Movimientos apocalípticos

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Este artículo se refiere a los movimientos religiosos de carácter apocalíptico. Para otros usos ver Apocalipsis (desambiguación).

Los movimientos apocalípticos se caracterizan por ahondar en reflexiones orientadas a una proximidad temporal del fin del mundo. Suelen basarse en interpretaciones fundamentalistas de libros de la Biblia como, por ejemplo, el Apocalipsis. Son generalmente denostados por los teólogos contemporáneos, que lo consideran una forma fácil de hacer proselitismo ante un próximo Día del Juicio.

Algunos historiadores de la religión consideran al cristianismo como un movimiento esencialmente apocalíptico en su origen, después matizado con el paso de los siglos. Hasta el día de hoy, pese a que muchos han afirmado lo contrario, la Iglesia católica no ha condenado al milenarismo como herejía debido a que los santos Padres de la Antigüedad creían de este modo. Ello a pesar de las exégesis que se han hecho de los textos apocalípticos y milenaristas.

El Apocalipsis y los movimientos apocalípticos[editar]

En general, y erróneamente, se suele afirmar que el Apocalipsis neotestamentario abonó el surgimiento, en la Edad Media, del llamado "milenarismo" (a causa de la interpretación literal del número 1000 que aparece en el libro).

En la realidad, el milenarismo y el apocalipticismo están presentes desde el mismísimo comienzo del cristianismo, y aún antes, durante la etapa final del judaísmo del período del Segundo Templo. Como prueba, puede señalarse la abundante literatura judía y cristiana llamada "apocalíptica", como el Apocalipsis de Moisés o el Apocalipsis de Pedro (distinto de las cartas canónicas que llevan el nombre del apóstol).

Los cristianos de los primeros siglos tenían una esperanza definitivamente apocalíptica y milenarista, esperaban la segunda venida de Cristo y el establecimiento del Reino de Dios sobre la Tierra tras el fin violento del mundo como ellos lo conocían. Papías de Hierápolis, Policarpo de Esmirna e Ireneo de Lyon pueden ser señalados como importantes y preclaros expositores del apocalipticismo y del milenarismo.

El triunfo de la Iglesia bajo la protección del emperador Constantino I el Grande y la gran influencia ejercida por Agustín de Hipona, hicieron que la esperanza apocalíptica y milenarista de la Iglesia se dirigiera principalmente a los asuntos de este mundo, y así la Iglesia llegó a ser parte de este mundo, cambió sus enseñanzas y doctrinas sencillas de los primeros tiempos, y aspiró al poder temporal, dando paso a lo que se ha dado en llamar "cesaropapismo", período en que los emperadores romanos intervinieron en los asuntos de la Iglesia y la manipularon y hasta llegaron a cambiar sus doctrinas, en aras de la unidad de la Iglesia y de la unidad del Imperio, muchas veces confundiendo los intereses políticos y militaristas con los intereses espirituales. Agustín, quien en un principio creía en la literalidad del Apocalipsis y del Milenio, finalmente espiritualizó las cosas y dijo que el Reino de Dios era la Iglesia triunfante y que los mil años del reinado de Cristo representan toda la historia de la Iglesia militante sobre la Tierra, que triunfa de sus enemigos y trae las bendiciones de Dios a los fieles y a los países donde viven.

Actualmente, se suele asociar el término apocalipsis con la idea (religiosa o no) de un fin de los tiempos o fin del mundo. Metafóricamente, apocalíptico se usa también para definir desgracias o catástrofes en grado superlativo.

Por sus referencias a un supuesto fin del mundo de carácter inminente, los movimientos religiosos cristianos que tienen como parte significativa de su teología la inmediatez de este final son denominados peyorativamente apocalípticos o milenaristas (porque tradicionalmente los días supuestos del Juicio Final se habrían hecho coincidir con los cambios de milenio).

Es muy común en los movimientos protestantes norteamericanos con origen en el siglo XIX, pero también ha estado presente entre católicos y ortodoxos en distintos momentos de su historia. Los testigos de Jehová y los Adventistas del séptimo día son particularmente conocidos por haber hecho predicciones acerca del Fin del Mundo a lo largo de su historia.

Grupos apocalípticos actuales[editar]

Los Adventistas, tienen su origen en la línea bautista norteamericana del siglo XIX. Su iniciador fue William Miller (1782-1844), labriego bautista que al hacer un estudio cuidadoso de la Biblia, empezó a predicar el inminente fin del mundo. La profecía de Daniel 8:14, que decía Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana y el santuario será purificado, hizo que en 1818 expresara la creencia de que la venida de Jesucristo ocurriría dentro de los siguientes veinticinco años. Interpretó el santuario como la tierra, y que su purificación sería su destrucción por el fuego. Investigó la Biblia cinco años más, sin arriesgar salir a predicar sobre el cataclismo final que creía se avecinaba por nueve años. Finalmente hizo en 1831 lo que consideró un pacto con Dios, por el que saldría y presentaría sus convicciones en público. Predicó el mensaje del primer ángel a lo largo de varios estados norteamericanos, especialmente en el de Nueva York.

