Los Millares

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Los Millares
Despoblado de Los Millares
Cuenco de Los Millares.png
Localización geográfica/administrativa
Macizo Sierra de Gádor
Situación 36°57′44.61″N 2°31′37.05″O / 36.9623917, -2.5269583

País(es) Flag of Spain.svg España
División(es) Andalucía
Subdivisión(es) Almería
Municipio(s) Santa Fe de Mondújar
Historia del sitio
Tipo Yacimiento arqueológico
Uso original Hábitat y necrópolis
Época(s) Edad del Cobre
Cultura Cultura arqueológica de Los Millares

Fecha construcción entre 3500-3100 a. C.a.C.
Abandono o destrucción sobre 2250-2200 a. C.
Ocupante(s) 1000-1500
Hallazgos y descubrimiento

Descubrimiento finales siglo XIX
Arqueólogo(s) Luis Siret
Dimensiones del sitio
Superficie 4-5 ha

El yacimiento prehistórico de Los Millares, también denominado Despoblado de Los Millares, está situado entre los municipios de Santa Fe de Mondújar y Gádor, a 17 km de Almería, España. Conocido como uno de los asentamientos más importantes de la Europa de la Edad del Cobre, da nombre a la cultura arqueológica de Los Millares, que se extendió por parte de Andalucía oriental y Levante, siendo contemporánea de los también calcolíticos grupos de Vila Nova, en la desembocadura del río Tajo.

Esta zona arqueológica está formada por el poblado y su necrópolis, ubicados sobre la meseta del mismo nombre, que en forma de espolón queda enmarcada en sus flancos norte y este-sureste por el río Andarax y la rambla de Huéchar. El poblado contó con un importante sistema defensivo, compuesto de líneas amuralladas y un conjunto de fortines situados en pequeñas colinas al borde de la sierra de Gádor y a ambos lados de la rambla de Huéchar. La necrópolis consta de casi un centenar de tumbas colectivas, la mayoría de tipo tholos, pero también aparecen cistas, sepulcros de corredor y cuevas.

Introducción[editar]

Descubierto por Luis Siret durante la construcción de una vía férrea, el yacimiento fue excavado a partir de 1892 por su capataz Pedro Flórez. Está emplazado sobre una colina que domina la confluencia entre el río Andarax y la rambla de Huéchar. El recinto que envuelven sus murallas ocupa unas 4-5 ha y en él llegaron a vivir unos 1000 o 1500 habitantes, algo excepcional para su época.[1]

Según algunos autores, el poblado es heredero de la neolítica Cultura de Almería y estuvo habitado entre el 3200 o 3100 a. C. (momento en que empezó a desarrollarse) y el 2200 a. C., aproximadamente (cuando fue abandonado).[2] [3] Otros investigadores discuten la existencia de tales grupos neolíticos, relacionando sus restos materiales con una fase temprana de la propia cultura millarense, que abarcaría desde el 3500 a. C. hasta el 2250 a. C.[4]

Tradicionalmente se han identificado dos etapas de desarrollo, relacionadas con la aparición o no en los ajuares funerarios de vasos campaniformes: Los Millares I y II (precampaniforme y campaniforme respectivamente). Pero hay autores que consideran artificial tal diferenciación ya que no hubo ningún tipo de ruptura entre ambos momentos.[1] Y otros establecen hasta cuatro fases evolutivas:

  • Millares I: se construyó el poblado y tres lienzos de murallas con torreones y una entrada monumental.
  • Millares II: se levantó otra muralla y los fortines externos, mientras aumentaba la población y se desmanteló una muralla interna.
  • Millares IIb: aparece en los ajuares el vaso campaniforme.
  • Millares III: se abandonaron las murallas externas y los fortines, reduciéndose la población a los ocupantes de la ciudadela, para, al final del periodo, dejar también ésta.[5]

El poblado[editar]

Recreación de Los Millares en su momento de apogeo.

Está situado estratégicamente próximo a las minas de cobre de la sierra de Gádor y al lado del río Andarax, que en aquella época debía tener un mayor caudal que en la actualidad, siendo posiblemente navegable. Construido sobre una colina de unos 50 m que actúa como defensa natural, sus únicos accesos serían por un llano situado en los lados oeste y sur. En esta zona es donde se levantaron las murallas y, en el llano, la necrópolis. Además de las tres murallas sucesivas reforzadas con torres de planta semicircular y bastiones, cuenta con una ciudadela interior amurallada y con numerosas defensas exteriores en las elevaciones cercanas (se han localizado hasta 13 fortines). Muchas de estos fortines están defendidos mediante murallas concéntricas y se cree que se utilizaban también para el almacenamiento de cereales.

