Batalla de Rancagua

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Batalla de Rancagua
Parte de Guerra de Independencia de Chile
Batalla-Rancagua.jpg
Detalle de Batalla de Rancagua, óleo del pintor italiano Giulio Nanetti, 1820.
Fecha 1-2 de octubre de 1814
Lugar Plaza de Armas de Rancagua, actual Chile
Resultado Decisiva victoria realista
Consecuencias Fin de la Patria Vieja y comienzo de la Reconquista
Cambios territoriales Realistas recuperan control de toda la Capitanía General de Chile
Beligerantes
Realistas
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Imperio español[nota 1]
Patriotas
Flag of Chile (1812-1814).svg Junta Provisional de Gobierno
Comandantes
Mariano Osorio
Rafael Maroto
Ildefonso Elorreaga
José Rodríguez Ballesteros
Manuel Montoya
José Miguel Carrera
Bernardo O'Higgins
Juan José Carrera
Luis Carrera
Fuerzas en combate
Coronela.png Ejército realista
~5000 hombres[1][2][3][4]
18 cañones de campaña[5][6][7][8][9][10]
Flag of Chile (1812-1814).svg Ejército patriota
~4000 tropas disponibles[11][12]
En Rancagua: 1300 fusileros, 200 dragones y lanceros locales, 160 artilleros y 11 piezas[13]
Refuerzos: 200[14][15][16]​-250[17]​ infantes, 3 escuadrones de húsares y 2 cañones[15][16]
Bajas
1 oficial y 110 soldados muertos y 4 oficiales y 123 soldados heridos[18] 402 muertos, 10 oficiales y 282 soldados heridos y 6 sacerdotes, 25 oficiales y 575 soldados prisioneros[18]

La batalla de Rancagua, también conocida como el Desastre de Rancagua, fue un enfrentamiento militar decisivo ocurrido el 1 y 2 de octubre de 1814 en la ciudad homónima en el contexto de la Guerra de independencia de Chile. El brigadier Bernardo O'Higgins fue sitiado y derrotado en dicha villa por el coronel Mariano Osorio; pudo resistir dos días el asalto y logró romper el cerco con algunos sobrevivientes para huir a Mendoza. Marcó el fin de la Patria Vieja y el inicio de la Reconquista.

Antecedentes[editar]

Resultados de Lircay[editar]

El tratado de Lircay fue firmado el 3 de mayo de 1814, en representación de los realistas, por el brigadier Gabino Gaínza y su asesor José Antonio Rodríguez Aldea, y en representación de los patriotas, por el Director SupremoFrancisco de la Lastra, los brigadieres Bernardo O'Higgins y Juan Mackenna, y el abogado Jaime de Zudáñez.[19][20]​ En él, la junta de gobierno de Chile reconocía la Constitución española, el gobierno de la Regencia y enviaba diputados a las Cortes de Cádiz a cambio de la evacuación de las fuerzas realistas de Chile, la mantención del libre comercio con países aliados o neutrales y un compromiso para restaurar los lazos mercantiles con el resto de los dominios españoles.[21][22]​ O'Higgins y Mackenna confiaban en conseguir un acuerdo definitivo con el virrey y las Cortes, de ahí que si bien, el Antiguo Régimen no se restauró, se creó un «estado intermedio en el que la junta perdía poder al someterse a las Cortes pero mantenía el control del gobierno».[21]​ Básicamente, aceptaban los mismos términos que les ofreció el comodoro inglés James Hylliar cuando el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, lo envió a negociar con los chilenos.[23]​ En este tratado, Hylliar sirvió como testigo aunque no participó en las negociaciones.[19]​ Tras esto, Gaínza se retiró a Chillán, donde encontró una fuerte oposición al tratado[24]​ de parte de sus oficiales, pero se justificó en que su ejército estaba muy mermado y podía ser destruido si sus enemigos volvían a atacar.[21]

Poco después, en la noche del 12 de mayo los hermanos Carrera lograron escapar de la cárcel de esa ciudad y llegar a Talca dos días después.[25]​ Cuando llegaron a Melipilla el 20 de mayo, el Director Supremo se sintió amenazado y el 23 ordenó su arresto, pero los Carrera fueron prevenidos y se mantuvieron fugitivos por dos meses mientras sus parientes y amigos desprestigiaban al gobierno patriota.[26][27]​ Finalmente, el 23 de julio, el brigadier José Miguel Carrera, el teniente coronel Manuel Muñoz Urzúa y el presbítero Julián Uribe organizaron un golpe de estado y formaron una junta con ellos como vocales.[28][26][29][30][31]​ Después de deponer al anterior gobierno los tres salieron a la plaza de Armas de la capital y con la ayuda del coronel Rafael de la Sotta, el capitán Antonio Bascuñán y el licenciado Carlos Rodríguez consiguen que la muchedumbre los proclame.[30]​ Después nombraron como secretarios de Estado a Rodríguez y al doctor Bernardo Vera, aunque este último fue reemplazado a los pocos días por Manuel Rodríguez.[32]​ Todos los pueblos en poder revolucionario se reconocieron al nuevo gobierno, excepto Valparaíso, cuyo gobernador fue fácilmente reemplazado por el coronel de milicias Francisco Javier Videla.[33]​ Rápidamente, José Miguel empezó a examinar el estado del ejército y las finanzas,[32]​ ordenó nuevas levas entre los desertores que pululaban por campos y villas, mandó confeccionar 4000 uniformes, reorganizó la fábrica de armas, pidió 1000 fusiles a Buenos Aires,[34]​ solicitó 150 000 pesos como préstamo, impidió las manifestaciones de monárquicos y amenazó a los traidores.[12]​ Luego mandó proclamas al ejército y pueblos exigiendo reconocerlos.[30]

El 25 de julio, José Miguel enviaba al teniente coronel Diego Benavente con cartas para O'Higgins y Gainza; al primero exhortándole a reconocer a la Junta y unirse en el esfuerzo bélico, al segundo exigiéndole cumplir lo pactado en Lircay: la retirada de sus soldados de Chile.[35]​ Por entonces, el ejército patriota estaba dividido en las tropas que guarnecían Santiago de Chile a cargo de su hermano, coronel Luis Carrera, y las que protegían la línea del río Maule, a las órdenes de O'Higgins. La noticia del golpe llegó a Talca el 27 y dos días después su cabildo se pronunciaba contra la nueva junta y exigía la elección de autoridades legítimas.[26][36]​ Según Benavente Ormeño, O'Higgins decidió avanzar a la capital para deponer a los golpistas y entre el 7 y 13 de agosto sus fuerzas salieron de Talca,[37]​ en cambio, Benavente cree que sus tropas empezaron a salir el día 6.[38]​ Entendiendo el peligro, José Miguel ordenó a su hermano Luis encargarse.[37]​ O'Higgins es vencido en el combate de las Tres Acequias, cerca de San Bernardo el 26 de agosto.[39][40][41]

La decisión del virrey[editar]

El 30 de mayo zarparon de Valparaíso los buques ingleses Thetis y Briton con la noticia del tratado. A fines de junio llegaron al Callao e informaron al virrey.[26][42]​ En una carta,[nota 2]​ el brigadier afirmaba que firmó el convenio porque consideró como su máxima prioridad el bien del reino. Esto sorprendió a Abascal, quien calificó de cobarde la actitud de su subordinado.[43]​ De inmediato, Abascal convocó un consejo de guerra que le animó a desconocer lo firmado[44][45]​ y se asumieron las justificaciones dadas por el brigadier como «débiles».[46]​ Gaínza fue desautorizado y el tratado desaprobado.[47]​ Así, lo firmado en Lircay jamás entró en vigor, pues exigía la ratificación del virrey.[21]​ Posteriormente, se pidió un préstamo de 100 000 pesos a los comerciantes limeños, deseosos de restablecer el comercio con Chile,[45]​ puesto que antes de la guerra, Perú había dependido del trigo producido en la Capitanía General y parecía ser la razón de la expedición; pero esto se ha cuestionado,[48]​ el propio Abascal asegura[nota 3]​ que se habían expandido los cultivos de trigo en la intendencia de Lima hasta el punto de ya no depender de Chile.[50]

De todas formas, según Barros Arana y Benavente Ormeño se organizó una expedición formada por un batallón del Real Regimiento de Talavera de la Reina, media compañía de artillería y un cuadro de oficiales veteranos de caballería;[51][45]​ en cambio, Quintanilla habla del regimiento Talavera, una o dos compañías de artillería y un escuadrón de caballería;[52]​ por último, Benavente afirma que era el batallón europeo Talavera, un cuadro de oficiales para los escuadrones de carabineros y húsares, y artillería, dinero, monturas, vestuarios y pertrechos.[53]​ Los expedicionarios estaban a las órdenes del coronel de artillería Mariano Osorio,[54][55]​ quien era subinspector interino de artillería y era considerado un oficial victorioso, inteligente y decidido.[47]​ Zarparon del Callao el 19 de julio[51][56][57]​ en el navío de línea Asia, la corbeta Sebastiana y el bergantín Potrillo.[56]

Desembarcaron en Talcahuano el 13 de agosto, bajo el repique de las campanas y las salvas de la artillería, siguieron de inmediato a Concepción, donde el pueblo los ovacionó y el intendente, coronel José Berganza, les informó de la situación del país, las divisiones internas del enemigo, el estado de sus propias fuerzas y el ánimo de los oficiales. Osorio entendió que si actuaba rápido podía conseguir la victoria.[58]​ Al llegar a Chillán, el 18 de agosto, le presentó a Gaínza las órdenes del virrey exigiéndole entregar el mando y someterse a proceso, lo que el brigadier aceptó sin protestar; Osorio empezó a reorganizar sus efectivos.[59][60][61][58][62]​ También se enviaron mensajes a la junta de Santiago, informando del desconocimiento del tratado de Lircay y la continuación de la guerra a menos que se sometieran a la Constitución española y cedieran el poder a un gobierno realista constitucional.[63]​ Por último, en esa ciudad se celebró un Te Deum y se sonaron las campanas a su llegada, a manera de propaganda que le hicieron los franciscanos.[64]​ El 28 de agosto salía la vanguardia a las órdenes del coronel Ildefonso Elorreaga.[65]​ Al día siguiente, la vanguardia cruzaba el Maule.[66]​ El 31 el grueso de la tropa, y en su retaguardia el parque y el propio Osorio.[65]

Al amanecer del 30, su vanguardia entraba en Talca y el 5 de septiembre el grueso del ejército llegaba al Maule.[60][67]​ El 15 salieron de Talca con rumbo a Rancagua.[68]​ Las fuerzas dejadas ahí por O'Higgins a las órdenes del capitán Prieto se retiraron al norte.[66]

Reconciliación en el bando patriota[editar]

O'Higgins preparaba un nuevo ataque[69]​ cuando, en la mañana del 27 de agosto le llegó una carta de Osorio exigiendo la sumisión completa en menos de diez días a cambio de una amnistía. El mensajero, el capitán chilote Antonio Pasquel, había salido de Chillán el día 20 y siguió su rumbo a la capital, donde le arrestó el presbítero Uribe, quien envió en respuesta a Osorio la trompeta de Pasquel.[39][70][71][72][73][74]​ La carta de respuesta de Carrera le llegó el 29 al jefe monárquico, y decía que se negaba a la sumisión pero también que todo lo que había hecho fue en obediencia al monarca.[75][71]​ El capitán chilote fue enviado prisionero a Mendoza el 17 de septiembre.[76]

El mismo 27 de agosto, O'Higgins envió como emisario a Estanislao Portales, para pactar con José Miguel una defensa conjunta, pero la Junta rechazó la exigencia de disolverse.[77][30][78][79]​ El 31 envió al teniente coronel Venancio Escanilla con una nueva propuesta, pero también fue rechazada.[58]​ O'Higgins empezó a preparar un nuevo ataque pero fue convencido por el fray dominico Ramón Arce de volver a intentar un pacto.[69]​ El 2 de septiembre Arce consiguió que ambos se reunieran en Calera de Tango, a orillas del río Maipo. O'Higgins exigió que al menos Uribe dejara su puesto de vocal en la Junta y lo reemplazara el presbítero Isidro Pineda, pero Carrera dijo que el gobierno seguiría igual.[69][75][80]​ Después O'Higgins escribió a Uribe pidiéndole su renuncia, pero este último se negó.[81]

A las 20:00 horas del día 3[82]​ O'Higgins, Pineda, Casimiro Albano, Pedro Nolasco Astorga y Ramón Freire[81]​ entraron en la capital a reconocer a la Junta. O'Higgins y José Miguel recorrieron juntos la ciudad visitando los cuarteles y firmaron una proclama llamando a luchar contra Osorio.[81][83][75][82][84]​ En la capital, José Miguel organizó un nuevo regimiento con los esclavos cuyos propietarios ofrecieron después de publicarse un decreto el 4 de septiembre.[85][86]​ El día 5, O'Higgins volvió a reunirse con sus soldados en Rancagua.[87]​ El 9 las primeras tropas salieron de la capital y se unen a dos compañías de O'Higgins acampadas en Maipú a las órdenes del teniente coronel de milicias, Bernardo Cuevas.[83]​ Ese mismo día, José Miguel era nombrado general en jefe por la Junta y contaba con plenos poderes para organizar el esfuerzo militar.[66]​ El nuevo gobierno exigió contribuciones forzadas a los vecinos españoles o realistas chilenos que vivían en Santiago, a fin de reunir unos 400 000 pesos para la campaña.[88]

Entre tanto, el 5 de septiembre las avanzadillas realistas llegaron a Quechereguas y Osorio cruzaba el Maule, recibiendo la negativa de la Junta de Santiago a su propuesta de paz.[66]

José Miguel cometió una serie de errores estratégicos: envió al capitán José Joaquín Prieto, uno de sus mejores oficiales, con un escuadrón de caballería a reclutar 200 hombres en Illapel, Cuz Cuz y Choapa. También destinó 100 veteranos a Valparaíso y envió al teniente coronel Manuel Serrano con 116 fusileros y 200 milicianos a Melipilla por el miedo a un desembarco realista en Topocalma que había anunciado O'Higgins[89][11][90][91]​ aunque, de hecho, los monárquicos enviaron a los barcos Potrillo y Sebastiana a generar ese miedo durante septiembre.[89][58][87]​ Por último, el batallón de Auxiliares Argentinos, mandando por el teniente coronel Juan Gregorio de Las Heras, ofreció su ayuda pero fueron rechazados en malos términos el 7 de septiembre.[86]​ Eran 180 soldados que se dirigieron al valle del Aconcagua.[92]

Planes enfrentados[editar]

Osorio[editar]

