Maruja Mallo

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Maruja Mallo
Maruja Mallo.JPG
Maruja Mallo
Nombre completo Ana María Gómez González
Nacimiento 5 de enero de 1902
Bandera de España Vivero, España
Fallecimiento 6 de febrero de 1995
Bandera de España Madrid, España
Nacionalidad Española
Ocupación Pintora
Área Pintura
Movimiento Surrealismo
Generación del 27[1]
Educación Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Firma Firma Maruxa Mallo.jpg
Premios

 

  • Premio.
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Maruja Mallo (Vivero, Lugo, 5 de enero de 1902- Madrid, 6 de febrero de 1995), fue una pintora surrealista española.[2]

Maruja Mallo está considerada como artista de la generación de 1927 y una artistas de la denominada vanguardia interior española.[2]

Biografía[editar]

Fue la cuarta hija de los catorce que tuvo el matrimonio formado por Justo Gómez Mallo (funcionario del Cuerpo de Aduanas) y María del Pilar González Lorenzo (de ascendencia gallega) y hermana mayor del escultor Cristino Mallo (nacido en Tuy en 1905). Ambos hermanos utilizaron el segundo apellido de su padre. El nombre real de Maruja Mallo era Ana María Gómez González.[3]

Primeros años[editar]

Debido al trabajo de su padre, la familia se trasladaba con frecuencia, es por ello por lo que poco después del nacimiento de su hermano, la familia se trasladó a Avilés, donde permanecen desde 1913 hasta 1922.[3] De esta manera, Maruja comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios y en estudios particulares.[2] Allí trabó amistad con el pintor avilesino Luis Bayón, quien años más tarde también acabaría en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y después tomaría rumbo a París.

En 1922, con 20 años, y aprovechando el traslado de la familia a Madrid, entra a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en donde estudió hasta 1926, como también hizo su hermano Cristino desde 1923, mientras asistían también a la Academia Libre de Julio Moisés.[2] Es en Madrid donde se relaciona con artistas, escritores y cineastas como Salvador Dalí, Concha Méndez, Gregorio Prieto, Federico García Lorca, Margarita Manso, Luis Buñuel, María Zambrano o Rafael Alberti, con el que mantiene una relación hasta que aquel conoce a María Teresa León.[3] En 1927, año en que muere su madre, toma parte activa en la primera Escuela de Vallecas, una propuesta 'plástico-poética' del escultor Alberto y el pintor Benjamín Palencia.[4]

Durante esa década de 1920 trabaja asimismo para numerosas publicaciones literarias como La gaceta literaria, El almanaque literario o la Revista de Occidente y realiza portadas de varios libros. Ortega y Gasset conocen sus cuadros en 1928 y le organiza su primera exposición en los salones de la Revista de Occidente, la cual obtuvo un gran éxito.[3] [2] Exhibió diez óleos que representaban poblados llenos de sol, toreros y manolas, así como estampas coloreadas de maquinaria, deportes y cine de principios de siglo. La exposición fue todo un acontecimiento cultural en Madrid, y también punto de partida para que Maruja fuera juzgada por su obra y no por su condición femenina. En esta época la pintura de Maruja seguía la línea de la nueva objetividad o realismo mágico presentada por Franz Roh en 1925.[2]

Años treinta y Segunda República Española[editar]

Colaboró intensamente con Alberti hasta 1931, quedando constancia de este trabajo conjunto los decorados del drama "Santa Casilda" (1930), testimonios en libros como "Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos" y en "Sermones y moradas". En estos años pinta la serie Cloacas y Campanarios, cercana a los planteamientos de la Escuela de Vallecas de Alberto Sánchez, Benjamín Palencia, Miguel Prieto, Souto, Rodríguez Luna y Eduardo Vicente, de la que formó parte.[2] [3]

En 1932 obtiene una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios para ir a París donde conoce a René Magritte, Max Ernst, Joan Miró y Giorgio de Chirico y participa en tertulias con André Breton y Paul Éluard. Su primera exposición en París tuvo lugar en la Galería Pierre Loeb en 1932.[3] Allí comienza su etapa surrealista. Su pintura cambió radicalmente y alcanzó la maestría, tanto que el mismo Breton le compró en 1932 el cuadro titulado Espantapájaros, obra pintada en 1929, poblada de espectros que hoy es considerada una de las grandes obras del surrealismo.[2] Surge una amistad entre Maruja y André Breton, quien le proporcionará la amistad de Jean Cassou, y le pondrá en contacto con Picasso, Joan Miró, Aragon, Jean Arp, René Magritte y el grupo Abstracción-Création, del que formaba parte Joaquín Torres García.[2]

