Mario Bunge

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Nombre Mario Augusto Bunge
Nacimiento 21 de septiembre de 1919
Buenos Aires
Nacionalidad Argentina
Ocupación Físico, autor, filósofo y ensayista
Empleador Universidad de Buenos Aires
Premios Beca Guggenheim
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Mario Augusto Bunge (Florida Oeste, Buenos Aires, Argentina, 21 de septiembre de 1919) es un físico, filósofo, epistemólogo y humanista argentino; Bunge por encima de todo es un filósofo realista, cientificista, materialista[nota 1] [nota 2] y sistemista; defensor del realismo científico y de la filosofía exacta.[nota 3] Es conocido por expresar públicamente su postura contraria a las pseudociencias,[1] [2] entre las que incluye al psicoanálisis, la praxeología, la homeopatía, la microeconomía neoclásica (u ortodoxa) entre otras, además de sus críticas contra corrientes filosóficas como el existencialismo[3] [4] [5] (y, especialmente, la obra de Martin Heidegger)[6] [7] [8] [9] [10] , la fenomenología,[10] el posmodernismo,[11] [10] la hermenéutica,[12] y el feminismo filosófico.[13] [14]

Biografía[editar]

Bunge comenzó sus estudios en la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó con un Ph.D. en ciencias físico-matemáticas en 1952. Fue profesor de física teórica y filosofía, 1956-1966, primero en La Plata y luego en Universidad de Buenos Aires. En la actualidad es profesor Frothingham de Lógica y Metafísica en la Universidad McGill en Montreal, donde imparte clase desde 1966 [15] [16] [17]

Mario Bunge ha sido distinguido con dieciséis doctorados honoris causa y cuatro profesorados honorarios por universidades de las Américas y Europa. Bunge es miembro de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (1984-) y del Royal Society of Canada (1992 a). En 1982 fue galardonado con el 'Premio Príncipe de Asturias'; en 2009 el Guggenheim Fellowship, [16] [18] y en 2014 fue galardonado con el premio Ludwig von Bertalanffy en Complexity Thinking.[19]

Intereses[editar]

Sus intereses abarcan la filosofía general (semántica, ontología, gnoseología, metodología de la investigación, praxeología y ética) así como aplicada (física, biología,[20] psicología[21] y ciencias sociales),[5] sin eludir consideraciones sobre la filosofía de la lógica y la matemática como fundamento no solo del quehacer científico sino también filosófico. Considera a la matemática sólo como ciencia deductiva, sin destacar la fase de la producción[investigación] matemática, que usa la experimentación, la intuición, casos finitos y analogía, tal como lo considera George Polya. También declararon al respecto setenta matemáticos que trabajaban en EE.UU., entre ellos Lars Alfors. En relación con ello, es fundador de la Sociedad para la Filosofía Exacta,[22] que procura emplear solamente conceptos exactos, definidos mediante la lógica o la matemática a fin de evitar la ambigüedad y la imprecisión características de otros estilos filosóficos, entre ellos el fenomenológico, el postmoderno (especialmente el hermenéutico) y provoca (a la vez que estimula) el tratamiento de problemas no triviales como contraste con la gigantesca producción filosófica libresca que interpreta recursivamente las opiniones de otros filósofos o que juega con objetos ideales o mundos posibles.

Su posición crítica está balanceada por sus aportes originales y por el planteamiento de caminos de reconstrucción filosófica.[23]

"es verdad que en la ciencia no hay caminos reales (Royal roads); que la investigación se abre camino en la selva de los hechos, y que los científicos sobresalientes elaboran su propio estilo de pesquisas."

Sobre sus libros[editar]

La ciencia, su método y su filosofía (1960), obra en la que introduce de manera sintética las bases del método científico, ha llegado a ser un clásico en su género. Pero si se desea obtener una perspectiva profunda de su concepción filosófica sin pasar por el extenso Treatise, posiblemente la opción más recomendable sea su manual La investigación científica, publicado por primera vez en inglés en 1967, cuya traducción ha sido reimpresa con correcciones por Siglo XXI Editores (México, 2000).

Sin duda, la obra por la cual Bunge se ha distinguido especialmente en el ámbito de la filosofía profesional es el extenso Treatise on Basic Philosophy (Tratado de filosofía). Se trata de un esfuerzo por construir un sistema que abarque todos los campos de la filosofía contemporánea, enfocados especialmente en los problemas que suscita el conocimiento científico.

La semántica (de la ciencia) está tratada en los primeros dos tomos (Semantics 1. Sense and Reference y Semantics 2. Interpretation and Truth) y la ontología en los siguientes dos (Ontology 1. The Furniture of the World y Ontology 2. A World of Systems).

La gnoseología ocupa los tres volúmenes posteriores (Epistemology and Methodology 1. Exploring the World, Epistemology and Methodology 2. Explaining the World y Epistemology and Methodology 3. Philosophy of Science and Technology).

Finalmente, el volumen 8 del Tratado se ocupa de la ética (Ethics. The Good and the Right).

