Haiku

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Tumba de Yosa Buson.

El haiku (?), en español frecuentemente jaiku (siguiendo la transcripción fonética directa), es un tipo de poesía japonesa. Consiste en un poema breve, formado por tres versos de cinco, siete y cinco silabas respectivamente. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en otras lenguas. La poética del haiku generalmente se basa en el asombro y el arrobo que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza.[1]

La esencia del Haiku es "cortar" (kiru) mediante la yuxtaposición de dos ideas o imágenes separadas por un kireji que es el término "cortante" o separador.

Tradicionalmente, un Haiku debe contener también una referencia directa o indirecta a la estación del año, frecuentemente mediante el uso de un kigo o palabra que evoca las estaciones. Los saijiki son listas extensas de palabras "kigo" en japonés, que el poeta puede utilizar.

Orígenes[editar]

Haiku, zen y sintoísmo[editar]

Es común relacionar el haiku con el zen. Sin embargo, aunque el zen utilizó el haiku para la difusión de su filosofía, dista mucho de ser el origen del mismo. En el Man'yōshū (obra clásica de recopilación de poesía del siglo VIII) hay muchos poemas de 31 moras donde aparece ya la actitud característica del haiku: la Naturaleza no es excusa de los sentimientos humanos, sino objeto poético en sí mismo. O, lo que es lo mismo, el poema surge «del asombro del japonés primitivo por lo que ocurría en la Naturaleza».[2] Se trata de una espiritualidad característicamente japonesa, anterior al zen y al propio budismo, y vinculada al sintoísmo.

La vinculación con el zen se produjo cuando en el siglo XVII Matsuo Bashō, monje budista, lanzó el haiku a la popularidad en Japón. En el siglo XX Daisetsu Teitaro Suzuki, gran maestro budista zen, enfoca el haiku como expresión poética del zen en su obra El zen y la cultura japonesa. Esto solo es válido para algunos haikus, pero a través de la obra de Reginald Horace Blyth, difusor del haiku en el mundo anglosajón, el enfoque de Suzuki se ha dado a conocer ampliamente.

Del katauta al haiku[editar]

El haiku forma parte de una familia de formas poéticas japonesas en las que se combinan versos de cinco y siete moras. La forma métrica característica del haiku (un tercetillo cuyos versos tienen 5, 7 y 5 moras, respectivamente) aparece ya en el siglo VIII con el nombre de katauta.[3] Dos katauta formaban un mondoo, un diálogo entre dos personajes, en el que el primer katauta es una pregunta y el segundo la respuesta a la misma.

Desde finales del siglo VIII, la forma poética más común es el tanka: se trata de una canción corta formada por dos estrofas desiguales. La primera, llamada hokku, sigue el patrón característico del katauta (y del haiku): un tercetillo 5-7-5, mientras que la segunda está formada por dos versos de 7 moras. Dado su predominio, al tanka se le conoce también como waka: es la «canción» por antonomasia.

Los tanka aparecían a menudo encadenados en una forma superior, el renga: a un tanka inicial le sucedían varias respuestas, que podían ser obra de diversos poetas. Cuando el renga tenía un tono humorístico, se le llamaba haikai renga (haikai quiere decir «divertido»).

El haikai renga se consideraba una forma popular, sin demasiadas pretensiones artísticas. Sin embargo, en el siglo XVII Bashō, a la vez que compone haikai renga, cultiva el hokku como una forma autónoma, dotándola de una poética nueva, influida por el budismo zen y heredera de la actitud de asombro y arrobo ante la naturaleza que aparece ya en las primeras manifestaciones de la lírica japonesa.

