Juan de Espinosa Medrano

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Juan de Espinosa Medrano
Miniatura de Juan de Espinosa Medrano incluida en el Jardín Alegórico del Seminario de San Antonio Abad (lienzo elaborado probablemente a inicios del siglo XVIII).jpg
Miniatura de Juan de Espinosa Medrano
Información personal
Nacimiento 1630 Ver y modificar los datos en Wikidata
Departamento de Cuzco, Virreinato del Perú Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 22 de noviembre de 1688 Ver y modificar los datos en Wikidata
Cuzco, Virreinato del Perú Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua materna Español Ver y modificar los datos en Wikidata
Orden religiosa Orden de Predicadores Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Polímata, escritor, teólogo, predicador y dramaturgo Ver y modificar los datos en Wikidata
Seudónimo Lunarejo, Doctor Sublime, Demóstenes Indiano
Lengua de producción literaria Español, latín y quechua.
Obras notables El robo de Proserpina y sueño de Endimión (c. 1650), Amar su propia muerte (c. 1650), El hijo pródigo (c. 1657), Apologético en favor de Luis de Góngora (1662), Philosophia Thomistica (1688), La Novena Maravilla (1695).
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Juan de Espinosa Medrano (¿Calcauso?,¿1630? - Cuzco, 1688), conocido en la historia como Lunarejo, fue un clérigo, predicador sagrado, criollo letrado, autor teatral y polímata del Virreinato del Perú.[1]​ Es el autor más destacado del barroco literario peruano y una de las figuras más importantes del barroco en Hispanoamérica en el siglo XVII (junto a los novohispanos Sor Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora).[2]

Juan de Espinosa Medrano es el autor del discurso apologético más famoso de la América del siglo XVII: el Apologético en favor de Don Luis de Góngora (1662). Escribió, además, autos sacramentales en quechuaEl robo de Proserpina y sueño de Endimión (c. 1650) y El hijo pródigo (c. 1657)—, comedias en español —de las cuales se conserva solo una intitulada Amar su propia muerte (c. 1650)—, sermones panegíricos —recopilados tras su muerte en el volumen La Novena Maravilla (1695)— y un curso en idioma latín de filosofía tomísticaPhilosophia Thomistica (1688)—.

Adquirió fama en vida por el estilo y la profundidad conceptual de su obra (la cual se valoró de acuerdo a los parámetros barrocos de su época). Su polimatía, erudición e ingenio en la composición de sermones y otras obras le ganaron, en vida, los apelativos de Doctor Sublime y Demóstenes Indiano, además de otros de menor uso como Fénix criollo y Tertuliano de la América. Más adelante, iniciada la existencia republicana del Perú, su recuerdo se usó como modelo ejemplar del potencial intelectual y moral del hombre (criollo, mestizo o indígena) de América.[3]

El origen y los detalles de los primeros años de vida de Juan de Espinosa Medrano son, casi en su totalidad, desconocidos. La falta de consignación de mayores datos biográficos en el testamento redactado por el autor días antes de su muerte[4]​ ha conducido a la especulación respecto a su etnia (o raza) y a su identidad, la misma que ha sido manipulada o tergiversada repetidas veces, especialmente por biógrafos abanderados o afines a la agenda política del indigenismo en el Perú.[5]​ Lo cierto, no obstante, es que Juan de Espinosa Medrano se consideró siempre tanto un criollo como un español. Las evidencias de tal auto-identificación se encuentran en su obra, en la cual se autocalifica como hispano, además de ser cuidadoso de no vincularse con la cultura y la etnia de los pueblos nativos americanos, a los que, al contrario, repetidas veces califica de 'enemigos', 'bárbaros' e 'idólatras'.[5]

Su vasta producción barroca, escrita en español, latín y quechua —en un registro culto distinto a los dialectos existentes hoy—, se publicó tanto en América como en Europa, si bien solamente al final de su vida en el Viejo Continente. Tuvo incidencia significativa, no obstante, exclusivamente en el Virreinato del Perú, sobre todo debido al sabotaje a la circulación de su obra filosófica en Roma por clérigos jesuitas a fines del siglo XVII (periodo en el cual la Universidad de San Ignacio de Loyola del Cuzco se encontraba en disputa con el Seminario de San Antonio Abad —institución que Juan de Espinosa Medrano representaba— por la potestad en exclusividad de la primera en la entrega del título académico de doctor a aquellos instruidos en teología —hecho que obligaba a los estudiantes antonianos, de formación tomista, a presentarse, para su evaluación, ante un jurado de teólogos jesuitas de doctrina suareciana—).[6][7]

En el presente —a pesar de los misterios fascinantes de su biografía y la calidad de su producción literaria— el estudio de la obra y vida de Juan de Espinosa Medrano ha caído en la relegación o el olvido. De esta forma, si bien parte de la historia de su vida aún sobrevive en la tradición oral de las provincias de Apurímac (donde ha adquirido caracteres particulares), tanto en la región del Cusco como dentro del canon literario peruano, el conocimiento del autor y su diversa obra se limitan generalmente al ámbito de los especialistas en Literatura Colonial o el Barroco de Indias.

Biografía[editar]

Vista actual del Seminario de San Antonio Abad (ubicado en la contemporánea Plaza Nazarenas en la ciudad del Cusco). Los recintos del Seminario han sido fragmentados y hoy se dividen en un hotel y parroquia.

Origen y primeros años[editar]

Tras una serie de estudios y recurrente indagación histórica, la coordenada espacio-temporal de Calcauso, 1630, se postula como la más verosímil intersección en que hallar el nacimiento de Juan de Espinosa Medrano.[1]​ De sus progenitores, de la etnia, condición y linaje de estos, nada se sabe; tal falta íntegra de información es principio para deducir la ausencia de carácter noble en Juan de Espinosa Medrano, seguramente, un niño que se desenvolvió en un entorno humilde y campestre en sus primeros años (tal entorno es sugerente de un posible mestizaje en su concepción, hipótesis que invita a pensar en un origen resultado de la unión de un español —tal vez un clérigo— y una india o mestiza).[5]

Consecuentemente, debe tomarse como cierta la afirmación de Agustín Cortés de la Cruz —discípulo y primer biógrafo del autor— sobre el origen de Juan de Espinosa Medrano: "poco le favoreció en sus principios la que el vulgo llama Fortuna".[8]​ Asimismo, la aseveración de Clorinda Matto de Turner, quien no erró al novelar: "El que, venido al mundo en cuna humilde, supo elevarse, con sólo el peldaño del libro y la oración, hasta brillar como el astro rey en el cielo literario de la América del Sur".[3]​ En una sociedad imperial donde el acceso al ejercicio intelectual estaba determinado, en gran medida, por el abolengo, Juan de Espinosa Medrano supo sobreponerse a un origen rural, corriente y falto de privilegios para alcanzar una notable instrucción. Tal realidad no asegura, sin embargo, la condición de indio en el autor (como Clorinda Matto y la tradición oral en Apurímac aseveran), pues la imagen de Espinosa Medrano como indio es prácticamente inadmisible una vez se tiene en cuenta el devenir de su vida que lo llevó a ser predicador sagrado, clérigo y hombre de fortuna y poder en el Cuzco colonial (donde tales actividades y tal enriquecimiento eran inaccesibles para un indio).

