José Lezama Lima

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José Lezama Lima
Lezama lima.jpg
José Lezama Lima
Información personal
Nacimiento 19 de diciembre de 1910
La Habana, Flag of Cuba.svg Cuba
Fallecimiento 9 de agosto de 1976
(65 años)
La Habana, Flag of Cuba.svg Cuba
Nacionalidad Cubano
Información profesional
Ocupación Abogado, Escritor
Años activo 1930 - 1976
Género Poesía, novela, cuento, ensayo
Movimientos Neobarroco
Obras notables Paradiso (1966)
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José María Andrés Fernando Lezama Lima, conocido sencillamente como José Lezama Lima (La Habana, 19 de diciembre de 1910 - íbid, 9 de agosto de 1976) fue un poeta, novelista, cuentista y ensayista cubano.

Es considerado uno de los autores más importantes de su país y de la literatura hispanoamericana, especialmente por su novela Paradiso, una de las obras más importantes en la lengua castellana y una de las cien mejores novelas del siglo XX en ese idioma, según el periódico español El Mundo.[1]

Principal referente de lo que Severo Sarduy llamó neobarroco americano,[2] su obra se caracteriza por su lirismo y el uso de metáforas, alusiones y alegorías, asentada sobre un sistema poético que desarrolló en ensayos como Analecta del reloj (1953), La expresión americana (1957), Tratados en La Habana (1958), La cantidad hechizada (1970) o Las eras imaginarias (1971).

Biografía[editar]

Primeros años y formación[editar]

Nació el 19 de diciembre de 1910 en el campamento militar de Columbia, en La Habana, siendo el segundo de los tres hijos de José María Lezama y Rodda, coronel de artillería e ingeniero, y de Rosa Lima. Muy pronto perdió a su padre, muerto en 1919 de una influenza, mientras se desempeñaba en una misión militar en Florida.[3] Esta muerte marcó tempranamente el carácter y la vocación del escritor, quien medio siglo más tarde declaró:

Tenía mi padre al morir treinta y tres años. Él estaba en el centro de mi vida y su muerte me dio el sentido de lo que yo más tarde llamaría el latido de la ausencia. El sitio que mi padre ocupaba en la mesa quedó vacío, pero como en los mitos pitagóricos, acudía siempre a conversar con nosotros a la hora de la comida […] Mi madre guardó siempre el culto del coronel Lezama: una tarde, cuando jugábamos con ella a los yaquis, advertimos, en el círculo que iban formando las piezas, una figura que se parecía al rostro de nuestro padre. Lloramos todos, pero aquella imagen patriarcal nos dio una unidad suprema e instaló en Mamá la idea de que mi destino era contar la historia de la familia.[4]

En 1920, Lezama ingresó en el colegio Mimó, donde concluyó sus estudios primarios en 1921. Comenzó sus estudios de segunda enseñanza en el Instituto de La Habana, donde se graduó como bachiller en ciencias y letras en 1928. Un año más tarde inició los estudios de Derecho en la Universidad de La Habana. Participó el 30 de septiembre de 1930 en los movimientos estudiantiles contra la dictadura de Gerardo Machado. Publicó su primer trabajo, el ensayo Tiempo negado, en la revista Grafos, en la que al año siguiente se publica su primer poema titulado Poesía.

Comienzos de su carrera literaria. Grupo Orígenes[editar]

El año 1937 fue especialmente significativo para Lezama, ya que acontecieron tres hechos sobresalientes: fundó la revista Verbum, publicó su primer poema de repercusión, Muerte de Narciso, y conoció a Juan Ramón Jiménez, con quien forjó amistad. Un año más tarde se recibió de abogado y apareció su obra Coloquio con Juan Ramón Jiménez. [3]

Entre 1939 y 1943 fundó otras dos revistas, Espuela de Plata (1939 - 1941) y Nadie parecía (1942 - 1944), y publica el poemario Enemigo rumor. Por esta época conoció a los poetas Gastón Baquero, Eliseo Diego y Cintio Vitier, que más tarde integraron el Grupo Orígenes.

