Música de Cuba

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La música cubana es la expresión de ritmos y melodías referidos a la isla de Cuba, ya sean autóctonos o introducidos en la isla, especialmente por los colonizadores españoles y por los esclavos africanos.

También, aunque en menor medida, pudiera señalarse cierta influencia asiática. La presencia de este último elemento puede notarse en el uso de la corneta china en la conga de los carnavales, un hecho que comenzó con la llegada de los primeros inmigrantes chinos a la isla. A partir de 1848 llegaron numerosos culíes chinos a Cuba y para 1874, año en que se prohibió la contratación de trabajadores agrícolas de China, había en Cuba 132 435 culíes.[1]

Según el origen de sus influencias, podríamos hacer una división fundamental entre la música euro-cubana y la afro-cubana, y de una muy extensa derivación de ambas, con sus variadas manifestaciones populares a través de los años y por las cuales la música de Cuba ha sido siempre reconocida a través del mundo y por muchas generaciones.

Cualquier clasificación que se pretenda hacer de la música cubana dependerá más bien del grado de mezcla entre las influencias europeas y africanas que se descubran en ella. Ahora bien, reducirla a esta clasificación sería demasiado simple, pues en realidad la música cubana es el rico y complejo resultado de la fusión creativa de estas dos fuentes, al que se ha adicionado históricamente la influencia de las más diversas culturas y tendencias musicales.

Introducción[editar]

Cuba desarrolló una amplia gama de estilos musicales acriollados, basada en sus orígenes culturales europeos y africanos. Desde el siglo XIX, la música cubana ha sido enormemente popular e influyente, constituyéndose en una de las formas más populares de música en el mundo, sobre todo después de la introducción de la tecnología de grabación.

Grabado antiguo de la Habana colonial. Ámsterdam, siglo XVII.

La música de Cuba, incluyendo los instrumentos y las danzas, es en su mayor parte de origen europeo (español) y africano. La mayoría de las formas actuales son fusiones y mezclas de estas dos fuentes. Casi nada queda de las tradiciones indígenas originales.[2]

Grandes cantidades de esclavos africanos y de inmigrantes europeos (principalmente españoles) vinieron a Cuba y trajeron sus propias formas de música a la isla. Esas danzas y músicas populares europeas incluían formas españolas como el zapateo, el fandango, el pasodoble y el retambico. Más tarde, otras formas de Europa como la gavota, el minué, la contradanza, el vals y la mazurca aparecieron entre los blancos urbanos. También hubo una importante inmigración de obreros chinos en el siglo XIX.

Fernando Ortiz, el primer gran folklorista cubano, describe las innovaciones musicales de Cuba como derivadas de la interacción (transculturación) entre los esclavos africanos que se asentaron en las grandes plantaciones de azúcar y españoles, como los habitantes de las Islas Canarias (y otras regiones de España) que cultivaron el tabaco en pequeñas fincas. Los esclavos africanos y sus descendientes crearon variados instrumentos de percusión y conservaron los ritmos que habían conocido en su patria.[3] Los instrumentos más importantes fueron los tambores, de los cuales hubo originalmente unos cincuenta tipos diferentes; En la actualidad solo el bongó, las congas (o tumbadoras) y los tambores batá son vistos con regularidad (los timbales cubanos son descendientes de los timbales [kettledrums] de las bandas militares españolas). También son importantes las claves, dos trozos cilíndricos cortos de madera, y el cajón, una caja de madera, hecha originalmente de tablas. Las claves todavía se utilizan a menudo, y los cajones se utilizaron ampliamente durante los períodos cuando fue prohibido el tambor. Además, existen otros instrumentos de percusión en uso para ceremonias religiosas de origen africano. Los inmigrantes chinos contribuyeron con la corneta china (o Suona), un instrumento chino de lengüeta de caña, todavía utilizado en las comparsas (grupos del Carnaval) de Santiago de Cuba.

La gran aportación instrumental de los españoles fue la guitarra, pero más importantes aún fue la tradición de notación musical Europea y las técnicas de composición musical. Los Archivos de Hernando de la Parra proporcionan alguna de la primera información disponible sobre la música cubana. El informó sobre instrumentos como el clarinete, el violín y la vihuela. Hubo pocos músicos profesionales en aquellos momentos, y muy pocas de sus canciones sobreviven. Uno de las primeras melodías es el Son de la Ma Teodora documentada por el músico y escritor Laureano Fuentes Matons en su libro Las artes en Santiago de Cuba publicado en 1893, supuestamente compuesta por Teodora Ginés hacia 1562, una esclava libre de Santiago de Cuba, que aparentemente adquirió fama por sus composiciones. Se dice que esta pieza es similar a las canciones españolas del siglo XVI.[4]

La música cubana tiene sus raíces principales en España y África occidental, pero con el tiempo ha sido influida por diversos géneros de diferentes países. Entre estos se destacan Francia y sus colonias en Latinoamérica y los Estados Unidos.

La música cubana también ha influido considerablemente en otros países. Ha contribuido no solo al desarrollo del jazz y la salsa, sino también al del tango argentino, el high-life ghanés, el afrobeat de África occidental, los géneros dominicanos de la bachata y el merengue, la cumbia colombiana y el flamenco español.

Las creencias africanas y sus prácticas ejercieron una poderosa influencia en la música de Cuba. La percusión polirrítmica es un elemento inherente de la música africana, así como el estilo de la melodía es parte de la tradición musical europea. También, en la tradición africana, la percusión siempre se encuentra asociada a la canción y al baile, así como a un ambiente social particular.[5] Debido a la unión de culturas europeas y africanas, la mayor parte de música popular cubana ha sido el resultado de esa fusión. Esta transculturación de la vida cubana se ha llevado a cabo durante un largo período de tiempo, desde mucho antes del siglo XX, y los elementos de las creencias africanas, la música y el baile se encuentran sólidamente integrados en las formas populares.