A estos hokku que no forman parte de una serie (renga) ni de un tanka y que tienen un elevado valor poético el poeta y crítico Shiki (1867-1902) los bautiza con el neologismo haiku, y a través de su revista literaria Hototogisu el término se populariza dentro y fuera de Japón. A partir de entonces, el haiku se consolida como una forma poética autónoma con sus propias convenciones y reglas.[4]

Características[editar]

Formales[editar]

El haiku tradicional consta de 17 moras (unidad lingüística de menor rango que la sílaba) dispuestas en tres versos de 5, 7 y 5 moras, sin rima.[5] [6] Excepcionalmente puede tener entre 16 y 23 moras, en cuyo caso se denomina hachô (haiku de metro roto). El haiku contemporáneo es más libre dentro de la brevedad, y se aproxima a la métrica de 17 moras.[7]

Suele contener tanto una palabra clave denominada kigo (?), que indica la estación del año a la que se refiere, como una cesura o pausa verbal, conocida como kire, que separa a un haiku en dos imágenes contrastantes. El kigo suele situarse en el primer verso. Sin embargo, hay haikus que carecen de kigo (mu-kigo), pero que tienen 'sabor a haiku', haimi.

Contenido[editar]

El haiku describe generalmente los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones y la vida cotidiana de la gente. Su estilo se caracteriza por la naturalidad, la sencillez (no el simplismo), la sutileza, la austeridad, la aparente asimetría que sugiere la libertad y con esta la eternidad.

En la base del haiku hay una percepción directa de las cosas, apegada a lo sensible y libre de conceptos abstractos. Blyth lo define como «una mera nada, pero inolvidablemente significativa».[8]

Para Vicente Haya, «la palabra humana que se transforma en haiku es la expresión de un silencio profundo y ancestral que es previo y posterior a nuestra existencia como criaturas».[9]

La piedra angular del haiku es el aware, una emoción profunda provocada por la percepción de la naturaleza. A menudo se trata de una emoción melancólica (el poeta, contagiado por el sufrimiento de los seres, siente su tristeza y de ahí nace su poesía), pero también la alegría exultante puede ser aware. Se trata de una conmoción espiritual, que es a la vez estética y sentimental.

Para que el aware sobreviva a través de las palabras, es preciso que el haijin (el poeta que escribe haiku) se elimine del proceso. En el haiku genuino se produce una comunicación análoga a la no verbal (el haragei, arte de comunicarse sin palabras), sin confusión ni ruido.

El haiku tal como se consolidó tras Bashô y Onitsura (siglo XVII) se concibe como un instrumento para el desarrollo espiritual. Tras ellos, hay un antes y un después en el mundo del haiku.

Rodríguez Izquierdo afirma:

Bashoo trató de iniciarles en su poesía, pero con una aspiración superior a la meramente literaria. De hecho, es poco probable que Bashoo se preocupara por la literatura como tal. Su intento trasciende este ámbito, y se dirige a enseñar el haiku como un camino de vida. Es típica esta concepción japonesa de las artes como caminos de ascesis espiritual.

Rodríguez Izquierdo[10]

Vicente Haya afirma:

El haiku japonés es una vía espiritual (), un modo del entrenamiento del yo, un proceso de despertar de los sentidos, de atención, de naturalidad, de autenticidad, de paciencia, de desprendimiento,de extinción de la vanidad... y hasta del yo. Los maestros de haiku enseñan que el poeta debe eliminarse de su poesía para que sus versos capten la esencia dinámica de la realidad

Vicente Haya Segovia[11]

Jisei, el haiku de despedida de la vida[editar]

La cultura japonesa es probablemente la única del mundo en la que ha arraigado y se ha extendido la costumbre de redactar, además de la última voluntad, un poema de despedida de la vida que parece reflejar, más que ninguna otra cosa, el legado espiritual de los japoneses. Todos tienen su poema de despedida que a veces componen poco antes de morir o mucho antes de que llegue el momento, con la conciencia de que ese es su jisei.

El jisei del monje poeta Issa es:

Tarai kana tarai ni utsuru chimpunkan
De un barreño,
a otro
¡tonterías!

