Trilla a yegua suelta

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Huaso realizando la trilla.

La trilla a yegua suelta era una antigua técnica de trilla del trigo y otras especies que se empleaba en Chile, Argentina y otros países sudamericanos, así como en Europa, Egipto, el Cercano Oriente y otras regiones del mundo donde se cultivaba el trigo, la cebada y demás cereales de invierno. Se usaban yeguas y caballos que pisoteaban las gavillas para separar la paja del grano. Actualmente, esta actividad se efectúa mecánicamente con trilladoras o cosechadoras. Sin embargo, se sigue realizando por tradición en los meses de verano. La celebración posterior incluye otras labores costumbristas, como misa y casamiento a la chilena, carrera de perros galgos, rodeos y comidas típicas, entre otras.[1]

En la región pampeana argentina se denominaba trilla a pata de yegua. La misma se dejó de usar al mecanizarse estas tareas durante la década de 1870.

Historia[editar]

Trilla a yegua suelta en Pencahue.

La trilla mediante pisoteo de animales era practicada en el Antiguo Egipto y en la Antigua Roma, donde ocupaban bueyes y yeguas para la actividad. Posteriormente, se introdujo en España, de donde se llevó a América. En Chile, se comenzó a realizar la trilla a yegua suelta durante la Colonia y se mantuvo hasta mediados del siglo XX, cuando comenzaron a ser reemplazadas por máquinas que hacían más eficiente el trabajo. Sin embargo, a fines de ese mismo siglo, se comenzó a recuperar como una tradición en las zonas rurales de Chile.

Antiguamente, la trilla era una fiesta que reunía a patrones y obreros. Consistía en que unas yeguas pisoteaban las gavillas del trigo y eran arreadas por jinetes, quienes las hacían correr en círculo. Era una fiesta donde los huasos lucían sus mejores caballos y sus más vistosas mantas. En las zonas pobres, al no disponer de suficientes yeguas, cada propietario las conseguía en una minga o mingaco y el beneficiado debía retribuir financiando la fiesta. Actualmente, la trilla se mantiene en algunos rincones del país, pero sólo como una forma de conmemorar y recordar esta antigua tradición que fue superada en la mayoría de los campos chilenos por la llegada de la mecanización de la cosecha del trigo.

En Argentina, esta trilla se realizaba mediante yeguas de propiedad de un contratista, el yeguarizo como se lo denominaba, que con su tropilla iba de era en era en la época de cosecha. Dado que las yeguas se usaban exclusivamente para procreo -pues el criollo montaba exclusivamente caballos machos- el empleo de estos animales en la trilla no interfería en el uso de los caballos.

La cantidad de yeguas que poseían los yeguarizos variaba mucho. Durante la trilla era necesario reemplazar las yeguas que se cansaban por lo que se hacían varias encierros durante el día. También, de cuarto en cuarto de hora se cambiaba el sentido del giro para evitar el mareo de los animales. La trilla a pata de yegua requería por lo menos unos de 6 a 10 hombres: uno o dos horquilleros sobre la parva, 3 a 5 horquilleros que extendían la mies a ser pisada por los caballos, uno o dos azotadores, los jinetes que arreaban las yeguas y el yeguarizo que en la puerta de la era dirigía el trabajo ordenando la salida de las yeguas cansadas y la entrada de las de refresco. En un día de trabajo se podían trillar parvas de alrededor de 170 fanegas.[2]

Terminada la trilla de la parva se acordonaba el trigo, se tapaba con cueros y cuando el tiempo era propicio se aventaba, zarandeaba y embolsaba. Todas estas tareas las realiza simultáneamente la trilladora, que en Argentina comenzó a importarse en la década de 1870. Hacia fines del siglo XIX la trilla a pata de yegua sólo fue un recuerdo de tiempos pasados.

En otros países o lugares donde no se disponía de muchos caballos, los animales se arreaban a pie o mediante un hombre parado en el centro de la era que los manejaba mediante riendas. En este caso era necesario extender la mies por la era antes de comenzar con la trilla.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Nuestro Biobío (2009). «La trilla a yegua suelta» (HTML). Consultado el 25 de septiembre de 2009. 
  2. Frank, Rodolfo G. Trigo y trabajo; ganar el pan con el sudor de la frente. Buenos Aires, Ed. Dunken, 2017. 280 p.

Enlaces externos[editar]