Guerra Civil de Navarra

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Guerra civil de Navarra»)
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Guerra Civil de Navarra
Navarra - Guerra Civil (1451-1461).svg
Desarrollo de la Guerra Civil en Navarra
Fecha 1451-1464
Lugar Navarra
Resultado Victoria de Juan de Navarra
Cambios territoriales Unión dinástica de Aragón y Navarra en la persona de Juan II
Laguardia y Los Arcos cedidas a Castilla
Beligerantes
Armas Navarra-Evreux-Aragón-Trastamara.svg Beaumonteses
Escudo de la Corona de Castilla.svg Corona de Castilla
Armas Navarra-Evreux-Aragón-Trastamara.svg Agramonteses
Escudo de Aragón-Sicilia.svg Corona de Aragón
Armoiries Foix-Béarn-Bigorre.svg Condado de Foix
Comandantes
Armas Navarra-Evreux-Aragón-Trastamara.svg Carlos de Viana
Armas Navarra-Evreux-Aragón-Trastamara.svg Blanca II de Navarra
Armas Navarra-Evreux-Aragón-Trastamara.svg Luis de Beaumont
Escudo de la Corona de Castilla.svg Enrique IV de Castilla
Escudo de Aragón-Sicilia.svg Juan II de Aragón
Armoiries Foix-Béarn-Bigorre.svg Gastón IV de Foix

La Guerra Civil de Navarra fue una guerra civil que se inició en el Reino de Navarra en 1451, con motivo del pleito sucesorio que se produjo tras la muerte de la reina Blanca I de Navarra entre su marido don Juan, rey jure uxoris (por matrimonio), y el hijo de ambos el príncipe Carlos de Viana. En este conflicto intervinieron o se vieron implicadas las Coronas vecinas de Castilla y de Aragón. En lo que sería una larga contienda no hubo prácticamente enfrentamientos armados, consistiendo en expediciones, asedios más o menos pasivos, destrucción de cosechas y otros sabotajes.

Antecedentes[editar]

Las banderías nobiliarias: beaumonteses frente a agramonteses[editar]

Tras el belicoso y ruinoso reinado de Carlos II el Malo (1343-1387), el reinado de Carlos III el Noble (1387-1425) constituyó, según Jaume Vicens Vives, «una etapa de provechosa restauración del país». Sin embargo, no pudo acabar con la división que existía entre la Montaña pirenaica, habitada por gentes que se dedicaban fundamentalmente al pastoreo y a la explotación de los bosques, que conservaban el eusquera y que se consideraban a sí mismos como los fundadores del reino lo que les daba a derecho a gobernarlo, y el Llano que se extendía hacia el Ebro, una zona mucho más rica dedicada a la agricultura, que contaba con las principales villas (Tudela, Estella, Corella, Viana, Cascante, Cabanillas, Cortes, Tafalla y Olite), que tenía una importante población mudéjar recluida en las aljamas y que estaba abierta a la influencia de Aragón y de Castilla.[1]

Durante el reinado de Carlos el Noble surgieron dos grandes casas nobiliarias cuya rivalidad se enmarcaba en la división entre la Montaña y el Llano, pues cada una de ellas tenía sus principales posesiones y apoyos en cada una de ellas: los beaumonteses, en la Navarra pirenaica de las merindades de Ultrapuertos, de Sangüesa y de Pamplona; los agramonteses en el Llano (merindades de Estella, de Olite y de Tudela). Los beaumonteses descendían de Carlos de Beaumont ―hijo bastardeo de Luis de Durazzo, hermano de Carlos II el Malo― que había ostentado la alferecía de Navarra y que había casado a su hijo Luis de Beaumont con una hija natural de Carlos el Noble y que por ese matrimonio había recibido el condado de Lerín. Luis de Beaumont ostentó como su padre la alferecía de Navarra, título que convirtió en el de condestable de Navarra hacia 1430. Los agramonteses, por su parte, tenían su origen en don Leonel, hijo bastardo de Carlos II el Malo. Su hermano el rey Carlos III el Noble le concedió posesiones en la Ribera del Ebro y le otorgó diversos honores en la gobernación del reino. Esto suscitó la enemistad de Carlos de Beaumont, que pasó a sus hijos respectivos don Felipe, que fue nombrado mariscal del reino en 1428, y don Luis de Beaumont, condestable de Navarra. A la muerte de don Felipe en 1450 le sucedió al frente de los agramonteses su hijo Pedro de Navarra y su tío materno Pierres de Peralta, «personaje de una energía invencible, uno de los caudillos más singulares del siglo XV hispano», en palabras de Jaume Vicens Vives. [2]