Al contrario de lo ordenado a Gaínza, Osorio no debía permanecer a la defensiva, posiblemente porque cuando zarpó al sur las circunstancias eran favorables a los monárquicos. Por entonces llegaban a Lima noticias de la derrota francesa en Europa y la victoria en Ayohuma o desembarcaban los famosos talaveras.[93]​ Sus órdenes eran fortificar Talcahuano y Concepción, viajar a Chillán y asumir el mando del ejército, revisando el nivel de instrucción y disciplina de cada unidad. Después avanzar sobre Santiago, dando una amnistía a todo aquel que aceptara la sumisión y ordenando una estricta disciplina entre los soldados para impedir abusos.[59][58][94][63][95]​ Una vez tomada la capital, Osorio debía enviar a los jefes rebeldes al archipiélago de Juan Fernández,[96][63]​ organizar un regimiento de Voluntarios de la Concordia de Chile,[96]​ dejar guarniciones suficientes en las ciudades chilenas y prepararse para cruzar los Andes con rumbo a Mendoza, quizás Córdoba, para atemorizar a los revolucionarios de Buenos Aires, aliviando la presión militar en el Alto Perú.[97]​ Por último, se debía imponer una fuerte contribución económica para resarcir al erario peruano por los costos de la guerra y del corte del comercio desde 1810.[63]​ Sin embargo, tras reunirse con Berganza, Osorio entendió la oportunidad que se le presentaba. No fortificó las ciudades del sur, simplemente reorganizó su ejército y marchó al norte.[59][58]

Carrera y O'Higgins[editar]

En cuanto al bando patriota, los Carrera deseaban atrincherarse en Angostura de Paine y O'Higgins a orillas del río Cachapoal.[98][99]​ Los problemas con Angostura era su excesiva cercanía a la capital[98]​ y la existencia de un camino por Aculeo donde los monárquicos podían trasladar su artillería y atacar por la retaguardia a los defensores.[75]​ Barros Arana afirma, gracias a una conversación con Barañao, que los realistas sabían de estos caminos y seguramente los habrían aprovechado.[100]​ O'Higgins también sabía de ese camino y era su razón principal para oponerse a usar tal posición.[nota 4]​ A su favor, era un frente corto que cubrir y al estar más al norte, daba más tiempo para organizar las defensas. Desde un punto de vista militar, Téllez Cárcamo afirma que era la mejor pero José Miguel jamás demostró una firmeza en elegir esa posición.[99]

La línea del Cachapoal era menos defendible que la otra opción[98]​ porque era comienzos de la primavera, las lluvias invernales habían cesado y el derretimiento veraniego de las nieves cordilleranas no había comenzado, el río era fácilmente vadeable por su bajo flujo.[102][103]​ Además, la línea del frente que se debía cubrir era demasiado extensa para un ejército tan pequeño y no había defensa en los flancos, así que Osorio podía intentar un movimiento de pinzas.[104]​ A su favor estaba su mayor distancia de la capital, podían retirarse y presentar nuevamente batalla en Rancagua.[105]​ Para una buena defensa exigía emplear dos divisiones y dejar una de reserva, sin embargo, durante toda la campaña no hubo un esfuerzo coordinado y las unidades se mantuvieron separadas.[99]

Había una tercera opción: Rancagua. Esta era la menos lógica, pues defender la villa no cortaba el camino de los monárquicos hacia Santiago y se podía rodear fácilmente la posición. Tenía poco valor militar y se necesitaban extensos preparativos para defenderla adecuadamente: «pues de otra manera se convierte en una mortal trampa para los mismos defensores».[99]

El 8 de septiembre José Miguel decidió quedarse en Santiago mientras que su otro hermano, Juan José Carrera, y O'Higgins intentaban establecerse al sur del Cachapoal, de fracasar se retirarían a Rancagua y después a Angostura. Pronto se hizo obvio que debían retirarse a la orilla norte.[98]​ Según Benavente, el plan original de José Miguel era defender la línea del Cachapoal y si eran vencidos, retirarse a Angostura, donde instaló dos baterías de artillería, pero fue abandonado porque O'Higgins se obstinó en proteger Rancagua.[106]

Fuerzas enfrentadas[editar]

Realistas[editar]

En la siguiente plantilla se muestra el orden de batalla de los monárquicos con sus respectivos mandos, la fuente primaria es el informe del coronel realista José Rodríguez Ballesteros, fechado el 30 de septiembre de 1814 y aceptado por los historiadores chilenos Diego Barros Arana y Francisco Antonio Encina.[6][107][108][65][109][110][9][111][5][112][7][10]

Regimientos Realistas

Ejército Real de Chile
Comandante en Jefe: Coronel de artillería Mariano Osorio
Jefe de Estado Mayor: crl. Julián Pinuer
Unidades

  • Dragones de La Frontera (guardia personal de Osorio)
  • Vanguardia (crl. Ildefonso Elorreaga)
    • Lanceros de Los Ángeles (Ibíd.)
    • Partida del cap. Leandro Castilla
    • Partida del tcrl. Pedro Asenjo
    • Escuadrón Carabineros de Abascal (crl. Antonio Quintanilla)
    • Batallón Fijo de Valdivia (crl. José Nepomuceno Carvallo)
    • Batallón Cívico de Chillán (tcl. Clemente Lantaño)
    • 1 Compañía de Artillería (4 piezas)
  • I División (crl. José Rodríguez Ballesteros)
    • Batallón de Voluntarios de Castro (Ibíd.)
    • Batallón Fijo de Concepción (tcl. José de Vildósola)
    • 1 Compañía de Artillería (4 piezas)
  • II División (coronel Manuel Montoya)
    • Batallón Veterano de Chiloé o de San Carlos (Ibíd.)
    • Batallón Auxiliares de Chiloé (tcl. Ramón Jiménez Navia)
    • 1 Compañía de Artillería (4 piezas)

Según el historiador español Fernando Díaz Venteo, Osorio llegó a Talcahuano con 150 talaveras, 45 artilleros, la oficialidad y dos obuses de siete pulgadas.[113]​ En cambio, Barros Arana cree que eran 550 talaveras, 50 artilleros y un reducido número de oficiales.[114]​ El ejército que le esperaba en Chillán se componía de 2462 plazas de infantería, que podían aumentar con 200 ó 300 más con reclutas de poca instrucción, y 363 artilleros, pero carente de caballería.[nota 5]​ Otras fuentes reducen el tamaño de ese ejército a 1814 plazas con 8 piezas de artillería.[nota 6]

Según casi todas las fuentes los realistas contaban con la superioridad en disciplina, equipamiento y número.[11]​ Solo en una carta de Osorio se dice que los patriotas fueron más numerosos (3500 contra 2200 monárquicos).[nota 7]​ Barros Arana afirma que en sus Apuntes sobre la guerra de Chile de Quintanilla, escritas originalmente en 1820, el ejército monárquico sumaba 3500 efectivos pero no tenía más respaldo que sus recuerdos.[118][119]​ Benavente también dice que dicho oficial daba esa cifra de veteranos en la batalla.[120][121]​ En su Diario Militar, con fecha del 23 de septiembre de 1814, Carrera dice que la 1.ª división tenía 600 fusileros, 100 jinetes y 7 a 8 cañones; la 2.ª, 1700 fusileros; y la 3.ª, 600 fusileros y 6 piezas de artillería; en total 2900 hombres; se basaba en los informes de dos espías llegados de San Bernardo.[122]​ O'Higgins, por su parte, decía «que pasaría de 3000 hombres de fusil el ejército de Osorio».[123]​ Un informe escrito en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1815 estimaba en 4000 los efectivos de Osorio, de ellos la mitad eran chilenos reclutados a la fuerza.[124]​ Las cifras más aceptadas son las de Rodríguez Ballesteros, que Barros Arana considera correctas para el momento de comenzar la campaña, pero cuando se dio la batalla la necesidad de dejar destacamentos en el camino o las bajas por enfermedades hacía imposible que pasarán de 4500.[108]

Estimaciones de las fuerzas monárquicas
(número de tropas al salir de Chillán el 28 de agosto)[125]
División Unidad Arma Benavente O. Barros A. Espinoza P. Rodríguez B. Benavente B.
Estado Mayor Dragones de La Frontera Caballería 97 s/i s/i s/i s/i
Vanguardia Lanceros de Los Ángeles Ibid. 125 200 200 200 200
Ibid. Partida de Castilla Ibid. 102 s/i s/i s/i s/i
Ibid. Partida de Asenjo Ibid. 105 s/i s/i s/i s/i
Ibid. Carabineros de Abascal Ibid. 149 150 150 150 150
Ibid. Fijo de Valdivia Infantería 320 502 502 502 502
Ibid. Cívico de Chillán Ibid. 168 600 600 600 600
1ª división Voluntarios de Castro Ibid. 268 800 800 800 800
Ibid. Fijo de Concepción Ibid. 286 600 600 600 600
2ª división Veteranos de Chiloé Ibid. 241 500 500 500 500
Ibid. Auxiliar de Chiloé Ibid. 208 550 550 550 500
3ª división Talavera de la Reina Ibid. 740 550 600 600 600
Ibid. Real de Lima Caballería 79 200 200 200 200
Ibid. Húsares de la Concordia Ibid. 151 150 150 150 150
Artillería 4 compañías[nota 8] Artillería 200 120 s/i 150 200
Total 3239[6] 4922[126][127][128] 4852[129][130] 5002[131][10] 5002[125]

La base de esta fuerza eran los batallones de San Carlos, Castro, Concepción y Valdivia. Unidades veteranas, renovadas en sus bajas por un flujo constante de reclutas que recibían un buen entrenamiento y estaban sometidos a constantes ejercicios militares.[108]​ Se habían formado el año anterior por el brigadier de la Real Armada Española,[132]Antonio Pareja, a quien siguieron al salir de Concepción el 8 de abril de 1813.[133][134]​ Originalmente, los cuatro batallones estaban formados milicianos entrenados y mandados por oficiales de carrera traídos del Perú.[135]​ El batallón de Chillán se les unió cuando entraron en la ciudad el 15 de abril.[136]​ En una sociedad donde la identidad de una persona estaba vinculada a la casta que pertenecía y a la villa donde se avecindaba, estas unidades representaban el honor de las ciudades de donde venían sus soldados.[137][138]​ La importancia de los soldados de la isla Grande de Chiloé era tal, que el propio virrey se refería al ejército realista como «tropas chilotas».[139]

Su caballería era originalmente enorme pero formada por milicianos indisciplinados y poco valiosos militarmente,[136]​ venidos de Concepción, Chillán, Rere, Los Ángeles, La Frontera y La Florida, y sumados en su camino al norte.[133]​ Estos desertaron masivamente cuando hubo algunas derrotas menores y se retrocedió desde el Maule a Chillán en mayo de 1813.[140][141]​ De hecho, el virrey informa[nota 9]​ que Gaínza le informa que carece de caballería, excepto milicianos armados con lanzas que no servían más para saquear y reconocer el terreno, pero podría formar un cuerpo 500 ó 600 jinetes si le enviaba oficiales para entrenarla y dirigirla.[55][115]​ Por eso, el coronel de artillería fue enviado con oficiales encargados de disciplinar y mandar una nueva caballería de línea, algo que hicieron exitosamente.[55][51]

Pareja tuvo artilleros de línea procedentes de las guarniciones de Chiloé, Valdivia y Concepción[135][143][133]​ para operar más de 30 cañones y culebrinas y 500 cargas de municiones y pertrechos.[nota 10]​ Osorio tenía una artillería mucho más reducida, pero acorde al tamaño del ejército, siguiendo el estándar ideal de 2 a 5 piezas por millar de soldados.[144]​ También habían unidades de línea, la mayoría venidas del virreinato, como dos compañías del regimiento Real de Lima o los escuadrones Húsares de la Concordia y los Carabineros de Abascal, veteranos de campañas en Perú, Charcas, Quito y Chile.[145]

Sin embargo, Osorio depositaba su confianza en el batallón Talavera, forjado en la Guerra de Independencia Española.[108]​ El batallón de infantería había llegado al Callao el 25 de abril de 1813 en el Asia.[45]​ Había zarpado desde Cádiz en el navío de guerra de 74 cañones el 25 de diciembre anterior y contaba con apenas 374 plazas después reforzadas por reclutas limeños.[57]​ El problema es que los soldados y oficiales de origen español miraban en menos a sus contrapartes criollas, recibiendo incluso un mejor sueldo y trato de parte de los jefes, lo que producía recelos en los veteranos locales.[108][65]​ Durante el invierno de 1813, en el sitio de Chillán, los únicos peninsulares fueron el coronel Juan Francisco Sánchez, el comandante de la artillería José Berganza y los oficiales Rodríguez Ballesteros, Elorreaga y Quintanilla (los tres últimos desde muy jóvenes radicados en Chile). Eso causaba recelos en Abascal, quien se aseguró de enviar como refuerzos a oficiales de origen español.[146]​ De toda la fuerza realista poco más de un 10% eran de origen peninsular,[147]​ unos 600 oficiales y soldados, la mayoría talaveras.[148]

Respecto a las tribus mapuches, Abascal[nota 11]​ había ordenado a Gaínza pedir guerreros a los loncos (caciques), pero finalmente no se produjo.[150]

Patriotas[editar]

La siguiente tabla representa el orden de batalla de todo el ejército patriota en los días previos a la batalla, incluyendo las fuerzas que no participaron. La información está basada en el Diario militar de José Miguel Carrera.[89][151][152][153]

Bandera de la Patria Vieja

Ejército Restaurador de los derechos de la Patria[154]
General en Jefe: Brigadier José Miguel Carrera
Jefe de Estado Mayor: Coronel Raimundo Sesé
Ayudantes: Crl. Rafael de la Sotta, crl. José Samaniego, capitán Manuel Cuevas, teniente José Urrea y tte. Juan de Dios Martínez
Vicario general: Presbítero Julián Uribe
Tesorero general: José Jimémez Tendillo
Auditor de guerra: Manuel Novoa
Proveedor general: José Vigil

Unidades

  • I División (Comandante general: Brig. Bernardo O'Higgins; Mayor de órdenes: Crl. Francisco Calderón; Ayudantes: Tcnl. Venancio Escanilla; mayor Pedro Astorga; cap. José Lantaño, cap. José Urrutia; Comisario de guerra: Domingo Pérez)
    • Batallón de Infantería N.º 2 (crl. Francisco Elizalde)
    • Batallón de Infantería N.º 3 (crl. Francisco Elizalde)
    • Dragones de Concepción (crl. Pedro Andrés del Alcázar)
    • Escuadrón de Milicias Lanceros de Rancagua (crl. José María Portus)
    • Milicias Fusileros montados
    • Una compañía de artillería (cap. Antonio Millán): 6 piezas
  • II División (Comandante general: Brig. Juan José Carrera; Mayor de órdenes: Mayor José Cáceres, Ayudantes: Tte. Manuel Serrano, alférez José Almanchi, alférez Salvador Villalobos; Comisario: Ignacio Toledo; Proovedor: Andrés Vera)
    • Batallón de Infantería N.º 1 (bgr. Juan José Carrera)
    • Regimiento de Milicias del Aconcagua
    • Una compañía de artillería (cap. Ignacio Cabrera): 5 piezas
  • III División (Comandante general: Crl. Luis Carrera; Mayor de órdenes: tcrl. Ambrosio Rodríguez; Ayudantes: Mayor Pedro Fuentes, cap. Manuel Zorrilla, tte. Pedro Aldunate; Comisario: Marcelino Victoriano)
    • Batallón de Infantería N.º 4 (tcrl. Ambrosio Rodríguez)
    • Regimiento de Húsares Nacionales (crl. José María Benavente)
      • Húsares Nacionales Fusileros
      • Húsares Nacionales Lanceros
    • Una compañía de artillería (crl. Luis Carrera, sgt. may. Juan Morla): 4 piezas

Las nuevas unidades regulares no se identificaban con una ciudad en concreto, en cambio, buscaban ser representantes y defensoras de toda una nueva nacionalidad que estaba formándose, de ahí su nomenclatura por número o con alusiones a la nación.[138]

El número de efectivos se ha discutido constantemente, ya que las fuentes principales, la Memoria histórica de Diego José Benavente Bustamante y el Diario militar de José Miguel Carrera no concuerdan entre sí.