Siglos XVIII y XIX[editar]

Manuel Saumell

Entre los compositores de fama mundial del género académico puede ser contado el compositor barroco Esteban Salas y Castro (1725-1803), quién pasó la mayor parte de su vida enseñando y componiendo música para la iglesia.[6] Él fue sustituido en la Catedral de Santiago de Cuba por el sacerdote Juan París (1759-1845). París era un hombre excepcionalmente laborioso, y un compositor importante. Él se dedicó a estimular la realización de diversos y continuos eventos musicales.[7] Pág. 181.

Ignacio Cervantes

Aparte de la música rural y la música folklórica afro y cubana, el género más popular de la música de baile criolla urbana en el S. XIX fue el de la contradanza, que comenzó como una forma local de la danza regional inglesa country dance y de su derivado, la contredanse francesa, así como de la contradanza española. Mientras muchas contradanzas fueron escritas para el baile, desde mediados de siglo varias fueron compuestas como piezas de salón ligeras para el piano. El primer compositor distinguido en ese estilo fue Manuel Saumell (1818-1870), quién es consecuentemente aclamado en ocasiones como el padre del desarrollo musical criollo cubano. En las manos de su sucesor, Ignacio Cervantes (1847-1905), la danza (como era más típicamente llamada hacia finales del S. XIX), consiguió aún mayor sofisticación en su lenguaje pianístico.

«Después de la labor visionaria de Saumell, todo lo que quedaba por hacer era desarrollar sus innovaciones, las cuales influyeron profundamente en la historia de los movimientos nacionalistas musicales cubanos».[8] Cervantes fue denominado por Aaron Copland como un Chopin cubano, a causa de sus composiciones para piano de estilo Chopinesco. La reputación de Cervantes descansa hoy casi únicamente en sus famosas cuarenta y una Danzas cubanas, de las cuales Carpentier dijo que, «ocupan el lugar que las Danzas noruegas de [Edvard] Grieg o las Danzas eslavas de Dvórak ocupan en las tradiciones musicales de sus respectivos países. La ópera inconclusa de Cervantes, Maledetto, ha sido largamente olvidada.[7]

En la década de 1840, la habanera emergió como una lánguida canción vocal con ritmo de contradanza. (Los no cubanos llaman a veces «habaneras» a las contradanzas cubanas). La habanera llegó a ser muy popular en España y otros lugares. La contradanza/danza cubana también ejerció una importante influencia sobre la danza puertorriqueña, que pasó a disfrutar de su propia carrera dinámica y distintiva a través de los años 1930. En Cuba, en la década de 1880, la contradanza/danza dio a luz al danzón, que efectivamente llegó a superarle en popularidad.[9]

Laureano Fuentes (1825-1898) provenía de una familia de músicos y escribió la primera ópera compuesta en la isla, La hija de Jefté. Esta más tarde fue alargada y organizada bajo el título de Seila. Sus numerosas obras abarcaron todos los géneros. Gaspar Villate (1851-1891) produce una abundante y amplia obra, toda centrada en la ópera.[7] pág. 239 José White (1836-1918), un mulato de padre español y madre Afro-cubana, fue un compositor y violinista de mérito internacional. Aprendió a tocar dieciséis instrumentos y vivió alternadamente entre Cuba, América Latina y París. Su obra más famosa es La bella cubana, una habanera.

L. M. Gottschalk

Durante los años intermedios del siglo XIX, un joven músico estadounidense llegó a la Habana: Louis Moreau Gottschalk (1829-1869). Su padre era un empresario judío de Londres y su madre una criolla blanca de origen católico francés.[10] Gottschalk fue criado por su abuela negra y su nodriza Sally, ambas de Dominique. Fue un prodigio del piano que había escuchado y presenciado la música y el baile en Congo Square, Nueva Orleans desde su infancia. Su estancia en Cuba duró desde 1853 hasta 1862, incluyendo algunas cortas visitas a Puerto Rico y Martinica. Gottschalk compuso muchas piezas de estilo criollo, como la habanera Bamboula, Op. 2 Danse de negres) (1845), cuyo título se refiere a un tambor Afro-Caribeño; El cocoye (1853), basado en un tema popular cubano; la contradanza Ojos criollos (Danse cubaine, 1859) y una versión de María la O, que se refiere a un cantante mulato cubano. En estos números hizo frecuente uso de los típicos patrones rítmicos cubanos. En uno de sus conciertos de despedida él interpretó su Adiós a Cuba, causando una gran ovación y gritos de ¡bravo! Lamentablemente, la partitura de esta obra no ha sobrevivido.[11]

En febrero de 1860, Gottschalk produjo una gran obra en La Habana, llamada La nuit des tropiques. En la ejecución de esa pieza el utilizó unos 250 músicos y un coro de 200 cantantes, además de un grupo del cabildo de negros de Santiago de Cuba que trajeron sus tambores para la representación. El presentó otro gran concierto al año siguiente, con nuevo material. Estos espectáculos empequeñecieron todo la anteriormente visto en la isla, y fueron sin duda inolvidables para los asistentes.[12]

Música clásica en el siglo XX[editar]

«Amadeo Roldán (1900-1939) y Alejandro García Caturla (1906-1940) revolucionaron la música sinfónica de Cuba, pero actualmente su música es raramente ejecutada en conciertos».[12] p354 Ellos representaron un importante papel en el Afrocubanismo, movimiento de la cultura cubana concentrado en los temas afro-cubanos, el cual se originó en los años 1920, y fue ampliamente analizado por Fernando Ortiz Fernández. Roldán, nacido en París de una mulata cubana y un padre español, regresó a Cuba en 1919, y se convirtió en primer violín de la recién fundada Orquesta Sinfónica de La Habana en 1922. Allí conoció a Caturla, quien era segundo violín de la orquesta a los dieciséis años. Las composiciones de Roldán incluyen la Obertura sobre temas cubanos (1925), y dos ballets: La Rebambaramba (1928) y El milagro de Anaquillé (1929). A estas le siguieron una serie de Rítmicas, Poema negro (1930) y Tres toques (marcha, ritos, danza) (1931). En Motivos de son (1934) él escribió ocho piezas para voz e instrumentos basados en los poemas de Nicolás Guillén con el mismo título. Sus últimas composiciones fueron Dos Piezas infantiles para piano (1937). Roldán murió joven, a los 31 años, de un cáncer facial desfigurante (él había sido un fumador empedernido).