La rivalidad entre beaumonteses y agramonteses tejió una tupida trama de conflictos personales que llevarían a la guerra abierta. En Navarra, de forma tradicional, no era habitual conceder a los nobles señoríos territoriales y jurisdiccionales, o si se otorgaban era en pago a algún servicio y sin carácter hereditario, pero Carlos III lo modificó y abrió la posibilidad a los nobles de obtener estos privilegios feudales dentro del reino.[cita requerida]

El conflicto sucesorio tras la muerte de Blanca I de Navarra[editar]

Juan II, llamado el Usurpador por los partidarios del príncipe Carlos de Viana

En mayo de 1441 murió doña Blanca I de Navarra lo que planteó un pleito sucesorio entre su esposo, don Juan rey consorte de Navarra, y el hijo de ambos, el príncipe Carlos de Viana. Según los capítulos matrimoniales del enlace entre don Juan y doña Blanca ―la boda se celebró el 10 de junio de 1420 en la catedral de Pamplona― los derechos a la corona navarra pasarían a la muerte de doña Blanca al hijo que tuvieran ambos y que si ella fallecía antes que su esposo sin sucesión don Juan debería abandonar Navarra pues «como extranjero» no esperaba «la subcesión e herencia del dicho reyno de Navarra» más que en virtud de los derechos de su mujer. Sin embargo, en los capítulos nada se estipuló sobre qué papel tendría el futuro rey consorte de Navarra en el caso de la muerte de su esposa con hijos mayores de edad, lo que sería fuente de graves controversias en el futuro.[3]

Efectivamente el testamento de doña Blanca, rubricado en Pamplona dos años antes de su muerte, legaba la corona de Navarra a su hijo Carlos de Viana, pero en el mismo introdujo un párrafo que será el objeto de la controversia entre padre e hijo. En él se decía: «Y aunque el dicho príncipe, nuestro caro y muy amado hijo, pueda, después de nuestra muerte, por causa de herencia y derecho reconocido, intitularse y nombrarse rey de Navarra y duque de Nemours, no obstante, por guardar el honor debido al señor rey su padre, le rogamos, con la mayor ternura que podemos, de no querer tomar estos títulos sin el consentimiento y la bendición del dicho señor padre».[4]

Atendiendo a la esta cláusula del testamento de doña Blanca, don Juan no renunció al título de rey de Navarra, pero concedió la gobernación del reino a su hijo Carlos de Viana en un momento en que aquel estaba envuelto en la guerra civil castellana de 1437-1445. Sin embargo, como ha destacado Jaume Vicens Vives, «el problema constitucional quedó sin resolver, ya que siendo el príncipe de Viana el verdadero monarca propietario del reino, mal podía su autoridad someterse a la de Juan de Aragón». En este sentido es revelador que cuando recibió los poderes de su padre en diciembre de 1441 el príncipe de Viana dejó claro que lo hacía sin menoscabo de sus derechos soberanos a la Corona navarra. Así mientras don Juan siguió ocupado en la guerra castellana la gobernación de Navarra la ejerció el príncipe de Viana sin ninguna intromisión de su padre. La situación cambió cuando terminó la guerra en 1445 con la completa derrota de don Juan y este volvió a Navarra, y sobre todo tras la boda de este con Juana Enríquez en 1447, un enlace que los partidarios de Carlos de Viana consideraron dejaba sin efecto cualquier prerrogativa que pudiera detentar en Navarra en virtud del testamento de doña Blanca.[5]