Al estudiar el proceso constructivo se aprecian diferentes momentos de expansión y contracción del poblado:

  • en una primera etapa solo estaría habitada la parte más alta de la colina, el espolón formado entre el río Andarax y la rambla de Huéchar;
  • posteriormente se añadieron los dos muros interiores;
  • en un tercer periodo se construyó la gran muralla exterior y los fortines;
  • finalmente casi todo el recinto fue abandonado, a excepción de la acrópolis, el recinto amurallado interior.[1]

En el interior de las murallas se han encontrado un conjunto de viviendas circulares de piedra, de hasta seis metros de diámetro pero sin compartimentación interior y distribuidas sin ningún tipo de orden. Asimismo, se halló un gran edificio rectangular con evidencias de metalurgia del cobre.[6] La necrópolis, situada frente a la muralla exterior, ocupa unas 2 ha y contiene cerca de noventa sepulturas de tipo tholos, a excepción de media docena de tumbas que tienen cubierta plana. La media de individuos inhumados en cada una de ellas es de 20, encontrándose diseminados ajuares que incluyen piezas cerámicas lisas o decoradas (cuencos con motivos soliformes, oculados y campaniformes), herramientas líticas y de cobre, ídolos de piedra y hueso (con diseños oculares también), así como adornos realizados en marfil y cáscara de huevo de avestruz.[2] [7]

Edificio de planta cuadrada de Los Millares identificado como taller metalúrgico.

Economía[editar]

Entre los cultivos principales se daban los cereales (trigo y cebada) y las leguminosas (haba y lenteja). La cabaña ganadera estaba constituida por cabras, ovejas, bóvidos y équidos, de los cuales no solo se extraerían carne y pieles, sino que se obtendrían numerosos recursos secundarios, como son la leche (y su derivado el queso), el estiércol, la tracción y la carga. Asimismo, la caza (ciervos, jabalíes, uros, etc) tendría un peso sustancial en la dieta, aportando hasta una quinta parte de la carne consumida.[8]

Aunque la mayoría de las actividades artesanales se realizaban en los entornos domésticos, la producción de algunos bienes hubo de requerir la presencia de especialistas; este sería el caso de algunas cerámicas muy homogéneas y la razón de la existencia del edificio de planta cuadrada de la parte superior del poblado, identificado como un taller metalúrgico. La presencia en los enterramientos de campaniformes marítimos, marfil y cáscaras de huevos de avestruz indica la existencia de redes comerciales que llegaban al Atlántico y el Norte de África.[9]

Los artefactos de cobre fundido son muy pocos y, básicamente, hachas planas, cinceles o puñales triangulares. La mayor parte de los útiles se fabricaban en piedra, tallada (puntas de flecha bifaciales o alabardas) o pulida (hachas, azuelas e ídolos). También se utilizaban el hueso y el asta para realizar punzones, agujas o botones. La cerámica es habitualmente tosca y lisa, abarcando básicamente cuencos, platos y cubiletes, aunque también hay vasos simbólicos (con oculados y soliformes) y campaniformes.[9]

Sociedad[editar]

Enterramiento de Los Millares.

Gracias al estudio de los restos hallados en la necrópolis los investigadores han llegado a la conclusión de que ésta era una sociedad en proceso de jerarquización. Según Chapman, aunque las sepulturas son colectivas y, por tanto, representativas de un grupo familiar, entre ellas hay claras diferencias, que se aprecian en su mayor o menor complejidad arquitectónica y en la riqueza de los ajuares que contienen. Además, las tumbas más complejas y ricas se encuentran más cerca de la muralla. En el interior de ellas se ha detectado una cierta compartimentación del espacio y no todos los miembros de la comunidad eran enterrados en ellas (se han hallado unos mil esqueletos). Todo ello lleva a suponer (a falta de pruebas categóricas) que unas incipientes élites, los grandes hombres, comenzaban a diferenciarse del resto de la población.[10]

Los grupos de Los Millares[editar]

Los yacimientos calcolíticos del sudeste se extienden por Almería, Granada, Murcia y Alicante, provincias que componen, actualmente, el área más seca de toda Europa. Son asentamientos de una hectárea normalmente y con un cierto nivel de urbanización, dedicados a la explotación de sus respectivos territorios: Almizaraque (Bajo Almanzora), Terrera Ventura (Tabernas), El Tarajal (Campo de Níjar), El Malagón, Las Angosturas, Cerro de la Virgen, Cabezo del Plomo (Mazarrón), Les Moreres (Crevillente), etc.[1]

Entre las características comunes de estos poblados destacarían:

  • Alto grado de fortificación, lo que contrasta con las poblaciones neolíticas precedentes, dispersas y con pocas protecciones.
  • Necrópolis en el exterior de los poblados, con abundancia de enterramientos megalíticos colectivos, en forma de tholos en las zonas bajas y con tipologías variadas hacia el interior.
  • Diferenciación social acusada en las tumbas.