"Chimpunkan" -traducido por "tonterías"- es una palabra curiosa que viene a designar, en lenguaje coloquial, los sonidos ininteligibles de las palabras extranjeras.[12]

Haiga[editar]

Con el fin de acompañar el haiku, muchos poetas realizan una pintura, generalmente sin demasiada perfección. Matsuo Bashō fue el primer poeta en adoptar esta forma del haiku, que hoy domina en las grandes esferas de este género.

Haijin[editar]

El autor de un haikai o haiku recibe el nombre de haijin. Los haijin más importantes de la historia de Japón son Matsuo Bashōm, Yosa Buson, Kobayashi Issa, Usuda Arô, Masaoka Shiki, Uejima Onitsura, Ritsurin Issekiro, Arakida Moritake, Yamasaki Sokan, Ihara Saikaku (también llamado Ibara Saikaku), Taneda Santôka, Ozaki Hôsai y Yamaguchi Seishi, entre otros.

  • Bashô, monje budista del siglo XVII, populariza el haiku, le da un aire de bella melancolía (wabi-sabi) y le dota de un sustrato zen, trascendente. Uno de sus haikus más conocidos dice así:
Kono michi ya yuku hito nashi ni aki no kure
Nadie que vaya
por este camino.
Crepúsculo de otoño.[13]
  • Onitsura también vivió en el siglo XVII y fue monje budista. Según se dice, con solo siete años de edad compuso uno de los haikus más notables:
Koi koi to iedo hotaru ga tonde yuku
«Ven, ven», le dije,
pero la luciérnaga
se fue volando.[13]
  • Buson vivió en el siglo XVIII. Fue un pintor muy reconocido en su época y poeta de haiku. Se consideraba a sí mismo discípulo de Bashô, aunque no le conoció. Su mirada se posa en los momentos en los que aparentemente «no pasa nada», desafiando la vanidad humana. La obra de Buson, cuidada y de buen gusto, parte de lo mejor de sus antecesores, y esa distancia le proporciona una tranquilidad creativa con la que no contaron los haijin que le precedieron. Hay quien le considera en número uno por encima de Bashô. Un haiku representativo de su obra es el siguiente:
Mijika-yo ya ashi-ma nagaruru kani no awa
Noche corta de verano:
entre los juncos, fluyendo,
la espuma de los cangrejos.[13]
  • Issa vivió entre los siglos XVIII y XIX. Fue un monje budista y tuvo una vida personal muy trágica y triste. Issa es un corazón humano que se proyecta en lo que escribe, lo que le hace muy popular en Occidente. Muchos lo comparan con Francisco de Asís por su amor hacia los animales, que se aprecia en haikus como este:
Kuchi akete oya matsu tori ya aki no ame
Abriendo los picos,
los pajaritos esperan a su madre:
la lluvia de otoño.[13]
  • Shiki vivió en el siglo XIX. Saca el haiku del estancamiento en que había caído y toma como modelo a Buson, mejor que Bashô a su juicio. Shiki quiere retomar el camino de la belleza del haiku de Buson, depurándolo de todo misticismo o religiosidad. Es un agnóstico que consagra su vida a un modelo ideal de poesía. Sus consejos a los seguidores de su escuela fueron un alegato de libertad poética frente a las normas y la tradición.[14]
Nureashi de suzume no ariku rôka kana
Andando con sus patitas mojadas,
el gorrión
por la terraza de madera.[13]
  • Santôka escribe ya en el siglo XX. Es el heredero de una larga tradición poética y espiritual. Transforma sus vivencias más duras en oportunidades de crecimiento personal, de liberación.
Akikaze no ishi o hirou.
Con viento de otoño
recojo una piedra.[13]

Mujeres haijines[editar]

A principios del siglo XVIII varias poetisas aprendieron haiku de Bashoo o sus discípulos, entre las que destacan algunos nombres como Den Sute-jo, Sonome, Shushiki, Sono-jo, Shoofuu-ni, Chigetsu, Sute-jo, Sono-jo,y sobre todo Chiyo ni ().[15]

