Historia de la educación en España

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Edad Media[editar]

Edad Moderna[editar]

Está comprendida entre los siglos XVI y XVII, en los cuales la pedagogía en España se enfocó a la educación del príncipe y la nobleza. La educación española de finales del siglo XV e inicios del XVI estuvo influenciada por el humanismo, el cual fue impulsado por los Reyes Católicos. Ellos influyeron en los miembros de la corte para que se dedicaran al estudio de las letras y para que mantuvieran un comportamiento correspondiente a su clase.

Humanismo: esplendor y decadencia[editar]

Nobleza[editar]

Juan Luis Vives

Los príncipes e infantes estudiaban, junto con algunos niños de familias importantes, en el aula regia con los humanistas más reconocidos. Para ellos se escribieron numerosos tratados que tenían como objetivo educar a los futuros gobernantes. Su preparación estaba basada en la educación física, debido a que los príncipes debían ser ágiles y jefes de ejércitos, se entrenaban en salto, jabalina, defensa personal, uso de la espada y lanza, cabalgata y caza; en el estudio de autores clásicos e historia. Pero aunque leían autores clásicos, se les inculcaba la admiración y respeto por santos, figuras del cristianismo y Dios. También se les enseñaban modales, como la cortesía para la diplomacia o el comportamiento adecuado en ceremonias. Los hijos de los nobles estudiaban en la escuela palatina a cargo de Pedro Mártir de Anglería, para posteriormente estudiar en las universidades y acceder a cargos burocráticos y administrativos.[1]

Las mujeres adquirieron atención particular, ya que se reconoció la importancia de su educación como preservadoras de la religión y la moral, lo cual fue reflejado en la escritura de diversos tratados. Juan Luis Vives escribió en 1523 uno de los tratados más reconocidos: De la Instrucción de la mujer cristiana, en el cual la lectura religiosa adquiere un papel relevante dentro de la educación femenina.[2]

Burguesía[editar]

Biblioteca Antigua 2, Escuelas Mayores, Universidad de Salamanca

En la Edad Moderna, los hijos primogénitos heredaban la riqueza de sus padres, por lo que los hijos que le seguían tenían que dedicarse a las letras, por lo que ingresaban a los colegios o a las universidades. La baja nobleza, constituida por los hidalgos (personas con título nobiliario pero sin dinero), también asistían a ellas. Fue una época en la que la educación universitaria daba a las personas la oportunidad de ascender en la estratificación social y adquirir prestigio, puesto que sus servicios y conocimientos eran requeridos por los reyes. Las universidades más importantes fueron las de Salamanca, Alcalá de Henares y Valladolid. Las carreras que se estudiaban eran teología, jurisprudencia y medicina. También se enseñaba latín y las artes liberales, las cuales convivieron con la tradición escolástica medieval.[3]

Sin embargo, a lo largo del siglo XVII las ideas humanistas perdieron fuerza. Además, se consideraba que la entrada masiva de estudiantes a las universidades privaba al campo de hombres para trabajar las tierras. Por esta razón se comenzó a controlar y a limitar a los estudiantes en las universidades y en los colegios (incluso su vestimenta), así como la enseñanza del latín (requisito básico para ingresar a estudios superiores) y la enseñanza elemental en las primeras letras y a niños huérfanos.[4]

Sociedad[editar]

En cuanto al resto de la población, la mayoría era analfabeta debido a que su adquisición de conocimiento era principalmente por transmisión oral o visual a cargo de la Iglesia Católica, a través de predicación, confesión, espectáculos e imágenes. Sin embargo, hubo prácticas que permitieron un aumento en la alfabetización de la población española a lo largo del siglo XVI. Las escuelas de primeras letras fueron impulsadas por órdenes religiosas y por municipios, quienes procuraron la enseñanza de la lectura, la escritura, los números y el catecismo. En los gremios, se aceptaban a los niños y jóvenes para servir a los artesanos a cambio de que se le enseñara a leer, a escribir y algún oficio.[5] Por otro lado, también había maestros (clérigos o universitarios) que vivían en casa del alumno.[6]

