Tertulia

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Escultura de César Lombera dedicada a La Tertulia (2006), en Pontevedra.

Una tertulia es una reunión informal y periódica de gente interesada en un tema, para debatir e informarse, o compartir y contrastar iniciativas, noticias, conocimientos y opiniones.[1]​ Desde la política, el deporte o los toros hasta cualquier rama de las artes, la ciencia o la filosofía, y en distintos grados de “apasionamiento”, las tertulias suelen ser reuniones de tarde o noche en locales públicos, como un café o una cervecería, y en ámbitos más rurales y ya inusuales, en una rebotica o en un casino provinciano). Han tenido cierta tradición en la península ibérica e Iberoamérica entre personajes del ámbito intelectual o artístico. Algunos estudios asocian las tertulias a la charla de sobremesa; a los asistentes/participantes se los llama «contertulios» o «tertulianos».[2]​ Pueden compararse de manera muy relativa con reuniones de tradición literaria o musical como las academias literarias del siglo xviii, los salones europeos del xix, las reuniones artísticas del tipo llamado café vienés o incluso los «inklings» británicos, y otras diversas reuniones, círculos, clubs, etcétera.

Etimologías[editar]

La tertulia, en la parte superior del dibujo del Corral del Príncipe, hecho por José Antonio de Armona en 1730.

Con un precedente físico y quizá romano que aparece en la distribución del público en los corrales de comedias, la Real Academia Española le da a tertulia un origen incierto. En el Diccionario de Autoridades de 1739 queda definida como "junta voluntaria o congreso de los discretos para discurrir en alguna materia", o "junta de amigos y familiares para conversación, juego y otras diversiones honestas" que se solía dar tras la comida, en la llamada sobremesa. El galicismo salón no se incorpora al DRAE hasta 1925 como "reunión habitual en una morada de personas distinguidas por su condición o por su cultura", y más usado con el plural salones, y dentro de ambientes aristocráticos muy del gusto de escritores como Juan Valera.

Clases, normas y funciones de las tertulias[editar]

El torero Machaquito y su tertulia (en una foto publicada en Mundo Gráfico, el 15 de noviembre de 1911.

Puede haber tertulias taurinas, literarias, teatrales o de cualquier tipo, incluso tertulias de carácter general, y con frecuencia giran alrededor de un personaje famoso que asiste regularmente e incluso puede darles nombre: "La tertulia itinerante de Cansinos", "La tertulia de Valle-Inclán"... Aunque lo corriente es que se bautice por el nombre del local que la aloja, lo que puede resultar algo confuso, pues hubo a veces varias tertulias a horas distintas o en épocas diferentes en un mismo café. Es norma no instituida, pero generalmente asumida, la de atacar y desacreditar impíamente a la persona que no viene a la tertulia o durante el tiempo en que se ha demorado en llegar, lo que sirve para que nadie falte y todos se tomen en serio su asistencia y pertenencia a ella.[cita requerida] Por su localización, pueden ser estables (en un solo lugar) e itinerantes (que se mudan de sitio periódicamente); estas últimas son mucho más informales y menos frecuentes.

Historia de las tertulias españolas[editar]

La tertulia cuadro de Jose Benlliure Gil, hacia 1890, representando una tertulia rural en una bodega.

La tertulia, que algunos quieren hacer derivar del fogoso y polemizador teólogo cristianorromano Tertuliano, pudo haber tenido sus orígenes en las llamadas academias literarias del Siglo de Oro, como la valenciana Academia de los Nocturnos o la de Sevilla, dirigida por el Duque de Tarifa, que se reunía en la Casa de Pilatos.[cita requerida]

En Madrid fueron famosas la Academia Selvaje, nacida en 1612, y la Academia Mantuana, ante la que Lope de Vega, frecuente secretario de estas instituciones, leyó su Arte nuevo de hacer comedias (1609). Otros afirman que estas reuniones tuvieron comienzo en las que realizaban los críticos al acabar una pieza teatral en la zona de los corrales de comedias denominada tertulia, pero ambas teorías no son en modo alguno excluyentes y pueden confluir con la costumbre de tomar el café que concluye una comida fuera de casa, de forma que en la cafetería de un sector de la ciudad donde habitan muchos intelectuales suelen congregarse estos a la misma hora.

