Reconquista de Sevilla

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Reconquista de Sevilla
Reconquista Española
Rendición de Sevilla a Fernando III.jpg
Axataf entregándole las llaves de Sevilla a Fernando III. Pintura de Francisco Pacheco. Siglo XVII.
Fecha Agosto de 1247-Noviembre de 1248
Lugar Sevilla y San Juan de Aznalfarache
Coordenadas 37°22′42.03″N 5°59′44.84″O / 37.3783417, -5.9957889


Coordenadas: 37°22′42.03″N 5°59′44.84″O / 37.3783417, -5.9957889
Causas Recuperación de territorios antaño cristianos y dominados por los musulmanes desde el siglo VIII
Conflicto Asedio de 14 meses
Resultado Victoria decisiva de las tropas castellanas
Consecuencias Pérdida de los almohades de Isbilya, una de una de las ciudades más importantes en Al Ándalus.
Cambios territoriales Sevilla y su entorno pasan al dominio cristiano
Beligerantes
Banner of arms crown of Castille Habsbourg style.svg Reino de Castilla. España
Cross of Saint James.svg Orden de Santiago
Templ.jpg Caballeros Templarios
Flag of the Sovereign Military Order of Malta.svg Orden de Malta
Badge of the Order of Calatrava.svg Orden de Calatrava
Flag of Almohad Dynasty.svg Ciudad de Isbilya
Flag of Morocco 1258 1659.svg Flota benimerí
Comandantes
Fernando III el Santo
Infante Alfonso, futuro Alfonso X
Almirante Bonifaz
Garci Pérez de Vargas
Maese Pelay Correa
Maese Fernándo Ordóñez
Maese Pero Yáñez
Conde de Besalú
Micer Ubaldo
Olivier de Burdeos
Domingo Poto
Axataf
Fuerzas en combate
*Caballeros:
100 ricoshombres o infanzones
200 caballeros de linaje
280 de la Orden de Santiago
200 de la Orden de Calatrava
200 de la Orden de Alcántara
250 de la Orden de San Juan
100 de la Orden del Temple
100 catalanes y aragoneses
12 italianos
50 franceses
50 escoceses
*Peones:
9780 peones que acompañan a los caballeros
7000 de las milicas concejiles
6.400 de tropas profesionales
*Gente de mar:
350 hombres de dotaciones de los barcos traídos por Bonifaz
Total de hombres: 25.802 + Tropas del Rey de Granada, del Infante de Niebla y del Infante de Murcia
3.000 hombres de la Guarnición Sevillana
9.000 hombres de las tropas mauritanas, argelinas y marroquíes de las ciudades del contorno replegadas a Sevilla
20.000 hombres de paisanaje armado
20.000 hombres del Rey de Niebla y de Jerez que atacan desde el Aljarafe a las tropas cristianas
Total de hombres: 47.000
Reconquista de Sevilla por la parte Sureste en una maqueta del Museo Histórico Militar de Sevilla
Reconquista de Sevilla desde el Oeste
Reconquista de Sevilla desde el Este

La Reconquista de Sevilla tuvo lugar entre agosto de 1247 y el 23 de noviembre de 1248 por parte de las tropas cristianas de Fernando III de Castilla. La ciudad se encontraba bajo el dominio musulmán del caid Axataf.

Historia[editar]

En el Al-Ándalus del siglo XIII las dos ciudades principales eran Córdoba y Sevilla. Fernando III había tomado Córdoba en 1236 y Jaén en 1246. En ambas ciudades procedió a la expulsión de los musulmanes, cosa que también haría en Sevilla.