A pesar de que se considera que en el siglo XVII hubo un estancamiento en la educación por la desorganización y falta de administración estatal, fue el siglo en el que los maestros comenzaron a recibir salario del ayuntamiento y su trabajo y horario fue regulado, y comenzaron a utilizar manuales y abecedarios. Paralelamente, fue formándose el gremio de maestros, en el que la admisión era controlada y los intereses defendidos por el gremio, los cuales no siempre estaban orientados hacia el beneficio de los estudiantes. En cuanto a los niños, no existió un plan del Estado para su educación, por lo que ellos asistían a las parroquias, donde los curas (que no eran exclusivamente maestros, porque también desempeñaban otras actividades) les enseñaban a leer, hasta que posteriormente fueron desplazados de manera paulatina por los jesuitas. La situación económica de muchos niños lo obligaba a dejar la escuela para trabajar y apoyar a la economía familiar, aunque muchos de ellos recibieron educación y aprendieron a leer en los gremios a los que ingresaban.[7]

Compañía de Jesús[editar]

San Ignacio de Loyola

Es una orden religiosa fundada por Ignacio de Loyola en 1534. Sus actividades iniciaron, sin intenciones de enseñanza, como residencias para los jóvenes que acudían a la universidad. Comenzaron a impartir clases de teología y filosofía clase paulatinamente de manera informal, con una tendencia humanista. El Colegio de Gandía fue el primero de la orden, desde su fundación, en ser residencia, dar clases y admitir a estudiantes externos; desde entonces y a lo largo del siglo XVI comenzaron a fundarse colegios con esa finalidad. A sus cursos de teología y filosofía acudían los hijos de las familias acomodadas, pero debido a que las clases eran gratuitas también asistían jóvenes humildes para aprender a leer.

Ilustración[editar]

La llegada de los Borbones a la corona de la Monarquía Española trajo consigo políticas ilustradas, pero que afectaron poco al ámbito educativo a lo largo del siglo XVIII. Fue hasta el gobierno de Carlos III, quien realizó varias reformas educativas. Su política consistió, principalmente, en la expulsión de los jesuitas, en la reforma de las universidades, de los colegios universitarios y la secularización de la educación. Los "novatores" fueron un grupo de pensadores y científicos de finales de siglo XVII e inicios del XVIII, cuyas ideas influyeron el la filosofía y la ciencia, las cuales precedieron a la Ilustración.

Primeras Letras[editar]

Pedro Rodríguez de Campomanes, conde de Campomanes (Museo del Prado)

Los niños asistían a instituciones eclesiásticas o en Cuando en el siglo XVIII el analfabetismo era evidente y perjudicial para el desarrollo, el Estado tomó medidas para la preparación de maestros y de escuelas. Se creó en 1780 el Colegio Académico del Noble Arte de Primeras Letras para la preparación de los maestros. Paralelamente se escribieron textos, discursos y planes de estudio por personajes como Pedro Rodríguez de Campomanes, José de Olavide y Jaúregui y Gaspar Melchor de Jovellanos, los cuales hablan acerca del progreso, formas de instrucción, métodos, enseñanza y educación enfocadas a los estudiantes y denuncian la ineficacia de las escuelas públicas y del sistema educativo.[8] Juan Picornell rescata una cita que resalta la importancia de que el Estado se ocupe por la educación:[9]

...si por casualidad se aumenta la República, se podrá decir que crece en hombres, pero no en fuerzas. Ningún Estado, pues, será jamás ni sabio, ni rico , ni ponderoso sin la educación.

Universidad[editar]

Las universidades españolas se mantuvieron al margen de los cambios filosóficos y científicos, lo cual devino en su atraso en los estudios de ciencia y planes de estudio por considerarse contrarios a la doctrina católica y a su tradicional y medieval método escolástico. Fueron consideradas obsoletas porque se creía que sus ceremonias y discusiones correspondían poco con la realidad española y por la corrupción y complejidad de su administración. Por ello, la corona realizó una reforma universitaria a través de la creación del Plan de estudios de la Universidad de Salamanca en 1771, el cual contenía modificaciones administrativas y académicas. Sin embargo, las reformas no tuvieron el éxito esperado porque los universitarios opusieron resistencia a modificación de sus prácticas políticas y sociales. Además, los catedráticos no contaban con la preparación necesaria para cumplir el nuevo plan.[8]

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, se fundaron los Reales Estudios de San Isidro de Madrid, dedicados a la enseñanza secundaria cuyos profesores serán elegidos por concurso en lugar de ser elegidos por las órdenes religiosas. En éstos, se enseñaron Bellas Letras, Matemáticas, Física, Derecho Natural y de Gentes, griego y Hebreo. Se crea el Plan de 1771, también llamado Plan de Aranda para regular la enseñanza universitaria. En la enseñanza primaria, el vacío de los jesuítas, se intentó ocupar con escuelas públicas que enseñaran, primeras letras, Latín y Retórica. También se fundaron el Seminario de Nobles de Madrid (1725), el Colegio de Medicina y Cirugía en Cádiz (1748), Observatorio de la Marina (1753), Real Academia de las Tres Nobles Artes (1757), Real Colegio de Cirugía (1760).

