesiástico Olegario, nombrado como obispo de Tarragona, que en 1129 cede el territorio como un principado eclesiástico al mercenario normando Robert Bordet, que antes había servido a las órdenes del rey Alfonso I de Aragón, por lo que el 14 de marzo de 1129, Robert Bordet es nombrado príncipe de Tarragona mediante un pacto de vasallaje a partir de la infeudación del Principado de Tarragona al arzobispado de Tarragona, de manera que los normandos de Robert Bordet se instalan en Tarragona y aprovechan una antigua torre romana todavía en pie, la actual Torre del Pretorio, para establecer su castillo, iniciando un proceso de repoblamiento de la ciudad, dirigido por el normando Robert Bordet, pero controlado desde el condado de Barcelona por el arzobispo Olegario de Tarragona, quien en 1146 es sucedido como obispo de Tarragona por un hombre de confianza del conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, el eclesiástico Bernat Tort que se establece en la ciudad de Tarragona, y empieza una serie de conflictos jurisdiccionales que culminan con la extinción del Principado de Tarragona y la restitución del territorio de Tarragona en 1151 al conde Ramón Berenguer IV de Barcelona.

En 985, el conde Borrell II gobierna Barcelona, que tras ocho días de asedio, es atacada, incendiada y saqueada por el caudillo musulmán Al-Mansur; el conde Borrell II de Barcelona se refugia en las montañas de Montserrat, en espera de la ayuda del rey Lotario de Francia, pero no aparecen las tropas francas, lo que genera un gran malestar.

En 988, durante la sustitución de la dinastía Carolingia por la dinastía Capeta, no consta que el conde Borrell II de Barcelona prestase el debido juramento de fidelidad al rey Hugo I de Francia, pese a que se lo requirió por escrito. Este acto es generalmente interpretado como el punto de partida de la independencia de hecho del condado de Barcelona.[17]

En 1058, el conde Ramón Berenguer I es mencionado como soberano de Barcelona, conde de Gerona y marqués de Osona (princeps Barchinonensis, comes Gerundensis, marchio Ausonensis) en las Actas de consagración de la catedral de Barcelona,[18] lo que constituye un precedente en el uso del término princeps (soberano), para hacer referencia al conde de Barcelona.

Antecedentes[editar]

Portada de los Usatges de Barcelona.

En 1064, el Usatge 65 de las Cortes barcelonesas en tiempos del conde Ramón Berenguer I, denomina principatus (soberanía) a un conjunto de territorios, formado por los condados de Barcelona, Gerona y Osona.[19] Los herederos del conde Ramón Berenguer I irán consolidando la supremacía del condado de Barcelona sobre los demás condados catalanes.

En 1069, en la región del Languedoc, el conde Ramón Berenguer I de Barcelona compra los condados de Carcasona, Rasez, Beziers y Agda, a sus herederas, por «4000 mancusos[20] procedentes de las paries»[21] pasando a ser titular como conde de Carcasona, Rasez y vizconde de Beziers y Agda; después su hijo, Ramón Berenguer II, hereda los títulos, siendo conde y vizconde hasta su muerte en 1082.

En 1090, Berenguer Ramón II al mando de las tropas del rey Al-Mundir de la Taifa de Lérida y de la Taifa de Denia, desarrolla incursiones militares entre las tierras cercanas a los dominios musulmanes de la Taifa de Zaragoza y de la Taifa de Valencia, que son frustradas por el señor independiente Rodrigo Díaz de Vivar "el Cid", que lo derrota y captura en la batalla de Tévar, cerca de Morella, en la actual provincia de Castellón (durante la época de los reyes Alfonso VI de León, Galicia y Castilla, y Sancho Ramírez de Aragón y Pamplona).

Entre 1113 y 1115, bajo la autoridad de Ramón Berenguer III se pone de manifiesto la potencialidad de la flota catalana, con hechos como la conquista momentánea de Mallorca. Al mismo tiempo, se iniciaba una política de alianzas ultrapirenaicas que culminan en la llamada unión de Barcelona y Provenza, por el casamiento de Ramón Berenguer III con Dulce de Provenza.

Entre 1117 y 1125, un pisano anónimo relata en una epopeya en latín medieval, titulada «Liber maiolichinus[22] de gestis pisanorum illustribus» («Libro mallorquín de los hechos ilustres de los pisanos»), la historia de la expedición de la conquista cruzada de Mallorca liderada por la república de Pisa entre 1113 y 1115, y describe los motivos de los cruzados pisanos y catalanes, sus deseos de liberar a esclavos cristianos y vencer a corsarios musulmanes, que desde las islas Baleares sembraban el terror por todo el mar mediterráneo.[23] La obra contiene las referencias más tempranas sobre los términos catalanes (catalanenses) y Cataluña (Catalaunia), se describen a christicolas catalanensesque («cristianos i catalanes»), se indica un lugar de origen (la tierra de los catalanes), Ramón Berenguer III de Barcelona es llamado dux catalanensis («duque catalán») y rector catalanicus hostes («rector de los ejércitos catalanes»), siendo alabado como catalanicus heros («héroes catalanes»), junto a Hugo II de Ampurias comes Ampurie («conde de Ampurias»).

En mayo de 1118, el rey Alfonso I de Aragón y de Pamplona inicia el asedio de la ciudad musulmana de Zaragoza, y en diciembre de 1118 logra conquistarla; en 1134 muere el rey Alfonso I de Aragón y de Pamplona y en su testamento lega sus reinos a las órdenes militares, lo cual es rechazado por las noblezas del reino de Aragón y del reino de Pamplona que deciden presentar sus respectivos candidatos al trono, por su parte, el rey Alfonso VII de León reclama ambos tronos, alegando ser tataranieto del rey Sancho Garcés III de Pamplona, pero su candidatura no es aceptada, ni por los nobles aragoneses que nombran rey de Aragón al hermano del fallecido rey Alfonso I de Aragón, conocido como Ramiro "El Monje", ni por los nobles pamploneses que eligen rey de Pamplona a su primo lejano García Ramírez; el rey Alfonso VII de León reacciona ocupando militarmente La Rioja y Zaragoza, que luego entrega al recién nombrado rey García Ramírez de Pamplona a cambio de su juramento de vasallaje; después es apoyado por nobles del norte de los Pirineos y controla amplios territorios de la región de Occitania llegando hasta el río Ródano, retoma la vieja idea imperial hispánica del rey Alfonso III de Asturias y el 26 de mayo de 1135 se hace coronar en la catedral de León,[24] Imperator totius Hispaniae (Emperador de toda España), por el cardenal Guido de Vico, legado del papa Inocencio II, en una ceremonia donde recibe el homenaje de su cuñado, el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, y de su primo lejano el rey García Ramírez de Pamplona, del conde Ermengol VI de Urgel, del conde Alfonso Jordán de Tolosa, del conde Bernardo II de Cominges, del conde Roger II de Foix, del conde Guillermo de Montpellier, y de otros señores y embajadores de Gascuña, y de la región de Occitania, así como de los principales linajes de los reinos musulmanes en la península ibérica, como el caudillo ismaelita Sayf al-Dawla, conocido como Zafadola; no asistieron su primo el conde Alfonso I de Portugal (luego rey de Portugal desde 1139), ni su pariente lejano el rey Ramiro II de Aragón, quien está enemistado por la ocupación leonesa en Zaragoza, que ha entregado al rey García Ramírez de Pamplona; en 1136 es resuelta esta enemistad cuando el rey Alfonso VII de León desposee de Zaragoza al rey García Ramírez de Pamplona (quien se rebela entre 1137 y 1139), y le entrega Zaragoza al rey Ramiro II de Aragón, al acordarse un compromiso matrimonial entre sus hijos Sancho y Petronila (boda que nunca se celebrará, ya que en 1137 se acuerdan los esponsales entre Petronila y el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, nupcias que se realizarán en 1150, sellando la unión dinástica del reino de Aragón, el condado de Barcelona y demás condados catalanes, en la Corona de Aragón).

Las Cortes Catalanas en el siglo XV, presididas por Fernando II de Aragón

En 1131, Ramón Berenguer IV es intitulado conde de Barcelona, Gerona, Osona y Cerdaña; después, en 1137 es intitulado princeps del Reino de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza[25] (que significa primus inter pares), luego que el rey Ramiro II de Aragón se compromete a desposar a su única hija Petronila de Aragón (de un año de edad) con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona (los esponsales se firmaron en Barbastro el 11 de agosto de 1137).