Fernando reunió en un Consejo a sus capitanes y a los maestres de las Órdenes Militares y decidieron dirigir sus esfuerzos hacia la ciudad de Sevilla, que tenía más de 7 kilómetros de murallas. Para tomarla tuvieron que ponerse de acuerdo con el rey de Aragón, Jaime I, y el rey de Granada, Alhamar, reino que había acordado ser feudo de Castilla tras la toma de Jaén, y se decidieron las fronteras con los reinos de Valencia y Murcia. Todo el invierno de 1246 Don Fernando lo pasa en Jaén, habiendo dejado en Alcalá de Guadaíra a Don Rodrigo Álvarez y en el Aljarafe al Maestre de la Orden de Santiago. Todo el verano lo dedica a hacer planes de guerra. Organiza un poderoso ejército, incomparable con cualquier otro de la Edad Media. Un centenar de generales y varios centenares de famosos caudillos. Entre los miembros de este ejército destacan: Don Pelay Correa, Maestre de la Orden de Santiago, Don Fernando Ordóñez, maestre de la Orden de Calatrava, Don Pedro Yáñez, maestre de la Orden de Alcántara, Don Pedro Álvarez Avito, Maestro de la Orden del Temple, Don Fernán Royz, maestre de la Orden de San Juan, López de Haro, el Almirante Ramón de Bonifaz, Alfonso Téllez, el infante Don Fadrique, el príncipe Don Alfonso y, junto a ellos, gran cantidad de nobles de Castilla y León y los concejos de ambos reinos. El Obispo Jiménez de Rada realizó gestiones en Roma, obteniendo una bula de Cruzada del Papa Inocencio IV, en 1246,[1] gracias a la cual España tuvo apoyo económico y militar de franceses, alemanes e italianos. El 15 de marzo de 1247 el Papa decretará otra bula por la cual las iglesias de Castilla y León deben aplicar las tercias de fábrica en los gastos de esta guerra.[2]

Al ser Sevilla una ciudad con río navegable, Fernando hace venir a Jaén a Ramón Bonifaz, para ayudarse de una flota en la toma de la ciudad, al igual que había hecho eficazmente en la ciudad de Cartagena. Fernando III encargó esta flota al Almirante Ramón de Bonifaz, que armó los barcos y consiguió tripulación en Cantabria, en los puertos de Castro Urdiales, Laredo, San Vicente de la Barquera y en Santander. La flota también contó con los marinos vascos al mando de Diego López de Haro y gallegos al mando de Paio Gómez Charino. Reunió 13 naves, movidas a vela, y 5 galeras, movidas a remo. Bonifaz dispuso las dos naves más robustas para embestir el puente. Una era la Carceña, comandada por el propio Bonifaz, y estaba construida en Santander. La otra era la Rosa de Castro, estaba construida en Castro Urdiales y estaba comandada por Ruy González.

En la primavera de 1247 un contingente de distintas partes de la Península y de más allá de los Pirineos se va concentrando en Córdoba. Bonifaz bordea Portugal y el Algarve camino de Sevilla. El contingente, capitaneado por Fernando, parte de Córdoba, yendo en vanguardia las Órdenes Militares, que se irán apoderando de Lora del Río, Alcolea del Río, Reina, Constantina, Setefilla, Tocina, Guillena, Gerena y Cantillana.[3] El monarca sufre tifus y se recupera algo en Guillena y la campaña continúa poniendo sitio a la fortaleza de Alcalá del Río, amurallada por el propio Axataf, que al saber perdida la plaza decidió abandonarla a su suerte dejando a su lugarteniente Abul-Hasan para que resistiera, cayendo ese mismo agosto en manos de los cristianos. Abul Hasan logró escapar con un grueso grupo de caballeros moros y se dirigió a Sevilla. El Consejo de Notables de Sevilla nombraría al joven Abu Nasan, hijo del príncipe almohade Abu Alí, como Jefe de los Creyentes, y por tanto jefe de las fuerzas civiles moras de ciudad. Este tomó la decisión de guarecer con soldados las torres y murallas y dirigir también contingentes al Castillo de Triana y al del Aznalfarache. Fernando continúa su serie de conquistas y tomará Alcalá de Guadaíra y destruyó todo lo que había fuera de las murallas de Carmona para facilitar la rendición de la villa, lo que favoreció que capitularan rápidamente. En otoño de 1247 el control cristiano de la ribera Norte del río Guadalquivir era ya un hecho.

