José Lezama Lima

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
José Lezama Lima
Lezama lima.jpg
José Lezama Lima
Nacimiento 19 de diciembre de 1910
La Habana, Flag of Cuba.svg Cuba
Fallecimiento 9 de agosto de 1976
(65 años)
La Habana, Flag of Cuba.svg Cuba
Nacionalidad cubano
Ocupación Abogado, escritor
Años activo 1930 - 1971
Género Poesía, novela, cuento, ensayo
Movimientos neobarroco
Obras notables Paradiso (1966)
[editar datos en Wikidata]

José María Andrés Fernando Lezama Lima, conocido sencillamente como José Lezama Lima (La Habana, 19 de diciembre de 1910 - íbid, 9 de agosto de 1976) fue un poeta, novelista, cuentista y ensayista cubano. Es considerado uno de los autores más importantes de su país y de la literatura hispanoamericana, especialmente por su novela Paradiso, considerada una de las obras más importantes en la lengua castellana.

Lezama Lima es el principal referente de lo que Severo Sarduy llamó neobarroco cubano. Su obra se caracteriza por un estilo cargado de símbolos y metáforas, referencias cultas a poetas barrocos y latinos, de gran lirismo y un gran manejo del idioma. Lezama desarrolló su teoría poética en ensayos como Analecta del reloj (1953), La expresión americana (1957), Tratados en La Habana (1958), La cantidad hechizada (1970) o Las eras imaginarias (1971), escritos también en el estilo que caracteriza su poesía y su prosa.

El Premio Casa de las Américas en la categoría de poesía lleva su nombre.[1]

Biografía[editar]

Nació el 19 de diciembre de 1910 en el campamento militar de Columbia, en La Habana, hijo de José María Lezama y Rodda, coronel de artillería e ingeniero, y de Rosa Lima. Muy pronto pierde a su padre, muerto en 1919 de una influenza, mientras se desempeñaba en una misión militar en Florida.

En 1920, Lezama ingresó en el colegio Mimó, donde concluyó sus estudios primarios en 1921. Comenzó sus estudios de segunda enseñanza en el Instituto de La Habana, donde se graduó como bachiller en ciencias y letras en 1928. Un año más tarde inició los estudios de Derecho en la Universidad de La Habana. Participó el 30 de septiembre de 1930 en los movimientos estudiantiles contra la dictadura de Gerardo Machado. Publicó su primer trabajo, el ensayo Tiempo negado, en la revista Grafos, en la que al año siguiente se publica su primer poema titulado Poesía.

El año 1937 fue especialmente significativo para Lezama, ya que acontecen tres hechos sobresalientes: funda la revista Verbum, publica su primer poema de repercusión, Muerte de Narciso, y conoce a Juan Ramón Jiménez, con quien trabará amistad. Un año más tarde se recibe de abogado y aparece su obra Coloquio con Juan Ramón Jiménez.

Entre 1939 y 1943 fundó otras dos revistas, Espuela de Plata (1939 - 1941) y Nadie parecía (1942 - 1944), y publica el poemario Enemigo rumor. Por esta época conoció a los poetas Gastón Baquero, Eliseo Diego y Cintio Vitier, que más tarde integraron el Grupo Orígenes.

Dirigida por Lezama y José Rodriguez Feo, Orígenes fue una de las publicaciones culturales más importantes de Cuba en aquella época, alcanzó a publicar cuarenta números entre 1944 y 1954, y nucleó a un grupo de artistas e intelectuales entre los que se encontraban, entre otros, Gastón Baquero, Eliseo Diego, Cintio Vitier,Virgilio Piñera, Mariano Rodríguez y René Portocarrero.[2] Durante ese tiempo publica otros dos poemarios (Aventuras sigilosas y La fijeza) y dos ensayos (Arístides Fernández y Analecta del reloj), publica los primeros capítulos de su novela Paradiso y emprende los dos únicos viajes que hizo fuera de la isla, el primero a México en 1949 y el segundo a Jamaica en 1950.

En 1954, una agria disputa entre Lezama y Rodriguez Feo marcó el fin de Orígenes.

En 1957 dictó una serie de cinco conferencias en el Instituto Nacional de Cultura, que fueron recogidas en su libro La expresión americana, una de sus obras ensayísticas más importantes. En ella diferencia el barroco europeo del barroco americano, al que califica de «arte de la contraconquista».[3]

Con el advenimiento de la Revolución cubana en 1959 fue nombrado director del Departamento de Literatura y Publicaciones de ese organismo, desde donde dirigió importantes colecciones de libros clásicos y españoles. En 1960 publica Dador, otro poemario.

