Parusía

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Icono de la segunda venida de Cristo.

La parusía, para la mayoría de los cristianos, es el acontecimiento, esperado al final de la historia, de la Segunda Venida de Cristo a la Tierra, cuando se manifieste gloriosamente.

Etimología[editar]

«Parusía» deriva del término griego παρουσία (parousía), forma sustantivada del verbo πάρειμι (páreimi, «estar presente, asistir»).[1] El significado principal del sustantivo era «presencia» o «bienes», aunque en sentido figurado podía significar venida o llegada.[2] En el griego del Nuevo Testamento se utiliza, salvo excepción, con el significado escatológico del segundo advenimiento de Cristo.[3]

Jesús y la parusía[editar]

Los Libros del Evangelio, a excepción de Marcos, contienen numerosas referencias sobre esta presencia de Jesús en su regreso al mundo.[4]

La manifestación inicial de esta presencia sería mostrada con la destrucción del templo (devastado por Tito durante el gobierno del emperador Vespasiano en el año 70) como símbolo del fin del pacto del Antiguo Testamento, y más plenamente durante su presencia final concerniente a la consumación y fin del orden mundial.

Para unos, Jesús predicó claramente que la generación que lo vio morir sería la misma que lo vería volver, y así fue efectivamente debido a su Resurrección al tercer día. Sin embargo, los apóstoles Pablo y Pedro, en sus epístolas claramente consuelan a los creyentes por la tardanza de la segunda venida de Cristo, lo que denota que desde ese tiempo estaban esperando su regreso. Según el primer capítulo del libro de Hechos de los Apóstoles, narra que después de que Jesucristo resucitó, él ascendió al cielo y desapareció entre las nubes. Luego de este suceso, unos ángeles se aparecen a los que miraban al cielo y les confirmaban que así como fue llevado, así mismo volvería. En 1 Tesalonicenses 4:17, Pablo dice "...seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire...". Esta afirmación apunta a que la segunda venida de Jesucristo será en las nubes, y que Cristo no pondrá pie sobre tierra cuando él venga por los suyos. Otros más afirman que la parusía se refiere a la destrucción de Jerusalén y al juicio sobre los judíos del primer siglo.

Para otros, el Redentor estaba hablando en ese momento en el contexto de las señales del Fin de los Tiempos. La mayoría de cristianos hoy día opina de esta manera.

Parusía en la teología contemporánea[editar]

El estudio y uso del término parousia fue revivido a finales del siglo XIX con el desarrollo del preterismo y la publicación de la obra de James Stuart Russell La Parousia, Doctrina de la segunda venida del Señor.

En la Época Contemporánea, los milleristas (antecedentes de los adventistas del Séptimo Día) anunciaron la Segunda Venida numerosas veces, datándola en 1844. Los testigos de Jehová, igualmente, la anunciaban con fechas exactas hasta 1925. Hoy en día aseguran que en 1914 Jesucristo fue entronizado como rey en los cielos para gobernar sobre la tierra después del armagedon. Los adventistas opinan que en 1844 Jesús entró en el santuario celestial para comenzar su intercesión por los creyentes. En cambio Charles Taze Russell enfatizó en su enseñanza la parusía y se interesó mucho en ella, siendo quien dio las primeras fechas sobre esta en los tiempos tempranos de la iglesia.

Interpretaciones[editar]

Respecto de la profecía de la Segunda Venida de Cristo, se observa que la mayor parte de las interpretaciones se establecen desde el punto de vista de la postura filosófica predominante en religión: el teísmo. De ahí que resulta casi imposible encontrar una interpretación deísta de tal acontecimiento.

Para el teísmo, la decisión de la aparición de un enviado depende de la voluntad de Dios, mientras que para el deísta la religión surge del hombre y desde allí surgirá quien produzca tal acontecimiento.

Desde el punto de vista teísta, tal acontecimiento habrá de establecerse a partir de hechos prodigiosos, milagrosos, que convertirán a los incrédulos. Por el contrario, para el deísta, tal acontecimiento ha de significar la unificación de religiones, y de religión y ciencia, a través del reconocimiento de la existencia de una ley natural invariante a la cual nos debemos adaptar.

El cambio fundamental que ha de establecerse, desde este punto de vista, será el de la transición desde la religión revelada hacia la religión natural. Por el contrario, si se espera el triunfo de la postura teísta, no habrá un cambio significativo en cuanto a la visión que de la realidad tiene el creyente tradicional. También la lucha ideológica, o filosófica, se vislumbra en lo que cada sector espera en el cumplimiento de esta profecía.

Si la razón ha de estar del lado del deísta, y el devenir del mundo está sujeto a leyes naturales en lugar de decisiones surgidas de un Dios personal, se podrá seguir esperando tranquilamente, que nada ocurrirá. La postura deísta propone interpretar las expresiones bíblicas en función de la realidad, en lugar de suponer la veracidad textual de las mismas, lo que nos lleva a un mundo imaginario, ilógico e irreal.

Así, cuando se establece que los “muertos revivirán”, el teísta espera que muchos seres humanos se levantarán de sus tumbas y volverán a una vida normal, mientras que el deísta interpreta tal expresión como la previsión del futuro resurgimiento espiritual; un renacimiento a la vida afectiva y plena en concordancia con las leyes de Dios.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «πάρειμι». Diccionario Manual Griego: griego clásico - español. Vox: Spes. 1996. p. 457. 

    πάρ-ειμι [inf. παρεῖναι] estar presente, asistir […]

  2. «παρουσία». Diccionario Manual Griego: griego clásico - español. Vox: Spes. 1996. p. 461. 

    παρουσία ας ἡ presencia (παρουσίαν ἔχειν estar presente); estado actual de una cosa; bienes, fortunas, recursos actuales; venida, llegada; segunda venida de Cristo [para el Juicio final].

  3. Ausejo, Serafín de; Villanueva, Marciano, ed. (2004). La Biblia (1ª edición). Barcelona: Herder. p. 1664. 
  4. cf. Mateo 16:27; Mateo 24:26-28; Lucas 17:22-37; Juan 14:3

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]