Dirigida por Lezama y José Rodríguez Feo, Orígenes fue una de las publicaciones culturales más importantes de Cuba en aquella época, alcanzó a publicar cuarenta números entre 1944 y 1956, y nucleó a un grupo de artistas e intelectuales entre los que se encontraban, entre otros, Gastón Baquero, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Virgilio Piñera, Octavio Smith, Mariano Rodríguez y René Portocarrero. Entre los colaboradores extranjeros se encontraron Juan Ramón Jiménez, Aimé Césaire, Paul Valéry, Vicente Aleixandre, Albert Camus, Luis Cernuda, Paul Claudel, Macedonio Fernández, Paul Éluard, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Alfonso Reyes y Theodore Spencer, entre otros.[5] [6]

La actividad en Orígenes no disminuyó su ritmo de trabajo, ya que por ese tiempo publicó otros dos poemarios (Aventuras sigilosas y La fijeza) y dos ensayos (Arístides Fernández y Analecta del reloj) y emprendió los dos únicos viajes que hizo fuera de la isla, el primero a México en 1949 y el segundo a Jamaica en 1950.

En 1954 una disputa entre Lezama y Rodríguez Feo provocó el alejamiento de éste último de Orígenes, que sólo publicó tres números más hasta su cierre dos años después.

En 1957 dictó una serie de cinco conferencias en el Instituto Nacional de Cultura, que fueron recogidas en su libro La expresión americana, una de sus obras ensayísticas más importantes, y al año siguiente publicó Tratados en La Habana, colección de artículos y ensayos escritos entre 1937 y 1957.

Revolución Cubana[editar]

Con el advenimiento de la Revolución cubana, fue nombrado director del Departamento de Literatura y Publicaciones del Instituto Nacional de Cultura, desde donde dirigió importantes colecciones de libros clásicos y españoles. En 1961 actuó como jurado del Premio Casa de las Américas, en la categoría de poesía, volviendo a participar en otras dos ediciones (1965 y 1967).[3] [7]

En el marco de esa convocatoria conoció personalmente a Julio Cortázar en 1963, que había sido invitado como jurado en la categoría de novela, y con quien se escribían desde 1957, a partir de un ejemplar de Orígenes que le habían enviado al argentino. La amistad entre ambos autores fue uno de los encuentros más célebres y fructíferos entre dos figuras emblemáticas de la literatura hispanoamericana. Además de la correspondencia y las sentidas dedicatorias que el cubano le hizo,[8] la mutua admiración produjo un generoso intercambio crítico: Cortázar fue un gran difusor de la obra de Lezama gracias a su ensayo «Para llegar a Lezama Lima», incluido en su libro-collage La vuelta al día en ochenta mundos, publicado en 1967; [9] y a su vez, Lezama escribió el prólogo a la edición cubana de Rayuela, «Cortázar y el comienzo de la otra novela»,[10] recogido más tarde en La cantidad hechizada.[11]

El 12 de septiembre de 1964 sufrió un duro golpe con la muerte de su madre, con quien tenía un fuerte vínculo afectivo. Esta pérdida fue la segunda más importante de su vida, después de la de su padre, y lo acompañó por el resto de sus días, al punto de decir «Yo empecé a envejecer el día que murió mi madre».[12]

El 5 de diciembre del mismo año contrajo matrimonio con su secretaria, Maria Luisa Bautista. En 1965 ocupó el cargo de investigador y asesor del Instituto de literatura y lingüística de la Academia de Ciencias. Es en esa época cuando publicó su Antología de la poesía cubana en tres volúmenes.

Aparición de Paradiso y polémica[editar]

En 1966 publicó su primera y única novela aparecida en vida, Paradiso. Lezama trabajó en ella durante diecisiete años, por lo menos desde 1949, cuando apareció el primer capítulo en dos números de Orígenes; posteriormente publicaría otros.[13]

Concebida como la síntesis y culminación de su sistema poético, la novela sigue la formación del poeta José Cemí, desde su infancia hasta sus años universitarios, además de narrar la historia de su familia. Se trata de un texto complejo, no sólo por su barroquismo y su exuberancia poética, sino también por su carácter heterogéneo, que combina elementos narrativos, poéticos y ensayísticos, en una obra de carácter iniciático y parcialmente autobiográfica, lo que ha llevado a algunos a considerarla como novela de aprendizaje.