El pleito sucesorio se enmarañó a causa de la rivalidad entre beaumonteses y agramonteses, ya que Carlos de Viana tenía como ayo y principal consejero a Juan de Beaumont, gran prior de la Orden de San Juan de Jerusalén en Navarra, y había prodigado las concesiones de rentas y posesiones a los miembros de la familia en especial al jefe de la misma Luis de Beaumont, pero también al propio gran prior ―que recibió el señorío sobre la villa de Corella, en la zona del Llano―, y a Juan de Ezpeleta, esposo de Clara de Beaumont, lo que en muchas ocasiones perjudicó los intereses de los agramonteses por lo que estos tomaron partido por don Juan de Navarra, quien por su parte tenía en gran estima al líder agramontés Pierre de Peralta, que había combatido junto a él en la guerra civil castellana de 1437-1445 y en la decisiva batalla de Olmedo.[6]

En enero de 1450 Juan de Navarra, que se encontraba en Zaragoza para presidir las Cortes de Aragón —don Juan había sido nombrado lugarteniente del reino de Aragón por su hermano el rey Alfonso el Magnánimo que continuaba en Nápoles—, se marchó rápidamente para el reino de Navarra, pues según narró Jerónimo Zurita, «le convenía tornar presto a Navarra por la dissensión que se començó a mover por los estados de aquel reyno, deseando la una parcialidad del que el príncipe don Carlos tomasse a su mano la gobernación y la possessión del reyno, como legítimo sucesor a quien pertenecía de derecho».[7]

Don Juan se instaló con su corte en Olite y comenzó a actuar como rey de Navarra ―una autoridad que él estimaba ostentar en virtud del testamento de su primera esposa doña Blanca― nombrando a personas de su confianza en los cargos de responsabilidad del reino, muchos de ellos miembros del clan de los agramonteses, y revocando las concesiones hechas por el príncipe de Viana a los beaumonteses. Así por ejemplo el gran prior Juan de Beaumont perdió el señorío de Corella, al mismo tiempo que el agramontés Pierres de Peralta recibía favores y mercedes. El propósito de don Juan era recabar la mayor cantidad de dinero y de hombres posibles para intentar recuperar sus posesiones castellanas perdidas tras la derrota de la batalla de Olmedo de 1445. De esta forma se agudizó el conflicto.[8]

El creciente descontento de los beaumonteses fue aprovechado por el rey de Castilla Juan II y por su valido don Álvaro de Luna quienes pretendían acabar definitivamente con su gran rival en la guerra civil castellana de 1437-1445. Así Juan II y don Álvaron concertaron con los beaumonteses un plan para derrotar a don Juan aprovechando la ausencia de éste del reino pues había acudido a Zaragoza para solventar ciertos asuntos. Así en julio el rey castellano concentró un ejército en la frontera con el reino de Navarra, mientras Carlos de Viana y los principales cabecillas beaumonteses, con Juan y Luis de Beaumont al frente, se refugiaban en San Sebastián, fuera del reino. Aunque hubo algunos choques militares entre ambos bandos el conflicto se resolvió momentáneamente con la reconciliación entre padre e hijo en mayo de 1451.[9]

Pero en aquel momento, según Jaume Vicens Vives, «Carlos de Viana no era más que un muñeco en las diestras manos de Álvaro de Luna», y en agosto de 1451 los castellanos lanzaron una gran ofensiva contra el reino de Navarra, tomando el castillo de Buradón situado en la frontera y sitiando la villa de Estella. Las tropas castellanas acabaron retirándose tras haber concertado en Estella una alianza con el príncipe de Viana ―que fue firmada diciembre de 1451― en contra de don Juan, quien había marchado a Zaragoza para buscar refuerzos con los que hacer frente a la invasión castellana. Al firmar el tratado de Estella Carlos de Viana se alineaba con los peores enemigos de don Juan, por lo que ya no era posible una nueva conciliación.[10]​ Así dio comienzo la guerra civil.[11]

Desarrollo[editar]

Inicio de la contienda[editar]

El choque entre los dos bandos se produjo el 23 de octubre de 1451 en la batalla de Aybar en la que resultaron derrotados los beaumonteses y Carlos de Viana y el conde de Lerín Luis de Beaumont fueron hechos prisioneros por las huestes reales y agramontesas.[10]​ Sin embargo, su derrota no amilanó a los beaumonteses que se prepararon para continuar la guerra con Juan de Beaumont al mando y contando con el apoyo de la Montaña navarra y de algunas villas del Llano como Olite y Lerín, mientras que don Juan se hacía fuerte en la Ribera del Ebro.[12]