La educación durante la Guerra de la Independencia y el absolutismo de Fernando VII[editar]

La Constitución de 1812 dedica todo el Título IX a la educación. Ese mismo año se constituye una Junta de Instrucción Pública y se le encarga un informe sobre la reforma general de le educación nacional. El poeta y político Manuel José Quintana elaboró en 1813 el llamado Informe Quintana que, posteriormente, fue transformado en ley durante el Trienio Liberal.

El regreso de Fernando VII produjo una reacción absolutista que, entre otras consecuencias, implicó el otorgamiento a la Iglesia católica del papel preponderante sobre la educación que ya había disfrutado con anterioridad y el regreso al plan de 1771. Para las universidades se creó una nueva Junta de Instrucción Pública destinada a la elaboración de un programa más acorde con los principios del absolutismo.

Tras el Trienio Liberal se implantaron leyes para regular la educación, sin que pudiera darse lugar las ideas revolucionarias o liberales. Se produjo la derogación del Reglamento General de Instrucción Pública de 1821 y la promulgación del Plan literario de estudios y arreglo general de las universidades del Reino (1824), del Plan y Reglamento de Escuelas de Primeras Letras del Reino (1825); a través de él, se procedía al establecimiento de escuelas en poblaciones con más de 50 habitantes, y el Reglamento general de las Escuelas de Latinidad y Colegios de Humanidades (1826).

Segunda mitad del siglo XIX[editar]

Ley Moyano de 1857[editar]

La primera ley educativa integral y racional en España fue la Ley de Instrucción Pública de 1857, conocida como Ley Moyano. Promulgada durante el reinado de Isabel II, intentó solucionar el grave problema de analfabetismo que sufría el país.

Las universidades, lo mismo que la sociedad, no encuentran el sosiego en el convulso siglo XIX, porque las condiciones económicas y políticas no logran estabilizarse. Los sucesivos Gobiernos siguen legislando sin cesar. La Década Moderada de Isabel II (1844-1854) se caracterizó por las continuas reformas que sufre el Plan Pidal. En 1850 un real decreto de 28 de agosto habla por primera vez de las Universidades de Distrito. En 1851 se ordena que las Universidades rindan cuenta mensualmente a la Dirección General de Instrucción Pública. En los años 1852 y 1853 se hacen otras reformas parciales.

De este modo, cuando los progresistas llegan al poder en 1854, es evidente ya la necesidad de proceder a una norma que con rango de ley regule la compleja trama de la instrucción nacional. Progresistas y moderados confluyen ahora en el tema de la educación, coincidiendo en las grandes líneas del sistema educativo liberal. Aunque la división ideológica reaparecerá más tarde con los partidos turnantes de Cánovas y Sagasta, parece que por estas fechas no son grandes las diferencias entre ambos por lo que respecta a la educación. Ello explica que, buena parte del proyecto de Alonso Martínez -lo único que dio tiempo en el bienio progresista- se incorporara a la ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857, conocida como Ley Moyano.

Así, los moderados consiguieron consolidar el sistema educativo liberal mediante una ley con vocación de permanencia -la ley se mantendrá en vigor más de cien años-. Su artífice, Claudio Moyano, acudiría a la formulación de una ley de bases que, recogiendo los principios fundamentales del sistema, evitara de este modo un debate parlamentario sobre cuestiones delicadas y complejas. Aunque este criterio había sido adoptado anteriormente por otros ministros sin conseguir resultados positivos, el momento político era ahora adecuado para una rápida tramitación y para una feliz consecución de los objetivos propuestos. Por otra parte, existían dos razones fundamentales para conseguir la aprobación de las Cortes:

  1. La necesidad de una ley general que estableciera el sistema educativo construido a lo largo de casi cincuenta años.
  2. La existencia de un consenso bastante amplio sobre las instituciones educativas que las diferentes normas habían ido implantando.