Su hincapié en el rigor metodológico—buscado con el uso de herramientas formales (lógico-matemáticas) y de conocimiento fundado científicamente--, su amplitud temática, su originalidad y su mencionado carácter sistémico hacen del Treatise uno de los emprendimientos filosóficos más ambiciosos de los últimos siglos.[cita requerida]

Enfoque filosófico[editar]

Generalidades[editar]

La concepción filosófica de Bunge puede describirse, tal como él mismo lo ha hecho en varias ocasiones, recurriendo a una conjunción de varios "ismos", de los cuales los principales son el realismo, el cientificismo, el materialismo y el sistemismo.[24] [25] [17]

El realismo científico de Bunge abarca los aspectos ontológicos (las cosas tienen existencia independientemente de que un sujeto las conozca), gnoseológicos (la realidad es inteligible) y éticos (hay hechos morales y verdades morales objetivas) de su pensamiento. El cientificismo es la concepción que afirma que el mejor conocimiento sobre la realidad es el que se obtiene a través de la aplicación del método de investigación científica. El materialismo, que sostiene que todo lo que existe es material (por ejemplo, para Bunge la energía es una propiedad de la materia).[nota 4] El sistemismo, finalmente, es la perspectiva de que todo lo que existe es un sistema o parte de un sistema.

A este cuarteto hay que añadir dos ismos más. El emergentismo, que está asociado al sistemismo, y se caracteriza por la tesis de que los sistemas poseen propiedades globales, sistémicas o emergentes que sus partes componentes no poseen y son, por tanto, irreducibles a propiedades de niveles de organización inferiores. Y el agatonismo, la concepción bungeana de la ética, que se guía por la máxima «Disfruta de la vida y ayuda a otros a vivir una digna de ser disfrutada» y supone que a cada derecho le corresponde una obligación y viceversa.[26]

El realismo científico de Mario Bunge[editar]

Como casi todas sus demás posiciones filosóficas, el realismo bungeano es franco y audaz, especialmente si se tiene en cuenta la difusión de los escepticismos de diverso cuño en las últimas décadas. Como otros autores, Bunge distingue tres matices de realismo, uno ingenuo, otro crítico y uno científico. El realismo bungeano es de este último tipo y se caracteriza por ser una conjunción de siete tesis realistas que abarcan prácticamente todo su pensamiento filosófico, de allí que también le valga el nombre de realismo integral. Más importante aún es que estos diferentes aspectos del realismo bungeano se encuentran enlazados entre sí por diversas relaciones, de tal modo que constituyen un sistema. De allí que Bunge llame también hilorrealismo (o hylerrealismo, del griego hyle, material, materia) a su especial versión del realismo científico, porque siempre va de la mano de la tesis ontológica materialista. Además, y como veremos más adelante, el hilorrealismo bungeano también es sistemista (tanto en lo ontológico como en lo gnoseológico) y emergentista.

Hay, sin embargo, algunos ámbitos en los que Bunge defiende posiciones diferentes al realismo. En filosofía de la matemática, por ejemplo, opta por un ficcionismo moderado,[27] en la estética lo considera solo una corriente más o, incluso, una perspectiva conservadora, y en política (“Realpolitik”) lo rechaza de plano por considerarlo otro nombre para el cinismo político.[28]

Los aspectos en que Bunge profesa el hilorrealismo científico, uno de los ejes principales de su vasta obra, son: (i) ontológico, (ii) gnoseológico, (iii) semántico, (iv) metodológico, (v) axiológico, (vi) moral y (vii) praxiológico.[29]

El sistemismo[editar]

La concepción sistemista de Mario Bunge tiene dos aspectos principales, uno ontológico y otro gnoseológico. El sistemismo ontológico que Bunge defiende postula que el mundo es un sistema de sistemas, es decir que toda cosa concreta es un sistema o un componente de algún sistema. Un sistema es, en efecto, un objeto complejo estructurado, cuyas partes están relacionadas entre sí por medio de vínculos (estructura) pertenecientes a un nivel determinado. [30] Además, puesto que un sistema se caracteriza por poseer propiedades que sus componentes no poseen (vale decir, propiedades globales o emergentes), el sistemismo de Bunge es también emergentista. En otras palabras, la ontología bungeana es monista con respecto a la sustancia y pluralista respecto de las propiedades.

Caracterización de la ciencia[editar]

La caracterización bungeana de la ciencia concibe a la misma como "un objeto demasiado complejo como para poder ser caracterizado mediante un único rasgo" y la identifica como un campo cognitivo, el cual - a su vez - es caracterizado como un sector de la actividad humana cuyo objetivo es obtener, difundir y utilizar alguna clase de conocimiento, sea verdadero o falso.[nota 5] Una ciencia, por su parte, satisfacería además condiciones específicas como contar con un dominio compuesto únicamente por entidades reales, un trasfondo filosófico con una ontología según la cual el mundo está compuesto por cosas concretas mudables que cambian según leyes, un trasfondo formal con una colección de teoría lógicas o matemáticas actualizadas o un trasfondo específico con una colección de datos, hipótesis y teorías actualizados y razonablemente confirmados.