Alejandro García Caturla.

Después de sus días de estudiante, Caturla vivió toda su vida en la pequeña ciudad central de Remedios, donde se convirtió en abogado para apoyar a su creciente familia. Él tuvo relaciones con varias mujeres negras con las que tuvo once hijos, a los cuales él reconoció y apoyó. Su obra Tres danzas cubanas para Orquesta Sinfónica fue estrenada en España en 1929. Bembe fue estrenada en la Habana el mismo año. Su Obertura cubana ganó el primer premio en un concurso nacional en 1938. Caturla fue un hombre de gran nobleza y un ejemplo de un músico universal, el cual combinó temas de música clásica y folclórica con ideas musicales modernas. Fue asesinado en 1934 por un joven tahúr que debía ser condenado solo horas más tarde.[7] Gonzalo Roig (1890-1970), se convirtió en una fuerza creativa importante en la primera mitad del siglo XX. Compositor y director orquestal, también se encontraba muy calificado en piano, violín y teoría de la composición. En 1922 fue uno de los fundadores de la Orquesta Sinfónica Nacional, la cual dirigió. En 1927 fue nombrado Director de la Escuela de Música de la Habana. Como compositor se especializó en la zarzuela, una forma de teatro musical muy popular hasta la Segunda Guerra Mundial. En 1931 fundó una empresa de teatro Bufo en el Teatro Martí de la Habana. Fue el compositor de la zarzuela cubana más conocida, Cecilia Valdés, basada en la famosa novela homónima del siglo XIX sobre una mulata cubana, la cual fue estrenada en 1932. El fundó varias organizaciones y escribió con frecuencia sobre temas musicales.[13]

Uno de los más grandes pianistas-compositores cubanos del siglo XX fue Ernesto Lecuona (1895-1963). Lecuona compuso más de 600 piezas, principalmente en el estilo cubano y fue un pianista de excepcional calidad. Él fue un prolífico compositor de canciones y música para cine y teatro. Su obra consistió principalmente en numerosas zarzuelas basadas en ritmos afrocubanos y cubanos, varias Suites y múltiples canciones que se convirtieron en estándares de la música latina. Estas incluyen Siboney, Malagueña y Andalucía. En 1942, su gran hit Siempre en mi corazón fue nominado para el Óscar a la mejor canción y perdió la competencia por la canción White Christmas. La Orquesta Sinfónica de Ernesto Lecuona realizó el estreno de Rapsodia Negra de Lecuona en el Concierto del Día de Liberación Cubana en el Carnegie Hall, New York, el 10 de octubre de 1943.[14]

José Ardévol, Harold Gramatges, Alejo Carpentier.

El Grupo de Renovación Musical que fue fundado en 1942 bajo la dirección de José Ardévol, compositor catalán establecido en Cuba desde 1930, sirvió como plataforma a un grupo de jóvenes compositores para desarrollar un movimiento proactivo con el fin de mejorar y renovar literalmente la calidad del entorno musical cubano. Durante su existencia, desde 1942 a 1948, el grupo organizó numerosos conciertos en el Lyceum de la Habana con el objetivo de presentar sus composiciones de vanguardia al público en general y fomentar entre sus miembros el desarrollo de muchos futuros directores, críticos de arte, artistas y profesores. También comenzaron un proceso de investigación y reevaluación de la música cubana en general, dando a conocer el trabajo sobresaliente de Carlo Borbolla[15] y promoviendo las composiciones de Saumell, Cervantes, Caturla y Roldán. El Grupo de Renovación Musical incluyó a los siguientes compositores: Hilario González, Harold Gramatges, Julián Orbón, Juan Antonio Cámara, Serafín Pro, Virginia Fleites, Gisela Hernández, Enrique Aparicio Bellver, Argeliers León, Dolores Torres y Edgardo Martín.[16]

Otros compositores cubanos contemporáneos que tuvieron poca o ninguna relación con el Grupo de Renovación Musical fueron: Aurelio de la Vega, Joaquín Nin-Culmell, Alfredo Diez Nieto[17] y Natalio Galán.[18]

Aunque en Cuba muchos compositores han cultivado tanto los estilos clásicos como los populares de la música, la distinción se hizo más clara después de 1960, cuando (al menos inicialmente) el régimen retiró el apoyo a la música popular y cerró la mayoría de los clubes nocturnos, mientras que apoyaba financieramente la música clásica, en lugar de los géneros criollos. Desde entonces, la mayoría de los músicos han mantenido sus carreras a un lado o el otro de esa línea invisible. Después de la revolución cubana en 1959, una nueva cosecha de músicos clásicos salió a la escena. El más destacado de estos es sin duda el guitarrista Leo Brouwer, quién llevó a cabo importantes innovaciones en la guitarra clásica y actualmente es el director de la Orquesta Sinfónica de la Habana. Como director del Instituto Cubano de arte e industria cinematográficas (ICAIC) en la década de 1970, él fue un elemento importante en la formación y consolidación del movimiento de la Nueva Trova.