En 1147, Ramón Berenguer IV apoya al rey Alfonso VII de León, que reúne a fuerzas aragonesas, catalanas, genovesas, pisanas, leonesas y castellanas en la toma a los musulmanes del Imperio almorávide de la ciudad de Almería, que una década después es conquistada por el Imperio almohade.[26]

En 1148, Ramón Berenguer IV apoyado por tropas conjuntas de Guillermo de Montcada, la República de Génova y los Caballeros Templarios, conquista la Taifa de Tortosa al Imperio almorávide.

El 24 de octubre de 1149, luego de siete meses de asedio, tropas conjuntas de Ramón Berenguer IV y de Ermengol VI de Urgel conquistan la Taifa de Lérida.

En enero de 1150 se otorga la Carta Puebla a Lérida y el título de Marquesado de Lérida, para así evitar que sea feudataria del reino de Francia, como eran los demás condados pervivientes de la antigua Marca Hispánica.

En agosto de 1150, en el Castillo de La Zuda de Lérida se celebraron los esponsales entre Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón.

El 27 de enero de 1151 (luego de la muerte en 1150 del rey García Ramírez de Pamplona), se firma el Tratado de Tudilén entre la naciente Corona de Aragón representada por el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona y la entonces Corona de León representada por el rey Alfonso VII de León, enmarcado en los planes de repartirse el reino de Pamplona, entonces gobernado por el joven rey Sancho VI (quien desde 1162 lo empezó a denominar reino de Navarra), y en el reconocimiento a la Corona de Aragón de los derechos de conquista sobre los territorios musulmanes de Valencia, Denia y Murcia.

En febrero de 1158, se firma el Tratado de Haxama o Acuerdo de Serón de Nágima entre la naciente Corona de Aragón representada por el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona y la renaciente Corona de Castilla (originada en 1065 por el rey Sancho I de Castilla) representada por el rey Sancho III de Castilla, enmarcado en el problema surgido desde el testamento del rey Alfonso I de Aragón respecto a su sucesión en 1134, y se acuerda que el rey castellano renuncia al título de rey de Zaragoza que ostentó su padre, Alfonso VII de León, así como a su soberanía sobre la ciudad de Calatayud y otras villas que se le habían cedido por el Tratado de Carrión, y las cede al conde Ramón Berenguer IV de Barcelona y a su hijo (el futuro Alfonso II de Aragón, a quien en el documento se le llama Ramón),[27] con la condición de rendir homenaje al rey de Castilla y a sus sucesores, sin estar obligado a entregarle ninguna fuerza, castillo o señorío,[28] homenaje que el rey Alfonso II de Aragón pudo liberarse en 1177, después de combatir en el asedio de Cuenca; por esta época se desarrolla el sistema de administración territorial de veguerías en Cataluña, como la denominada Veguería de Tarragona.

El 18 de julio de 1164, la reina Petronila I de Aragón abdica en su hijo el rey Alfonso II de Aragón, quien da inicio en la Corona de Aragón a la dinastía de la Casa de Barcelona, que finalizará en 1410 con la muerte sin descendencia del rey Martín I de Aragón.

En 1166, el conde Ramón Berenguer III de Provenza (nieto del conde Ramón Berenguer III de Barcelona) muere intentando conquistar la ciudad de Niza, y el condado de Provenza lo hereda el rey Alfonso II de Aragón y conde de Barcelona —quien adopta el título de marqués de Provenza—, y une este territorio a la Corona de Aragón hasta su muerte en 1196, cuando el marquesado de Provenza lo hereda su hijo menor Alfonso II de Provenza y se mantiene independiente hasta 1245 que muere Ramón Berenguer V de Provenza, cuya hija Beatriz I de Provenza (biznieta del Alfonso II de Aragón) se casa con el conde Carlos I de Anjou, futuro rey de Nápoles, iniciando el vínculo con la dinastía Anjou y su unión temporal con el reino de Nápoles, hasta la reina Juana I de Nápoles, cuando su hijo adoptivo Luis I de Anjou y sus descendientes son reyes titulares de Nápoles y luchan con la rama Anjou-Durazzo por el reino de Nápoles; en 1481 a la muerte sin descendientes de Carlos III de Anjou los títulos de conde de Provenza y duque de Anjou se revirtieron en su primo Luis XI de Francia y se integraron en la Corona francesa.

En 1173, en la región del Languedoc, el conde Raimundo V de Tolosa firma la paz con el rey Enrique II de Inglaterra, a cambio de reconocerse como su vasallo,[29] después vuelve a la obediencia del papa Alejandro III.

En 1176, el conde Raimundo V de Tolosa se reúne en una isla, entre Bellcaire y Tarascón, con el rey Alfonso II de Aragón, y acepta cederle los derechos sobre el condado de Gavaldá, el Condado de Carladés y la ciudad de Arlés en el Condado de Provenza, a cambio de 31 000 marcos.

En 1184, la Iglesia católica crea la Inquisición episcopal en la región del Languedoc (territorio bajo el vasallaje de diferentes señores feudales, entre ellos el rey Alfonso II de Aragón) la cual está orientada a perseguir al movimiento religioso gnóstico de los cátaros o albigenses; luego en 1249 se implanta la Inquisición pontificia en la Corona de Aragón (la primera Inquisición con ámbito estatal); después en la Edad Moderna, con la unión de la Corona de Aragón y la Corona de Castilla se instala la llamada Inquisición española (1478-1821) bajo el control directo de la monarquía hispánica, cuyo ámbito de acción se extenderá hasta los territorios de América para controlar a los súbditos españoles; la Iglesia católica también establece la Inquisición portuguesa (1536-1821) y la Inquisición romana (1542-1965).

Cerca de 1204, se escriben las Homilías de Orgaña (u Orgañá; en catalán: Homilies d'Organyà), uno de los documentos de carácter literario, y que va más allá del fragmento, más antiguos que se conocen escritos en lengua catalana, por la antigüedad de su lenguaje entre el latín vulgar y la lengua romance del idioma catalán. Hay otros textos más antiguos en catalán, como el fragmento de la traducción del Forum iudicum (de mediados del siglo XII),[30] el juramento feudal de 1098, los Greuges de Guitard Isarn (Agravios de Guitard Isarn) entre 1080 y 1091, también procedentes de Orgaña y mucho más breves,[31] o el juramento de Radulf Oriol, redactado entre 1128 y 1147, así como glosas con términos catalanes, sin ligazón sintáctica, en documentos en latín, datables hacia el 1134.

En 1209, el papa Inocencio III convoca a la llamada Cruzada Albigense en contra del movimiento religioso gnóstico conocido como los cátaros, asentado en el Languedoc, región bajo el vasallaje del conde Ramón VI de Tolosa, del vizconde Raimundo Roger Trencavel de Carcasona, y entre otros señores, del rey Pedro II de Aragón, quienes deciden oponerse a la convocatoria por tratarse de territorios bajo su jurisdicción; sin embargo, esta convocatoria es apoyada por varios señores vasallos del rey Felipe II de Francia, que aportan fuerzas militares provenientes principalmente de la Isla de Francia y del norte de Francia, comandadas por el conde Simón de Montfort, quienes en 1213 consiguen vencer y dar muerte al rey Pedro II de Aragón en la batalla de Muret, logrando conquistar el Languedoc, región que reclaman en nombre del rey Felipe II de Francia.

Entre 1229 y 1238, fuerzas vinculadas al rey Jaime I de Aragón, hijo del rey Pedro II de Aragón y de María de Montpellier, conquistan las islas de Mallorca, Ibiza y Formentera, así como la antigua Taifa de Valencia, antiguos dominios del imperio almohade; la lengua catalana, todavía no diferenciada de la lengua occitana medieval, remplaza a la lengua árabe como lengua oficial en dichos territorios; en 1231 la isla de Menorca acepta rendir vasallaje al rey Jaime I de Aragón, por lo que no es conquistada hasta 1287.