La aparición de Paradiso representó un acontecimiento en el panorama literario de la época y desató una ola de críticas y comentarios. Los más efusivos reconocimientos le llegaron del extranjero, contándose a Octavio Paz y Julio Cortázar entre los más entusiastas. El Nobel mexicano le escribió una carta poco después de la aparición de la novela:

A José Lezama Lima, en La Habana. Querido amigo:

Gracias por el envío de Paradiso y de Órbita. Gracias también por las generosas palabras que lo acompañan. Leo Paradiso poco a poco, con creciente asombro y deslumbramiento. Un edificio verbal de riqueza increíble; mejor dicho, no un edificio sino un mundo de arquitecturas en continua metamorfosis y, también, un mundo de signos - rumores que se configuran en significaciones, archipiélagos del sentido que se hace y deshace - el mundo lento del vértigo que gira en torno a ese punto intocable que está ante la creación y la destrucción del lenguaje, ese punto que es el corazón, el núcleo del idioma. Además, es la comprobación de lo que algunos adivinamos al conocer por primera vez su poesía y su crítica. Una obra en la que Ud. cumple la promesa que le hicieron al español de América Sor Juana, Lugones y unos cuantos más. Su amigo fraternal,

Octavio Paz [14]

Cortázar, por su parte, expresó:

En sus instantes más altos Paradiso es una ceremonia, algo que preexiste a toda lectura con fines y modos literarios; tiene esa acuciosa presencia típica de lo que fue la visión primordial de los eléatas, amalgama de lo que más tarde se llamó poema y filosofía, desnuda confrontación del hombre con un cielo de zarpas de estrellas. Una obra así no se lee; se la consulta, se avanza por ella línea a línea, jugo a jugo, en una participación intelectual y sensible tan tensa y vehemente como la que desde esas líneas y esos jugos nos busca y nos revela.[9]

Dos años más tarde, el crítico mexicano Carlos Monsiváis escribió:

¿Qué es Paradiso? La multiplicidad de sus niveles, de los órdenes del conocimiento que involucra, hacen imposible una sola respuesta: es tratado de teogonía; diálogo platónico sobre el ser, el sexo (ortodoxo y heterodoxo) y la conciencia; fabulación y mito; revisión e invención del idioma, monumento barroco. En cualquiera de estos órdenes, Paradiso resulta un ejercicio y un logro totalizadores. (...) En Paradiso todo es reconquista: reconquista de la infancia; reconquista del primer gozo y el primer asombro ante el conocimiento; reconquista de las potencialidades de un lenguaje que quizás nunca había sido nuestro, pero que estaba allí, a nuestra disposición, para que se extinguiera la conseja de la pobreza de recursos del español y se acreciera la leyenda de una ignorancia que había dejado sin explorar, conquista y asimilar todo un idioma; reconquista de la metáfora, esa incursión comparativa, que en Lezama se vuelve delirio de la extrapolación.[15]

En contraparte, la crítica oficial, con excepciones como Cintio Vitier o Alejo Carpentier, atacó a la obra acusándola de hermética, morbosa y pornográfica, especialmente por sus pasajes homoeróticos. Esta polémica (que terminó con el retiro de la novela de las librerías), sumada a la decisión de otorgar el Premio Julián del Casal al poemario Fuera del juego de Heberto Padilla en 1968, en contra del veredicto de la UNEAC, significó la pérdida del favor del gobierno revolucionario, con el cual Lezama había mantenido buenas relaciones hasta ese momento.[16] Aun hoy, la relación entre Lezama y el gobierno revolucionario sigue siendo materia de intensos debates y versiones encontradas.

