Interseccionalidad

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Opresiones y privilegios según Patricia Hill Collins.

La interseccionalidad es un enfoque que subraya que el género, la etnia, la clase u orientación sexual, como otras categorías sociales, lejos de ser “naturales” o “biológicas”, son construidas y están interrelacionadas.[1]​ Es el estudio de las identidades sociales solapadas o intersectadas y sus respectivos sistemas de opresión, dominación o discriminación. La teoría sugiere y examina cómo varias categorías biológicas, sociales y culturales como el género, la etnia, la clase, la especie, la discapacidad, la orientación sexual, la religión, la casta, la edad, la nacionalidad y otros ejes de identidad interaccionan en múltiples y a menudo simultáneos niveles. La teoría propone que debemos pensar en cada elemento o rasgo de una persona como unido de manera inextricable con todos los demás elementos, para poder comprender de forma completa la propia identidad.[2]​ Este marco puede usarse para comprender cómo ocurre la injusticia sistemática y la desigualdad social desde una base multidimensional.[3]

Del latín “intersectĭon”, palabra hace alusión a un punto de encuentro o cruce de dos líneas.[4]

Conceptos básicos[editar]

La interseccionalidad mantiene que las conceptualizaciones clásicas de opresión en la sociedad –como el racismo, el colorismo, el sexismo, el especismo, el capacitismo, la homofobia, la transfobia, la xenofobia y todos los prejuicios basados en la intolerancia– no actúan de manera independiente, sino que estas formas de exclusión están interrelacionadas, creando un sistema de opresión que refleja la intersección de múltiples formas de discriminación.[5]

Intersección

La interseccionalidad es un paradigma importante en el ámbito académico, ampliando los conceptos de justicia social o demografía, aunque a su vez puede dificultar el análisis al incluir múltiples conceptualizaciones que explican el modo con que se construyen categorías sociales y su interacción para formar una jerarquía social.[6]​ La interseccionalidad surge como un cruce de caminos, que se vuelve una representación muy elocuente y didáctica para entender la multiplicidad de identidades y posibilidades no sólo de exclusión sino también de agencia de una persona o unos grupos sociales determinados. De esa mirada sobre la encrucijada surgen cuestiones como si hay algunas desigualdades más importantes que otras, si algunas son más estructurales o minoritarias, etc. Por ejemplo, la interseccionalidad sostiene que no hay ninguna experiencia singular propia de una identidad. En lugar de entender la salud de las mujeres solamente a través del género, es necesario considerar otras categorías sociales, como la clase, la discapacidad, la nacionalidad o la etnia para entender por completo la gama de problemas de salud de las mujeres.

La teoría de la interseccionalidad también sugiere que lo que parecen ser formas discretas de expresión y opresión están moldeadas por otras en una relación mutuamente constitutiva (como negro/blanco, mujer/hombre, humano/no-humano u homosexual/ bisexual/heterosexual).[7][8]​ De manera que para comprender la racialización de los grupos oprimidos, se deben investigar las maneras en las que las estructuras racializadoras, los procesos sociales y las representaciones sociales (o las ideas implicadas en representar grupos y los miembros de los grupos en la sociedad) están conformadas por el género, la clase, la sexualidad, etc. [9]​ Aunque la teoría comenzó como una exploración de la opresión de las mujeres de color en la sociedad estadounidense, hoy el análisis tiene el potencial de ser aplicado a todas las categorías, por lo tanto el concepto ha evolucionado más como la representación de la maraña una figura tridimensional que alude al lío, a la ruptura con los binarismos y las miradas lineales y que permite introducir la complejidad necesaria para concebir tanto las identidades como los privilegios.

Privilegios y discriminaciones

El concepto se puede entender como un estudio sobre las relaciones de poder, que incluyen también vivencias que pueden ser señaladas como “abyectas”, o “pertenecientes a los márgenes”, o “disidentes”. Sin embargo, también sirve para teorizar el privilegio y cómo los grupos dominantes organizan estrategias de poder (conscientes o no) para preservar su posición de supremacía.