Estimaciones de las fuerzas patriotas (número de tropas)
Unidad Arma Barros A. (1888) Benavente O. Benavente B. Albi C. Téllez C.[nota 12] Amunátegui Barros A. (1855)
Bat. N.º 2 Infantería 177 180 177 177 (13) 177
Bat. N.º 3 Ibid. 470 470 470 470 (29) 470
Dragones Caballería 280 280 280 280 (16) 280
Lanceros de Rancagua Ibid. 144 140 144 144 (9) 144
Artillería s/i s/i 84 84 (4) 84
1.ª división 1071 1150 1155 1000 1155 (71) 1155 1100
Bat. N.º 1 Infantería 674 650 625 674 (39) 664
Milicias de Aconcagua Caballería 1253 1250 1153 1253 (53) 1253
Artillería 84 80 84 84 (4) 84
2.ª división 2011 1980 1861 2000 2011 (96) 2001 1800
Bat. N.º 4 Infantería 195 190 195 195 (9) 195
Húsares Nacionales Caballería 687 690 690[nota 13] 687 (37) 690
Artillería 84 80 30 84 (4)[nota 14] 84
3.ª división 966 960 915 1000 966 (50) 915 1000
Total 4048[11][157][153] 4090[89] 3931[158] 4000[147] 4132 (217)[155] 4075[159] 3900[160]

El historiador español Julio Albi de la Cuesta señala que los cuerpos de línea serían de reciente creación, pues las unidades más veteranas estaban con el ejército realista.[147]​ En total, se habrían movilizado 6000 hombres para defenderse de Osorio,[161]​ incluyendo una reserva de 2000 milicianos haciendo de guarnición en la capital.[147]​ De esa fuerza, un total de 2564 eran miembros de milicias, es decir, «huasos enganchados» o reclutados a la fuerza.[161]​ El diplomático español Mariano Torrente dice que la división de O'Higgins tenía 1150 soldados y la de Juan José 2000, mencionando que estaban en inferioridad numérica.[162]​ Benavente Ormeño señala que José Miguel planeaba organizar una fuerza de 5000 hombres sobre el papel, pero en la práctica, su ejército de campaña no pasaba de 4100 plazas, de las que 1300 eran milicianos a caballo.[163]

Respecto al ejército de septiembre de 1814, eran 2230 soldados los que tenían un verdadero valor como combatientes.[164]​ Su moral era baja, pues hacía poco tiempo los soldados habían luchado entre sí en Tres Acequias, y algunos reclutas no tenían más de quince días de entrenamiento.[165]​ La fuerza seguía mal armada y equipada, la 1.ª división tenía apenas 200 fusiles y 20 quintales de pólvora, la 2.ª 1370 de los primeros y 12 de los segundos,[151][155][153][155]​ y de la 3.ª 200 y 30 respectivamente.[152][153][155]​ Se sabe que las villas de Santa Rosa de Los Andes y San Felipe aportaron 1300 milicianos a caballo para esta campaña, de los que 200 iban armados con fusiles,[37]​ y muchas de esas armas podían usarse como mucho por unas dos horas antes de estropearse.[165]

Participaron en la batalla solamente la 1.ª y 2ª divisiones, inmediatamente fusionadas y puestas bajo las órdenes de O'Higgins. La mayor parte de la caballería miliciana se dispersó al comienzo del sitio.[13]​ Probablemente no pasaran de 1700[2][166][167]​ o 1750[8]​ los defensores que quedaron dentro. La 2ª división aportó 600 fusileros y toda su artillería.[8]

Intentando conseguir más fuerzas, el mando de la Junta ordenó nuevamente la movilización de milicias como reserva pero pésimamente armadas, como se puede apreciar en la siguiente tabla:[152][168][169]

Unidades Oficiales Tropa con
instrucción
Tropa sin
instrucción
Total
Santiago 15 576 500 1091
Melipilla 5 116 200 321
Valparaíso 13 400 s/i 413
Auxiliares del Aconcagua 1 180 100 281
Total 34 1272 800 2106

Las milicias de caballería se reclutaron en el campo y las de infantería en las ciudades[170]​ cuando terratenientes y mercaderes militarizados arrastraron a la guerra a la plebe.[171]​ Los hacendados formaban montoneras con los inquilinos de sus fundos.[172][173]​ También reclutaron forzosamente a peones o gañanes, trabajadores temporales que vagaban por los campos.[174]​ Los milicianos de caballería solían ir con atuendos civiles y lanzas de coligüe y moharras de hierro deficiente; ocasionalmente también usaban machetes de un metal de igual calidad.[175][176]​ Los campesinos chilenos solían ser expertos en el uso del caballo, el cuchillo y la lanza pero al no tener entrenamiento no podían mantener una formación o hacer maniobras complejas.[175]​ Lo único que podían hacer era improvisar y cargar de frente.[172]

Los mercaderes movilizaron a los artesanos urbanos y los labradores suburbanos[172]​ en milicias de infantería,[170]​ lo que era muy resistido por la gente, que prefería combatir a caballo.[175]​ Idealmente las formaban vecinos, hombres con casa en la ciudad, empleo independiente, derecho a participar de cabildos y capaces de portar armas, fueran patricios o plebeyos,[177]​ pero obviamente las plazas se rellenaban con levas forzadas con el bajo pueblo (individuos sin casa, esclavos o siervos domésticos, analfabetos y mestizos), donde los reclutas eran engrillados y llevados a los cuarteles.[178]​ Estas fuerzas solían reproducir el orden social de la ciudad de donde venían, los mandos los obtenían los hombres más ricos y la tropa la formaban los pobres.[170]

La intendencia de Coquimbo se mantuvo al margen de los combates de esta época, no hay referencias de que enviara tropas al sur aunque sí apoyo económicamente.[179]

Batalla[editar]

Preparativos defensivos[editar]

Los capitanes Freire, Santiago Bueras y Francisco molina cruzaron el Cachapoal hacia el sur para vigilar a los realistas mientras se despoblaba la zona de gente y ganados. No se apartaron del río y hubo muchas escaramuzas con la vanguardia realista.[89][180]​ El 13 de septiembre Luis Carrera ordenaba fortificar Angostura, obra encargada al presbítero Pineda, quien no tenía de conocimientos para la labor y a los cuatro días se desiste.[105][66]

El 18 O'Higgins recibía la autorización de prepararse para defender Rancagua.[181][182]​ Dos días después comenzaban los trabajos defensivos en la ciudad.[183][182][184]​ El mismo día salen de Santiago 1200 jinetes milicianos a caballo del Aconcagua al mando del coronel José María Portus. Al día siguiente le sigue la 2.ª división del brigadier Juan José.[185]​ Por entonces, Rancagua tenía como únicos puntos fuertes los tres campanarios de sus iglesias y su plaza de Armas tenía solo cuatro calles de salida, formándose igual número de cuadras a su alrededor.[186]

El 24 Osorio establecía su cuartel general a 10 km al sur de la ciudad, en El Olivar, y comenzaba los preparativos para cruzar el río.[187]​ El 25 de septiembre, llega a San Fernando, ocupada días antes por su vanguardia. Al día siguiente sale para el norte.[156]

El 27 la 2.ª división de Juan José se instalaba junto al río en «las chacras de don Diego Valenzuela» protegiendo el vado de Los Robles apoyándose en algunos parapetos, una legua al oeste de Rancagua, para forzar a Osorio a cruzar frente a la ciudad.[187][156]​ Al mediodía del 29 de septiembre,[187]​ la vanguardia de la 3.ª división, mandada por Luis, llegaba a San Luis de Mostazal, inmediatamente al sur de Angostura, tras dos días de marcha desde Santiago y a la espera de ir a ayudar a las otras unidades.[6][102]​ Sin embargo, el grueso de la unidad recién acababa de salir de Santiago.[156]​ Al mediodía del 30 de septiembre, José Miguel tomaba el mando directo de la 3.ª división en Mostazal, avanza hasta Graneros (a medio camino entre Angostura y Rancagua) y deja a Luis a cargo de guarnecer Angostura.[188]

Esa tarde[13]​ O'Higgins había acabado el sistema defensivo en la ciudad, era un cuadrado perfecto dividido en cuadras, en su centro estaba la plaza de Armas.[68]​ Las trincheras de adobe estaban ubicadas por las cuatro calles que llegaban a la plaza a una cuadra de aquella, pero las entradas estaban despejadas.[189]​ Tenían tres frentes para vigilar la calle principal y las dos laterales en cada esquina, y atrás tenían artillería.[167]​ Fortificados en techos y casas podían disparar a cualquier atacante que avanzara por las rectas y estrechas calles.[190]​ Su comandancia estaría en una casa en la esquina del solar de los Olivos, las tropas ocuparon el cabildo y los alrededores del mercado, el Convento de la Merced se convirtió en un hospital militar, se dispusieron tiradores en los tejados, las cuatro calles de acceso a la plaza de Armas fueron bloqueadas con cañones atrincherados, se fortificó un área mayor a las cuatro manzanas centrales y se estableció puestos de vigía y avanzadillas en las entradas de la ciudad.[13]

Trinchera Comandantes[166][13] Esquina actual[191] Efectivos Artillería Unidades[13]
Sur cap. Manuel Astorga
cap. Antonio Millán
Estado (antes San Francisco)
con O'Carroll
100[192]​-200[13][193] 2[192]​-3[13][193] Bat. N.º 3
Norte cap. Santiago Sánchez Estado con Cuevas 100[192][13][193] 2[192][13][193] Bat. N.º 3
Oeste cap. Francisco Javier Molina Independencia (antes Crucero)
con Campos
150[192][13][193] 2[192][13][193] Bat. N.º 2
Este cap. Hilario Vial Germán Riesco con Alcázar 100[192][193]​-150[13] 2[192][13][193] Bat. N.º 3

En la plaza quedó la caballería y una pequeña reserva.[166][192]​ Dos cuadras delante de la trinchera de Molina el capitán Eugenio Cabrero mantenía un improvisado parapeto con 50 granaderos y 2 cañones.[13]

Cruce del río[editar]

En la noche, los monárquicos salieron de Requínoa[194]​ y cruzaron el Cachapoal cerca del vado Punta de Cortés, casi frente a Lo Miranda,[6][195][196]​ a 2 leguas al este de la ciudad.[194]​ Desprendieron varias partidas menores en distintos puntos para distraer a los defensores.[197]​ Osorio también envió una intimidación escrita a los comandantes de Rancagua, fechándola en San Fernanda, villa que había abandonado días antes, para que creyeran que no estaba cerca. Sin embargo, O'Higgins y Juan José no cayeron en el ardid, pues sabían bien de la proximidad del enemigo.[198]

El movimiento empezó a las 21:00 horas, justo cuando en el campamento de la 3.ª división celebraban creyendo que los realistas se retiraban por informes de la 1.ª división que afirmaban no haber visto al ejército enemigo en ninguna parte.[194][103]​ Los 650 jinetes de la vanguardia monárquica dispersaron una compañía de dragones de la 3.ª división mandada por el capitán Rafael Anguita,[189][103]​ quien inicialmente no detecto la maniobra hasta que el enemigo estaba en la otra orilla,[199]​ pues anduvieron un cuarto de legua por la ribera sur del río antes de cruzar, como parte de las previsiones de Osorio;[200]​ así Juan José perdió la oportunidad de atacar al enemigo cuando era más débil.[201]​ La noche era muy oscura y cada división realista decidió marchar en columna al punto de cruce, lo hacían en absoluto silencio y descansando cada hora para no fatigarse, evitar ser detectados o que sus soldados se perdieran en la penumbra; además, se les prohibió encender cigarrillos para no ser vistos. A la cabeza iban los húsares de Barañao, 25 zapadores, 50 granaderos y 4 cañones,[103]​ estas piezas de artillería hacían el único sonido al moverse entre los pedregales del río.[202]

O'Higgins tampoco había creído que los realistas fueran capaces de tal maniobra durante la noche y no creyó en las advertencias del teniente coronel Benavente, sólo cuando Osorio estaba al norte del río envió mensajes a Juan José, quien estaba en las casas de Valenzuela, para que se le uniera.[199]​ Eran cerca de las 07:00 horas del 1 de octubre[195]​ y para entonces O'Higgins sabía que el ejército monárquico completo estaba formado en línea oblicua al noroeste de la ciudad, sus mensajes al brigadier Juan José eran rogativas para que abandonará su posición, ahora inútil, y lo ayudara.[195][200]​ Juan José envió a un ayudante a Granaderos para informar a su hermano José Miguel del movimiento, cual creía que era la dirección de los realistas y que los milicianos del Aconcagua de Portus debían estar acosando su retaguardia.[199]​ Temiendo que el enemigo intentara tomar la posición y aislarlo de Santiago,[203]​ también despachó a su edecán, Rafael de la Sotta, con la orden de retirada de Rancagua hacia Angostura, aunque tuvieran que abandonar la artillería clavando a los cañones,[199][204]​ pero al llegar era tarde y se encontró con dos divisiones atrincheradas dentro.[199]​ O'Higgins envió a su ayudante, el teniente Juan de Dios Garay, para informar en Mostazal a José Miguel del cruce de Osorio.[200][205]