La flota del Almirante fue hasta Sanlúcar de Barrameda, donde venció a las naves musulmanas de benimerines que venían desde Tánger y Ceuta en auxilio de Sevilla. En esos combates la flota cristiana ganó tres galeras, ya que el resto o las hundieron o se dieron a la fuga. La flota remontó el río Guadalquivir haciendo escala en Coria del Río a mediados de agosto de 1247, al tiempo que los soldados de Fernando III tomaban el castillo de Alcalá del Río. El 17 de agosto parte Fernando en busca del Almirante y ambos se reúnen el 15 de agosto en el Vado de las Estacas, a dos kilómetros de Alcalá del Río. Al día siguiente la flota debe ser anclada, por orden de Fernando, a la altura de San Juan de Aznalfarache.

Antes de iniciar la toma de Sevilla era preciso tomar la cercana fortaleza de San Juan de Aznalfarache, cosa que el rey encargó al caballero de la Orden de Santiago Pelay Pérez Correa. Los santiaguistas, con el apoyo de las huestes del Rey de Granada y con el apoyo de la flota, lograron tomar la fortaleza, que además servía para proteger la curva del río a la altura de Tablada y, sin este enclave musulmán, los barcos cristianos eran ya libres de entrar hasta la propia ciudad de Sevilla que, de otro lado, también estaba debidamente fortificada y protegida, incluso en la parte del cauce de su río con la enorme Torre del Oro en una de sus orillas.

El asedio de Sevilla por parte de las tropas cristianas comenzó el 24 agosto de 1247, momento en el que se corta el suministro de agua a la ciudad a través de los Caños de Carmona. Los castellanos levantaron campamentos alrededor de la ciudad: en Tablada (Fernando), en el Aznalfarache (Maestre Santiago Pelay Correa), frente a la Puerta de la Macarena (Diego López de Haro), en el Prado de San Sebastián (Don Lorenzo de Figueroa y Don Garci Pérez de Vargas), cerca del Tagarete (el arzobispo de Santiago Don Arias) y en el Aljarafe (Aben Alhamar, Rey de Granada).[4]

Para terminar con la flota de Bonifaz los musulmanes lanzaron un brulote cargado con fuego griego, pero la flota cristiana logró soportar el ataque y entró en el puerto de Sevilla, encontrándose con una flota musulmana de menor envergadura a la que también pudo derrotar.[3] Después de sucedido esto es cuando llegó la noticia de la toma de Carmona.[4]

Había frecuentes salidas de la caballería musulmana de Sevilla que provocaban el aprovisionamiento de los sitiados y, además, vigilar las 24 horas del día una ciudad tan grande era muy complicado. La ciudad amurallada tenía más de 300 hectáreas, 7.400 metros de murallas, 12 puertas y tres postigos. Era la ciudad más grande que había cercado jamás un contingente cristiano, mucho más grande que grandes villas de la época como Toledo, Córdoba o Valencia. Por esto, pidió que se hicieran expediciones de castigo a la Orden de Santiago por el Aljarafe y las haciendas de la ribera del Guadalquivir, que aún no habían sido sometidas y abastecían a Sevilla con gran ayuda del puente de barcas. Además, desde ese puente podrían entrar suministros desde el Reino de Niebla.