Por todo ello, puede decirse que la Ley Moyano no fue una ley innovadora, sino una norma que venía a consagrar un sistema educativo cuyas bases fundamentales se encontraban ya en el Reglamento de 1821, en el Plan del Duque de Rivas de 1836 y en el Plan Pidal de 1845.

Este carácter puede observarse no sólo en la organización de la enseñanza en tres grados sino en la propia regulación de cada nivel académico. Así, en la instrucción primaria se recoge el criterio tradicional de la existencia de dos etapas de enseñanza -elemental y superior-, se establece también el principio de gratuidad relativa -sólo para los niños cuyos padres no pueden pagarla- o los criterios ya conocidos sobre su financiación, selección de los maestros y regulación de las escuelas normales. Respecto de la enseñanza media que ahora adquiere sustantividad propia y plena autonomía respecto de la superior, se consagra la división en dos clases de estudios -los generales y los llamados de aplicación-, la implantación definitiva de los Institutos y su financiamiento a cargo de los presupuestos provinciales. Por último, y lo que más nos interesa aquí, la enseñanza universitaria se regula mediante la distinción ya conocida de estudios de Facultad, Enseñanzas Técnicas y Enseñanzas Profesionales, reafirmando el principio del Plan Pidal de que sólo los estudios realizados en los establecimientos públicos tendrían validez académica.

Con la Ley Moyano, pues, se implantan definitivamente los grandes principios del moderantismo histórico:

Respecto a los requisitos para obtener la autorización de los centros privados, la ley mantiene el criterio de graduar las exigencias. Así, en la instrucción primaria bastará con tener veinte años cumplidos y poseer el título de Maestro; en cambio, para la enseñanza secundaria se incrementan los requisitos, debiendo destacarse la necesidad de que el profesorado ostente la titulación correspondiente, se realice un depósito de fianza y se proclame el sometimiento del reglamento interno del establecimiento a las disposiciones dictadas por el Gobierno. Si, por otra parte, el colegio privado deseara obtener el beneficio de la incorporación, o sea, la validez académica de los estudios cursados, los requisitos serán mayores, con especial énfasis en la titulación -la exigida para los Catedráticos de Instituto-, sujeción a los mismos programas que en los centros públicos y examen anual en los Institutos a que estén incorporados los colegios (art. 51).

Como es comprensible lo principal dentro de esta Ley, fue el control absoluto y directo de las instituciones establecidas en Madrid, siendo el gobierno central dueño, gestionando la misma, a través del Real Consejo de Instrucción Pública. Entendible queda también dentro de sus características la uniformidad por la que apostaba el Gobierno a la hora de realizar esta Ley, siendo secular, gratuita durante la primera enseñanza y siendo pagada en su segunda etapa.

Lo que no podemos eludir era el carácter sesgado en lo concerniente a la mujer, ya que esta ocupaba un papel pasivo donde no era común su culturización, por lo que se usaron medios exclusivos para la mujer, creando materias específicas para las mujeres dentro de la educación, con Magisterio como única titulación apta para las mujeres.

La estructura del sistema educativo era básicamente la siguiente;

  • Primera Enseñanza impartida en las escuelas y de carácter gratuito.
  • Segunda Enseñanza, impartida en institutos, otorgaban el derecho a examinarse para obtener el grado de Bachiller en Artes (imprescindible para principiar las enseñanzas facultativas y recomendable para optar a las enseñanzas superiores).
  • Enseñanzas facultativas (inicialmente Filosofía, Derecho, Ciencias, Medicina, Farmacia y Teología), que se impartían en las Universidades, daban acceso al título de Bachiller, Licenciado y. de continuarse, Doctor;
  • Enseñanzas Superiores, impartidas en las Escuelas Superiores para títulos de Ingeniería, Bellas Artes (Arquitectura, Pintura y escultura, Música...), Diplomática y Notariado;
  • Enseñanzas Profesionales que se impartían en centros específicos para títulos de Maestro de primera enseñanza, Veterinario, Profesores mercantiles, Náutica, y de Maestros de Obras/Aparejadores/Agrimensores.