A principios de 1843 fijó como fecha del regreso a la tierra de Jesucristo entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844. El fracaso de esta predicción se llamó La Primera Desilusión. Después puso una segunda fecha: el 22 de octubre de 1844, por la cual muchos adventistas se deshicieron de todos sus bienes. El día transcurrió con absoluta normalidad y no sucedió lo esperado. A partir de allí se formaron los Adventistas del Séptimo Día bajo la guía de tres milleristas: Joseph Bates, y James y Ellen G. White. Formalmente no se establecieron hasta 1863 cuando se creó su organismo superior, la Confederación General, y dos años después se fundó en Michigan la primera comunidad adventista.

En cuestiones trinitarias y cristológicas pertenecen a la rama conservadora del protestantismo, aunque niegan la inmortalidad del alma y las penas eternas. Creen en la inminente segunda venida de Jesucristo como hecho concreto y visible, aunque sin fecha exacta. Mantienen la observancia del sábado, como el Sabbath hebreo. La Biblia constituye la única autoridad religiosa, teniendo especial fe en ella y en la interpretación literal de sus pasajes proféticos. Esa defensa de todos los preceptos del Antiguo Testamento hace imponer a sus seguidores el bautismo de adultos por inmersión, el lavatorio de pies, el pago de los diezmos, etc.

Los Testigos de Jehová, tienen origen en la línea adventista norteamericana. El comerciante Charles Taze Russell (1852-1915), su fundador, nacido de una familia presbiteriana, se convirtió al adventismo pero abandona su doctrina en 1870 al descubrir la inminencia de los mil años de Jesucristo en la tierra, vale decir, su segunda e inminente venida. En 1872 organizó un grupo dedicado a profundizar en el conocimiento de la Biblia, publicando un opúsculo afirmando que Jesucristo regresaría en forma invisible en octubre de 1874 y que el fin del mundo acontecería en 1914, luego del período de cuarenta años de recolección de su rebaño. En esos años funda su primera comunidad, empieza la publicación de The Watchtower (La Atalaya) y los volúmenes de sus Estudios de las Escrituras.

Su discípulo Joseph Franklin Rutherford comenzó su campaña anunciando que millones de hombres que ya vivían no iban a morir nunca. Luego anunció el gran evento apocalíptico para 1918, 1920, 1921 y 1925, e incluso 1984, en misteriosa coincidencia con el libro homónimo de Orwell. En 1931 decidió cambiar el nombre de Estudiantes de la Biblia que utilizaban, por el de Testigos de Jehová. El organismo de gobierno actual de los Testigos es la Watch Tower Bible (La Atalaya Bíblica) y la Tract Society of Pennsylvania, integrada en 1884.

Según esta peculiar visión apocalíptica, la Biblia es una epopeya donde se narra la lucha de Jehová con las fuerzas del mal y la victoria que alcanza sobre ellas. Creen en la segunda venida de Cristo, se consideran seguidores de la cristiandad primitiva y consideran a cada testigo (miembro de la secta) como un pastor que predica el conocimiento y estudio de la Biblia y la absoluta obediencia a sus preceptos. La difusión de la doctrina la realizan miembros que predican de puerta en puerta y distribuyen volantes por las calles. Solo reconocen lealtad al Reino de Jesucristo (de ahí el nombre de Salas del Reino a los lugares donde celebran sus asambleas), negándose a saludar bandera alguna, votar, realizar servicio militar, transfusiones de sangre, etc.

Proclaman que Jesucristo comenzó su reinado invisible como rey en 1914. Creen que muy pronto las fuerzas del bien, comandadas por Jesucristo, derrotarán a las fuerzas del mal, comandadas por Satanás, en la batalla de Armagedón. Después Jesucristo gobernará en la Tierra durante 1000 años; durante este milenio los muertos volverán de nuevo, y todos tendrán una segunda oportunidad de salvación. Al final del milenio, Satán regresará a la Tierra y será destruido definitivamente. Una humanidad perfecta disfrutará entonces de la vida eterna.

Los Pentecostales constituyen un movimiento cristiano mundial de origen bíblico antiguo, aunque modernamente resurgieron en los Estados Unidos de Norteamérica, haciendo un gran énfasis en el Bautismo en el Espíritu Santo sobre sus miembros; también es el nombre que se les da al conjunto de organizaciones religiosas de fe pentecostés (fiesta religiosa judía bíblica), aunque no poseen una organización que dirija a todas las iglesias en el mundo. Promueven el evangelismo, las misiones, la salvación y la santidad en la vida de sus creyentes, así como la doctrina bíblica y una gran gama de manifestaciones espirituales que puede variar según la corriente pentecostal. A pesar de sus diferentes tendencias y de la diversidad de organizaciones religiosas, se puede decir que mantienen cuatro verdades fundamentales que las unen en cuanto a doctrina: Jesucristo salva; Jesucristo bautiza con el Espíritu Santo; Jesucristo sana, y especialmente, Jesucristo viene: de ahí que la escatología pentecostal, se centre en el pronto regreso de Jesucristo a la tierra, dividido en dos momentos, el arrebatamiento de la Iglesia y el regreso después de la Gran Tribulación. Las iglesias pentecostales no proclaman una fecha para este suceso, sino que alientan a sus creyentes a vivir en consagración, santidad y trabajo cristiano.

