Compromiso de Caspe

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Acta notarial original de la elección unánime de Fernando de Antequera como rey de Aragón por los nueve compromisarios de Caspe. 28 de junio de 1412. En ella puede leerse la proclamación: publicamus quod Parlamenta predicta et subditi ac vassalli Corone Aragonum fidelitatis debitum prestare debent et tenentur illustrissimo ac excellentissimo et potentissimo principi et domino: domino Ferdinando, infanti Castelle, et ipsum dominum Ferdinandum in eorum verum regem et dominum habere tenentur et debent, cuya traducción es: 'publicamos que los parlamentos nombrados y los súbditos y vasallos de la Corona de Aragón deben y están obligados a prestar fidelidad al ilustrísimo, excelentísimo y potentísimo príncipe y señor don Fernando, infante de Castilla, y que al mismo don Fernando deben y están obligados a tener y reconocer como su verdadero rey y señor'.[1]

El Compromiso de Caspe fue un pacto establecido en 1412 por representantes de los reinos de Aragón, Valencia y del principado de Cataluña[2]​ para elegir un nuevo rey ante la muerte en 1410 de Martín I de Aragón (el Humano) sin descendencia y sin nombrar un sucesor aceptado. Supuso la entronización de Fernando de Antequera, un miembro perteneciente a la dinastía Trastámara, en la Corona de Aragón.

El Compromiso de Caspe demuestra una de las cualidades esenciales del régimen de la Corona de Aragón: la legitimidad jurídica por encima de los poderes políticos. Esta postura fue de gran importancia en el futuro de la Monarquía Española.[3]

Antecedentes[editar]

Apenas dos años y medio después de la muerte de María de Luna, el 25 de julio de 1409 falleció Martín el Joven, el único hijo que había tenido con el rey de Aragón, Martín I. A pesar de que el rey había conseguido legitimar como hijos suyos a varios bastardos, estos no eran aceptables según el derecho de herencia aplicable.[4]

Poco después de la muerte de Martín el Joven, el Papa Luna llegó a Barcelona en pleno Cisma de Occidente asumiendo la figura de Papa de las iglesias españolas. También coincidió la presencia de San Vicente Ferrer en la ciudad, que se encontraba advirtiendo del peligro que suponían los otomanos y la necesidad de contar con un Papa indiscutible y un rey con toda legitimidad.

Ante este escenario, Martín el Humano contrajo un nuevo matrimonio con Margarita de Prades con la esperanza de concebir un hijo que asegurara la línea sucesoria, aunque éste nunca llegó. El fracaso que supuso la no concepción de un nuevo heredero llevó a Martín I a pensar en reconocer a Fadrique de Luna, un hijo ilegítimo de Martín el Joven, como su sucesor, pero la falta de apoyos le hizo desistir de esta posibilidad.

En esta coyuntura nombró a Jaime II de Urgel Lugarteniente de Aragón, Gobernador General de la Corona y considerado como cabeza de la nobleza catalana.[5]​ Este nombramiento fue rechazado por la Diputación de la Generalidad aragonesa y por el arzobispo de Zaragoza García Fernández de Heredia, al considerarlo como un reconocimiento a su virtual condición de heredero a la corona. Jaime de Urgel introdujo tropas armadas en Zaragoza y se desataron en el interior de la ciudad graves disturbios. Ante el rechazo generado, Martín I revocó el nombramiento el 17 de mayo de 1410. Pocos días después de las Alteraciones de Zaragoza, el 31 de mayo, fallecía el rey sin descendencia legítima y sin nombrar sucesor al trono.

Los distintos candidatos al trono tenían partidarios en cada uno de los territorios que conformaban la Corona de Aragón e incluso en el resto de reinos españoles y el riesgo de división en la Corona era inminente. El Papa Luna tenía un especial interés en la sucesión al trono, pues, en el contexto del Cisma de Occidente, cabía la posibilidad de que los reinos españoles cambiasen sus obediencias.