  • Chiyo-Ni (1701-1775), religiosa budista. Se casó muy joven y quedó viuda a temprana edad.[16] Quizás la más conocida, tuvo dos maestros discípulos de Bashoo, Shikoo y Rogemboo. «Sus versos están llenos de subjetividad y han sido muy controvertidos en el sentido de que se conformen o no al patrón del haiku».[17] No obstante posee haikus clásicos que se adaptan al canon exigido.
Koborete wa kaze hiroi-yuku chidori kana
De la bandada de los mil pájaros,
uno va perdiendo fuerzas
y el viento lo recoge.[13]

Este haiku según D. T. Suzuki es un ejemplo de cómo la meditación ayudó a Chiyo a abrir su inconsciente, y por primera vez Chiyo sintió el haiku como una expresión de un sentimiento interior, pero desprovisto del sentido del ego.[18]

Hototogisu hototogisu tote akenikeri
Diciendo «cuco» «cuco»
durante toda la noche
¡al fin la aurora!

Este es uno de sus haikus más famosos, nacido del sentimiento de pérdida por la muerte de su hijo pequeño[19]

Tombo tsuri kyoo wa doko made itta yara
El cazador de libélulas,
¿hasta qué región
se me habrá ido hoy?

Escribió su haiku Jisei poco antes de morir:[20]

el agua se cristaliza
las luciérnagas se apagan
nada existe
  • Nakamura Teijo (Siglo XX) Fundó la revista Kazahama. Es la poeta tradicionalista, respetuosa del kigo y “saijikis”.[21]
La flor de loto
Sus hojas y las marchitas
Flotando en el agua
  • Hoshino Tatsuko (Siglo XX) Fundó una revista de haiku exclusiva para mujeres y colaboró en la prestigiosa Hototogisu.[22]
Blancos los rostros
Que observan
El arco iris.
Un ruido
Cavan una fosa
Detrás de las camelias
  • Suzuki Masajo (Siglo XX) Una mujer que regentó un bar en Ginza, forzada a casarse con el marido viudo de su hermana, adúltera confesa, que se negó a que el haiku no pudiese hablar de amor o de sexo, estignatizada en los ambientes más puristas del haiku. Cuando Masajo escribe haikus más tradicionales logra muchas veces una gran belleza:[24]
Onna hitori mezamete nozoku hotaru kago
Una mujer sola.
Se despierta y mira
la caja de las luciérnagas
  • Kamegaya Chie (Siglo XX) Emigrante en Canadá, perteneciente a esa parte de la cultura nipona que existe fuera y al margen de su sociedad, con su haiku fuertemente contagiado de la modernidad poética occidental y su expresivo patetismo, cuya obra es desconocida en su propio país.[25]
Oi ware no shinkei nibuku gan to shiru
Tan vieja estoy…
Ni me inmuté al saber
que tengo cáncer
  • Nisiguchi Sachiko (Siglo XX) Una anciana que aún vive y que ha pasado toda su vida en una aldea de cuarenta casas en el corazón de Shikoku, cultivando su huerto, cultivando su haiku seco y difícil, Japón en estado puro: ausencia total de pretensión, "una de tantas malas hierbas del haiku en Japón", según sus propias palabras.[26]
Hitosuji no tsurô nokoshite bancha hosu
Entre las hojas de té
puestas a secar,
solo un sendero.

El haiku en la literatura occidental[editar]

El haiku fue muy utilizado por el budismo zen para transmitir sus preceptos, pero su influencia llegó al mundo occidental y marcó a famosos poetas del siglo XX, particularmente a través de Eiji Yoshikawa, marcando una vía de influencia de la literatura japonesa en Occidente.

Entre los poetas occidentales que han cultivado el haiku está los estadounidenses Jack Kerouac[27] y Ezra Pound, el irlandés Seamus Heaney y el británico W. H. Auden.