Trasfondo histórico de la teoría de la interseccionalidad[editar]

El estudio histórico comprensivo del desarrollo de la teoría de la interseccionalidad ya ha sido documentado. A partir de la escasa documentación existente, se sabe que el concepto de interseccionalidad se situó en primera línea de los círculos sociológicos entre finales de los años sesenta y los comienzos de los setenta, junto con el movimiento feminista multirracial. El concepto surge con el manifiesto del Combahee River Collective, en Boston 1977, junto con el movimiento feminista multirracial y se desarrolla ampliamente en los años 80 y 90 hasta la actualidad. La labor del grupo norteamericano “Combahee River Collective”, con miembros como Cessie Alfonso, Cheryl Clarke, Demita Frazier, Gloria Akasha Hull, Eleanor Johnson, Audre Lorde, Chirlane McCray, Margo Okazawa Rey, Sharon Page Ritchie, Barbara Smith, Beverly Smith, etc. Este colectivo escribió “Un manifiesto feminista Negro” (Combahee River Collective, 1977/1981), que constituye un referente fundamental en el análisis de la forma en que las diferentes formas de discriminación se entrelazan, lo que permitió que enunciara esa “simultaneidad de opresiones”. Es en la tercera Ola del Feminismo, movimiento que comenzó en EE.UU. en los 90, cuando Rebecca Walker, escritora, activista política y editora afrodescendiente, utilizó por primera vez el término “tercera ola” en sus escritos[10]​. Y cuando la profesora acuñó el término interseccionalidad, las mujeres negras, lesbianas, latinas, transexuales y veganas, entre otras, ya discutían sobre las opresiones múltiples y reivindicaban sus derechos hacía mucho tiempo.

Surgió como parte de la crítica del feminismo radical que se había desarrollado a finales de los sesenta conocida como teoría feminista revisionista. Esta teoría feminista revisionista puso en duda la idea de que el género fuese el factor primario que determina el destino de una mujer.[11]​ El movimiento liderado por mujeres negras discutió la idea de que las mujeres fuesen una categoría homogénea que compartía esencialmente las mismas experiencias de vida. Este argumento era el resultado de la visión de que las mujeres blancas de clase media no servían como una representación precisa del movimiento feminista como un todo. Reconociendo que las formas de opresión experimentadas por las mujeres blancas de clase media era diferentes de las experimentadas por las mujeres negras, pobres o discapacitadas, las feministas trataron de comprender las formas en las que el género, la raza y la clase se combinaban para determinar el destino femenino.[11]

Leslie McCall, una de las principales teóricas de la interseccionalidad, arguye que la introducción de la teoría de la interseccionalidad fue vital para la sociología, y afirma que antes de su desarrollo, había poco investigado en relación directa con las experiencias de la gente que es objeto de múltiples formas de subordinación dentro de la sociedad.[12]


Críticas a la interseccionalidad[editar]

Hay una crítica que derivada de los dilemas sobre la imposibilidad de ponerla en práctica la da ya por una apuesta “pasada de moda” (Taylor, Hines y Casey, 2010), quizás apuntando a las limitaciones de algunas de las miradas interseccionales como la metáfora del “cruce de caminos”.

¿Se puede llevar a la práctica, o es sólo teoría? Esta es una cuestión de orden metodológico y no tiene una única respuesta, porque no hay una sola metodología para estudiar la interseccionalidad. Sí existen diferentes intentos plurales de generar metodologías críticas que desarrollan la interseccionalidad[13]​ . Algunas propuestas provienen de las teorías críticas feministas, antirracistas, sobre la diversidad funcional, la sexualidad o las apuestas decoloniales. Son ámbitos donde ya se ha superado la pregunta de si existe “una investigación feminista” o si hay un conjunto plural de aproximaciones a este efecto, optando por esta última perspectiva (Harding, 1987). Por otra parte, hay abordajes que tratan de identificar privilegios, o bien fuentes de exclusión social, la interacción entre desigualdades sociales, las ausencias y los problemas que no se estudian, por ejemplo, y que podríamos entender dentro de este conjunto de metodologías interseccionales.

