Ciencia y tecnología en Chile

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La ciencia y tecnología en Chile es dirigida por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica.

Historia[editar]

Los orígenes de la física en Chile se remontan a las cátedras de física experimental impartidas por Juan Martínez de Rosas entre 1781 y 1783 en el Colegio San Carlos, también denominado Colegio Carolino.[1]

Posteriormente, con la inauguración del Instituto Nacional el 10 de agosto de 1813, comenzaron a impartirse clases, dieciocho cátedras de las que una correspondía a física experimental. Ésta era dictada por el presbítero José Alejo Bezanilla y se enseñaba dentro del curso de Ciencias Naturales.[1]​ Luego del desastre de Rancagua, el jefe militar realista Mariano Osorio asumió el mando del país con el título de gobernador, tras lo cual se abolieron todas las iniciativas republicanas decretadas por José Miguel Carrera y Bernardo O'Higgins, y se restauraron las instituciones de gobierno, administrativas y judiciales de la Colonia.[2]​ Entre estas iniciativas se contaba el Instituto Nacional.

De acuerdo a Flavio y Claudio Gutiérrez, uno de los primeros científicos en hablar sobre el desarrollo de la ciencia en Chile fue el jesuita Juan Ignacio Molina,[3]

Los chilenos harían progresos notables en las ciencias útiles, como los han hecho en las metafísicas que se les enseñaba, si tuvieran los estímulos y medios que se hallan en Europa. Pero los libros isntructivos y los instrumentos científicos se encuentran allí rara vez o se venden a precios exhorbitantes.

Juan Ignacio Molina.

Desarrollo[editar]

En biotecnología destaca el bioquímico Pablo Valenzuela, quien participó en la creación de la vacuna contra el virus de la hepatitis B, el descubrimiento del virus de la hepatitis C y el desarrollo de un proceso para producir insulina humana a partir de levaduras; además, bajo su dirección, científicos clonaron y secuenciaron el virus del sida.[4]

En física destaca Francisco Duarte.

En tecnología destaca Sôki, un automóvil eléctrico.[5]

Astronomía en Chile 1849-2010[editar]

La primera actividad astronómica científica en Chile de la cual se tiene antecedentes ocurrió en 1849 con la llegada de James Melville Gillis a Santiago. Provisto de presupuesto para instalar un pequeño observatorio en el Cerro Santa Lucía, situó sobre una casa de madera los instrumentos y materiales de trabajos necesarios para realizar observaciones astronómicas, estableciendo así el primer centro astronómico de Sudamérica. Andrés Bello, rector de la Universidad de Chile, se interesó en la labor de este grupo de científicos y consiguió que algunos estudiantes de la universidad trabajaran en el proyecto. A su vez, y producto de un decreto dictado por el Presidente Bulnes, se incorporaron al equipo tres profesores del Instituto Nacional: José Ignacio Valdivia, Francisco Fierro Talavera y Gabriel Izquierdo.

La misión terminó a principios de 1852, y uno de sus principales resultados fue la elaboración de un catálogo de estrellas situadas entre el polo sur y los 30 grados de latitud austral. Ignacio Domeyko, interesado por las investigaciones astronómicas que Gillis y su equipo realizaban en Chile, propuso en 1850 la compra del observatorio del Cerro Santa Lucía. Dos años más tarde, en 1852, y por medio de un Decreto del Presidente Manuel Montt, el Estado chileno adquirió el observatorio, inaugurado como el observatorio Observatorio Astronómico Nacional (OAN). Su primer director fue Carlos Guillermo Moesta, quien lo trasladó dos años después a la Quinta Normal de Agricultura. A partir del año 1927, el Observatorio pasó a formar parte de la Universidad de Chile, hito que marcó el inicio de la profesionalización y academización de la astronomía en Chile.

Por otra parte, a fines del siglo XIX, el astrónomo estadounidense William W. Campbell decidió instalar en Chile un observatorio con el fin de obtener las velocidades radiales de las estrellas brillantes. El lugar elegido para dicha investigación fue el Cerro San Cristóbal, donde se instaló en octubre de 1903 la cúpula, el telescopio, los espectrógrafos y las oficinas del centro de investigación. Dado el éxito de la misión, que logró catalogar la velocidad de aproximadamente de 10.000 espectros de estrellas australes, se extendió el plazo de trabajo de 3 a 24 años, finalizando la misión en 1927. Un año después de terminados los trabajos de William W. Campbel, don Manuel Foster Recabarren compró las instalaciones y las donó a la Pontificia Universidad Católica de Chile, institución que mantiene el Observatorio Astronómico Manuel Foster a su cargo hasta el día de hoy. El año 2010, debido a su gran valor histórico, este observatorio fue nombrado Monumento Histórico Nacional.

A partir del año 1950, en gran medida gracias a la gestión del astrónomo y del entonces director del OAN, Federico Rutllant, comenzó un periodo de desarrollo sostenido para la astronomía en Chile. Este cambio se debió en parte a la divulgación a nivel mundial de las cualidades geográficas y climáticas de Chile, que situaron a Chile como un lugar ideal para instalar grandes observatorios. En este contexto importantes centros de investigación internacional establecieron observatorios en Chile. Entre estos destacaron el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo, y el Observatorio La Silla, ambos inaugurados en 1969. Además dos de las instituciones astronómicas más importante del mundo, la Organización Europea para la Investigación Astronómica (ESO)-, y la Asociación de Universidades para la Investigación en Astronomía de Estados Unidos (AURA), instalaron sus observatorios en Chile.

Por su parte, el desarrollo académico de la astronomía en Chile se inició formalmente en 1965 con la creación del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, dependiente de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. Posteriormente durante la década de del 90 se sumaron a esta iniciativa la Universidad de Concepción y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

A su vez la astronomía ha concentrado importantes Premios Nacionales de Ciencias, en donde distinguidos científicos se han destacado por el desarrollo de importantes estudios, por su actividad docente, y por la creación de importantes centros de estudios.

Durante las últimas décadas se han instalado en el país importantes observatorios y centros de investigación astronómica. Por ejemplo, en 1999 se estableció en la II Región, el telescopio óptico VLT de Paranal. De 8,2 metros de diámetro, se convirtió en el telescopio más grande del hemisferio sur.[6]

Instituciones[editar]

Actividades[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Gutiérrez Gallardo, Claudio, y Flavio Gutiérrez Albornoz (julio-diciembre de 2006). «Física: Su trayectorio en Chile (1800-1960)». Historia (Instituto de Historia) (39): 478-496. ISSN 0073-2435. Consultado el 18 de abril de 2015. 
  2. Memoria Chilena. «La reconquista española (1814-1817)». Memoria Chilena. Consultado el 30 de marzo de 2015. 
  3. Gutiérrez, Flavio, y Claudio Gutiérrez (2008). Forjadores de la Ciencia en Chile (1.ª edición). RIL Editores. p. 26. ISBN 978-956-284-635-6. Consultado el 11 de abril de 2015. 
  4. Thisischile (22 de agosto de 2009). «Pablo Valenzuela Valdés» (ASPX) (en inglés y español). Consultado el 1 de noviembre de 2012. 
  5. http://www.emol.com/noticias/Tecnologia/2015/10/07/753410/La-historia-de-Soki-el-primer-auto-electrico-desarrollado-en-Chile.html
  6. Memoria Chilena. «Astronomía en Chile (1849- 2010)». Memoria Chilena. Archivado desde el original el |urlarchivo= requiere |fechaarchivo= (ayuda). Consultado el 19 de agosto de 2016.