En septiembre de 1229 desembarcan en Mallorca las fuerzas del rey Jaime I de Aragón y tres meses después toman la ciudad de Madîna Mayûrqa (actual Palma de Mallorca), pero la resistencia musulmana en las montañas dura hasta 1231, en el Llibre del Repartiment de Mallorca[32] se describe el reparto del territorio entre los nobles que participaron en la campaña, creando el Reino de Mallorca, independiente de la Corona de Aragón por las disposiciones de su testamento de 1261,[33] siendo heredado en 1276 por su hijo menor Jaime II de Mallorca, quien también hereda Rosellón, Cerdaña, Montpellier, Omeladès y Carladès; en 1285 el rey Jaime II de Mallorca se alió con el papa Martín IV y con el rey Felipe III de Francia en contra de su hermano mayor el rey Pedro III de Aragón, en una invasión a Cataluña que es rechazada luego de la derrota de la flota francesa por la flota aragonesa al mando del almirante Roger de Lauria en la batalla de Formigues; en 1286 el rey Alfonso III de Aragón conquista el Reino de Mallorca (las islas de Mallorca, Ibiza y Formentera) a su tío Jaime II de Mallorca, quien conserva Rosellón, Cerdaña, Montpellier, Omeladès y Carladès; en 1295 el rey Jaime II de Aragón acepta la decisión del papa Bonifacio VIII de devolver todas las islas Baleares a su tío el rey Jaime II de Mallorca y firma el Tratado de Anagni, a condición que el reino de Mallorca siga siendo vasallo de la Corona de Aragón, vasallaje que el rey Jaime II de Mallorca solamente reconoce hasta 1298 con la firma del Tratado de Argilers; en 1311 el reino de Mallorca es heredado por el rey Sancho I de Mallorca, luego en 1324 es heredado por el rey Jaime III de Mallorca, después en 1343 el rey Pedro IV de Aragón inicia un proceso que luego sentencia la confiscación del reino de Mallorca al rey Jaime III de Mallorca; en 1344 el rey Pedro IV de Aragón ocupa el reino de Mallorca y en 1345 conquista Rosellón y Cerdaña; en 1349 el rey Jaime III de Mallorca vende el señorío de Montpellier y demás posesiones en Occitania al rey Felipe VI de Francia, luego desembarca en la isla de Mallorca, siendo vencido y muerto el 25 de octubre de 1349 en la batalla de Lluchmayor, donde es herido y capturado su hijo Jaime IV de Mallorca, finalizando el reino de Mallorca en poder de la Corona de Aragón.

En 1231, la isla de Menorca empieza a rendir vasallaje al rey Jaime I de Aragón[34] que se reserva el derecho a establecer una guarnición militar en Medina-Menurka (la ciudad de Menorca), conocida como Ciudadela; en 1261 el testamento del rey Jaime I de Aragón indica que el vasallaje de la isla de Menorca pasa hacia el Reino de Mallorca, de manera que cuando lo hereda su hijo menor, el rey Jaime II de Mallorca, a la muerte del rey Jaime I de Aragón en 1276, los menorquines le rinden vasallaje directo en lugar de rendirlo a la Corona de Aragón, que asume su hijo mayor, el rey Pedro III de Aragón, quien a su vez obliga a su hermano menor Jaime II de Mallorca a rendirle vasallaje; después, el 17 de enero de 1287 el rey Alfonso III de Aragón desembarca en la isla de Menorca y los musulmanes se refugian en el castillo de Sent Agayz, donde capitulan el 21 de enero de 1287, pasando la isla de Mallorca bajo el rey Alfonso III de Aragón, muchos musulmanes son esclavizados, excepto el almojarife y su corte, que son deportados a Berbería, y la isla de Menorca es repoblada por catalanes, como antes habían sido repobladas Mallorca e Ibiza; la isla de Mallorca es incorporada al reino de Mallorca que ya había sido conquistado en 1286 por el rey Alfonso III de Aragón; luego en 1295 será entregada por el rey Jaime II de Aragón a su tío el rey Jaime II de Mallorca en la devolución de los territorios del reino de Mallorca, de acuerdo con lo firmado en el Tratado de Anagni.

En 1231, inician las campañas militares a nivel particular por nobles aragoneses previas a la conquista de Valencia, entre las que destaca la toma de Morella por Blasco de Alagón, quien la cede tras duras negociaciones al rey Jaime I de Aragón[35] que acometerá la conquista de las taifas de Balansiya y Mursiyya (resurgidas en 1228 con la fragmentación del imperio almohade),[36] cumplida el 9 de octubre de 1238 con la ocupación de la ciudad de Valencia (en el Llibre del Repartiment de Valencia se proporciona información sobre muchos aspectos de la repoblación y la distribución del territorio conquistado entre los conquistadores, los repobladores procedían de Aragón, Cataluña, Castilla, Navarra y de otros países europeos), y en el caso de Murcia, mediante pactos pacíficos entre el rey Jaime I de Aragón, el rey Fernando III de Castilla, el príncipe Alfonso (hijo de Fernando y yerno de Jaime) y el propio rey moro Ibn Hud-al Dawla de Murcia (Tratado de Alcaraz de 1243 y Tratado de Almizra de 1244), que terminó formando parte de la Corona de Castilla como el reino de Murcia; la línea de demarcación entre los territorios de la Corona de Aragón y la Corona de Castilla no se establece definitivamente hasta la sentencia arbitral de Torrellas de 1304, durante el reinado de Jaime II de Aragón y Fernando IV de Castilla, cuando los territorios de Alicante y Orihuela fueron anexionados al reino de Valencia.

En 1235, el rey Jaime I de Aragón establece un contrato de infeudación a cambio de la conquista de Ibiza y Formentera, con el arzobispo Guillermo de Montgrí de Gerona y Tarragona y la participación del infante Pedro I de Urgel y el conde de Rosellón Nuño Sánchez como vasallos del arzobispo Guillermo de Montgrí, que el 8 de agosto de 1235 toman la villa de Ibiza, para luego conquistar el resto de Ibiza y Formentera.

El 21 de enero de 1244 (Año de la Encarnación 1243),[37] el rey Jaime I de Aragón expide en Barcelona una pragmática irrevocable, que dice lo siguiente: "Quia super limitibus Cathaloniae et Aragonis, licet immerito, a quibusclam miaus sane intelligentibus de facto posset dubitatio suboriri: Nos itaque Jacobus, Dei gratia rex Aragonum, Maioricarum et Valentiae, comes Barchinone et Urgelli et dominus Montispessulani, qui voluntarios labores appetinius, volentes in. hac parte omnem disceptationis materiam amputare ut omnis scrupulus a cordibus hominun penitus perpetuo subtrahatur, etiam praedecessorum nostrorum vestigiis inháerentes, comitatum Barchinonae cum Cathalonia universa a Salsis usque Cincham ex certa scientia limitamos, licet limitatio ipsius Comitatus et Cathalonae praedicta per pacis et tréugae ordinationes, in civitate Barchinonae et Terrachonae et etiam alibí factas, colligi poterat evidenter". Según esta declaración, ajustada a los pactos de paz y tregua, reconocidos en las Cortes catalanas, los límites de toda Cataluña no diferían de los límites del Condado de Barcelona, que extendía su cetro soberano sobre la Gotia o Marca hispánica. Bajo tal concepto, había unido a este título, el título de marqués de Barcelona, tomándose la capital o parte principal, por el todo.[38]

En 1247, en el vecino Reino de Aragón, el rey Jaime I de Aragón y Conde de Barcelona convoca las Cortes del Reino de Aragón, celebradas en Huesca y se compilan los primeros Fueros de Aragón.[39]

En 1258, el rey Jaime I de Aragón firma el Tratado de Corbeil con el rey Luis IX de Francia, renunciando a importantes derechos territoriales en el llamado "Mediodía francés", a cambio de la renuncia del rey francés a sus antiguos derechos feudales sobre la llamada Marca Hispánica (excepto Andorra). Estos territorios que tiene en su poder por distintas vías (como el Condado de Urgel) son los que conformarán el futuro principado de Cataluña, ya que el rey Jaime I de Aragón desea alejar los llamados condados catalanes y todos los demás territorios que se puedan, de las "manos" de la poderosa nobleza aragonesa, con quienes la Corona de Aragón llegará a mantener conflictos históricos.

En 1261, el rey Jaime I de Aragón jura los Fueros de Valencia, acto que es considerado la constitución del Reino de Valencia como estado soberano, separado del reino de Aragón y de los llamados "condados catalanes", todos ellos integrados dentro de la Corona de Aragón.

En 1262, el infante Pedro de Aragón contrae matrimonio con Constanza II de Sicilia, hija del rey Manfredo I de Sicilia, sellando una alianza entre la Corona de Aragón y el Reino de Sicilia, que facilitaría la extensión de la influencia de la Corona de Aragón en el Mediterráneo.