En sus últimos días el rey fue visitado en su lecho de muerte por varios miembros de los brazos del principado de Cataluña y, con la presencia de los notarios reales y otros oficiales (camarero, escudero y copero), así como del obispo y el gobernador de Mallorca y el gobernador del principado catalán, por boca del consejero de Barcelona Ferrer de Gualbes preguntaron al rey por dos veces en los días 30 y 31 si quería que su sucesor fuera aquel que debía serlo por justicia, es decir, si el problema de su sucesión se debía dilucidar mediante el examen de los derechos al trono de los distintos candidatos, a lo que Martín I respondió, ya agonizante, que sí. El Papa Luna apoyó esta solución. A partir de ese momento la maquinaria de los poderes políticos de la Corona puso en marcha mecanismos que desembocaron en la Concordia de Alcañiz y el Compromiso de Caspe.[6]

Desde entonces, se convocó un Parlamento que se mantendría en funciones hasta la resolución de la vacante y las instituciones de la Corona comenzaron a desarrollar un proceso que sería dirigido por los distintos parlamentos de las respectivas Diputaciones del General o Generalidades que representaban a la sociedad, tal y como se concebía a comienzos del siglo XV, para conseguir restablecer la monarquía y mantener la unidad de la Corona de forma no traumática, evitando la posible guerra civil y fragmentación que podría originar la lucha entre las distintas facciones nobiliarias que apoyaban a sus correspondientes pretendientes.[7]

Los candidatos al trono de Aragón[editar]

Los seis candidatos a la sucesión fueron:

La totalidad de los pretendientes al trono pertenecían a la Casa Real de Aragón y su parentesco con el rey era cercano, por lo que ninguno de ellos rompería el linaje dinástico.[8][9]

Fernando de Antequera era el pretendiente con más proximidad al último rey de Aragón, pues era nieto de Pedro IV el Ceremonioso. Los derechos a la sucesión aragonesa se transmitían a través de su madre, Leonor de Aragón.[10]​ El siguiente era Luis de Anjou, también nieto de un rey, Juan I. Aunque Juan I era un rey más reciente que Pedro IV, desde la perspectiva del parentesco con Martín el Humano, dado que la transmisión de la sucesión regia era legítima por la vía femenina, el grado de consanguinidad de Fernando de Antequera con Martín I era de tercer grado, el de Luis de Anjou de cuarto y el de Jaime II de quinto (y fraterno - segundo - por matrimonio).[11]

Árbol genealógico de los candidatos al trono (los aspirantes van en cursiva, los reyes de Aragón en negrita).

El proceso previo[editar]

Ante esta situación, se decidió que el sucesor de Martín I sería el que designara un Parlamento General de la Corona, para lo cual se reunieron en febrero de 1411 en Calatayud las Cortes de Aragón bajo la presidencia del arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia, resolviendo que las asambleas de los dos reinos y la de Cataluña se celebrarían en lugares próximos de la frontera común y estableciendo además las condiciones de celebración de las mismas. Si bien en un momento Luis de Anjou contaba con mayores oportunidades, la obtención de un acuerdo con la corte castellana de que Juan II de Castilla, sobrino de Fernando de Antequera, renunciara a cualquier derecho repartió los apoyos, pues se aseguraba un entendimiento entre los dos principales reinos peninsulares.

Salvador Viniegra, El Compromiso de Caspe, 1891. Círculo de Bellas Artes.

El 11 de mayo, el arzobispo de Zaragoza hubo de clausurar el Parlamento porque los urgelistas trataban de apoderarse de él por la fuerza de las armas. En la última sesión del Parlamento, uno de los procuradores, Berenguer de Bardají, consiguió aprobar su propuesta de que los representantes de los tres estados, el Principado de Cataluña y los reinos de Aragón y Valencia, tras reunirse individualmente en lugares cercanos a las fronteras de sus territorios, serían los encargados de decidir cuál era el candidato conveniente, desechando definitivamente la desunión o el uso de la fuerza y con la Iglesia volcada en esta opción de resolución.[12]

El conde Urgel rechazó esta fórmula de resolución. El 1 de junio de 1411, uno de sus principales partidarios, Antón de Luna, asesinó al arzobispo de Zaragoza, presidente de las Cortes, en Almonacid de la Sierra. Esto provocó que Luis de Anjou, a quien el arzobispo apoyaba en sus pretensiones al trono, perdiera fuerza en su candidatura a obtener el trono aragonés. Este suceso amenazó con desatar una guerra civil, pues aparecía entonces como principal candidato para obtener la corona Fernando de Trastámara, al cual Gil Ruiz de Lihori, gobernador general de Aragón, pidió refuerzos para defenderse de los urgelistas.

En Cataluña, su Parlamento se trasladó a Tortosa el 16 de agosto, acercándose así al territorio aragonés y valenciano, concluyendo de forma tajante que la unión de la Corona debía ser conservada, postura que fue trasladada al resto de parlamentos. El Parlamento aragonés se reunió en Alcañiz, decantándose rápidamente por Fernando de Antequera.