El puente de barcas se encontraba en el barrio de Triana (At-Troyana)[4] de la ciudad. Las barcas que formaban el puente se encontraban amarradas con una fuerte cadena. Este puente estaba donde hoy está el puente de Triana, y que se encontraba junto al castillo de Gabir, una gran fortaleza, que fue reconstruida por los cristianos tras la toma de la ciudad y rebautizada como castillo de san Jorge. Los cristianos trataron de tomar sin éxito el castillo de San Jorge utilizando maquinaria de asedio.[3]

La llegada a primeros de 1248 de Alfonso X el Sabio con Don Diego López de Haro, que venían de la reconquista de Murcia, con muchos hombres, caballos y milicias permitió a Fernando III estrechar el cerco y evitar el suministro de agua por los caños de Carmona. En la Macarena se establecieron las tropas del infante Enrique y las huestes de las órdenes de Calatrava y Alcántara, los caballeros Diego López V de Haro de Vizcaya y Rodriguez Bobes de Galicia.[3] Fernando III avanzó por el Sur hasta la puerta de Jerez y la flota de Bonifaz avanzó también río arriba. La Orden de Santiago puso su campamento al Oeste del Guadalquivir para continuar acechando al Aljarafe. Sin embargo, la zona del puente de barcas, al Oeste, y la zona Noreste de la ciudad seguían sin un bloqueo efectivo.

La ruptura del Puente de Barcas[editar]

Diversos historiadores que han escrito la biografía de Fernando hacen referencia a este hecho con ligeras diferencias entre sí. El historiador Javier A. Richard menciona que existía una cadena que unía la Torre del Oro con la orilla opuesta y que esto impedía el acceso a la ciudad por río, argumento bastante difundido.[5] [6] Más al norte de la Torre del Oro se encontraba el Puente de Barcas, por el que se enviaban los suministros a la ciudad. El puente de barcas, a su vez, tenía las barcas atadas entre sí con una fuerte cadena. Richard también narra que reunidos el Consejo y a sugerencia de Rui Pérez, un famoso marino de Avilés,[4] Fernando ordenó al Almirante Bonifaz que las dos naves más poderosas que tuviera fueran pertrechadas de piedras y tierra para darles mayor peso y que se colocaran cuchillas de hierro en sus proas y que fueran lanzadas desde el actual barrio de San Jerónimo (más al norte) corriente abajo para que se dirigieran hacia el Puente de Barcas, para romper la cadena que unía las barcas y cortar así el suministro a Sevilla. Estos serían barcos de vela con una cruz roja en sus velas.

Sin embargo, esto plantea un problema, ya que para colocar los barcos en San Jerónimo hay que remontar el río hasta ese punto, y la supuesta cadena de la Torre del Oro y el Puente de Barcas lo impiden. Por ello, el historiador experto en temas hispalenses Jose María de Mena, Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia, dice que se sacaron las dos naves del río y se remontaron por tierra sobre troncos de árboles.[7] Los barcos serían lanzados río abajo aprovechando, además, vientos del noreste para darles más impulso.

Aunque también cabe decir que De Mena expone otra teoría. Esta consiste en que los buques entraron en el puerto de la ciudad aprovechando un fuerte viento de poniente rompiendo la cadena que unía la Torre del Oro con la orilla opuesta y, posteriormente, remontaron el río hasta el Puente de Barcas rompiéndolo también.[7]

Entraran por el Sur o por el Norte, en lo que hay consenso es en que el 3 de mayo partieron los buques para la operación soportando en esta batalla el ataque con flechas de los moros. Un buque iba dirigido por Ruí Pérez y el otro por el Almirante Bonifaz, que mandaba la flota. El primer buque impactó contra el puente sin resultado, pero el segundo, dirigido por el propio Bonifaz, logró partir la cadena y "fue a dar de frente un tal golpe que se pasó clara de la otra parte". Con la ruptura del puente de barcas se logró aislar Sevilla del Aljarafe.[8] [9] [10] [11] [12]

El historiador del siglo XVII Diego Ortiz de Zúñiga dice, en su obra Anales de Sevilla, que el puente de barcas se encontraba donde se encuentra "en la actualidad", es decir, junto al Castillo de San Jorge, y que junto a la Torre del Oro, más al Sur, había "una gran cadena de maderos eslabonados con argollas de hierro" que iban de la Torre del Oro a un "murallón" que había en la orilla opuesta del que "todavía se conservan cimientos". Y que, aunque de esa gran cadena no se habla en la Primera Crónica General, "es menester creerlo de antiguas memorias en que se refiere".