El enigma de los primeros años de vida de Espinosa Medrano ha actuado —y actúa aún— como estímulo para la creación de una biografía oral e imaginaria indígena. El modelo para tal imaginación constante en el Perú se encuentra en la aproximación biográfica al autor por parte de Clorinda Matto de Turner a fines del siglo XIX.

La biografía infantil e indigenista de Juan de Espinosa Medrano por Clorinda Matto[editar]

Clorinda Matto de Turner, autora de una biografía sobre Juan de Espinosa Medrano titulada "Don Juan de Espinosa Medrano —o sea— el Doctor Lunarejo", incluida en Bocetos al Lápiz de Americanos Célebres (1890). Su construcción biográfica sobre Espinosa Medrano sobrevive con fuerza en la cultura popular y en las provincias andinas de la República del Perú.

Clorinda Matto de Turner publicó en Lima la primera versión de su famoso estudio "Don Juan de Espinosa Medrano —o sea— el Doctor Lunarejo" en 1887. Tres años después, tras ligeras correcciones, publicó nuevamente el estudio biográfico en el breve compendio Bocetos al Lápiz de Americanos Célebres (1890),[1]​ texto que incluye un capítulo dedicado a Juan de Espinosa Medrano en el cual Clorinda Matto construye una biografía fundamentada en datos obtenidos, en gran medida, de la tradición oral.

El ejercicio biográfico de Clorinda Matto es, en segmentos significativos, poco riguroso con la ausencia de datos documentales, vacíos que constantemente aspira a llenar a través de un ejercicio de novelación de la vida de Espinosa Medrano. Tal propósito (si bien loable en sus fines de exaltación del autor) ha llevado al entorno académico (es decir, científico) del presente a cuestionar la legitimidad de su biografía, a tal punto, que hoy ha quedado prácticamente descartada como fuente de verdad (por falta de objetividad histórica). La ostensible carga ideológica que, asimismo, reviste el texto —y que la propia Clorinda Matto no pretende ocultar—, hacen, por otro lado, más dudosa aún la seriedad de su aproximación biográfica. Esta es, en suma, inconsistente con la pretensión de veracidad en obras de tal naturaleza.[1]

Una vez hecha esta aclaración, vale detenerse brevemente en la biografía infantil e indigenista de Juan de Espinosa Medrano realizada por Clorinda Matto, sobre todo por ejercer esta aún una influencia consistente en la imaginación popular que se tiene sobre el autor.

De acuerdo a Clorinda Matto, Juan de Espinosa Medrano fue vástago de una unión conyugal indígena, aquella de Agustín Espinosa y Paula Medrano, padres de condición humilde que criaron a su pequeño hijo en una "choza de la alegre aldea".[3]​ A los siete años, Juan iniciaría su instrucción en la 'clase de párvulos' del párroco de Mollebamba, lugar donde además de ser alumno destacado, sería también sacristán del curato, espacio en el que descubriría la vocación letrada y religiosa que más adelante fructificaría con el paso de su vida.

Tras un periodo de servicio y educación con el cura párroco de Mollebamba, Juan de Espinosa Medrano pasaría al Cuzco en calidad de sirviente. En Cuzco, tendría lugar su ingreso en el Seminario de San Antonio Abad, recinto donde Juan prontamente adquiriría maestría en diferentes instrumentos musicales y destreza en lenguas, además de pericia en ciencias y letras para admiración de sus contemporáneos.[3]

Obtendría el grado de doctor en la jesuita Universidad de San Ignacio de Loyola del Cuzco, poco después de cumplir dieciocho años.[3]​ En adelante tendría que luchar contra el prejuicio de que siendo indio no podría ocupar cargos eclesiásticos de envergadura.

Carrera eclesiástica y desempeño intelectual[editar]

'La oración panegírica a Santiago Apóstol' de Espinosa Medrano es uno de los textos fundamentales para comprender su autoidentificación cultural. El sermón fue predicado en la Catedral del Cuzco y luego publicado en el volumen La Novena Maravilla.

La documentación indica que hacia 1645, cuando contaba con una edad próxima a los quince años, Espinosa Medrano era estudiante en el Seminario de San Antonio Abad.[9]​ Sus maestros y mentores en esta institución habrían de ser: fray Francisco de Loyola (prior agustino cofundador del Convento de San Agustín en Cuzco en 1559), quien afirmaría reconocer en el joven "un ingenio muy singular, acompañado de mucha virtud"[1]​; Alonso Bravo de Paredes y Quiñones, predicador sagrado y catedrático de filosofía en el Seminario de San Antonio Abad (además de posterior censor del Apologético);[10]​ y Juan de Cárdenas y Céspedes, famoso rector del Seminario de San Antonio desde 1632 hasta 1702, año de su muerte. Los estudios de Juan de Espinosa Medrano debieron prolongarse hasta 1649 o 1650, años en que los testimonios lo muestran ya en desempeño de la cátedra de Artes.[1]​ Entre 1655 y 1657, hubo de adquirir el grado de Doctor en Teología (seguramente tras ser evaluado en la jesuita Universidad de San Ignacio de Loyola), pasando a ser, desde ese entonces (1658), catedrático de esta materia en el Seminario que lo vio crecer.[1][9][11]

Desde 1655 se inicia, oficialmente, la carrera eclesiástica de Juan de Espinosa Medrano y se apertura su desempeño intelectual. Sirve, en primer lugar, en la Parroquia del Sagrario (hoy Templo de la Almudena) y realiza una serie de matrimonios y bautizos de los cuales el último se registra en 1659.[1]​ Desde 1656, Juan de Espinosa Medrano se inicia en la prédica sagrada con 'La oración panegírica a Nuestra Señora de la Antigua'. En años siguientes predica el 'Sermón Primero de San Antonio Abad' (1658), el 'Sermón de San Blas obispo y mártir' (1659) y, quizás, la 'Oración panegírica al glorioso Apóstol Santiago' (1660), uno de los sermones más importantes para comprender su obra.[1]​ En 1662 se publica en Lima el Apologético en favor de Don Luis de Góngora (su obra más famosa y más estudiada).[1]​ Sin embargo, es preciso señalar que su actividad letrada fuera del ámbito de las letras sagradas, se había iniciado ya en la década de 1650, con la comedia bíblica en español Amar su propia muerte (c. 1650) y los autos sacramentales en lengua quechua de El robo de Proserpina y sueño de Endimión (c. 1650) y El hijo pródigo (c. 1657).

Retrato del Virrey Conde de Lemos, quien —según testimonios escritos— deslumbrado por el arte y sermones de Juan de Espinosa Medrano, ordenó (a su séquito) se mandasen a imprimir sus obras a España.