Ética[editar]

Bunge considera al discurso ético como sujeto digno del análisis lingüístico (sintáctico, semántico y pragmático) y del metodológico. Presenta como precursores del panorama actual de la ética a las reflexiones sobre la pluralidad de sistemas éticos reflejado en el carácter no universal del código moral de las antiguas tribus semíticas y en el carácter histórico social de lo moral mostrados en la adopción de nuevos códigos morales (como el puritanismo o el utilitarismo).[31]

En particular, Bunge expresa que un acto puede ser moral o amoral, pero nunca inmoral en un sentido absoluto, será inmoral relativamente a determinada clase de códigos morales.[nota 6] [31]

Filosofía aplicada[editar]

Física[editar]

Para cuestiones como la naturaleza del espacio y el tiempo, Bunge indica que éstos son una propiedad de los objetos materiales - sólo hay objetos simultáneos (espacio) y sucesivos (tiempo)[32] [33] [34] [35] [nota 7] -; en cuanto a su implicación en la expansión del universo, expresa que tal movimiento del universo podría darse si éste fuese finito y si el espacio y el tiempo fuesen el escenario inmutable en que se desarrolla, pero si espacio y tiempo existen como relaciones entre cosas y sucesos, el universo no tendría adonde ir. Por lo que se debe hablar de recesión mutua de las galaxias antes que de expansión del universo.[23] Con respecto a la naturaleza de la energía, Bunge considera importante enfatizar -ya que algunas personas sostienen que la energía es una sustancia de la misma categoría que la materia- que ésta es una "propiedad de las cosas" y señala como una correcta interpretación de la fórmula E=mc2: "la cantidad de energía de una cosa es igual a la cantidad de su masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz".[20] [nota 8]

Biología[editar]

De acuerdo a Bunge los entes vivos, aunque compuestos por elementos físicos y químicos, poseen propiedades emergentes propias; por lo que la biología no es completamente reducible a la física y la química [21]

Medicina[editar]

Bunge expone que la medicina científica es sistémica, en tanto que admite que las partes del organismo humano, aunque distintas, están conectadas entre sí; y que es analítica, en cuanto distingue órganos con funciones específicas. Postula además que el "buen médico" pone en práctica un sistema filosófico constituido por una ontología materialista y sistémica; una gnoseología realista, escéptica y cientificista; y una praxiología científica y una ética humanista. Asimismo expresa que la medicina moderna se ha "desarrollado junto con la ciencia básica", pero que ha tenido que luchar contra la religión y contra las filosofías dominantes (como en los conflictos sobre el uso de células madre provenientes de abortos, o sobre la prohibición de la contracepción y del aborto).[1]

Psicología[editar]

Para Bunge la escuela humanista ha obstaculizado el estudio de los seres humanos, debido a la barrera (importada de la teología cristiana) erigida entre éstos y la naturaleza,[nota 9] por su parte, opina que la psicología filosófica (y su continuación, la llamada psicología humanista) trata de problemas de la conducta y de la mente en el contexto del conocimiento común con el auxilio de herramientas exclusivamente filosóficas por lo que es ajena a la psicología experimental.[nota 10] Particularmente, critica el dualismo psicofísico (la tesis de que hay mentes además de cuerpos) por su imprecisión al no ofrecer ni una teoría ni una definición del concepto de mente, por separar estados y sucesos mentales de cualquier cosa que pueda hallarse en tales estados o sufrir tales cambios, por ser compatible con el creacionismo, pero no con la biología evolutiva; y, en especial, por obstaculizar la investigación. Y se decanta por el materialismo emergentista, el cual "mantiene a la psicología dentro del campo de la ciencia en vez de alentarla a regresar a la filosofía o a la teología" y admite la especificidad de lo mental junto a la necesidad de investigarlo mediante el uso de métodos de psicología agregados a los de la neurofisiología.[21] [23]

Ciencias sociales[editar]

Para Bunge los estudios sociales siempre corrieron el riesgo de la contaminación ideológica pero si un estudio de ciencia neutral básica es auténticamente científico, será ideológicamente neutral aun cuando se lo pueda utilizar para justificar o enjuiciar políticas sociales.[5]

Educación[editar]

Bunge considera al pedagogo que asegura que el modo de enseñar es más importante que lo que se enseña como uno de los peores enemigos de la educación, argumentando que "quien desconoce algo no puede enseñarlo, y quien lo sabe a medias sólo puede enseñarlo mal". Además clasifica a los estudiantes en cinco especies, según el método de estudio que emplean:[3]

  • Loros: los que "aprenden" de memoria, sin preocuparse de compender, analizar, profundizar ni vincular el tema a sus experiencias anteriores.
  • Papirógrafos: los que "tragan páginas vertiginosamente" quedando de esto muy poco o nada.
  • Impacientes: quienes abandonan la lectura al no comprender un párrafo.
  • Crónicos: quienes se "eternizan en un tema"
  • Conscientes: quienes en lugar de estudiar mucho, estudian bien.[nota 11]