La Iglesia, por su parte, encontraba en 1411 un año crítico. Ya sólo dos papas, en lugar de tres, se disputaban ser cabeza de la Iglesia. El Papa Luna, Benedicto XIII de Aviñón, decidió intervenir y apoyar la causa del candidato castellano, Fernando de Antequera, porque ello aseguraba la cooperación de todos los reinos españoles, lo que suponía su última y segura esperanza. Esta opción contaba, además, con el apoyo de San Vicente Ferrer y de la mayoría de los obispos.

La decisión en el Reino de Valencia se vio difícil desde un primer momento. Las facciones del reino estaban divididas. Los Centelles preferían a Fernando de Antequera, mientras que los Villaragut se declaraban urgelistas. Cada facción estableció un parlamento, en Vinaroz y Traiguera.

La representación del reino de Mallorca fue asumida por la asamblea catalana, aunque enviaron credenciales, y, en las fases finales, emisarios tanto a la asamblea de Aragón como a la de Cataluña..[13]

El parlamento reunido en Alcañiz fue el que finalmente prevalecería al contar con el apoyo de la Iglesia y del Papa Luna, Benedicto XIII, que decidió mediar en la crisis sucesoria promulgando el 23 de enero de 1412 una bula en la que establecía que el estudio de los derechos al trono de los diferentes pretendientes al trono fuera realizado por compromisarios de los distintos reinos.

La Concordia de Alcañiz[editar]

El 15 de febrero de 1412, Cataluña y Aragón firman la Concordia de Alcañiz en la que establecen que nueve compromisarios, provenientes de los tres estados, distribuidos en tres grupos ordenados en tres grados, con tres miembros en cada grado, que representarían los intereses de toda la Corona, reunidos en la localidad aragonesa de Caspe, deliberen sobre los derechos de los pretendientes y decidan quién de los candidatos debía ocupar el trono, siempre y cuando el elegido obtenga un mínimo de seis votos y al menos uno de cada grado. La Concordia de Alcañiz no prefiguraba que los grados correspondieran a los diferentes Estados de la Corona o a cualquier otra identificación, como por ejemplo con los estamentos o brazos que componían la sociedad del momento (nobleza, iglesia, ciudadanos). Sin embargo, en la práctica, aunque no se identificaron de ningún modo, acabaron agrupándose las ternas por comisarios de cada uno de los tres Estados peninsulares de la Corona. El reino de Valencia no había podido instituir un parlamento unificado, por lo que no llegó a tiempo para estar presente en las decisiones finales de la Concordia, a pesar de los esfuerzos aragoneses y catalanes para que pudieran unificar sus asambleas y enviar una representación unitaria a Alcañiz. Sin embargo, el mismo 15 de febrero llegaron enviados de la asamblea de Vinaroz con credenciales para poder confirmar los acuerdos tomados y al día siguiente, el 16 de febrero, los embajadores Pedro Puyol, Juan Gascó y Pedro Catalá aceptaron en su integridad todo lo acordado en la Concordia lamentando que no hubieran podido estar presentes representantes del parlamento de Traiguera, ahora reunido en Morella.[14]​ Los compromisarios quedaron convocados el 29 de marzo de 1412 y dispondrían de dos meses para alcanzar un acuerdo y el 2 de enero de 1412 una bula pontificia reconoció y validó el sistema y el proceso escogido.

Los urgelistas rechazaron la Concordia de Alcañiz y enviaron sus tropas a la conquista de Valencia. Tras la victoria en la batalla de Murviedro de los Centelles con el apoyo de las tropas de los partidarios de Fernando de Antequera sobre el gobernador Guillén de Bellera y los Villaragut, partidarios de Jaime de Urgel, con el apoyo de la caballería del rey de Inglaterra, dirigida por Ramón de Perelló y convocada por el propio Jaime II, se disolvió el parlamento de Vinaroz . A mediados de marzo, llegaron embajadores de Valencia (representada ya unitariamente por el parlamento de Morella) a Tortosa, donde Cataluña ratificaba la lista de compromisarios. Tras finalizar el acuerdo, representantes del parlamento catalán y Juan Subirats, delegado plenipotenciario del parlamento del reino de Aragón, recibieron a los delegados de Valencia y les propusieron sumarse a la elección definitiva. Con pleno consentimiento y sin dudarlo, los tres representantes del reino de Valencia ratificaron el método de los nueve compromisarios y, finalmente, los tres Parlamentos, sin discrepancias, encomendaron a estos nueve elegidos la tarea de deliberar y proclamar al nuevo rey de Aragón.[15]

Dióscoro Puebla, Compromiso de Caspe. Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de (1867), Congreso de los Diputados (España)

La elección de los nueve compromisarios fue encomendada por el Parlamento de Aragón a Gil Ruiz de Lihorí, gobernador de Aragón, y a Juan Jiménez Cerdán, Justicia Mayor del reino que designaron a:

Esta propuesta fue enviada a la Corte Condal, tras algunas vacilaciones por la composición de los compromisarios de Valencia (se debatió incluir a Arnaldo de Conques en lugar de Bonifacio Ferrer), que ratificó la propuesta enviada por el parlamento de Alcañiz.