El 12 de septiembre de 1964 murió la madre del poeta, sumiéndolo en una gran depresión, y el 5 de diciembre del mismo año Lezama contrajo matrimonio con su secretaria, Maria Luisa Bautista. En 1965 ocupó el cargo de investigador y asesor del Instituto de literatura y lingüística de la Academia de Ciencias. Es en esa época cuando publica su Antología de la poesía cubana.

En 1966 aparece su primera y única novela publicada en vida, Paradiso, obra que sintetiza su sistema poético y su propuesta estética en un texto que desde su aparición suscitó los más entusiastas elogios y las más reaccionarias críticas. Entre sus primeros defensores se contaron, además de Cintio Vitier, Octavio Paz y Julio Cortázar, con quien mantenía contacto desde 1957, pero no conocería personalmente hasta 1963.

La relación entre ambos escritores es uno de los encuentros más célebres y fructíferos entre dos figuras emblemáticas de la literatura hispanoamericana, manteniéndose hasta la muerte de Lezama, acaecida diez años más tarde. Además de la correspondencia y las sentidas dedicatorias que el cubano le hizo,[4] la mutua admiración también produjo un generoso intercambio crítico: Cortázar fue un gran difusor de la obra de Lezama gracias a su ensayo «Para llegar a Lezama Lima», incluido en su libro-collage La vuelta al día en ochenta mundos, publicado en 1967. A su vez, Lezama escribió el prólogo a la edición cubana de Rayuela, «Cortázar y el comienzo de la otra novela», recogido más tarde en el volumen de ensayos La cantidad hechizada.[5]

Tres años más tarde se desempeñó como asesor literario de la Casa de las Américas, al mismo tiempo que la editorial mexicana Era publicó una edición revisada y corregida de Paradiso al cuidado de Julio Cortázar y Carlos Monsivais, enmendando las erratas de la descuidada edición cubana.[6]

Los últimos años de Lezama se caracterizaron por un aislamiento cada vez mayor, en parte motivado por el sentimiento de soledad provocado por el alejamiento de su familia (su hermana Rosa se había exiliado en Miami), aunque otros responsabilizan al gobierno revolucionario.[7] [8]

La relación entre Lezama y el gobierno castrista ha sido materia de intensos debates y versiones encontradas. Se sabe que en principio, como muchos otros escritores e intelectuales, apoyó la Revolución, como lo prueban textos escritos entre 1959 y 1968 en homenaje al Che Guevara o a Salvador Allende. Pero es a partir de la aparición de Paradiso, por sus escenas homoeróticas, y por su decisión de premiar el poemario Fuera de juego de Heberto Padilla, en contra del veredicto de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que se produce un alejamiento entre el escritor y el gobierno revolucionario, alejamiento que derivó en un paulatino silenciamiento oficial. [9] [10] Años después, las autoridades rectificaron esa posición, volviendo a reconocer y valorar la obra y el legado lezamianos.

Por esos años publicó su Poesía completa y otros cuatro libros de ensayos: Las imágenes posibles y La cantidad hechizada en 1970 e Introducción a los vasos órficos y Las eras imaginarias en 1971. Serían sus últimas publicaciones en vida.

En 1972 recibe el Premio Maldoror de poesía de Madrid y en Italia el premio a la mejor obra hispanoamericana traducida al italiano, por la novela Paradiso.

Falleció el 9 de agosto de 1976 a consecuencia de las complicaciones del asma que padecía desde niño, y fue enterrado en el panteón familiar en la Necrópolis de Cristóbal Colón. Al igual que con muchas de las circunstancias de sus últimos días, existen diferentes y a veces contradictorias versiones respecto a la causa de muerte de Lezama, que van desde negligencia médica y del propio escritor hasta un asesinato planificado.[11] Un año después aparece su novela póstuma e inacabada, Oppiano Licario, personaje que ya había aparecido en Paradiso, y que funciona como secuela a aquella; y en 1978 aparece Fragmentos a su imán, su último poemario.