A pesar de que las hostilidades continuaron Carlos de Viana, encarcelado en una fortaleza de Aragón, llegó a un acuerdo con su padre que fue firmado en Zaragoza el 24 de mayo de 1453. En el mismo acordaron compartir la gobernación del reino de Navarra, repartiéndose las rentas que correspondían a la Corona, así como la devolución de todos los castillos ocupados por los beaumonteses a cambio de la amnistía para todos los partidarios vianistas. El príncipe de Viana quedaría en libertad, mientras que seguirían presos como garantía del pacto Luis de Beaumont y sus dos hijos, Luis y Carlos, además de siete caballeros de su facción. Sólo un mes y medio antes, el 5 de abril de 1453, había caído el condestable don Álvaro de Luna, que había sido detenido en Burgos por orden del rey Juan II ―moriría degollado el 5 de julio―.[13]

Imagen del príncipe Carlos de Viana de un códice aragonés.

Una vez recuperada la libertad Carlos de Viana incumplió lo acordado en el pacto firmado en Zaragoza y volvió a aliarse con los beaumonteses para intentar hacerse con la corona. Estos se negaron a devolver los castillos que controlaban como los de Pamplona, Olite y Mendavia, y a mediados de octubre de 1453 iniciaron el sitio de Monreal. Don Juan se aprestó para levantar el cerco pero la intervención de la reina María de Aragón que se entrevistó con su hermano el rey Juan II de Castilla en Valladolid consiguió que el 7 de diciembre se firmara una tregua de un año entre las Coronas de Castilla, de Aragón y el reino de Navarra y entre don Juan y Carlos de Viana, siguiendo el modelo de la Concordia de Toledo de 1436. Según lo acordado en esta Concordia de Valladolid las villas y castillos en poder de Carlos de Viana pasarían temporalmente a la reina aragonesa así como los prisioneros que habían retenido don Juan en virtud del pacto de Zaragoza. Sin embargo, este año de tregua de 1454 ―en el transcurso del cual murió el rey Juan II de Castilla sucediéndole el príncipe de Asturias con el nombre de Enrique IV― no fue aprovechado para conseguir la reconciliación entre Carlos de Viana y su padre, lo que le fue reprochado a este último desde Nápoles por su hermano el rey de la Corona de Aragón Alfonso el Magnánimo, pues «siempre se debe sforzar e insistir de reducir el dicho príncipe, su fijo, a mejores deliberaciones e a savios consejos. E porque por gran que sea el pecado del fijo, por pena es assaz de padre, e más le vale comportar que ell e el dicho príncipe se partan e vivan de las rendas del dicho regno de Navarra».[14]

Finalizada la tregua de un año establecida en la Concordia de Valladolid la facción beaumontesa volvió a la guerra y el 27 de marzo de 1455 asaltó San Juan de Pie de Puerto. El 4 de agosto tenía lugar una nueva batalla ―la de Torralba― entre agramonteses y beaumonteses. Estas acciones colmaron la paciencia de don Juan quien tomó una decisión de enorme trascendencia: desposeer a Carlos de Viana y a su hermana doña Blanca, que le apoyaba, de sus derechos a la Corona de Navarra para cedérselos a su tercera hija Leonor casada con Gastón IV de Foix. El acto se celebró el 3 de diciembre de 1455 en Barcelona ―en aquel momento don Juan era también lugarteniente del Principado de Cataluña por designación de su hermano el rey Alfonso el Magnánimo que seguía en Nápoles―. El historiador Jaume Vicens Vives reconoce que «don Juan de Aragón no poseía títulos satisfactorios para vulnerar el testamento de doña Blanca, reina propietaria de Navarra» pero justifica su actitud por el «hecho del reiterado incumplimiento de la palabra dada por el príncipe de Viana; pero aún en este caso, el odio y la ira son malos consejeros».[15]