O'Higgins se dio cuenta que los monárquicos formaron sus divisiones de vanguardia y centro al oriente y la de retaguardia, aún incompleta y vulnerable, en unos antiguos graneros de la Compañía de Jesús al noroeste de sus posiciones. Tuvo el plan de atacar con su división y la de Juan José, si los realistas tomaban el camino hacia Santiago dejarían sola a esta última división, entonces podrían cargar contra la retaguardia enemiga, rodear el flanco que cubría y atacar por la retaguardia al resto del ejército monárquico.[200]​ Sin embargo, Osorio tomó la decisión de marchar inmediatamente sobre Rancagua apoyando su flanco derecho en el río y encargo al teniente coronel Asenjo y al capitán Castilla, cada uno con 100 jinetes, tirotear a la avanzadilla patriota, compuesta por 280 dragones al mando del capitán Freire, que se retiró a Rancagua sin dejar de entablar escaramuzas.[206]​ Luego, Osorio se separó del Cachapoal para avanzar a Rancagua ocupando los caminos del norte, cortando toda retirada a Santiago y forzando a O'Higgins y Juan José a refugiarse en la villa.[207]

El coronel Luis Carrera avanzó con la 3.ª división pero divisó una columna que se le acercaba por su izquierda, decidió encararla y en Pan de Azúcar descubrió que eran los milicianos del coronel Portus en plena huida.[199]​ Estas milicias del Aconcagua se habían dispersado y dado grandes rodeos para llegar con la 3.ª división en el camino a Santiago;[207]​ se cree que más de 1600 milicianos abandonaron al ejército patriota sin luchar.[161]​ Luego descubrió que una fuerza enemiga venía por su derecha, pero un escuadrón a cargo de Benavente logró hacerla retroceder.[199]​ A las 08:00 horas José Miguel era informado que la división de Juan José debió retirarse a Rancagua, donde ya se había replegado O'Higgins, y que las milicias del Aconcagua se habían dispersado y retirado a Santiago.[197]

Primer día[editar]

Para entonces, dos divisiones revolucionarias estaban cercadas en la ciudad, detrás de una trincheras o parapetos mal hechos, tenían algunos cañones defendiendo posiciones a una o dos cuadras de la Plaza de Armas y como únicas provisiones líos de charqui.[199]​ En las tapias de madera los potreros de Sotomayor se atrincheraron algunos fusileros patriotas mientras dragones y milicianos patriotas atacaron la caballería realista del ala izquierda, pero deben retirarse.[195]

Pasada una hora de combate,[189]​ la línea de fusileros fue desbordada por los flancos y los monárquicos llegaron a las entradas norte y oeste de la villa, justo cuando llegó la división de Juan José por los accesos sur y este a Rancagua, fue entonces que O'Higgins ordenó retirarse dentro de la villa.[195]​ Ambos brigadieres patriotas entraron por el sur de la ciudad, a través de la calle San Francisco, mientras que el capitán Freire lo hacía por La Merced, en el norte.[167]

Como señal de su voluntad de resistir hasta el final, se ordenó a los soldados enarbolar banderas con jirones negros.[208]​ Estos símbolos causaron risa entre los soldados y oficiales peninsulares, quienes creyeron que era un a fanfarronada y serían dueños de la plaza en una hora.[209]​ La gran mayoría jamás había luchado en Chile y muchos talaveras esperaban tomar la ciudad con el simple acto de entrar por sus calles.[210]

Rápidamente Osorio aprovechó para rodear la ciudad completamente.[211]​ Tras este exitoso comienzo, Osorio creía que podría fácilmente intimidar a los defensores con algunas muestras de fuerza; para entonces, la mayoría de la caballería patriota había huido.[13]​ Luego, ordenó desviar el curso de la acequia que alimentaba de agua Rancagua, siguiendo el consejo de algunos vecinos que eran realistas.[209]

O'Higgins y Juan José se encontraron en la Plaza de Armas,[211]​ ahí el Carrera cedió el mando a pesar de tener una mayor antigüedad, reconociendo la experiencia del otro y que anteriormente fue el general en jefe.[166]

Osorio ordena a su artillería bombardear la ciudad por los cuatro costados a la vez, dividiendo sus fuerzas en cuatro agrupaciones pero cometiendo el error de no dejar una reserva.[192]

Agrupación Comandantes Efectivos Artillería Unidad Calle
Sur crl. Rafael Maroto
crl. Manuel Barañao
900[166]​-1000[192] 4[166]​-6[192] Batallón Talavera de la Reina
Escuadrón Húsares de la Concordia
San Francisco[212]
Norte crl. Clemente Lantaño
crl. José Carvallo Pinuer
1000[192]​-1100[166][209] 4[192][166][209] Batallón Fijo de Valdivia
Batallón Cívico de Chillán
Cuadra[212]
Este crl. Manuel Montoya
tcl. Ramón Jiménez Navia
1050[192][209]​-1100[166] 4[192][166][209] Batallón Veterano de San Carlos
Batallón Auxiliares de Chiloé
Merced[212]
Oeste crl. José Rodríguez Ballesteros
tcl. José de Vildósola
1100[166]​-1500[192] 4[192][166][209] Batallón Voluntarios de Castro
Batallón Fijo de Concepción
Merced[212]

Inicialmente, los ataques por el sur estuvieron a cargo de la caballería de Quintanilla y Elorreaga.[199][209]​ pero a las 09:00 horas, con la ciudad ya completamente rodeada, el coronel Maroto, jefe del primer cuerpo de talaveras, ordenó a sus hombres entrar.[13]

Maroto, tan confiado como Osorio de una fácil victoria, ordenó a su batallón entrar por la cañada del sur sin enviar exploradores, en columna cerrada y marcando el paso. Al frente iba una compañía de granaderos con sus penachos rojos. El cuerpo militar parecía desfilar, demostrado gran disciplina al marchar al unísono y causando temor en quienes los veían acercarse, pero también era una masa muy compacta de objetivos.[13]​ Les acompañaban los húsares de Barañao y 200 soldados del Real de Lima.[213]​ De hecho, ante tal espectáculo, el comandante de esta última unidad, el teniente coronel Francisco Velasco, le advirtió en voz baja a Maroto: «Mi coronel, ¿cómo ataca usted en columna cuando estamos sobre las trincheras?». La respuesta del oficial fue tajante: «A un jefe español no se le hacían advertencias, y menos a quien los bigotes le habían salido en la guerra contra Napoleón».[13]

No hubo resistencia hasta que llegaron a dos cuadras y media de la plaza,[213]​ frente a la [[Iglesia de San Francisco (Rancagua)|iglesia de San Francisco], donde estaban atrincherados los defensores.[214]​ Astorga y Millán consiguieron que sus hombres esperaran hasta que los realistas llegaron a unos 50 metros, luego gritaron «¡Viva la Patria!» y ordenaron una feroz descarga de fusilería sobre la primera fila de granaderos, apoyada por la metralla de los cañones que fulminó a las dos filas siguientes.[13]​ Esto causó estupor entre los monárquicos, quienes quedaron paralizados por un momento, para luego huir, pero su fuga era entorpecida por los muertos que sembraban la calle mientras aún sufrían por los disparos enemigos.[213]

Mientras los revolucionarios recargaban sus armas, los realistas se refugiaron entre los muros y pilares de los corredores[215]​ o se escabulleron pegados a las paredes para llegar a las calles transversales,[213]​ desde donde disparar ordenadamente sobre la trinchera.[216]​ Todos los talaveras se dispersaron, excepto la sexta compañía del capitán Vicente San Bruno.[212]

Los soldados de Astorga no podían responder a su disciplinado fuego y los cañones de Millán no podían posicionarse bien en la estrecha trinchera. Los experimentados oficiales peninsulares se dieron cuenta y agitando sus sables al aire, ordenaron un nuevo asalto con las bayonetas. Los dos oficiales al mando de la defensa permanecieron en primera línea, lo que ayudo a los patriotas a rechazar a la desesperada esa carga. En vano los monárquicos les gritaban «¡Rendirse traidores!», pero debieron acabar por retirarse. Millán aprovechó para mover un cañón y descargar su metralla mientras lo hacían.[216]​ Pocos minutos después comenzaba un ataque simultáneo sobre las otras trincheras, siendo respondido con fuego de metralla o de fusiles desde techos y troneras;[217]​ sin embargo, la defensa agotó las municiones de los patriotas.[192]​ La lucha era feroz, a poca distancia, no hubo muchas bajas iniciales entre los atacantes, pero igualmente debieron retirarse a las bocacalles para responder a resguardo.[217]​ Al este y norte no alcanzaron a llegar a las posiciones y se retiraron en orden. En el oeste los monárquicos estuvieron a punto de tomar el parapeto del capitán Cabrera, pero la llegada de 100 refuerzos los detuvo.[216]

Osorio estaba en una casa cercana a la villa cuando le avisaron de la derrota de los talaveras algunos de sus oficiales, quienes fueron testigos presenciales del evento, llegando a exagerar el número de defensores y acusar que la sorpresa fue producto de la traición. Furioso, ordenó al coronel Barañao cargar contra la trinchera sur con su escuadrón con sable en la mano y tecerola en la espalda.[217]​ Antes de la carga, el oficial se acercó sable en mano a los comandantes de los talaveras y les dijo: «Vean ustedes cómo se combate en América», pero su valor no pudo con el fuego de los patriotas, perdiendo su caballo.[216]​ Decidió ordenar desmontar a sus hombres y subir a los techos para responder a sus enemigos con sus carabinas, pero fue herido en un muslo y sus hombres decidieron retirarse a una calle transversal.[216][214][166][218]​ Momento en que fueron ayudados por Maroto, Velasco y San Bruno.[214]​ Este último, formó a su compañía en la misma calle y formó una batería para romper con fuego de cañón la posición enemiga.[218]

Últimos momentos en Rancagua por Pedro Subercaseaux, 1944.

Tras una hora de combate, Osorio ordena a su artillería bombardear las trincheras patriotas, construir parapetos en las entradas desde donde usar las piezas y a sus zapadores agujerear los muros.[205]​ O'Higgins ordenó izar en lo alto de la torre de la iglesia de La Merced la bandera patriota ataviada con pendones de tela negra, indicando que no se rendirían. Recorría las trincheras a caballo impartiendo órdenes y dando ánimos, más tarde subió a la torre para dirigir las operaciones.[219]​ A las 14:00 los realistas volvieron a avanzar por las cuatro entradas pero tras un feroz combate cuerpo a cuerpo son rechazados.[205]​ Al mismo tiempo, combatientes de ambos lados se disparaban constantemente desde troneras y techados.[220]

O'Higgins, enterado de los eventos en la trinchera sur, decidió pasar a la ofensiva y ordenó[218]​ al subteniente de la legión de Arauco, Nicolás Maruri, y al alférez de los Dragones, Francisco Ibáñez, cargar con 50 hombres contra el parapeto construido por San Bruno.[218][205]​ Después de esperar que Millán descargara sus cañones para crear una cubierta de humo, Maruri e Ibáñez ordenaron la carga de sus hombres, tomando en el primer asalto la batería y empezando a destruirla. Los monárquicos fueron masacrados y apenas dieron combate.[221]​ Sin embargo, muchos soldados patriotas también se dispersaron por las casas vecinas para buscar refugio y Maruri debió dejar al subteniente José Esteban Faez con 12 hombres para vigilar la posición, mientras él iba por la calle para empujar a sus soldados fugados y llegó a pegarle con el plano de su sable al teniente Juan de Dios Larenas por negarse a volver a su puesto.[205]

Estos eventos fueron aprovechados por San Bruno para reorganizar a su compañía y lanzar un contraataque, forzando a Maruri a retirarse, con Millán utilizando su artillería para cubrir su retirada.[221]​ Sin embargo, un tiro de cañón apresurado mató a cinco soldados de Maruri.[205]​ Así, Ibáñez y Maruri empezaron a recuperar a sus hombres en una calle transversal, mientras San Bruno ordenaba a un subordinado atravesar los patios interiores de las casas cercanas con un piquete de soldados y una pieza de artillería.[221]​ En esos momentos, Maruri se percató de la maniobra, tenía 12 soldados protegiendo su sector de la trinchera sur y estaban retrocediendo ante 60 talaveras que se les acercaban. Instaló tiradores en los techados que detuvieron al enemigo.[205]​ Luego, lanzó una granada de mano que le dio O'Higgins contra los enemigos concentrados en el patio de una casa, confundiéndolos, [220]​ y cargó con 40 soldados y el alférez Ibáñez contra el enemigo, tomando el cañón y 13 carabinas.[205]​ Todo el piquete enemigo fue muerto, a excepción del tambor y dos soldados que fueron capturados.[220]​ Cuando presentó el botín a O'Higgins, Maruri fue ascendido inmediatamente a capitán.[205]​ Habían muerto 86 talaveras en estos eventos.[212]

Durante la lucha, los monárquicos empezaron a incendiar algunos edificios para acorralar a sus enemigos.[220]​ Tras diez horas de combate, al atardecer, se produce un tercer ataque pero los soldados realistas estaban muy cansados.[205]​ Según Toro Dávila, al anochecer los combates cesaron,[192]​ mientras que Barros Arana sostiene que los combatientes no estaban cansados y los tiroteos continuaron durante la noche.[220]​ Sin embargo, la resistencia patriota era cada vez más difícil, los realistas habían cortado la única acequia que daba agua a Rancagua y no podían seguir enfriando los cañones después de disparar, haciendo más irregular el fuego de su artillería.[222]​ Por eso, a las 23:00 engancharon su artillería y buscaron un punto débil en el cerco para escapar amparados en la noche, pero los centinelas realistas estaban atentos y fue imposible.[203]

Noche[editar]

Bernardo O'Higgins vigila desde la torre de la Iglesia de la Merced, esperando inútilmente la ayuda de José Miguel Carrera. Óleo de Pedro Subercaseaux, 1920.