En otros países existieron y existen instituciones, si no similares, al menos muy parecidas. En Francia puede llamarse tertulia a la costumbre de los salones del siglo XVIII en los cuales una dama recibía los galanteos de una serie de intelectuales, escritores y artistas; en Inglaterra, los clubs son una institución parecida, pero de carácter más formal. En España, una velada, sarao o soirée podía perfectamente terminar o completarse con una tertulia entre gente que departía amigablemente sobre todo lo divino y lo humano, y en concreto sobre la actualidad política y cultural. En Italia, las reuniones tenían un carácter más formal desde el establecimiento a fines del siglo XVII de la Academia de los Arcades de Roma y sus distintas corresponsales en el resto de la península. Pero el carácter informal y sin «acta» escrita de la tertulia impide considerar a las academias de origen italiano como asociables al fenómeno estrictamente oral de la tertulia española, fenómeno lateral a la existencia, también en España, de academias literarias (véase Academias literarias).

Fueron célebres ya en el siglo XVIII la Fonda de San Sebastián, la granadina Academia del Trípode o la que mantenía el helenista Pedro Estala en su celda de escolapio. Frente a las reuniones informales de las sociedades dieciochescas de libertinos para organizar bailes nocturnos, como la de la Bella Unión, proliferaron en España también los «salons» franceses, como el de madame Catalina de Rambouillet, palestra del preciosismo seiscentista, en que era cuestión del más reputado honor exhibir el ingenio más agudo, siguiendo los modelos cortesanos de la casa de Austria. En el Cádiz sitiado por las tropas francesas durante la Guerra de Independencia, se reunían tertulias los liberales que, como cuenta Antonio Alcalá Galiano en sus Memorias «poco más podían hacer, limitándose en muchas ocasiones a jugar solamente al "monte"».

El establecimiento de Sociedades Económicas de Amigos del País a fines del siglo XVIII facilitó la creación de este tipo de asociacionismo, así como la difusión de la prensa, que se solía leer habitualmente en los cafés y casinos, de forma que el comentario de las noticias o su contraste en periódicos de orientación diferente formaba en estos lugares improvisadas, animadas y hasta agitadas tertulias que, a su vez, podían generar más formales sociedades económicas o, más frecuentemente, sociedades patrióticas. La creación de estas últimas fue fomentada por parte de los liberales a comienzos del XIX, sobre todo en el Trienio Liberal (1820-1823); las más conocidas en la capital de España en ese periodo romántico fueron la tertulia de El Parnasillo, que se reunía en el café del Príncipe de Madrid, la de escritores posrománticos de La Cuerda en Granada y su extensión en Madrid, que era la mantenida por Gregorio Cruzada Villamil, la del café Suizo, también en la capital, de los hermanos Bécquer o, posteriormente, la de escritores realistas del Bilis club en Madrid, integrada por Leopoldo Alas "Clarín" y otros escritores asturianos.[a]

La construcción de nuevos espacios de socialización como los casinos, ateneos y liceos, sobre todo a partir de la Revolución de 1868, posibilitó asimismo la creación de tertulias fijas en las provincias; en otras ocasiones las tertulias se celebraban en reboticas o lugares parecidos. Paralelamente la aristocracia se reunía en sus salones para distinguirse de esas tertulias burguesas. A finales del siglo XIX ya era costumbre que las reuniones de sociedad en Madrid empezaran el 4 de noviembre, día de San Carlos Borromeo (patrón de los banqueros), con la recepción que daban en su hotel los barones del Castillo de Chirel.[cita requerida] A partir de esa fecha, recibían en sus casas o palacios todos los aristócratas destacados al menos un día a la semana; los lunes los señores de Bauer en su palacio de la calle San Bernardo; los lunes por la noche había velada en casa de los Esteban Collantes; los viernes por la tarde en casa de la marquesa de Bolaños; miércoles y viernes, la marquesa de Esquilache reunía a políticos como Eduardo Dato o escritoras como Emilia Pardo Bazán. Las invitaciones solían redactarse en francés.[cita requerida]

Estatua dedicada a Torrente Ballester, en el Café Novelty de Salamanca, obra del escultor Fernando Mayoral.

Entre los siglos XIX y XX se mantuvo una tertulia en el palacio y biblioteca sevillanos de Juan Pérez de Guzmán y Boza, a la que asistían (además de su hermano gemelo Manuel), Francisco Collantes de Terán, Manuel Gómez Imaz, José María de Hoyos y Hurtado, Luis Montoto, José Gestoso y Pérez, Francisco Rodríguez Marín, el impresor Enrique Rasco y, cuando pasaba por Sevilla, Marcelino Menéndez Pelayo.