II República[editar]

Los primeros decretos o principios aprobados en la II República fueron los siguientes:

  • Bilingüismo: se defiende o reivindica desde Cataluña. Se expresará en un Decreto de 1931 en el que se reconoce la existencia de distintas lenguas. El Decreto dice, que en el caso catalán, la enseñanza se practicará en lengua materna hasta los 8 años en la escuela, bien castellano o bien catalán.
  • Reorganización del Consejo de Instrucción Pública, cuyo presidente fue Miguel de Unamuno (rector).
  • Creación de las Misiones Pedagógicas. Supondría una continuación de la idea de la ILE llamada “la extensión universitaria” y el objetivo era extender la cultura general o modernización docente, la educación en aldeas, villas y lugares que lo necesiten, fundamentalmente en población rural y la educación ciudadana.
  • La atención a la escuela primaria, ya que se pensaba que era la piedra angular de la educación. Se propusieron la construcción de 27.000 escuelas (el reto más importante) para escolarizar al millón de niños que no asistían a la escuela ya que en aquel momento no había. La creación se haría a través de un “Plan quinquenal”:
    • 1ª año: 7.000 escuelas
    • 2º año: 5.000 escuelas
    • 3ª año: 5.000 escuelas
    • 4º año. 5.000 escuelas
    • 5º año. 5.000 escuelas

El problema fue que necesitaban financiación, cerca de 400 millones de pesetas a través de la deuda pública. Hay que darse cuenta de que en este momento hay una recesión económica (el crack del 29). Al final, no se construyeron las escuelas que se pensaban.

Se intenta dotar de una ley educativa acorde con el pensamiento de la II República, y Lorenzo Luzuriaga fue quien elaboró el documento con los siguientes principios básicos:

  • La educación pública deber ser una función esencial del Estado. No obstante, puede delegar en la región, en el municipio… siempre que estas entidades justifiquen solvencia económica y cultural. Se acepta la existencia de la enseñanza privada siempre que no persiga fines políticos o partidistas.
  • La educación pública debe ser laica. La escuela debe dar información sólo sobre la historia de las religiones como otra materia más, con especial referencia a la religión católica. Si los padres lo solicitasen, el Estado debería poner los medios oportunos para suministrar esta enseñanza religiosa, pero siempre fuera de la escuela.
  • La educación debe tener un carácter activo y creador, también permanente, dando cursos de perfeccionamiento al profesorado.
  • La educación pública debe tener un carácter social, la escuela debe integrarse en la sociedad y por tanto, deberá de haber una mayor conexión entre los padres y la comunidad educativa.
  • Defienden la coeducación, es decir, la no separación de sexos o lo que es lo mismo, la educación mixta, donde los niños y niñas deben de formarse juntos conforme a un mismo programa, y esta idea sería aplicable a todos los grados de enseñanza.
  • La educación pública constituye un todo unitario, integrado por 3 niveles con comunicación entre ellos:
    • Primaria. Tendría 2 modalidades: voluntaria (4-6 años) y Básica (6-12 años)
    • Secundaria. Consistiría en 2 ciclos: prolongación de primaria (12-15 años) y preparación para cursos universitarios (15-18 años)
    • Superior o tramo universitario
  • El profesorado. Se necesita que el docente esté convencido del programa pedagógico para que éste no fracase, necesitándose por lo tanto, una concienciación y preparación adecuadas por parte de los maestros.

Durante la II República nos encontramos con dos periodos bien diferenciados: el bienio progresista (1931-1933) y el bienio conservador (1934-1936).

Primer bienio de la Segunda República Española (1931-1933)[editar]

Durante el bienio progresista se producen profundas transformaciones educativas. En 1931 se regula la educación de adultos a través del Decreto del Patronato de Misiones Pedagógicas, que supone un precedente de la animación sociocultural. Sus destinatarios habitaban las zonas más alejadas, desatendidas o deprimidas del territorio español. Tenían un enfoque educativo y cultural, pero no instructivo, ya que se pretendió dinamizar la motivación y el disfrute cultural más que hacer hincapié en los contenidos o en la alfabetización en sentido estricto. Su objetivo era difundir la cultura general, la orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares con atención especial a la población rural. Las actividades que se llevaban a cabo eran variadas y atendía a diversos propósitos:

  • Culturales: bibliotecas populares, lecturas públicas, conferencias sobre variados temas (sanitarios, agrarios), sesiones de cine, etc.
  • Sociales: reuniones con los responsables de las misiones, conferencias sobre temas políticos, etc.
  • Socioeducativos: actividades directamente conectadas con elementos de la educación formal y reglada, como cursillos de perfeccionamiento para maestros de la zona, etc.