Desde 1664 hasta 1680, Juan de Espinosa Medrano continúa con la escritura de oraciones panegíricas a enunciar en distintos recintos del Cuzco (entre las más importantes: el 'Sermón a las Exequias de Felipe IV' —1666— y la 'Oración Panegírica a la Concepción de Nuestra Señora' —1670—).[1]​ Prosigue su carrera eclesiástica actuando como párroco de Juliaca desde 1660 a 1668, año en que se produce un levantamiento minero en Laicacota sofocado por el Virrey Conde de Lemos, Pedro Antonio Fernández de Castro.[12]​ Desde 1669 hasta 1676 es párroco en el pueblo de Chincheros (hoy paso importante en el Valle Sagrado de los Incas). Desde 1678 actúa como párroco de San Cristóbal, por entonces una de las parroquias de indios más importantes del Cuzco (cargo que habrá de mantener hasta 1683 o 1684 cuando sea nombrado canónigo magistral en la Catedral de la ciudad).[1]

De este periodo de la vida adulta de Espinosa Medrano es pertinente destacar dos eventos en los que el autor dejó evidencia de su ingenio a personas en posesión de cargos de importancia en el sistema imperial. El primer evento corresponde a la visita al Cuzco del Virrey Conde de Lemos en 1668, paso que permite al Virrey la lectura (o audición) de obras líricas y sagradas de Juan de Espinosa Medrano, las mismas que quizás fueron preparadas para su recepción. El evento es fundamental por demostrar, en la biografía del autor, reconocimiento oficial a la distinción de su producción barroca (cuya singularidad los coterráneos alababan). Según el testimonio del ya mencionado primer biógrafo y albacea, Agustín Cortés de la Cruz, "El señor Conde de Lemos luego que oyó en el Cuzco algunas obras y versos [de Espinosa Medrano] con que le celebró el Colegio de San Antonio, los hizo trasladar, sin que quedase papel que no fuese digno de su estimación, por darlos a la estampa en España"[8]​. Lamentablemente, nada concreto se sabe sobre la veracidad y el paradero de este traslado de su obra a Europa.

El segundo evento de importancia para la biografía de Juan de Espinosa Medrano corresponde al envío de una carta a Carlos II, Rey de España, por parte del obispo del Cuzco, Manuel de Mollinedo y Angulo en 1678. Este evento muestra, con mayor claridad, la admiración y alta estima que se tenía hacia al autor tanto por parte del ámbito religioso como también por parte del letrado en la ciudad. El nombre de Juan de Espinosa Medrano —se ve aquí— empieza a ser difundido más allá del obispado colonial del Cuzco y el Virreinato del Perú. El obispo recomienda en la carta la asignación de un puesto en la Catedral del Cuzco para Espinosa Medrano y escribe al rey: "es el sujeto más digno que tiene el obispado por sus muchas y relevantes letras y virtud".[1]

Obra filosófica y años últimos[editar]

Pintura de Juan de Espinosa Medrano realizada por Francisco González Gamarra circa 1930-1945. La pintura es muy posterior a los años de existencia de Espinosa Medrano, pero parece estar basada en un antiguo lienzo conservado en el Seminario de San Antonio Abad.

En 1684 la actividad de Juan de Espinosa Medrano, por entonces canónigo magistral en la Catedral del Cuzco, es muy intesa. A fines de aquel año toma posesión del cargo de tesorero de la Catedral y su labor de predicador sagrado continúa con ritmo firme (pues predica en 1684 y 1685 sus últimos sermones —la 'Oración Panegírica al Augustísimo Sacramento del Altar', la 'Oración Panegírica segunda en honor a Santo Tomás' y la 'Oración Panegírica del Glorioso Apóstol San Andrés'—). Es nombrado chantre de la Catedral en 1686 y ejerce el cargo por dos años breves. En abril de 1686 otorga un poder a fray Leonardo López Dávalos para la impresión de su curso de lógica en latín Philosophia Thomistica en Roma; la obra se publicaría finalmente en 1688, año que marca el fin de la vida de Juan de Espinosa Medrano, autor que no hubo de pasar los sesenta años de existencia.

Ya nombrado arcediano de la Catedral y a punto de ejercer el cargo, en noviembre de 1688, el Fénix criollo fallece en la ciudad del Cuzco (el cronista del siglo XVIII Diego de Esquivel y Navia señala el 13 de noviembre, mientras los documentos parecen indicar como fecha más apropiada el 22 del mismo mes). El entierro se realiza en la Catedral de la ciudad "con magnífica pompa" y efusivas muestras de dolor por parte del pueblo. Entre los distinguidos asistentes al entierro se encuentran el obispo Manuel de Mollinedo y Angulo y el obispo Juan Bravo Dávila y Cartagena, recién electo para ocupar el cargo en el Tucumán.[1][13]

En 1694 se publica una segunda edición del Apologético en favor de Don Luis de Góngora (con algunas variaciones respecto a la edición de 1662 —sobre todo en los preliminares—). En 1695 se publica en Valladolid el conjunto de sermones La Novena Maravilla, publicación que fue resultado de la labor de Agustín Cortés de la Cruz —discípulo y biógrafo de Juan de Espinosa Medrano—,autor de un prólogo laudatorio que apertura el sermonario sagrado.

Concluye, así, la vida de Juan de Espinosa Medrano, el Lunarejo, para quien 'fue corta la existencia dado su carácter de ingenioso Fénix'.[8]​ Las palabras de Pedro de Peralta y Barnuevo actúan como testimonio de su legado, perpetuación y vida 'a despecho de la mortalidad':

"Dispón la admiración para el que objeto

es de mi vaticinio esclarecido:

Del Helicón peruano alto discreto

Apolo de sus musas aplaudido;

El Espinosa, a cuyo fiel respeto (127)

las ciencias tal tributo habrán rendido,

que el veloz ejercicio de estudiarlas

no aprenderlas será, sino imperarlas."


Nota 127 (Nota del propio Peralta y Barnuevo): El Dr. D. Juan de Espinosa Medrano, imprimió la célebre apología por D. Luis de Góngora, un tomo en folio de Lógica y varios de sermones.
Pedro de Peralta Barnuevo, Lima Fundada (CXXXI)

Obra[editar]

Apologético en favor de Don Luis de Góngora[editar]

Portada del Apologético en favor de Don Luis de Góngora (1662) de Juan de Espinosa Medrano. La obra fue dedicada al Conde Duque de Olivares en un intento de tener trascendencia en toda España.

La obra más importante de Juan de Espinosa Medrano (por su legado en las letras hispanoamericanas) es el Apologético en favor de Don Luis de Góngora, príncipe de los poetas líricos de España, contra Manuel de Faria y Sousa, caballero portugués, texto finalizado en 1600 y publicado en Lima en 1662.[1][14]​ El Apologético, según la consideración recurrente de la crítica, es el "primer tratado poético escrito en América por un español criollo",[15]​ además de ser 'el primer gran ensayo de crítica literaria en esta América'.[16]​ Se trata de un texto con carácter fundacional para la actividad crítica literaria (y para la teoría literaria) en el continente americano; además de ser, tal vez, uno de los discursos más excepcionales de aquellos que forman el cuerpo de comentarios a la poética y obra de Luis de Góngora (las palabras del crítico español Marcelino Menéndez Pelayo, sobre el Apologético, "una perla caída en el muladar de la poética culterana",[17]​ demuestran su calidad dentro de la poética del gongorismo).