Regresó a Madrid en 1933 y participó activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. Para entonces había adquirido tal notoriedad que el gobierno francés compró uno de sus cuadros para exponerlo en el Museo Nacional de Arte Moderno. Inicia una etapa en la que destaca el interés por el orden geométrico e interno de la naturaleza.[3]

En ese mismo año, Maruja Mallo comprometida con la República, desarrolló una triple dedicación docente como profesora de Dibujo en el Instituto de Arévalo (donde ganó la cátedra de dicbujo),[3] en el Instituto Escuela de Madrid y en la Escuela de Cerámica de Madrid,[3] para la que diseña una serie de platos, que no existen actualmente,[2] y para la realización de los cuales había estado estudiando matemáticas y geometría, con la finalidad de utilizar esos conocimientos en la cerámica.

Frecuenta a Miguel Hernández (con quien mantiene una relación amorosa. Además, juntos planearon el drama Los hijos de la piedra, inspirado en los sucesos de Casa Viejas y Asturias; y a la influencia de Mallo se deben las cuatro composiciones que el poeta desgajó de El rayo que no cesa, bajo el nombre de Imagen de tu huella, 18 de los 30 poemas de esa obra);[2] y a los pintores Luis Castellanos y Benjamín Palencia y al escultor Alberto Sánchez.[3]

En 1934 vuelve a tratar a Pablo Neruda, a quien ya había conocido en Paris.[3]

Durante 1935 prepara la escenografía y los figurines de la ópera de Rodolfo Halffter Clavileño, que no llegó a estrenarse.[3] [2]

A partir de 1936, comienza su etapa constructiva, mientras que sigue exponiendo con los pintores surrealistas en Londres y Barcelona. Participa como docente en las Misiones Pedagógicas, que la acercan a su tierra natal, Galicia, donde a los pocos meses le sorprende la Guerra Civil.[2]

En mayo de 1936 tiene lugar su terceraexposición individual organizada por ADLAN en el Centro de Estudios e Información de la Construcción en la Carrera de San Jerónimo de Madrid con la serie de 16 cuadros de Cloacas y Campanarios, la serie de 12 obras de Arquitecturas minerales y vegetales, y 16 dibujos de Construcciones rurales, que publicaría en 1949 la Librería Clan, con prólogo de Jean Cassou.[2]

Realizó por entonces con Ángel Planells una exposición de surrealismo internacional en las New Burlington Galleries de Londres.[2]

Al estallar el conflicto bélico del 36, Maruja Mallo huye a Portugal, donde la recibe Gabriela Mistral, quien en aquel momento era embajadora de Chile en Portugal. Toda su obra cerámica de esta época es destruida en la guerra. Poco tiempo después, su amiga Gabriela Mistral, le ayudó a trasladarse a Buenos Aires, recibiendo una invitación de la Asociación de Amigos del Arte, a dar una serie de conferencias sobre la temática popular en la plástica española, "Proceso histórico de la forma en las arte plásticas", en Montevideo y luego en Buenos Aires,[3] iniciando así su exilio en Argentina que desde 1937, duraría 25 años. Allí siguió pintando, dando clases y cultivando amistades, entre ellas, Pablo Neruda.[2] [3]

Exilio[editar]

En Argentina recibe un rápido reconocimiento, colabora en la famosa revista de vanguardia Sur, en la que también participaba Borges. Es una etapa de su vida en la que se dedica a viajar, vive entre Uruguay y Buenos Aires, y a diseñar, pintar, en definitiva a crear y crear. También se suceden las exposiciones, París, Brasil y Nueva York. Su primera obra allí continúa la vía iniciada con Sorpresa del trigo con obras como Arquitectura humana, Canto de espigas y Mensaje del mar. Pinta La Serie Marina, armonías lunares, en colores plata y gris. Otra influencia de esta época es el sol la cual queda reflejada en La Serie Terrestre, armonías solares, en ocres y dorados. En la serie de Las Máscaras, Mallo se inspiró directamente en los cultos sincréticos de las Américas.[2]

Se encuentra en este momento con su amigo Alfonso Reyes, embajador de Méjico en Argentina, con quien permanecerá hasta 1938, año en que él regresa a Méjico.[3]

El 2 de agosto de 1938 se estrena la Cantata en la tumba de Federico García Lorca, de Alfonso Reyes, con música de Jaime Pahissa y escenografía de Maruja Mallo.[3]

En 1939 viaja a Santiago de Chile, donde es invitada para pronunciar un ciclo de conferencias. Aprovecha su estancia en este país para visitar Valparaíso y conoce las playas de Chile.[3]

De su paso por Buenos Aires, el Museo del Dibujo y la Ilustración, atesora en su colección dos temperas sobre papel, representando animales mitad real y mitad fantásticos.