En 1968, la editorial mexicana Era publicó una edición revisada y corregida de la novela, ilustrada por René Portocarrero y al cuidado de Cortázar y Monsiváis, enmendando las erratas de la descuidada edición cubana.[13]

Últimos años, ostracismo y muerte[editar]

A pesar de ya no contar totalmente con el apoyo oficial, Lezama siguió vinculado a la Casa de las Américas, por tercera y última vez como jurado del Premio de poesía en 1967 y como asesor literario en 1969; también llegó a publicar su Poesía completa y los volúmenes Las imágenes posibles y La cantidad hechizada, que recogían ensayos escritos en años anteriores.[3]

Serían prácticamente sus últimas publicaciones, ya que a partir de 1971 comenzó a sufrir un ostracismo público, con la prohibición de la edición de sus obras o la mención de su nombre en los medios,[17] en el marco del llamado "Quinquenio gris" (1971 - 1976), un período en el que el intento de imponer el realismo socialista desde los organismos culturales oficiales provocó una ola de persecución y censura a escritores y artistas considerados "contrarrevolucionarios", como Heberto Padilla, Virgilio Piñera y Reinaldo Arenas.[18] [19] De allí que sus últimos dos libros de ensayos (Introducción a los vasos órficos y Las eras imaginarias) se editaran por Seix Barral en España. Posteriormente, las autoridades rectificaron esa posición, con la reedición de la obra de los autores censurados y la difusión de trabajos críticos y homenajes a su obra.

En 1972 murió su hermana Rosa y recibió el Premio Maldoror de poesía de Madrid y en Italia el premio a la mejor obra hispanoamericana traducida al italiano, por la novela Paradiso.

La salud de Lezama, asmático desde niño, comenzó a desmejorar en sus últimos meses, por sus hábitos de fumador y su obesidad. En los primeros días de agosto de 1976, una retención de líquidos derivó en una infección pulmonar, pero, según testimonio del médico que lo trató, José Luis Moreno del Toro, se rehusó a ser hospitalizado hasta el 8 del mismo mes, cuando fue ingresado al Hospital Calixto García. Allí le diagnosticaron neumonía, pero falleció de un infarto en la madrugada, a causa de su debilitado estado general. No obstante, existen controversias y contradicciones entre los testimonios de amigos, familiares y médicos que trataron al escritor en esos últimos días, no tanto sobre el doctor Moreno del Toro como sobre la atención recibida en el hospital.[20] [21]

Al día siguiente fue sepultado en el panteón familiar en el Cementerio Colón.[22] Un año después apareció su novela póstuma e inacabada, Oppiano Licario, secuela de Paradiso; y en 1978 Fragmentos a su imán, su último poemario, con un prólogo de Cintio Vitier. La edición mexicana, nuevamente a cargo de Era, llevó un poema-prólogo de Octavio Paz.

Homenajes[editar]

  • Después de funcionar como extensión de la Biblioteca municipal, en 1994 su casa de Trocadero 162 en La Habana Vieja (donde residió desde 1929 y donde recibía a amigos y lectores) fue convertida en un museo dedicado a su vida y su obra, que conserva el mobiliario original y la biblioteca de Lezama, además de retratos familiares y pinturas adquiridas por el escritor. [23] En el 2010, en el marco de la celebración del centenario del escritor, la casa fue declarada Monumento Histórico Nacional.[24]
  • Desde el año 2000, la Casa de las Américas otorga un premio honorífico en la categoría de poesía con su nombre.[25]
  • En 2008, el director Tomás Piard hizo una personal adaptación cinematográfica de Paradiso, con el título El viajero inmóvil. Lejos de ser una reconstrucción lineal de la trama de la novela (imposible por su densidad poética), el film reconstruye la historia de José Cemí a través de diferentes planos narrativos, alternando la acción novelesca con escenas donde se reflexiona sobre la importancia de la obra de Lezama y concretamente de Paradiso, y fragmentos de un reportaje al autor, en el que este recuerda su vida y la influencia de sus experiencias en su obra. Fue producida por el ICAIC.[26]
  • En enero del 2011 la revista Revolución y Cultura,[27] órgano oficial del Ministerio de Cultura cubano, sacó un número dedicado a Lezama Lima, con una selección de artículos y reseñas sobre su obra, escritos por el Ministro de Cultura Abel Prieto, la Dra. Luisa Campuzano, la poeta Marilyn Bobes, el discípulo de Lezama, Cintio Vitier, los investigadores Félix Guerra y Ciro Bianchi y el escritor exiliado Fernando Velázquez Medina, entre otros intelectuales que le rindieron así homenaje al Maestro en su centenario.