Mientras que los poblados de las zonas cercanas al mar controlaban las vegas más fértiles, lo que indicaría una clara dedicación a la agricultura, los de las tierras altas estaban situados en pasos naturales y áreas de pastos, ideales para dominar el comercio y la ganadería.[8]

Los enterramientos se caracterizan por su gran tamaño. Suelen estar formados por una cámara circular de hasta seis metros de diámetro cubierta por una falsa cúpula, cámaras laterales secundarias, corredores de acceso divididos en secciones por unas losas perforadas y un túmulo de tierra recubriéndolo todo.[7]

Cuenco de Los Millares decorado con ciervos (M.A.N., Madrid).

Interpretaciones[editar]

A grandes rasgos, dos han sido las líneas de interpretación mediante las cuales se ha querido explicar el aumento de la complejidad cultural durante el Calcolítico en el sudeste ibérico:

  • la tesis difusionista u orientalista;
  • la explicación evolucionista o autoctonista.

Los hermanos Siret fueron los primeros que introdujeron el término colonia para designar los asentamientos del sudeste español. Posteriormente, Bosch Gimpera los relacionó con unos supuestos grupos norteafricanos que habrían llegado durante el Neolítico a la región. Georg y Vera Leisner retornaron a la idea de que la llegada de colonos orientales estuvo en el origen de la complejidad cultural en la región.[11]

Pero los materiales de importación oriental más antiguos encontrados en España son unas cerámicas micénicas halladas en Córdoba y datadas hacia el 1300 a.C. (las dataciones calibradas de Carbono 14 sitúan Los Millares entre 3100-2200 a.C.). Por otro lado, los ídolos oculados, la cerámica acanalada o pìntada y las coladas de cobre del sudeste peninsular tienen características propias, diferentes de los supuestos modelos orientales.[12]

Así que los investigadores no han tenido más remedio que reformular sus teorías y, actualmente, la mayoría de los estudiosos opinan que los cambios culturales y sociales que se dieron en el área de Los Millares durante la Edad del Cobre fueron consecuencia de una evolución autóctona. El problema está en la falta de datos arqueológicos que, por ahora, impiden ofrecer una imagen más completa del alcance de esta evolución.[12]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel (1993). «Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo». Madrid (primera edición) (Editorial Síntesis). pp. 156–158,160. ISBN 84-7738-181-X. 
  2. a b Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi (2005). «Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana». Barcelona (primera edición) (Ed. UOC). p. 181. ISBN 84-9788-153-2. 
  3. Eiroa García, Jorge Juan (2010). «Prehistoria del mundo». Barcelona (primera edición) (Sello Editorial SL). p. 641. ISBN 978-84-937381-5-0. 
  4. Gilman Guillén, Antonio (1999). «Veinte años de Prehistoria funcionalista en el sureste de España». Boletín del seminario de estudios de Arte y Arqueología (BSAA) (65):  p. 75. http://dialnet.unirioja.es/servlet/listaarticulos?tipo_busqueda=ANUALIDAD&revista_busqueda=226&clave_busqueda=1999. 
  5. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. pp. 637–640. 
  6. Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 160,167. 
  7. a b Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 162–163,166. 
  8. a b Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 161,164–165. 
  9. a b Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 166–167. 
  10. Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 163,168–169. 
  11. Hernando Gonzalo, Almudena (1987-88). «Interpretaciones culturales del Calcolítico del sureste español. Estudio de las bases teóricas». Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada (12-13):  p. 41-51. http://www.ugr.es/~arqueol/PUBLICACIONES/cuadernos/cpugr12.html. 
  12. a b Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 169–171. 

Bibliografía[editar]

  • Barandiarán, I. et. al. (1998). Prehistoria de la Península Ibérica. Ed. Ariel (Ariel Prehistoria), Madrid. 
  • Fernando Molina, Juan Antonio Cámara (2005). Los Millares. Dirección General de Bienes Culturales, Sevilla. 
  • Robert Chapman (1991). La Formación de las Sociedades Complejas. El sureste de la Península Ibérica en el marco del Mediterráneo Occidental. Ed. Crítica, Barcelona. ISBN 84-7423-517-0. 

Enlaces externos[editar]