Por su parte Gastón IV de Foix debería ayudar a reducir a la obediencia a Pamplona y demás plazas rebeldes. Así una vez obtenida la aquiescencia del rey de Francia, como señor del conde de Foix, ocupó la Tierra de Ultrapuertos y se dirigió a Sangüesa, donde se les juntó la infanta Leonor.[11]

La respuesta beaumontesa fue seguir defendiendo los derechos de Carlos de Viana a la corona de Navarra, pero los refuerzos del conde de Foix que recibieron los agramonteses resultaron decisivos. El fracaso de los beaumonteses para tomar Tudela convenció a Carlos de Viana de que la mejor forma de hacer valer sus derechos era abandonar Navarra y buscar apoyos en el rey de Francia y sobre todo en su tío el rey de Aragón Alfonso el Magnánimo. A pesar de su marcha, que se produjo en mayo de 1456, los beaumonteses siguieron luchando por la causa vianista y el 16 de marzo de 1457 llegaron a proclamar a Carlos de Viana como rey de Navarra. Pero el impacto de esta proclamación fue muy reducido porque los castellanos no la apoyaron. El nuevo rey Enrique IV se atuvo a lo establecido en la Concordia de Valladolid y mantuvo la paz con don Juan.[16]​ E incluso el propio Carlos de Viana, entonces en Nápoles, le recriminó a Juan de Beaumont haber hecho esa proclamación. [17]

En 1460 Viana fue ocupada por Enrique IV de Castilla. Tras nueve meses de luchas Juan II la recuperó y ocupó como rey de Navarra, concediéndole el título de muy noble y muy leal otorgándole el escudo de Aragón y adscribiéndola a la corona de Aragón. Dos años después ofreció a su amante Leonor Soto, duquesa de Villahermosa y a su hijo Alonso de Aragón las villas navarras de Cortes y Buñuel y las aragonesas de Novillas y Mallén.[18]

Fallecimiento de Carlos de Viana y de su hermana Blanca[editar]

Carlos de Viana tenía un gran apoyo en Cataluña, cuya burguesía se había alzado contra Juan II. En enero de 1460 en Barcelona se firmó la Concordia de Barcelona, un acuerdo para alcanzar la paz y en el que se sellaba la reconciliación entre padre e hijo; las plazas beaumontesas se entregaron, pero surgieron nuevas desavenencias y tratos con los castellanos que provocaron un segundo apresamiento de don Carlos, encerrándolo en Lérida, al que respondieron sus partidarios con un nuevo levantamiento y en Cataluña con una auténtica sublevación. Fue liberado en 1461, debido a un acuerdo forzado fruto de la popularidad y las simpatías de que gozaba en el principado catalán. Murió dieciséis días después,[18]​ al parecer por tuberculosis, aunque los intensos rumores de que había sido envenenado por su padre o su madrastra Juana Enríquez produjeron sublevaciones por toda Cataluña.[19]​ Esta ampliación del conflicto hacia territorio aragonés hizo que Enrique IV de Castilla se aliara con los catalanes en contra de Juan II. Este por su parte, se alió con Luis XI de Francia, firmando un acuerdo en Sauveterre, con la paradoja de que Castilla y Francia seguían siendo aliados entre sí.

Mientras tanto Blanca, hermana de Carlos y Leonor, fue encerrada por su padre en la prisión de Olite, que encargó el cuidado de la misma a su hermana Leonor y el mando de la fortaleza a su marido Gastón de Foix. El 23 de abril de 1462 decidieron trasladarla al Bearn. Blanca, que expresó su temor a ser envenenada en San Juan de Pie de Puerto, redactó un testamento en el que dejaba el reino de Navarra a su primo y marido Enrique IV de Castilla, por no estar de acuerdo con la sucesión a favor de su hermana Leonor. En noviembre de 1464 volvió con su padre a una sesión de las Cortes de Navarra, pero diez días más tarde, el 2 de diciembre de 1464, murió en Orthez debido a un veneno que le fue administrado por una dama de su hermana Leonor.[18]

El dictamen que Luis XI realizó en Bayona en 1463, sobre la situación de Navarra y de Cataluña, no pudo ser cumplido porque a Juan II no le interesó. Sí se hizo efectiva la retirada de los castellanos acordada en Bayona. En 1464 se llegó a una tregua general y la vuelta de Juan y Luis de Beaumont a la amistad regia.