En 1266, el rey Manfredo I de Sicilia es depuesto por Carlos de Anjou con el apoyo del papa Clemente IV, y los principales jefes de los gibelinos sicilianos se refugian en territorios de la Corona de Aragón, entre ellos, las familias Lanza, Lauria y Prócidas; en 1282 ocurre la revuelta de las Vísperas sicilianas que depone a Carlos de Anjou, y tanto el rey Pedro III de Aragón, como su esposa Constanza II de Sicilia, heredera del reino, son coronados reyes de Sicilia (cuyo reino incluye a la isla de Malta, que permanece en la Corona de Aragón y luego en la monarquía española, hasta que en 1530 el rey Carlos I de España la entrega en un simbólico arriendo a los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén, que en 1522 había sido expulsada de la isla de Rodas por el sultán otomano Solimán el Magnífico); en 1442 el rey Alfonso V de Aragón unifica bajo su dominio, el reino de Sicilia y el reino de Nápoles, que luego de la unión de la Corona de Aragón y la Corona de Castilla se integran a la monarquía española, hasta que mediante el tratado de Utrecht de 1713 pasan a dominio de Austria, pero casi inmediatamente los españoles intentan recuperarlos, dando lugar a la Guerra de la Cuádruple Alianza; después en 1734, en el marco de la Guerra de Sucesión polaca, Carlos entonces duque de Parma y futuro soberano español, vence a los austriacos con fuerzas militares de su padre, el rey Felipe V de España, recuperando embos reinos para su dinastía, siendo reconocido de inmediato por Francia en virtud del Primer Pacto de Familia, en 1737 por los Estados Pontificios y luego por el resto de los estados de la península italiana, como el reino de las Dos Sicilias.

Entre 1276 y 1285, bajo el reinado de Pedro III de Aragón y Conde de Barcelona, las Cortes Catalanas tomaron forma institucional. En las Cortes de Barcelona en 1283, el rey se obliga a celebrar Corte General, una vez al año, con la participación representativa de la época, para tratar del buen estado y la reforma de la tierra. El propio rey establecía:

"si nosotros y nuestros sucesores queremos hacer una constitución o estatuto en Cataluña, los someteremos a la aprobación y al consentimiento de los prelados, barones, caballeros y de los ciudadanos...".

En 1283, en el vecino Reino de Aragón, el rey Pedro III de Aragón y Conde de Barcelona confirma los Fueros de Aragón mediante el Privilegio General, donde se compromete a respetar una serie de privilegios y fueros, y a no tomar decisiones en política internacional sin consultarlo en las Cortes de Aragón.

En 1289, en las Cortes celebradas en Monzón se dan los primeros pasos para institucionalizar la primera Diputación del General en la Corona de Aragón, como una comisión temporal para recaudar el "servicio" o tributo que se concede al rey Alfonso III de Aragón, impuesto conocido popularmente como generalidad, nombre que se exportó a Francia donde se crearon las generalités o distritos fiscales; con el paso del tiempo, el nombre oficioso de Generalidad terminó suplantando el nombre oficial de la Diputación del General.

En 1295, luego que las fuerzas navales de la república de Pisa son vencidas por la república de Génova en la batalla de Meloria por el control de las islas de Cerdeña y Córcega, interviene el papa Bonifacio VIII (1294-1303) y mediante la firma del Tratado de Anagni inviste al rey Jaime II de Aragón como soberano del nuevo reino de Cerdeña y Córcega, aunque genoveses y pisanos continúan sus disputas por el control de las islas, con el apoyo de partidarios locales a ambas partes.

En 1302, al finalizar la guerra por el control del reino de Sicilia con la firma de la Paz de Caltabellota, la denominada Gran Compañía Catalana o compañía de Almogávares, liderada por Roger de Flor, es contratada por el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo para combatir contra los turcos otomanos, donde luego de participar en múltiples conflictos armados entre la península de Anatolia y la península de Grecia.

En 1311, la denominada Gran Compañía Catalana o compañía de Almogávares toma el ducado de Atenas y en 1319 la región de Tesalia que denominan ducado de Neopatria, ambas conquistas se realizan en nombre del reino de Sicilia, bajo la Corona de Aragón; despues, entre 1388 y 1390, durante el rey Juan I de Aragón, el ducado de Atenas y el ducado de Neopatria dejan de ser vasallos de la Corona de Aragón al ser vencidos por la Compañía Navarra comandada por Pedro de San Superano, Juan de Urtubia y las tropas florentinas de Nerio I Acciaioli de Corinto, cuya dinastía controlará ambos ducados hasta que en 1456 son conquistados por el Imperio otomano.

En 1324, el rey Jaime II de Aragón inicia la conquista la isla de Cerdeña, anteriormente en disputa entre genoveses y pisanos, enviando una expedición al mando de su hijo el infante Alfonso (el futuro rey Alfonso IV de Aragón), y controlan gran parte de los territorios ante la resistencia local, principalmente en la región de Arborea; en 1388 luego de la muerte del rey Pedro IV de Aragón se firma un breve acuerdo ―la «paz sarda»― con los rebeldes arborenses; en 1409 el Giudicato de Arborea es vencido en Sanluri por el rey Martín I de Aragón; luego en 1420, Guillermo III de Arborea acepta vender el reino por 100.000 florines de oro al rey Alfonso V de Aragón, que obtiene la unificación del reino de Cerdeña bajo la Corona de Aragón, con la excepción de la ciudad de Castelsardo, que es conquistada en 1448 a la república de Génova; durante gran parte del período de dominio de la isla de Cerdeña bajo la Corona de Aragón se establece el idioma catalán como una de las lenguas oficiales del reino de Cerdeña, que luego de la unión de la Corona de Aragón y la Corona de Castilla se integra a la monarquía española, hasta la Guerra de Sucesión Española cuando la isla de Cerdeña es ocupada por un ejército anglo-holandés en 1708, y pasa en 1713 al dominio de Austria por el Tratado de Utrecht, después la isla de Cerdeña es recuperada en 1717 por Felipe V de España, pero regresa en 1718 al control de Austria luego de la derrota de España ante la Cuádruple Alianza.

Historia[editar]

En 1350, se realiza la primera referencia explícita al Principatus Cathaloniae, en la convocatoria de las Cortes de Perpiñán, presididas por el rey Pedro IV de Aragón y Conde de Barcelona, siendo desde este siglo XIV que se utiliza más frecuentemente el término jurídico en latín principatus (soberanía) para nombrar al territorio bajo jurisdicción de las Cortes Catalanas,[40] cuyo soberano (en latín, princeps) era el soberano de la Corona de Aragón, sin que el territorio sea formalmente un reino aunque sea equiparado institucionalmente, tampoco era un condado ya que el condado de Barcelona no abarcó todo el Principado de Cataluña. Historiográficamente se usa la expresión "condados catalanes", a pesar de ello, los Usatges hacen coincidir el título de Princeps (soberano) con el título de Conde de Barcelona.

Entre 1358 y 1359, se celebran Cortes en Barcelona, Villafranca del Panadés y Cervera, y se designan a doce diputados con atribuciones ejecutivas en materia fiscal, así como unos "oyentes de cuentas" que controlan la administración bajo la autoridad de Berenguer de Cruïlles, considerado como el primer presidente de la Diputación del General de Cataluña.

En 1372, el rey Pedro IV de Aragón envia fuerzas a la isla de Córcega en apoyo a la solicitud del barón Arrigo della Rocca, conde de Cinarca, que exceptuando el extremo norte y unas plazas marítimas fortificadas bajo control de la república de Génova, asume el control casi total de la isla de Córcega, gobernando hasta su muerte en 1401; luego la isla de Córcega (excepto Cinarca que continúa bajo control de la Corona de Aragón) regresa bajo control de la república de Génova; en 1405 Vincentello d'Istria se proclama señor de Cinarca y conde de Córcega, luego obtiene el apoyo de la Corona de Aragón y en 1420 se le considera virrey de Córcega, hasta su captura y muerte en 1434 gobernará la mayor parte de la isla de Córcega; en 1420 el rey Alfonso V de Aragón, procedente de la isla de Cerdeña, dirige una escuadra naval hacia la isla de Córcega ocupando temporalmente la ciudad de Calvi y sitiando la ciudad de Bonifacio, que abandona para dirigirse hacia el reino de Nápoles en apoyo militar solicitado por la reina Juana II de Nápoles; la lucha entre las facciones pro-genovesas y pro-aragonesas continúan con gran intensidad y disminuyen en 1444; luego de 1447 el papa Nicolás V, natural de Sarzana, en la región ligur, ligada a la república de Génova, hace valer los derechos papales sobre la isla de Córcega y los cede a la república de Génova; hasta cerca de 1450 existe un control nominal de la Corona de Aragón sobre la región de Cinarca; en 1453 el gobierno de toda la isla de Córcega es asumido por el Banco de San Giorgio, una potente compañía comercial originaria de la república de Génova.