Crítica a corrientes filosóficas[editar]

El típico profesor de filosofía es un comentarista o escoliasta que trabaja miniproblemas o pseudoproblemas antes que un investigador de problemas gordos, como los de la naturaleza del espacio y el tiempo, la materia y la mente, la causalidad y el azar, el significado y la verdad, el valor y la acción, la ciencia y la técnica, la justicia social y el progreso. Suele plantearse problemitas o pseudoproblemas de las formas “¿Qué opinó Fulano acerca de la crítica de Mengano a Zutano?”, “¿En quiénes se inspiró Perengano?”(...)[36]

Crítica a paradigmas cosmológicos[editar]

Bunge considera que una cosmología puede ser "tosca o refinada, esquemática o detallada, confusa o clara", así como "mágica o naturalista, religiosa o secular, espiritualista, materialista o dualista" además de "ordinaria u orientada científicamente, estéril o fértil".[23]

Con respecto al holismo critica la adopción de la tesis de que "el todo determina la parte" a pesar de que son las interacciones entre las partes las que determinan el todo el cual a su vez condiciona el comportamiento de la parte. Considera además que a pesar de tener pocos defensores contemporáneos puede hallárselo entre científicos sociales.[nota 12] De esta cosmología rescata las tesis de la interconexión universal de las cosas, la emergencia de nuevas propiedades a medida que los sistemas correspondientes se van constituyendo y la sumersión de algunas propiedades a medida que son analizadas. En cuanto al jerarquismo critica su postura del dominio de los seres "superiores" sobre los "inferiores" en lugar de reconocer que los primeros evolucionaron a partir de los segundos. Sobre el tychismo expone que "no es verdad que pueda asignársele una probabilidad a todo suceso posible", afirmando que la única manera de saber si un proceso es aleatorio es "construir un modelo probabilista de él y ponerlo a prueba". Del dinamismo sugiere que "alabar el cambio" está bien pero que es importante percatarse de que hay "algo constante" como en el caso de una propiedad permanente o un patrón invariable. En el caso específico de la dialéctica manifiesta que no se salva de contraejemplos como el que para que algo sea internamente "contradictorio" debe ser un ente complejo, por lo que no contendría partículas elementales como quarks, gluones, electrones y fotones; o que, "aunque el conflicto es bastante real en todos los niveles, también lo es la cooperación".[nota 13] Con respecto al atomismo expresa que es limitado y que cada entidad individual es un componente de algún sistema por lo que considera como "idealizaciones" o "ficciones" al electrón o fotón libres o la célula, la persona o la nación aisladas. En cuanto al mecanicismo afirma que "tuvo su día de gloria", reconociendo que "estimuló una prodigiosa creatividad científica y tecnológica desde su inicio hasta mediados del siglo XIX", pero que declinó con el nacimiento de la física de campos y la termodinámica. Sobre el sacralismo expresa que es una cosmología "ingenua y anacrónica" que "nos ciega y a la vez ata nuestras manos". Mientras que define al textualismo como "probablemente, la más absurda, dogmática, estéril y engañosa de todas las versiones del idealismo".[1] [23]

Crítica al positivismo lógico[editar]

Bunge sostiene que el positivismo lógico no posee una semántica defendible ni una ontología que trascienda el fenomenalismo, además de no poseer una ética más allá del emotivismo de Hume.[2]

Crítica al existencialismo[editar]

Sobre el existencialismo afirma que es una "doctrina sombría" que "no sirve para pensar ni para hacer otra cosa que no sea deprimirse, destruir o destruirse." considerando a ciertos escritos de Heidegger como "disparates";[nota 14] criticando sus opiniones que lo hicieron utilizable por el nazismo: su concepción del hombre como un ser angustiado y por tanto paralizado ante la nada y su afirmación de que la razón y la ciencia son despreciables y que lo único que importa es "la existencia desnuda"; argumentando que su metafísica fue una mezcla de "afirmaciones carentes de sentido (...), de perogrulladas y de falsedades"; y, que no propuso una filosofía propiamente dicha.[3]

Crítica al popperianismo[editar]

En cuanto al popperianismo considera que rechaza la idea de hacer semántica y su ontología no trasciende el individualismo, además de no poseer ninguna ética más allá de las premisas de Buda, Epicuro e Hipócrates de no producir ningún daño.[2]

Crítica al marxismo[editar]

Mientras que acerca del marxismo resalta su carácter estrechamente economicista que infravalora el papel de la política y la cultura, el hecho de confundir lógica con ontología y la adopción del utilitarismo como ética.[2]

Crítica a las pseudociencias[editar]

Conceptualización bungeana de pseudociencia[editar]