Otros importantes compositores de los primeros años del período pos-revolucionario que comenzó en el año 1959 fueron: Carlos Fariñas y Juan Blanco, un pionero de la música concreta y la música electroacústica en Cuba.[19]

Siguiendo de cerca de la primera generación pos-revolucionaria, un grupo de compositores jóvenes comenzaron a atraer la atención del público que asistía a los conciertos de música clásica. La mayoría de ellos se habían graduado en prestigiosas escuelas fuera del país, gracias a las becas otorgadas por el gobierno, como Sergio Fernández Barroso (también conocido como Sergio Barroso), que recibió un diploma de pos-grado en la Academia Superior de Música de Praga,[20] y Roberto Valera, que estudió con Witold Rudzinski y Andrzej Dobrowolski en Polonia.[21]

Debemos mencionar también a otros tres compositores que pertenecen a este grupo: Calixto Álvarez,[22] Carlos Malcolm[23] y Héctor Angulo.[24]

Tania León

Durante principios de los setenta, un grupo de músicos y compositores, la mayoría de ellos graduados de la Escuela Nacional de Artes y el Conservatorio Municipal de la Habana, se reunieron alrededor de una organización creada recientemente por el Gobierno como la sección juvenil de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba), la Brigada Hermanos Saíz.[25] Algunos de sus miembros fueron los compositores Juan Piñera (sobrino del reconocido escritor cubano Virgilio Piñera),[26] Flores Chaviano, Armando Rodríguez Ruidíaz, Danilo Avilés,[27] Magaly Ruiz y Efraín Amador Piñero. Otros compositores contemporáneos menos relacionados con la mencionada organización fueron: José María Vitier, Julio Roloff,[28] Jorge López Marín y José Loyola.[29]

Después de la revolución cubana (1959), muchos futuros compositores cubanos emigraron a una temprana edad y desarrollaron la mayor parte de sus carreras fuera del país. Dentro de este grupo cabe mencionar a los siguientes compositores: Tania León, Orlando Jacinto García, Armando Tranquilino,[30] Odaline de la Martínez, José Raúl Bernardo,[29] Jorge Martín y Raul Murciano.[31]

Música Clásica en el siglo XXI[editar]

Durante las últimas décadas del siglo XX y el comienzo del siglo XXI, una nueva generación de compositores surgió en el panorama de la música clásica cubana. La mayoría de ellos recibió una sólida educación musical proporcionada por el sistema de escuelas de arte oficiales, creadas por el gobierno cubano, y fueron graduados del Instituto Superior de Arte (ISA). Algunos de esos compositores son: Louis Franz Aguirre[32] Ileana Pérez Velázquez, Keila María Orozco,[33] Viviana Ruiz,[34] Fernando Archi Rodríguez Alpízar[35] y Yalil Guerra.

Música Electroacústica en Cuba[editar]

Juan Blanco.

Juan Blanco fue el primer compositor cubano que creó una pieza electroacústica en 1961.[36] Esta primera composición Música para danza, fue producida con un oscilador y tres grabadoras comunes. Como resultado de la gran escasez de bienes materiales generada por la Revolución Cubana desde sus orígenes en 1959, el acceso a la tecnología necesaria para producir música electroacústica fue siempre muy limitado para cualquiera que estuviera interesado en su utilización. Por ese motivo, no fue hasta 1969 que otro compositor cubano, Sergio Barroso, se dedicó a la creación de composiciones musicales electroacústicas.

En 1970, Juan Blanco comenzó a trabajar como asesor musical para el Departamento de Propaganda del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con Los Pueblos). En el desempeño de esa función, el creó música electroacústica para todos los materiales audiovisuales producidos por el ICAP. Después de nueve años de trabajo sin retribución, Blanco obtuvo finalmente financiamiento para la implementación de un estudio de música electroacústica que pudiera utilizar para la producción de sus obras. Blanco fue nombrado como Director del estudio, bajo la condición de que sería él solo quien lo usaría.[37]

Después de algunos meses, y sin solicitar aprobación, Juan Blanco abrió el estudio a la utilización de todos los compositores que estuvieran interesados en trabajar con la tecnología electroacústica, creando de esta forma el Taller de Música Electroacústica del ICAP (TIME), donde él mismo proporcionó el entrenamiento necesario a los participantes. En 1990, el Taller cambió su nombre al de Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME), y su principal objetivo fue el de apoyar y promover la obra de los compositores cubanos de música electroacústica.

Julio Roloff.

Algunos años más tarde, otro estudio de música electroacústica fue creado en el Instituto Superior de Arte (ISA). El Estudio de Música Electroacústica y por Computadoras (EMEC), llamado actualmente Estudio Carlos Fariñas de Arte Musical (Carlos Fariñas Studio of Musical Electroacoustic Art), se ha dedicado a proveer entrenamiento de composición electroacústica a los estudiantes durante el desenvolvimiento de sus carreras.[37]

Después de 1970, algunos compositores cubanos como Leo Brouwer, Jesús Ortega, Carlos Fariñas y Sergio Vitier, comenzaron a crear obras electroacústicas, y en la década de los años 80, un grupo de compositores que incluía a: Edesio Alejandro, Fernando (Archi) Rodríguez Alpízar,[35] Marietta Véulens, Mirtha de la Torre, Miguel Bonachea y Julio Roloff, comenzó a recibir instrucción y a trabajar en el estudio del ICAP. Una lista parcial de compositores cubanos que han utilizado la tecnología electroacústica incluye a: Argeliers León, Juan Piñera, Roberto Valera, José Loyola, Ileana Pérez Velázquez y José Ángel Pérez Puentes.[38]

Los compositores cubanos que se radicaron fuera del país tuvieron un acceso más fácil y directo a la tecnología necesaria para producir obras electroacústicas que los compositores de la isla. Es por eso que la mayoría, si no todos aquellos que establecieron su residencia fuera de Cuba han trabajado con tecnología electroacústica. Podemos mencionar entre otros a Aurelio de la Vega, Tania León, Orlando Jacinto García y Armando Rodríguez Ruidíaz, entre otros.[39]

Guitarra Clásica en Cuba[editar]

Del siglo XVI al XIX[editar]