Como premio por la hazaña Fernando III entregó a Rui Pérez un escudo personal y municipal, que es el que hoy tienen los descendientes de ese marino y que también es usado por el Ayuntamiento. A Ramón de Bonifaz le entregó en el Repartimento de Sevilla unas casas que se encuentran en la actual calle Placentines en su desembocadura con la calle Alemanes, casas que son parte del Palacio Arzobispal.

Un fragmento de las cadenas se conservan en la iglesia de parroquial de Santa María de la Asunción, en Laredo. Esta acción, se rememora en los actuales escudos de Santander, de Cantabria, de Laredo, de Avilés y de San Vicente de la Barquera. La heráldica muestra que las cadenas fueron rotas frente a la Torre del Oro, aunque eso no se puede demostrar.

En un texto medieval a Rui Pérez, que algunos textos medievales llaman Rui González, se le dedicó la siguiente poesía:[7]

Entre los fechos que guarda la fama
de vos Rui González remembre el famoso
ca siendo imposible ganar Sevilla
teniendo su entrada por mar bien guarnida
con una cadena de fierro crecida,
sulcando el navío el fierro rompiste.


Capitulación[editar]

Perdida toda esperanza de recibir ayuda de los almohades, Axataf y la conferencia de notables de la ciudad empezaron a plantearse la capitulación. Por ello, en octubre, plantearon una capitulación a Fernando III, que no aceptó y dijo que no aceptaría otra cosa salvo la rendición incondicional de la ciudad. El alfaquí Orías, que se encontraba en el Castillo de San Jorge, y los alcaldes de Triana piden permiso a Fernando para acceder a Sevilla y tratar la capitulación en la asamblea sevillana. Luego, se envió una comitiva a los castellanos para proponerles la entrega del Alcázar y las rentas de la ciudad, cosa que también Fernando negó. Unos días después vuelve la embajada mora y dicen que cederán, además del Alcázar, un tercio de la ciudad como señorío, y Fernando también se niega.[4] Luego, vino una tercera propuesta, dividirían la ciudad con un muro y una mitad quedaría para los cristianos y la otra para los musulmanes, y aunque esta idea empezó a gustar a algunos del séquito de Fernando este se negó y dijo que la ciudad debía de quedar "libre et quita".

Finalmente los musulmanes tuvieron que aceptar las condiciones de Fernando, que eran:

  • Que Sevilla había de ser entregada con todos sus edificios intactos
  • Que sus vecinos debían evacuarla en un mes, que se les daría un salvoconducto para ir a Jerez y un transporte de 5 naves y 8 goletas para los que quisieran irse a África
  • Que podrían vender sus casas y llevarse los enseres

La ciudad se rindió en noviembre de 1248. El 23 de noviembre se produjo la entrega de las llaves de la ciudad y se hizo marchar a los moros. La ciudad quedó vacía y fue llenada con emigraciones castellanas y las tierras fueron repartidas entre diversas órdenes militares.[13] Axataf embarcó para Ceuta. El responsable de seguridad de la gran marcha de moros a Jerez fue el maestre de la Orden de Calatrava. El 23 de diciembre se produjo la entrada de Fernando III por la Puerta de los Goles, después llamada Puerta Real.[4]

Tras la conquista el rey nombró diez nobles para sentenciar los pleitos. Estos fueron la base del Cabildo o regimiento de Sevilla, que se compuso de 36 regidores; 18 del estamento noble y 18 del estamento popular, 72 jurados, 4 alcaldes mayores y 1 alguacil mayor. Los 72 jurados no tenían voto en el concejo y tenían a su cargo la vigilancia de la ciudad y el orden público, mandaban a los alamines, que eran los encargados de tasar los comestibles, y a los almotacenes, que velaban por la exactitud de pesas y medidas, y también a los alarifes, que atendían a los edificios.[4]

Tras la reconquista de Sevilla fue nombrado obispo el hijo de Fernando III, Felipe de Castilla, que abandonó pronto el cargo y contrajo matrimonio con la princesa Cristina de Noruega. Le sustituyó en ese puesto Don Remondo.

