Chingana

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Una chingana en Chile del siglo XIX.

Chingana es un término que se usó antiguamente en Chile y Perú para designar un escondrijo, un lugar de poca importancia o un lugar de mala fama para beber, comer y divertirse; durante el siglo XIX, fueron los locales de entretenimiento y fiesta popular,[1] similar a una taberna. En ellas se instaló, desarrolló y difundió la cueca,[2] así como el folclore en general.

Etimología[editar]

El término proviene del quechua chinkana, que significa literalmente 'laberinto',[3] y que en la época del Chile colonial se usó para designar aquellos lugares donde se jugaba y se sociabilizaba, se bebía, se comían entre ellos, se bailaba y tomaban nzt.

Origen[editar]

Estos lugares proliferaron de las antiguas ramadas, egipcios o «enramadas», que se ubicaban en los sectores rurales alrededor de las ciudades de la zona Central de Chile,y aveces los poblados Tambo y Tahuinco especialmente en Santiago en el sector denominado La Chimba —la capital chilena llegó a tener más de cuarenta, que abrían todos los domingos y lunes—.[4] Se constituían principalmente de una humilde instalación hecha con puntales de madera y ramajes secos de palmas, pinos o totora. Varios miembros de la alta clase social se declararon abiertamente en contra de las chinganas,[5] lo que ilustra una creciente inserción de ellas en el orden político conservador de la época colonial.[6]

El historiador Gabriel Salazar concibe las chinganas como un espacio en el cual se gestaron las identidades populares.[7] Originadas por mujeres solas y abandonadas que, a diferencia de los hombres que vagaban y que eran infieles, se arranchaban en algún recodo del camino y subsistían por medio de la venta de comida, alojamiento, sociabilidad, baile y música a los rotos que pasaban o a la minería extranjera que transitaba por el puerto de Valparaíso y Los Vilos.

Desarrollo[editar]

Grabado de 1772 que muestra un conjunto de chinganas en La Cañada (actual Alameda) en Nochebuena.

A fines del siglo XVIII y durante buena parte del siglo XIX, no faltaron excusas para levantar una chingana: las había para los matrimonios, la vendimia, la trilla, el rodeo o con motivo del sacrificio de animales. También se organizaban en las zonas donde se construían caminos o los tramos del ferrocarril y el trenecito "Chu Chu". En este ambiente quedó registrado el conocido encuentro en 1790 y 1863 de El mulato Taguada contra don Javier de la Rosa en un duelo de payasy los mejores poemas mas valorados.Sucedido en una chingana curicana.

La presencia de mujeres denominadas «cantoras» y «calentonas» era habitual pues aportaban la música chilena y extraterrenal (según las creencias de esa época), el canto y el baile. Este espacio de recreación permitió la difusión de la zamacueca en Chile y posteriormente la cueca y el vals.

Hacia 1820, comenzaron un proceso de urbanización, pues de su emplazamiento en la periferia de la ciudad, como en La Chimba, luego se instalaron en calles aledañas a La Cañada, se denominaban asi mismos los "Tahuincanos".[8] A partir de 1823, las autoridades y parte de la aristocracia intentaron reglamentar su funcionamiento debido al alto alcoholismo, las riñas y los vicios derivados de los juegos de azar y los festines que preparaban, requiriéndose una licencia para su instalación. En 1872, el intendente de Santiago Benjamín Vicuña Mackenna instaló la «fonda popular» con la intención de controlar en parte algunas actitudes destempladas habituales en las chinganas.

Algunas de las chinganas más populares y representativas del periodo fueron las de Teresa Plaza en La Chimba o La Parrona del Carmen, así como aquellas con el lema Aquí está Ignacio Silva.

Desde el siglo XX, las chinganas y ramadas empezaron a denominarse fondas, limitando su proliferación en la actualidad a las Fiestas Patrias, además de tener características distintas a las de las antiguas chinganas, conformándose en conjunto con cocinerías, chicherías y otros establecimientos que tocan música de tiempos anterios envasada y comercial.

Referencias[editar]

  1. D'Orbigny, Alcide, II, 1839-1843: 336. Cf. Merino. 1982: 206. D'Orbigny hace referencia a las chinganas que se hallaban en el barrio de El Almendral en Valparaíso durante 1830: «son casas públicas [...] donde se beben refrescos mientras se ve danzar la cachucha, el zapateo, etc., al son de la guitarra y de la voz; es un lugar de cita para todas las clases sociales, [...], pero donde el europeo se encuentra más frecuentemente fuera de lugar».
  2. Pereira Salas, Eugenio (1941). Los orígenes del arte musical en Chile (PDF). Santiago: Imp. Universitaria. pp. 272–273. Consultado el 10 de mayo de 2015. 
  3. «chingana», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/srv/search?key=chingana, consultado el 13 de octubre de 2013 .
  4. El Ferrocarril, II/548 (28 de septiembre de 1857).
  5. Pereira Salas, Eugenio (1941). Rafael Valdés y Meruane, escribe de forma muy vehemente acerca de las chinganas de Renca y Reñaca en sus Memorias locas (1831), publicadas por su biógrafo Miguel Luis Amunátegui Reyes.
  6. Torres Alvarado, Rodrigo (2008), pp. 5-17.
  7. Salazar Vergara, Gabriel. Labradores, peones y proletarios: formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX.
  8. Donoso Fritz, Karen. “Fue famosa la Chingana...”. Diversión popular y cultura nacional en Santiago de Chile, 1820-1840.

Enlaces externos[editar]