En 1932 se creó la sección de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid. Durante ese mismo año se aprobó el Decreto sobre la Inspección de la Primera Enseñanza, que concibió a los inspectores con un perfil técnico-pedagógico, como facilitadotes del aprendizaje que podían y debían orientar a los maestros. Este decreto supuso una revolución. Se creó también la Inspección General de Segunda Enseñanza, siguiendo las mismas directrices generales que la de Primaria. También se aprobó el Decreto de Inamovilidad de los Inspectores, para evitar las interferencias del poder político en su tarea. Se propició que pudieran trabajar con independencia, autonomía y estabilidad para ejercer su profesión y se consideró una medida muy importante. Al mismo tiempo, se crearon las Juntas de Inspectores, para facilitar la coordinación y la comunicación entre los mismos.

En 1933 se aprobó la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas que privó al estamento eclesiástico de las funciones docentes. Para evitar los problemas que causaba su retiro se creó la Junta de Sustituciones, lo que significaba, que cuando un profesor no podía acudir a sus clases, le sustituía otro maestro.

Se aprobó una pequeña reforma de la Universidad, donde, entre otras medidas, se toma nota de las reclamaciones de los alumnos y se eliminan los exámenes de cada asignatura. Se crea la Universidad de Verano Internacional de Santander.

Segundo bienio de la Segunda República Española (1934-1936)[editar]

Las elecciones de 1933 dan el poder a la coalición CEDA de Gil Robles, un partido de derechas. Se produjo un giro en la política republicana que influyó decisivamente en la educación y que se conoció como «contrarreforma educativa»:

  • Disminución del número de alumnos
  • Prohibición de la coeducación en escuelas primarias, lo que significaba que niños y niñas debían estudiar por separado.
  • Supresión de la Inspección Central de Educación, argumentando la carencia de dinero.
  • Supresión del Decreto de Inamovilidad de los Inspectores
  • En la Universidad, se suprimió la representación estudiantil en los órganos de gobierno.

Filiberto Villalobos retomó la creación de escuelas. Se le debe además la confección de los siete cursos de bachillerato.

Franquismo[editar]

Ley sobre Educación Primaria de 1945[editar]

Promulgada en la posguerra española, esta ley solo afectó a la enseñanza primaria[10] y fue complementada, tardíamente, por un Decreto de 1967. Recogía la ideología del régimen de Franco considerando a la educación como un derecho de la familia, la Iglesia y el Estado, por lo que ésta se veía marcada, como es comprensible, por el pensamiento nacional-católico de orientación fascista, aunque particularmente rediseñado por el franquismo, partiendo de las ideas que planteaba José Antonio Primo de Rivera.

Por ello, la educación primaria tenía un carácter confesional, patriótico, social, intelectual, físico y profesional. Establecía su obligatoriedad, gratuidad y la separación de sexos, así como el uso preceptivo de la lengua española en todo el territorio nacional.

La enseñanza primaria comprendía desde los seis a los doce años y se impartía en diversos tipos de escuelas: nacionales, de la Iglesia, de patronato y privadas. El currículo estaba centralizado y organizado de forma cíclica, agrupando los conocimientos en tres tipos: instrumentales, formativos y complementarios.

Esta ley establecía los derechos y deberes de los maestros y determina su formación y el sistema de ingreso mediante oposición en el Cuerpo del Magisterio Nacional Primario.

Ley de Ordenación de la Enseñanza Media de 1953.[editar]

Esta ley, homóloga a la anterior, regulaba la enseñanza secundaria o media y también fue reformada en 1967. Era una ley confesional e ideológica. A las enseñanzas medias se accedía mediante una prueba de ingreso. La ordenación establecía bachilleratos de plan general y de plan especial. El bachillerato de plan general constaba de un bachillerato elemental de cuatro años de duración, una reválida para acceder al bachillerato superior de dos cursos más y otra reválida. El bachillerato de plan especial, laboral, constaba de cinco cursos y otras dos reválidas. Además, existía un curso de preparación para la Universidad.