Consecuencias[editar]

Gobierno de Navarra[editar]

En septiembre de 1468 Juan II escribió una carta a su hija Leonor de Foix, cuando esta gobernaba Navarra como lugarteniente, en la que se manifiestan las diferencias mantenidas entre ambos por cuestiones de autoridad, así como amenazas en caso de una actuación contraria a su interés, recordándole que no podía actuar sin su permiso. El obispo de Pamplona Nicolás de Echábarri consiguió que se reunieran las Cortes para examinar la respuesta del rey, que dadas las amenazas que contenía la carta se exaltaron los ánimos de los presentes.[18]​ Poco después el obispo fue asesinado. Leonor y Gascón se rebelaron contra Juan II y su esposa Juana Enríquez. En esta ocasión los agramonteses se pusieron del lado de Leonor y contra Juan II; los beaumonteses, en cambio, a favor de Juan II y su esposa. Los propósitos de Juana Enríquez eran abiertos en cuanto a unir Navarra a Castilla y Aragón, en la persona de su hijo Fernando II, que ya se había casado en 1469 con Isabel la Católica que será reina de Castilla desde 1474.

Juana Enríquez se reunió con Leonor de Foix en Ejea el 20 de junio de 1467. En esta reunión se acordó la sucesión de Leonor en el Reino de Navarra pero consiguió su renuncia para la Corona de Aragón. Leonor pretendía asegurarse el Reino de Navarra que afianzó con las capitulaciones de Olite firmadas el 30 de mayo en 1471 por Juan II. Sin embargo, en distintos documentos oficiales siguió reafirmando la sucesión en su hijo Fernando.

En 1474, a la muerte de Enrique IV, Fernando e Isabel son aclamados como reyes de Castilla. Fernando, que ya intervenía en los asuntos de Navarra, incremento su actuación. El 6 de mayo de 1476, tres años antes de la muerte de su padre, en un documento en que se plasmaba la paz entre agramonteses y beaumonteses se tituló "por la gracia de Dios, rey de Navarra, Castilla, León, Portugal, Sicilia y primogénito de Aragón", desafiando a su padre y a su hermana Leonor.

Unos meses después, el 2 de octubre, alegando el impedir la penetración francesa en Navarra Fernando II, en un acuerdo con su padre y con Luis Beaumont (líder beaumontés) y Pierres de Peralta (líder agramontés), declaró una tregua de 8 meses para negociar una paz definitiva. Para ello, como garantía obtuvo el control de las plazas de Pamplona, Viana, Puente la Reina, Huarte-Araquil, Lumbier, Torralba, Zúñiga, Artajona, Larraga, Lerín, Mendavia, y Andosilla entre otras, que se sumaban a las que ya controlaba Castilla desde 1463, como Laguardia, San Vicente y Los Arcos. Puso 900 soldados castellanos en el interior de Navarra, de ellos 150 en Pamplona. Aliados y cómplices del rey consorte castellano, los beaumonteses consolidaron su posición. Las quejas de Leonor por estos hechos no fueron atendidas por su padre. A finales de esa mismo año solicitó a su padre "el encargo de las cosas de Navarra". Dos años después consiguió que se le entregase la fortaleza de Estella como rey de Castilla, con el consiguiente juramento de obediencia prestado por el conde de Lerín y el alcaide de la fortaleza Lope de Baquedano. Dispuso de nombramientos y cargos y afinales de 1477 designó al bachiller Larrutia como alcalde y juez de la Corte Mayor de navarra, y al mes sigueinte puso a su capitán general Juan de Ribera como oidor de Comptos. También autorizó a Juan de Quevedo para cobrar en su nombre los cuarteles y otras rentas provenientes de Pamplona.[18]

Sucesión de Juan II[editar]

Tras la muerte de Juan II el 20 de febrero de 1479, fue proclamada, ocho días después Leonor de Foix reina de Navarra, aunque murió 15 días después. Designó como heredero a su nieto Francisco I de Foix, menor de edad, recomendándole que se aliara con el rey francés. Se hizo cargo de la regencia su madre Magdalena de Francia. Los reyes Católicos presionan para casar a Catalina de Foix, hermana del heredero, con su hijo Juan de Aragón y Castilla, pero fracasa. La muerte prematura de Francisco I de Foix en 1483, convierte a Catalina en reina de Navarra. Esta se casó el año siguiente con Juan III de Albret.