El Apologético hace, pues, de Juan de Espinosa Medrano 'el primer crítico literario de América'.[18]​ Asimismo, permite ver en el autor a uno de los criollos más empeñados en la declaración de su condición de intelectual americano a receptores europeos. De esta forma, con el Apologético, Juan de Espinosa Medrano exalta su condición de americano y da testimonio de la alta cultura y el intelecto de los hombres del Nuevo Continente[14]​ (ambas características puestas en duda en repetidas ocasiones por los europeos). Demuestra también la participación igualitaria de los hombres americanos (frente a los europeos) en la construcción de la cultura de occidente, pues el Apologético es, en simultaneidad, una defensa de la cultura del Imperio Español y una exploración de la tradición poética occidental desde Grecia y Roma.[19]

En contenido, el Apologético es una argumentación en defensa de la poesía de Góngora y un análisis de las claves de su poética. En él, Juan de Espinosa Medrano refuta las críticas al estilo literario de Luis de Góngora y demuestra —a través de la hermenéutica— la validez estética de su poesía y el gran ingenio puesto en uso en sus procedimientos literarios, especialmente el hipérbaton.[19]​ El texto, estructurado como debate, se divide en doce secciones, cada una de las cuales inicia con fragmentos de la obra de Faria (seleccionados por Espinosa Medrano) y continúa con una contención del autor.[14][20]​ Un pasaje famoso para ilustrar la obra corresponde a la exaltación de Luis de Góngora con que concluye el Apologético:

Salve, tú, divino poeta, espíritu bizarro, cisne dulcísimo. Vive a pesar de la emulación, pues duras a despecho de la mortalidad. Coronen el sagrado mármol de tus cenizas los más hermosos lirios del Helicón: Manibus date lilia plenis. Descansen tus gloriosos Manes en serenísimas claridades, sirvan a tus huesos de túmulo ambas cumbres del Parnaso, de antorchas todo el esplendor de los astros, de lágrimas todas las ondas de Aganipe, de epitafio la Fama, de teatro el Orbe, de triunfo la muerte, de reposo la eternidad.

Juan de Espinosa Medrano

La Novena Maravilla[editar]

Portada de La Novena Maravilla de Juan de Espinosa Medrano (1695). El texto fue publicado en Roma por Agustín Cortés de la Cruz.

La Novena Maravilla (1695) es el título con que se publicó el conjunto de sermones panegíricos que Juan de Espinosa Medrano predicó a lo largo de su vida en diversos recintos del Cuzco. El volumen debe su nombre a la magnifiencia estilística y conceptual de los sermones, los que se comparan "a los ocho milagros o maravillas que celebró el Orbe", pues "honra de la América es el templo intelectual de este libro".[8]​ La publicación de La Novena Maravilla cumple el deseo de Juan de Espinosa Medrano de ver sus sermones panegíricos en circulación por Europa. El volumen incluye un total de treinta sermones, casi todos ellos dedicados a María (sermones marianos), los Santos y Padres de la Iglesia (sermones hagiográficos), los Sacramentos y la Corona española (hay un sermón a Felipe IV).[21][22]​ En ellos se hace uso del estilo barroco y de referencias eruditas (mitología, historia, poesía, teología y ciencias naturales), y se incluyen contenidos de tipo enciclopédico, pues su ideal recepción estaba pensado para las minorías letradas y clericales.[22]

Los sermones panegíricos de Juan de Espinosa Medrano constituyen "piezas oratorias destinadas al púlpito" (por lo tanto, tienen cáracter fundamentalmente expositivo).[21]​ Su estilo sublime apunta a un propósito de exaltación de fiestas del calendario religioso (para las cuales se escribían), pero al mismo tiempo, también a la obnubilación del espectador, así quede en adelante convencido del misterio religioso y el ingenio del predicador.[21]​ Tal apetito por captar la admiración del receptor, sea americano o europeo, cobra más sentido una vez entra en consideración la lucha de Espinosa Medrano por el reconocimiento del intelectual americano y la legitimidad de su saber. De esta forma, el sermón es un género que "le permite mostrar su propia valía",[21]​ hecho que cobra aún mayor significancia al considerar la falta de distinción de su abolengo (su origen humilde).

Los sermones que más han llamado la atención de la crítica han sido: 'La oración panegírica a Santiago Apóstol', el 'Sermón a las exequias de Felipe Cuarto', los cuatro sermones a San Antonio Abad, los sermones a Santo Tomás de Aquino, y la 'Oración panegírica a la gloriosa Santa Rosa de Lima'. Este último sermón, adicionalmente, es llamativo por constituir una vía para la demostración de "la igualdad moral y religiosa del Nuevo Mundo respecto del Viejo".[23]

Un pasaje que demuestra la calidad estética y conceptual de los sermones panegíricos de Espinosa Medrano es el siguiente:.

Amparad Apóstol grande a la monarquía hispánica, contra los asaltos del infernal enemigo; pues tan vale vuestra sombra, que llegó a confesar el Demonio (según refiere el Cluniacense) que no se atravería a tocar una hormiga, como se acogiese al lecho de Santiago (...). Hormigas del mejor grano de mies evangélica, hormigas de la Fe más candial rodean vuestro sagrado lecho en Compostela, donde en apacible sueño reposa venerablemente vuestro cadáver. Defendedlas, pues, y mirad a su Católico Rey de tantos trabajos embestido, de tantas armadas envidias infestado, ¿Cómo es esto? ¿España vive cargada de los huesos de su Santiago y rebelde el lusitano se le conspira?, ¿pirata el inglés la saltea?, ¿émulo el franco la molesta?, ¿aleve el chileno la repela? !Ea!, Señor, reconoced los Castillos y Leones, que detrás de vuestra imagen tremola el estandarte católico; atended que vuestra España es la que clamando Santiago rompe las batallas animosa y confiada. Griten las trompetas, resuene batido el atambor y con espantoso estruendo se envuelvan uno y otro ejército entre los nublados del humo y el polvo; bramen las bombardas, brillen finalmente los aceros, suden de horror los montes y la campaña tiemble de asombro; que entonces retumbará la ronca y horrísona artillería de los Cielos y el hijo del trueno, sobre la nevada tempestad de un cándido caballo, desenvainará un rayo por cuchilla. !Ea!, que ya le fulminas en nuestro favor, Marte apostólico; entra, rompe, embiste, hiere, mata, corta, destroza, derriba, asuela, pasma, aturde, atropella, y en miserable fuga escapen del estrago cuantos añublar pretenden las glorias de nuestra España.