Tradiciones y leyendas sobre la toma de Sevilla[editar]

Petición de derribo de la mezquita y su alminar

Durante los combates del asedio, se dieron diversas capitulaciones. Entre ellas los musulmanes querían destruir la mezquita, que habían finalizado recientemente, para que no cayera en manos cristianas. Alfonso X, que veía desde la distancia el minarete de la mezquita y conocía del valor arquitectónico y cultural de esas construcciones, se negó en rotundo y amenazó con matar a todos los habitantes de la ciudad si tocaban una sola teja de la mezquita. Entonces los musulmanes, asustados, dijeron que se habían expresado mal, que lo que ellos realmente querían era destruir el minarete, que era la parte que ellos más valoraban del conjunto. Entonces Alfonso respondió que si tocaban un sólo ladrillo de la torre pasaría a cuchillo a todos los moros de la ciudad. Dicho minarete, con su remate renacentista, es la actual Giralda de Sevilla.[14]

Leyendas sobre el rey Fernando
Virgen de Valme

Encontrándose el rey en una escaramuza en un lugar cercano a Tablada, cuenta la leyenda que pidió el rey ayuda a la Virgen usando las palabras "Santa María, Valme" (Santa María, Váleme, ayúdame...), como salió el Rey con bien de dicha batalla, mandó edificar en aquel lugar una ermita en honor a la Virgen de Valme, hoy día, patrona de la cercana localidad de Dos Hermanas.[14]

Hermano mayor de san Crispín

En cierta ocasión, desde las murallas de la Macarena, una flecha rasgó el manto en el que iba envuelta una imagen de la Virgen que portaba en el arzón de su caballo el rey. El mismo monarca, tomó hilo y aguja para zurcirlo, a lo que uno de sus caballeros sugirió llamar a un sastre; el monarca respondió, que para los asuntos de la Vrigen, bien podía hacer de sastre un Rey, motivo por el cual, los sastres del campamento lo nombraron hermano mayor de la hermandad gremial de san Crispín.[14]

Entrada en Sevilla disfrazado

Otras de las leyendas, cuenta que el mismo monarca, se disfrazó de moro para adentrarse en la ciudad, y poder explorar así las defensas, entrando por la puerta de Córdoba, y saliendo por la puerta de Jerez-Lo que supone cruzar la ciudad de nor-este a sur-.[14]

Leyendas sobre Garci Pérez de Vargas

Varias son las leyendas a cerca de este caballero, maestre de la orden de San Juan -Según otras fuentes, caballero templario-:

Escudo deteriorado

En una de ellas que cristianos del linaje de los Mariños le criticaba porque su escudo estaba deteriorado. En esto, un caballero Mariño le retó a salir a pelear contra los moros, y al ver el infanzón Mariño cuánta braveza tenía Vargas en su combate, se disculpó y le dijo que la razón por la que su escudo estaba tan deteriorado era de tanto pelear por el rey Fernando.[15]

Escaramuza contra siete rivales

La segunda anécdota cuenta que él y otro caballero iban a incorporarse a la escolta de los forrageadores en la dehesa de Tablada[15] cuando se encontraron con siete caballeros moros. El otro caballero sintió miedo y se marchó, abandonando a Garci Pérez, que pidió las armas y armadura a su escudero, se las colocó, y pasó a través de los moros que, conociéndole, no se atrevieron a tocarle. Tras esto, recordó que al ponerse el yelmo se le había caído la cofia que él solía llevar en la cabeza, ya que era calvo, y, en contra de los ruegos de su escudero, decidió dar la vuelta para recoger la cofia, volviendo a pasar frente a los moros. Viendo el rey san Fernando todo este episodio desde un cerro cercano, el de San Juan de Aznalfarache, fue a preguntarle a Garci Pérez quién era el caballero que le había abandonado y él no quiso decirlo.[16]