La verdadera dificultad para abordar la complejidad que supone el concepto de la interseccionalidad, más allá de la noción intuitiva de la “doble discriminación”, así como para entender que las identidades son construcciones dinámicas, ligadas a ciertos “organizadores sociales” o desigualdades. La interseccionalidad es un concepto que sirve como herramienta para explorar las categorías analíticas con las que construimos la realidad, ya que a menudo existen falsos consensos sobre qué quieren decir. Preguntarnos por las categorías implica cuestionar la naturalización de la existencia de un sujeto hegemónico del que, a menudo, no nos ocupamos en analizar y evidenciar. Implica argumentar que no se trata de procesos “naturales” sino de procesos sociales y culturales, lo que nos lleva a cuestionar las categorías que usamos cotidianamente y analizar qué significan. Al tomar categorías concretas, la tarea consistiría en entender qué significados implícitos encierran estos sustantivos, que pueden estar privilegiando a un grupo dentro de la misma categoría el análisis del lenguaje que nos lleva a desmontar los “falsos consensos” y actualizarlos, fijándonos en las cuestiones que se naturalizan y se dan por hechas (¿la idea de mujer implica necesariamente su heterosexualidad?). Así, se hace evidente que estas categorías no son ni tan monolíticas ni tan universales como se pretende. En este proceso, se evidencia que las identidades no son tan estables y fijas como pensamos y han de entenderse en relación a otras formas estructurales de desigualdad. Esta mirada dinámica y relacional es compleja, en la medida en que nos confronta con nociones menos elaboradas de la identidad y de los procesos sociales. Además, incluso cuando aparecen dos situaciones identificables, por ejemplo, mujeres gitanas o mujeres con diversidad funcional, esta mirada atenta sobre las desigualdades no siempre conlleva un análisis de qué otras formas de desigualdad u organización social están aludidas por las anteriores y cómo se articulan mutuamente. Este sería el caso de la clase social, la sexualidad y el acceso a la cultura, entre otras, que tanto para las mujeres con diversidad funcional están directamente aludidas e imbricadas en sus posibilidades vitales, por seguir con el ejemplo anterior.

La tercera cuestión es la invisibilidad que contiene la formulación misma de algunas realidades, que son inconcebibles precisamente por la rigidez de las categorías sociales y los “atajos conceptuales” que implican. También alude a la ausencia de algunos sujetos, que nunca están presentes en la discusión, porque no tienen el reconocimiento necesario como para ser considerados “sujetos” políticos o ser parte del debate social. Para ilustrar esta idea utilizaré un ejemplo: la violencia en parejas del mismo sexo, en concreto, la violencia en parejas de lesbianas. Esta articulación múltiple, que además, debe ser analizada en su interacción dificulta que se piense en la violencia que una mujer ejerce sobre otra como algo similar a la violencia de un hombre sobre una mujer, que obviamente, surge en un entorno que legitima la violencia machista pero que relega la “violencia intragénero” a un lugar donde no es inteligible. Por tanto, el sujeto no existe (ni la lesbiana que ejerce la violencia ni quien la recibe), ni genera movilización específica ni acciones públicas suficientemente visibles, o se convierte en algo anecdótico.

La última clave relevante para un análisis interseccional proviene de las metodologías feministas, como las que propone Donna Haraway, señalando la importancia de situar a quien mira los problemas sociales. Es decir, entender la posición situada de quienes interrogamos la realidad desde diferentes frentes, ya seamos activistas, académicos, protagonistas, etc., supone poner sobre la mesa nuestros propios sesgos e intereses, que contribuirán a hacer una aproximación más honesta y donde ya no se pretende generar una “única” interpretación. Esta cuestión del sujeto situado está ya suficientemente explorada en la literatura académica y activista, por lo que no entraré más en profundidad en su explicación.

Discriminación múltiple[editar]

En la Unión Europea y en España se refieren a este concepto también como discriminación múltiple[14]​. La discriminación múltiple fue reconocida por el Parlamento Europeo en su resolución de 2 de abril de 2009 y marca una serie de procedimientos para su detección.