Poco después del anochecer, O'Higgins ordenó una reunión de los jefes militares de cada trinchera y los oficiales de mayor graduación en la casa del cura, que estaba en la plaza de Armas.[223]​ Después de que los comandantes dieron sus informes se concluyó que los defensores eran los vencedores, por el momento, y aunque habían sufrido mucho y se les agotaban los víveres, habían resistido los ataques, causando mayores bajas al enemigo, por lo que todos se negaron a hablar de capitulación. De hecho, O'Higgins propuso resistir hasta el último hombre con la esperanza que José Miguel atacara con la 3.ª división, siendo apoyado por los oficiales, que esperaban que los monárquicos colapsaran si eran atacados por la retaguardia.[224]​ El principal problema por entonces era la escasez de municiones de fusil, muy necesarias para luchar desde tejados y ventanas, aunque tenían abundancia de tiros de cañón. Por esto se necesitaban auxilios pero las comunicaciones con José Miguel estaban cortadas. Sin embargo, hubo un dragón, cuyo nombre se ha perdido en el tiempo, que fue voluntario para llevar un mensaje de O'Higgins envuelto en papel para cigarrillos; salió disfrazado de mujer.[225]

Entre tanto, José Miguel y su división estaban en los graneros de la antigua hacienda de la Compañía, a tres leguas de la ciudad.[226]​ A las 22:00 le llegó un mensaje de O'Higgins: «Si vienen municiones y carga la 3.ª división, todo está hecho». De forma verbal, O'Higgins también le dijo que esperaría su llegada para romper el cerco y retirarse. La respuesta de Carrera fue: «Municiones no pueden ir sino en la punta de las bayonetas. Mañana al amanecer hará sacrificios esta división. Chile, para salvarse, necesita un momento de resolución» y agregó de palabra: «Diga Ud. que esta división no puede encerrarse en la plaza; pero que mañana atacará para que salgan las de adentro». El mensajero, un húsar o dragón anónimo, cruzó disfrazado las líneas y trajo la respuesta a O'Higgins a las 02:00 de la madrugada siguiente.[203][227][228]​ Durante su entrevista con José Miguel le había informado como testigo presencial de las condiciones de los defensores, especialmente la escasez de municiones.[229]​ Según Benavente Bustamante, a la medianoche, la 3.ª división había ocupado la calle norte de la cañada, y tenía algunas bocas-calles guardadas por dos cañones y unos pocos infantes, mientras su caballería estaba en los potreros de Olivos y otros echando abajo tapias para allanar el campo.[212]​ En cambio, según Barros Arana, el amanecer del domingo 2, José Miguel ocupó la quinta de Cuadra, a una milla del pueblo, donde instaló la línea de su división y ordenó a su hermano Luis adelantarse con las dos piezas volantes de artillería y 200 infantes, mientras el coronel Benavente con tres escuadrones de caballería ocupaba los potreros a la derecha del callejón, forzando a los jinetes enemigos a replegarse a la cañada.[16]

Según Barros Arana, si la 3.ª división hubiera atacado a los realistas en esa noche, cuando estaban desmoralizados y desorganizados, la victoria habría sido completa.[226]​ Lo cierto es que la unidad de José Miguel envió a su caballería a las inmediaciones de Rancagua, donde intercambiaron tiros con los realistas que defendían una cañada antes de regresar a la hacienda, siendo reforzados por partidas sueltas de milicianos del Aconcagua,[229]​ pero durante la noche no se envió partidas a ayudar durante esa jornada.[226]

Decisión de Osorio[editar]

Osorio acababa de recibir un comunicado del virrey ordenándole buscar un acuerdo o concluir la campaña lo antes posible porque necesitaba sus tropas en Perú.[222][203][91]​ El 25 de julio había llegado la noticia a Lima de la desesperada situación de sus ejércitos en el Alto Perú,[56]​ pues Manuel Belgrano acababa de vencer en La Florida y el general Joaquín de la Pezuela debía refugiarse con los monárquicos en Cotagaita. Además, Montevideo acababa de rendirse ante los patriotas.[63]​ Cinco días después, la junta militar acordó informar de esto a Osorio y darle las nuevas órdenes.[56]​ Para empeorar la situación, el 3 de agosto estallaba la rebelión de Cuzco.[58]​ El coronel del artillería que debía retirarse con las tropas, armamento, artillería, municiones y buques a un puerto para reembarcarse lo antes posible para volver al Callao a ayudar a Pezuela.[230]

Fue cuando Osorio se enteró de la proximidad de la 3.ª división y llegó a considerar el retirarse al sur del Cachapoal, pero sus oficiales le convencieron de que tal movimiento de noche y con enemigo demasiado cerca acabaría en desastre.[203][231][232]​ El mayor general Luis Urrejola que era imposible tal maniobra, pues serían atacados mientras cruzaban el río y no podían dejar atrás a los heridos, a riesgo de que sufrieran malos tratos de los revolucionarios.[233]​ Poco después, se presentaron dos soldados patriotas que decidieron cambiar de bando y le informaron de la escasez recursos que vivían los defensores, de modo que Osorio no volvió a considerar retirarse.[226]​ Se decidió a atacar las trincheras al amanecer con la esperanza de que las defensas cedieran antes de la llegada de José Miguel.[203]​ Usaron como justificativo para no seguir las órdenes de Abascal un fragmento de las instrucciones que les habían dado: «conviene romper las operaciones luego que la estación de aguas lo permita, atacándolos enérgicamente donde se les encuentre, sin darles lugar á rehacerse en caso de ser derrotados, persiguiéndoles incesantemente hasta disiparlos, y continuando su marcha hasta apoderarse de la capital»,[115]​ es decir, debía atacar al enemigo hasta destruirlo.[234]

Sin embargo, Benavente Bustamante relata de forma distinta el evento. Según él, mientras acampaba en las casas de Valdivieso, cerca de Requínoa, el 30 de septiembre Osorio envió un mensaje a Rancagua exigiendo su capitulación y dando cuatro días para una respuesta pero justo en ese momento llegó la orden del virrey de retirarse.[91]​ El coronel de artillería decidió desobedecer al creerse con la victoria en la mano y durante la noche sigilosamente cruzó el Cachapoal por el vado Cortés.[199]​ Posteriormente, durante la noche del 1 a 2 de octubre, Osorio se creyó derrotado por la feroz resistencia de los patriotas y ordenó a Urrejola la retirada al sur del Cachapoal, sin embargo, sus oficiales le hicieron entender que si se retiraban la caballería enemiga que estaba alrededor de la villa les caería encima mientras cruzaban el río: «Este justo temor les dio la victoria».[212]

El militar chileno Jorge Boonen afirma que la llegada de la carta del virrey y el consejo militar se produjeron el 26 de septiembre, justo después de la salida de San Fernando.[156]​ Barros Arana dice que sucedió en Requínoa, pero el 29 de septiembre.[235]

Segundo día[editar]

Al alba del 2 de octubre, los fusileros realistas avanzaron por los agujeros hechos entre los muros y tirotearon a los defensores de la trinchera oeste. Se dieron feroces enfrentamientos a quemarropa y con bayonetas en casas y patios de los alrededores de la plaza de Armas. Los cadáveres eran usados para escalar las murallas o tapar los agujeros producidos por la artillería. Finalmente, los monárquicos se retiraron pero las bajas patriotas eran insostenibles.[203][17]​ Sin embargo, sus jefes estaban esperanzados en obtener la victoria después del mensaje de José Miguel. Habían pasado la noche con sus armas en mano, disparando a donde escuchaban ruidos y reparando sus trincheras.[236]

Un quinto ataque comenzaba a las 10:00 horas. Los monárquicos avanzaron a través de los agujeros, pero pasada una hora se escuchó desde la torre de La Merced el grito de: «¡Viva la Patria!», acompañado de campanazos. Se aproximaba la 3.ª división mandada por Luis pero dirigida por José Miguel, fuerza que marchaba desde el amanecer pero muy lento por su artillería.[17][231]​ Pero no era toda la unidad, solo dos compañías de infantería al mando del teniente coronel Diego José Benavente Bustamante[231]​ con un par de piezas de artillería[231][120][16]​ y tres escuadrones de húsares dirigidos por su hermano, coronel José María Benavente;[15][16]​ no venían a romper el sitio sino que a proteger la retirada de los sitiados.[231]​ Cargaron contra las fuerzas monárquicas en la cañada que estaban a cargo de Elorreaga, Quintanilla, Barañao, Lantaño y Asenjo.[120]

Ocuparon un almacén cercano a Rancagua con 200[14][15]​ a 250[17]​ fusileros del batallón N.º 4, pero los realistas sabían de su proximidad por las escaramuzas que hubo entre exploradores. El teniente coronel Clemente Lantaño ordenó a una línea de fusileros del batallón Valdivia se atrincherase en las tapias de los arrabales con un cañón, resistiendo tres ataques mientras los jinetes se Asenjo y Castilla se desplegaban en sus alas.[17]​ Finalmente, la caballería de Elorreaga intentó flanquear por los campos de su izquierda al enemigo y atacar su retaguardia, pero fueron contenidos por los húsares del coronel Benavente, acción en que destacó su hermano al mando de un escuadrón.[17][16]​ Después Luis Carrera adelantó dos cañones y el combate se estabilizó. La llegada de refuerzos ánimo a los defensores, y con exceso de confianza, O'Higgins, en vez de intentar romper el debilitado cerco para retirarse creyó que vencería. Osorio estaba preparándose para ordenar la retirada al sur del Cachapoal, pero el coronel Antonio Quintanilla le hizo ver que si atacaba con toda su caballería a los refuerzos les obligaría a retroceder.[17]​ En tanto, José Miguel y el grueso de su división estaban lejos del combate, en la entrada de los callejones que llevan a la cañada de Rancagua.[237]

En realidad, los refuerzos sólo venían a ayudar a O'Higgins a romper el cerco y huir, pues era imposible que una fuerza muy inferior en número a los sitiadores pudiera abrirse paso hasta la plaza de Armas.[238]​ La 3.ª división era la más pequeña del ejército revolucionario y estaba formada por unidades mal armadas y pobremente instruidas, atacar con toda esa tropa a Osorio era un suicidio y José Miguel prefirió guardar a esa unidad para organizar una nueva defensa después de la batalla.[239]

El sol había pasado su cenit y los refuerzos conseguían mantener a raya a los jinetes, infantes y cañones monárquicos, pero como todo el combate parecía haber cesado en la villa y solo sonaban las campanas, José Miguel creyó que los defensores se habían rendido.[240][17]​ A las 12:00[236]​ ó 13:00[240][241]​ ordenaba a los refuerzos retirarse, lo que Quintanilla aprovechó para cargar, dispersarlos y capturar un cañón. El vigía de la torre informó a O'Higgins de lo sucedido justo cuando el grueso de los realistas reiniciaba su asalto. Los atacantes quemaron las casas alrededor de la Plaza y el viento primaveral extendió las llamas, asfixiando a los defensores, carentes de agua. Un oficial de los talaveras se acercó con una bandera blanca conminando a su rendición pero le dispararon.[242]

Ruptura final[editar]

Carga de O'Higgins en la Batalla de Rancagua, óleo de Pedro Subercaseaux, 1938.

A las 15:00[243]​ ó 16:00[14]​ los defensores estaban muy mermados, sus municiones casi agotadas y no había metralla para sus cañones. Los realistas decidieron descansar sus tropas antes del asalto final y O'Higgins aprovechó de organizar sus fuerzas para un desesperado intento de romper el cerco.[244]​ Los 200 dragones de Freire irían al frente y su comandante ofreció a O'Higgins ponerse a salvo en medio de la columna, pero el brigadier lo rechazó y se puso en cabeza.[245]​ Tras enviar una grupa de mulas para confundir a los realistas y levantar polvo,[246]​ una tropa de jinetes e infantes cargó contra los asaltantes en la trinchera norte, cerca de La Merced, siguieron por el este durante dos cuadras y después al norte por otras dos hasta encontrarse con los fusileros de Lantaño, que consiguieron capturar a la mayoría de los infantes. La columna de fugitivos giro al este una cuadra y después al norte otra más hasta salir de la ciudad, pero la caballería de Quintanilla se lanzó sobre ellos, dejando 100 muertos y 100 prisioneros pero 300 huyeron por el camino a Chada.[244]​ Entre los callejones, en medio del caos, algunas mujeres y niños intentaron seguirlos por la desesperación, pero quien consiguió alcanzar a la columna fue el teniente Gaspar Manterola, que avisó a los supervivientes de la rendición de la plaza en las afueras de la villa.[240]

En los mismos momentos que O'Higgins y su columna salían de la plaza, los realistas entraban en ella por la calle San Francisco. Allí, el capitán Millán, herido en esa jornada por un disparo en la pierna, se arrastró hasta la iglesia, que estaba llena de mujeres y niños buscando refugio de los vencedores, siendo capturado por algunos talaveras.[247]​ Luego, los monárquicos empezaron a entrar por las demás calles en la plaza.[248]​ Ahí habían quedado los tenientes José Luis Ovalle y José María Yáñez[240][249]​ al mando de los soldados que fueron dejados atrás por sus heridas o falta de caballos. Lucharon hasta el último hombre en el asalto final de los furiosos monárquicos, quienes no tomaron prisioneros y atacaron a los civiles refugiados en las iglesias del lugar.[250]​ El teniente de Voluntarios, Ovalle, mantuvo izada la bandera patriota hasta que fue herido en una pierna, luego subió en un caballo y siguió a O'Higgins, pero recibió dos lanzazos y fue capturado. El teniente Yáñez lo relevó y defendió la bandera hasta morir.[248]​ También estuvo el capitán José Ignacio Ibieta, quien defendió valientemente una trinchera sable en mano a pesar de tener rotas sus dos piernas y estar de rodillas; Osorio ordenó respetar su vida pero la tropa no hizo caso y le mataron a golpes[240]​ o balazos.[248]​ El teniente coronel Cuevas, quien luchó en la trinchera de calle La Merced, fue capturado durante la fuga y asesinado por los realistas porque lo confundieron con O'Higgins, ya que llevaba una casaca galoneada. Otros también fueron fusilados en las calles sin ceremonias, en un intento de los vencedores de vengarse.[251]

Juan José estuvo entre los que lograron escapar.[246]​ O'Higgins ordenó a sus hombres dispersarse para dificultar su persecución, pero esa noche reunió a 200 sobrevivientes para seguir a la capital.[252]

Consecuencias[editar]

Bajas[editar]

Según el parte de Osorio para el virrey, las bajas patriotas fueron 402 muertos, 292 heridos y 888 prisioneros, y los realistas tienen 1 oficial y 110 soldados muertos, más 7 oficiales y 126 soldados heridos.[253]​ Las pérdidas patriotas probablemente incluyen a civiles que se les unieron en la defensa de la ciudad.[nota 15]​ La pérdida de material bélico fue total y decisiva para los patriotas.[254]​ De hecho, Quintanilla da la cifra totalmente exagerada de 2000 prisioneros capturados en la batalla.[255]​ El manuscrito de un oficial español citado por Benavente describe a la plaza llena de cadáveres, al igual que las calles y los patios de las casas cercanas, destacando un centenar de fallecidos y noventa prisioneros capturados en la fuga final. En total, las pérdidas de ambos bandos serían 1300 muertos y 800 prisioneros y destaca que «Los Talaveras cometieron horrores en esta acción; pero es preciso considerar que todos fueron sacados de los presidios españoles».[256]

Análisis[editar]

José Miguel culpó a O'Higgins del desastre por el resto de su vida debido a su obstinación de encerrarse en Rancagua.[68]​ El segundo acusaba al primero de que si lo hubiera ayudado los realistas habrían tenido que retroceder hasta Concepción y negociar una tregua.[257]​ Quizás si toda la división de José Miguel hubiera atacado al unísono por varios puntos hubieran triunfado en el segundo día.[254]​ También, es posible que si la ruptura del asedio por los defensores en fuga se hubiera producido a las 13:00 horas o antes, hubieran tenido hombres suficientes para resistir en Angostura y organizar una reserva táctica a orillas del Maipo.[256]

El militar chileno Indalicio Téllez Cárcamo en su obra Historia militar de Chile 1520-1883, publicada originalmente en 1925, analiza la batalla y considera que las principales causas de la derrota fueron:

  1. La falta de voluntad de José Miguel para elegir una línea de defensa adecuada o sostener con resolución una decisión.
  2. Mantener separadas las divisiones patriotas, permitiendo a Osorio rodearlas y atacarlas como núcleos separados.
  3. La equivocación de O'Higgins y Juan José de encerrarse en una ciudad como Rancagua, sin defensas bien preparadas.
  4. La indecisión de José Miguel para retirarse con su división y luchar más tarde o arriesgarse para atacar con ella completa contra el asedio.[258]

Después de la victoria[editar]

Monumento a O'Higgins en la Plaza de los Héroes de Rancagua.