El romanista italiano Mario Chini publicó en Roma, en 1959, su libro de haikus Attimi.

Hoy en día es, por ejemplo, conocida la afición del presidente europeo Herman Van Rompuy, a escribir haikus.

En la novela Solo se vive dos veces, de Ian Fleming, el mítico James Bond escribe un haiku a pedido de su amigo Tiger Tanaka. Un fragmento de lo que Bond escribió, que en rigor no es en absoluto un haiku, da nombre a la novela.

El haiku en la literatura hispana[editar]

En Ecuador[editar]

Jorge Carrera Andrade que con su obra Microgramas (1940) incursionó en el haiku, usando como temática, la fauna, flora y folclore ecuatoriano, con gran maestría y en una forma altamente vanguardista, dando un aire innovador al haiku, por lo cual su poesía fue denominada como indofuturista por la poeta chilena Gabriela Mistral: «Tres versos para aprehender con intensidad poética las cosas admirables y sencillas. El cosmos americano que regurgita ínfimo y a la vez inmenso para hacerse eterno. Carrera Andrade utiliza el haiku para, a base de metáforas formidables, coloridas, elucubrar una especie de aforismos filosóficos, universales, de gran belleza y que atañen a la naturaleza y al cosmos.

Mariposa
Eres un niño fajado.
Y cuando pliegas las alas
folleto vivo del campo.

En Jorge Carrera Andrade es posible encontrar una gran influencia de Matsuo Bashō. Pues son visibles dos elementos; el primero atañe a un referente lógico, si se quiere, mientras que un segundo alude a una circunstancia mágica, por la cual la imagen cobra una vitalidad inusitada y llega a ser, como si se cerrara un ciclo vital, completa. Esta imagen resulta, además, una postura filosófica con respecto al cosmos, a la naturaleza misma. En el caso de Jorge Carrera Andrade, siendo un ejemplo de lo maravilloso de la fauna y flora americanas.

Guacamayo
El trópico le remienda
con candelas y oros su manto
hecho de todas las banderas »

Otros poetas ecuatorianos que incursionaron en el haiku son:

En México[editar]

En México destaca José Juan Tablada con su obra (Al sol y bajo la luna, 1918); fue el primer poeta de habla hispana en adaptar el estilo del haiku al español.

También es indispensable nombrar la figura del premio Nobel de literatura Octavio Paz, quien introdujo plenamente el haiku a la literatura en español al traducir Sendas de Oku, obra de Matsuo Basho, publicada en 1957 en México, que fue la primera traducción realizada a un idioma occidental.

Otros poetas representativos del haiku en México son:

En Argentina[editar]

En Argentina cultivaron ocasionalmente el haiku, entre otros:

Otros autores argentinos más recientes, como Carlos Martian (Tañido de Haikus, 207 haikus argentinos, 2006) y Rafael Roldán Auzqui (Haikus a flor de voz, 1997), mantienen el interés en el género.

En Uruguay[editar]

Mario Benedetti publicó en 1999 una obra dedicada al género, Rincón de haikus.

Carlos Alfredo Trobo publicó en mayo del 2014 un libro llamado Haikus

En Perú[editar]

Perú fue en Latinoamérica el país con mayor población de inmigrantes japoneses,[28] por ello el haiku en la poesía peruana tuvo una presencia importante en la obra de poetas como:

En Colombia[editar]

En Colombia, el haiku se desarrolló en el campo de la música, destaca la composición Koi no uta: tres haikus para voz cantada y cordófono pulsado (2002) por Johann Hasler, basada en haikus japoneses del siglo X. El trompetista de jazz Don Ellis editó un disco titulado Haiku (MPS, 1973), basado en diversos haikus tradicionales. También se debe reseñar el aporte del escritor Umberto Senegal (Quindío) al desarrollo, la divulgación y la apropiación de esta forma poética foránea en las letras colombianas. Una de sus seguidoras, Laura Victoria Gallego, escribió un libro en la mejor tradición de Basho. Así mismo Senegal acuñó el término "Haikuento", narración breve de máximo 10 palabras para el desarrollo de una historia de minificción.