“Los Estados miembros deben consolidar el marco jurídico vigente de la UE esforzándose para adoptar la propuesta de Directiva por la que se aplica el principio de igualdad de trato entre las personas independientemente de su religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual, en particular aclarando el ámbito de aplicación y los costes asociados de sus disposiciones.”[15]

El origen del concepto de discriminación múltiple se encuentra en una serie situaciones en que la coexistencia de varios motivos de discriminación que operaban conjuntamente dejaba en una situación de invisibilidad supuestos claros de discriminación porque los mecanismos tradicionales para identificar tales supuestos y luchar contra ellos resultaban inadecuados. Así, por ejemplo, es paradigmático el caso de unas mujeres de raza negra que plantearon una demanda contra su empresa por considerar que las había discriminado por razón de sexo y raza conjuntamente al no haberlas ascendido o al no haberlas contratado. El tribunal resolvió afirmando que no existía discriminación por razón de género pues la misma empresa había ascendido y contratado a otras mujeres, de raza blanca, y aconsejaba presentar otra demanda solo por discriminación por raza. Sin embargo, bien pudiera ser que tampoco considerando el factor raza se apreciara la existencia de discriminación pues otros hombres negros hubieran sido contratados o ascendidos. En efecto, al considerar aisladamente los motivos de discriminación, el fenómeno discriminatorio es indetectable pues no se discrimina ni a las mujeres ni a los negros en general sino a las mujeres negras en particular. La experiencia de las mujeres negras no coincide ni con la de las mujeres ni con la de los negros. Otras veces se produce una situación paradójica pues la protección de determinadas minorías para evitar precisamente discriminaciones en su contra, perpetúa situaciones de discriminación que practica dicha minoría versus un grupo minoritario dentro de ella. Así sucede, por ejemplo, con las mujeres musulmanas en la India donde el Gobierno con la intención de preservar las costumbres y la cultura musulmanas, minoritaria en el país, mantiene una postura no intervencionista en ese grupo social permitiendo que se rija en buena medida por sus propias reglas lo cual supone el mantenimiento de una normativa claramente discriminatoria para la mujer musulmana. La experiencia de estas no coincide ni con la de las mujeres en general ni con la de los musulmanes en general sino que son discriminadas por su condición de mujeres musulmanas. El factor género y religión deben considerarse conjuntamente pues de lo contrario no se comprende el fenómeno discriminatorio. En este contexto pues surge el concepto de discriminación múltiple como un supuesto de discriminación en que operan varios motivos de discriminación conjuntamente. Pese a que el fenómeno está detectado en la realidad social, su regulación legal es todavía muy tímida y consiste más en referencias al término que a la definición de su concepto o su régimen jurídico. En este trabajo se propone una definición de la figura de la discriminación múltiple así como de su régimen jurídico teniendo en cuenta las necesidades y características de nuestro ordenamiento. Artículo 14CE

En nuestro ordenamiento, tampoco encontramos jurisprudencia que aprecie la existencia de discriminación múltiple cuando podría hacerlo. Así, la doctrina lo pone de relieve en relación, por ejemplo, a la STC 69/2007, de 16 de abril, donde se analiza el caso de una mujer gitana que vio como le denegaban la pensión de viudedad por haber contraído matrimonio por el rito gitano no reconocido por la ley28. En efecto, la discriminación no se hubiera sufrido por una mujer paya que hubiera contraído matrimonio católico, único válido en aquel momento. Tampoco se hubiera sufrido normalmente por un hombre gitano pues aunque en el plano teórico podría haberla solicitado y se le habría denegado por el mismo motivo, en la mayor parte de los casos pocos hombres cumplen los requisitos para solicitar la pensión. Por ello, la demandante vio denegada su solicitud por ser mujer y por ser gitana a la vez.

Notas[editar]