Caspe[editar]

Representación actual de la proclamación de Fernando de Trastámara como rey de Aragón.
Andrés Parladé, El Compromiso de Caspe, 1890 (Ayuntamiento de Sevilla).

Entre los meses de marzo y abril de 1412 se inician las deliberaciones de los compromisarios, que disponen de un plazo temporal de dos meses para obtener un resultado. En el último momento, el candidato valenciano Rabada hubo de ser sustituido por Pedro Beltrán por razón de enfermedad, aunque esta sustitución no altero la opinión dominante. Beltrán se abstuvo en el momento de la votación alegando desconocer adecuadamente la cuestión por su tardía incorporación.

Los compromisarios catalanes decantaron la balanza.[17]​ Bernardo de Gualbes se mostró abiertamente en favor de Fernando de Antequera, el castellano. Sagarriaga alegó que, en lo estrictamente jurídico, correspondía a Alfonso, duque de Gandía, el trono, si bien el castellano era el más conveniente para ocupar el trono. Guillem de Vallseca discrepaba, asegurando que el conde de Urgel estaba por delante del duque de Gandía, pero coincidía en que el castellano era la opción más conveniente.

El acta original notarial de proclamación de Fernando de Antequera como rey de Aragón por los compromisarios el 25 de junio de 1412 y el resto de actas, escritos y testimonios oficiales recogidos en los parlamentos de Aragón, Valencia y Cataluña coinciden en que los compromisarios dieron su conformidad unánimemente a la designación de Fernando. Lo confirma, asimismo, que el mensajero que llevó la noticia a la asamblea catalana de Tortosa, Melchor de Gualbes, contestó a las preguntas del obispo de Gerona acerca del modo en que se había realizado la proclamación, que fue por «las nueve personas en gran y feliz concordia». De igual modo se expresa el informe elaborado por los representantes del parlamento de Cataluña. Además, a instancias de algunos de sus diputados, los tres miembros catalanes del Compromiso de Caspe declararon que «en todo momento habían sido libres y sin miedo de presiones» y que al final del proceso «todos eran de la misma opinión».[18][19]

No obstante, la versión que contó Jerónimo Zurita en sus Anales de la Corona de Aragón (1562-1580, lib. XI, cap. 87) narraba que hubo una votación en la que seis compromisarios (los tres aragoneses: Domingo Ram, Francisco de Aranda, Berenguer de Bardají; dos valencianos: los hermanos Ferrer; y un catalán: Bernardo de Gualbes) respaldaron la candidatura de Fernando de Trastámara, mientras que los otros dos compromisarios catalanes votaron por Jaime de Urgel y el tercer compromisario valenciano se abstuvo. Autores posteriores sostienen que no hay documentación coetánea que confirme que se dieron estas votaciones secretas ni hay testimonios de la época que conozcan esta versión de los hechos, que solo comenzaría a difundirse muy posteriormente en los libros de historia. Así pues, si bien se ha repetido este relato hasta la actualidad, y aunque sin duda los jueces deliberarían y posiblemente tendrían diferencias, todos los acuerdos tomados en los procesos del Interregno entre la muerte de Martín y la decisión final, incluida la Concordia de Alcañiz, se habían efectuado mediante consenso, sin señalar discrepancias y aprobando las propuestas por unanimidad.

De este modo, Fernando de Trastámara, que se encontraba en Ayllón, fue proclamado rey el 28 de junio de 1412 como Fernando I de Aragón, quien el 5 de agosto entró en Zaragoza, donde juró su título ante las Cortes junto a su hijo Alfonso.

Desde hace algunos años, se viene celebrando con notable éxito, a finales de junio, la fiesta de Conmemoración del Compromiso en Caspe.

Valoraciones históricas[editar]

Algunos historiadores catalanes, como Lluís Domènech i Montaner, sostienen la tesis de que el Compromiso de Caspe fue perjudicial para Cataluña y que el conde de Urgel era el "candidato catalán".