Juan de Espinosa Medrano 'Oración panegírica a Santiago Apóstol'

Philosophia Thomistica[editar]

Tomás de Aquino por Francisco de Herrera el Mozo (c. 1656). Aquino es representado con birrete por ser Doctor de la Iglesia y con un ángel por su pseudónimo de Doctor Angélico.

La Philosophia Thomistica seu Cursus Philosophicus de Juan de Espinosa Medrano se publicó en Roma en 1688 . Se trata de una obra de fundamental importancia para el autor, pues es no solo demostración de su conocimiento filosófico y teológico, sino también medio para su inclusión (en igualdad) dentro del desarrollo filosófico en occidente (sobre todo en el continente europeo).[24]​ Con la Philosophia Thomistica, Espinosa Medrano buscaba mostrar (a sus lectores europeos) la altura intelectual que había alcanzado el criollo en América.[25]​ Para tal fin, compuso un curso de filosofía que consistía, fundamentalmente, en una defensa del pensamiento de Platón, Aristóteles, Porfirio, Tomás de Aquino y Tomás Cayetano.[24]

Hay evidencias de que para el momento de la escritura de la Philosophia Thomistica, Juan de Espinosa Medrano estaba al tanto de los desarrollos del pensamiento filosófico en Europa. Una prueba de su contemporaneidad la constituyen las citas de varias obras de muchos filósofos europeos de su siglo (un tercio del total),[24]​ así como también, su participación argumentativa en las polémicas escolásticas de su propia época (las cuales no rehúye). A estas polémicas Juan de Espinosa Medrano tiene ideas originales que contribuir; así, si bien su curso es de naturaleza más enciclopédica, hay también lugar en la Philosophia Thomistica para la demostración de una postura filosófica original y beligerante.[24]

La escritura en latín de la Philosophia Thomistica, además de su complejidad filosófica, ha hecho de esta obra del autor la menos estudiada en comparación a las demás. En ella, Juan de Espinosa Medrano cita alrededor de 300 autores, además de seguir una argumentación lógica que por momentos, según la crítica, es "de complejidad extraordinaria".[24]​ No obstante la dificultad, el estudio del curso de lógica de Espinosa Medrano se presenta como ineludible para la comprensión cabal del pensamiento del autor, pues sin lugar a dudas constituye un índice escrito de lo que debió haber sido su labor como catedrático de teología durante varios años en el Seminario de San Antonio Abad del Cuzco.

Un ejemplar de la Philosophia Thomistica se conserva en la Biblioteca Nacional del Perú.

Amar su propia muerte[editar]

Jael y Sísara de Alessandro Turchi (c. 1610).

La comedia en español Amar su propia muerte (c. 1650) de Juan de Espinosa Medrano es una dramatización del pasaje bíblico del Libro de los Jueces, capítulo IV, del Antiguo Testamento; más concretamente, de la historia de Jael y Sísara. La pieza tiene los rasgos del teatro barroco español, además de similitudes con la obra de Pedro Calderón de la Barca. Asimismo, comparte afinidad dramática y estructural con la pieza El clavo de Jael de Antonio Mira de Amescua.[26]

Amar su propia muerte es una muestra ejemplar del desarrollo teatral barroco en Hispanoamérica. Juan de Espinosa Medrano aprovecha las convenciones teatrales llegadas desde la Península Ibérica (es decir, el centro del Imperio Español) para crear una obra que no solo replica las formas y contenidos teatrales, sino que las complejiza (de este modo, innova en el género).[27]​ La comedia bíblica se divide en tres jornadas con una extensión de mil versos cada una y tiene variedad métrica o polimetría.[5][28]

"Titubeó el tropel de sus peñascos,

al tremolar mis bélicos damascos,

y al furibundo grito de mis tropas

encorvaron sus álamos las copas."
Juan de Espinosa Medrano, inicio de la comedia bíblica Amar su propia muerte.

El robo de Proserpina y sueño de Endimión[editar]

El robo de Proserpina y sueño de Endimión (c.1650) es uno de los autos sacramentales en quechua de Juan de Espinosa Medrano. Se trata de una dramatización alegórica del mito del rapto de Proserpina por el dios Pluto y el mito de Endimión (divinidad que sueña). La finalidad de la obra es eminentemente religiosa, si bien la pieza hace uso de la tradición mitológica grecorromana. El robo de Proserpina y sueño de Endimión consta de, aproximadamente, 1700 versos y está escrita en un quechua propio de los siglos de dominación colonial en el Perú (el que se muestra aún en los manuscritos conservados como copias del original del texto).[29]

El quechua literario barroco de Juan de Espinosa Medrano, propio de El robo de Proserpina y sueño de Endimión, ha sido destacado "por la vivacidad y brillantez maravillosas de su estilo".[29]​ No tiene hoy correspondencia con los dialectos quechua hablados en contemporaneidad, pues la altura literaria de la lengua quechua tuvo cima y fin en el barroco, sobre todo dada la descontinuación que sufrió el idioma con el paso del Perú a su existencia republicana (un breve pasaje de la obra permite mostrar la calidad de esta lengua literaria quechua):

"Sunquymi qhasquypi t'uqyan,

hatun phutikuypim kani.

Sinchiykuna, yanapaway,

tawantiyki kaypi kanki.

Huk hukmanta hayñiwaychik,

llakisqayta willasqayki"
Juan de Espinosa Medrano, inicio de el auto sacramental El robo de Proserpina y sueño de Endimión (versión de César Itier)

El hijo pródigo[editar]

El hijo pródigo (c. 1657) es el otro auto sacramental en quechua de Juan de Espinosa Medrano. Consiste en una dramatización teatral de la parábola del hijo pródigo (perteneciente al Nuevo Testamento). La obra cuenta con, aproximadamente, 1500 versos que se dividen en tres jornadas y, como El robo de Proserpina y sueño de Endimión, está escrita en un quechua literario barroco sin paralelo en la modernidad (muy diferente a los dialectos hablados hoy en día).

La obra fue hallada por Ernst Middendorf y traducida al alemán antes que al español. Tiene un carácter alegórico propio del género del auto sacramental, así como también rasgos inauditos (respecto al género), propios más bien de la cultura andina y relacionados al entorno social del Virreinato del Perú (como por ejemplo, el uso de elementos de vestimenta teatral andinos como la mascapaicha y referencias a indicios rituales propios de los pueblos de los Andes).

En el presente, si bien existen traducciones de la obra al español, ninguna de ellas tiene la rigurosidad necesarias para considerarse una traducción fiel.

Panegírica declamación por la protección de las ciencias y estudios[editar]

La Panegírica declamación por la protección de las ciencias y estudios fue el primer texto publicado en imprenta de Juan de Espinosa Medrano. Se compuso en 1650 para festejo de Juan de la Cerda y de la Coruña, por entonces nombrado corregidor y justicia mayor de la ciudad del Cuzco.[20]

La Panegírica declamación por la protección de las ciencias y estudios es una demostración de oratoria epidíctica. Su objetivo fue el de exaltar las cualidades del nuevo corregidor, si bien Juan de Espinosa Medrano también aprovechó la ocasión para elogiar al Seminario de San Antonio Abad y defenderlo en su enfrentamiento con los jesuitas.[20]

La Panegírica declamación por la protección de las ciencias y estudios fue publicada por Ventura García Calderón en París en 1938.