  1. Platero Méndez, Raquel (Lucas) (31 de mayo de 2014). «Metáforas y articulaciones para una pedagogía crítica sobre la interseccionalidad». Quaderns de Psicologia 16 (1). ISSN 2014-4520. doi:10.5565/rev/qpsicologia.1219. Consultado el 20 de enero de 2019. 
  2. (en inglés) DeFrancisco, Victoria P.; Palczewski, Catherine H. (2014). Gender in Communication. Thousand Oaks, California: Sage. p. 9. ISBN 978-1-4522-2009-3. 
  3. (en inglés) Crenshaw, Kimberle (1 de enero de 1989). «Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics». The University of Chicago Legal Forum 140: 139-167. 
  4. Definiciona. «Significado y definicion de intersección, etimologia de intersección». Consultado el 20 de enero de 2019. 
  5. (en inglés) Knudsen, Susanne V., Intersectionality – a theoretical inspiration in the analysis of minority cultures and identities in textbooks, archivado desde el original el 14 de abril de 2008, consultado el 11 de diciembre de 2006  |archiveurl= y |urlarchivo= redundantes (ayuda); |archivedate= y |fechaarchivo= redundantes (ayuda)
  6. (en inglés) Browne, Irene; Misra, Joya. «The intersection of gender and race in the labor market». Annual Review of Sociology (Annual Reviews) 29: 487-513. 
  7. (en inglés) Somerville, Siobhan B. (1 de octubre de 2012). Queering the Color Line. Duke University Press.  (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  8. Lo normal no tiene nombre.
  9. (en inglés) Meyer, Doug (December 2012.). «An intersectional analysis of lesbian, gay, bisexual, and transgender (LGBT) people's evaluations of anti-queer violence». Gender & Society (SAGE Publications) 26 (6): 849-873. 
  10. Afrofeminas (17 de agosto de 2017). «La interseccionalidad es negra». Afroféminas. Consultado el 20 de enero de 2019. 
  11. a b hooks, bell. Feminist Theory: From Margin to Center. 2nd. Cambridge, Massachusetts: South End Press, 1984
  12. McCall, Leslie. "The Complexity of Intersectionality." Journal of Women in Culture and Society 30.02005 1771-1800. 26 de noviembre de 2007 http://www.journals.uchicago.edu/doi/pdf/10.1086/426800
  13. Heredia Moreno, M.ª Del Carmen; López-Yarto Elizalde, Amelia (30 de septiembre de 1998). «La Cruz de Santorcaz (Madrid), una obra desconocida del platero complutense Gaspar de Guzmán». Archivo Español de Arte 71 (283): 259-272. ISSN 1988-8511. doi:10.3989/aearte.1998.v71.i283.706. Consultado el 20 de enero de 2019. 
  14. «Discriminación múltiple». 
  15. «INFORME sobre la hoja de ruta de la UE contra la homofobia y la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género - A7-0009/2014». www.europarl.europa.eu. Consultado el 20 de enero de 2019. 

Selección bibliográfica[editar]

  • Intersecciones. Cuerpos y sexualidades en la encrucijada, Raquel (Lucas) Platero editora. Varias autoras. Ed. Bellaterra, 2013.
  • Race, Class and Gender: An Anthology, ISBN 0-534-52879-1, co-edited by Patricia Hill Collins and Margaret Andersen, 1992, 1995, 1998, 2001, 2004, 2007
  • Black Feminist Thought: Knowledge, Consciousness and the Politics of Empowerment, ISBN 0-415-92484-7, by Patricia Hill Collins, 1990, 2000
  • Crenshaw, Kimberlé W. (1991). Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence against Women of Color, Stanford Law Review, Vol. 43, No. 6., pp. 1241–1299.
  • Collins, P.H. (2000). Gender, Black Feminism, and Black Political Economy. Annals of the American Academy of Political and Social Science, 568. 41-53.
  • Collins, P.H. (1986). Learning From the Outsider Within: The Sociological Significance of Black Feminist Thought. Social Problems, 33 (6). S14-S32.
  • Collins, P.H. (1998). The tie that binds: race, gender, and US violence. Ethnic and Racial Studies, 21 (5).
  • Mann, S.A. & Kelley, L.R. (1997). Standing at the Crossroads of Modernist Thought: Collins, Smith, and the New Feminist Epistemologies. Gender and Society, 11(4). 391-408.
  • Mann, S.A & Huffman, D.J. (2005). The Decentering of Second Wave Feminism and the Rise of the Third Wave. Science and Society, 69 (1). 56-91.
  • Ritzer, G. (2007). Contemporary Sociological Theory and Its Classical Roots: The Basics. Boston: McGraw-Hill.
  • Siltanen, J. & A. Doucet (2008) Gender Relations in Canada: Intersectionality and Beyond. Toronto: Oxford University Press

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]