Microrrelato

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El microrrelato es una construcción literaria narrativa distinta de la novela o el cuento. Es la denominación más usada para un conjunto de obras diversas cuya principal característica es la brevedad de su contenido. El microrrelato también es llamado microcuento, minificción, microficción, cuento brevísimo, minicuento.

Historia del género[editar]

Textos escritos u orales de corta extensión aparecen a lo largo de todos los tiempos. Fábulas, adivinanzas, parábolas, epitafios, graffittis, etcétera. El microrrelato no es un fenómeno nuevo, sienta sus bases en la Edad Media en los llamados bestiarios y más adelante es posible encontrarlo en las sentencias del Conde Lucanor, pero aún más atrás existen antecedentes en las parábolas de Jesús, vistas de forma individual, separada del texto, como estructuras narrativas completas y breves, exigencia de un microcuento.[cita requerida]

En la Argentina, en 1955 Jorge Luis Borges junto con Adolfo Bioy Casares publicaron Cuentos breves y extraordinarios, que contiene relatos de entre dos páginas y dos líneas. Bioy Casares publicó Guirnalda con amores en 1959 y al año siguiente Borges publicó El Hacedor, que incluye varios microrrelatos, así como la obra de Julio Cortázar con Historias de Cronopios y de Famas.[cita requerida]Entre los contemporáneos cabe mencionar también a Marco Denevi, Luisa Valenzuela, Orlando Enrique Van Bredam y Alejandro Córdoba Sosa.

En España hay referentes clásicos en este género, desde Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez y Max Aub. El florecimiento de este género es reciente. La revista Quimera fue una publicación pionera en valorar, estudiar y difundir el género. En 2002 dedicó dos números monográficos al género[1] En febrero de 2003 se creó una sección fija (coordinada por Neus Rotger) dedicada a la publicación de microrrelatos inéditos.[2]

En México Juan José Arreola, y Augusto Monterroso crearon las condiciones para que el microrrelato irrumpiera con mayor fuerza.[cita requerida] Luis Felipe Lomelí es considerado, junto con Monterroso, el autor del cuento más corto en español: El emigrante.

En Estados Unidos se empieza en los años 70 y fuera del Río de la Plata en Latinoamérica se comienza a explorar con mayor intensidad a partir de la década del 80. Es, sin duda, reflejo de lo absurdo y lo fragmentario de la modernidad.

En la literatura francesa, los autores de microficciones (micronouvelles), como Jacques Fuentealba, Vincent Bastin y Stéphane Bataillon, son fuertemente influidos por la microficción española.

En alemán, las Kürzestgeschichten, especialmente influidas por las narraciones breves de Bertolt Brecht y Franz Kafka, conocen autores como Peter Bichsel, Heimito von Doderer, Helmut Heißenbüttel y Günter Kunert.

Dice Pedro de Miguel, en el diario El Mundo de Madrid:[3]

Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.

En la segunda mitad del siglo XX, proliferan estos textos que David Lagmanovich llama "cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas [...] que ponen a prueba nuestras maneras rutinarias de leer". Se presenta como una auténtica propuesta literaria, al grado de que es raro el escritor que no lo haya intentado.[cita requerida]

Por otro lado, Víctor Montoya afirma que:[4]

Los microrrelatos son una apuesta por la literatura futurista cuyas innovadoras técnicas responden a las exigencias de un mundo más moderno, donde el tiempo es plata y la prosa breve es oro [...] Los narradores que valoran lo efímero en la literatura, cultivan una prosa breve, mientras más breve mejor. Se trata de una literatura que está muy cerca de prosa poética y que, al mejor estilo de los haikus, se parece a un félido veloz y cimbreante, constituido más por músculos que por grasa.