Puerta de san Juan

Una tercera leyenda, cuenta que se lanzó contra la puerta de la muralla situada frente a la calle Guadalquivir bajo una lluvia de flechas, y golpeándola con la espada, le gritó a la puerta "De San Juan te has de llamar", nombre que tuvo la puerta desde la toma de la ciudad, hasta su derribo a mitad del siglo XIX.[14]

Galería[editar]

Referencias[editar]

Notas[editar]

  1. JM Michaud, Martín Fernández (1832). Historia de las Cruzadas. Volumen 12. Oficinas de DF Moreno. Libro online
  2. Ros, Carlos (1990). Fernando III el Santo. 
  3. a b c d «Conferencia del Catedrático Manuel García Fernández» (22 de noviembre de 2012).
  4. a b c d e f g A. Richard, Javier (2011). Fernando III Cruzado y Santo. Absalon Ediciones. pp. Página 115 y siguientes. ISBN 9788493907013. 
  5. Web del Ministerio de Defensa. Armada.. «Comandancias Navales. Organización. Comandancia Naval de Sevilla».
  6. BELAUSTEGUIGOITIA, Santiago (23 de junio de 2005). «La Torre del Oro presenta un aspecto novedoso tras la conclusión de su limpieza y restauración». El País. 
  7. a b c de Mena, Jose María (1990). Entre la cruz y la espada: San Fernando. J.R. Castillejo S.A. pp. 84 y 85. ISBN 8487041205. 
  8. de Vergara, Hipólito; de Molina, Tirso (1975). La Virgen de los reyes. p. 267. «En tal día rompió Ramón de Bonifaz el puente de Barcas que unía Sevilla con Triana. «Quebrose el puente el tercero día de mayo, con grande alegría de los nuestros y no menos comodidad (Mariana. Op. Cit. lib. 13 C. 7 P. 380»» 
  9. García Fitz, Francisco (1898). Castilla y León Frente Al Islam: Estrategias de Expansión y Tácticas. p. 265. «Las naves de Ramón Bonifaz procedieron a romper el puente mediante un embate» 
  10. Ladero Quesada, Miguel Ángel (1989). La Ciudad medieval: (1248-1492). p. 17. «En mayo se completó la operación al romper las naves de Bonifaz el puente de barcas de Triana y provocar el bloqueo del río y el aislamiento de Sevilla con respecto al Aljarafe» 
  11. González de León, Félix (1839). Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de esta M.N.M.L.Y L. H. ciudad de Sevilla. p. 321. «Bonifaz, que tanto contribuyó a la conquista de esta ciudad rompiendo el puente de barcas» 
  12. Ponz, Antonio (1787). Viage de España, en que se la noticia de las cosas nuas apreciables y signas de esta. p. 80. «Don Ramón de Bonifaz que sirviendo a S Fernando en la conquista de Sevilla rompió con una nave la cadena con que estaba afianzado el puente de barcas...» 
  13. Blog Arquehistoria (artículo con oportuna bibliografía) (18 de ciembre de 2009). «La Repoblación cristiana en la Reconquista. El Repartimiento».
  14. a b c d e de Mena, José María. Historia de Sevilla. Plaza & Janes. ISBN 978-84-01-34764-1. 
  15. a b Fracisco López de Solé y Martín de Vargas. «Garci Pérez de Vargas recobra su cofia y las ondas de su escudo bien merecidas».
  16. Don Diego Clemencín (1833). «Comentario a El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha».

Bibliografía[editar]

Referencias externas[editar]