De acuerdo a Bunge, la pseudociencia es todo campo de conocimiento que no es científico pero se publicita como tal. Además expresa que las pseudociencias son más populares que las ciencias porque "la credulidad está más difundida que el espíritu crítico, el que no se adquiere recopilando y memorizando informaciones, sino repensando lo aprendido y sometiéndolo a prueba" y que inclusive no debe sorprender que, ocasionalmente, "incluso los científicos, tecnólogos y eruditos consuman y hasta produzcan ideas y prácticas pseudocientíficas".[1] [2]

la pseudociencia y la pseudotecnología son versiones modernas del pensamiento mágico. Se las debe someter a examen crítico no sólo para limpiar la cultura, sino también para impedir que los curanderos limpien nuestros bolsillos. Para criticarlas no basta mostrar que carecen de apoyo empírico, ya que, después de todo, se podría creer que tal respaldo llegará en algún momento. También tenemos que mostrar que esas creencias en lo misterioso o lo paranormal son contradictorias con teorías científicas sólidamente establecidas o con principios filosóficos fértiles.

Mario Bunge[2]

Crítica a la cosmología creacionista[editar]

Bunge expone que el creacionismo (tanto laico como religioso) no tiene asidero empírico y contradice todas las leyes de conservación conocidas al afirmar que el universo se creó a sí mismo o por la divinidad.[2] [37]

Crítica a la hipótesis del gen egoísta[editar]

Respecto a la hipótesis formulada por Richard Dawkins, Bunge critica su tendencia a inferir que el genoma es lo único que importa en el desarrollo y la evolución, argumentando que los animales con mayores posibilidades son aquellos que "además de estar bien dotados genéticamente, poseen cerebros maleables que les permiten aprender pautas de conducta adaptativas".[2]

Crítica a aplicaciones de la teoría de juegos[editar]

Bunge considera a aplicaciones de la teoría de juegos (como a la estrategia de la disuasión nuclear, a los conflictos sociales, a la aparición de las normas sociales y morales o a la historia militar) pseudocientíficas porque simplifica las situaciones reales de manera excesiva, reduciéndolas a la confrontación de dos agentes aislados, como si no hubiera terceros y como si los dos agentes no tuvieran un futuro en común; porque los beneficios o utilidades que aparecen en la teoría general, así como en sus aplicaciones, no son objetivos ni mensurables, sino subjetivos y difíciles o imposibles de comprobar; y porque siempre es posible manipular esos números de modo tal que la solución óptima a un problema del tipo del DP sea la cooperación o la confrontación, como se prefiera.[2]

Crítica a la economía neoclásica[editar]

Bunge considera que al estar formulada en términos matemáticos y rigurosos la teoría de enfoque neoclásico posee una "brillante apariencia científica". Sin embargo no estudia sistemas económicos reales, ignora la historia y todas las restricciones macrosociales y no se preocupa por el medio ambiente o las generaciones por venir. Asimismo no da cuenta de la formación de los precios o el dinero, no explica la inflación o la estanflación, no predice de manera exacta las expansiones y contracciones económicas e ignora fuerzas como sindicatos, monopolios, empresas multinacionales, el Estado omnipresente y la clase dirigente militar.[2]

Crítica a la sociobiología[editar]

Bunge critica el intento de la sociobiología de reducir la sociología a la biología (y en particular a la genética) argumentando que los sistemas sociales tienen componentes (como las redes de transporte) y propiedades (como la organización política) que no son biológicos.[2] Expone además que si toda porción de comportamiento social fuese sólo un mecanismo de supervivencia, todas las instituciones deberían estar presentes en todas las culturas y no habría prácticas sociales que constituyesen una amenaza para la vida, tales como la contaminación del ambiente, la reproducción sin límites y el militarismo.[23]

Crítica a la parapsicología[editar]

La crítica a la parapsicología se centra en la carencia de pruebas empíricas genuinas sobre la existencia de individuos dotados de habilidades como la telepatía, la precognición, la clarividencia o la telequinesis. Bunge argumenta además que los parapsicólogos no buscan leyes ni explicaciones físicas de lo paranormal (exponiendo una actitud semejante en los creyentes religiosos); que los fenómenos paranormales son incongruentes con algunos de los principios básicos de la ciencia o con algunos de los principios filosóficos generales que subyacen en la investigación científica; que, a diferencia de toda disciplina científica, la parapsicología no es un componente del sistema de las ciencias; y que, en el caso específico de las ondas psi, no se conoce qué ecuaciones satisfacen o no se podrían diseñar dispositivos con el fin de detectarlas.[2]

Crítica al psicoanálisis[editar]

Bunge ha atacado vigorosamente al psicoanálisis en numerosas oportunidades. Las razones que ha ofrecido pueden agruparse en dos tipos: razones metodológicas y pruebas empíricas. Las primeras constituyen una crítica al modo de proceder de los investigadores que han desarrollado el psicoanálisis, desde Freud hasta nuestros días. Ese modo de proceder, afirma Bunge, está reñido con los requisitos mínimos aceptados por la comunidad científica internacional para considerar que una investigación es científica. En otras palabras, los psicoanalistas no utilizan la estrategia general de indagación conocida como método científico. Las razones del segundo tipo muestran que los datos no apoyan las ideas psicoanalíticas.[38] [38] [39] [21] [40]