El 12 de noviembre de 1486 Fernando II unificó el mando militar en la frontera navarra, incluyendo a las tropas de Aragón en el ámbito de su competencia, y al año siguiente suprimió los salvoconductos de los mercaderes de Navarra, sometiendo el permiso a su voluntad.

En 1487, la familia del conde de Lerín se une con la del duque de Nájera por matrimonio de sus hijos. En 1488 se firma el tratado de Valencia entre los monarcas navarros y los reyes Católicos en el que se abren las fronteras al comercio, sin reconocer a Catalina como reina de Navarra e imponiendo la presencia de tropas castellanas en Navarra, actuando de capitán general Juan de Ribera. En estas condiciones, en enero de 1489 Juan y Catalina retrasaron la ceremonia de coronación para evitar que las tropas de Ribera le escoltaran. En 1491 hubo nuevas negociaciones acerca de la coronación. El acuerdo, ahora, prohibía que hubiera tropas navarro-gasconas en Navarra y obligaba a los alcaides y soldados de las fortalezas a rendir pleitesía a los católicos. Tampoco se permitía el matrimonio de los hijos de los reyes navarros sin autorización de Isabel y Fernando. Los reyes navarros, finalmente fueron coronados el 13 de enero de 1494, aunque se mantenían las tropas castellanas en el reino.

Prolegómenos a la invasión[editar]

En 1495 el padre de Juan III de Albret, Alano de Albret, estableció con Fernando un nuevo acuerdo para solucionar las intrigas políticas, y en él, el conde de Lerín se vio obligado a abandonar el reino, cediendo todos sus bienes a Fernando II, a cambio recibió bienes en Huéscar, Vélez Blanco, Vélez Rubio, Cújar, Castilleja, Cuevas de Freila y otros. Fernando II pasaba a controlar importantes villas y fortalezas además de mantener una guarnición militar en Olite dirigida por Juan Ribera. El dominio mantenido por Castilla entre 1495 y 1500 fue en la práctica una ocupación militar. En 1497 los reyes Católicos pretendieron anexionarse Navarra mediante un acuerdo con el monarca francés, quien a cambio recibiría Nápoles. La situación ya no era sólo de guerra civil interna, siempre con implicación de los reinos vecinos, sino que estaba cuajándose la Conquista de Navarra.

En 1500 se firmó otro acuerdo en Sevilla por el que Magdalena, hija de los reyes de Navarra pasaría a la corte castellana para casarla con un hijo o nieto de los Católicos, prometiendo la salida de los soldados castellanos. En los años siguientes se intentan varios acuerdos prematrimoniales con la misma intención sin llegar a plasmarse.

Mientras tanto Fernando II, que había enviudado, se casó con Germana de Foix, sellando un acuerdo con Luis XII de Francia. Germana de Foix era hija del vizconde de Narbona y también pleiteaba con los reyes de Navarra por la herencia de los Foix y la corona de Navarra.

En 1507 fue expulsado de Navarra el conde de Lerín, con el apoyo prácticamente unánime de todos los navarros, consiguiéndose también la salida de las tropas extranjeras.

El conde de Lerín muere al año siguiente en el exilio. Su hijo Luis de Beaumont, apoyado por el capitán general Juan Ribera y por el embajador castellano Pedro de Ontañón planea cómo recuperar los bienes de su padre perdidos en Navarra. En la corte de Madrid se plantea abiertamente la invasión de Navarra. A su vez el rey francés mantiene la reclamación sobre Navarra, el Bearn y otros dominios de los Foix.

Con esta expulsión, que significaba la derrota de los beaumonteses, la guerra civil de Navarra se dio por cerrada. Sin embargo la situación del territorio, encajonado entre dos grandes como eran la incipiente España con la expansión de su Imperio y, por otra parte, la intención de hegemonía de Francia en Europa, llevó a una guerra de Conquista por parte de la primera, con la importante colaboración del tercer conde de Lerín, hijo del conde expulsado, y de algunos líderes beaumonteses del interior.