En su obra decimonónica Historia de la independencia chilena, Claudio Gay afirma que el estado de convulsión llevó a los asaltantes a caer en actos de venganza contra prisioneros y civiles. Incrimina a individuos de la tropa, sobre todo del Talavera, al que vitupera en un libelo sobre la orgánica del regimiento, imputando que saquearon y quemaron la ciudad, violaron y asesinaron sin respetar iglesias, hospitales ni prisiones.[259][260]​ Barros Arana añade que rompieron las puertas de todas las casas y destruyeron lo que no era de valor, luego destruyeron los cajones de la sacristía de la matriz con sus culatas y se robaron los ornamentos de los templos. Mientras, los fuegos continuaron consumiendo edificios sin que ningún vecino intentara apagarlos, pues estaban más ocupados defendiendo u ocultando sus bienes. Así, las llamas llegaron al hospital de la trinchera en San Francisco y ninguno de los heridos logró escapar.[251]​ Al día siguiente se encontraron 28 cuerpos carbonizados,[261]​ incluyendo algunas manos aún aferradas a las rejas de las ventanas.[262]

El 3 de octubre, la situación se calmó[260]​ y Osorio ordenó celebrar una misa en el templo de San Francisco, ordenando a todos los vecinos notables a asistir y ordenando castigar a las damas que se negaran a pasar por sobre los cadáveres y no ir a la ceremonia.[263]​ Osorio envió a su vanguardia comandada por Elorreaga y Quintanilla, seguida de la división de Montoya y los talaveras.[264]

Estaba conmovido por la matanza y no deseaba seguir en la villa.[265]​ Tras explorar los alrededores, comprobado que no habían patriotas al sur del Maipo, Osorio ordenó avanzar hasta la hacienda El Hospital donde acamparon todo el día 4.[260]​ A la jornada siguiente le leyó una proclama a sus soldados: «Es preciso, os manifestéis en la capital no con aquella severidad que en la infeliz Rancagua: los santiaguinos son nuestros hermanos y no nuestros enemigos que ya han fugado: usemos con ellos toda nuestra ternura y compasión».[264]

En la noche del 4, a orillas del Maipo, algunos vecinos de Santiago informaron a la vanguardia realista de la retirada de Carrera y le pidieron que pusiera fin al caos que reinaba en la ciudad. Los oficiales resolvieron avanzar en la madrugada. A las 08:00 del 5, entraba en la capital la caballería de vanguardia y un destacamento de infantería del coronel Manuel Montoya.[266]​ Elorreaga y Quintanilla habían sido testigos de los abusos producidos en Rancagua por sus soldados, de manera que hicieron todos los esfuerzos para tratar con dignidad a los habitantes de Santiago y evitar que sus hombres cometieran saqueos. Para entonces, la mayoría de los partidarios de la independencia habían huido a Mendoza y los pocos que quedaban, usualmente los más viejos, trataban de ocultarse en el campo.[267]​ Fueron recibidos con banderas españolas en los edificios y escuchando felicitaciones posibles de los vecinos, mientras los monárquicos locales recorrían las calles celebrando.[264]​ De inmediato, constituyeron un cabildo que se encargó de gobernar la ciudad, constituido por Jerónimo Pizana, Manuel de Araos, Juan Nepomuceno de Herrera, Pedro Antonio Villota y el doctor Pedro Ramón de Silva Bohórquez como regidor secretario.[268]

El día 5 Osorio salía a la capital con el grueso de sus fuerzas, dejando en Rancagua una pequeña guarnición compuesta por el batallón de Valdivia a cargo del coronel Carvallo con órdenes de evitar más desmanes.[265][260][269]​ Los cadáveres fueron apilados y quemados al norte de la villa.[260]​ Cerca del anochecer del 6 de octubre,[270]​ Osorio entraba en Santiago con su Estado Mayor y algunas tropas, entre toques de campanas y salvas de artillería.[271][270]​ Lo hizo por la calle Santa Rosa, donde mucha gente lanzaba flores y hasta dinero desde los balcones mientras pasaban sus hombres. La fuerza monárquica marchaba bajo música militar y era recibida por los vítores del populacho.[271]​ Su comandante supo ganarse el apoyo de muchos saludando cortésmente a quienes fueron a visitarlo.[270]​ Esa noche envió a 200 soldados a buscar al obispo José Santiago Rodríguez Zorrilla, preso por Carrera en una hacienda en Colina, para evitar que lo llevaran a Mendoza. En la tarde siguiente, el obispo era recibido con honores en la ciudad y días después volvía a sus labores eclesiásticas.[270]​ Un grupo de notables recibió al jefe realista y lo acompañó a la catedral para celebrar un Te Deum, y después a la chacra de Teodoro Sánchez en Cañadilla donde Osorio pasó unos días hasta que la casa del conde de la Conquista quedó lista.[272]​ El 9 de octubre, la 1.ª división, mandada por el coronel Ballesteros, entraba en Santiago y era recibida como lo fueron todas las tropas monárquicas, por autoridades y el pueblo entre vítores. Miles de banderas ondeaban en las casas, las calles estaban adornadas con arcos de triunfo y las señoras, elegantemente vestidas, daban a los soldados y oficiales victoriosos ramos y coronas de flores y dinero. Hubo disparos de cohetes y aplausos.[266][265]

El 13 de octubre,[271]​ Osorio decidió salir a perseguir a los fugitivos, y dejó al oficial de marina y moderado hombre, el regidor Jerónimo Pizana, para impedir más desmanes y represalias contra los vencidos.[273]​ Esa misma jornada se encontró con Elorreaga, quien había perseguido a los vencidos y le entregó 9 piezas de artillería de diverso calibre, 4 banderas, 300 fusiles, 200 prisioneros y diecinueve cargas y media de oro y plata. Osorio ordenó que se enviara el botín a Santiago[271]​ y se dirigió al Aconcagua, Quillota y Valparaíso.[274]​ Dio a Elorreaga y su caballería la misión de pacificar Coquimbo, dejó la región entre Quillota e Illapel a las órdenes de Ballesteros y nombró al teniente de navío José Villegas gobernador de Valparaíso.[275]

Tras la victoria, Osorio pidió el sueldo y el nombramiento de brigadier y pasar de jefe del ejército expedicionario a capitán general de Chile; el virrey lo aprobó,[nota 16]​ aunque le asignó solo el sueldo de brigadier.[275]​ El 8 de octubre las noticias de la victoria llegaron a Chillán, donde hubo un mes de fiestas y procesiones.[277]​ Las primeras noticias de la victoria empezaron a llegar a la capital virreinal el 2 de noviembre,[278]​ aunque hubo de esperar al arribo de la goleta mercante Mercedes para confirmar. Aquel navío recibió órdenes de Osorio para zarpar de Valparaíso el 19 de octubre,[279]​ fondeando en el Callao el 6 de noviembre. En esos momentos todos los miedos que tenían Abascal y sus asesores por la suerte de la expedición, aumentados por las malas noticias que se tenían del Alto Perú y el Río de la Plata, fueron reemplazados por el júbilo:[280]​ «Cuando más atribulados nos hallábamos, la Providencia nos ha proporcionado este gusto a tiempo que llorábamos la deserción de otra porción de nuestros hermanos».[nota 17]​ Las nueve banderas capturadas en Rancagua fueron enviadas a Lima y exhibidas en la iglesia de Santo Domingo.[282]​ Fueron llevadas a su sitio con una guardia de honor y acabaron depositadas en el altar de la Virgen del Rosario. Lima se iluminó, hubo misas en todas las iglesias, repiques de campanas, paradas militares, salvas de artillería y se dio un banquete en el palacio del virrey.[283]​ El 9 de noviembre, en Lima, el virrey firmó el bando El virrey del Perú a los habitantes del reyno de Chile, después de la ocupación de su capital Santiago donde culpaba del fracaso de la política de amnistía a los jefes juntistas, a quienes clasificaba de «malvados», «monstruos de iniquidad» y «almas inquietas, ambiciosas o alucinadas».[234][284]

En abril de 1815 Osorio envió 400 refuerzos al Perú, la mitad talaveras. Posteriormente envió 770 chilotes. El resto del ejército realista sería destruido años después, en la batalla de Chacabuco.[285]​ Respecto de la represión, dependiendo de la fuente, fueron enviados al destierro en Juan Fernández entre 80[286]​ a 500.[124]

Retirada[editar]

En la tarde del 2 de octubre, José Miguel estaba con su desmoralizada división en Angostura,[241]​ tratando de reunir fuerzas para resistir en un nuevo punto, pero la vista de los supervivientes de O'Higgins atemorizó a sus soldados[287]​ y las deserciones se hicieron masivas.[241]​ La situación obligó al comandante en jefe a despachar numerosas guerrillas para capturar a los desertores[287]​ y encargar a su hermano Luis de sostener la línea en Angostura hasta la media noche mientras él seguía la retirada[288]​ a Santiago para evitar que la ciudad cayera en la anarquía.[241]

La idea era ordenar a la tropa el cruce del Maipo en la mañana siguiente, pero ante el miedo incontenible de que la división se disolviera, se ordenó la retirada a las 19:00 horas.[241]​ Pronto, el oficial a cargo de su retaguardia, el capitán Patricio Castro, debió usar su sable para contener las fugas,[256]​ pero fue inútil y se siguieron produciendo durante la marcha. El coronel Luis Carrera, considerando las órdenes de su hermano como inútiles, sólo esperó a algunos fugitivos de Rancagua y se retiró al norte en cuanto oscureció.[289]

Caos en la capital[editar]

En la mañana del 1 de octubre, la Junta de Gobierno en la capital empezó a recibir desde Mostazal los informes de José Miguel anunciándole que Osorio no había cruzado el Cachapoal y se retiraba al sur para desembarcar en la costa.[290][291]​ En la tarde empezaron a llegar mensajes sobre el inicio de la batalla, al principio anunciando la victoria de sus armas pero carta tras carta, las noticias emporaron.[291]​ Todos los jefes patriotas en la capital estaban ansiosos y ante los informes contradictorios aumentaba la desconfianza.[292]​ Finalmente, Uribe, quien estaba a cargo del gobierno mientras José Miguel había marchado a la guerra, dio por vencido a O'Higgins y empezó a organizar los recursos para levantar una nueva fuerza defensiva en otro sitio. Sus medidas se volvieron más enérgicas en cuanto se supo que José Miguel se retiraba de Rancagua.[293]

En la noche José Miguel empezó a pedir refuerzos para organizar un nuevo ejército usando de base su división, lo que indicaba la derrota de O'Higgins. En la madrugada siguiente Uribe escribió a Santa Rosa pidiendo el retorno de Las Heras y a Melipilla y Valparaíso para que enviaran refuerzos.[291]​ Finalmente, la noticia de la derrota la llevaron los sobrevivientes que huían a la capital. En la mañana Uribe ordenaba al gobernador de Valparaíso quemar todos los buques del puerto:[257][294][295]​ «Acelere sus marchas destruyendo enteramente el puerto. No deje U.S. un solo cañón útil. Incendie los buques, bodegas y cuanto haya».[nota 18]​ En la tarde ya era obvia la derrota y comenzó el pánico.[241]​ Para entonces, las noticias del desastre se expandieron y las partidas que guarnecían Melipilla y un destacamento enviado desde Santiago a reforzar a la 3.ª división se dispersaron.[289]

Antes del amanecer del 3 de octubre entraba en Santiago José Miguel.[241]​ Mandó un mensaje a Videla cancelando la orden de Uribe y le ordenó transportar a Coquimbo todo el equipo militar:[257][294][295]​ «Aunque a U.S. se le tiene prevenido, si han quedado algunos menores haga U.S que estos marchen a Coquimbo conduciendo los cañones y demás pertrechos. Se encarga de nuevo a U. S. no deje otra cosa que escombros».[nota 19]​ El material viajaría por mar, mientras los soldados marcharían por tierra desde Quillota,[256]​ su esperanza era reunir 1000 hombres en el valle del Aconcagua y con la ayuda de los pueblos del norte y de las provincias rioplatenses prolongar la resistencia.[297]​ Había decidido a abandonar la capital, ratificando la mayoría de lo organizado por Uribe, ordenó sacar todo el caudal de la Casa de Moneda y toda la plata labrada de las iglesias y conventos, unos 300 000 pesos. Después saquearon la administración de tabacos (donde había 200 000 pesos) hasta dejarla sin puertas, la provisión general, la maestranza de artillería, los repuestos de madera, todo el cureñaje, la fábrica de fusiles y llevarse hasta los molinos de la casa de pólvora; estas dos últimas también fueron incendiadas. No quería dejar nada al enemigo.[298][299][300][301]​ La imprenta del periódico La Aurora fue desarmada y los archivos de gobierno decomisados, aunque la mayoría se perdió en el caos.[302][303]​ Los 300 000 pesos en oro y plata reunidos en la Casa de Moneda, algunas iglesias y oficinas públicas, donde se llevaron absolutamente todo lo de valor, fueron enviados al Aconcagua con una escolta de 20 fusileros a cargo del capitán Pedro Barnechea, ayudante de José Miguel, y el coronel de las milicias de Quirihue, Antonio Merino.[304][305]

También requisó caballos, bueyes y mulas.[306]​ De hecho, se pidió al justicia mayor de Santa Rosa, capitán Diego de Villarroel, 1000 mulas y 400 caballos para transporte.[296][301]​ Se mandó a vigilar los pasos de montaña para que nadie cruzara sin pasaporte y se mandaron cartas a los gobernadores de las villas del norte con órdenes de levantar milicias, se solicitó a Las Heras volver a Santiago[296]​ y se envió al doctor Vera a Buenos Aires a pedir tropas para seguir la guerra.[252]​ La 3.ª división acampó al sur de la capital, pero lentamente partidas de soldados se desertaban sin que nadie los hiciera volver.[307]