Reputación crítica y legado[editar]

La apreciación crítica de Juan de Espinosa Medrano en el Perú[editar]

José Carlos Mariátegui no percibió la importancia y originalidad de la obra de Juan de Espinosa Medrano, la cual calificó de 'española' en contraposición a 'peruana' (en su ensayo 'El proceso de la literatura', a su vez incluido en los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana).

En vida, Juan de Espinosa Medrano fue considerado como uno de los intelectos más destacados de América y el Virreinato del Perú. Tras su muerte, tal admiración fue cobrando un matiz diferente, sobre todo por la popularización de la idea de Juan de Espinosa Medrano como un predicador sagrado indio, hecho inaudito en la realidad social colonial (la idea de Juan de Espinosa Medrano como indio surge durante el Virreinato, como se puede probar al consultar las referencias a su persona en crónicas del siglo XVIII —más precisamente, las obras de Diego de Esquivel y Navia y Juan de Velasco).[5]

Desde el establecimiento del Perú como una república independiente (s. XIX), la valoración crítica de la obra de Juan de Espinosa Medrano ha sido inconsistente e indolente, es decir, ha estado caracterizada por la falta de seriedad y la ausencia de academicismo, razones, a su vez, de la apreciación desigual que ha generado a lo largo de casi dos siglos.[2][30]

El primer gran momento de valoración crítica de Juan de Espinosa Medrano corresponde a fines del siglo XIX y, en especial, a Clorinda Matto de Turner, la primera admiradora apasionada del autor en la república. Matto promueve la rememoración de Espinosa Medrano como modelo de 'mesticismo cultural' y modelo del triunfo del talento sobre un modelo social basado en la injusticia (la colonia);[31]​ sin embargo, no promueve la obra de Espinosa Medrano por sus cualidades intrínsecas o estéticas; al contrario, es muy probable que su acceso a ella haya sido considerablemente limitado.[5]

En la primera mitad del siglo XX, la apreciación crítica de Juan de Espinosa Medrano fue pobre y estuvo condicionada por las ideologías de los iniciadores de la crítica académica en el Perú: José de la Riva-Agüero y José Carlos Mariátegui. Ambos no supieron entender la estética barroca del Virreinato (en consecuencia tampoco el periodo) y en respuesta a su confusión minusvaloraron despreocupadamente la obra del clérigo cuzqueño.[32]​ Semejante minusvaloración se puede volver a percibir en la apreciación de la obra de Juan de Espinosa Medrano por parte de críticos indigenistas en el Cusco de fines de siglo XX (Yépez Miranda y Ángel Avendaño), los cuales,en trabajos de historiografía literaria de limitada rigurosidad científica, desecharon la obra de Espinosa Medrano por su carácter barroco y su cultura occidental (la cual fue problemática para sus pretensiones indigenistas). Por último, ya en la segunda mitad del siglo, tuvieron aproximaciones desacertadas a la obra de Espinosa Medrano también los escritores Luis Loayza y Martín Adán.

Juan de Espinosa Medrano y el Inca Garcilaso de la Vega son las figuras máximas de la literatura del Cusco.

Sin duda es Luis Jaime Cisneros el crítico literario responsable de la recuperación de Juan de Espinosa Medrano como figura insoslayable en el canon literario peruano. Cisneros no solo realizó trabajo documental pionero para el rescate de la verdadera identidad de Espinosa Medrano, también fue el primer crítico que valoró la obra del predicador cuzqueño por su valor intrínseco (sin dejar que medie en su trabajo una carga ideológica a la cual ajustar el objeto de estudio). Luis Jaime Cisneros publicó una gran cantidad de artículos en la década de 1980 sobre la biografía y obra de Espinosa Medrano; también editó dos obras del autor: el Apologético en favor de Don Luis de Góngora (2005) y La Novena Maravilla (2011).

Continuando la labor de Luis Jaime Cisneros (de quien fue alumno), José Antonio Rodríguez Garrido ha profundizado la labor filológica sobre la obra y vida de Espinosa Medrano. José Antonio Rodríguez Garrido fue el encargado de escribir una introducción a la obra del autor en la colección Historias de las literaturas en el Perú,[33]​ uno de los proyectos académicos más recientes en realizar una recopilación crítica de los autores y obras más importantes en la historia (y la literatura) del país. En esta colección, la inclusión de Juan de Espinosa Medrano en la sección de los 'Fundadores' de las letras peruanas (junto al Inca Garcilaso de la Vega y Felipe Guamán Poma de Ayala), demuestra, por fin, el logro histórico del reconocimiento a la importancia cultural de la obra de Espinosa Medrano, sobre todo para la historia del Perú, como también para Hispanoamérica.

La introducción a la colección menciona:

Desde tres diferentes perspectivas, la indígena para Guaman Poma de Ayala, la mestiza para el Inca Garcilaso, y la criolla para Juan de Espinosa Medrano, con el correr del tiempo estos autores se constituirán en pilares de la literatura y cultura del Perú, y por ello se han colocado bajo la categoría de «fundadores».

Raquel Chang-Rodríguez y Carlos García Bedoya M.

Por último, vale listar a otros autores que, ya sea a través de ediciones de las obras de Juan de Espinosa Medrano o comentarios y estudios sobre su vida y obra, se aproximaron al autor: Rubén Vargas Ugarte, José Gabriel Cosio, Luis 'El Cholo' Nieto, Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, Luis A. Sánchez, Luis E. Valcárcel, Teodoro Meneses, Augusto Tamayo Vargas, Javier Nuñez, Eduardo Hopkins, Pedro Guibovich, entre otros.

Legado en Hispanoamérica[editar]

El legado de Juan de Espinosa Medrano ha sido reconocido, con seriedad, solamente en años muy recientes. La falta de apreciación de su obra es consecuencia de la generalizada incomprensión del Barroco Hispanoamericano por parte de la crítica académica latinoamericana, incomprensión que a su vez es resultado de la influencia de una visión negativa de la estética barroca por parte de la crítica literaria española de fines de siglo XIX (por ejemplo, los trabajos de Marcelino Menéndez Pelayo).[32]

Juan de Espinosa Medrano es reconocido como el fundador de la crítica literaria latinoamericana (por el Apologético en favor de Don Luis de Góngora) desde la década de 1950. Su figura ha sido entendida como 'fundacional para la modernidad estética latinoamericana' (por Roberto González Echeverría),[34]​ sobre todo por el ulterior desarrollo de las estéticas barrocas en el continente (especialmente en el caso de la obra de los escritores cubanos Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Severo Sarduy).