Referencias[editar]

  1. Vicens Vives, 2003, pp. 150-151.
  2. Vicens Vives, 2003, p. 152.
  3. Vicens Vives, 2003, p. 32-34.
  4. Vicens Vives, 2003, pp. 153.
  5. Vicens Vives, 2003, pp. 154-155.
  6. Vicens Vives, 2003, p. 155.
  7. Vicens Vives, 2003, pp. 149-150. ”He aquí planteado el origen de la guerra civil que muy pronto había de estallar en el seno del reino pirenaico, y por causas mucho más profundas que un simple litigio entre padre e hijo. Una discordia basada en amplias banderías políticas y sociales, alimentadas por el fuego de la intervención castellana”
  8. Vicens Vives, 2003, p. 155-156.
  9. Vicens Vives, 2003, pp. 156-157.
  10. a b Vicens Vives, 2003, pp. 159.
  11. a b Historia del Reino de Navarra en la Edad Media de Jose María Lacarra edita: Caja de Ahorros de Navarra 1975 ISBN 84-500-7465-7
  12. Vicens Vives, 2003, pp. 159-161.
  13. Vicens Vives, 2003, pp. 161-163.
  14. Vicens Vives, 2003, pp. 165-167.
  15. Vicens Vives, 2003, p. 169. ”Para reducir a don Carlos a su poder o eliminarle de la escena navarra, don Juan había tenido que sacrificar sus reivindicaciones castellanas; ahora no dudaba en abrir el portillo pirenaico a la influencia francesa, puesto que Gastón IV de Foix no pudo aceptar el compromiso a que nos estamos refiriendo sin contar con el beneplácito de Carlos VII de Francia
  16. Vicens Vives, 2003, pp. 170.
  17. Vicens Vives, 2003, p. 212.
  18. a b c d e Esarte, Pedro (2001). Navarra, 1512-1530. Pamplona: Pamiela. ISBN 84-7681-340-6. 
  19. La sospecha de envenenamiento es valorada como cierta por la historiadora Mº Puy Huici la valora basándose en la amenaza vertida por Juan II en presencia de las Cortes de Aragón, de matar a su hijo si le planteaba nuevos problemas en Navarra. Contrariamente. José Mª Lacarra desecha la muerte por envenenamiento y lo achaca a la tuberculosis. Los monjes del monsaterio de Poblet, no descartan el envenenamiento dado que el cuerpo esta incorrupto por acción del veneno. En cualquier caso, con respecto a esto último, ha de tenerse en cuenta la falsedad de los restos cuya identidad se atribuye al sr. de Evreux [1] [Noticia publicada en el número del diario Levante del 10 de septiembre de 2008].

Bibliografía[editar]

  • Ramírez Vaquero, Eloísa (1993). «Carlos III. Nobleza y Monarquía». Historia Ilustrada de Navarra. Pamplona: Diario de Navarra. ISBN 84-604-7413-5. 
  • Ramírez Vaquero, Eloísa (1990). «Juan II, Leonor y Gastón de Foix, Francisco Febo». Reyes de Navarra, tomo XVII (Pamplona: Editorial Mintzoa). ISBN 84-85891-45-7 (tomo) ISBN 84-85891-24-4 (obra completa). 
  • Serrano Izko, Bixente (2006). Navarra. Las tramas de la historia. Pamplona: Euskara Kultur Elkargoa. ISBN 84-932845-9-9. 
  • Esarte, Pedro (2001). Navarra, 1512-1530. Pamplona: Pamiela. ISBN 84-7681-340-6. 
  • Lacarra, José María (1975). Historia del Reino de Navarra en la Edad Media. Pamplona: Caja de Ahorros de Navarra. ISBN 84-500-7465-7. 
  • Vicens Vives, Jaume (2003) [1953]. Paul Freedman y Josep Mª Muñoz i Lloret, ed. Juan II de Aragón (1398-1479): monarquía y revolución en la España del siglo XV. Pamplona: Urgoiti editores. ISBN 84-932479-8-7.