A los 37 años publicó el libro Lo popular en la plástica española a través de mi obra (1939), y empezó a pintar especialmente retratos de mujeres, cuyo estilo es precursor del arte pop estadounidense.

En 1940 viaja nuevamente a Montevideo y visita las playas atlánticas de Punta del Este y Punta Ballena.

En 1942 se publica el libro Maruja Mallo, con un texto previo de Ramón Gómez de la Serna y donde se reproducen textos de la autora.[3]

Entre 1945-1957, Maruja Mallo tuvo un periodo oscuro; sus apariciones públicas y sus exposiciones también eran más raras.[2]

En 1945, viaja a Chile y se traslada a Viña del Mar y la Isla de Pascua, junto a su amigo Pablo Neruda, buscando inspiración para realizar el encargo de un mural en un cine Los Ángeles de Buenos Aires, que se inauguraría en octubre de ese mismo año[3]

En cuanto se instaura el peronismo en Argentina, Maruja deja el país y se traslada a Nueva York, para regresar a España en 1965, tras veinticinco años de exilio.

El 11 de octubre de 1948 realiza una exposición en la galería Carroll Carstairs de Nueva York.[3] En marzo de 1950 expone en la Galerie Silvagni de Paris y, en 1959, en la galería Bonino de Buenos Aires.[3]

Vuelta a España[editar]

En 1961 regresa a España y se instala en Madrid, donde, en el mes de octubre, realiza una exposición en la galería Mediterráneo.[3]

La que fuera una de las grandes figuras del surrealismo de preguerra es casi una desconocida en su tierra y su vida pública desaparece. Pero no le importó, se instaló en la calle Núñez de Balboa de Madrid, y casi como un símbolo dibuja de nuevo la portada de la Revista de Occidente.

En 1979, comenzó su última etapa pictórica con Los Moradores del vacío, tenía ya 77 años, pero aún conservaba esa frescura y vitalidad que la acompañaría durante toda su vida.[3]

En la década de 1980 le ofrecieron varias exposiciones y premios, como la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, concedida por el Ministerio de Cultura en 1982, y el Premio de Artes Plásticas de Madrid.[3]

En 1990 recibe la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid y en 1991 la Medalla de Galicia.[3]

En 1992, con motivo de su 90 cumpleaños, se celebra una exposición en la galería Guillermo de Osma de Madrid, que muestra, por primera vez, series de los cuadros pintados en su época de exilio en América.[3]

En 1993 tiene lugar una gran exposición antológica en Santiago de Compostela que inaugura el nuevo Centro Gallego de Arte Contemporáneo. Más tarde, la exposición es trasladada al Museo de Bellas Artes de Buenos Aires.[3]

El 6 de febrero de 1995, muere en Madrid a los 93 años.[2] [3]

Homenajes[editar]

En Vivero, su ciudad natal, está prevista la construcción de un museo permanente y un centro de estudios de su obra.[5] Además, una avenida lleva su nombre en el distrito de Hortaleza, Madrid.

Citas sobre Maruja Mallo[editar]

"Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad."

Federico García Lorca

"Las creaciones extrañas de Maruja Mallo, entre las más considerables de la pintura actual, revelación poética y plástica, original, «Cloacas» y «Campanarios» son precursores de la visión plástica informalista".

Paul Éluard

"La obra de Maruja Mallo ha merecido, pues, el espaldarazo de la Revista de Occidente. Y lo ha merecido, ante todo, por la alta calidad intrínseca de su talento, por rango psicológico, independientemente de las manifestaciones pictóricas en que sus facultades se exteriorizan, pues con ser esas manifestaciones valiosas y admirables, lo que de veras importa en ella, como en cualquier otro artista moderno, es la pura genialidad. El índice de pura genialidad. Lo que de nuevo tenga que decirnos, más que la manera de decirlo. Y Maruja Mallo primero tiene talento, y después pinta.".

Antonio Espina, Gaceta literaria, 1 de junio de 1928

"TÚ,

tú que bajas a las cloacas donde las flores más flores son ya unos tristes salivazos sin sueños y mueres por las alcantarillas que desembocan a las verbenas desiertas para resucitar al filo de una piedra mordida por un hongo estancado, dime por qué las lluvias pudren las hojas y las maderas. Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes.

Despiértame."
Rafael Alberti, "Ascensión de Maruja Mallo al subsuelo", Gaceta Literaria 61, 1929

Obra[editar]

Notas y referencias[editar]

Enlaces externos[editar]