Otros autores, como Jaume Vicens Vives, ven en el Compromiso de Calpe un instrumento para salvar el patrimonio político catalán y, a un mismo tiempo, los cimientos de la Monarquía Hispánica que se apoyó en el Pactismo.[20]​ Si bien los partidarios del conde de Urgel eran sobre todo catalanes, no es menos cierto que la plutocracia catalana deseaba el apoyo castellano para superar la crisis económica en que se encontraban y las amenazas que sufría el imperio mediterráneo de la Corona de Aragón.

Manuel Dualde Camarena interpretó que la elección por los compromisarios catalanes del candidato castellano se hizo en beneficio de la paz y la unión del Principado a la Corona de Aragón, así como la estabilidad que aseguraba esta elección respecto a la península ibérica.

Según Luis Suárez Fernández, el Compromiso de Caspe debe ser considerado como un paso esencial hacia la constitución de la Monarquía Hispánica y supuso un precedente clave para las decisiones y acciones que llevó a cabo Fernando El Católico.[21]

En palabras de José Ángel Sesma:[22]

El breve reinado de Fernando I no supuso de ninguna manera una nueva etapa para la Corona, ni siquiera se puede hablar de un cambio de dinastía. La Casa Real de Aragón seguirá en el trono, al menos durante el siglo XV.

J. A. Sesma Muñoz, El Interregno (1410-1412), 2011, pág. 224.

Referencias[editar]

  1. Véase transcripción, traducción y comentario paleográfico en Laliena y Monterde (2012:39-43)
  2. Poblador Muga, El valor de un acontecimiento histórico excepcional: El Compromiso de Caspe, pág. 10.
  3. Suárez, Luis. Lo que España debe a Cataluña. Ariel. p. 269. 
  4. Suárez, Luis (2016). Lo que España le debe a Cataluña. Ariel. p. 267. ISBN 9788434424067. 
  5. Suárez, Luis. Lo que España debe a Cataluña. p. 268. 
  6. Ferrer de Gualbes fue el encargado de preguntarle en dos días sucesivos, el día 30 de mayo por la tarde y el 31 por la mañana: Senyor, ¿plau-vos que la successio dels dits vostres regnes e terres apres obte vostre, pervingue a aquell que per justicia deura pervenir? (30 de mayo) y Senyor, ¿plau-vos que la successio dels dits vostres regnes e terres apres obte vostre, pervinga a aquell que per justicia deura pervenir e quen sia feta carta publica? (31 de mayo) '¿Señor, le place a usted que la sucesión de los dichos reinos y tierras, después de su muerte, sean heredados por aquel que, por justicia, deba, y que se haga carta pública?'. A cada una de estas dos preguntas el rey Martín I afirmó: Hoc 'Sí'. Sesma (2011:46) señala que, si bien podría pensarse en una reconstrucción literaturizada de la escena, en este caso no es así, pues los hechos constan en actas contemporáneas a los sucesos y están recogidos, aunque más dramatizados, en la biografía de Fernando I de Aragón que compuso Lorenzo Valla, editada y traducida en 2002 por Santiago López Moreda Historia de Fernando de Aragón, Madrid, Akal, 2002. Véanse Soldevila (1995 [1ª ed. 1965]:31-35) y Sesma (2011:46-52)
  7. Laliena y Monterde (2012:6)
  8. Laliena y Monterde (2012:5)
  9. Sesma (2011:57 y 198)
  10. Abella et. al., «De Martín I a Fernando I. Itinerario de un compromiso», en J. A. Sesma Muñoz (dir.), La Corona de Aragón en el centro de su historia..., 2011, pág. 89.
  11. Sesma (2011:207-208)
  12. Suárez, Luis. Lo que España le debe a Cataluña. Ariel. p. 270. 
  13. Laliena y Monterde (2012:7-8)
  14. Sesma (2011:146-173). Véase también transcripción y traducción de la Concordia de Alcañiz en Laliena y Monterde (2012:9-35)
  15. Sesma (2011:153-174)
  16. Sesma (2011:187-189)
  17. Suáres, Luis. Lo que España le debe a Cataluña. Ariel. p. 274. 
  18. Sesma (2011:207-209)
  19. Laliena y Monterde (2012:37-38)
  20. Suárez, Luis. Lo que España le debe a Cataluña. Ariel. p. 269. 
  21. Suárez, Luis. Lo que España le debe a Cataluña. Ariel. p. 274. 
  22. Sesma (2011:224)

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]