Ley General de Educación de 1970.[editar]

La necesidad de cambio en los años 70 era patente en España en el nivel social, en el político y en el educativo. Era necesaria una ley que abarcase la totalidad del sistema educativo nacional. Se pretendía dotar al país de un sistema educativo más justo, más eficaz y más en consonancia con las necesidades de los españoles. Los criterios básicos para esta ley fueron la unidad, abarcando los distintos niveles educativos, la interrelación entre ellos, y la flexibilidad. La promulgación de esta trascendental ley educativa tuvo lugar siendo ministro de Educación el Sr. J. L. Villar Palasí , verdadero artífice de la misma

La estructura del sistema educativo quedó establecida como sigue:

  • Educación Maternal, de dos a cuatro años. Era voluntaria y se impartía fundamentalmente en centros privados y guarderías.
  • Educación Preescolar, de cuatro a seis años. Era voluntaria y se impartía en centros públicos y privados por profesores especialistas en Preescolar. El currículo se limitaba a los aspectos madurativos y a la preparación para las materias instrumentales: prelectura, preescritura y precálculo.
  • Educación General Básica (EGB), de seis a catorce años. Era obligatoria y gratuita. Los ocho cursos estaban divididos en dos etapas (Primera Etapa los cinco primeros cursos y Segunda Etapa, los tres restantes) y tres ciclos.
    • El Ciclo Inicial, de seis a ocho años de edad, comprendía los dos primeros cursos.
    • El Ciclo Medio, de ocho a once años, abarcaba los cursos tercero, cuarto y quinto.
    • El Ciclo Superior, de doce a catorce años, comprendía los tres últimos cursos.
El alumnado podía obtener uno de estos dos títulos:
  • Graduado Escolar, cuando se superaban con éxito los objetivos de los ocho cursos de EGB. Permitía al alumnado continuar estudios de Bachillerato o de Formación Profesional.
  • Certificado de Escolaridad, que acreditaba haber cursado los ocho años de escolaridad pero no informaba de su aprovechamiento. Sólo daba acceso a la Formación Profesional o al abandono del sistema educativo.
La estructura interna de las materias se estableció en las Nuevas Orientaciones Pedagógicas (1970). El profesorado en esta Ley abarcó a los antiguos Maestros de Primaria homologados con los procedentes de la Reforma que por primera vez los incluía en la Universidad con rango de Diplomados Universitarios y títulos de profesores de Educación General Básica.
  • Bachillerato Unificado Polivalente (BUP). Constaba de tres cursos, de los quince a los dieciocho años. Había materias comunes en el primer curso y una moderada diversificación después en función de la especialidad (letras, ciencias, y mixtos de ambos). A su término, si se superaban con éxito las enseñanzas, se obtenía el título de Bachiller. Para acceder a la Universidad era preciso hacer el Curso de Orientación Universitaria (COU), que nació con la pretensión de orientar al alumno en la elección de carrera y terminó siendo un cuarto curso de Bachillerato, destinado, si acaso, a superar la prueba de Selectividad.
  • Formación Profesional, destinada a los alumnos que no obtuvieran del Graduado Escolar o bien a los que les interesase una cualificación profesional para el mundo del trabajo. Tenía dos niveles: Formación Profesional de Primer Grado, de dos años de duración, y a cuyo término se obtenía el título de Técnico Auxiliar si se superan los estudios (o el Certificado de Escolaridad si no se superan); y Formación Profesional de Segundo Grado, de tres curso de duración, que permitía obtener el título de Técnico Especialista. La Formación Profesional se cursaba en Institutos de Formación profesional.
  • La Educación Superior se impartía en las Universidades, a las que se accedía después de cursar el COU o la FP2. Tenía tres niveles:
    • Diplomatura o primer ciclo, de tres años de duración. Se cursaba en las Escuelas Universitarias y no era preciso superar la Selectividad. A su término se obteníua el Título de Diplomado.
    • Licenciatura, Ingeniería o Arquitectura, de cinco años de duración. Se cursaba en las Facultades Universitarias después de superar la Selectividad.
    • Doctorado, máximo título universitario. Exigía cursar determinados créditos repartidos en dos años y terminaba con la presentación de la tesis doctoral.

El modelo de enseñanza seguido en esta Ley fue tecnocrático, de línea conductista. Seguía en términos generales una idea del aprendizaje de tipo proceso-producto. El modelo de profesor fue consecuentemente técnico y competente que diseñe buenos programas con objetivos claros y medibles.