Después de funcionar como extensión de la Biblioteca municipal desde 1984 hasta 1989, en 1994 su casa de Trocadero 162 en La Habana Vieja (donde residió desde 1929 y donde recibía a amigos y lectores) fue convertida en un museo dedicado a su vida y su obra, que conserva el mobiliario original y la biblioteca de Lezama, además de retratos familiares y pinturas adquiridas por el escritor. [12]

Obra[editar]

Su obra culterana está saturada de claves, enigmas, alusiones, parábolas y alegorías que aluden a una realidad secreta, íntima y, al mismo tiempo, ambigua. Desarrolló una erótica de la escritura, anticipándose, de esta manera, a las corrientes europeas de la estilística estructuralista. Sus ensayos son imaginativos, poéticos, abiertos y constituyen una recreación de textos y visiones. Promotor de revistas y cenáculos, supo congregar en torno de sí a poetas de la talla de Gastón Baquero, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y Octavio Smith, entre otros. Su amistad con el poeta y sacerdote español Ángel Gaztelu, contribuyó a la formación de su mundo espiritual. Siendo hermético por instinto y por el exceso expresivo, busca la revelación del misterio de la poesía. Fue un poeta religioso que, como San Juan de la Cruz, hace prevalecer el sentir sobre el decir.

Paradiso ha sido considerada por muchos críticos como una de las obras maestras de la narrativa del siglo XX, en ella confluye toda su trayectoria poética de carácter barroco, simbólico e iniciático. Profundo conocedor de Platón, los poetas órficos, los filósofos gnósticos, Luis de Góngora y las corrientes culteranas y herméticas, devoto del idealismo platónico y ferviente lector de los poetas clásicos, Lezama vivió plenamente entregado a los libros, a la lectura y a la escritura.

Se ha dicho de él que fue "un escritor de palabra golosa, henchida de barruntos sobre las más extraordinarias imaginerías. En él, el vocablo se hunde, como inmenso cucharón, en un caldo que contiene todos los saberes y todos los sabores y logra extraer, inimaginablemente entremezclados, bocados que son imágenes, que son poesía. Lezama es un poeta de lo sensual; escritor de una palabra que es deleite, que es placer, que es plenitud" (Rafael Fauquié, Escribir la Extrañeza).

La estética de Lezama es la estética de la intuición y de lo intuitivo: percepción primaria donde se encuentran todas las clarividencias. Por lo que respecta a su poesía, no se alteró especialmente en la forma ni el fondo con la llegada de la Revolución y se mantuvo como una suerte de monumento solitario difícilmente catalogable. Para muchos especialistas, el conjunto de su obra representa dentro de la literatura hispanoamericana una ruptura radical con el realismo y la psicología y aporta una alquimia expresiva que no provenía de nadie. Julio Cortázar fue sin duda el primero en advertir la singularidad de su propuesta.

A pesar de su escasa difusión editorial, la obra de José Lezama Lima sigue trascendiendo más allá del tiempo y las fronteras. Muchos poetas y narradores cubanos, latinoamericanos y españoles posteriores a él siguen admitiendo la influencia significativa que la propuesta de Lezama ha tenido en ellos: el caso más notorio sea quizás el de Severo Sarduy, que postuló su teoría del neobarroco a partir del barroco de Lezama.

Lezama consiguió devolver a la poesía su esencia, pues en algún momento descendió hasta la inutilidad de la palabra usada y ya desprovista de música. Él estructuró un sistema poético del mundo sin importarle la dificultad que su lectura entrañaba para todos los lectores: quiso explicar el conocimiento del mundo desde la otra orilla, de lo desconocido, de lo otro y en ese recorrido lograr el desvelamiento de un nuevo ser nacido de la oscuridad: la poesía.

José Lezama Lima crea un sistema para explicar el mundo a través de la metáfora y especialmente de la imagen. Su famosa frase lo resume: "la imagen es la realidad del mundo invisible".

En enero del 2011 la revista Revolución y Cultura,[13] órgano oficial del Ministerio de Cultura cubano, sacó un número dedicado a Lezama Lima, con una selección de artículos y reseñas sobre su obra, escritos por el Ministro de Cultura Abel Prieto, la Dra. Luisa Campuzano, la poeta Marilyn Bobes, el discípulo de Lezama, Cintio Vitier, los investigadores Félix Guerra y Ciro Bianchi y el escritor exiliado Fernando Velázquez Medina, entre otros intelectuales que le rindieron así homenaje al Maestro en sus primeros cien años.

Obras[editar]

Novela[editar]

Poesía[editar]

Ensayo[editar]

Referencias[editar]

Véase también[editar]

José Gregorio de Lezama

Enlaces externos[editar]