En Salamanca, el Café Novelty albergó desde 1905 tertulias en las que a lo largo de su existencia participarían personajes como de punto de encuentro de la vida cultural de la ciudad, habitual ha sido la presencia de literatos en sus mesas, como Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, Torrente Ballester o Víctor García de la Concha, entre otros muchos. En Granada se reunió la tertulia del Rinconcillo, que se encontraba en la plaza de los Campos, en el café Alameda, y que, entre otros muchos, visitaron Federico García Lorca y Manuel de Falla.

Tertulias madrileñas[editar]

Tertulia en la Cerveceria Madrid, obra de Constante Gil, de la serie «Tertulias de Café».

El primer tercio del siglo XX fue muy abundante en tertulias. El centro más importante era el Nuevo Café de Levante; desde los últimos años del siglo XIX hasta la guerra europea, este fue el centro de reunión de las tertulias más importante de Madrid, al que no dejaban de acudir tanto consagrados como jóvenes promesas y escritores caídos en el olvido. Todos acudían allí para dar a conocer sus obras y pensamientos. En palabras de Ramón del Valle-Inclán, «el Café de Levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y academias».

También en Madrid, en el café de Fornos formó su tertulia Vital Aza, rodeado de artistas, escritores, gente de la farándula, toreros, futbolistas. Y en el café del Gato Negro, en la calle del Príncipe, Jacinto Benavente tuvo una tertulia modernista, en un saloncito de techo bajo, escasa iluminación, grandes divanes y, al fondo, un añadido que por las noches se abría y comunicaba el café con el teatro de la Comedia.

El desaparecido café de Fornos de Madrid, en una fotografía del año 1908.

Dos tertulias fueron rivales en promocionar la vanguardia artística a principios del siglo XX; la de Rafael Cansinos Assens en el café Colonial, cerca a la Puerta del Sol, donde se daba cita un público heterogéneo de pintores, artistas y poetas extranjeros llegados a España con la Primera guerra mundial; rival suya era la de Ramón Gómez de la Serna, en el antiguo café y botillería de Pombo, en la calle Carretas, reunida los sábados por la noche, después de la hora de cenar, hasta las tres de la madrugada.

José Ortega y Gasset montó la suya en La Granja del Henar; y en el Café Marfil, esquina Cedaceros, pasó Jacinto Benavente sus últimos días como tertuliano. En la calle Sevilla estaba el Café la Ballena Alegre, donde se reunieron entre otros José Antonio Primo de Rivera y su guardia falangista; en el Café León se daban tertulias de eruditos y periodistas. Al Café del Prado, en la calle del Prado, amplio, con espejos y veladores de mármol, acudieron a las tertulias allí celebradas a lo largo de su historia personajes tan variopintos como Gustavo Adolfo Bécquer, Ramón y Cajal, Menéndez Pelayo, Buñuel y Lorca o Melchor Fernández Almagro.

El café Español era frecuentado por los hermanos Manuel y Antonio Machado, contertulios también del café Comercial, que como los del café Europeo acabarían en el café Gijón, cuya fama e influencia en los ambientes literarios aumentarían durante la posguerra.

En la cervecería de Correos comenzaron a reunirse los jóvenes poetas de la Generación del 27 y allí fue donde Lorca se citaba con los escritores y antiguos compañeros de la Residencia de Estudiantes; en el café Jorge Juan lideraba tertulia José Francés; en el café de Roma Gregorio Marañón y sus pupilos del Ateneo de Madrid preparaban proclamas contra la monarquía agonizante.

En el Café Lyon se sucedieron varias tertulias. La primera contó con personajes como José Bergamín, Ignacio Sánchez Mejías y el citado Fernández Almagro, entre otros; la segunda llamada «tertulia del banco azul», formada por repúblicanos; en la tercera participaban Guillermo de Torre y Francisco Ayala, entre otros; y ya en la madrugada la que frecuentaron Valle-Inclán y Anselmo Miguel Nieto, entre otros. El 14 de abril de 1931 muchos de los tertulianos se convirtieron en «padres de la patria» en el Senado o en el Congreso, como fue el caso de Manuel Azaña o José Calvo Sotelo.

Tras la Guerra Civil española se fundó la tertulia de Antonio Díaz-Cañabate y José María de Cossío en el café Aquarium, que luego se trasladó al café Kutz y por fin al «Lyon d'Or», como cuenta en su Historia de una tertulia (1952) el escritor que le dio nombre. Entre 1946 y 1953 se inició una tertulia sabatina en el café Lisboa, en la Puerta del Sol, que frecuentaban artistas e intelectuales contrarios a la dictadura franquista (Antonio Buero Vallejo, Francisco García Pavón, Juan Eduardo Zúñiga, Vicente Soto Iborra, Emilio Alarcos Llorach, Arturo del Hoyo, su esposa Isabel Gil de Ramales, José Corrales Egea, José Ares Montes).[3]​ Hacia 1955 se reunió en el café Lyon la tertulia de los narradores de la generación de 1955 o del medio siglo, presididos por Antonio Rodríguez Moñino, secundado por Alfonso Sastre, Rafael Sánchez Ferlosio e Ignacio Aldecoa.