Crítica a la medicina tradicional[editar]

De acuerdo a Bunge, las medicinas tradicionales no distinguían el síntoma subjetivo del signo o indicador objetivo, no medían ninguna variable y no hacían ensayos clínicos ni disponían de estadística; además que, con excepción de ciertos consejos profilácticos y dietéticos, la medicina contemporánea no usa casi ninguno de los conocimientos de las medicinas tradicionales. En el caso de la acupuntura, centro de la terapia china tradicional, expresa que "es inútil excepto como placebo analgésico"; de la medicina hindú, que a pesar de inventar algunos procedimientos quirúrgicos notables, los aplicó sin asepsia ni anestesia, y que la farmacopea ayurvédica fue masivamente fantasiosa.[1]

Crítica a la medicina complementaria y alternativa[editar]

Para Bunge las medicinas alternativas manejan productos de naturaleza desconocida, aplicadas a personas no estudiadas y con efectos de tipo e intensidad desconocidos, asimismo considera que la terapias son eficaces en alguna medida debido a dos factores: el retorno espontáneo a la salud (vis medicatrix naturae) y el conjunto de efectos placebo y que las terapias alternativas son tan infundadas e ineficaces como las tradicionales.[1]

Medicina holística[editar]

A diferencia de la medicina contemporánea que es sistémica y analítica, para Bunge, al pretender tratar la totalidad, al holista "se le escapan las peculiaridades de las partes".[1]

Homeopatía[editar]

La crítica a la homeopatía se centra en la carencia de estudios farmacológicos que muestren la efectividad de los remedios homeopáticos y de ensayos clínicos que prueben la mejoría de los pacientes que los toman.[1]

Naturopatía[editar]

Entendida como componente del naturismo, que es considerado por Bunge como esencialmente un juicio de valor ("Lo natural es mejor que lo artificial"), la crítica se centra en la desregulación de la venta de productos naturales por considerarse inofensivos, teniendo como consecuencia el desconocimiento en detalle de la composición de cada producto y de los mecanismos bioquímicos que desata, acelera o retarda al ingerirse.[1]

Bibliografía[editar]

  • 2013: ¿Tiene porvenir el socialismo? Buenos Aires: Eudeba. Compilado junto con Carlos Gabetta. Contiene ensayos de ambos compiladores y de Josep Fontana, Antoni Domenech, Antonio Gutiérrez y Mariano Schuster.
  • 2012: Filosofía para médicos. Barcelona - Buenos Aires: Gedisa.
  • 2012: Filosofía de la tecnología y otros ensayos Lima: Universidad Garcilaso de la Vega.
  • 2012: Diálogos urticantes Lima Universidad Garcilaso de la Vega.
  • 2012: Tratado de filosofía. Vol. IV, Ontología 2: Un Mundo de Sistemas. Barcelona: Gedisa.
  • 2011: Tratado de filosofía. Vol. III, Ontología 1: El moblaje del mundo. Barcelona: Gedisa.
  • 2011: Provocaciones. Buenos Aires: EDHASA.
  • 2010: Las pseudociencias ¡vaya timo! Pamplona: Laetoli.
  • 2009: Filosofía política. Solidaridad, cooperación y Democracia Integral. Barcelona: Gedisa.
  • 2009: Tratado de filosofía. Vol. II, Semántica 2: Interpretación y verdad. Barcelona: Gedisa.
  • 2008: Tratado de filosofía. Vol. I, Semántica 1: Sentido y referencia. Barcelona: Gedisa.
  • 2007: A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo. Barcelona: Gedisa.
  • 2006: 100 Ideas. El libro para pensar y discutir en el café. Buenos Aires: Sudamericana. (Compendio de artículos periodísticos).
  • 2005: Intuición y razón. Buenos Aires: DeBolsillo - Sudamericana. (Existe primera edición en 1996 de otra editorial).
  • 2004: Emergencia y convergencia. Novedad cualitativa y unidad del conocimiento. Barcelona: Gedisa.
  • 2004: Mitos, hechos y razones. Buenos Aires: Sudamericana.
  • 2003: Cápsulas. Barcelona, Gedisa. (Compendio de artículos para la agencia de noticias EFE y la prensa argentina).
  • 2002: Ser, saber, hacer. México: Paidós.
  • 2002: Filosofía de la psicología (en colaboración con el doctor Rubén Ardila). México: Siglo XXI Editores, 2.ª ed.
  • 2002: Epistemología. Curso de actualización. 3.ª ed. Barcelona, Ariel.
  • 2002: Crisis y reconstrucción de la filosofía. Barcelona: Editorial Gedisa.
  • 2001: Diccionario de filosofía. México: Siglo XXI Editores.
  • 2000: Fundamentos de biofilosofia. México - Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
  • 1999: Las ciencias sociales en discusión. Buenos Aires: Sudamericana.
  • 1999: Buscar la filosofía en las ciencias sociales. Madrid: Siglo XXI Editores, ISBN 950-07-1566-X.
  • 1997: Vistas y entrevistas. Buenos Aires: Sudamericana, 2.ª ed.
  • 1997: La ciencia, su método y su filosofía. Buenos Aires: Sudamericana.
  • 1996: Sociología de la ciencia. Buenos Aires: Siglo Veinte, ISBN 950-516-522-6
  • 1995: Ética, ciencia y técnica. Buenos Aires: Sudamericana, ISBN 950-071-131-1
  • 1989: Mente y sociedad. Madrid: Alianza Universidad.
  • 1985: Seudociencia e ideología. Madrid: Alianza Universidad.
  • 1985: El problema mente-cerebro : un enfoque psicobiológico. Madrid: Tecnos. ISBN 84-3091-174-X
  • 1985: Racionalidad y realismo. Madrid: Alianza Universidad.
  • 1983: Lingüística y filosofía. Barcelona: Ariel.
  • 1982: Economía y filosofía. Madrid: Tecnos.
  • 1981: Materialismo y ciencia. Barcelona: Ariel.
  • 1978: La causalidad: el principio de causalidad en la ciencia moderna. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (4.ª edición). Reeditado por Sudamericana (Buenos Aires), en 1997.
  • 1978: Filosofía de la física. Barcelona: Ariel. ISBN 84-3448-001-8
  • 1978: Las teorías de la causalidad. Salamanca: Sigueme. ISBN 84-301-0446-1
  • 1972: Teoría y realidad. Barcelona: Ariel. ISBN 84-3441-050-8
  • 1969: La investigación científica. Su estrategia y su filosofía. Barcelona: Ariel. OCLC 5394770, última reedición en 2000 por México: Siglo XXI Editores. ISBN 968-232-225-1
  • 1965: Intuición y ciencia. Buenos Aires: Eudeba, OCLC 14491147
  • 1963: Tecnología, ciencia y filosofía. Santiago: Editorial Universitaria. OCLC 55352859
  • 1960: La ciencia, su método y su filosofía. Buenos Aires: Editorial Siglo Veinte.
  • 1961: Causalidad: el principio de causalidad en la ciencia moderna. Buenos Aires: Eudeba. OCLC 253068907
  • 1960: Ética y ciencia. Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte. OCLC 8682959
  • 1955: La edad del universo. La Paz: Editorial U.M.S.A. OCLC 29879242
  • 1943: Temas de educación popular. Buenos Aires: El Ateneo. OCLC 2206647