Obra[editar]

En Lezama, es la pasión de una escritura que se hace cuerpo. Vitalidad de los sentidos reproduciéndose en un saber hecho de imágenes. Espacios culturales que se hacen presencia múltiple y multiplicadora, fuerza ingotable de sugerencias. No existen límites para el saber. El saber impregna saberes, se interrelaciona con saberes. Tiempos, obras, autores, temas, épocas, ideas, son totalidad, olla podrida, profusión bullente en la que todo convive con todo: lo religioso con lo profano, lo antiguo con lo moderno, lo inmenso con lo minúsculo, lo bello con lo feo, lo trágico con lo cómico, lo grotesco con lo sublime. Lezama fue escritor de una palabra golosa, henchida de barruntos sobre las más extraordinarias imaginerías. En él, el vocablo se hunde, como inmenso cucharón, en un caldo que contiene todos los saberes y todos los sabores y logra extraer, inimaginablemente entremezclados, bocados que son imágenes, que son poesía. Lezama es un poeta de lo sensual; escritor de una palabra que es deleite, que es placer, que es plenitud. La estética de Lezama es la estética de la intuición y de lo intuitivo: percepción primaria donde se encuentran todas las clarividencias.


Rafael Faquié, Escribir la extrañeza.[28]

Resulta imposible brindar una exposición completa y detallada de la poética lezamiana, dado lo vasto de sus influencias y lo complejo de su entramado. Por consiguiente, lo que sigue es una síntesis de algunos de sus elementos más importantes, con fines meramente orientativos.

Sistema poético del mundo[editar]

Lejos de pensarse como una mera teoría literaria, la de Lezama es una Weltanschauung, una visión del mundo de trazos neoplatónicos con tintes panteístas en la que el Eros o el Amor Universal, Dios, establece una armonía entre todos los seres. La vida, entonces, no sería otra cosa que una búsqueda por aprehender la fijeza, la esencia única del mundo en el permanente devenir temporal. Para Lezama, Dios emana al mundo de su propia sustancia, pero se encuentra en una esfera superior al ámbito del mundo e inaccesible para el hombre.

Dentro de esta cosmovisión, que Lezama denominó sistema poético del mundo, el concepto de imagen ocupa un lugar central, especialmente la imagen poética. Lezama piensa a la poesía como un camino de perfección espiritual, una ascesis, ya que ésta permitiría acceder a la contemplación de la fijeza o esencia del mundo. Y dado que el instrumento de la poesía es la palabra, ésta debe usarse de una forma que la haga trascender de su inmediato fin comunicativo, debiendo ser transmutada en imagen, por lo que los textos de Lezama trabajan sobre una compleja serie de asociaciones de imágenes y alusiones, que el lector debe ir reconstruyendo. Así, el barroquismo poético lezamiano no responde a un mero alarde retórico, sino una condensación de imágenes y sentidos que busca aprehender el sentido del mundo, la imagen pura y esencial.[29]

Las eras imaginarias[editar]

A partir de esta concepción de la imagen y la poesía, Lezama postula otro concepto relevante en el corpus de su obra: las eras imaginarias, que enuncia parcialmente en La expresión americana, pero desarrollará más en profundidad en ensayos posteriores. Las eras imaginarias no siempre coinciden con la continuidad cronológica de la historia, sino que se enlazan por afinidades en el tratamiento de la imagen en sus expresiones artísticas, como escribió Lezama en «A partir de la poesía»:

En los milenios, exigidos por una cultura, donde la imagen actúa sobre determinadas circunstancias históricas excepcionales, al convertirse el hecho en una viviente causalidad metafórica, es donde se sitúan esas eras imaginarias. La historia de la poesía no puede ser otra cosa que el estudio y la expresión de las eras imaginarias.[30]