Literatura sobre tertulias[editar]

Siendo tan literarias, las tertulias han producido abundante literatura sobre sus actividades. Desde el libro de Francisco de Paula Mellado (Tertulia de invierno, 1831), de tono recreativo, a obras menos costumbristas como Tertulia literaria. Colección de poesías selectas leídas en las reuniones semanales celebradas en casa de Juan José Bueno, publicada en Sevilla en 1861; o Los salones de Madrid de Eugenio Rodríguez Ruiz de la Escalera. Manuales sobre el tema, como Las tertulias de Madrid de Antonio Espina o Tertulias españolas (1938) de José Robles, o clásicos como La sagrada cripta de Pombo de Ramón Gómez de la Serna, La novela de un literato de Cansinos Asséns o Historia de una tertulia (1952) de Díaz Cañabate. Capítulo aparte merecería Álvaro Cunqueiro y su Tertulia de boticas prodigiosas (1976) o el ensayo de Fernando Díaz-Plaja Arte de hablar (1983).

Otros libros posteriores que pueden anotarse: Tertulia de Madrid (1949) de Alfonso Reyes; Panorama de Madrid. Tertulias literarias (1952) de Antonio Velasco Zazo;La tertulia del bar Lauro (1963) de José Martínez Arenas; "Las tertulias románticas en España" (1973) de Antonio Gallego Morell; Tertulias y grupos literarios (1974) de Miguel Pérez Ferrero; La noche que llegué al café Gijón de Francisco Umbral; el estudio de Juan Ángel García Torres Trasfondo histórico de una "tertulia" madrileña: Valle-Inclán y el Café de Levante (1978); Aquellas tertulias de Madrid (1985) de Mariano Tudela; Los cafés (Cafés históricos; Tertulias románticas; Cafetines y tabernas; Cafés y vanguardias; etc.) (1987) de Antonio Bonet Correa.[b]​ O las feministas, como Aquelles dames d'altre temps: una crònica de la Barcelona de fi de segle a través dels comentaris aguts i divertits d'una tertúlia d'amigues de Maria Aurelia Capmany, oVersos con faldas (breve historia de una tertulia literaria fundada por mujeres en el año 1951) de Adelaida Las Santas.

Tertulias de ficción[editar]

También aparecen obras de ficción dedicadas al mundo de las tertulias. Entre los ejemplos más antiguos podrían citarse libros de escritores del 98 como La tertulia de Paco Lecea de Baroja o Una tertulia de antaño de Valle-Inclán. Entre las novelas posteriores, citar quizás Tertulia en el bar Himeto de Rosa Chacel.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Queda referido que en la década de 1860, el periodista y político Eduardo Asquerino García reunió una tertulia en su casa, de la que al parecer nació la idea de fundar un Teatro Nacional. Otras reuniones caseras a mencionar fueron la de [[Manuel Cañete] y la del editor Wenceslao Ayguals de Izco, que podía incluir conciertos.
  2. La lista puede ser interminable... La tertulia de Nava (1977) de Enrique Romeu Palazuelos; El doctor Díaz Caneja y su tertulia (1990) de Pablo Beltrán de Heredia; Tertulia de la nave errante (1993) de Antonio Bermejo; La tertulia (1994) de Francisco Molíns; Tertulia Oliver (1995) de Martín López-Vega; el libro de Ignacio Sanz y Francisco Otero Las palabras vuelan. 25 años de la tertulia de los martes (2007)

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Andreas Gelz, Tertulia. Literatur und Soziabilität im Spanien des 18. und 19. Jahrhunderts. Frankfurt: Vervuert, 2006.
  • Antonio Espina, Las tertulias de Madrid. Madrid, Alianza Editorial, 1995.
  • Jose Luis Urreiztieta, Las tertulias de rebotica en Espana (siglo XVIII-siglo XX); prólogo de Enrique Tierno Galván, Madrid: Ediciones Alonso, 1985.
  • Antonio Mariscal Trujillo, La tertulia española. Sus orígenes y tradición en la provincia de Cádiz, Cádiz, 1998.

Enlaces externos[editar]