Notas[editar]

  1. Bunge sostiene que el materialismo posee axiomas apoyados de manera general por la ciencia y la tecnología contemporáneas, ya que éstas mismas investigan y modifican sólo objetos materiales (o concretos) y no reconocen objetos inmateriales, excepto en el caso de conceptos, propiedades y relaciones, de ninguno de los cuales es preciso suponer que existen por sí mismos.
  2. En opinión de Bunge son muy pocos los científicos que se percatan del compromiso tácito de las ciencias fácticas con el materialismo, o que se toman el trabajo de reconocerlo. Esto debido al poco interés de poner al descubierto los presupuestos propios, por el poco avance del materialismo al estar casi siempre en "manos de aficionados" o porque los materialistas convictos son "muy pronto aislados" o "se los pone en compañía indeseable".
  3. La exactificación, en palabras de Bunge, consiste en reemplazar la vaguedad por la precisión lo cual se logra empleando en lugar del lenguaje común, el de la matemática y la lógica. Para Bunge cualquier filosofía (que no sea completamente irracionalista o irremediablemente absurda) puede ser precisada y clarificada, es decir reformulada con el auxilio de conceptos lógicos y matemáticos.
  4. Bunge sostiene que las propiedades, relaciones y cambios de cada uno de los objetos materiales, son reales sólo de un modo derivado: en términos estrictos, se trata de "abstracciones" y que los sucesos en sí mismos no son reales: lo que es real es "la cosa íntegra que cambia".
  5. La independencia del valor de verdad o falsedad en la caracterización de campo cognitivo que emplea Bunge, permite incluir dentro de este conjunto campos como la lógica, la teología, la astrología, la parapsicología, y así sucesivamente.
  6. Según Bunge, indicar que un acto o pauta de conducta es inmoral implica pretender imponer el propio código moral.
  7. Para Bunge las tres principales opiniones sobre la naturaleza del espacio y del tiempo son:
    1. Son un contenedor dentro del cual las cosas "juegan su comedia", mientras que él está fijo.
    2. Son la materia primera con la que se hace cualquier objeto del mundo físico.
    3. No existen en sí mismos, si no que tienen existencia relacional.
  8. Una mala comprensión de la famosa fórmula de Einstein dirige a interpretaciones como que la sustancia básica de que el mundo está hecho es "materia-energía".
  9. Bunge considera justo dejar constancia de que la escuela humanista tenía razón en que un cerebro altamente evolucionado, o "espíritu", coloca a los seres humanos en una categoría muy especial que hace insuficiente a la biología para explicar la naturaleza humana.
  10. Para Bunge una de las razones por las que los psicólogos "no tienen en cuenta" a los filósofos radica en que la mayoría de éstos últimos sólo se mueven en el campo de la psicología popular.
  11. Bunge establece un decálogo al que se ajusta el estudiante consciente:
    1. Comprender, anotando las ideas principales, dibujando diagramas y resolviendo problemas.
    2. Asociar los aprendido con ideas análogas o conexas.
    3. Recordar sólo lo esencial.
    4. Analizar cada paso importante.
    5. Repasar periódicamente.
    6. No perder nunca la oportunidad de aprender y de enseñar.
    7. Resolver los problemas por cuenta propia
    8. Acostumbrarse a escribir y dibujar
    9. Estudiar en casa o en la biblioteca
    10. Colaborar con la escuela.
  12. Conceptos como memoria colectiva, voluntad del pueblo, mercado y "la situación" son considerados por Bunge como evidencia de una "contaminación holística".
  13. Bunge manifiesta que para que aparezca un conflicto dentro de un sistema o entre dos sistemas, "éstos deben, para empezar, existir". Y los sistemas surgen gracias a la cooperación (mayormente involuntaria). Por lo que, la existencia misma de los sistemas muestra que "la cooperación es dominante o lo fue en algún momento".
  14. Bunge considera como "disparates" escritos de Heidegger como: "el mundo mundea", "la nada nadifica", "la palabra es la morada del ser", "el tiempo es la maduración de la temporalidad" y "la esencia de la libertad es la verdad"