Entre 1410 y 1411, en el interregno ocurrido con la muerte del rey Martín I de Aragón que origina el Compromiso de Caspe y la elección del rey Fernando I de Aragón, la Generalidad de Cataluña emite un decreto que anexiona el valle de Arán al principado de Cataluña, en el espacio político de la región de Pallars, y lo segrega definitivamente del reino de Aragón;[41] en 1411, el Síndico (síndic) del valle de Arán ofrece la unión "libre y pactada" del valle de Arán con el Principado de Cataluña.[42]

En 1415, el infante Alfonso de Aragón concede en Perpiñán la primera constancia de salvoconducto conocida a una persona de etnia gitana en la península ibérica, otorgada a un tal Tomás, hijo de Bartolomé de Sanno, identificado como “Indie Majoris Ethiope” en peregrinación hacia Santiago de Compostela; en 1425 se concede la segunda constancia de salvoconducto conocida a otra persona de etnia gitana, otorgada a un tal Juan de Egipto Menor, identificado como "egiptano".[43]

En 1416, muere el rey Fernando I de Aragón y Conde de Barcelona, asumiendo su hijo el rey Alfonso V de Aragón y Conde de Barcelona, quien se dedica a consolidar la expansión de la Corona de Aragón, conquistando muchos territorios en las regiones del mar mediterráneo, ausentándose largos años y nombrando a su esposa, la reina María, como lugarteniente general del reino de Aragón entre 1420 y 1423, y luego como lugarteniente general del Principado de Cataluña entre 1432 y 1453; siendo sustituida por el gobernador general de Cataluña, Galcerán de Requesens, quien en 1454 es sustituido como lugarteniente general del Principado de Cataluña por el hermano del rey Alfonso V de Aragón y Conde de Barcelona, el futuro rey Juan II de Aragón y Conde de Barcelona, quien convoca a las Cortes de Barcelona de 1454, donde se establece la festividad de San Jorge.

Entre 1425 y 1436, el comercio mediterráneo sufre repetidas crisis financieras que afectan a Cataluña, por lo que se toman medidas proteccionistas que no cuentan con el apoyo de la oligarquía local, pero las protestas y motines obligan a realizar reformas temporales, como la devaluación de la moneda, la prohibición de algunas importaciones, la mejora de los textiles, los impuestos a extranjeros y el trabajo público para mantener el empleo; la resistencia al cambio y las relaciones conflictivas aceleran el avance de la crisis económica local y los barceloneses se empiezan a posicionar en dos grandes bloques políticos, la Biga y la Busca.

En 1450, la alta burguesía de Barcelona controla el poder local desde el bloque político de la Biga, y se niega a seguir contribuyendo a las campañas militares en la península itálica del rey Alfonso V de Aragón y Conde de Barcelona, por lo que la reina María, como lugarteniente general del Principado de Cataluña, busca apoyo en los grupos de mercaderes, artesanos y artistas, que integran el bloque político de la Busca, y en 1451 forman el Sindicato de los Tres Estamentos, cuyo reconocimiento local origina la reorganización del Consejo de Ciento, y la modificación del sistema de elección de los Consellers, provocando que la Biga quede en minoría y pierda el gobierno municipal en 1452, que es asumido por el Sindicato de los Tres Estamentos, dando inicio a la aplicación de una serie de medidas proteccionistas y reformas económico-sociales, aunque muchas fracasan por la férrea oposición de la Biga, y por malos manejos e incisiones en la Busca, llegando a perder gran parte del apoyo de la población barcelonesa.

En 1458, muere el rey Alfonso V de Aragón y Conde de Barcelona, asumiendo el rey Juan II de Aragón y Conde de Barcelona, que mantiene una disputa con su hijo Carlos de Trastámara y Évreux (Carlos de Viana), infante de Aragón y de Navarra, Príncipe de Viana y Príncipe de Gerona (14581461).

El 21 de junio de 1461, por la Capitulación de Villafranca del Panadés, el rey Juan II de Aragón y Conde de Barcelona reconoce a su hijo Carlos de Viana como heredero de los Estados compuestos de la Corona de Aragón, quien jura como Lugarteniente perpetuo de Cataluña, pero fallece el 23 de septiembre de 1461, cuyas circunstancias sospechosas precipitan la llamada Guerra Civil Catalana entre 1462 y 1472, un enfrentamiento armado de la Diputación del General del Principado de Cataluña contra el rey Juan II de Aragón y Conde de Barcelona, esperado desde tiempos del rey Alfonso el Magnánimo, por las disputas entre la realeza y la oligarquía local, que también coincide con la llamada Guerra de los Remensas, una rebelión campesina catalana encabezada por Francesc de Verntallat contra la nobleza catalana, donde los campesinos catalanes luchan principalmente en el interior montañoso, mientras el rey Juan II de Aragón y su ejército, armado de manera más tradicional, lucha cerca de la costa del Mediterráneo.

El 24 de febrero de 1462 ocurre el llamado Complot de San Matías; la Biga, integrada por la oligarquía urbana que actúa como grupo nobiliario con tierras, castillos, derechos señoriales, viven de rentas y no apoyan las propuestas proteccionistas, toman partido por la Diputación del General del Principado de Cataluña y sus miembros más radicales tratan de eliminar a los principales representantes de la Busca, integrada por mercaderes, artesanos y artistas, que apoyan las propuestas proteccionistas, y toman partido por el rey Juan II de Aragón; mientras tanto, el conde Gastón IV de Foix, yerno del rey Juan II de Aragón, consigue acercarlo con el rey Luis XI de Francia,[44] luego con el Tratado de Olite del 12 de abril de 1462 se reconoce al rey Juan II de Aragón como rey de Navarra y a Gastón IV de Foix como su sucesor; en mayo de 1462 los reyes de Aragón y Francia se entrevistan en Sauveterre y resulta el Tratado de Bayona, por el cual, el rey francés enviará al conde Gastón IV de Foix al frente de un ejército francés para controlar la sublevación de Cataluña, mientras el rey Juan II de Aragón hipoteca Rosellón y Cerdaña como pago de la deuda de 200 000 escudos para financiar a ese ejército francés.[45] [46]

En 1462, luego de la muerte del príncipe Carlos de Viana, su medio hermano de diez años de edad Fernando de Trastámara y Enríquez (el futuro rey Fernando II de Aragón) es reconocido Príncipe de Gerona, coronado Rey heredero de Aragón en Calatayud, y nombrado Lugarteniente General de Cataluña, luego ocurre el llamado Sitio de Gerona, donde Hugo Rogelio III de Pallars Sobirá, capitán general del ejército del Principado de Cataluña,[47] consigue sitiarlo junto a su madre, la reina Juana Enríquez, en la fortaleza de Força Vella, entre los meses de junio y julio de 1462 (rescatado por el conde Gastón IV de Foix al mando de un ejército francés).

El 11 de agosto de 1462, la Diputación del General del Principado de Cataluña elige como soberano de Cataluña al rey Enrique IV de Castilla, que también se encuentra en guerra contra Juan II de Aragón, pero la falta de éxitos militares del rey Enrique IV de Castilla y sus dificultades con Francia que apoya a Juan II de Aragón por el Tratado de Bayona de 1462,[48] abandona a los catalanes en 1463, al decidirse por un arreglo con Francia en la Sentencia de Bayona.[49]

En 1464, Pedro de Portugal, Condestable de Portugal, fue titulado rey de Aragón[50] y reconocido como conde de Barcelona por el Concejo del Principado de Cataluña,[51] [52] institución creada por la Diputación del General del Principado de Cataluña durante la Guerra Civil Catalana contra Juan II de Aragón. Llegó a reinar en Cataluña entre 1464 y 1466 con el nombre de "Pedro IV de Cataluña",[53] después de perder varias batallas en Lérida, Cervera e Igualada, fue gravemente herido el 28 de febrero de 1465 en la Batalla de Calaf, para luego morir el 29 de junio de 1466.