Alvina Camacho-Gingerich define a las eras imaginarias como «circunstancias, conceptos, períodos excepcionales, que al ser atrapados por la imaginación e imagen poéticas se hacen arquetípicos y, por tanto, vivientes, eternos y universales», cuyos rasgos más sobresalientes son «lo fabuloso, lo maravilloso o sobrenatural, lo incondicionado, lo distinto y un afán de integración e incorporación en una totalidad o unidad».[31]

En el mismo estudio, y siguiendo a Lezama, la autora menciona las siguientes eras imaginarias:

  • La filogeneratriz, que comprende el estudio de las tribus de los tiempos mis remotos: los idumeos, los escitas y los chichimecas entre ellas. Esta era incluye el estudio de lo fílico totémico y de todas las antiguas (míticas) formas de reproducción.
  • Lo tanítico de la cultura egipcia. Para los egipcios, la muerte sigue el mismo curso que la vida, y la vida se instala en el seno de la muerte. La figura de Osiris, hijo de Keb, dios de la tierra, y de Nut, diosa del cielo, encarna esa síntesis de cielo y tierra, de lo divino y humano. Lezama dice que Egipto es «el único país del mundo que en la prehistoria ofrece una plenitud religiosa y expresiva».
  • Lo órfico y lo etrusco, de gran importancia en su obra. Orfeo, hijo de Apolo, el primero en mostrar una naturaleza doble; de origen divino, canta para los humanos. De Orfeo dice Lezama que preludia a Cristo por su doble condición de humano y divino (era hijo de Apolo) y por ser el primero en descender al inframundo. Con los etruscos, dice Lezama, nace el potens, esa capacidad de creer que no existe nada tan increible ni tan imposible que no pueda realizarse: «si es posible, es creíble, es verificable».
  • El espejo de la identidad en Parménides; el ser como expresión de lo divino; estudio de la poesía desde Parminides a Valery, de la identidad trocada en sustancia y de la sustancia en la m6dula de saico.
  • El estudio de fundaciones chinas: el taoísmo, la biblioteca confuciana, la biblioteca como dragón, la frase de Confucio «No invento, sólo transmito»; los conjuros del Yi King. Muchos temas taoístas tendrán gran repercusión en la obra lezamiana: el espejo, el Gran Uno, la esfera, el del regressus ad uterum, «retorno a la matriz», o regreso a los orígenes prenatales, «que eran para el chino la vuelta a la lejania».
  • El culto de la sangre, como se observa en las culturas de los druidas y los aztecas.
  • Las piedras incaicas; el diluvio bíblico; la frase de Nietzsche «En cada piedra hay una imagen».
  • Los conceptos católicos de gracia, caridad y resurrección; estos dos primeros conceptos son importantísimos, pues establecen una relación ambivalente entre el hombre y los dioses: mientras más gracia se nos otorgue, mayor será la devolución de caridad. Y con la resurrección, el hombre alcanza la plenitud y la vida eterna; por medio de ella participamos «en el otro reino de Dios». Para Lezama, sólo tres mundos han podido habitar la imagen histórica: el etrusco, el ordenamiento feudal carolingio y el católico; en este último, la poesía alcanza su mayor plenitud, pues en sus dos grandes temas, la gravitación metafórica de la sustancia de lo inexistente y la resurrección, esta el germen de toda gran poesía.
  • La posibilidad infinita, que entre los cubanos la encarna José Martí, cuyo espíritu de pobreza lo conduce a la creación poética, a una posibilidad infinita, pues ser pobre significa penetrar en lo desconocido y estar mis rodeado por el milagro, «es la espera, hasta que se hace creadora, de la distancia entre las cosas».

La expresión americana[editar]

En su análisis del barroco, Lezama coincide con Alejo Carpentier y Octavio Paz [32] al valorar positivamente la conquista española, pero se aparta de ellos en otros aspectos.