A las 08:00 llegaba O'Higgins.[252]​ El general en jefe llegaba con 1500 soldados mientras que O'Higgins con 150 sobrevivientes. Ambos se recriminaron mutuamente por la derrota, pero O'Higgins dijo que con las fuerzas que quedaban más los 400 hombres que guarnecían Valparaíso, el otro tanto de auxiliares de Buenos Aires repartidos por la provincia de Aconcagua y los milicianos que podrían movilizar podían intentar resistir en el río Maipo. Las bajas monárquicas eran elevadas, deberían dejar hombres en Rancagua y no podrían seguir la marcha de inmediato. José Miguel le respondió que lo pensaría, y en un consejo de guerra en que no invitó a O'Higgins se decidió retirar al norte para reorganizar sus fuerzas y después recuperar Santiago. Sin embargo, al retirarse, tal y como predijo O'Higgins, la mayoría de los soldados desertaron.[294][252]

Desde las 14:00 del día 3 hasta el anochecer del día siguiente las tropas de Carrera trataron de contener a la plebe,[308]​ después fueron los vecinos, muchos de ellos europeos, los que se organizaron en patrullas para vigilar las calles con sus propias armas, castigando a malhechores y conteniendo al pueblo.[308][263]​ La confusión eran innegable y parte del populacho aprovechó para saquear algunas casas, algunos gritando vivas al rey y otros a la patria, pero todos formando turbas que rompían puertas y se llevaban lo que podían.[309]​ El saqueo producido por los vencidos en retirada produjo tal indignación en los vecinos que enviaron mensajeros a Osorio pidiéndolo entrar y restablecer el orden lo antes posible.[310]​ Temiendo los saqueos del populacho y los castigos de los vencedores, muchos se prepararon para huir a sus haciendas o salir del país.[299]​ Mujeres y niños de familias acomodadas se refugiaron en monasterios.[311]

Marcha al exilio[editar]

Desde la mañana del día 3 empezaron a salir los exiliados con rumbo al Aconcagua, desde donde esperaban cruzar los Andes a pesar de que los pasos seguían cubiertos de nieve;[308]​ no llevaban ropa ni dinero para el viaje o el exilio.[308][312]​ Serían unos 2000[313][314]​ a 3000 los chilenos que seguirían ese camino;[315]​ supuestamente la caravana incluía 1600 mulas.[162]​ Los civiles acompañaban en sus penurias a los soldados, marchando todos juntos bajo las mismas penurias[316]​ y con sus caballos apenas pudiendo pasar por los caminos nevados.[317]​ Muchas mujeres y niños acompañaban a sus hombres en el viaje.[312]​ Entre los refugiados estaban Mercedes Fontecilla y Ana María Cotapos, esposas de José Miguel y Juan José respectivamente, y de Javiera Carrera, hermana mayor de la familia Carrera.[318]

El día 6,[312]​ Las Heras estaba en Chacabuco marchando hacia la capital, pero al encontrarse con estos grupos entendió que todo estaba perdido y volvió a Santa Rosa. Ahí lo esperaba desde el día anterior Juan José Paso, representante del gobierno porteño con la orden de cruzar la cordillera. El mismo día se les unió fray Camilo Henríquez con detalles del desastre. A la mañana siguiente eran el primer grupo en iniciar el cruce del macizo andino.[319]

O'Higgins salió de la capital a Chacabuco el 4, llevándose a su madre y hermana. Un día después estaba en Santa Rosa organizando una columna de 200 soldados más refugiados que inició el cruce cordillerano el 8. El día 12 pasaban por las cumbres más altas y el 14 de octubre estaban en Uspallata.[315]

Poco antes de partir, José Miguel, su hermano Luis, el vocal Uribe, dos ayudantes y dos ordenanzas quemaron la casa de pólvora, el parque de artillería y los repuestos que no podían llevarse, clavaron algunos cañones y destruían toda oficina que los monárquicos podían usar para instalar a sus hombres.[309]​ Los Carrera salieron de Santiago en la noche del 4 de octubre dejando al coronel de milicias de Colchagua, Rafael Eugenio Muñoz, la misión de entregar al vencedor la ciudad. Llegaron al día siguiente a Santa Rosa.[294][320][321]​ Eran seguidos por una 3.ª división mermada por las deserciones.[322]​ Apenas tenían 80 fusileros, pero vistiendo nuevos uniformes que también se dieron a los conductores del bagaje, los libertos y otros individuos en el convoy, aparentando tener más de 500 hombres a su mando.[323]​ Sin embargo, para cuando llegaron al pueblo de Santa Rosa, la mitad ya habían desertado.[324]

El capitán Molina y el ahora teniente Maruri quedaron con una guerrilla de 20 fusileros vigilando los alrededores de la capital hasta que llegó Osorio.[325][309]​ Durante esa noche hubo saqueos mientras la última fuerza patriota salía al norte[326]​ por un puente. Era un pequeño destacamento del batallón Voluntarios, dirigido por el capitán Pedro Nolasco Vidal, disparó seis balazos contra una turba que saqueaba una ciudad cercana, los dispersaron y la retirada continuó.[327]​ La llegada de la vanguardia realista serían el fin del caos.[326]

El 5 de octubre, José Miguel y sus fieles estaban en los Andes,[312]​ sin embargo, impaciente de noticias de las tropas que esperaba de Valparaíso, regreso a Santa Rosa el 7.[328]​ En esa localidad, los Carrera trataron de reorganizar a los sobrevivientes y seguir resistiendo en Coquimbo, pero al escuchar que el 6 de octubre Osorio salió de la capital hacia la cuesta de Chacabuco para perseguirlos, ordenaron escapar al otro lado de la cordillera.[302][322]​ Permanecieron en Santa Rosa hasta el día 8, esperando a unidades dispersas a las que habían ordenado reunirse en la localidad.[329]

Cacería[editar]

Los jefes de la vanguardia monárquica solo se quedaron en Santiago el tiempo necesario.[330]​ El día 6, un destacamento de caballería realista, mandado por Quintanilla[331]​ (o Elorreaga) llegó a las serranías de Chacabuco, que cruzó sin problemas por no haber ninguna fuerza respetable para enfrentarlo.[330]​ Sin embargo, luego se detectó la presencia de dos partidas mandadas por Maruri y Molina,[331]​ unos 80 fusileros, despachados a la serranía por José Miguel, quien no quería verse atacado mientras esperaba a los refuerzos de Valparaíso y Quillota. Ante esa situación, el destacamento monárquico decidió volver a Santiago. Sin embargo, la mayoría de los fusileros patriotas desertaron durante la noche.[330]​ Entre tanto, Videla trato de llevar 200 soldados a[Quillota con rumbo al norte, pero en cuanto salieron de Valparaíso se amotinaron.[294][332][333]​ Las deserciones constantes y la noticia de ese motín solo convencieron a los Carrera que era imposible resistir en el norte.[324]

El 7 de octubre, Elorreaga salió con una fuerza mayor de la capital hacia Chacabuco, mientras José Miguel ordenaba evacuar Santa Rosa, enviando por delante un parque con materiales valiosos, a la vez que organizaba la quema de documentos de gobierno, fusiles descompuestos y cureñas de cañones.[334]​ Después de enterarse del motín de los refuerzos que esperaba de Valparaíso y sabiendo que aún contaba con un millón de pesos en dinero y especies,[328]​ el 8 de octubre, José Miguel comenzaba su retirada a la cordillera y al día siguiente los realistas entraban en Santa Rosa, enviándose piquetes a los faldeos cordilleranos.[334]​ En la noche del 9, José Miguel recibió 40 fusileros con el capitán Servando Jordán, enviados por su hermano Luis desde el paso cordillerano donde estaba.[335]

Según Barros Arana en su obra de 1888, Historia general de Chile, el 10 de octubre, un piquete chocaba con los patriotas en los faldeos de la orilla norte del Aconcagua, pues José Miguel había dejado en Ladera de los Papeles 200 soldados a cargo de Maruri y Molina para proteger su retirada.[334]​ El día 11, José Miguel llegaba a La Guardia, donde muchos de sus soldados robaron las monturas a los refugiados civiles para cruzar la cordillera. Al mismo tiempo, Quintanilla salía de Santa Rosa con 400 fusileros y carabineros montados para caer sobre Molina y Maruri, que perdieron 30 hombres intentando defenderse, debiendo huir a La Guardia.[336]​ En la mañana del 12 de octubre, Quintanilla alcanzó a los fugitivos en Ojos de Agua, tomando 200 prisioneros,[336]​ la mayoría del millonario cargamento e importantes documentos.[332]​ Los patriotas habían intentado defender un desfiladero a una legua de La Guardia, pero fueron desalojados por Quintanilla, quien los persiguió hasta los Ojos de Agua, pero una vez llegado a ese punto no siguió su ataque.[337]​ La mayor parte del botín fue tomado por Quintanilla para llevarlo a Osorio, otra parte fue repartida entre los soldados vencedores y solo una pequeña parte fue enviada a Mendoza en pequeñas partidas.[338]

En cambio, el mismo autor en su obra de 1855, Historia general de la independencia de Chile, afirma que José Miguel se retiró a Ladera de los Papeles el día 11 y al día siguiente llegó a La Guardia, lanzando al río Aconcagua todo lo que no podía llevarse. Esa misma tarde, su retaguardia fue alcanzada por 400 monárquicos en Ladera de los Papeles.[335]​ Los patriotas intentaron usar el terreno montañoso a su favor, pero fueron rápidamente sobrepasados y debieron destruir con sus manos el equipo que no podían llevar en su fuga.[339]​ La oscuridad de la noche les permitió escapar a los pasos montañosos sin encontrar ayuda porque los hombres de Las Heras, que ocupaban un sitio llamado Calaveras, ya se habían retirado sin dejar a nadie.[340]​ El mismo Barros Arana señala que algunos autores fechan el combate en el 11 de octubre pero él acusa que es una confusión.[341]

De todas formas, el 13 de octubre, el general en jefe iniciaba el cruce de los Andes al exilio.[332][336][340]​ En la noche ya estaba en territorio rioplatense.[342]

Conmemoración de la batalla del año 2014 en el Estadio El Teniente.

Los emigrantes cruzaron el macizo montañoso por el paso Punta de Vacas, guiados por arrieros experimentados que abrieron un camino relativamente seguro en un terreno cubierto de nieve.[343]​ Tanta gente quería cruzar al mismo tiempo que no hubo mulas de remuda para todos y muchos debieron ir a pie.[344]​ Las noticias del desastre llegaron el 9 a Mendoza, donde el gobernador de la provincia de Cuyo, coronel José de San Martín, envió 1000 mulas con víveres para ayudar a los soldados. A diferencia de la cálida bienvenida que le dio el gobernador a O'Higgins, cuando San Martín y Carrera se encontraron en el paso de Uspallata, ambos siguieron su camino sin saludarse.[302][345]​ José Miguel Carrera entraba en territorio cuyano con 400[342][346]​ a 500 soldados,[342]​ nunca volvería a ver su patria.[347]

Recibimiento en Mendoza[editar]

San Martín había sido nombrado gobernador-intendente de Cuyo el 10 de agosto, asumiendo como tal el 8 de septiembre en Mendoza.[348]​ De inmediato, solicitó refuerzos a Buenos Aires y creyendo que Lircay garantizaba una paz definitiva en Chile, canceló el envío de una división a Santiago.[349]​ Poco después, llegaron noticias de la llegada de Osorio a Chile y la información entregada por los enviados chilenos en Mendoza, como el político Antonio José de Irisarri y el brigadier Mackenna, y los informes de sus agentes en Santiago y de militares como Las Heras, crearon recelos de San Martín hacia José Miguel.[350]

Al mismo tiempo, las constantes peticiones de ayuda que venían de Santiago solo hicieron temer al gobernador-intendente que una invasión realista contra su provincia era inminente.[350]​ El 7 de octubre, le llegó una carta anunciando la derrota en Rancagua y avisándole que Cuyo podía ser invadida, solicitando ayuda a Buenos Aires inmediatamente.[nota 20]​ A la jornada siguiente, ya entrada la noche, llegaba a Mendoza su agente en Santiago, el doctor Juan José Paso, quien había salido de Santa Rosa el día 3. No tenía confirmación del desastre, pero todo lo que sabía parecía indicar que era algo seguro y completo. San Martín espero información del gobierno santiaguino, pero sus informes intentaban minimizar la derrota aunque pidiendo ayuda de todas formas, sin embargo, el gobernador carecía de recursos y todos los emigrados que llegaban culpaban de todo a José Miguel, lo que aumento su desconfianza.[352]

Ante tal situación, San Martín logró movilizar a los vecinos de Mendoza, que enviaron el ya mencionado millar de mulas con víveres para los refugiados.[353]​ Poco después, el 12, él mismo salía a Uspallata a recibirlos y se encontró con[354]​ «Una soldadesca dispersa, sin jefes ni oficiales, i por lo tanto sin el faro de la subordinación, salteando, insultando i cometiendo toda clase de excesos, hasta inutilizar los víveres».[nota 21]​ Les acompañaban muchos no combatientes que acusaban a los Carrera de haber sustraído un millón de pesos del tesoro chileno y le pedían no dejar que se lo quedaran. San Martín definía la situación como: «Todo era confusión i tristeza».[355]

Ante tal situación, mientras estaba en Picheuta, el gobernador-intendente ordenó que toda la tropa se reuniera en piquetes bajo pena de muerte a quienes se negasen. Los oficiales Andrés de Alcázar y Ramón Freire fueron claves para reinstaurar el orden, luego se encargó a O'Higgins trasladarlos a Mendoza. Sin embargo, como el grueso de la tropa chilena estaba con los Carrera y los restos del gobierno chileno en la retaguardia, San Martín siguió hasta llegar a Uspallata en la noche del 14 para contactarlos, estaba acompañado de su ayudante Anselmo Álvarez y dos granaderos. En uno de los varios grupos de refugiados iba José Miguel, quien ni siquiera saludo al gobernador-intendente cuando paso a su lado, dando una mala impresión al rioplatense;[356]​ en su Diario militar José Miguel omite ese incidente.[357][358]​ Vicuña Mackenna dice que el incidente fue producto de la altanería de José Miguel y un plan de San Martín, a quien llama cruel en su trato a los chilenos, declarando que amenazó con su sable al capitán Juan José Benavente por no descubrirse de su sombrero al presentársele y forzar al teniente coronel Miguel Ureta Carrera a llevar su montura.[359]

