Paladio (mitología)

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Áyax el Menor arrastra a Casandra agarrada al Paladio. Detalle de un fresco romano del atrio de la Casa del Menandro (I 10, 4) en Pompeya.

El Paladio o Paladión (del griego: Παλλάδιον; Palládion), en la mitología grecorromana, era una estatua arcaica de madera que representaba a Atenea y se conservaba en Troya desde los tiempos de su fundación.

Características[editar]

Se decía que la estatua medía tres codos de altura, tenía los pies juntos, una lanza en la mano derecha y una rueca con un huso en la izquierda.[1]

El Paladio en Troya[editar]

A pesar de que comúnmente se consideraba que el Paladio representaba a Atenea, la tradición que recoge Apolodoro sobre su origen supone que la construyó Atenea en honor a Palas, hija de Tritón, con quien se había criado y a quien había dado muerte, involuntariamente, mientras se ejercitaban en las artes bélicas.

Esta imagen, según la leyenda, cayó delante de la tienda de Ilo, el mítico fundador de Ilión (Troya), cuando éste estaba construyendo la ciudad.[2] Este suceso fue interpretado como un indicio de la aprobación divina para tal fundación, y, en consecuencia, se le construyó un templo y se rindió culto a la imagen, en la idea de que, mientras ella estuviese en la ciudad, ésta sería inexpugnable. En un incendio que sufrió el templo Ilo logró rescatar la estatua y quedó ciego pues no estaba permitido que la viera ningún hombre. Después de aplacar a Atenea, le fue devuelta la vista.[3]

Existen otras versiones acerca del origen de la estatua divina. Se decía que Crisa, al casarse con Dárdano, había aportado como dote unos regalos que había recibido de Atenea: los Paladiones y otros símbolos divinos en cuyos misterios había sido instruida.[4]

Versiones acerca de su destino[editar]

Odiseo y Diomedes robando el Paladio. Cerámica de figuras rojas. 360-350 a. C. Procedente de Regio de Calabria. Museo del Louvre (París).

Durante la guerra de Troya, cuando los aqueos se enteraron por Héleno de que un requisito indispensable para conquistar la ciudad era conseguir antes el Paladio, comisionaron con este fin a Diomedes y a Odiseo, quienes realizaron con éxito su cometido.[5] A veces se consideraba que Helena ayudó a robar el Paladio. Existía controversia acerca de si el que finalmente lo robó fue Diomedes u Odiseo. Incluso circulaba una versión según la cual Odiseo trató de matar por la espalda a Diomedes tras el robo para ser el único que llevara el Paladio a los aqueos, pero Diomedes vio reflejado a través de la luna el brillo de la espada y tras sacar su espada también, obligó a Odiseo a caminar delante de él. Así se explicaba el proverbio la necesidad de Diomedes, que significaba hacer algo contra su voluntad.[6] Otras versiones aseguran que la llevó Agamenón a Argos; o Menelao a Esparta; o Demofonte a Atenas, etc.

Otra de las versiones más extendidas asegura que los troyanos ocultaron el auténtico Paladio en un lugar inaccesible, que Diomedes y Odiseo se llevaron una copia, mientras que la imagen original se quedaba en Troya y fue la llevada luego por Eneas a Italia.[7]

También existe una versión en la que el Paladio aparece todavía en el templo de Atenea durante el saqueo de Troya: fue la estatua ante la que suplicó protección la adivina troyana Casandra antes de ser arrastrada o violada por Áyax Oileo. Se decía que la estatua, horrorizada ante el ultraje sufrido por Casandra, había elevado sus ojos hacia el cielo.[8]

Pausanias recoge otras tradiciones acerca del destino del Paladio. Entre los tribunales de justicia de Atenas estaba el llamado tribunal del Paladio,[9] donde tenían lugar los juicios para los que han cometido asesinatos involuntariamente. Pausanias explicaba el porqué de dicho nombre:

Dicen que Diomedes, después de la toma de Ilión, regresó con sus naves y ya era de noche cuando llegaron navegando a Falero. Dicen que entonces Demofonte, que no sabía siquiera que las naves eran argivas, salió a defenderse y dio muerte a algunos de ellos, y tras apoderarse del Paladio, se marchó; un ateniense, que no veía delante de sí, fue atropellado por el caballo de Demofonte y pisoteado, murió. A causa de esto Demofonte tuvo que rendir cuentas ante los parientes del hombre pisoteado , y otros dicen que ante la comunidad de los argivos.[10]

El mismo Pausanias, sin embargo, se mostraba en desacuerdo con una creencia que había en Argos acerca de que en esta ciudad se hallaba el sepulcro de Deyanira y el de Héleno, hijo de Príamo junto con la imagen de Atenea que fue traída de Troya. Pausanias señala que es evidente que el Paladio fue llevado a Italia por Eneas.[11]

Otra tradición mencionada por Plutarco era que un descendiente de Diomedes llamado Ergino, con la colaboración de Témeno y Leagro, había robado el Paladio de Argos. Después Leagro trasladó la estatua a Esparta, donde fue bien recibida y colocada en un templo dedicado a las Leucípides. Al consultar con el oráculo de Delfos, los espartanos recibieron la respuesta de que uno de los que había robado el Paladio debía ser su guardián, y por tanto junto al templo de las hijas de Leucipo construyeron un templo dedicado a Odiseo.[12]

El Paladio en Roma[editar]

La tradición romana suponía como verdadera la leyenda que decía que Eneas había huido de Troya con el Paladio y lo había traído a Italia. [13] Se creía que esta estatua sagrada se hallaba custodiada en el templo de Vesta en Roma.

En el año 241 a. C., hubo un incendio en el templo de Vesta. El Pontífice Máximo Lucio Cecilio Metelo entró en el templo hasta la cella, cuyo acceso estaba prohibido hasta para él y logró salvar de las llamas el Paladión y otros objetos sagrados vinculados a la supervivencia de Roma. Quedó ciego a consecuencia de esta acción.[14] [15] [16]

Existe una pequeña cabeza mutilada de Atenea Promacos en el Antiquarium Palatino de Roma que fue hallada en el Palatino y a la que algunos autores conceden posibilidades de que fuera para los romanos la representación del Paladio.[17]

Referencias[editar]

  1. Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica, iii, 12, 3.
  2. Apolodoro de Atenas, Biblioteca mitológica iii, 12, 3.
  3. Plutarco, Moralia: Historias griegas y romanas 309F.
  4. Dionisio de Halicarnaso: Arqueología romana (Ῥωμαική ἀρχαιολογία), i,68,2.
  5. Apolodoro: Epítome 5,10; 5,13.
  6. Conón: Biblioteca 228.
  7. Dionisio de Halicarnaso: Arqueología romana, i, 68, 2.
  8. Licofrón: Alejandra, 361.
  9. Pausanias Atica y Megáride, 28, 8
  10. Pausanias: Descripción de Grecia, I, 28, 8.
  11. Pausanias Descripción de Grecia Libro II, 23, 5.
  12. Plutarco, Moralia: Cuestiones griegas 302 C-D.
  13. Dionisio de Halicarnaso, Arqueología romana, i, 68, 2.
  14. Plinio el Viejo: Historia Natural, vii, 141
  15. Plinio el Viejo Historia Natural libro VII, 141
  16. Plutarco, quien en Moralia: Historias griegas y romanas 309F menciona indirectamente una noticia transmitida por Dercilo en su obra perdida Fundaciones
  17. R. Bianchi Bandinelli y E. Peribeni: El arte de la Antigüedad Clásica. Grecia. Ficha 360. Madrid, Akal, 1986. ISBN 84-460-0618-9.

Enlaces externos[editar]