Además, las iglesias pentecostales comparten ideas similares a las iglesias protestantes aunque varían en su interpretación. De ahí que el pentecostalismo llegara desde su nacimiento marcado por la huella del fundamentalismo. Se adjudican a los pentecostales su asociación con esa corriente de pensamiento en la lectura de la Biblia desde una interpretación literal de sus textos y la insistencia en determinados temas como la santificación, el pecado, el aislamiento de la corrupción]] y la conquista del Reino por los fieles. Su desarrollo se ha concretado en posiciones de separación del mundo, especialmente de los acontecimientos sociales y políticos. Proclamaron una vida espiritual intensa, signos físicos de religiosidad (manifestaciones corporales, éxtasis religioso). Anunciaron el fin apocalíptico y el advenimiento inminente de Cristo. La principal misión de la Iglesia estaría, por tanto, orientada principalmente a rescatar el mayor número posible de pecadores. A ello unió una interpretación fundamentalista de las Sagradas Escrituras y reacciones contra la excesiva racionalización y formalización del culto.

Los Mormones, tuvieron origen en el protestantismo norteamericano. Su fundador, Joseph Smith, de familia presbiteriana, tuvo visiones entre 1820 y 1829, que le permitieron descubrir y traducir un libro de láminas doradas lleno de jeroglíficos gracias a las indicaciones de un ángel, el Libro del Mormón, publicando sus doctrinas hacia [[1830. Designó a su grupo como Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, comúnmente llamada de los Mormones. Perseguidos desde el principio, huyeron hacia el oeste, fundando en Ohio su nuevo reino cristiano, denominado Nauvoo, formando luego una milicia que constituyó una auténtico ejército privado. Hacia 1840 la hostilidad contra Joseph Smith se debía a que se habría convertido en un auténtico [[monarca, y había comenzado a practicar la poligamia. Tras el asesinato de Joseph Smith y su hermano en la cárcel de Cartago (Illinois), donde habían sido encarcelados por cargos de traición y conspiración, sus discípulos emprendieron una nueva marcha, instalándose en Salt Lake City, Utah, U.S.A., convertida desde entonces en La Meca del Mormonismo.

En 1852 reconocieron públicamente que practicaban la poligamia, aunque solo fuera un grupo minoritario el que lo hacía. El Gobierno Federal envió un ejército a Utah en 1857/58 dando lugar a la llamada guerra de Utah, que casi constituyó una auténtica catástrofe para el grupo. A pesar de todos los esfuerzos legislativos y judiciales del gobierno, recién en 1890 el presidente de la Iglesia Mormona, Wilford Woodruff, estableció el fin de la poligamia.

Algunas de sus doctrinas difieren claramente del cristianismo ortodoxo: la creencia de que el alma humana existe aun antes de nacer; la definición de la Trinidad como tres personas individuales, Dios, el Padre y Jesucristo; y la creencia de que si los seres humanos vivieran de lleno los mandamientos de Dios, podrían alcanzar un nivel divino en futuras transustanciaciones. Consideran que siempre se han malinterpretado y perseguido las doctrinas de Jesucristo.

Se distinguen del protestantismo ortodoxo, por la especial concepción del sacerdocio que le fuera revelada a Joseph Smith en una de sus visiones. Su libro sagrado es el Libro del Mormón, enseñando que la revelación de Dios a su iglesia no terminó con los apóstoles, sino que alcanzó una nueva instancia terrenal con las visiones de Joseph Smith.

Bibliografía[editar]

  • Felipe Navarrete S.J., La Iglesia en su hora más dramática (el desafío de las sectas), Bs. As., 1992.
  • Harold Bloom, Presagios del Milenio, Ed. Anagrama, Barcelona, 2007.
  • Prudencio Damboriena, S.J., El Protestantismo en América Latina, tomo II, Estud. Socio-Religiosos Latino-Americanos, vol. 13, Madrid, 1963.
  • Iglesia Adventista del Séptimo Día, La historia de nuestra Iglesia, Bs. As., 1963.
  • Gerardo Bra, Sectas, esoterismos, pseudoreligiones, Todo es Historia, N° 189, Buenos Aires, febrero de 1983.
  • José Oscar Frigerio, Profecías y temores del fin de milenio, en Historia , N° 79, Buenos Aires, septiembre-noviembre 2000.
  • Juana Berges Curbelo, Pentecostalismo y Fundamentalismo, CIPS, La Habana, 2004.
  • Oscar A. Gerometta, Aproximaciones al fenómeno de las sectas, Ed. Claretiana, Bs. As., 1995.
  • Patricio José Maguire, Testigos de Jehová, una secta desestabilizante, Informaciones sobre Masonería y otras sociedades secretas, N° 10, Bs. As., 1982.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]