En los años de 1970 con Walter Redmond y ya en la década del 2000 con Mabel Moraña, la producción filosófica y literaria (respectivamente) de Juan de Espinosa Medrano pasa a ser reconocida con más atención por parte de la crítica. Se demuestra que el legado de Espinosa Medrano es fundamental en la filosofía, de la cual es pionero en su práctica en América,[24]​ además de ser adelantado de un nacimiento de una 'conciencia criolla' proto-nacional americana (como lo demuestran sus comentarios sobre la realidad de América en sus obras literarias).[2]

Mario Vargas Llosa se refirió a Juan de Espinosa Medrano en 1986.

Finalmente, se reconoce en Juan de Espinosa Medrano a un "antecedente indudable del escritor hispanoamericano"[30]​ de los siglos XX y XXI por su labor de apropiación de la cultura occidental en América para así participar en su desarrollo sin estar reducido a la posición de epígono. Fue Mario Vargas Llosa, quien, en su discurso de recepción del Premio Príncipe de Asturias en 1986, se refirió a Juan de Espinosa Medrano como un precursor del escritor hispanoamericano moderno y a su obra como una anticipación cultural de lo que sería América Latina. Mario Vargas Llosa dijo:

En los tiempos del Doctor Sublime (Juan de Espinosa Medrano), la mayoría de nuestros escritores eran meros epígonos: repetían, a veces con buen oído, a veces desafinando, los modelos de la metrópoli. Pero, en algunos casos, como en el suyo, apunta ya un curioso proceso de emancipación en el que el emancipado alcanza su libertad y su identidad eligiendo por voluntad propia aquello que hasta entonces le era impuesto. El colonizado se adueña de la cultura del colonizador y, en vez de mimarle, pasa a crearla, aumentándola y renovándola. Así, se independiza en la medida en que se integra. En eso consiste la soberanía cultural de Hispanoamérica: en saber que Cervantes, el Arcipreste y Quevedo son tan nuestros como de un asturiano o un leonés. Y que ellos nos representan tan legítimamente como las piedras de Machu Picchu o las pirámides mayas.

Mario Vargas Llosa

Leyenda y supervivencia en la tradición oral[editar]

Imágenes varias de Espinosa Medrano. La izquierda superior corresponde a la “Reproducción de un óleo del Seminario de San Antonio Abad del Cuzco” incluida en los Estudios sobre Juan de Espinosa Medrano “El Lunarejo” de Agustín Tamayo Rodríguez (1971). Izquierda inferior corresponde a una imagen digital que se encuentra en internet sin datos sobre su autor. La superior derecha corresponde a un retrato de Espinosa Medrano elaborado para el Colegio Emblemático Juan Espinoza (sic) Medrano de Andahuaylas (por ello la bandera peruana detrás del autor). La inferior derecha corresponde al busto de Espinosa Medrano en Calcauso, Apurímac.

Desde la popularización de la imagen de Juan de Espinosa Medrano como un escritor indio en tiempos de la colonia, se ha ido consolidando una biografía e identidad alternativa del autor en la tradición oral de los departamentos de Cusco y Apurímac (esta, si bien transmitida de modo oral, tiene también sus orígenes en la tradición escrita o letrada —pues históricamente se desarrolla paralelamente a las obras de Clorinda Matto de Turner y otros escritores de provincias—).

Según la tradición oral, el verdadero nombre del niño —llamado a ser un eminente autor en las letras coloniales— nacido en el pueblo de Calcauso del obispado del Cuzco fue Juan Chancahuaña. Juan solo pasaría a tener los apellidos de Espinosa Medrano años más tarde, una vez padres adoptivos españoles lo acogieron en una nueva familia.

Según las fuentes orales, al pueblo indio de Calcauso llegó, a inicios del siglo XVII, un sacerdote español apellidado De Espinosa para tomar a cargo la evangelización de los indios. De Espinosa predicaba en latín durante las misas, un lenguaje de lo más extraño para las gentes rurales del lugar. Se dice que un día De Espinosa sorprendió al niño Juan Chancahuaña "interpretando en latín cánticos de misa"[35]​. Fue el momento en que se descubrió su extraordinaria capacidad intelectual.

De Espinosa toma bajo su custodia al joven Juan Chancahuaña y lo traslada al Cuzco como sirviente —ciudad donde tenía por tarea llevar y recoger de la escuela a los hijos naturales de sus padres españoles adoptivos—. Se dice que mientras los hijos de españoles estudiaban, Juan "quedaba observando desde el umbral de la puerta del aula, siguiendo con atención la explicación del maestro"[35]​. Un día que un niño criollo no supo responder a la pregunta de su maestro, Juan Chancahuaña se ofreció a responder por él (la respuesta, por su calidad, tomó por sorpresa al sacerdote y maestro español, el cual patrocinó posteriormente sus estudios).

La leyenda más famosa, y hoy de todos conocida en la tradición oral, corresponde, sin embargo, a la vida adulta y profesional de Juan de Espinosa Medrano (Juan Chancahuaña). Esta, curiosamente, nace de la tradición letrada, de donde ha sido descartada hoy por su carácter no oficial. La leyenda (repetida por Diego de Esquivel y Navia, Juan de Velasco y Clorinda Matto dice):

“El año de 1668, siendo Virrey de Lima el Señor Conde de Lemos, fue a reprimir en persona el tumulto ruidoso de los Indianos de Puno, el cual se suprimió antes que llegase. Hallándose con esa ocasión en la ciudad del Cuzco, y haciéndose en ella no sé qué solemne fiesta con panegírico, quiso asistir el Virrey por la fama que tenía el predicador en todo el Reino. Era este un Indiano llamado comúnmente el Lunarejo, por un lunar que tenía en la cara. […] Cuando este predicaba, era necesario coger un lugar con mucho tiempo, para lograr oírle, siendo siempre los concursos nunca vistos con ningún otro. Aquella vez que estuvo el Virrey presente, sucedió que la Indiana vieja, madre del predicador, vestida con el infeliz trage de Indiana, queriendo entrar á la iglesia, no pudiese conseguirlo, porque la arrojaba el concurso que había aun fuera de las puertas. Advirtióle el hijo desde el púlpito, y suspendiendo el panegírico, pidió al auditorio, que por Dios dejase entrar aquella muger, que aunque Indiana y aunque pobre y despreciable era madre suya, y tenía razón en querer oírlo. Fue luego introducida, y las señoras principales de la ciudad la pusieron en su asiento y compañía”

Juan de Velasco en Historia del reino de Quito en la América Meridional (1844)

