Microrrelato

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Minicuento»)
Saltar a: navegación, búsqueda

El microrrelato es una construcción literaria narrativa distinta de la novela o el cuento. Es la denominación más usada para un conjunto de obras diversas cuya principal característica es la brevedad de su contenido. El microrrelato también es llamado microcuento, cuento brevísimo o minicuento.


Nomenclatura[editar]

Otros términos ampliamente utilizados como sinónimos de microrrelato son minificción y microficción. Su uso, sin embargo, ha sido cuestionado por varios críticos. Irene Andres-Suárez, por ejemplo, observa que "[l]a minificción [...] es una supracategoría literaria [por lo tanto] la minificción recubre un área más vasta que la del minicuento o microrrelato".[1] De lo que se infiere que, al igual que ficción (término que contiene a formas como el filme, la novela o el teatro), minificción y microficción son términos que deberían designar una categoría antes que un género específico.

Antecedentes[editar]

Textos escritos u orales de corta extensión aparecen a lo largo de todos los tiempos: instrucciones, sumerias y egipcias, fábulas, adivinanzas, parábolas, epitafios, graffiti, etcétera. El microrrelato como fenómeno escritural debe verse en perspectiva histórica como una de las más recientes (re)configuraciones de la escritura fragmentaria y/o breve. En el mundo occidental, además de la ya mencionada fábula, algunos casos paradigmáticos de escritura breve en el mundo grecolatino antiguo incluyen el aforismo, el epigrama o el epitafio. En la Edad Media en los llamados bestiarios y más adelante en las sentencias de El conde Lucanor, pero aún más atrás existen antecedentes en las parábolas de Jesús, vistas de forma individual, separadas del texto, como estructuras narrativas completas y breves, exigencia del microrrelato actual. Al igual que las parábolas que recoge la Biblia, las milenarias instrucciones sumerias (por ejemplo las Instrucciones de Shurupak) e egipcias deben situarse en el continuum de la escritura mínima.

La escritura breve se practica, entonces, desde los inicios de la literatura. En las antiguas culturas no occidentales se puede mencionar, además de los casos en Sumeria, el de la India (el Panchatantra, por ejemplo), los Textos de los Sarcófagos egipcios, el haiku, entre otros. En el mundo occidental, manifestaciones de la escritura mínima se encuentran en las ya mencionadas fábulas (herederas del Panchatantra), epigramas, epitafios, aforismos, etc.; luego, y siguiendo en Europa, en autores como Baltasar Gracián, los moralistas franceses (Chamfort, por ejemplo) o los románticos alemanes (Friedrich Schlegel, Novalis, entre otros).

El microrrelato como género moderno[editar]

La mayoría de críticos literarios en el mundo castellanoparlante ubican las raíces directas a la micronarratividad en el modernismo hispanoamericano y las vanguardias. Para David Lagmanovich, los cambios culturales de la modernidad propician, junto a otras innovaciones en campos como el de la música y la arquitectura, el surgimiento de las narrativas mínimas[2] .De opinión similar es Pedro de Miguel quien detalla:[3]

Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.

Principales características[editar]

Los rasgos aplicables al microrrelato son varios. En “El microrrelato y la teoría de los géneros” (2008), David Roas distingue una amplia lista de rasgos discursivos, formales, temáticos y pragmáticos. Algunos de estos incluyen:

Rasgos discursivos: narratividad, hiperbrevedad, concisión. etc.
Rasgos formales: estructura simple, personajes mínimamente caracterizados, espacios esquemáticos, condensación temporal, etc.
Rasgos temáticos: intertextualidad, metaficción, ironía, parodia, humor, etc.
Rasgos pragmáticos: exigencia de un lector activo.[4]

Brevedad[editar]

La brevedad, noción que también aplica al cuento, es el rasgo más obvio de este tipo de textos. Sin embargo, es una característica bastante subjetiva, ya que existen microrrelatos de más de una página. Contar el número de palabras es sólo una forma de ilustrar el concepto de brevedad. Justamente por el carácter subjetivo de este criterio, algunos críticos, como David Roas y David Lagmanovich prefieren hablar de "concisión". Lagmanovich también observa que aunque la brevedad es una “[c]ondición absolutamente primaria de todo microrrelato, [ésta es] insuficiente por si sola para establecer sus características".[5] Como texto breve, el microrrelato depende mucho de su paratexto. De ahí la pertinencia de los títulos que pueden ayudar a la focalización o a completar aquello que, por la brevedad, no se dice. En algunos casos son imprescindibles para completar el sentido.También es cierto que varios microrrelatos carecen de título, hecho que parece plantear la expectativa de que sea el lector quien "abra" o "expanda" el relato presente en este tipo de narrativa.

Intertexualidad[editar]

La intertextualidad es una característica esencial en el microrrelato para lograr la economía o síntesis verbal.