La guitarra (tal como la conocemos hoy en día, o en alguna de sus versiones históricas) ha estado presente en Cuba desde el descubrimiento de la isla por España. Tan temprano como en el siglo VI, un músico llamado Juan Ortiz, de la Villa de Trinidad, es mencionado por el famoso cronista Bernal Díaz del Castillo como «gran tañedor de vihuela y viola». Un discípulo del famoso guitarrista Dionisio Aguado, José Prudencio Mungol, fue el primer guitarrista cubano entrenado en la tradición de guitarra clásica española. En 1893 él se presentó en un concierto muy elogiado en La Habana, después de su regreso desde España. Mungol participó activamente en la vida musical de La Habana y fue profesor en el conservatorio Hubert de Blanck.[40]

La Escuela Cubana de Guitarra[editar]

Después de la Revolución Cubana de 1959, Isaac Nicola y otras profesoras como Marta Cuervo, Clara (Cuqui) Nicola, Marianela Bonet y Leopoldina Núñez pasaron a formar parte del sistema nacional de escuelas de música, donde un método unificado de enseñanza de la guitarra fue implementado. Este constituyó un núcleo para la posterior creación de una Escuela Cubana de Guitarra, a cuyo desarrollo contribuyó una nueva generación de guitarristas y compositores.[41] [41]

Leo Brouwer.

Quizás el más importante aporte a la técnica y el repertorio de la moderna Escuela Cubana de Guitarra haya sido el de Leo Brouwer (n. 1939), el nieto de Ernestina Lecuona, la hermana de Ernesto Lecuona. Brouwer comenzó sus estudios con su padre, y después de cierto tiempo continuó con Isaac Nicola. El realizó estudios autodidactas de armonía, contrapunto, formas musicales e instrumentación, antes de culminar sus estudios en la Juilliard School y en la Universidad de Hartfod.[42]

Las nuevas generaciones[editar]

Desde la década de los años 1960, varias generaciones de intérpretes, profesores y compositores se han formado dentro de la Escuela Cubana de Guitarra en instituciones educacionales como la Escuela Nacional de Artes, y el Instituto Superior de Arte. Otros guitarristas como Manuel Barrueco, un concertista de fama internacional, desarrollaron sus carreras fuera del país. Entre muchos artistas relacionados con la Escuela Cubana de Guitarra podemos mencionar a: Carlos Molina, Sergio Vitier, Efraín Amador Piñero y Flores Chaviano, así como también a: Armando Rodríguez Ruidíaz, Martín Pedreira, Lester Carrodeguas, Mario Daly, José Angel Pérez Puentes y Teresa Madiedo. Un grupo más joven pudiera incluir a: Rey Guerra, Aldo Rodríguez Delgado, Pedro Cañas, Leyda Lombard, Ernesto Tamayo, Miguel Bonachea,[43] Joaquín Clerch.[41] [44] [45] y Yalil Guerra.

Piano clásico en Cuba[editar]

Ernesto Lecuona.

Después de su llegada a la isla de Cuba al final del siglo XVIII, el pianoforte (llamado comúnmente piano) se convirtió rápidamente en uno de los instrumentos favoritos de la población. Junto con la humilde guitarra, el piano acompañó a las populares guarachas y contradanzas cubanas (derivadas de las Country Dances europeas) en los salones de fiesta y baile en La Habana, así como en todo el país.[46] Tan pronto como en 1804, el programa de un concierto en La Habana anunciaba un concierto de canto “acompañado al fortepiano por un distinguido visitante recién llegado”…[47] y en 1832, Juan Federico Edelmann (1795-1848), reconocido pianista, hijo de un famoso compositor y pianista alsaciano, arribó a La Habana y ofreció un concierto muy exitoso en el Teatro Principal. Animado por la calurosa acogida, Edelmann decidió permanecer en La Habana y pronto fue nombrado a una importante posición en la Sociedad Filarmónica Santa Secilia. En 1836 él fundó una casa de música y compañía de ediciones musicales.[48]

Uno de los más prestigiosos músicos cubanos, Ernesto Lecuona (1895-1963) comenzó a estudiar el piano con su hermana Ernestina y continuó con Peyrellade, Saavedra, Nin y Hubert de Blanck. Lecuona fue un niño prodigio que ofreció un concierto cuando solo tenía cinco años de edad en el Círculo Hispano. AL graduarse del Conservatorio Nacional le fue entregado el primer premio y la medalla de oro de su clase por decisión unánime de la cátedra. Lecuona es el compositor cubano más reconocido internacionalmente y sus contribuciones a la tradición pianística cubana son excepcionales.[49]

Musicología en Cuba[editar]

Alejo Carpentier.

A través de los años, la nación cubana ha desarrollado una gran cantidad de estudios musicológicos creados por numerosos investigadores y expertos en esta materia. Aparte del trabajo de algunos autores que brindaron información sobre la música en Cuba durante el siglo XIX, la cual era usualmente incluida en crónicas que trataban sobre temas más generales, las primeras investigaciones y estudios específicamente dedicados al arte y la práctica musical no aparece en Cuba hasta el comienzo del siglo XX.[50]

Una lista de importantes personalidades que han contribuido a la musicología en Cuba incluye a: Fernando Ortiz, Eduardo Sánchez de Fuentes, Alejo Carpentier, Argeliers León, María Teresa Linares, Pablo Hernández Balaguer, Alberto Muguercia y Zoila Lapique.

Una segunda generación de musicólogos después de la Revolución Cubana en 1959 incluye a: Zoila Gómez, Victoria Elí, Alberto Alén Pérez, Rolando Antonio Pérez Fernández y Leonardo Acosta.

