Praxeología

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Praxeología es una metodología que busca estudiar la estructura lógica de la acción humana (praxis). El primer postulado de la praxeología es que el hombre es un ser de racionalidad perfecta. Por lo tanto, las ideas de racionalidad limitada son su antítesis. La praxeología centra su atención en el individuo que actúa (individualismo metodológico), sacando de esta observación axiomas o principios elementales, inmutables e incuestionables, con los cuales analizar el proceso de la acción del humano. Por eso si alguno de los axiomas se demostrara falso, entonces se desmoronaría toda la teoría praxeológica. El análisis comienza con las apreciaciones y aspiraciones del consumidor, quien supuestamente operaría basándose en su propia (y siempre mudable) escala de valores. Combinando y entrelazando las escalas de valores de todas las personas se generaría el total de la oferta y la demanda económica (valoración subjetiva).

La praxeología toma a la ciencia económica como la aplicación de axiomas lógicos; y rechaza usar los métodos científicos de las ciencias naturales para estudiar las ciencias sociales.[1] En este punto se debate qué es y cómo se obtiene el conocimiento: los defensores de la praxeología la proponen como una alternativa superior al método científico de las ciencias naturales.[2] Es por eso que la Praxeología no puede ser considerada una pseudociencia ya que ella nunca se declara a sí misma una «ciencia»: al contrario, abiertamente rechaza el método científico porque lo considera inadecuado.

El término «Praxeología» se usó por primera vez en 1608 por el filósofo, físico y teólogo Alemán Clemens Timpler (1563-1624) en su obra Philosophiae practicae systema methodicum, aunque su definición se acredita al pensador francés Alfred Espinas (1844-1922); comúnmente se usa en relación con la obra del economista austríaco Ludwig von Mises y sus seguidores de la Escuela de Viena, también denominada Escuela Austríaca de Economía.

Axiomas praxeológicos[editar]

Para la praxeología las verdades y conclusiones que entretejen específicamente la ciencia económica y, en general, a las ciencias sociales no son sino derivaciones lógicas de los principios de la acción humana:

  • El hombre actúa.
  • Prefiere unas cosas a otras.
  • Concurre a la acción para alcanzar sus siempre mudables, pero en cada momento concretos y específicos, fines.
  • El factor tiempo influye en su accionar.
  • El incentivo que empuja a un hombre a actuar, es un cierto malestar por algo.[3]
  • Si un hombre es perfectamente feliz, no actúa, porque ya no desea nada.[3]
  • Todos los hombres que actúan son infelices.[3]

Estos axiomas praxeológicos se encuentran postulados primeramente en el tratado de economía Acción humana, elaborado por Ludwig von Mises.

Estructura lógica[editar]

Mises intentó encontrar la raíz conceptual de la economía. Como otros economistas clásicos, rechazaba observar el mundo real; diciendo que los actores humanos eran demasiado complejos como para reducirlos a sus componentes y demasiado conscientes de sí mismos como para no alterar su comportamiento al saberse observados. Por eso los praxeologistas afirmaban que la observación científica de la acción humana (o su extrapolación a partir de datos históricos) sufriría siempre de la contaminación por factores pasados por alto.

Para contrarrestar la naturaleza subjetiva de los resultados del análisis histórico y estadístico, von Mises inteligentemente propuso el estudio de la estructura lógica de la acción humana. O sea, Mieses creyo imposible realizar un estudio experimental sobre el accionar humano y por eso pasó a un estudio a priori de lo que él creía que era el hombre racional. Hoy en día el estudio científico del comportamiento es llamado ciencia cognitiva, pero durante la vida de Mieses no existían los modernos avances en neurología sobre los cuales se basa esta rama de la ciencia. Muchos detractores de Mieses lo atacan por este motivo, pero en realidad él hizo una de muy buena elección para su época.

En administración se plantea la indisolubilidad de las relaciones de la praxeología con otras tres disciplinas filosóficas, a saber: la epistemología, la axiología y la ontología, como una metodología para comprender el comportamiento del ser humano en las organizaciones.[4]

Satisfacción[editar]

De la praxeología, Mises derivó la idea de que cada acto consciente del ser humano tiene como meta la mejora del nivel de satisfacción de la persona. Tuvo especial cuidado en señalar que la praxeología no se ocupa de la definición individual de lo que es la satisfacción, sino sólo el modo en el que el individuo la busca: la forma en que la persona incrementa su satisfacción eliminando una fuente de descontento. Ya que el futuro es incierto, toda acción es especulativa.

Racionalidad[editar]

La Praxeología parte del supuesto que el hombre de acción es alguien capaz de pensar con una lógica perfecta y sin ningún error. De modo similar, el hombre de acción debe tener al menos una fuente de desagrado que crea poder eliminar; en caso contrario, no podría actuar.

Cabe aclarar que esta racionalidad se refiere a la capacidad de actuar de acuerdo a un fin. No necesariamente a que siempre se actúe conforme a "las leyes de la lógica", sino más bien en base a lo que decide de acuerdo a su subjetiva escala de valores. Con otras palabras: el hombre puede cambiar sus valoraciones y después de cambiarlas, cambia su actitud; esto puede parecer ilógico a un observador externo, pero es completamente lógico para el que actúa.

Mieses tiene una concepción de absoluta racionalidad. Las modernas ideas de racionalidad limitada surgieron posteriormente. En Human Action Mieses llega a afirmar que un recién nacido no es completamente humano porque no es un ser racional. [5]

Ordinalidad[editar]

Otra conclusión a la que llegó von Mises fue que las decisiones se toman en modo ordinal: es imposible llevar a cabo más de una acción al mismo tiempo, ya que la mente consciente sólo es capaz de procesar una decisión a la vez, aún cuando estas decisiones se tomen en rápida secuencia, pareciendo simultáneas. Así, el individuo actuará según sus prioridades: removerá primero la fuente de su mayor descontento para ir progresivamente reevaluando su situación e identificando consiguientemente la mayor fuente de descontento. Por lo tanto, su segunda meta siempre será menos importante que la primera, y así sucesivamente. Y de este modo, su satisfacción por cada meta subsecuente alcanzada será menor que las que obtuvo de metas más apremiantes. Ésta es la regla de la utilidad marginal decreciente.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Barbut, Marc (1999). «Maquiavelo y la praxeología matemática». Empiria: Revista de metodología de ciencias sociales 16:  pp. 169-181. ISSN 11395737. 
  2. Human Action, Parte I: Human Action, Capítulo II: The epistemological problems of the sciences of human action. (páginas 30 a 71).
  3. a b c Human Action, Parte I: Human Action, Capítulo I: Acting Man, Parágrafo 2: The prerequisites of human action. (pág. 13).
  4. Bédard, Renée (2009). Los fundamentos del pensamiento y las práctivas administrativas. Montreal: HEC Montreal. ISBN 978-607-8049-00-4. 
  5. Human Action, Parte I: Human Action, Capítulo I: Acting Man, Parágrafo 2: The prerequisites of human action. (pág. 14).