En 1466, la Diputación del General del Principado de Cataluña elige al duque Renato de Anjou y conde de Provenza, como soberano de Cataluña (rey de los catalanes), y aunque nunca se desplaza a Cataluña, envía como lugarteniente a su hijo Juan II de Lorena, con el título de príncipe de Gerona, quien fallece en Barcelona en 1470, y luego envía a su nieto Juan de Calabria.

A finales de 1471, gran parte de Cataluña está en manos de las tropas reales, y empieza el Sitio de Barcelona que finaliza el 8 de octubre de 1472 (sin apoyos exteriores es entregada tras negociar una amnistía general).

El 24 de octubre de 1472 se firma la Capitulación de Pedralbes, donde el rey Juan II de Aragón exige que se anule la Capitulación de Vilafranca de 1461, finalizando oficialmente la Guerra Civil Catalana.

El 20 de enero de 1479 muere el rey Juan II de Aragón, dejando sin solución los principales problemas que habían provocado tanto la Guerra Civil Catalana, como la Guerra de los Remensas en el Principado de Cataluña, y asume su hijo el rey Fernando II de Aragón, llamado Fernando el Católico.

En 1484 estalla la Segunda Guerra Remensa de los campesinos catalanes en contra de los nobles catalanes, la lucha es dirigida por Pere Joan Sala, antiguo lugarteniente de Francesc de Verntallat, los señores feudales vencen a Pere Joan Sala y se veían como ganadores de la guerra, pretendiendo mantener e incluso a acentuar los Malos usos señoriales, pero Francesc de Verntallat sigue teniendo en su poder los castillos de la montaña y sus fuerzas; por lo cual, el conde de Tendilla es destinado por el rey Fernando II de Aragón para conseguir el fin de la guerra, y busca a Francesc de Verntallat como representante de los campesinos para negociar las principales reivindicaciones remensas.

El 21 de abril de 1486, el rey Fernando II de Aragón dicta la resolución jurídica llamada Sentencia Arbitral de Guadalupe, en el Monasterio de Santa María de Guadalupe, Extremadura,[54] que libera a los payeses de remensa (campesinos catalanes), del pago que en concepto de rescate habían de dar los payeses (campesinos) a cada Señor feudal para abandonar la tierra, aboliendo los Malos usos señoriales.

En 1493, Francia devuelve Rosellón y Cerdaña a la Corona de Aragón por el Tratado de Barcelona, a cambio de no intervenir en la Guerra italiana de 1494-1498.

El 10 de abril de 1521, el rey Carlos I de España nombra al arzobispo Pedro Folc de Cardona como primer Virrey de Cataluña.

En 1580, el rey Felipe II de España incorpora el Reino de Portugal a la Monarquía Hispánica, y la península ibérica, Hispania o España —en el sentido geográfico que tenía este término entonces— queda bajo la soberanía de un único monarca. Como advirtió Francisco de Quevedo en España defendida, obra publicada en 1609, «propiamente España se compone de tres coronas: de Castilla, Aragón y Portugal».[55] En cuanto a su estructura interna la Monarquía Hispánica era una monarquía compuesta donde los "Reinos, Estados y Señoríos" que la integraban estaban unidos según la fórmula aeque principaliter, "bajo la cual los reinos constituyentes continuaban después de su unión siendo tratados como entidades distintas, de modo que conservaban sus propias leyes, fueros y privilegios. «Los reinos se han de regir, y gobernar —escribe Juan de Solórzano Pereira—, como si el rey que los tiene juntos, lo fuera solamente de cada uno de ellos» [...] En todos estos territorios se esperaba que el rey, y de hecho se le imponía como obligación, mantuviese el estatus e identidad distintivos de cada uno de ellos".[56] El rey católico no tenía los mismos poderes en sus Estados.

El Corpus de Sang del 7 de junio de 1640, según H. Miralles (1910).

En 1626, el Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV de España, propone el proyecto de Unión de Armas de los reinos peninsulares, donde a cada territorio de la Corona se le exige que colaborase con una cantidad de soldados proporcional a su población, pero las Cortes de Cataluña se niegan. El Conde-Duque de Olivares suspende las Cortes y comienza un conflicto con el Principado de Cataluña.

En 1640 ocurre la sublevación de Cataluña protagonizada por campesinos y segadors ('segadores') que se han rebelado debido a los abusos cometidos por el ejército real —compuesto por mercenarios de diversas procedencias— desplegado en el Principado de Cataluña, durante la guerra de España frente a la Monarquía de Francia, enmarcada dentro de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

El 16 de enero de 1641, la Junta General de Brazos de Cataluña (Las Cortes sin el rey) acepta la propuesta de Pau Claris, presidente de la Diputación del General de Cataluña, de poner a Cataluña bajo protección del rey Luis XIII de Francia en un gobierno republicano, y el Consejo de Ciento lo hace al día siguiente; la República Catalana fue una solución transitoria para forzar un acuerdo con el gobierno de Madrid ante la amenaza de intervención francesa, sin embargo, Du Plessis Besaçon, enviado plenipotenciario del rey de Francia, logra influir en las autoridades catalanas en el sentido de que la implicación francesa solo podía realizarse si el rey de Francia era reconocido como soberano.

El 23 de enero de 1641, Pau Claris transmite esta proposición a la Junta de Brazos, que fue aceptada, y el Consejo de Ciento lo hizo al día siguiente, por lo que el rey de Francia pasó a ser el nuevo conde de Barcelona. Tanto la Junta de Brazos, como el Consejo de Ciento acordaron establecer una Junta de Guerra, que no fuera responsable ante ambos organismos y presidida por el conseller en cap Joan Pere Fontanella.[57] [58] [59] Días después, el 26 de enero de 1461, un ejército franco-catalán derrota al ejército español en la batalla de Montjuic.

En 1643, el ejército del rey Luis XIII de Francia conquista el Rosellón, Monzón y Lérida. Un año después el rey Felipe IV de España recupera Monzón y Lérida, donde el rey jura obediencia a las leyes catalanas. En 1648, con el Tratado de Westfalia y la retirada de la guerra de los aliados de Francia (los Países Bajos), comienzan a perder interés por Cataluña. Conocedor del descontento de la población catalana por la ocupación francesa, el rey Felipe IV de España considera que es el momento de atacar y en 1651 un ejército dirigido por Juan José de Austria comienza un asedio a Barcelona. El ejército franco-catalán de Barcelona se rinde en 1652 y se reconoce al rey Felipe IV de España como soberano, y a Juan José de Austria como virrey en Cataluña, si bien Francia logra conservar el control del Rosellón. En 1654, tras la rendición de Barcelona ante el rey Felipe IV de España, la Generalidad de Cataluña se traslada a la ciudad de Perpiñán. Por su parte, el rey Felipe IV de España firma obediencia a las leyes catalanas. Esto da paso a la firma en 1659 del Tratado de los Pirineos (Paz de los Pirineos) entre los reyes de Francia y España, que certifican la cesión de Perpiñán a la corona francesa, junto con el resto de territorios catalanes que formarían la provincia francesa del Rosellón.

En 1699, ante la muerte de José Fernando de Baviera (el heredero pactado para la corona española), el rey Carlos II de España decide hacer su testamento, por lo que el 3 de octubre de 1700 lo redacta en favor de Felipe de Anjou, nieto de su hermana María Teresa de Austria y del rey Luis XIV de Francia; luego el 1 de noviembre de 1700, muere el rey Carlos II de España, el último rey de la dinastía de los Habsburgo españoles.