Música Popular[editar]

Herencia Hispana[editar]

Es obvio que la primera música popular interpretada en Cuba después de la conquista fue traída por los mismos conquistadores españoles, y lo más probable es que fuera tomada de la música popular española en boga durante el siglo XVI. Desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII algunas canciones bailables que surgieron en España fueron asociadas a la América Hispana, o fueron consideradas como originarias de la América Hispana. Algunas de estas canciones con pintorescos nombres como Sarabanda, Chacona, Zambapalo, Retambico y Gurrumbé, entre otros, compartían un rasgo común, su ritmo característico llamado Hemiolia o Sesquiáltera (en España).[51]

Hemiola vertical.Acerca de este sonido Play

Este ritmo ha sido descrito como la alternancia o superposición de un metro binario y otro ternario (6/8 + 3/4), y su utilización se había generalizado en el territorio español desde por lo menos el siglo XIII, donde aparece en una de las Cantigas de Santa María (Como poden per sas culpas). [52]

La Hemiola o Sesquiáltera es también un ritmo típico de las tradiciones musicales africanas, tanto del norte como del sur del continente.[53] De forma que es muy probable que las canciones bailables originales que trajeron los españoles a Cuba ya incluían elementos de la cultura africana, con los cuales los esclavos africanos que llegaron posteriormente a la isla ya se encontraban familiarizados, y los cuales fueron utilizados por éstos para crear nuevos géneros criollos.[54]

El conocido Son de la Ma Teodora, una antigua canción cubana, así como los primeros géneros cubanos autóctonos, el Punto y el Zapateo, muestran el ritmo de la Sesquiáltera en su acompañamiento, lo que sugiere una marcada relación de éstos con las canciones bailables españolas de los siglos XVI al XVIII.[55]

Música Campesina[editar]

Paisaje rural cubano

Parece ser que el Punto y el Zapateo fueron los primeros géneros musicales autóctonos de la nación cubana. A pesar de que la primera partitura de un Zapateo Criollo no fue publicada hasta 1855, en el “Álbum Regio of Vicente Díaz de Comas”,[56] es posible encontrar referencias acerca de la existencia de éstos desde mucho antes.[57] Sus características estructurales han sobrevivido casi inalteradas durante un período de más de doscientos años, y son usualmente considerados los géneros mas típicamente hispanos de la música popular cubana.

Los musicólogos cubanos María Teresa Linares, Argeliers León y Rolando Antonio Pérez coinciden en afirmar que el Punto y el Zapateo estan basados en las canciones bailables españolas (como la Chacona y la Sarabanda) que arribaron primeramente a las más importantes ciudades, como La Habana y Santiago de Cuba, y luego se diseminaron a través de las áreas rurales, donde fueron adoptadas y modificadas por la población campesina.[58]

Punto guajiro[editar]

Punto guajiro o Punto cubano , o simplemente Punto es un género poético-musical que emerge en las zonas occidentales y centrales de Cuba durante el siglo XVII.[59] Aunque parece proceder de Andalucía,el Punto es un verdadero género cubano debido a sus modificaciones criollas.[60]

Punto es ejecutado por un grupo que incluye varios instrumentos de cuerda punteada, tales como el Tiple (una guitarra de afinación aguda ahora en desuso), la Guitarra española, el tres cubano, y el laúd. La palabra Punto se refiere al uso de técnicas de punteado, en oposición al rasgueado. También se utilizan algunos instrumentos de percusión como la Clave, el Güiro, el Guayo (una raspadera metálica). Los cantores se separan en grupos contendientes e improvisan sus textos y melodías.

Ellos cantan melodías prefijadas llamadas Tonadas, las cuales están basadas en un metro de diez versos llamado Décima, con ciertos intervalos en sus improvisaciones para dar tiempo al contendiente a preparar su próximo verso.[61] Algunas composiciones antiguas fueron grabadas y publicadas, así como los nombres de los improvisadores. A partir del año 1935, el Punto alcanzó su punto más alto de popularidad en la radio nacional.

El Punto fueuno de los primeros géneros cubanos en ser grabados por compañías norteamericanas al comienzo del siglo XX, pero al pasar el tiempo decayó el interés y se realizó poco esfuerzo para continuar grabando los programas radiales en vivo. Una entusiasta de este género, la estenógrafa Aida Bode, copió muchos versos mientras eran transmitidos y finalmente, en 1997, sus transcripciones fueron publicadas en forma de libro.[62]

Celina González y Albita Rodríguez cnataron Punto al comienzo de sus respectivas carreras, demostrando que el género sobrevive. Celina tuvo una de las más bellas voces de la música popular, y su grupo acompañante llamado Campo Alegre fue magnífico. Para algunos aficionados, en cambio, el Indio Naborí (Sabio Jesús Orta Ruiz, n. 30 de septiembre de 1922) es el máximo exponente del Punto por sus décimas, las cuales compuso diariamente para el radio y los periódicos. El publicó inclusive varias colecciones de poesía, mucha de la cual posee una inclinación política relacionada con la nueva trova.[63]

Zapateo[editar]

Güiro cubano.

El Zapateo es una danza típica del “campesino” o “guajiro” cubano, de origen español. Se baila en parejas que “zapatean” golpeando el piso levemente con los pies, y donde el papel del hombre es más activo que el de su contrparte femenina. Existen ilustraciones the siglos anteriores y el baile sobrevive, cultivado por grupos folclóricos como un género fósil. La danza es acompañada por tiple, guitarra y güiro en un tiempo combinado de 6/8 y 3/4 (llamado Hemiola), el cual es acentuado en la primera de cada tres corcheas.