Carpentier busca inscribir la singularidad latinoamericana en una suerte de continuidad histórica de diferentes épocas y culturas, a través de la "teoría de los contextos", desarrollada en el ensayo Problemática de la actual novela latinoamericana,[33] por lo que sostiene que el barroco no es sólo un movimiento artístico surgido en Europa en el siglo XVII, sino que se trata de «una suerte de pulsión creadora», una constante que se repite cíclicamente a lo largo del tiempo, dado que «toda simbiosis, todo mestizaje engendra un barroquismo».[34] Se trata de una concepción mucho más abarcativa, que diluye la esencia de lo barroco en manifestaciones tan diferentes como la arquitectura rusa, la literatura francesa, la cultura hindú, etc.

Lezama rechaza esta concepción universalista y transhistórica, ya que no le interesa ubicar la singularidad americana en relación con culturas de otras latitudes (no confundir con las eras imaginarias, dado que éstas no están unidas por una estética en común), sino indagar su carácter y su naturaleza. Para Lezama el barroco es una expresión puramente americana e ibérica, resultado del mestizaje. En su ensayo «La curiosidad barroca» describe dos rasgos propios del barroco americano: la tensión y el plutonismo. La tensión se refiere a una forma de organizar los elementos que no se queda en la mera acumulación, sino que produce un contrapunto a partir de la contraposición de éstos, contrapunto que busca ser resuelto en una unificación superadora, manifestada en la cultura mestiza. El plutonismo, por su parte, no es un concepto que tiene connotaciones tanáticas, sino que se refiere a la capacidad de crear algo nuevo a partir de la fusión de elementos opuestos y fragmentarios.[35] Es por esto que Lezama define al barroco americano como un «arte de la contraconquista», expresión en la que la crítica brasilera Irlemar Chiampi ve una orientación política:

Lo decisivo en esta americanización del barroco es la orientación para modernizarlo con ese concepto de un arte revolucionario, en plena premodernidad. Al diferenciar nuestro barroco del europeo, al invertir los términos de Weisbach ("barroco, arte de la Contrarreforma"), Lezama quiere revelar un contenido opuesto al barroco escoliasta, instrumentado para fines de propaganda y persuasión de la dogmática católica, de acuerdo con el estatuto de la ecclesia militans de los jesuitas. Visto al revés, por su apetencia diabólico/simbólica, lo barroco opera como una contracatequesis que perfila la política subterránea y la experiencia conflictiva de los mestizos transculturadores del coloniato. Por otro lado, al mostrar en su diseño de nuestro devenir la continuidad de la poiesis demoníaca -desde el siglo XVII hasta el XX- el barroco deja de ser "histórico", un pretérito perfecto condenado por reaccionario y conservador, y se vuelve nuestra modernidad permanente, la modernidad otra, fuera de los esquemas progresistas de la historia lineal, del desenvolvimiento del logos hegeliano. El barroco es, para Lezama, nuestra metahistoria.[36]

En suma, Lezama coincide con Carpentier en reconocer la importancia de la influencia hispánica, pero restringe el concepto de barroco al ámbito americano, al mismo tiempo que lo actualiza y lo considera un continuo devenir en permanente mutación. Si Carpentier atribuye a lo americano los rasgos de lo real maravilloso como signos de identidad ya cerrada y hecha, Lezama sostiene que lo barroco, por su mismas características (tensión y plutonismo) se renueva y se actualiza a cada momento, incluso en la actualidad.

Estas ideas serían posteriormente retomadas y reelaboradas por diferentes autores, especialmente por Severo Sarduy, que propuso el concepto de neobarroco a partir de las ideas de Lezama, pero puede notarse en otros escritores cubanos, como Reinaldo Arenas y, más recientemente, Fernando Velázquez Medina.