Finalmente, la tradición oral señala que antes del término de su vida, Juan Chancahuaña retornó a Calcauso y actuó como arquitecto para la reorganización de las calles del pueblo de Apurímac. Convirtió a Calcauso en un "Cusco pequeño", tal como se observa en los trazos actuales del pueblo andino.[35]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k l m n ñ Cisneros, Luis Jaime y Guibovich, Pedro (1987). Apuntes para una biografía de Espinosa Medrano. Fénix (32/33). p. 96-112. 
  2. a b c Moraña, Mabel (1998). «Barroco y conciencia criolla en Hispanoamérica». Viaje al silencio : exploraciones del discurso barroco. Universidad Nacional Autónoma de México. 
  3. a b c d e Matto de Turner, Clorinda (1890). «Don Juan de Espinosa Medrano». Bocetos al lápiz de americanos célebres. Bacigalupi. p. 16-40. 
  4. Guibovich Pérez, Pedro (1992). «El testamento e inventario de bienes de Espinosa Medrano». Histórica (vol. 16, n° 1). 
  5. a b c d e f Ramos Chacón, Milton André (2017). «Transmigracion Austral: Prefiguración inmaculista y celebración del triunfo español en el Cuzco en Amar su propia muerte de Juan de Espinosa Medrano, una comedia bíblica americana». Tesis de Licenciatura. 
  6. Rodríguez Garrido, José Antonio (1997). «La defensa del tomismo por Espinosa Medrano en el Cuzco colonial». Pensamiento europeo y cultura colonial, Karl Kohut y Sonia V. Rose (editores). 
  7. Guibovich Pérez, Pedro (2006). «Como güelfos y gibelinos: los colegios de San Bernardo y San Antonio Abad en el Cuzco durante el siglo XVII». Revista de Indias. 
  8. a b c d Cortés de la Cruz, Agustín (2011 (1695)). «"Prólogo a los aficionados del autor y de sus escritos"». La Novena Maravilla. p. xi-xix. 
  9. a b Medina, José Toribio (1900). Biblioteca hispanoamericana (1493-1810). Santiago de Chile: Casa del autor. p. 77, Tomo II. 
  10. Medina, José Toribio (2013 (1904)). La imprenta en Lima. Valladolid (Santiago de Chile): Maxtor (Casa del autor). p. 99. 
  11. Vitulli, Juan (2011). «El autor y la época en 'Introducción'». Amar su propia muerte. Edición, prólogo y notas de Juan Vitulli. Madrid: Iberoamericana - Vervuert. p. 11-25. 
  12. Guibovich Pérez Pedro y Domínguez Faura, Nicanor (2000). «Para la biografía de Espinosa Medrano : dos cartas inéditas de 1666». Boletín del Instituto Riva-Agüero (n° 27). 
  13. Esquivel y Navia, Diego de (1980 (c. 1749)). Edición de Félix Denegri Luna, ed. Noticias cronológicas de la gran ciudad del Cuzco. Lima: Fundación Augusto N. Wiese. 
  14. a b c Cisneros, Luis Jaime (2005). Edición anotada de Luis Jaime Cisneros, ed. Apologético en favor de Don Luis de Góngora. Lima: Academia Peruana de la Lengua y Universidad San Martín de Porres. 
  15. «Apologético en favor de don Luis de Góngora, de Juan de Espinosa Medrano (El Lunarejo) | Proyecto Estudios Indianos». estudiosindianos.org (en inglés estadounidense). Consultado el 16 de marzo de 2018. 
  16. Zum Felde, Alberto (1954). Índice crítico de la literatura hispanoamericana: Los ensayistas. Guaranía. p. 44. 
  17. Menéndez Pelayo, Marcelino (1994). Historia de las ideas estéticas en España. Madrid: CSIC. p. 830. 
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  23. Rodríguez Garrido, José Antonio (1994). «Espinosa Medrano, la recepción del sermón barroco y la defensa de los americanos». Relecturas del Barroco de Indias (Edición de Mabel Moraña). 
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  33. «Historia de las literaturas en el Perú». 
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  35. a b c Paniura Silvestre, Toribio (2011). «Juan de Espinosa Medrano: el indio ilustrado». Variedades, N° 250: 12-13. 

Bibliografía esencial[editar]

Estudios sobre la vida de Juan de Espinosa Medrano[editar]

  • Cisneros, Luis Jaime y Pedro Guibovich (1987). "Apuntes para una biografía de Espinosa Medrano". Fénix, N° 32/33, pp. 96-112, Lima.
  • Guibovich Pérez, Pedro (1992). "El testamento e inventario de bienes de Espinosa Medrano". Histórica, vol. XVI, N° 1, pp. 1-31, Lima.
  • Matto de Turner, Clorinda (1890). "Don Juan de Epinosa Medrano o sea el Doctor Lunarejo". Bocetos al lápiz de americanos célebres. Lima: Bacigalupi.

Mejores ediciones de las obras de Juan de Espinosa Medrano[editar]

  • Espinosa Medrano, Juan de (1938). Panegírica declamación por la protección de las ciencias y estudios. El apogeo de la literatura colonial. París: Desclée de Brouwer.
  • Espinosa Medrano, Juan de (1938). El hijo pródigo. Literatura Inca. Traducción de F. Schwab de la traducción alemana de Ernst Middendorf. París: Desclée de Brouwer.
  • Espinosa Medrano, Juan de (2005). Apológetico en favor de Don Luis de Góngora. Edición anotada de Luis Jaime Cisneros. Lima: Academia Peruana de la Lengua.
  • Espinosa Medrano, Juan de (2010). El robo de Proserpina y sueño de Endimión. Edición, traducción y estudio preliminar de César Itier. Lima: IFEA, PUCP, IRA.
  • Espinosa Medrano, Juan de (2011). Amar su propia muerte. Edición, prólogo y notas de Juan Vitulli. Madrid: Iberoamericana - Vervuert.
  • Espinosa Medrano, Juan de (2011). La Novena Maravilla. Estudio preliminar de Luis Jaime Cisneros, edición con José Antonio Rodríguez Garrido. Lima: Congreso del Perú.

Estudios esenciales sobre la obra de Juan de Espinosa Medrano[editar]

  • Cisneros, Luis Jaime (1987). "La polémica Faria-Espinoza Medrano: Planteamiento crítico". Lexis, vol. 11, N°1, pp. 1-62, Lima.
  • Moore, Charles B. (2000). El arte de predicar de Juan de Espinosa Medrano en La Novena Maravilla. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
  • Redmond, Walter (1970). "Juan de Espinosa Medrano: Prefacio al lector de la Lógica". Fénix, N° 20, pp. 74-88, Lima.
  • Redmond, Walter (1972). La Lógica en el virreinato del Perú a través de las obras de Juan de Espinosa Medrano (1688) e Isidoro de Celis (1787). Lima: Tesis doctoral UNMSM.
  • Rodríguez Garrido, José Antonio (1988). "Aproximación a la oratoria sagrada de Espinosa Medrano". Boletín IRA, N° 15, pp. 11-32, Lima.
  • Rodríguez Garrido, José Antonio (2010). "Poesía y ortodoxia en el Apologético (1662) de Espinosa Medrano". Calíope, vol. 16, N° 1, pp. 9-25, Greensboro.
  • Rodríguez Garrido, José Antonio (2017). "Modelo, imitación y cultura criolla en Juan de Espinosa Medrano". Historia de las literaturas en el Perú, pp. 439-472. Lima:PUCP, otros.
  • Vitulli, Juan (2013). Instable puente: la construcción del letrado criollo en la obra de Juan de Espinosa Medrano. Valencia: The University of North Carolina at Chapel Hill.