Criolla[editar]

Criolla es un tipo de canción cubana. Se ha dicho que el término deriva de la “Canción criolla”. Este género se desarrolló durante el siglo XIX y es similar a otras formas musicales de ese período, tales como la canción, la guajira y el bolero. Las criollas consisten usualmente en una breve introducción instrumental, seguida por dos secciones de 16 compases cada una. Esta usualmente escritas en un tiempo lento de 6/8. Muchas criollas fueron escuchadas por primera vez en el Teatro Bufo. .[64]

Guajira[editar]

Un género de canción cubana similar al Punto y la Criolla.[65] Las canciones contienen textos bucólicos y refrencias al campo de Cuba similares a la décima. El metro es una combinación de 6/8 y 3/4 (Hemiola). De acuerdo a Eduardo Sánchez de Fuentes, su primera sección está usualmente en tono menor y la segunda en tono mayor.[66] El término Guajira se utiliza ahora principalmente para describir a una canción lenta en 4/4, que consiste en una fusión de elementos del Son y la antigua Guajira. Guillermo Portabales fue el más importante representante (cantante-guitarrista) de este género.

Herencia Africana[editar]

Origen de los grupos africanos en Cuba[editar]

Evidentemente, el origen de grupos africanos en Cuba está relacionado con la larga historia de esclavitud en la Isla. En comparación con los Estados Unidos, la esclavitud en Cuba comenzó mucho antes y continuó durante décadas después. Cuba fue el último país de América en abolir la importación de esclavos y el penultimo en decretar la liberación de los esclavos. En 1807 el Parlamento Británico prohibió la esclavitud, y a partir de ahí la Marina británica actuó con el propósito de interceptar los navíos Portugueses y Españoles dedicados a la trata de esclavos. En 1860 el trasiego con Cuba fue casi extinguido; el último barco de esclavos llegado a la Isla fue en 1873. La abolición de la esclavitud fue anunciada por la [ [Corona Española]] en 1880, y se puso en vigor en 1886. Dos años más tarde, Brasil también abolió la esclavitud.[67]

Organización subsiguiente[editar]

Las raíces de la mayoría formas musicales afro-cubanas se encuentran en los Cabildos, los cuales fueron asociaciones auto-organizadas por los esclavos africanos, donde se separaron en grupos de acuerdo a su cultura original. Esto se organizaron principalmente en cuatro grupos: los Yoruba (Lucumí en Cuba); los Congos, los Dahomeyanos (Fon o Arará) y los Carabalíes de Calabar.

Los Cabildos preservaron sus tradiciones culturales, incluso antes de la abolición en 1886. Al mismo tiempo, las religiones africanas fueron transmitidas de generación en generación en Cuba, Haití, así como otras islas caribeñas y Brasil. Esas religiones, que poseían una estructura similar, pero no idéntica, fueron conocidas como Lucumí o Regla de Ocha (de origen Yourba), Palo (de Africa central), Vodú en Haiti, entre otras. El termino “Santería” fue utilizdo inicialmente para denominar la fusión de las deidades africanas con santos católicos, especialmente por personas que fueron bautizadas e iniciadas, y que eran honestos practicantes de ambas religiones. Algunas personas ajenas a la prácitca lo han utilizado más tarde de forma indiscriminada y se ha convertido en un término generalizado, tal como el de la “salsa” en la música.[68]

Música ritual africana en Cuba[editar]

Todas las culturas africanas poseían sus tradiciones muiscales individuales, las que han sobrevivido de forma errática hasta el momento presente, no siempre en detalle, pero en un estilo general. Las mejores preservadas son las de las religiones politeístas, cuyos cantos, danzas y otras manifestaciones se han conservado bastante bien, al menos en Cuba. Los antiguos lenguages originales africanos se han preservado, como en la religión Lucumí, mientras que en Africa las lenguas han continuado evolucionando. Lo que verdaderamente unifica a todas las formas genuinas de música africana es la polirritmia en la percusión, el estilo de solista y coro en el canto y las formas típicas de danza, así como la ausencia de instrumentos árabes o europeos.

Rituales Yoruba, Congolés (Bantú) y Carabalí[editar]

Las tradiciones religiosas de origen africano han sobrevivido en Cuba y constituyen la base de la música ritual, los cantos y las danzas diferentes de los de la música profana o seglar. La religión de origen Yoruba es llamada Lucumí o Regla de Ocha, la de origen congolés es conocida como Palo o Palo-Monte, y la Carabalí se denomina Abakuá o Ñáñigo. También en la región oriental se conservan algunas formas de religión haitiana, las cuales poseen sus propios rituales, música e instrumentos. .[69]

Clave[editar]

Ritmo de clave 3-2 y 2-3.

El patrón rítmico de la “Clave” es utilizado como guía para la organización temporal en géneros de la música afro-cubana, tales como la Rumba, la Conga, el Son, el Mambo, la Salsa, el Jazz Latino, el Songo y la Timba. Este patrón de cinco tiempos (distribuido en grupos de 3 + 2 o 2 + 3 pulsaciones) constituye la estructura esencial de muchos ritmos afro-cubanos.[70] Así como una piedra angular sostiene la estructura de un arco, el patrón de la Clave mantiene la cohesióan rítmica en la música afro-cubana.[71] El patrón de la Clave se origina en las tradiciones de la música sub-sahariana. El patrón se encuentra también en las músicas de la diáspora africana, en la percusión del Vodú haitiano, y la música afro-brasileña. El patrón de la Clave es también utilizado en la música norteamericana como motivo rítmico u ostinato, o simplemente como ornamentación.

Comparsa[editar]

En Cuba, el término “Comparsa” se refiere a los grupos organizados por los Cabildos de Nación (ver Herencia Africana – Organización subsiguiente) que participaban en el carnaval autorizado por las autoridades españolas el “Día de Reyes”, durante el período colonial. La Conga es de origen africano y se deriva de las celebraciones callejeras de los espíritus. En el pasado, las Congas fueron prohibidas durante ciertos períodos de tiempo. El Carnaval fue cancelado en su totalidad por el gobierno revolucionario de Cuba durante muchos años, y todavía no se lleva a cabo con la regularidad que antes se acostumbraba. Las Congas son ejecutadas en Comparsas de todo tipo. En Santiago de Cuba y La Habana la celebraciónd del Carnaval constituía un evento de gran importancia, y por lo menos dos géneros de canción-danza deben su origen a este popular evento: La Conga como adaptación de la música y danza de la Comparsa a otro tipo de eventos sociales . A Eliseo Grenet se le acredita el origen de éste género,[12] , pero fue la orquesta Lecuona Cuban Boys la que lo llevó a través de todo el mundo. La Conga fue, y quizás siga siendo, el estilo de música y danza cubana más conocido en el extranjero.