Referencias[editar]

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  4. Bunge, M.: Las pseudociencias, ¡vaya timo!, Laetoli, Pamplona, 2010, p. 47: «El existencialismo rechaza la lógica y, en general, la racionalidad; adopta una ontología extremadamente superficial, casi ininteligible e incluso ridícula; y no necesita semántica, epistemología o ética. No sorprende que haya carecido de impacto alguno en la ciencia (excepto, de forma indirecta y negativa, por su degradación de la razón y su apoyo al nazismo).»
  5. a b c Bunge, Mario (2011). Ciencias sociales en discusion. Penguin Random House Grupo Editorial Argentina. ISBN 978-950-07-3966-5. 
  6. Bunge, M.: Crisis y reconstrucción de la filosofía, Gedisa, Barcelona, 2002, p. 284: «Comete una impostura filosófica quien escribe textos herméticos como Sein und Zeit de Heidegger.» Véase también p. 278.
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  8. Bunge, Mario (2000). La relación entre la sociología y la filosofía. Madrid: Edaf. p. 313. ISBN 8441407673. «No contento con escribir sinsentidos y violentar el idioma alemán, Heidegger (1976 [1953], 20, 37) acumuló desprecio por la "simple ciencia" por ser supuestamente incapaz de "despertar el espíritu".» 
  9. Bunge, Mario (2013). Intuición y razón. Penguin Random House Grupo Editorial Argentina. ISBN 978-987-566-939-0. 
  10. a b c Fernández, Marta (2009). Pensadores sociales contemporáneos (1° edición). Buenos Aires: Ediciones del Signo. ISBN 9871074603. 
  11. Bunge, M.: Crisis y reconstrucción de la filosofía, Gedisa, Barcelona, 2002, p. 50: «Los llamados posmodernos se limitan a hacer afirmaciones, mientras más herméticas y menos fundamentadas mejor.» Véanse también pp. 189-190.
  12. Bunge, M.: Crisis y reconstrucción de la filosofía, Gedisa, Barcelona, 2002, pp. 154 y ss.
  13. Bunge, Mario (2011). Ciencias sociales en discusion. Penguin Random House Grupo Editorial Argentina. ISBN 9500739666. «Las "teóricas feministas" nos piden que creamos que la filosofía, la matemática, la ciencia y la tecnología han estado hasta ahora "cargadas de género" y que, además son herramientas de la dominación masculina. Desde luego, no ofrecen prueba alguna a favor de su tesis, presumiblemente porque la preocupación por la verdad objetiva es androcéntrica.» 
  14. Bunge, Mario (2011). Ciencias sociales en discusion. Penguin Random House Grupo Editorial Argentina. ISBN 9500739666. «la ciencia femenina es tan inexistente como la ciencia aria; lo que pasa por tal es sólo una superchería académica. Lo mismo la filosofía feminista: la genuina filosofía es tan asexuada como la matemática y la ciencia auténticas.» 
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  32. Mahner, Martín; Bunge, Mario (2000). Fundamentos de biofilosofía. México: Siglo XXI. p. 39. ISBN 9682322758. «el espacio y el tiempo no son objetos que existen por sí mismos (o recipientes de cosas.) En lugar de esto, el espaciotiempo es una red de relaciones entre distintas cosas cambiantes. En resumen, sin cosas distintas ni cambiantes no hay espaciotiempo.» 
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Enlaces externos[editar]


Predecesora:
María Zambrano
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2º Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades

1982
Sucesor:
El País