La Ley General de Educación supuso un fuerte impulso a la educación española al reforzar y unificar el sistema educativo, e introducir innovaciones curriculares, organizativas y tecnológicas. Entre las medidas más progresistas y avanzadas de la LGE destacan:

  • Es la primera vez que en España, después de la Ley de Moyano, se promulga una Ley que regula todo el sistema educativo, desde la educación preescolar hasta la universitaria.
  • Creación de un tronco común, la Educación General Básica, de ocho años de duración.
  • Introducción de la Formación Profesional en el sistema educativo ordinario y su conexión con la Universidad.
  • Dignificación y elevación de la carrera de Magisterio al rango universitario.
  • Establecimiento de un sistema de becas para lograr la igualdad de oportunidades entre los estudiantes.
  • Institucionalización de la orientación escolar, personal y profesional.
  • Consiguió, por primera vez, la plena escolarización de los españoles en los niveles obligatorios, evitando la prematura selección.
  • Recomendación de métodos activos, individuales, originales y creativos.
  • Introducción del concepto de evaluación continua.

Restauración democrática[editar]

Ley Orgánica por la que se regula el Estatuto de Centros Escolares (LOECE) 1980[editar]

No entró en vigor

Ley Orgánica reguladora del Derecho a la Educación (LODE) de 3 de julio de 1985[editar]

Conocida por sus siglas LODE, no es una ley que afecta a la estructura del sistema educativo, sino que regula la dualidad de centros docentes, la participación en la enseñanza de la comunidad educativa, el derecho a la educación y determina la dirección democrática, frente a la tecnocrática anterior. Su desarrollo más concreto en los temas citados consta en el RD 2376/1985. Este Decreto ha sido modificado parcialmente por los Reglamentos Orgánicos de Escuelas de Educación Infantil y de Colegios de Educación Primaria y de Institutos de Secundaria y por la Orden de 29 de junio de 1994 por la que se aprueban las instrucciones que regula la organización y funcionamiento de las Escuelas de Educación Infantil y de los Colegios de Educación Primaria. Ha sido reformada en casi su totalidad por la LOPEG (Ley Orgánica de 9/1995 de 20 de noviembre) de la evaluación, la participación y el gobierno de centros docentes.

Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo de España (LOGSE) de 1990[editar]

Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) de 2002[editar]

Ley publicada en 2002, pero que no llegó a aplicarse por el cambio de gobierno de 2004.

Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006[editar]

Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) de 2013[editar]

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Historia de la Educación en España y América, Buenaventura Delgado Criado, Ed. Morata, 1994.

Referencias[editar]

  1. Bartolomé Martínez, Bernabe, "Educación estamental" en Historia de la educación en España y América. La educación en la España Moderna, Madrid, Ediciones Morata, 1993.
  2. Capel Martínez, Rosa María (2007). «Mujer y educación en el Antiguo Régimen». Historia de la Educación: Revista interuniversitaria (26): 85-110. 
  3. Kagan L. Richard., Universidad y sociedad en la España moderna, Madrid, Editorial Tecnos, 1981.
  4. Delgado Buenaventura, "Política educativa" en Historia de la educación en España y América. La educación en la España Moderna, Madrid, Ediciones Morata, 1993.
  5. Viñao Frago Antonio, "La educación institucional. Alfabetización y escolarización" en Historia de la educación en España y América. La educación en la España Moderna, Madrid, Ediciones Morata, 1993.
  6. Delgado Buenaventura, "La enseñanza doméstica" en Historia de la educación en España y América. La educación en la España Moderna, Madrid, Ediciones Morata, 1993.
  7. Bartolomé Martínez, Bernabe, "La educación institucional. Las escuelas de primeras letras" en Historia de la educación en España y América. La educación en la España Moderna, Madrid, Ediciones Morata, 1993.
  8. a b Capitán Díaz Alfonso, "Educación e Ilustración en el siglo XVIII" en Breve historia de la educación en España, Madrid, Alianza Editorial, 2002
  9. Picornell y Gomia, Juan Bautista (1786). «Discurso teórico práctico sobre la educación de la infancia». Salamanca: IV. Consultado el 12 de diciembre de 2015. 
  10. «Ley de 17 de julio de 1945 sobre Educación Primaria». Boletín Oficial del Estado. 18 de julio de 1945. Consultado el 4 de enero de 2015. 

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