Mozambique es un tipo de música de Comparsa creado en 1963 por Pedro Izquierdo (conocido como Pello el Afrokan). Este género tuvo su mejor momento en 1965, pero pronto decayó y fue totalmente olvidado. Aparentemente, para poder ejecutarlo correctamente era necesaria la participación de 16 tamboreros, más otros percusionistas, instrumentos de viento metal y algunos bailarines.[72]

Tumba Francesa[editar]

Los inmigrantes franco-haitianos que escaparon de la revolución durante finales del siglo XVIII se asentaron en la provincia de Oriente y establecieron su propio estilo de musica afro-haitiana conocida como Tumba Francesa, en la cual utilizan sus propios tipos de tambor, así como sus cantos y danzas. Este género representa el más antiguo y tangible enlace a la herencia afro-haitiana en la provincia de Oriente en Cuba, el cual se desarrolló a partir de una fusión de la música tradicional francesa y la de Dahomey en el Oeste de Africa. Este género fósil ha sobrevivido hasta nuestros tiempos en Santiago de Cuba y Haití, ejecutado por grupos folclóricos especializados.

Contradanza cubana[editar]

La Contradanza cubana es una importante precursora de otras diversas danzas populares. Esta llegó a Cuba durante el siglo XVIII desde Europa, donde había surgido primeramente como la “country dance” inglesa, y después como la “contredance” francesa. El origen del nombre es una variante del término en inglés. Según el Oxford English Dictionary: “La teoría de Littré de que ya existía una contradanza francesa en el siglo XVII, con la cual el término en ingles se confundía y se utilizaba paralelamente no es sostenible; no se ha encontrado ninguna traza de este nombre en Francia antes de su aparición como una adaptación del inglés. Pero nuevas danzas de este tipo fueron creadas en Francia e introducidas después en Inglaterra con el nombre afrancesado.”[73] Manuel Saumell compuso más de cincuenta contradanzas cubanas (en 2/4 y en 6/8), en las cuales demostró una sorprendente inventiva tanto rítmica como melódica.

La Contradanza es una danza de grupo, cuyas figuras se ajsutan a un patrón predeterminado. La selección de las figuras para una danza en particular era determinada por un Maestro de Ceremonias o Guía de la danza. Su forma estaba compuesta por dos partes de 16 compases cada una, que eran baliadas en forma de hileras dobles o grupos. El tempo y el estilo de la música era bastante rápido y alegre.

La primera versión criolla Cubana de una Contradanza apareció publicada en La Habana en 1803 y fue nombrada "San Pascual Bailón". Esta versión muestra por primera vez el conocido ritmo de "Tango" o "Habanera" que la diferencia de la contradanza Europea. Los cubanos desarrollaron una serie de versiónes criollas de las figuras, como paseo, cadena, sostenido y cedazo. La criollización de la contradanza es un ejemplo temprano de la influencia de las tradiciones africanas en el Caribe. La mayoría de los músicos cubanos eran negros o mulatos (incluso a principios de siglo XIX había muchos esclavos libres y mestizos que vivían en las poblaciones de Cuba). Según un comentario de la Condesa de Merlin en 1840: "Las mujeres de La Habana tienen una furioso apetito por el baile, y pasan noches enteras elevadas, agitadas, como locas y derramando sudor hasta que caen exhaustas." [74]

Ritmo de Tango o Habanera. Acerca de este sonido Play

La Contradanza suplantó al Minuet como la danza más popular desde 1842, y dio paso a la Habanera, un estilo de canción basada en el mismo ritmo y estilo que la Contradanza.[75]

Danza[editar]

Este género, descendiente de la Contradanza cubana, se bailaba tambien en hileras o grupos y era igualmente un ágil estilo de música y danza en ritmo binario o ternario. Un “paseo” reptido de 8 compases era seguido por dos secciones de 16 compases llamadas primera y segunda. Uno de los más famosos compositores de Danzas fue Ignacio Cervantes, cuyas 41 Danzas cubanas son un referente en cuanto al nacionalismo musical. Este tipo de Danza fue eventualmente sustituido por el Danzón, que era, al igual que la Habanera, más lento y tranquilo. [76] Habanera”.

Habanera[editar]

La Habanera se desarrolla a partir de la contradanza durante el siglo XIX. Su principal novedad fue que ésta era cantada, así como tocada y bailada. Escrita en compás de 2/4 se caracteriza por su expresivo y lánguido desenvolvimiento melódico, así como por su ritmo típico, llamado “ritmo de Habanera”.

La danza de la Habanera era más lenta que la de la Danza. Hacia 1840, muchas habaneras fueron compuestas, cantadas y bailadas en México, Venezuela, Puerto Rico, y España. [77] Desde aproximadamente el año 1900 la Habanera ha pasado a ser un género fósil, pero existen famosas composciones posteriores, tales como la habanera Tú de Eduardo Sánchez de Fuentes, que ha sido grabada en múltiples versiones.

El género de la Habanera han aparecido en la música de Ravel, Bizet, Saint-Saëns, Debussy, Fauré y Albeniz. Su ritmo es similar al del Tango, y por consiguiente, algunos piensan que la Habanera es el más directo ancestro del Tango.[78]

Algunas manifestaciones[editar]

Orquesta Típica Flor de Cuba, alrededor de 1850.

La música tradicional o folclórica cubana abarca:

Referencias[editar]

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Véase también[editar]

Videos[editar]

Enlaces externos[editar]