Elipsis[editar]

La elipsis se refiere a la omisión, los vacíos y el silencio que práctica el género. Para críticos como Irene Andres-Suárez, la dependencia del microrrelato con respecto a la elipsis explica la diferencia entre microrrelato y cuento ya que

[L]a intensificación de la elipsis generó, en un momento dado, una reacción en cadena que terminó afectando a su estructura profunda, es decir, la diferencia cuantitativa se volvió cualitativa, dando como resultado un modelo textual diferente [...]; el proceso sería equivalente al que se dio en su día en la novela corta respecto de la larga.[6]

El microrrelato y la micronarratividad en distintas tradiciones[editar]

En Argentina, la tradición de la micronarratividad y microtextualidad es bastante larga. En el modernismo se puede considerar a autores como Leopoldo Lugones (su obra Filosofícula (1926) es fundamental al respecto) y Ángel de Estrada, hijo. De las vanguardias se debe rescatar nombres como Macedonio Fernández y Oliverio Girondo.[7] Hacia 1953, Jorge Luis Borges junto con Adolfo Bioy Casares publican Cuentos breves y extraordinarios, donde antologan relatos de entre dos páginas y dos líneas. Siguiendo con estos dos autores, con Guirnalda con amores (1959) y El Hacedor (1960), Bioy Casares y Borges, respectivamente, siguen contribuyendo con el desarrollo de la tradición microtextual y micronarrativa en Argentina. El género del microrrelato se sigue gestando y practicando en ciertas obras de autores renombrados como Julio Cortázar (por ejemplo en Historias de cronopios y de famas), Marco Denevi, Luisa Valenzuela, Ana María Shua, Eduardo Berti, Raúl Brasca, entre otros.[8]

En España, algunos de los referentes clásicos en este género incluyen a autores como Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez y Max Aub. Comparada con la tradición en la América castellanoparlante, la popularidad de este género es más reciente en España cuya tradición cuentística estaba dominada, no por la influencia de autores nacionales sino, a juicio de Fernando Valls, por la de los binomios Edgar Allan Poe / Julio Cortázar y Antón Chéjov / Raymond Carver.[9] Uno de los medios pioneros responsables en difundir el género en este país es la revista Quimera ya desde 2002[10] y, desde 2003, creando una sección fija (coordinada por Neus Rotger) dedicada a la publicación de microrrelatos inéditos.[11] Según el editor de Páginas de Espuma (editorial especializada en el género), la introductora del microrrelato en España fue la escritora argentina Clara Obligado, a través de sus talleres literarios. [12] Cultivadores destacados en España incluyen, el teórico del género José María Merino, Juan Pedro Aparicio y Felipe Benítez Reyes. Entre los creadores surgidos en el siglo XXI, Fernando Valls destaca a Óscar Esquivias, Ignacio Ferrando y Javier Sáez de Ibarra.[9]

En México, Julio Torri, Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Edmundo Valadés, entre otros, inician una fuerte tradición microrrelatista en ese país. Otros nombres relevantes más contemporáneos incluyen el de René Avilés Fabila, Guillermo Samperio, Jaime Muñoz Vargas y Rogelio Guedea. En 2005, Luis Felipe Lomelí publica Ella sigue de viaje, libro que incluye El emigrante, uno de los microrrelatos más breves en el mundo castellanoparlante.

En la tradición china contemporánea se escriben weixing. Algunos de estos microrrelatos se pueden leer en No veo los zapatos de mamá y otros microrrelatos (2013) traducción de One Fallen Leaf and More Miniature Stories (2009).[13]

En la literatura francesa, además del rol fundacional de varios de los moralistas franceses, se puede encontrar ejemplos (junto a justificaciones teóricas sobre la escritura fragmentaria) de microtextualidad y micronarratividad en Roland Barthes (Incidents, por ejemplo) o Maurice Blanchot (La escritura del desastre). En un plano narrativo más convencional, algunos autores de micronouvelles o microrécits reconocidos incluyen a Vincent Bastin, Stéphane Bataillon, Régis Jauffret, Jacques Sternberg, Jean-Pierre Andrevon o Jacques Fuentealba.[14]

En la literatura alemana, las Kürzestgeschichten o Mikroerzählung, especialmente influidas por las narraciones breves de Bertolt Brecht y Franz Kafka, son practicadas por autores como Peter Bichsel, Heimito von Doderer, Helmut Heißenbüttel y Günter Kunert.

En la literatura japonesa se practica el cho-tanpen. Un texto fundamental en esa tradición es Mil y un cuentos de un segundo (1923) de Taruho Inagaki.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Irene Andres-Suárez. "El microrrelato: Caracterización y limitación del género" en Poéticas del microrrelato. Ed. David Roas, 2010. págs. 164-165
  2. David Lagmanovich. El microrrelato. Teoría e historia, 2006. págs. 16-20.
  3. Pedro de Miguel. «El microrrelato: ese arte pigmeo».
  4. David Roas. "El microrrelato y la teoría de los géneros", en La era de la brevedad. Eds. Irene Andres-Suárez y Antonio Rivas, 2008. págs. 50-51.
  5. David Lagmanovich. El microrrelato. Teoría e historia, 2006. págs. 233.
  6. Irene Andres-Suárez. Antología del microrrelato español (1906-2011). El cuarto género narrativo , 2012. págs. 27-28.
  7. David Lagmanovich. El microrrelato. Teoría e historia, 2006. págs. 299-306.
  8. David Lagmanovich. El microrrelato. Teoría e historia, 2006. págs. 299-306.
  9. a b Elsa Fernández-Santos, «Microrrelatos, autoficción y otras fronteras.» El País, 7 de junio de 2009.
  10. N.º 211-212 (febrero, 2002), La minificción en Hispanoamérica. De Monterroso a los narradores de hoy, coordinador: Lauro Zavala; N.º 222 (2002), El microrrelato en España" (noviembre, 2002), coordinadores: Rebeca Martín y Fernando Valls.
  11. Ciempiés: los microrrelatos de Quimera. Neus Rotger, Fernando Valls (editores). Editorial Montesinos, 2005, pág. 7.
  12. Paco Bescós (2014). «El microrrelato es un fantasma. El lector, el lugar de sus apariciones. Una aproximación a la actualidad del género Brevísimo.».
  13. Bing Feng (2009). «One Fallen Leaf and More Miniature Stories.».
  14. «Jacques Fuentealba» (2014).

Enlaces externos[editar]