Poco después, el brigadier Juan José se acercó a San Martín en nombre «del gobierno de Chile» y le pidió acompañarlo a una choza para reunirse con tres miembros de la junta chilena. Al gobernador-intendente le pareció llamativo que los personajes siguieran reclamando tal autoridad al estar desterrados, pero ordenó que se los tratara con el respeto correspondiente.[360]​ José Miguel envió al coronel José María Benavente a hablar con él, pero el rioplatense le pidió que se pusiera a las órdenes de O'Higgins, quien ya había sido encargado de llevar a la tropa a Mendoza; esto causó desconfianza de José Miguel a San Martín,[357][361]​ sin embargo, los Carrera decidieron seguir el camino a Mendoza y José Miguel no dejó de reclamar su autoridad como general en jefe de los chilenos.[362]​ En la mañana del 15 de octubre, San Martín inició su regreso a Mendoza y sólo quedó en Uspallata Las Heras con una tropa para vigilar los pasos de montaña.[363]​ En la mañana de esa misma jornada, en la posta de Villavicencio, los cuyanos exigieron revisar el equipaje de los Carrera, pero estos se negaron por considerarlo una ofensa.[364]​ El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna acusa que San Martín estaba recibiendo a los Carrera como a invasores y no como huéspedes.[365]​ Finalmente, la orden fue ejecutada por mandato expreso de San Martín el día 17 en los arrabales de Mendoza y no se encontró el millón de pesos que se rumoreaba llevaban con ellos; José Miguel declaró que lo había aceptado no por sometimiento al gobernador-intendente, sino para demostrar que las acusaciones que les hacían eran falsas.[364]​ A modo de desafío, José Miguel entró ese mismo día en Mendoza, paseando al frente de sus hombres bien formados y vestidos: «que más que las reliquias de un ejército derrotado que va a asilarse a un país amigo, parecía un cuerpo que regresaba a sus hogares después de algunos días de ausencia».[366]

Las tropas chilenas supervivientes eran 708 hombres distribuidos en 105 artilleros, 179 infantes de numerosos cuerpos, 60 ingenuos e infantes de la patria, 164 jinetes de la Gran Guardia Nacional y 210 dragones de Alcázar.[nota 22]​ De estos, doscientos o trescientos habían llegado con O'Higgins, Freire y Alcázar y poco más de cuatrocientos con los Carrera.[362]

Tensión en Mendoza[editar]

Las relaciones se mantuvieron tensas, el 18 José Miguel declaró en un oficio que él seguía siendo el comandante de los exiliados en Mendoza y que San Martín no tenía derecho a darle ninguna comisión militar a O'Higgins sin su permiso.[369]​ El mismo día, San Martín le ordenaba que informara a sus hombres que el comandante de armas que tenían a cargo era el coronel mayor Marcos Balcarce, pero José Miguel ni respondió para evitar un conflicto mayor. Como afirmaba en su Diario militar: «Yo quería comportarme i sostenerme como un jefe de las tropas de Chile, i San Martín me trataba como a un subalterno suyo».[370][371]​ Además, culpaba a Irisarri y Mackenna de las malas relaciones con los rioplatenses, acusándolos de insultar a su familia.[372]​ Lo cierto es que estos dos últimos habían sido proscritos por José Miguel mientras gobernó en Chile.[373]​ Por su parte, para San Martín la principal preocupación eran los crecientes rumores de reyertas entre los bandos de refugiados y ordenó, por consejo de Balcarce y Paso, que los Carrera, Uribe, Urzúa y los dos vocales de la junta chilena salieran de Mendoza[374]​ hacia San Luis.[375]​ Todos, menos Urzúa, se negaron a respetar la orden y San Martín se preparó para hacer valer su autoridad.[376]

Al mismo tiempo, durante sus comunicaciones con el gobernador-intendente, los Carrera acusaron a O'Higgins y otros rivales de ser los responsables de perder Chile.[377]​ En respuesta, los brigadieres O'Higgins y Mackenna, los coroneles Juan de Dios Vial del Río y Andrés de Alcázar y oficiales subalternos como Freire o Bueras pidieron protección a San Martín, acusaron a José Miguel de ser el responsable de la derrota en un manifiesto público y que arrestaran a los Carrera y sus partidarios.[378]​ Así, varios oficiales de menor graduación publicaron otro documento donde pedían a José Miguel protegerlos de las autoridades de Mendoza, que se habían puesto en su contra por maniobras de sus rivales.[379]​ Para la noche del 20, los Carrera ocupaban el cuartel de La Caridad y se temía que estallara un conflicto en Mendoza.[380]​ Por seguridad, al día siguiente Mackenna e Irisarri salían con rumbo a Buenos Aires.[381]​ En respuesta, Luis Carrera, Uribe y coronel Benavente partían el 23 a la misma ciudad para disputar la influencia en el gobierno de las Provincias Unidas a sus rivales; tenían permiso de San Martín para salir.[382][383]​ Llegarían a acusar a sus rivales de ser «Artigas de Chile».[nota 23]

En tanto, la situación en Mendoza se mantenía tensa. San Martín sabía que los refuerzos pedidos a Buenos Aires no llegarían a tiempo, así que le pidió a Las Heras traer su columna a la ciudad[385]​ y pagó con 400 pesos del tesoro para armar a la caballería del coronel Alcázar.[386]​ Durante esos días, José Miguel empezó a perder mucho del prestigio que tenía ante sus oficiales y para el 27 de octubre Alcázar escribía un oficio reclamándole el dinero para mantener a sus jinetes y acusándolo de cobarde y ser responsable de perder Chile.[387]​ Después de esto, algunos de sus soldados empezaron a desertar para unirse a las tropas que le habían jurado lealtad al gobierno de Mendoza y con los pocos fondos que tenía no podía prologar demasiado la tensión. Finalmente, llegaron noticias de que Osorio se preparaba para atacar la provincia, ante lo cual un debilitado José Miguel propuso cruzar la cordillera para atacar Coquimbo el día 28. En la mañana del 29 de octubre, San Martín le dio un ultimátum de un día para abandonar el cuartel y dejarse de reclamar el título de general en jefe de un gobierno que efectivamente ya no existía.[388]

San Martín había reunido 1000 hombres entre milicias de caballería e infantería de su provincia, los chilenos de Alcázar y la tropa de Las Heras. Al amanecer del 30 de octubre, asumió el mando de la caballería y dejó la infantería a las órdenes de Balcarce, hizo rodear el cuartel de La Caridad,[389]​ donde los Carrera tenían 300[373]​ a 400 fieles, y puso 2 pequeños cañones en la entrada principal. No le dio tiempo a José Miguel para organizar ninguna resistencia o negociar, sólo le dio oficio donde anunciaba la disolución de su gobierno y que sus hombres quedaban bajo el mando y protección del gobierno cuyano. También declaraba que no lo consideraba un enemigo, sino «un infractor de las sagradas leyes de este país».[389]​ José Miguel firmó el documento como aceptación de su desgracia y permitió a Balcarce entrar con dos compañías de infantes, leyéndose el documento a los hombres de los Carrera y prometiéndose a todo chileno que se uniera al ejército de las Provincias Unidas conservar su rango. El capitán Servando Jordán y algunos de los más fieles trataron de animar una resistencia, pero la mayoría se sometió.[390]

Los Carrera y sus lugartenientes fueron encerrados en la sacristía de la iglesia de San Agustín a las 13:00 horas. Durante esa tarde fue a visitarlos el gobernador-intendente, quien dio un fuerte empellón a Jordán por salir de la capilla sin saludarle, pero luego se recompuso la cortesía. El diálogo fue breve pero respetuoso, incluso San Martín les ofreció cigarrillos a los prisioneros, que aceptaron todos menos el teniente coronel Diego Benavente, que desde un rincón y con ceño fruncido le reprochó su terquedad.[391]​ Luego permanecieron en un estrecho, sucio y caluroso cuarto por dos días, donde apenas cabían camas y tenían solo una vela para iluminarse, siendo vigilados permanentemente por un centinela.[392]

Finalmente, el 3 de noviembre, José Miguel, Juan José y sus esposas, acompañados de Uribe y el teniente coronel Benavente con un coche cargado de sus pertenencias salían con una escolta de 30 dragones chilenos al mando del teniente Agustín López, su destino era San Luis a esperar órdenes del gobierno de Buenos Aires.[393][394]​ Llegaron sin problemas el día 17, el único problema fue el robo de 3 caballos por desconocidos, pero José Miguel acusó que fueron partidarios de O'Higgins y San Martín llegó a admitir esa posibilidad.[395]

Conmemoración[editar]

Anualmente se conmemora en la ciudad de Rancagua esta decisiva batalla mediante un desfile que se realiza en el Estadio El Teniente o en calles circundantes.[396]​ El marco de esta conmemoración cuando, el entonces presidente de Francia, Charles De Gaulle, visitó la ciudad, y presenció junto al presidente chileno de la época, Jorge Alessandri, el desfile del 2 de octubre de 1964, cuando se conmemoraba su sesquicentenario.

Notas[editar]

  1. :Declaración de independencia: "el territorio continental de Chile y sus Islas adyacentes forman de hecho y por derecho un Estado libre Independiente y Soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía española[1]
  2. Carta de Gaínza a Abascal, Chillán, 13 de mayo de 1814.[43]
  3. Abascal. Apuntaciones dadas al capitán de la fragata de S. M. B. Phabe que zarpó de este puerto del Callao para el de Valparayso con la corbeta Cherub (sic), Callao, 11 de enero de 1814.[49]
  4. Carta de Bernardo O'Higgins a José Miguel Carrera, Maipo, 14 de septiembre de 1814.[101]
  5. Carta de Gaínza a Abascal, 16 de junio de 1814, Chillán.[115]
  6. Análisis hecho por Benavente Ormeño a un informe escrito por el coronel Julián Pinuer, Talca, 27 de abril de 1814. El ejército se componía de una plana mayor (7 capitanes que servían como ayudantes), los batallones Concepción (267 plazas), Valdivia (228), Veterano de Chiloé (188), Voluntarios de Castro (225), Auxiliares de Chiloé (234) y Voluntarios de Chillán (107); un escuadrón de Dragones (107), compañía del Real de Lima (109), una partida de voluntarios (43), los Voluntarios de Tucapel (49) y la artillería (200).[116]
  7. Carta de Osorio al marqués de Astorga, Vicente Joaquín Osorio de Moscoso y Guzmán, Santiago de Chile, 8 de diciembre de 1814. Tiene oficio para el virrey Abascal.[117]
  8. Según Benavente, la vanguardia y la 1.ª división tenían 4 piezas con 40 operadores cada una, la 2.ª división igual número de cañones pero 50 artilleros y la 3.ª división 6 piezas con 70 operadores.[125]
  9. Abascal. Instrucción que deberá observar el coronel D. Mariano Osorio en el mando del exército real de Concepción de Chile á que va destinado (sic), Lima, 18 de julio de 1814.[142]
  10. Pareja, oficial de marina, tenía una formación según la cual el poderío de un navío estaba en el poder de su artillería, pero desconocía que lo más importante en tierra era la velocidad y había sobrecargado su ejército, haciéndolo muy lento.[134][144]
  11. Abascal. Instrucción que deberá observar el señor brigadier D. Gavino Gainza en el mando del exército de la Concepción de Chile, á que va destinado, en relevo del coronel D. Juan Francisco Sánchez (sic), 1 de enero de 1814, Lima.[149]
  12. Entre paréntesis aparencen el número de oficiales de cada unidad.[155]
  13. Benavente los divide en 83 soldados montados de la Gran Guardia con fusiles y 603 jinetes con lanzas.[91][156]
  14. En la obra se dice que la 3.ª división tenía con su artillería 44 oficiales y 80 individuos de tropa, totalizando 84. Este número es un error de edición, pues todos los cálculos del cuadro sobre el número de plazas del ejército patriota coinciden con un 4 no un 44.[155]
  15. La cifra total de bajas según el parte de la batalla escrito por Mariano Osorio excedería el número total de defensores, aún incluyendo a los heridos entre los prisioneros, es probable que entre estos últimos también se contaran los civiles que tomaron parte en las acciones. Parte citado en "Gazeta de Caracas", 1815, editado por Academia Nacional de la Historia de Venezuela, pp. 301.
  16. El virrey Abascal lo hizo mediante un decreto fechado el 8 de noviembre de 1814, Lima, donde también se ascendía a brigadier a Maroto.[276]
  17. Gaceta de Lima, 12 de noviembre de 1814.[281]
  18. Oficio del vocal Uribe al gobernador de Valparaíso, 2 de octubre de 1814, Santiago de Chile.[287]
  19. Oficio de Uribe al gobernador de Valparaíso, 3 de octubre de 1814, Santiago de Chile.[296]
  20. Carta del coronel mayor Marcos Balcarce y teniente coronel Juan Gregorio Las Heras al coronel José de San Martín, 5 de octubre de 1814, Santa Rosa.[351]
  21. Fragmentos de declaraciones hechas por José de San Martín durante una estadía en Buenos Aires en mayo y junio de 1818. Fueron recogidas y reproducidas por Barros Arana en su obra.[355]
  22. Estado suscrito por el general José Miguel Carrera el 22 de octubre de 1814 en Mendoza.[367][368]
  23. Carta de José Miguel Carrera, Julián Uribe y Diego José Benavente Bustamante a José de San Martín, Mendoza, 1 de noviembre de 1814.[384]

Referencias[editar]

  1. Barros Arana, 1855, p. 467, 491.
  2. a b Mitre, 1890, p. 406.
  3. Merino Saavedra, 1966, p. 68.
  4. Benavente Bustamante, 1867, p. 202, 330.
  5. a b Espinoza Palma, 1984, p. 138.
  6. a b c d e Benavente Ormeño, 2013, p. 136.
  7. a b Barros Arana, 1855, p. 468.
  8. a b c Valdés Puga, 1997, p. 128.
  9. a b Valdés Puga, 1997, p. 254.
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  261. Barros Arana, 1855, p. 500-501.
  262. Barros Arana, 1855, p. 501.
  263. a b Barros Arana, 1855, p. 508.
  264. a b c Barros Arana, 1855, p. 509.
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  266. a b Barros Arana, 1888, p. 598.
  267. Barros Arana, 1855, p. 510.
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  269. Barros Arana, 1855, p. 508-509.
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  334. a b c Barros Arana, 1888, p. 607.
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  336. a b c Barros Arana, 1888, p. 608.
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  338. Barros Arana, 1888, p. 609-610.
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  340. a b Barros Arana, 1855, p. 514.
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  352. Barros Arana, 1889, p. 137.
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  396. «Desfile del 2 de octubre vuelve a las calles de Rancagua». Cooperativa.cl. 10 de septiembre de 2018. Consultado el 18 de abril de 2019. 

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]