En España[editar]

En España, se interesaron por el haiku, entre otros, Federico García Lorca, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda.[29] Posteriormente han cultivado el haikai o haiku los poetas Llorenç Vidal, Eulogio Díaz del Corral o Felipe Benítez Reyes. De entre las publicaciones recientes, la crítica ha destacado los poemarios dedicados al haiku de Juan Antonio González Fuente, José M. Prieto y Susana Benet.[30]

Referencias[editar]

  1. Según Vicente Haya Segovia en su libro Haiku: la vía de los sentidos (pág. 29).
  2. Así lo señala Vicente Haya Segovia.
  3. El tercer verso de un katauta podía tener cinco o siete moras; solo la primera variante coincide, pues, con el haiku.
  4. Rodríguez Izquierdo 1999, capítulo 2, sección «Origen del haiku en su pauta formal».
  5. Como observa Agustín García Calvo en su Tratado de rítmica y prosodia y de métrica y versificación (Zamora: Lucina, 2006, ISBN 978-84-85708-71-0, pp. 1211-1221), la última sílaba de cada verso lleva una marca rítmica, por lo que una transcripción fiel del esquema al castellano, en la que se realice dicha marca con acento de palabra, produciría un esquema de 6, 8 y 6 sílabas, no de 5, 7 y 5.
  6. Según escribe Vicente Haya:

    Se ha definido al haiku como una poesía de brevedad límite; solo diecisiete sílabas japonesas (ji-on). Aunque no tiene por qué dividirse en tres versos de 5-7-5 (admitiéndose igual 7-5-5, 6-6-5, o cualquier otra fórmula...), el tópico y la tradición nos van a fijar el metro en ese 5-7-5.

    Vicente Haya Segovia, prólogo a Hôsai, Santôka y Seishi 2008 (pág. 10).
  7. Actualmente, hay poetas de haiku que prescinden completamente del metro de diecisiete sílabas y escriben poemas sin metro alguno que pueden sin embargo ser considerados haiku

    Vicente Haya Segovia, prólogo a Hôsai, Santôka y Seishi 2008 (pág. 10).
  8. A mere nothing, but unforgettably significant. (R. H. Blyth, Haiku. Volume 2. Spring, 1976, p. 150.)
  9. «Vicente Haya: nipólogo y estudioso del haiku», entrevista en la revista digital Agenda Viva, invierno 2008, consultada el 30 de abril de 2012.
  10. Rodríguez Izquierdo: El haiku japonés, capítulo «Bashô y sus discípulos. El camino del haiku» (pág. 72). Madrid: Hiperión.
  11. Vicente Haya Segovia y Yamada, 2007: pág. 10 y contraportada.
  12. Hoffmann, Y. (ed.) (2000). Poemas japoneses a la muerte (escritos por monjes zen y poetas de haiku en el umbral de la muerte). 318 pp. Barcelona: DVD Poesía.
  13. a b c d e f g Traducido por Vicente Haya
  14. Algunas de sus normas fueron:

    Sé natural. Lee a los antiguos, en ellos encontrarás buenos y malos haikus. Los haikus sobre lugares comunes pueden estar distorsionados y deformados. Escribe para tu agrado personal. Recuerda la perspectiva: lo grande puede ser pequeño si está lejos y lo pequeño puede ser grande si está cerca. Los haikus se ocupan de asuntos naturales, no humanos. Los haikus no tienen por qué ser proposiciones lógicas y la razón no ha de aflorar a la superficie. Mantén las palabras tensas, sin añadir nada inútil. Usa con preferencia las composiciones basadas en la realidad. Lee todo lo que hay escrito sobre haiku y medita sobre sus aciertos y sus errores. Ten tu propio estilo. Conoce el arte en general.