En enero de 1701, Felipe de Borbón, duque de Anjou y nieto del rey Luis XIV de Francia, un mes antes de llegar a Madrid para ocupar el trono como Felipe V de España, anuncia la celebración de las Cortes de Cataluña, luego de la jura de las Constituciones catalanas, ya que por consejo de su abuelo Luis XIV de Francia, eso le aseguraría la tranquilidad necesaria para asentarse en el trono.[60]

El 7 de septiembre de 1701, representantes del emperador Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico, del rey Guillermo III de Inglaterra y delegados de los Estados Generales de los Países Bajos, firman el Tratado de La Haya, creando la denominada Segunda Gran Alianza donde se comprometen a mantener una política conjunta para evitar la unión de Francia y España bajo un único gobierno, inicialmente por la vía diplomática y en caso de guerra, por la fuerza militar, y darse asistencia mutua ante posibles ataques franceses en el territorio de cualquiera de los países firmantes, precediendo a la Guerra de Sucesión Española.[61]

En mayo de 1704, la Gran Alianza fracasa en el desembarco de Barcelona y el virrey de Cataluña Francisco Antonio Fernández de Velasco y Tovar desencadena una oleada represiva contra los opositores al rey Felipe V de España y partidarios austracistas de Carlos de Habsburgo, luego de encontrarse unos documentos al austracista Josep Duran -que había sido uno de los enlaces de Jorge de Darmstadt que dirigió el desembarco, dichos documentos se referían a la Conferencia de los Tres Comunes, «la oficina donde se formó la conspiración antecedente» y señalaba al brazo militar de Cataluña como «la parte más poderosa y dominante» de aquella conspiración, por lo que se procedió al encarcelamiento de muchos sospechosos, la mayoría de ellos miembros de la Conferencia de los Tres Comunes, entre los cuales se encontraban uno de los líderes del austracismo catalán, Narcís Feliu de la Penya, el jefe de los vigatans Jaume Puig de Perafita y miembros de las principales familias de la nobleza catalana, por lo que muchos indecisos se decantan claramente a favor del Archiduque Carlos, aumentando los miembros del "partidos austracista" -todo lo contrario de lo que pretendía el virrey- y no se pudo detener a una parte de los conjurados porque habían embarcado con Jorge de Darmstadt rumbo a Lisboa -participando en la toma de Gibraltar- donde se reunieron con el Archiduque Carlos; el virrey Francisco Velasco también ordena requisar estampas, efigies cuadros e imágenes de Jorge de Darmstadt; la espiral represiva continúa al año siguiente, siendo detenidos jueces de la Audiencia de Cataluña y miembros del Consejo de Ciento, así como el obispo de Barcelona Benet Sala Caramany, finalmente el virrey Francisco Velasco ordena la supresión de la Conferencia de los Tres Comunes.[62]

El 20 de junio de 1705, se firma el denominado Pacto de Génova, entre Mitford Crowe, en nombre de la reina Ana de Inglaterra, y Antonio de Peguera y de Aymerich y Domingo Perera delegados por un grupo de propietarios y nobles catalanes austracistas denominados vigatans, que representan al Principado de Cataluña en el marco de la guerra de sucesión española; los términos del acuerdo indican que Inglaterra desembarcaría tropas en Cataluña, y unidas a las fuerzas catalanas, lucharían en favor del pretendiente al trono español Carlos de Austria frente a los ejércitos de Felipe V de España, con el compromiso de respetar las leyes e instituciones propias del Principado de Cataluña.

El 22 de agosto de 1705, la flota de la Gran Alianza llega a Barcelona cuando está en pleno apogeo la revuelta austracista en la ciudad, días después desembarcaban unos 17.000 soldados de la alianza y comienza el stio de Barcelona, al que se suman los vigatans, que toman represalias contra borbónicos o felipistas que vivían fuera de la ciudad y contra casas de jesuitas, que apoyaban al rey Felipe V de España; el ataque a Barcelona se inicia con la batalla de Montjuic, en la que pierde la vida Jorge de Darmstadt;[63] las fuerzas borbónicas o felipistas de Barcelona capitulan el 9 de octubre de 1705 ante las tropas de la alianza, a causa de la revuelta popular iniciada en el barrio de la Ribera ante el temor de que el virrey Francisco Antonio Fernández de Velasco y Tovar se llevara a los prisioneros acusados de conspiración; por la intervención del Consejo de Ciento, el virrey Francisco Velasco y otros borbónicos o felipistas destacados logran salvar la vida; Carlos de Habsburgo entra el 22 de octubre de 1705 a Barcelona y se le entregan las capitulaciones de la rendición de la ciudad, donde se le insiste en que fueran respetadas las Constituciones catalanas y las disposiciones de las últimas Cortes catalanas reunidas por el rey Felipe V de España en 1701-1702, en clara referencia a lo acordado en el Pacto de Génova;[64] el 7 de noviembre de 1705, Carlos de Austria jura las constituciones catalanas y a continuación convoca las Cortes Catalanas.[65]

En 1706, el rey Felipe V de España intenta recuperar el Principado de Cataluña con un ejército borbónico integrado por 18 000 hombres, a las órdenes del duque de Noailles y del mariscal Tessé, iniciando el sitio de Barcelona de 1706, el 3 de abril de 1706, mientras el rey Felipe V de España se instalaba en Sarriá; a finales de abril las fuerzas borbónicas ya controlaban el castillo de Montjuic desde donde preparan el asalto a la ciudad; pero el 8 de mayo de 1706 llega una flota anglo-holandesa a Barcelona, compuesta por 56 barcos y con más de 10 000 hombres a bordo, al mando del almirante John Leake, obligando a las fuerzas borbónicas a retirarse, y al rey Felipe V de España a cruzar la frontera francesa y volver a entrar a España por Pamplona.[66]

La guerra de sucesión española continúa sin inclinarse la balanza hacia un probable vencedor, hasta después de la batalla de Brihuega del 8 de diciembre de 1710 y la batalla de Villaviciosa del 10 de diciembre de 1710, ganadas por las fuerzas del rey Felipe V de Francia, lo cual incide en que se inicie el desmoronamiento de la Gran Alianza que respaldaba a Carlos de Austria.

En 1712 comenzaron las negociaciones de paz en Utrecht; los ingleses plantean al rey Felipe V de España, el "caso de los catalanes" y le pide que conservasen sus fueros, pero se niega, aunque promete una amnistía general; los ingleses no insistieron, puesto que tenían prisa por que se firmase el tratado que les permitiría disfrutar de enormes ventajas económicas y territoriales en otras regiones; los austríacos al conocer este acuerdo y presionados por los ingleses, accedieron secretamente a un armisticio en Italia, y el 14 de marzo de 1713 confirmaron el convenio sobre la evacuación de sus tropas de Cataluña; finalmente la emperatriz austríaca Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel que estaba en Barcelona se marcha el 19 de marzo de 1713, oficialmente para «asegurar la sucesión» del trono austríaco; quedando Guido von Starhemberg como virrey en Cataluña, pero en realidad con la única misión de negociar una capitulación en las mejores condiciones posibles, lo cual tampoco consiguió, dado que el rey Felipe V de España no acepta el mantenimiento de los fueros catalanes (en el Tratado de Utrecht únicamente hay una cláusula donde el rey Felipe de España concede una amnistía general a los catalanes y les asegura los mismos privilegios que a sus súbditos castellanos, pero sin mayores concesiones).

El 11 de abril de 1713 se firma el primer Tratado de Utrecht entre la Monarquía de Gran Bretaña y otros estados de la Gran Alianza y la Monarquía de Francia, que tuvo como consecuencia la partición de los estados de la Monarquía Hispánica, que Carlos II de España y sus consejeros tanto habían querido evitar; los Países Bajos Españoles católicos (correspondientes aproximadamente a las actuales Bélgica y Luxemburgo), el reino de Nápoles, Cerdeña y el ducado de Milán quedan en manos de Carlos de Austria (desde octubre de 1711 emperador Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico), mientras el reino de Sicilia pasa al duque de Saboya (aunque en 1718 lo intercambia con el emperador Carlos VI por la isla de Cerdeña).

El 22 de junio de 1713, se firma el Convenio del Hospitalet, entre el conde de Königsegg, representante del mariscal Guido von Starhemberg, jefe del ejército del archiduque Carlos de Austria, y el marqués de Ceva Grimaldi, representante del duque de Pópuli, jefe del ejército del rey Felipe V de España, donde se acuerda el fin de las hostilidades para el 1 de julio de 1713, y la fecha del 15 de julio de 1713 para la entrega de Barcelona o de Tarragona, sin llegarse a determinar específicamente cuál de ellas, ni tampoco una fecha para la evacuación de Mallorca y de Ibiza.

El 10 de julio de 1713 se firma un segundo Tratado de Utrecht entre las Monarquías de Gran Bretaña y de España, según el cual Menorca y Gibraltar pasan a la Corona británica —la Monarquía de Francia ya le había cedido a Gran Bretaña, la Isla de Terranova, la Acadia y los territorios de la bahía de Hudson en Norteamérica, y la isla de San Cristóbal en las Antillas, a eso hay que sumar los privilegios que obtuvo Gran Bretaña en el mercado de esclavos, mediante el derecho de asiento, y el navío de permiso, en las Indias españolas.