No es de extrañar entonces que los mecanismos de construcción del microcuento contemplen el quiebre de expectativas del lector que lo impele a seguir buscando el sentido, y no sólo esto, sino además otorgar el sentido al completar los significados que apenas se esbozan o se insinúan apoyados en otro de los mecanismos propios de su construcción, "el doble sentido", es decir, la posibilidad de que lo dicho signifique no sólo lo literal e incluso algunas veces en absoluto lo literal, sino otra cosa que el lector debe encontrar para completar la narración, siendo de este modo lector y autor al mismo tiempo.[cita requerida]

Juan Armando Epple ha definido así este tipo de composiciones:[5]

Lo que distingue a estos textos como relatos es la existencia de una situación narrativa única, formulada en un espacio imaginario y en su decurso temporal, aunque algunos elementos de esta tríada (acción, espacio, tiempo), estén simplemente sugeridos.

Para entender el microcuento no se necesitan referentes externos salvo aquellos de orden cultural que permiten otorgar sentido a algunas expresiones. Esta narración es por sobre todo concisa, es decir, breve y precisa y de una gran intensidad expresiva, pues es un verdadero extracto no en el sentido del resumen, sino en el sentido de "esencia", es decir, aquello que contiene lo más importante, lo central.[cita requerida]

Principales características[editar]

La brevedad[editar]

Si es verdadero asegurar que la brevedad, noción que también aplica al cuento, sea lo más común de este tipo de textos. Sin embargo, es una característica bastante subjetiva, ya que existen microrrelatos de más de una página. Contar el número de palabras es sólo una forma de ilustrar el concepto de brevedad.

Los títulos suelen ser pertinentes, porque pueden ayudar a la focalización o a completar aquello que, por la brevedad, no se dice. En algunos casos son imprescindibles para completar el sentido.

También es cierto que varios microrrelatos carecen de título, hecho que parece plantear la expectativa de que sea el lector quien "abra" o "expanda" el relato presente en este tipo de narrativa.

La temática[editar]

Como otras obras literarias, los microcuentos abarcan las más diversas temáticas que van desde la ficción pura, la inclusión de otros discursos (políticos, sociales, etcétera), hasta el uso de la intertextualidad. Tiene la particularidad de presentar un desenlace inesperado con respecto a los sucesos narrados, es decir, quiebra las expectativas del lector sobre su final, condicionado por los sucesos narrados antes del desenlace.

La ironía[editar]

En la gran mayoría de microcuentos, está el recurso literario de la ironía. Este recurso consiste en decir algo como si fuese en serio, pero en realidad, se quiere demostrar lo contrario. Habría que considerar también, ya que se menciona la intertextualidad, que no sólo la ironía está presente en el microrrelato; en varias ocasiones se trabaja a partir de juegos de palabras o malentendidos. Algunos de los cuentos presentes en el estudio de David Lagmanovich ya mencionado dan cuenta de ello. También hay cuentos que dan una nueva versión de la historia, sin que por ello aparezca presente la ironía. "Prehistoria", por ejemplo, de Emma Wolf.

El contemporáneo David Roas ha escrito microrelatos de un particular humor negro.

Se usa generalmente para criticar a la sociedad actual.

Referencias[editar]

  1. N.º 211-212 (febrero, 2002), La minificción en Hispanoamérica. De Monterroso a los narradores de hoy, coordinador: Lauro Zavala; N.º 222 (2002), El microrrelato en España" (noviembre, 2002), coordinadores: Rebeca Martín y Fernando Valls.
  2. Ciempiés: los microrrelatos de Quimera. Neus Rotger, Fernando Valls (editores). Editorial Montesinos, 2005, pág. 7.
  3. Pedro de Miguel. «El microrrelato: ese arte pigmeo».
  4. Víctor Montoya. «¿Por qué escribo microrrelatos?». escritoresdelmundo.com.
  5. Juan Armando Epple (1990). «Introducción: Brevísima relación sobre el cuento brevísimo». Brevísima relación. Antología del micro-cuento hispanoamericano. Santiago de Chile: Mosquito comunicaciones. 

Enlaces externos[editar]