    Masaoka Shiki
  15. http://www.poesias.cl/la_mujer_en_el_haiku_japones.htm
  16. «La mujer en el haiku japonés», artículo de Alfredo Lavergne.
  17. El libro del haiku japonés de Rodríguez Izquierdo, pág. 85 La poesía femenina.
  18. Daisetsu Teitaro Suzuki, en su libro El zen y la cultura japonesa (Editorial Paidós Orientalia), en el capítulo «El zen y el haiku», pág. 151
  19. Rodríguez Izquierdo: El haiku japonés. Madrid: Hiperión, pág. 307.
  20. «La mujer en el haiku japonés», artículo de Alfredo Lavergne.
  21. http://www.poesias.cl/la_mujer_en_el_haiku_japones.htm
  22. http://www.poesias.cl/la_mujer_en_el_haiku_japones.htm
  23. http://www.poesias.cl/la_mujer_en_el_haiku_japones.htm
  24. 70 Haikus y Senryûs de mujer Ed. Hiperión Suzuki Masajo.Kamegaya Chie. Nishiguchi Sachiko Traducción V. Haya y Yurie Fujisawa
  25. 70 Haikus y Senryûs de mujer Ed. Hiperión Suzuki Masajo. Kamegaya Chie. Nishiguchi Sachiko Traducción V. Haya y Yurie Fujisawa
  26. 70 Haikus y Senryûs de mujer Ed. Hiperión Suzuki Masajo. Kamegaya Chie. Nishiguchi Sachiko Traducción V. Haya y Yurie Fujisawa
  27. «Reseña del “Libro de jaikus” de Jack Kerouac», artículo de A. Sáenz de Zaitegui en la revista El Cultural, del 8 de noviembre de 2007, consultado el 4 de febrero de 2012.
  28. Asociación Peruano Japonesa.
  29. http://www.abc.es/20120610/internacional/rc-haiku-arte-poesia-minima-201206100753.html
  30. Martín López-Vega, «Japón serrano», El Cultural, 23/01/2012. Consultado 4/02/2012.

Bibliografía[editar]

Estudios[editar]

  • Aullón de Haro, Pedro: El jaiku en España. Hiperión, 2003. ISBN 978-84-7517-742-7.
  • Haya Segovia, Vicente: El corazón del haiku. Mandala, 2002. ISBN 978-84-95052-83-4.
  • Haya Segovia, Vicente: El espacio interior del haiku. Shinden Ediciones, 2004. ISBN 978-84-933469-2-8.
  • Haya Segovia, Vicente: Haiku: la vía de los sentidos. Valencia (España): Diputación de Valencia. Institució Alfons el Magnánim, 2005. ISBN 84-7822-447-5
  • Haya Segovia, Vicente, y Akiko Yamada: Haiku-dô. El haiku como camino espiritual. Kairós, 2007. ISBN 978-84-7245-660-0.
  • Prieto, José M. Haiku a la hora en punto. Vitruvio, Madrid, 2007. ISBN 978-84-96830-05-9. Ensayo previo de 50 páginas. Perspectiva internacional del haiku a lo largo del siglo XX.
  • Rodríguez Izquierdo, Fernando: El haiku japonés: historia y traducción. Hiperión, 1999. ISBN 978-84-7517-402-0.
  • Silva, Alberto: El libro del haiku. Visor, 2008. ISBN 978-84-7522-680-4.