A pesar de todos estos acuerdos, el emperador Carlos VI no renunciaba al trono español, pero las concesiones españolas al Sacro Imperio Romano Germánico no se harían efectivas hasta que el emperador Carlos VI renuncie a sus pretensiones en España, lo cual sucedió en dos fases, primero con la paz entre el Imperio y la Monarquía de Francia en el Tratado de Rastadt el 6 de mayo de 1714, confirmado en el Tratado de Baden de septiembre de 1714, y definitivamente, por el Tratado de Viena de 1725, firmado por los plenipotenciarios de rey Felipe V de España y del emperador Carlos VI; como consecuencia de este último tratado, pudieron regresar a España y recuperar sus bienes, la nobleza austracista que se había exiliado en Viena, entre los que destacaban el duque de Uceda y los condes de Galve, Cifuentes, Oropesa y Haro.

En mayo de 1714, al firmarse el Tratado de Rastatt, confirmado en septiembre por el Tratado de Baden, el emperador Carlos VI envió una carta a la Diputación General de Cataluña explicando que había firmado el tratado de Rastatt obligado por las circunstancias, y que todavía mantenía el título de rey de España.

En septiembre de 1714, el rey Felipe V de España exige la rendición de Barcelona, que es rechazada por la resistencia, encabezada por el general Antonio de Villarroel y por el conseller en cap (Consejero primero del Consejo de Ciento de Barcelona), Rafael Casanova; la ciudad es asediada por un ejército de 40.000 hombres y 140 cañones, y el rey Felipe V de España responde iniciando el bombardeo; el asedio continúa durante dos meses (previamente había sufrido nueve meses de bloqueo marítimo); el 11 de septiembre de 1714, el mariscal de Berwick ordena el asalto y la defensa de los catalanes es «obstinada y feroz», tal como lo recuerda el marqués de San Felipe,[67] y en la lucha cayeron heridos gravemente tanto Villarroel como Casanova; en los momentos finales de la batalla, los Tres Comunes de Cataluña[68] ordenan publicar un bando llamando a la población barcelonesa a "derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España".[69]

El 12 de septiembre de 1714, se firma la capitulación de Barcelona y el 13 de septiembre de 1714, las tropas borbónicas ocupan la ciudad de Barcelona; el Duque de Berwick lleva unas instrucciones precisas del rey Felipe V de España sobre el trato que debía dar a los resistentes cuando la ciudad cayera, en las que se decía que «se merecen ser sometidos al máximo rigor según las leyes de la guerra para que sirva de ejemplo para todos mis otros súbditos que, a semejanza suya, persisten en la rebelión»;[70] a pesar de que pensaba, según lo que dejó escrito en sus Memorias, que aquella orden era desmesurada y «poco cristiana» —y que se explicaba porque el rey Felipe V de España y sus ministros consideraban que «todos los rebeldes debían ser pasados a cuchillo» y «quienes no habían manifestado su repulsa contra el Archiduque debían ser tenidos por enemigos»—,[71] y el duque de Berwick la cumplió nada más entrar en la ciudad de Barcelona.

El 14 de septiembre de 1714, crea con carácter transitorio, la Real Junta Superior de Justicia y Gobierno, de la que forman parte destacados borbónicos o felipistas, y que sustituye a las instituciones catalanas, ya que su cometido era gobernar «aquel principado como si no tuviera gobierno alguno».

El 16 de septiembre de 1714, sólo cuatro días después de la capitulación de Barcelona, el Duque de Berwick comunica a sus representantes, la disolución de las Cortes catalanas, y de las tres instituciones que forman los Tres Comunes de Cataluña, el Brazo militar de Cataluña, la Diputación General de Cataluña y el Consejo de Ciento; asimismo, suprime el cargo de virrey de Cataluña y de gobernador, la Audiencia de Barcelona, los veguers y el resto de organismos del poder real; en cuanto a los municipios, los cargos de consellers, jurats y paers son ocupados por personas de probada fidelidad a la causa borbónica o felipista, y a finales de 1715 se impuso definitivamente la organización castellana.

El 16 de enero de 1716, al promulgarse el Decreto de Nueva Planta, el Principado de Cataluña deja de existir como estado del «Estado compuesto» de la monarquía hispánica.

Delimitación del Principado[editar]

La primera fijación de límites entre los dos territorios integrantes de la Corona de Aragón se produce en 1214: al tratar de declararse una tregua general en toda Cataluña se considera que ésta llega hasta el río Cinca, si bien dicha frontera sufrirá varias modificaciones a lo largo de ese mismo siglo.[72]

Un término utilizado, tanto en una disposición de Jaime I[73] de 1244 como en las Cortes de Barcelona de 1283, es el de Cathalonia universa para referirse al conjunto del territorio. El término se institucionalizó en los gobiernos locales de Ibiza, Mallorca y Perpiñán.

En 1325 se incorpora el condado de Ampurias.

En 1411 se une el Valle de Arán al Principado.[42]

En 1413 se incorpora el condado de Urgel.

En 1491 se incorpora el condado de Pallars Sobirà.

Uso del término en época moderna y contemporánea[editar]

Moneda acuñada en Barcelona en 1837, durante el reinado de Isabel II, con la leyenda "Principado de Cataluña" en el reverso.

El nombre de Principado se siguió utilizando en los Decretos de Nueva Planta de la administración borbónica y estuvo plenamente vigente hasta el siglo XIX. Sin embargo, en el Real Decreto de 30 de noviembre de 1833 por el que se establece la división provincial de España de Javier de Burgos, el único principado que se menciona es el de Asturias, mencionándose a Cataluña simplemente así.

Los movimientos republicanos prefirieron abandonar el nombre Principado, pero, en cambio, los movimientos pancatalanistas prefirieron mantenerlo para referirse a la Cataluña estricta, diferenciada de los Países Catalanes.

Hoy en día, pese a que el término Principado no está recogido en el Estatuto de Cataluña, es una denominación tradicional.[74]

Referencias[editar]

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  12. Pere Balañà i Abadia, L'islam a Catalunya, p. 38.
  13. Andreu Balaguer i Merino, Ordinacions i bans del comtat d'Empúries, 1879, p. 17.
  14. Miranda García, F. y Guerrero Navarrete, Y., Medieval: territorios, sociedades y culturas, 2008, Silex Ediciones, p. 77. ISBN 8477371792.
  15. Salvo quizá un breve período de dominación de la casa de Ampurias sobre Gerona que habría acabado en 908, como defiende Ramon Martí y cita Salrach, Catalunya a la fi del primer mil·leni, pág. 138.
  16. Salrach, Josep Mª: Catalunya a la fi del primer mil·leni, págs. 141-42.
  17. Salrach, op.cit., pág. 146.
  18. Fita Colomé, Íbid., pág. 263.
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  20. Los mancusos eran monedas árabes de oro y plata. Estuvieron en curso en el Rosellón, Cerdeña y Cataluña desde el siglo IX hasta el XII. Siete mancusas barcelonesas de oro pesaban una onza.
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  22. En otra ortografía maiorichinus.
  23. Se han hipotetizado como autores Laurentius Veronensis y Enrique de Pisa, cf. John B. Dillon (2004), Medieval Italy: An Encyclopedia, Christopher Kleinhenz, ed. (New Jersey: Routledge), 610.
  24. Reilly, 1998, pp. 49, 51 y 160.
  25. Iglesias Costa, Manuel (2001). Instituto de Estudios Altoaragoneses, ed. «Historia del condado de Ribagorza» (pdf). Huesca. p. 215. ISBN 84-8127-121-7. Archivado desde el original el 25 de noviembre de 2015. Consultado el 24 de septiembre de 2011. «Ramón Berenguer IV se tituló siempre conde de Barcelona y príncipe de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, o de Aragón a secas.» 
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  74. "Modernamente, existe la tendencia de incluir en esta denominación el conjunto integrado por las comarcas de habla catalana bajo administración francesa (Cataluña del Norte), las incluidas bajo la administración aragonesa (Franja de Poniente), Andorra y las comarcas de Cataluña. No obstante, a menudo también es utilizado como sinónimo de Cataluña", en l'Enciclopèdia: Principat de Catalunya.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

Coordenadas: 42°19′09″N 3°20′00″E / 42.31917, 3.33333