Obras[editar]

Novela[editar]

Poesía[editar]

Ensayo[editar]

Antologías [37] [editar]

  • Antología de la poesía cubana (1965)
  • Antología del cuento cubano (1968)
  • Poesía completa (1970)
  • Imagen y posibilidad (1981)
  • Relatos (1987)
  • Escritos de Estética (2010)

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Lista completa de las 100 mejores novelas
  2. Severo Sarduy, El barroco y el neobarroco, en César Fernández Moreno (coord): América Latina en su literatura, Siglo XXI, México, 1972, pp. 167-184.
  3. a b c d Cronología de Lezama Lima
  4. José Lezama Lima: el peregrino inmóvil.Ent. Tomás Eloy Martínez. Primera Plana, No. 280,pp. 58-61,Buenos Aires, 7-13 mayo, 1968.
  5. Cuba Literaria: Grupo Orígenes
  6. Revista Orígenes, artículo en Ecured
  7. Casa de las Américas: búsqueda de jurados
  8. Centro Virtual Cervantes
  9. a b Julio Cortázar, «Para llegar a Lezama Lima», en La vuelta al día en ochenta mundos, Siglo XXI, México, 1967, pp. 135-155
  10. José Lezama Lima, «Cortázar y el comienzo de la otra novela», en La cantidad hechizada, UNEAC, La Habana, 1970
  11. Lezama Lima y el laberinto de Rayuela
  12. Manuel Pereira, "El curso délfico", en Paradiso, edición crítica a cargo de Cintio Vitier, Colección Archivos, 1988, p.610.
  13. a b Selene Fallas Salazar, Paradiso: un problema editorial
  14. Carta de Octavio Paz a José Lezama Lima, circa febrero de 1966, citada por Susana Zaragoza Huerta en «José Lezama Lima o las "apologías eleáticas" mexicanas», incluido en Nueve Délficos, Ensayos sobre Lezama, Verbum, Madrid, 2014, pp. 49-50. Zaragoza Huerta señala que la carta fue publicada originalmente en la Serie Valoración Múltiple de la Casa de las Américas en 1970, y aparece citada parcialmente, con algunas modificaciones, en Cartas (1939 - 1976), editorial Orígenes, Madrid, 1979, volumen editado por Eloísa Lezama Lima que recoge la correspondencia de su hermano.
  15. Carlos Monsiváis, La calle Trocadero como medio, José Lezama Lima como fin revista de la UNAM, n° 12, agosto de 1968, acceso 27.12.2015
  16. Política de Lezama Diario de Cuba
  17. Lezama en los archivos de la STASI
  18. Quigenio gris, artículo en Ecured
  19. El caso Padilla y el comienzo del Quinquenio gris Marcha, 3.5.2013
  20. La muerte de José Lezama Lima (notas de un biógrafo aficionado),Penúltimos días, 9.8.2007
  21. La muerte de Lezama Lima por Omar Vargas revista Aleph, 25.8.2012
  22. Find a grave
  23. Casa Museo José Lezama Lima, artículo en EcuRed
  24. Declaran Monumento Nacional la casa de Lezama Lima La Jiribilla, 18 al 24 de diciembre de 2010.
  25. Premio Honorífico de Poesía José Lezama Lima
  26. Ficha deEl viajero inmóvil en Cubacine.
  27. Revolución y Cultura
  28. Rafael Fauquié, «Escribir la extrañeza», revista Espéculo n° 29, Universidad Complutense de Madrid, 2005
  29. Eloísa Lezama Lima, «Para leer Paradiso», introducción a la edición de Paradiso de editorial Cátedra, Madrid, 1980
  30. José Lezama Lima, «A partir de la poesía», en Confluencias: selección de ensayos, selección y prólogo de Abel Prieto, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988, p. 394
  31. Alvina Camacho-Gingerich, Los parámetros del sistema poético lezamiano, revista Iberoamericana, vol. LI, n° 130-131, enero-junio 1985, pp. 47-72
  32. Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.
  33. Alejo Carpentier, "Problemática de la actual novela latinoamericana", en Tientos y diferencias, Arca, Montevideo, 1967.
  34. Alejo Carpentier, Lo barroco y lo real maravilloso, conferencia dictada en 1975.
  35. José Lezama Lima, «La curiosidad barroca»; en Confluencias: selección de ensayos, selección y prólogo de Abel Prieto, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988
  36. Irlemar Chiampi, Barroco y modernidad, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.
  37. Bibliografía activa de Lezama Lima, Cuba Literaria