Traducciones del japonés[editar]

  • Bashō, Matsuo: Haiku de las cuatro estaciones (traducido por Francisco F. Villalba). Miraguano, 1986. ISBN 978-84-85639-33-5.
  • Bashō, Matsuo: Senda hacia tierras hondas (Senda de Oku). Hiperión, 1998. ISBN 978-84-7517-390-0.
  • Bashō, Matsuo: De camino a Oku y otros diarios de viaje (traducido por Jesús Aguado). DVD Ediciones, 2011. ISBN 978-84-92975-12-9.
  • Buson, Yosa: Selección de jaikus (traducido por Justino Rodríguez, Kimi Nishio y Seiko Ota). Hiperión, 2010. ISBN 978-84-7517-326-9.
  • Onitsura, Ueshima: Palabras de luz (Tomoshibi no Kotoba). 90 haikus (traducido por Yoshihiko Uchida, Vicente Haya y Akiko Yamada). Miraguano Ediciones, 2009. ISBN 978-84-7813-345-1.
  • Ozaki Hôsai, Taneda Santôka y Yamaguchi Seishi: Tres monjes budistas (110 haikus), traducido por Vicente Haya. CEDMA, 2008. ISBN 978-84-7786-806-5.
  • Santôka, Teneda: Saborear el agua. Cien haikus de un monje zen (traducido por Vicente Haya e Hiroko Tsuji). Madrid: Hiperión, 2004. ISBN 978-84-7517-804-2.
  • Santôka, Teneda: El monje desnudo. 100 haikus (traducido por Vicente Haya Segovia). Miraguano, 2005. ISBN 84-7813-298-8.
  • Suzuki Masajo, Kamegaya Chie y Nishiguchi Sachiko: 70 haikus y senryûs de mujer (traducido por Vicente Haya y Yurie Fujisawa). Ediciones Hiperión, 2011. ISBN 978-84-7517-973-5.
  • Teiichi, Kawaguchi: Los haiku del Maestro (traducido por Ángel Ferrer). Shinden Ediciones, 2006. ISBN 978-84-933469-6-6.

Antologías[editar]

  • Bermejo, José María (traductor y recopilador): Nieve, luna, flores. Antología del haiku japonés. Calima, 1997. ISBN 978-84-920468-4-3.
  • Bermejo, José María (traductor y recopilador): Instantes. Nueva antología del haiku japonés. Hiperión, 2009. ISBN 978-84-7517-928-5.
  • Cabezas, Antonio (traductor y recopilador): Jaikus inmortales. Hiperión, 1997. ISBN 978-84-7517-109-8.
  • De la Fuente, Ricardo y Yutaka Kawamoto: Haijin. Antología del haiku. Hiperión, 1992. ISBN 978-84-7517-351-1.
  • Haya, Vicente (traductor y recopilador): Haikus japoneses de vuelo mágico. Azul Editorial, 2005. ISBN 978-84-95488-18-3.
  • Haya, Vicente y Keiko Kawabe (traductor y recopilador): 99 haikus de Mu-I. Epílogo de José Manuel Martín Portales. Mandala Ediciones, 2010. ISBN 978-84-8352-206-6.
  • Haya Segovia, Vicente (traductor y recopilador): Haiku Tsumami-Gokoro. 150 haikus inmortales. Shinden Ediciones, 2008. ISBN 978-84-96894-14-3
  • Benet, Susana y Soriano, Frutos (recopiladores): "Un viejo estanque" Antología de Haiku contemporáneo en español. Ediciones La Veleta, 2013. ISBN:978-84-9045-110-6

Haiku en español[editar]

  • Haya Segovia, Vicente (selección y prólogo), Alonso Salas, Luis Corrales, Miguel Ibáñez y Gabriel Segovia: La senda de Buson (36 haikus). Antología de haikus. Haibooks, 2006. ISBN 978-84-931249-3-9.[1]
  • Porras, María Victoria, y Juan Francisco Pérez: A la intemperie (111 haikus), 2006. ISBN 84-931249-9-0.
  • Prieto, José M. Haiku a la hora en punto. Vitruvio, Madrid, 2007. ISBN 978-84-96830-05-9. Algo más de 1500 haiku escritos y depurados a lo largo de 15 años. 255 páginas de poemas.

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